CAPÍTULO 8: FURIA EN LAS PALABRAS
(BELLA P.O.V.)
En menos de dos minutos recorrimos los 10km que nos separaban de la casa de los Cullen. No quería pensar mucho, además no me gustaba que alguien pudiera leer mi mente. Debía ponerme enserio para aprender a controlar los nuevos poderes que me aseguraban que podría tener con algo de entrenamiento.
– ¡Shh! Un momento, Bella. – me dijo – ¡Espera! Quiero probar una cosa antes de entrar en casa. ¿Confías en mí? – Sus ojos se volvieron oscuros, había rabia en su mirada.
– ¡Acabo de conocerte! – exclamé. – ¿Qué es lo que pretendes? – Me resultó muy rara la pregunta. Por naturaleza tengo un carácter bastante desconfiado y más desde que Edward me dejó. Se pasó por mi mente que todo lo que me había explicado era mentira y que todo podía ser una trampa. ¿Serán enviadas de los Volturi?
– Bien, Bella. Lo has hecho bien. – me felicitó.
– No entiendo. – repliqué.
– Me he dado cuenta que cuando estas tranquila es fácil de acceder a tu mente. Pero cuando temes algo, te pones a la defensiva y ni yo he podido entrar en tus pensamientos. ¡Es muy bueno! ¡Tienes mucho potencial! Ahora tendrás que conseguir "bloquearte" siempre. Recuerda, Bella; la información es poder. – y rió.
– ¡Vaya! – No sabía qué decir, ¿le debía dar las gracias? Esbocé una media sonrisa.
Por un momento me sentí como el primer día de instituto en Forks; todos me miraban. Estaba claro que Mar y Elena ya habían contado toda la historia a los demás. Allí estaba Edward, de pie, apoyado sobre la chimenea, su mirada clavada en mí y aunque yo no quería mirar, la verdad es que me resultó muy difícil.
– Bella, me llamó Elena. Tenía muchas ganas de conocerte. Espero que Sandra te lo haya explicado todo. De todas maneras, tenemos muchas más cosas que contarnos. – Me dio un beso en la frente y nos invito a todos a ir de caza.
Carlisle y Elena organizaron unos grupos de caza para no acabar con la fauna salvaje de la región. Realmente no sabía quién iba con quién, sólo escuché que Edward y yo íbamos juntos y vi como le guiñaban el ojo.
– Bella, ¿vamos? – se apresuró a llamarme Edward.
– Sí, aunque no entiendo porqué tenemos que ir los dos solos.
– ¿No te fías de mí? – Me preguntó. No pude controlarme, mis ojos se llenaron de rabia. Con todo el daño que me había hecho seguía amándolo más que a nadie en este mundo. Pero no pude más, le lance un rugido desgarrador:
– ¿Confiar en ti? No Edward Cullen no puedo fiarme de ti. Has roto todas las promesas que me hiciste, me dejaste sola e incumpliste tu palabra con los Volturi sabiendo todas sus consecuencias. Por eso Edward no me preguntes si confío en ti, está claro que no.
Se quedó atónito, nunca lo había vista tan dolido. Mis palabras le habían causaron más dolor que si lo hubiesen quemado en una hoguera, e instantáneamente me arrepentí de todo lo dicho. Si hubiera imaginado su rostro de dolor al escucharme, no hubiera podido ni mencionar su nombre…
– ¡Lo... lo... lo... siento! – Casi no me salían las palabras. – Edward no era mi intención, perdóname.
– No sigas, Bella. Lo merezco, entiendo que estés tan resentida conmigo. Nunca has entendido mi postura y ahora creo que me equivoqué. Si yo hubiera sabido la mitad de lo que ha pasado, de cómo ha transcurrido todo, nunca te hubiese dejado. Yo te amo…
– ¡No, no, no! ¡No me vengas con que me amas! – suspiré tranquilizándome. – Edward, he estado pensando. Y nuestra situación no puede continuar así. Estamos lastimando a nuestras familias con nuestros problemas. Vine para ayudaros, no para declararnos la guerra. Creo que debemos intentar llevarnos bien hasta que acabemos con los Volturi.
– Estoy de acuerdo contigo, Bella. – me dijo. – Debemos hablar, ¿me escucharás?
– Sí, Edward. – asentí. – Pero si no te importa primero hablaré yo. Desde que te conozco no has hecho más que decepcionarme y abandonarme. Aunque digas que te importo has demostrado que no es así. Me dejaste a la merced de los Volturi sin importarte si me mataban o no, preferiste irte con Victoria y si no hubiese sido por Sergio yo ya estaría muerta. No puedo negarte que te amo y aún a mí pesar, creo que lo haré hasta el fin de mis días. Mi alma no se la entregue a Dios, ni me la arrebataron al convertirme como tú decías. Mi alma te la entregué siendo humana y sigue siendo tuya en la inmortalidad; pero no puedo ni quiero perdonarte, Edward. ¿INTENTAMOS SER AMIGOS?
Edward se quedó estupefacto; ni siquiera se movía. Esperé un minuto y como no reaccionó salí corriendo sin mirar atrás.
Tenía muchas ganas de llorar, sabía que los vampiros no podían a hacerlo así que tendría que buscar otra manera de desahogarme. Pero… ¿Qué era eso? ¡Estaba llorando! Lágrimas de sangre recorrían mis mejillas. No podía creerlo.
Me adentré en bosque lo más lejos que pude para evitar que alguien me viera. ¡Maldito orgullo! Ahora que Victoria no está en su vida y yo ya soy vampira, no tendría que haber nada ni nadie que pudiera separarnos.
Me hubiera gustado sentir sus labios fríos sobre los míos. Me pregunté si sentiría lo mismo que siendo humana. Ahora no tendríamos que sufrir por…
