¿Un hombro donde llorar?

Sakura corría sin prestar atención hacia dónde iba. No era capaz de apreciar el lugar por el que se movía, o la gente que se volvía a mirarla. No veía nada, ni la acera que pisaba, ni los coches que pasaban a su alrededor, ni la gente que la veía pasar… nada. Sólo una imagen permanecía en su cabeza: dos cuerpos unidos, él encima de ella, sudando a causa de los movimientos y rodeados por el olor a sexo que invadía toda la habitación.
Sin saber muy bien cómo, un parque apareció ante ella. Estaba completamente desierto, pues era la hora de comer. Sakura, incapaz de seguir corriendo, se sentó en el banco más alejado y permitió que las lágrimas continuaran brotando de sus ojos. Se sentía fuera de sí, en estado de shock, no podía pensar en nada y no estaba segura de querer hacerlo. Era incapaz de entender la realidad, ¿cómo había llegado su madre a esa situación? ¿Qué ocurriría a partir de ese momento? Y, sobre todo… ¿qué sería de su padre? Bien es cierto que el padre de Sakura no pasaba mucho tiempo en casa, apenas unos días cada dos meses, dado su trabajo como militar, pero eso no significaba que su madre tuviera que serle infiel con el primero que apareciera.

-Esto no me puede estar pasando –pensó. Quizás todo fuera un mal sueño del que pudiera despertar en breve, o una broma pesada y nada era lo que parecía. Sin embargo, no imaginaba a nadie que fuera capaz de gastar una broma de tan mal gusto, y mucho menos que Sasuke Uchiha fuera cómplice de ella. Respecto al sueño… rezaba porque así fuera.

La mente de Sakura estaba rodeada por una niebla tan densa que no fue capaz de apreciar, hasta varios minutos después, que no estaba sola. En su tormentosa huída de la casa de su vecino no había percibido que alguien la seguía, y ahora Sasuke Uchiha se encontraba de pié frente a ella. No había dicho ni una palabra hasta el momento, solo se había limitado a observar a Sakura, tan frío e impasible como siempre. Al verle, el estado de ánimo de Sakura cambió por completo y una profunda oleada de rabia y furia se adueñó de ella. Necesitaba gritar, necesitaba romper algo o golpear a alguien. Pero, sobre todo, necesitaba hacer daño a ese maldito Uchiha que le había cambiado la vida en un momento.

-¡Maldito cabrón hijo de puta! –Sakura saltó del banco y se abalanzó sobre él, dispuesta a golpearle y arañarle con toda sus ganas. Pudo alcanzarle en la cara antes de que él sujetara sus muñecas con fuerza y la empujara violentamente contra el banco. Sakura se golpeó la espalda con el asiento y cayó de rodillas al suelo.

-¿Hijo de puta? ¿Realmente piensas que mi madre es la puta en este momento? –preguntó fríamente.

A Sakura aquello le dolió más que el golpe, sobre todo porque en esos momentos ella no podía evitar pensar igual. Aun así, volvió a levantarse y antes de que Sasuke pudiera evitarlo le abofeteó en la cara con todas sus fuerzas, trató nuevamente de golpearle, esta vez buscando agarrar su brillante cabello, pero no lo consiguió y el joven volvió a sujetarla.

-Un solo golpe más –le advirtió con voz de ultratumba –y te juro que te mato aquí mismo.

A Sakura le abandonaron las fuerzas en ese momento y se dejó caer de nuevo al suelo, no tanto por la amenaza sino porque la adrenalina y la furia se habían esfumado con la misma brusquedad con que llegaron. Ahora, su lugar lo ocupaban la tristeza y la decepción. Se llevó las manos a la cara y comenzó a llorar desconsoladamente, sin importarle que el menor de los Uchiha la observara con desprecio o lo que pudiera pensar cualquier persona que fuera testigo de la situación.

-¿No sabes hacer otra cosa que no sea llorar? –Sasuke, cansado del lamentable espectáculo, se dio la vuelta para alejarse de allí. Ni siquiera sabía por qué había seguido a una estúpida que solo sabía gimotear, sin embargo, antes de dar un paso, una mano se aferró con fuerza a su tobillo.

-¿Desde cuándo? –Preguntó Sakura con la voz quebrada.

-No me toques –respondió Sasuke con asco intentando zafarse.

-¡¿Desde cuándo están juntos?! –gritó Sakura sin soltarle.

Sasuke dio un fuerte tirón y Sakura no tuvo más remedio que soltarle. No sabía muy bien por qué, pero en esos momentos no podía dejar que Sasuke Uchiha se marchase, necesitaba respuestas y estaba segura de que él podría dárselas, aunque no sabía si estaba preparada para conocerlas aun.
Estuvieron un rato en silencio, mirándose con rabia el uno al otro, la tensión los invadió a ambos. Finalmente Sasuke se sentó en el banco, aunque Sakura permaneció en el suelo, sin cambiar siquiera de postura y con el cuerpo en tensión. No podía ver al muchacho a su lado, solo sentir su presencia y escuchar su fría voz.

-Prácticamente un año.

Sakura notaba como el aire no le llegaba a los pulmones, era incapaz de respirar. Intentó serenarse, no quería sufrir un ataque de ansiedad. También consiguió refrenar las ganas de vomitar. No pudo preguntar nada más, pues temía incluso abrir la boca. Creía que Sasuke se levantaría y se marcharía, pero no fue así; de hecho, el joven unió las manos y se las llevó a la boca, como siempre hacía cuando meditaba. Pasados unos minutos, volvió a hablar.

-Los descubrí una noche cuando volví a casa. Desde entonces se volvieron más precavidos. Esa es la razón por la que a menudo Itachi me obligaba a acompañarlo a la tuya, para que así la gente no sospechara nada.

Sakura palideció y se giró para mirarle. –¿Quieres decir que se acostaban en mi casa? ¿Incluso estando tú allí?

-No digas estupideces, yo me iba en seguida. No me interesa los líos de mi hermano ni lo que haga, si no fuera porque me obligaba a ello nunca le hubiera ayudado a ocultar esta jodida aventura que tiene.

-Si lo sabías, ¿por qué no me lo dijiste? –Parte de la ira desaparecida comenzaba a resurgir de las cenizas en su corazón, parecía mentira que no hubiera sido capaz de ver lo que pasaba… ¡se habían acostado en su propia casa!

-Porque me importa una mierda lo que haga mi hermano, si quieres explicaciones no me las pidas a mí, al fin y al cabo es tu madre la que está casada y tiene una hija, ella es la única que debe dar la cara. –La conversación acabó. Sasuke se levantó y se alejó unos pasos, parecía que iba a decir algo más antes de marcharse, pero lo pensó mejor y continuó andando, dejando atrás a Sakura, que seguía en la misma posición, como petrificada. Odiaba reconocerlo, pero Sasuke tenía razón.
En esos momentos se sentía furiosa con todo el mundo, con Itachi por acostarse con su madre, con Sasuke por no decirle nada hasta el momento, con su padre por no estar allí y no saber nada del asunto, con su madre por haberla traicionado de esa manera… pero en especial consigo misma por haberse encerrado en su propio dolor tras la ruptura con Sasori y no haber sido consciente de nada de lo que sucedía a su alrededor.

Las náuseas que sentía le hicieron regresar al mundo de nuevo. Sabía que no podía quedarse en ese parque toda la vida, aunque era lo que más deseaba en ese momento. Hubiera dado cualquier cosa por desaparecer, por dormir y no despertar nunca más, pero ya no era una cría y tenía que afrontar las dificultades. El problema en realidad era que aun no lo había asimilado, y seguramente tardaría mucho en hacerlo. Se sentía tremendamente avergonzada, sin saber qué hacer. El hecho de saber que esa situación que había presenciado solo una hora antes se repetía desde hacía un año la bloqueaba totalmente. No quería regresar a casa, lo último que deseaba era mirar a su madre a la cara, pero tampoco podía quedarse allí. Finalmente, Sakura optó por levantarse y comenzar a caminar, sin saber muy bien dónde dirigirse.

En un primer momento pensó en Ino y en Hinata, probablemente estarían muy preocupadas después de presenciar cómo Sasuke se la llevaba a la fuerza. Recordó que había golpeado a Ino y deseó con todas sus fuerzas que no le hubiera hecho ningún daño. Sin embargo, no se sentía con ánimos de ir a casa de ninguna de las dos, puesto que sus amigas, aunque de buena fe, no pararían hasta que Sakura les contara el motivo de su estado de ánimo, y en esos momentos no quería hablar de ello. Por el mismo motivo, Temari y Ten-ten quedaron descartadas, pero entonces ¿dónde podría ir? Bajo ningún concepto volvería a casa, al menos no por el momento. Pensó en alguna de sus vecinas, pero tan pronto la idea llegó a su cabeza fue rechazada.

Mientras seguía caminando, Sakura pensó a quién podría recurrir en esos momentos, que o bien no se diera cuenta de su estado de ánimo o bien, si ella le pedía que no preguntara, la respetara y lo olvidara rápidamente. Al final, justo cuando apareció ante un edificio de apartamentos, se dio cuenta que sus pies le habían llevado hacia la solución.

Ding don. El sonido del timbre no había cambiado. Sakura se sorprendió de ello, pues hacía mucho tiempo que no iba a ese lugar. ¡Voy! Respondió una voz tras la puerta, seguida de un estropicio, como si varios cacharros hubieran caído al suelo. En el rato en el que la puerta tardó en abrirse, Sakura se peinó un poco el pelo con ambas manos y compuso una sonrisa desenfadada. Aun no sabía que excusa pondría cuando la puerta se abrió y un muchacho rubio de ojos azules apareció tras ella.

¿Sakura? –Preguntó Naruto. La sorpresa podía leerse en todo su rostro, aunque lo que el muchacho no sabía era que la pelirrosa estaba tan sorprendida (o más) que él de encontrarse allí. -¿Qué haces aquí?

-Hola Naruto –respondió Sakura. Al fin y al cabo, ambos eran amigos desde la infancia. Se conocían mucho antes de que Sakura conociera a Ino o a Hinata, aunque con el tiempo (y sobre todo con el cambio que conlleva la adolescencia) se habían distanciado. Era, tal y como le ocurría a Ino con Shikamaru, una cuestión de estúpida incomodidad hormonal. Aunque en ese momento, Sakura era consciente de que Naruto era la única persona con la que podría contar. -¿Está Jiraiya?

-¿Jiraiya? No volverá hasta la semana que viene, ya sabes cómo es ese viejo salido, siempre de aquí para allá con… ¿Sakura?

En ese momento, Sakura se abalanzó a los brazos de Naruto y volvió a llorar, lo hizo de forma desconsolada, como no lo hacía desde hacía meses. Imágenes de Sasori, Itachi, Sasuke y su madre se sobre ponían unas a otras sin poder contenerlas. Apenas fue consciente de cómo Naruto, tremendamente sorprendido y sin apenas saber qué hacer, cerraba la puerta y la llevaba hacia el sofá, aferrado como estaba por los brazos de la joven.

-Sa-Sakura ¿qué te pasa? ¿Por qué estás llorando? –preguntaba el joven nervioso una y otra vez. Había intentado sentar a la joven en el sofá, pero ella no parecía querer soltarse de su cuello, por lo que al final ambos se encontraban de pie en medio de una sala totalmente desordenada, con ropa por todas partes y lo que había sido el almuerzo de Naruto aun sobre la mesa. El joven, incómodo ante la situación, se sentía estúpido por no saber qué hacer con los brazos; había soñado tantas veces el momento en el que Sakura llegaría a su casa llorando y le confesaba su amor…

-Cállate Naruto –dijo Sakura entre fuertes sollozos –solo déjame estar así y no digas nada.

Naruto obedeció y no preguntó nada más, aunque el problema de los brazos seguía estando ahí. -¿Tengo que abrazarla? –se preguntaba una y otra vez. La final, optó por no hacerlo. Bastante comprometido era tener el cuerpo de la joven que tanto le gustaba rozando con el suyo, si además la abrazaba las hormonas se dispararían en dirección ascendente.

Sakura continuó llorando aferrada al muchacho hasta que sintió que no podría llorar nunca más. Cuando se fue calmando, notó como las piernas le fallaban, así que se soltó de Naruto y se dejó caer en el sofá. Cerró los ojos y respiró hondo varias veces, para tranquilizarse. De esa forma, no veía el rostro de Naruto (completamente desconcertado), ahora que había conseguido serenarse un poco se daba cuenta de lo incómodo de la situación.
-Tendría que haber ido a casa de Temari

-¿Qué te ha pasado Sakura? –dijo el muchacho. A pesar de que Sakura tenía los ojos cerrados pudo notar cómo se arrodillaba ante ella. –¿Estás herida?

-No te preocupes, estoy… -¿otra vez diría que estaba bien? –¿Puedo quedarme aquí un rato contigo? No me preguntes por qué, por favor, solo déjame estar aquí.

Naruto enrojeció y asintió con la cabeza. No estaba muy seguro de que era lo que tenía o debía decir, por lo que se puso de pie y miró en todas direcciones sin saber qué hacer para que desapareciera la sensación de incomodidad. Al final comenzó a ordenar un poco las cosas a su alrededor (principalmente ropa), levantando de vez en cuando la vista para observar a la muchacha. Sakura, por su parte, continuaba en el sofá aunque su mente parecía estar muy lejos de allí. Ninguno de los dos dijo nada durante un rato, hasta que las tripas de Sakura rompieron el silencio.

-Lo siento –dijo avergonzada –es que no he comido desde el desayuno y ya son casi las cinco.

-Hay fideos instantáneos en ese mueble de ahí –indicó Naruto con un porte de ropa en sus brazos (se estaba limitando a trasladar todo a la habitación de Jiraiya).

Mientras Sakura buscaba los fideos no podía dejar de pensar en qué haría cuando regresara a casa. Sin duda tendría que hablar con su madre, pedirle explicaciones. Sabía que se enteraría de cosas que no quería oír, como que hacía tiempo que había dejado de querer a su padre y que Itachi le hacía sentir viva, o cosas así que siempre se decían en las películas, y eso la aterraba. ¿Significaba aquello el final de su familia? Si su madre dejaba a su padre… ¿se iría a vivir a casa de los Uchiha?

Por supuesto que no! –Se dijo Sakura. –Antes muerta que relacionarme más con esos hijos de puta. Pero, ¿y si todo se trata de un engaño? ¿Podría ser que Itachi estuviera engañando a mi madre? Posiblemente… quizás solo busca dinero o reírse de ella o..

-¡Sakura! –El grito del muchacho la sobresaltó. Solo cuando él le quitó un cazo lleno de agua hirviendo fue consciente de que había estado a punto de volcárselo encima. -¿Qué te pasa Sakura? Estás muy rara, tiene que ser algo grave para que estés así.

Sakura asintió y esquivó la mirada del rubio. No podía contárselo a nadie, y mucho menos al bocazas de Naruto, si no al día siguiente se arriesgaba a que toda la escuela supiera que su madre y el hermano mayor de Sasuke Uchiha…

-Alguien te ha hecho daño ¿verdad? –Dijo enfadado -¿Quién ha sido Sakura? Porque si es así te juro que voy a…

-No es nada de eso Naruto, bueno, no lo que tú piensas –contestó la muchacha –Me ha sucedido algo que no puedo contar a nadie, así que no insistas por favor Naruto. Y, sobre todo, no le digas a nadie que he estado aquí hoy. Júrame que no se lo contarás a nadie.

Quizás fue la desesperación de Sakura lo que llevó a Naruto a asentir y a procurar olvidar el tema.

-Yo… estoy feliz de que estés aquí conmigo Sakura –dijo el muchacho mirando hacia otro lado -¡por supuesto no estoy diciendo que me alegro de que estés mal! Solo de que estés aquí. –Tras decir eso desapareció tras la puerta de la única habitación que tenía el pequeño apartamento.

Tras esas palabras, Sakura fue consciente del enorme error que había sido acudir allí. Por una parte, sentía que estaba traicionando a su amiga Hinata, aunque no sabía muy bien del todo por qué. Y, por otra… hacía tiempo que había pasado, tal vez dos años, pero en un pasado Naruto se había declarado a Sakura, y ésta le había rechazado sin apenas consideración.

-''Gracias Sakura… pero creo que a Naruto ya le gusta otra persona'' –el rostro triste de Hinata apareció claramente mientras recordaba las palabras que había pronunciado.

-Lo siento mucho Hinata, pero ahora mismo necesito alejarme de mi casa y creo que este es el único sitio al que puedo ir. Espero que me perdones.

Sasuke fue golpeado de nuevo. Era la segunda vez en el día que recibía un golpe y, desde luego, sería la última vez. Esta vez, había sido por parte de su hermano Itachi. Una vez que regresó a casa tras dejar a Sakura llorando en el parque y tras lo que consideró que sería el tiempo suficiente como para que los amantes se vistieran y abandonaran la vivienda, había regresado.
En efecto, la encontró desierta, por lo que decidió no interesarse más y comer algo. No fue hasta la tarde, cuando Itachi regresó, que comenzó la tremenda discusión.

-¡Cómo se te ocurre traer a Sakura a la casa! ¡Sabías de sobra que estábamos aquí! –La furia de su hermano era patente en cada palabra que pronunciaba. Sus ojos, impregnados de odio, parecían querer asesinar a su hermano pequeño. A pesar de esto, Sasuke no se amedrentó.

-La única petición que me hiciste fue que no le contara nada a esa chica, pero nadie me dijo que no pudiera traerla a casa. La culpa es tuya por no tener cuidado al follarte a esa mujer.

-¡Maldito cabrón no hables así de ella! –Itachi se abalanzó sobre su hermano sin éxito. Sasuke podría haber tenido miedo si no conociera de sobra la agresividad que corrompía a su hermano cuando se enfadaba. En esta ocasión, lo estaba más que nunca. -¡Por tu culpa se ha jodido todo!

-¡¿Y qué creías que pasaría?! –Sasuke comenzaba a alterarse también -¿Qué terminaría dejando a su marido y todos nos convertiríamos en una familia feliz? ¡No me jodas hermano!

Aquellas palabras dejaron paralizado a Itachi. Sasuke sabía que aquel era el punto débil de su hermano y no tuvo miramientos en atacarlo. Por supuesto, había visto en numerables ocasiones a su hermano rogando a la señora Haruno que lo dejara todo y que se fuera con él, pero ella nunca daba una respuesta clara, no podía dejar a su familia.
Quizás Sasuke la odiaba por eso, porque ella anteponía la felicidad de su hija a la suya propia, mientras que Itachi no habría tenido reparos en marcharse abandonándolo. Sin duda, ese había sido el motivo por el que había llevado a Sakura a su casa, deseaba que ella odiara a su madre tanto como él odiaba a su hermano.
Por lo que había visto, lo había conseguido.

-Maldito bastardo –susurró su hermano mirándolo con odio –no sabes lo que has hecho. Disfrutas viéndome sufrir ¿no es así? Es lo que has buscado desde la muerte de nuestros padres. ¡Sigues creyendo esa historia!

-¡¡No es una historia!! –explotó Sasuke -¡¡Tú los mataste!!