CAPÍTULO 6: LAS EXTRAÑAS
(BELLA P.O.V.)
Nos pusimos a jugar fútbol americano. Estaba tan nerviosa con la presencia de Edward que por un momento olvidé lo mal que lo había pasado. Emmett nos hacía a todos unos placajes impresionantes; cosa que les causaba mucha gracia a Edward y Alice. A todos nos pillaba desprevenidos; a todos menos a ellos dos, claro está. Edward es el más rápido y Alice… suerte que contábamos con ella en el equipo sino no hubiéramos podido ganar.
(EDWARD P.O.V.)
Si hubiera podido elegir yo, sin duda Bella hubiera estado en mi equipo. Pero ella estaba demasiado resentida conmigo y ni me miró.Prefirió a su nueva familia. Si no hubiera sido tan estúpido, Bella sería mi familia, mi vida. ¡Dios, que rabia me daba verla con ellos!
Parecía feliz con sus nuevos hermanos, reía y corría como la vampira más hermosa que jamás había visto. ¿Me perdonaría alguna vez? ¡Si pudiera leer su mente! Si no hubiera cometido tantos errores, Bella estaría ahora conmigo. Pagaría el resto de mi existencia por haberla dejado, aunque hubiera sido por su bien.
Por supuesto, ganaron el partido. Jugaban con ventaja; con Alice en sus filas la victoria estaba clara.
(BELLA P.O.V.)
Por fin había acabado el partido. Deseaba estar sola para pensar en todo lo que había pasado con Victoria y Edward. ¡Todo era mentira! Pretendía protegerme. Ja, ja, ja, ja. Siempre protegiéndome. Pero, ¿porqué me había dejado sola ante los Volturi? ¿Por qué tantos reparos para convertirme? Sabía que si no lo hacía, tarde o temprano moriría. Necesitaba gritar, desahogarme, expresar todos mis sentimientos.
– ¡Maldito Edward Cullen! – grité y lancé un gruñido lleno de furia a la nada.
Unos brazos me rodearon para que me tranquilizara, era Sergio:
– Cálmate, Bella.
– ¿Cómo quieres que me tranquilice? ¡No puedo más! Estoy luchando contra mí misma. Edward me ha hecho tanto daño que no creo que pueda perdonarlo pero al volverlo a ver es como si nada hubiera cambiado. Lo amo como el primer día. No quiero que lo maten; si el muere yo...
– Calla, Bella. Nosotros haremos cualquier cosa por ti. Te necesitamos y si tu deseo es que protejamos a los Cullen, así lo haremos. – dijo mi hermano. La verdad es que sus palabras me apaciguaban pero a la vez sentía mucha angustia.
– Lo sé, Sergio. De verdad os agradezco que arriesguéis vuestra vida por una familia que no conocéis y sobre todo por Edward. Sé que no es de tu agrado.
– No, no lo es. Pero a ti te importa y con eso basta. No te vamos a dejar sola, ¿lo entiendes, verdad? – No acabó de pronunciar estas palabras cuando su rostro cambió por completo. Un extraño olor nos puso en alerta y desenfundó su katana. Yo hice lo mismo lista para luchar.
De las profundidades del bosque aparecieron tres vampiras. Sus rostros eran muy hermosos; si hubiera sido humana se me hubiera erizado cada bello del cuerpo solo por mirarlas.
– Venimos en son de paz. Por favor, ¿podríamos hablan con el líder del clan? – dijeron con suma tranquilidad.
Edward apareció como un rayo, Alice sabía que decían la verdad y Sergio guardó la katana. Yo no podía bajarla; me quedé paralizada durante unos segundos.
– Tranquila, Bella. Me llamo Elena y venimos a ayudaros. – dijo la chica de pelo largo y negro.
– ¿Cómo sabes mi nombre? – pregunté sorprendida. Quería creerle. La verdad es que un poco de ayuda no nos iría mal, por lo que me propuse ser una buena anfitriona.
– Sé muchas cosas de ti. Nos une un lazo muy fuerte. Pero todo a su debido tiempo. – y empezó con la presentación: – Ella se llama Sandra. – era alta, morena y de pelo rizado. – Y ella es Mar. – morena, también, aunque más bajita. – Venimos de España sabemos que tenéis problemas con los Volturi y queríamos ofreceros nuestra ayuda.
– Vayamos a casa, estoy seguro que mi padre estará encantado de conoceros. – dijo Edward con la exquisita elegancia que lo caracterizaba.
Aunque sentía gran curiosidad, no podía acompañarlas. Debía seguir entrenando. Entonces escuché a Sandra decirle a Edward que tenía que hablar conmigo en privado, pero que se tranquilizara porque no iba a hacerme daño. ¿Le había leído la mente? Edward se quedó con cara de póker pero… ¿podría leer la mía?
– Tengo muchos años de vida. Muchos más que la suma de todas las vuestras juntas. – esbozó una sonrisa y continuó su historia. – Muy pocos saben cómo surgió nuestra raza y muy pocos tienen nuestras habilidades. Confiad en nosotras, la victoria está de nuestro lado, preguntad a A…
No acabó su frase cuando todos los que estábamos allí miramos a Alice. Acababa de tener una de sus visiones y asintió con la cabeza confirmando el relato de Sandra.
