Traicionando a una amiga

''Estoy en casa de Temari, pasaré aquí la noche y mañana iré directamente al instituto. No me llames ni vengas a buscarme.
Sakura''

Ese era el sms que le había enviado a su madre un par de horas atrás. Ahora, el agua caliente le acariciaba suavemente en la ducha, donde poco a poco intentaba asimilar todo lo que le había sucedido en el día.
Al final había optado por quedarse en casa de Naruto a pasar la noche, aunque una voz prudente en su cabeza le decía que no era una buena idea. Desde que había tomado la decisión no dejaba de acudir a su memoria la imagen de Hinata una y otra vez.

-No pienses en eso –pensó –no estás haciendo nada malo estando aquí.

Quince minutos después decidió que la terapia de la ducha tenía que finalizar, pues su piel ya estaba bastante enrojecida a causa del agua caliente. Sobre el lavabo había depositado la ropa que Naruto le había prestado: un espantoso e infantil pijama naranja.

-¿Pero tú tienes diecisiete años? –se dijo mientras se ponía los pantalones. Lo cierto era que Naruto había crecido un poco en los últimos tiempos, por lo que le quedaba grande tanto de altura como de ancho (siempre había sido un palmo más bajito que ella). Así que cuando Sakura se miró en el espejo se vio realmente ridícula. Salió del baño y se encontró el rubio tumbado en el sofá riéndose a carcajadas con un programa de televisión (que parecía más bien para niños). Sakura se sonrojó un poco, la verdad es que era una situación bastante surrealista que estuviera dispuesta a pasar la noche a solas con Naruto.

-Si se tratara de cualquier otro chico… pensó. En su mente apareció la imagen de Sasuke Uchiha y un escalofrío recorrió su cuerpo –pero no hay nada que temer porque es Naruto.

-¡Sakura, Sakura! Mira este programa, es buenísimo –dijo incorporándose y palmeando un sitio junto a su lado.

La muchacha suspiró y se sentó a su lado. Lo cierto es que, si lo tomaba como una especie de excursión como las que habían realizado en el instituto, no se sentía tan incomoda

-Solo que en las excursiones había treinta personas más a nuestro alrededor.

A pesar de todo, la noche transcurrió con tranquilidad viendo la televisión. Habían cenado algo ligero preparado por Sakura, que no estaba dispuesta a alimentarse exclusivamente de fideos instantáneos

-¡Pero tú sabes lo que engorda eso! –fue el argumento que le dio a Naruto ante su insistencia. Al final, el joven había hecho de pinche y tomó la primera cena casera en varios días. Después se habían turnado para ducharse y mientras el muchacho entraba primero ella había recogido la cocina. Y ahí se encontraban ahora, como si fuera los más normal del mundo que pasaran la noche juntos.

-Oye Naruto, ¿no te sientes solo estando tanto tiempo sin Jiraiya? –preguntó Sakura después de un rato. La verdad es que, salvo el sonido de la televisión, no se escuchaba nada en los alrededores, y eso estando solo debía de ser bastante inquietante.

El rubio, que había vuelto a tumbarse en una esquina del sofá, la miró divertido.

-¡Qué va! Ya estoy acostumbrado. Además, así puedo comer lo que quiera y levantarme a la hora que me apetezca.

-Sí, sí, pero…

-¿Sakura estas preocupada por mí? –dijo el mirándola sorprendido, luego sonrió y comenzó a reírse de nuevo por el programa de televisión.

-Claro que no idiota –dijo ella en un susurro con un mohín en la cara -¿quién querría venir aquí a atracar a un zoquete como tú?

Aguantaron viendo la televisión hasta cerca de la una de la mañana, pero al día siguiente había clases y tenían que dormir. Acordaron que Sakura dormiría en el cuarto de Jiraiya y Naruto lo haría en el sofá-cama del salón (que, de hecho, era donde dormía siempre).

Sakura fue a la habitación y cerró la puerta. Se quedó un momento apoyada sobre ésta y observó el dormitorio. Estaba muy cambiado desde la última vez que había estado allí, unos tres años atrás; de hecho, antes de que Jiraiya se mudara allí definitivamente esa era la habitación de Naruto. La cama de matrimonio se le antojó fría e impersonal, muestra de que el viejo pervertido pasaba poco tiempo en casa.

Mientras se metía entre las sábanas se acordó de su teléfono móvil y lo cogió de la mesita, donde estaba junto a su cartera. Tenía más de diez llamadas perdidas de Ino y Hinata, y un mensaje de texto que dejaba constancia de lo preocupadas que estaban por ella. Aquello supuso un jarro de agua fría para Sakura, aunque seguía sin querer contarles nada de lo sucedido en el día, y menos ahora que se encontraba en casa de Naruto. Así que escribió un sms a las dos pidiéndoles que no se preocuparan, que lo de Sasuke no había sido nada y que mañana no iría al instituto porque estaba enferma, se sentía muy miserable por mentir a sus amigas, pero ¿qué otra cosa podía hacer? Tras enviar el mensaje apagó la luz y cerró los ojos, sabiendo que le resultaría muy difícil dormir esa noche.

*

Sasuke estaba apoyado en la barandilla del balcón de su habitación, sin poder dormir. No era la primera vez que estaba en esa situación, y tampoco el motivo de su desvelo había cambiado mucho. Miraba hacia la casa de enfrente, donde la amante de su hermano permanecía con la luz del salón encendida, preocupada, seguramente, por su hija mimada. Todo aquello era un asunto realmente repugnante, no entendía qué podía encontrar su hermano para rebajarse a estar con aquella mujer, y menos aún entendía la simpatía que profesaba por Sakura.

-Y que quieras actuar como un hermano mayor para ella… ¿de qué vas Itachi? -pensó con amargura.

Miró hacia el balcón de enfrente, donde tantas madrugadas había visto a la pelirrosa y habían compartido noches de insomnio aunque ella no lo supiera. A veces la veía llorar en una esquina del balcón y Sasuke se preguntaba qué estupidez podría causar tanto llanto.

-Está claro que su vida es una mierda –susurró satisfecho.

Sin embargo, aquella muchacha viviría en cuestión de tiempo la ruptura de su familia, tal y como le había sucedido a él en un tiempo pasado, y volvería a ser por culpa de su hermano mayor.

-¿Cuántas familias más vas a destruir? –pensó. Lo cierto era que por un momento, cuando había llevado a la joven ante la puerta del dormitorio de su hermano, había estado a punto de llevársela a otro lugar y que no averiguara la realidad. Sin embargo, si él conocía la historia ella también tenía que hacerlo, no por Sakura, sino por él mismo. Y si hubiera estado el esposo de Haruka también lo habría llevado allí.

Había descubierto a los dos amantes un año atrás, cuando tan solo llevaban cinco meses viviendo en aquel lugar. Desde el primer momento la señora Haruno había sentido debilidad por ambos hermanos, y lo dejó claro invitándolos a cenar, visitándolos en casa y estrechando relaciones. Incluso había intentado hacer simpatizar a Sakura y Sasuke, con un pésimo resultado. Estaba claro que la pelirrosa no lo aceptaba, siempre que él andaba cerca ella se apresuraba a huir con aquel novio suyo.

-Sabía que aun estarías despierto –Sasuke no se sorprendió al ver a su hermano mayor aparecer junto a él. Siempre que tenían alguna discusión fuerte acababa arrepintiéndose tarde o temprano, y esta vez, la culpa debía de estar corrompiendo su mente más que nunca.

-Hum –fue toda la respuesta del chico. Esperaba que Itachi se desahogara pronto y se marchara.

-Sasuke… he venido a disculparme por haberte pegado esta tarde, he perdido los nervios y te pido perdón.

-Pensé que vendrías a disculparte por follarte a esa mujer de nuevo –sabía que no era el momento de poner a prueba su humor, pero no podía evitarlo, él era el único que no había podido desquitarse gritando o golpeando a alguien.

-No hables así Sasuke, sabes que no lo hago por mera diversión –la voz de Itachi sonó sincera y eso molestó aun más al hermano pequeño.

-No quiero verme involucrado con esa familia –respondió al cabo de un momento.

-Es una mujer encantadora aunque tú no quieras verlo, y Sakura es un cielo. Estoy seguro de que si la conocieras te gustaría.

Eso era lo último que Sasuke quería oír. ¿Acaso quería que terminara con la hija como él lo había hecho con la madre?

-Lárgate, mañana tengo clases –Dijo mientras entraba dentro de la habitación. El reloj marcaba las cuatro de la mañana. Mientras se metía en la cama escuchó la voz de su hermano, fría como cada vez que quería dejar claro que su voluntad era la que prevalecía.

-No vuelvas a interferir en mi vida y mucho menos vuelvas a hacerme jugadas como la de hoy, o te juro que lo lamentarás.

Sasuke no dijo nada, sabía que si su hermano quería podría hacerle lamentar cualquier cosa de mil formas diferentes.

Sakura abrió los ojos y, desconcertada, miró a su alrededor. Le costó un instante recordar que no se encontraba en su habitación, sino en casa de Jiraiya y Naruto, y los motivos que la habían llevado allí. Ni siquiera en sueños podía olvidar la situación que estaba viviendo, al contrario, acababa de soñar que era ella con Sasuke quienes hacían el amor salvajemente y eran su madre e Itachi quienes irrumpían en la habitación. Afortunadamente, se había despertado al instante. Pero… ¿realmente aquel había sido el único motivo de su desvelo? Una sombra en el umbral de la puerta le dio la respuesta.

-¿Naruto? –preguntó incorporándose en la cama. Efectivamente, el muchacho se encontraba en la puerta de la habitación.

-Perdona Sakura –intentó excusarse -es que oí como gritabas hace un momento y vine a ver qué sucedía. ¿Estás bien? –dijo entrecortadamente.

Sakura sintió como se encendía toda su cara, acababa de tener un sueño subido de tono con Sasuke Uchiha, así que podía imaginar que tipos de sonidos había escuchado Naruto.

-Ah… bu-bueno es que… he tenido una pesadilla. Pero ya estoy bien, vete a dormir que mañana madrugamos.

Se giró para mirar la hora. Las cuatro de la mañana. Aquello le sirvió de excusa para serenarse, aún sentía su cuerpo arder y todo por su estúpida imaginación. El sonido de la puerta le indicó que Naruto ya se había marchado. Suspiró y volvió a acostarse. Sin embargo, el peso que hundió el colchón a su lado la sobresaltó de nuevo: Naruto aún seguía allí ¡y acababa de meterse en la cama con ella!

-¡¿Pero qué haces?¡ –susurró enfadada -¡Lárgate de aquí ahora mismo! -Empujó a Naruto con todas sus fuerzas, pero éste le sostuvo las manos con delicadeza y la miró de una forma tan intensa y poco común en él que Sakura quedó sorprendida y paralizada.

-¿Por qué has venido hoy a mi casa Sakura? –preguntó. Era poco común que Naruto empleara un tono tan serio y maduro y aquello desconcertó a la joven. ¿Acaso iban a tener una conversación de ese tipo a las cuatro de la mañana?

Sakura no contestó al instante, pero no pudo continuar sosteniendo la mirada del muchacho, por lo que buscó donde fijar la vista en un punto de las sábanas.

-No quería molestar a ninguno de mis amigos –mintió.

-¿Significa eso que no me consideras amigo tuyo? –preguntó Naruto ofendido

-No quería decir eso, no saques las cosas de contexto.

-¿Por qué no has ido a casa de tu novio entonces? –Esta vez, había resentimiento en las palabras de Naruto, Sakura entendió que estaba ofendido, sin embargo, solo él podría no estar al tanto de su ruptura con Sasori.

-Aquello terminó hace tiempo –dijo ella.

Naruto quedó sorprendido ante la declaración, confirmando las sospechas de Sakura: no lo sabía. Soltó a la joven y pareció quedar en trance. Sakura, por su parte, tampoco sabía qué más podía decir, realmente consideraba a Naruto un amigo, a pesar de todo, por eso le dolía el haberle hecho daño no confiándole antes aquella información, sobre todo ahora que sabía que él seguía sintiendo algo por ella.

-Pero eso habría sido peor –dijo la voz de la conciencia en su interior.

-¿Por qué no me lo has dicho antes?

-Nada habría cambiado. Ya sabes que… bueno, que siempre serás un amigo para mí.

Dios mío, ¿y ahora por qué le daban ganas de llorar? Sakura sentía las lágrimas a punto de salir y se esforzó por contenerlas, no entendía nada de la situación. Ante todo, ¡qué hacía ella en una cama con Naruto? Y ¿qué hacía su madre en otra con Itachi? ¿Qué había sucedido entre Sasori y ella para que todo acabara así? ¿Y por qué Sasuke Uchiha la había seguido hasta el parque para luego comportarse de aquella forma tan despreciable?

Estaba tan furiosa por todo aquello… eran lágrimas de furia e impotencia. Quería hacer algo contra aquello, algo que la hiciera diferente de la Sakura que era, pues estaba segura de que todo era culpa suya. Si tan solo pudiera cambiar aquello, no ser quien todos creían que era… así su madre volvería a prestarle atención y no necesitaría de los Uchiha, así Sasori podría entender qué era lo que había perdido.

Si no puedes olvidarle por ti misma, entonces deja que alguien te ayude a hacerlo había dicho Temari. Pues bien, estaba dispuesta a hacerlo, aunque para ello tuviera que utilizar a otra persona… ¿acaso no es lo que estaban haciendo con ella?

-Naruto… ¿yo te gusto?

El joven se volvió para mirarla confundido y asombrado por la pregunta. A la luz de la luna Sakura percibió como se sonrojaba y miraba hacia otro lado nervioso.

-Ya sabes la respuesta a eso Sakura –dijo al cabo de un momento

Las lágrimas insistían en salir. Lo que iba a hacer no podría perdonárselo jamás.

-Entonces ayúdame a olvidarlo todo –susurró

Antes de que Naruto pudiera saber qué ocurría, Sakura tomó su rostro entre las manos y lo besó. El joven quedó paralizado y al principio no correspondió el beso, seguramente confundido por la reacción de Sakura, pero ella insistió y poco a poco fue introduciendo su lengua en la boca de él, hasta que encontró la propia lengua de Naruto, entonces comenzó a juguetear con ella.

-Sa-Sakura ¿qué haces? – Naruto consiguió separarse un poco de la joven. Parecía como si acabara de despertar de un sueño. Estaba totalmente desconcertado.

Pero Sakura no se amedrentó y volvió a aprisionar la boca del joven entre sus labios, empezando de nuevo e instándole a él a seguirla.
El rubio poco a poco fue reaccionando, y los besos y caricias se intensificaron. Tomó a Sakura por la cintura y fue poniendo énfasis a los besos, correspondiendo a los de ella. Lo hacía de forma un poco torpe y precipitada, pero a Sakura no le importó lo más mínimo, sentía que nadie hasta ahora la había besado con tanto amor, y aunque ella no lo correspondiera con los mismos sentimientos, la llenó de una especie de calidez.

Continuaron besándose durante un rato, a instantes con furia y a otros con tremenda dulzura y delicadeza, hasta que, inevitablemente, los cuerpos fueron convirtiéndose en un volcán que pedía más. Sakura había notado al cabo de unos instantes que no podría escapar de toda la frustración, impotencia, confusión y dolor que sentía solo con unos besos, por lo que buscó más. No era su primera vez y aquello la ayudó a estar más decidida y confiada.

Cuando su mano abandonó el cuello del muchacho y descendió hasta introducirse debajo de la camiseta de éste, Naruto interrumpió los besos.

-¿Sakura? –jadeó sorprendido.

Sakura sabía cuánto daño podía hacerle a Naruto si ambos continuaban, pero lo necesitaba y por una vez quería ser egoísta, aun así fue clara con el rubio.

-Naruto –dijo mirándole intensamente a los ojos –no estoy enamorada de ti, no voy a engañarte en eso. No te he mentido antes, para mi eres un buen amigo, pero nada más. Sin embargo ahora necesito esto, ahora siento que eres el único que puede ayudarme a olvidar. Yo estoy dispuesta a seguir hasta el final, pero no haré nada que tu no quieras hacer, no voy a forzarte a nada. Tú debes decidir si quieres que continuemos, no puedo pedirte más.

Sakura vio el momento justo en el que el corazón de Naruto se fragmentaba, aunque no estaba segura de si había llegado a partirse, sabía que sí habría sufrido daño. En esos momentos de incertidumbre esperando su respuesta volvió a aparecer el rostro de Hinata, no sólo Naruto saldría dañado de aquella historia, haría sufrir a una de las criaturas más nobles y dulces que había conocido jamás. Traicionaría a una amiga de verdad, el tesoro más grande que una persona puede tener. Estaba dispuesta a ello.
Despreciable. No podía hacerlo.

-Naruto será mejor que…

-Si hacemos esto, ¿podré ayudarte Sakura?

-No por favor, no lo hagas por ayudarme, no lo hagas por mí, hazlo por ti, aprovéchate de mí.

Sakura cerró los ojos y asintió. Una única lágrima salió de sus ojos antes de que Naruto volviera a besarla. Ya no hubo marcha atrás. La mente herida de la joven fue invadida de nuevo por los sentimientos de calidez que emanaban del joven y entonces todo pareció desaparecer.
Ella lentamente le acarició el pecho y le besó el cuello, mientras él suspiraba jadeante. Pronto, Sakura le quitó la parte superior de aquel pijama que tan ridículo le resultaba y él hizo lo propio con el de ella. La forma en que Naruto miró su cuerpo le provocó un sentimiento de agradecimiento, realmente sentía que era importante para alguien.

-Sakura –susurró Naruto cohibido –yo… veras es que… yo… es mi primera vez.

Aquello no sorprendió a Sakura, no sabía por qué no podía imaginar a Naruto antes con otra chica, pero no comentó nada al respecto. Solo asintió y se desabrochó ella misma el sujetador, dejando su pecho ante él. Quería que, al menos, Naruto tuviera una primera vez agradable, ya que no podía hacer que fuera especial. Al menos le debía eso.

-No te preocupes –dijo ella mientras volvía a besarle el cuello

-No eres virgen ¿verdad?

-No –respondió Sakura avergonzada. Él no contestó. Tras vacilar un momento, Sakura le acarició el miembro, que estaba completamente erecto. Vio como Naruto se estremecía ante aquellas caricias. Continuó besándole y tocándole en aquella zona, hasta que, suavemente, le empujó para que quedara tumbado en la cama y le quitó los pantalones con delicadeza.
Estaba claro que Naruto no estaba preparado para tener su primera vez aquella noche, de lo contrario no habría llevado aquellos calzoncillos de ranitas, aunque eso provocó que Sakura riera, descargando un poco la tensión que sentía.

-¿Qu- qué ocurre? –preguntó nervioso el muchacho

-Deberías comprarte ropa interior nueva

-¿Es- es mala la que llevo?

-No -sonrió -no te preocupes.

Debería ser Hinata quien hiciera aquellos comentarios, Hinata quien recibiera las tímidas caricias y los dulces besos del muchacho. Ahora que, poco a poco, se desprendía de los pantalones estaba segura de que lo que le estaba haciendo a su amiga no tenía nombre. Ni siquiera debería considerarse amiga suya.

-Ven –fue la respuesta a sus remordimientos. De perdidos al río, dijo la parte egoísta de su conciencia.
Él obedeció y se incorporó en la cama, temblando visiblemente y sudando, tanto a causa de la excitación como de los nervios.

Estando los dos de rodillas en la cama frente por frente, Sakura se encargó de quitarle la ropa interior, luego se desprendió de la suya y se tumbó en la cama.

-Ahora ponte encima de mí… -Él hizo lo que le pedía y se acomodó encima de ella. Sentir su peso y su cuerpo caliente sobre sí fue una inyección de bienestar inesperado entre tanto desprecio por sí misma. Aferró la cintura de Naruto con sus piernas y, mientras se besaban, recibió la primera embestida. Fue suave y muy lenta, pero pudo notar perfectamente cuando Naruto entró dentro de ella. Cuando, poco a poco, el embate fue siendo más regular e intenso cerró los ojos y se abandonó a la situación por completo.

Sabía que desde ese mismo momento no podría mirar a la cara a Hinata nunca más, y probablemente tampoco al resto de sus amigas. Incluso el rostro de Sasuke Uchiha apareció ante ella, con los ojos llenos de compasión que había mostrado esa misma mañana. Pero hacer el amor con Naruto le significaba un bienestar tan ansiado que las lágrimas volvían a brotar, limpiándola por dentro.

-Lo siento… por favor, perdóname.