CAPÍTULO 5: TRAICIÓN
(BELLA P.O.V.)
Ya estábamos en la sala y Edward aún no había aparecido ¿se habría ido? En el fondo sería lo mejor, si no lo veía no se removerían las heridas. Además no sabía si podría mantenerme fuerte cuando lo viera con Victoria. Por otro lado, mis hermanos se sentían muy cómodos. El ambiente estaba relajado, pero eran tan curiosos que me sentía el centro de atención. Querían saber todo sobre mi transformación, sobre mis poderes. Por suerte, Paul y Sergio me ayudaron a explicarlo todo.
La tarde transcurrió con risas y chismes, parecíamos una gran familia reunida en Navidad. Se nos había olvidado que estábamos juntos para protegernos mutuamente de los Volturi y sólo importaba lo bien que estábamos juntos.
Todos se giraron porque bajaba alguien por las largas escaleras. Sus pasos se sentían firmes y tranquilos, anunciaban que venían pero sin tener mucha prisa. Sergio no paraba de decirme mentalmente, "Tranquila Bella, estamos aquí, tranquila". Aunque tenía ganas de salir corriendo, mi orgullo me lo impedía; tenía que enfrentarme a mi peor pesadilla y salir con la cabeza bien alta.
Allí estaban ellos. Primero entró Victoria seguida de un Edward cabizbajo.
– Hola. – saludé con un tono seco. Victoria se acercó a mí, me miró de arriba abajo como si fuera su presa.
– No te ha sentado muy bien el cambio, Bella. Sigues siendo tan poca cosa como antes; pero veo que vienes muy bien acompañada. – respondió. Mis ojos se llenaron de furia, Sergio me pedía tranquilidad, y Alice y Rosalie corrieron a mi lado. Las cogí de las manos para calmarlas. No pensaba enredarme en una pelea con ella, aunque tampoco iba a quedarme callada.
– Hola, Victoria. No te conozco mucho pero, por lo que veo, no has conquistado a la familia por tu simpatía.
Sergio y Paul quisieron suavizar el asunto y se presentaron. Victoria se comía a Sergio con la mirada. La verdad es que mi hermano era realmente guapo. Edward seguía plantado a su lado sin decir nada. Seguro que estaba oyendo los pensamientos de todos.
No quería empezar una discusión con Victoria pero cada cosa que hacía o decía era con la intención de provocarme. No lo entendía. ¿Qué le había hecho yo? Debería haber sido yo la ofendida; me había quitado al amor de mi vida y me lo estaba restregando para hacerme daño. Lo trataba como si fuera un trofeo. Pero había algo raro en ella, estaba coqueteando con Sergio. No sabía si lo hacía para poner celoso a Edward o a mí.
Pensé en decirle "Victoria, si sigues mirando así a mi hermano, tu novio se enfadará." Pero no, mejor me le acercaba a ella a darle un beso y susurrarle al oído: "Reina, sigue comiéndote mis sobras que yo ya no las quiero." Aunque deseaba poder decirle algo así, pensé, por el bienestar de todos, dejar las cosas en paz, sin embargo, tenía claro que si seguía provocándome acabaría con mi paciencia.
Alice tuvo una visión, de la que no quiso decirnos nada. Poco después nos pidió a mis hermanos y a mí que fuéramos con ella, no quería que los demás se enteraran.
– Bella. - me dijo. – He visto como matabas a Victoria. Tranquila, sé por qué. Ella nos está traicionando y ha conseguido que todos viéramos a través de sus mentiras. Lo siento, Bella. No vi tu muerte, ¿me perdonarás? Cuando Edward me preguntaba por ti, te veía bien en el campus. Incluso tuve una visión donde habías rehecho tu vida y estabas saliendo con un compañero de universidad. Si hubiéramos sabido algo te juro que nunca te hubiéramos dejado sola. Ahora debemos ser listas, creo que nos estás protegiendo a todos, por eso yo he podido tener la visión. Imagino que los demás deben estar haciéndose preguntas y Edward debe estar cotilleando esta conversación.
– No tengo nada que perdonarte, Alice. No te preocupes… pero… ¿Edward nos creerá? Piensa que es su novia y puede que se niegue a aceptar que Victoria es una manipuladora y menos que nos está traicionando. ¿Por qué lo hará? – le pregunté.
– Recuerdo una llamada. – comentó Paul. - Cuando estaba con los Volturi nos llamó una vampira. Debe haber sido Victoria; porque nos dijo exactamente dónde estabas, Bella. Habíamos estado buscándote durante meses, pero los Cullen habían dejado unas pistas falsas sobre tu paradero y habíamos caído como tontos. Fue entonces cuando mandaron a Sergio para matarte.
– Bella. – acotó Alice. – Todo cuadra. No podíamos explicarnos cómo habían dado contigo. Mis visiones no me advertían del peligro que corrías y todo se debía a que Victoria nos estaba manipulando. Y respecto a Edward… No hay nada entre ellos. Es verdad que están juntos pero es sólo compañía. Él pensó que dejarte era lo mejor que podía hacer por ti. Y cuando vi que te habías vuelto a enamorar, Edward se volvió más vulnerable a las manipulaciones de Victoria. – me explicó.
Estaba muy enfadada, nunca me había visto así. Quería hablar con Carlisle y los demás para comprobar que mi escudo también había hecho efecto en ellos para desacreditarla.
Entré en la casa con toda seguridad, como si fuera mía, y allí estaban ellos. Me acerqué a Edward, y aunque ella estaba a su lado y lo cogió de la mano, le dije:
– ¿No vas a darme la bienvenida, Edward? – Como un perro en celo Victoria quiso abalanzarse sobre mí. Edward la detuvo y todos los demás se pusieron en guardia.
– ¿De verdad quieres esto? ¿De verdad quieres que te mate? Déjame decirte una cosa, bonita. Para ti seré poca cosa, pero… ¿quieres que luchemos? – la desafié, alzando mi katana. Mis ojos se habían vuelto negros de rabia, por fin me había quedado a gusto. ¡Le tenía tantas ganas!
– ¿La estáis oyendo? Está amenazándome. Quiere matarme. ¿No vais a ayudarme? – Les gritó a cada uno de ellos. No podía creer que todos estuvieran de mi parte; miraba a Edward ofendida pidiéndole explicaciones, pero él no quería ni mirarla.
– No insistas, Victoria. Han visto la verdad. No seré tan guapa como tú pero que no te quepa duda que sí soy más poderosa. Con mi escudo he librado a los Cullen de tus artimañas, ya no hace falta que sigas influenciando en sus acciones; todos saben que eres una traidora.
Se sentía acorralada, miraba a Edward para pedirle ayuda, pero él se la negó y le pidió que se fuera de la casa.
Pero Victoria no se iba a ir sin antes tratar de atacarme. Oh, no. A pesar de su instinto de supervivencia; no pudo con su orgullo. Se abalanzó hacia mí con fuego en sus ojos. Todos se pusieron en frente mío como una barrera protectora. Sin embargo, yo los salté, me puse detrás de Victoria sujetando la katana por delante de su cuello y le susurré al oído:
– Eso no fue muy inteligente, Vicky. – No supe quién se asombró más; los Cullen, la pelirroja o yo misma. Los únicos que sonreían orgullosos de mí eran mis hermanos.
– Sabes que con ese palito no puedes matarme. – gruñó, pero podía sentir el miedo en sus palabras.
– No me hace falta para matarte. Lo puedo hacer con mis propias manos… Si quisiera. – la amenacé. No pensaba matarla. Ensuciar mis manos por ella no valía la pena. La solté y esa vez sí siguió su instinto y corrió fuera de la casa como alma que lleva el diablo.
Rosalie quería que fuéramos en su busca para matarla. Sabía que era una amenaza y que si seguía viva, los Volturi nos encontrarían antes. Corríamos peligro.
– Ahora tenemos que ingeniar un plan. Sabemos que tarde o temprano darán con nosotros, pero contamos con Bella. Estamos bajo su escudo y tardarán en encontrarnos. – Carlisle nos serenó. – Relajémonos, así pensaremos mejor. Por cierto, Bella. – se dirigió a mí. – ¿Nos perdonarás? ¿Sabes que te queremos verdad?
– No os culpo, tranquilos. – dije sin poder negar mi tristeza.
Entonces, Sergio les relató la historia de mi transformación. Yo no podía hablar sobre eso.
De repente empezó una tormenta eléctrica.
– ¿Por qué no jugamos al fútbol? – sugirió Emmett. – Así nos olvidamos un poco de nuestros problemas y nos divertimos un rato ¿Qué os parece? Además ahora Bella podrá demostrarnos de qué está hecha; ya no será una simple árbitro. ¡Je, je, je! – y continuó riendo.
– ¡Umm! Está bien. – acepté, con la ilusión de evadir mis tristezas y pasármelo bien. – Espero que ahora se me den los deportes mejor que antes. ¡Je, je, je!...
