La venda en los ojos

-Tienes muy mala cara, ¿qué has estado haciendo esta noche?

Era sábado por la tarde, Sakura y Temari paseaban por las calles abarrotadas de jóvenes que preparaban todo para la vuelta a las clases. Las tiendas mostraban la llegada del otoño con sus escaparates resplandecientes llenos de abrigos y jerséis. Por el momento no habían comprado nada, a pesar de que el instituto comenzaría tan solo dos días después. Temari, consciente desde el momento que vio a su amiga que ésta no se encontraba bien, había decido esperar a que Sakura le contara lo que le sucedía por sí misma, sin presionarla, pero llevaban más de dos horas juntas y no había abierto apenas la boca. Así que, harta de la espera, se había lanzado a preguntar de la forma más sutil que la impaciencia le permitía.

-No he dormido mucho, la verdad –respondió la pelirrosa después de un momento.

-¿Ha pasado algo? –Insistió Temari. Continuaban caminando, esquivando a los demás viandantes, por lo que sólo pudo dirigir una mirada de soslayo hacia el rostro de su amiga.

-¿No estás nerviosa por empezar la universidad? Debe ser estupendo, con un campus tan grande, tantos jóvenes, estudiar lo que te gusta…

-Sí –suspiró Temari resignada –estoy deseando empezar.

-En cambio yo voy a echaros mucho de menos a ti y a Ten-Ten, el instituto no será lo mismo sin vosotras.

-No digas eso, estás con Ino y con Hinata, estoy segura de este año volveréis a estar en la misma clase. Además, es el último curso, el año que viene entrarás en la universidad también.

Continuaron el resto de la tarde sin hacer mención alguna al estado de Sakura, comprando aquello que necesitaban (y algunas cosas que no tanto) e intentando divertirse. Regresaron a casa con el atardecer, que dibujaba en el cielo preciosos colores que indicaban claramente el final del verano.

-Es una pena que se acaben las vacaciones, aunque por otra parte tengo ganas de comenzar las clases –dijo Sakura.

-¿Estuviste llorando por Sasori?

La pregunta hizo que la joven se detuviera, mirando con los ojos impresionados a Temari, que se había adelantado unos pasos y le daba la espalda. Sakura bajó la mirada hacia el suelo sintiendo un escalofrío y un dolor en el pecho. Hacía mucho tiempo que no escuchaba mencionar a Temari el nombre de su primo.

-Yo no… -la rubia se giró y le miró de frente, de una forma severa y a la vez comprensiva. Sakura se sentía avergonzada. Ni siquiera podía seguir fingiendo estar bien. –Temari no puedo evitarlo, hay noches que no puedo dormir del dolor que me provocan los recuerdos, ya no se qué hacer para olvidarle. ¡No tengo fuerzas para hacerlo!

La gente que en ese momento paseaba por la calle fue testigo de cómo una muchacha con el pelo del color de las flores de cerezo lloraba desconsoladamente por su corazón roto, mientras era abrazada, en silencio, por su amiga.

Hacía rato que el sol se había ocultado tras el horizonte y la luna había ocupado su lugar. Sakura estaba sola, sentada en los escalones de entrada de su casa, sin ánimos de entrar. Tenía cuatro bolsas a sus pies, todo aquello que había comprado en un intento de animarse, pero no había funcionado. Solo al final, cuando había vuelto a llorar en brazos de Temari, había sentido algo de alivio.

-Si no puedes olvidarle por ti misma, entonces deja que alguien te ayude a hacerlo. El mejor remedio contra el amor es… el propio amor.

Ese era el consejo que le había dado, pero Sakura era consciente de que el amor no llega cuando tu lo deseas llamando a tu puerta. Probablemente pasaría mucho tiempo antes de volver a sentir algo por alguien. Abrazada a las rodillas no pudo evitar que algunas lágrimas aparecieran en sus ojos.

-Si tu vida es tan deprimente, llora dentro de tu casa y ahórranos el espectáculo a los demás.

Sakura levantó la vista sobrecogida para ver a un chico que pasaba a su lado con total indiferencia. Llegó sólo a verle el perfil antes de que este siguiera el camino hacia su casa, dándole la espalda.

-¿Sakura? –una nueva voz, esta vez un poco más dulce, la sorprendió a su espalda - ¿qué haces aquí? ¿No te encuentras bien?

Era Itachi Uchiha. Los hermanos Uchiha se habían mudado a la casa de enfrente hacía poco más de un año, aunque ella no había tenido nunca una relación especialmente cercana con ninguno de los dos; a pesar de eso, a menudo los encontraba en su casa, pues su madre sentía adoración por ellos.

-Estoy bien –sonrió tímidamente, no quería dar explicaciones también a su vecino –es que estoy esperando una llamada.

Itachi arqueó las cejas, por supuesto no la había creído. Después sonrió y sin decir más se marchó. Sakura lo observó durante el corto trayecto, hasta que se perdió tras la puerta de enfrente.

***

-La verdad es que yo tampoco entiendo a tu madre

Las clases habían comenzado, era el último curso y los profesores ya estaban advirtiendo que sería duro, pues tendrían que prepararse a conciencia para la prueba de acceso a la universidad. Este año Sakura e Ino habían vuelto a coincidir en la misma clase, pero no con Hinata.

-Puedo entender que se lleve bien con ellos, al fin y al cabo somos vecinos –continuaba susurrando Sakura –pero no entiendo por qué tiene que invitarlos a casa tan a menudo, en especial a Sasuke.

Ambas se giraron disimuladamente. Al final de la clase, en el último asiento junto a la ventana, Sasuke Uchiha permanecía impasible mirando el paisaje. Tenía el pelo azabache y brillante, la piel clara y unos impresionantes ojos negros. El aura sombría que lo rodeaba había hecho que, desde el momento en que llegó, todas las chicas se interesaran por él (incluidas Sakura e Ino), aunque pronto descubrieron que nadie podía romper la coraza que los separaba de él.

-Imagino que tu madre sentirá una especie de compasión maternal por ellos, al vivir los dos solos siendo tan jóvenes.

-Pero no me gusta que venga a mi casa, me hace sentir muy incómoda, además mi madre me obliga a estar con él y no puedo escaparme, y luego mira, ni me saluda siquiera, aunque lo prefiero así la verdad.

-Pues habla con ella entonces. Oye… ayer me llamó Temari muy preocupada, me comentó lo que te pasó el otro día, ¿estás bien? Siento no haber estado estos días disponible, sé que aún lo pasas mal.

-Tranquila Ino no te preocupes, fue solo una pequeña recaída, estoy bien. -¿Cuántas veces había repetido esa mentira en los últimos días?

-Sabes que puedes contar conmigo, y con Hinata también. Es una pena que este año no estemos juntas en la misma clase, la echo de menos.

-Vamos, estoy segura que ella está más que contenta, por fin ha coincidido con Naruto.

Pasaron la mañana a medio camino entre coger apuntes y ponerse al día de los últimos acontecimientos pasados. Ino la puso al corriente de sus vacaciones compartidas con la familia Nara, puestos que sus padres eran amigos desde la infancia cada año iban alguna parte del país y pasaban unos días juntos. Para Ino y Shikamaru, que ya no eran unos niños, esa tradición se estaba volviendo de lo más incómoda.

Al terminar las clases, las chicas volvieron a reunirse para comentar el primer día. Se preguntaron también que tal habría sido el inicio de las clases para Temari y Ten-Ten en la universidad e interrogaron a Hinata para saber si se había lanzado a hablar con Naruto.

-Bu-bueno, él ha estado toda la mañana con Kiba y Shikamaru, así que no… pero me ha preguntado por mis vacaciones.

-Hinata si sigues así no vas a conseguir nada, tienes que ser más decidida y lanzarte. –Le reprendía Ino

- Vamos Ino deja a Hinata, estoy segura de que Naruto se fijará en ella antes de que termine el trimestre, conozco a ese mentecato desde que éramos niños y, aunque tiene la cabeza siempre en otra parte, no está ciego.

-Gracias Sakura… pero creo que a Naruto ya le gusta otra persona.

Ino comenzó a sermonear a Hinata de nuevo, no soportaba que fuera tan pesimista y por eso siempre terminaba de los nervios, aunque Sakura a veces también sentía ganas de coger a Hinata por los hombros y zarandearla para que dejara la timidez a un lado. Fue en ese momento cuando vio pasar a su lado a Sasuke y, antes de decir una palabra, éste la había cogido del brazo con fuerza y la arrastraba alejándola de sus amigas.

-¿Pero qué haces? ¡Suéltame!

-Cállate y no armes escándalo. Vas a venir a mi casa ahora mismo.

-¡¿A tu casa?! ¡Déjame en paz no pienso ir contigo a ninguna parte! –Sakura consiguió soltarse a duras penas de Sasuke justo en el momento en que Ino y Hinata llegaron para ayudarla

-¡Sakura! ¿Estás bien?

-Vosotras largo de aquí –dijo mientras volvía a coger del brazo a Sakura, esta vez con tanta fuerza que la pelirrosa estaba segura de que le quedarían marcas

-¡Deja a Sakura maldito gilipollas! –Ino se abalanzó sobre él pero al momento siguiente éste la empujó con fuerza tirándola al suelo.

-¡Ino! –Gritó Hinata. En ese momento, varias personas que estaban cerca se dieron cuenta de la pelea y comenzaron a acercarse. Pero, en vez de soltar a Sakura, Sasuke la sostuvo con más fuera aun y se alejó de allí rápidamente, llevándose consigo a la muchacha.

Sakura permaneció todo el camino callada por miedo a que le hiciera más daño, casi corriendo tras él para seguir su paso y viendo como la mano que la aprisionaba como una tenaza no se había aflojado lo más mínimo.

-Sasuke suéltame ahora mismo, ya verás cuando tu hermano se enteré de esto.

-Cállate de una vez y date prisa –dijo con voz de ultratumba. Sólo cinco minutos después se encontraban ante la puerta de la casa de Sasuke. Sakura, sudando por la carrera, comenzó a sentir un miedo atroz, ¿qué iba a hacerle Sasuke en su casa? Entre pensamientos llenos de sábanas y forcejeos, Sasuke la hizo entrar y al momento, para impedirle gritar, le puso una mano en la boca y, con la otra, la sujetó fuertemente por la cintura desde atrás.

-Vamos al dormitorio y será mejor que no hagas ruido

-¡Oh dios! –pensó Sakura con lágrimas en los ojos. Atemorizada por el miedo Sasuke la condujo hacia el dormitorio ¿por qué Itachi no se encontraba en ese momento allí? La casa se encontraba en completo silencio y nadie podría ayudarla. La puerta de lo que Sakura intuyó que sería uno de los dormitorios apareció ante ella, en ese momento las lágrimas brotaban de sus ojos sin que pudiera contenerlas y comenzó a temblar con fuerza.
En ese instante, la mirada de la joven se encontró con la de Sasuke, que seguía sujetándola muy cerca. En los ojos del muchacho, Sakura creyó ver por un momento un ápice de compasión, pero fue apenas un frugal segundo antes de que éste empujara la puerta, que se abrió con gran estrépito.

Sakura estaba preparada para cualquier cosa salvo para lo que vio dentro de la habitación. Sobre la cama, dos personas estaban desnudas haciendo el amor, reconoció a ambas al instante

-¡Sakura!

La pelirrosa salió en ese momento de la habitación corriendo como una exhalación, lo hacía de forma automática y sin saber siquiera donde la llevaban sus pasos. Parecía encontrarse dentro de un sueño, pues su mente estaba como vacía, incapaz de pensar en nada salvo en la imagen que acababa de ver: Itachi y su madre juntos.