Capítulo 5: No soy un monstruo
Sasuke pasaba la mañana mirando por la ventana, sin prestar atención a la clase. No necesitaba atender a las explicaciones para aprender los conceptos, y eso le aburría sobre manera. Faltaban quince minutos para el descanso, y por mucho que le pesara, necesitaba acercarse a la muchacha rubia y preguntarle por su amiga. Al principio le había sorprendido no ver a Sakura en clase esa mañana, pero recordando su estado de ayer… quién sabe dónde habría ido esa insufrible llorona.
Lo tenía todo pensado, al finalizar la clase Yamanaka tardaría más de lo normal en guardar la cantidad de bolígrafos de colores que utilizaba para coger apuntes (una cursilería), además, antes de salir miraría su teléfono móvil para comprobar si tenía algún mensaje o llamada perdida. Así, podría acercarse a ella sin que hubiera demasiada gente en el aula.
Y, tal y como había previsto, ocurrió. Mientras la muchacha sacaba su teléfono móvil del bolso se acercó a ella.
-¿Dónde está tu amiga? –su voz sonó fría y peligrosa. Perfecto.
-¿Por qué no me lo dices tú? –Respondió ella furiosa -¿A qué vienes, después de lo que me hiciste ayer? No quiero saber nada de ti. –La joven se apresuró a salir de la clase sin mirar atrás.
A Sasuke aquella actitud le enfureció. Encima que se acercaba a aquella estúpida… Pero aún tenía otra posibilidad, la otra amiga de Sakura, Hyuga. Sin duda, aquella muchacha le daría la respuesta que él quería. Salió él también fuera y se dirigió al aula del otro curso, pero cuando llegó la encontró vacía: ya habían salido todos.
No le quedó más remedio que salir fuera a buscarlos. El recinto del instituto era grande, pero sabía donde solía unirse el grupo de la pelirrosa, así que fue directamente allí. Se sentía realmente ridículo.
Encontró a Ino y Hinata junto a Shikamaru, Kiba y el idiota de Naruto. Los conocía a todos porque durante los últimos meses del curso anterior habían sido compañeros de clase, aunque nunca había tenido una relación especial con ninguno, salvo con Uzumaki, con quien había protagonizado varias peleas.
-Hinata, quiero hablar contigo –otra vez aquel tono intimidatorio.
La muchacha lo miró un poco asustada, se giró en busca de las reacciones de sus amigos, pero ninguno pudo moverse siquiera cuando el muchacho ya se alejaba. Hinata cogió aire y luego asintió. Se apartaron del grupo unos metros, lo suficiente para que nadie pudiera escucharles.
-¿Dónde está Sakura? –quizás si la llamaba por su nombre ella accedería a darle la información.
-¿Por-por qué quieres saberlo?
-Necesito hablar con ella de algo urgente. Es por lo que sucedió ayer –eso no era una mentira.
-No sé dónde está –dijo la muchacha con la vista fija en el suelo –ayer no conseguimos hablar con ella después de…
Sasuke la miró pensativo calibrando la respuesta. No parecía una mentira, de hecho aquella muchacha parecía incapaz de mentir a nadie. Asintió y Hinata se marchó con sus amigos, visiblemente más relajada. Alcanzó a oír al resto cuando ella se reunió con ellos
-¿Qué quería ese gilipollas? –Preguntó Shikamaru
-Me ha preguntado por Sakura, quiere saber dónde está.
Sasuke ya no se fijó en el resto de la conversación. Un hecho realmente llamativo le había dado la respuesta. El imbécil de Naruto, tan escandaloso como era y siempre dispuesto a una pelea, no había dicho nada. Al contrario, había permanecido callado y, lo más revelador, completamente rojo de vergüenza. No supo muy bien por qué, aquello le hizo hervir la sangre.
Sakura estaba en la cocina de su casa, con la televisión puesta. Frente a ella, un desayuno que se había esmerado en preparar y que le había resultado imposible comer. Ahora, con la cabeza más despejada, intentaba hacer balance de la situación en que se encontraba.
Había dejado la casa de Naruto poco después de que él se marchara al instituto. Después de hacer el amor ella le había pedido que no durmieran juntos y que se marchara a su cama. Él, sorprendido y dolido nuevamente, obedeció sin decir una palabra. Por último, le había pedido que no la despertara, no iría al instituto y se marcharía en cuanto durmiera un poco. Tampoco a eso él respondió, desapareció tras la puerta y no lo había vuelto a ver.
Cuando regresó a casa, encontró sobre la mesa una pequeña nota de su madre. Era breve y concisa: ''Esta noche te lo contaremos todo''. Ahora, la nota estaba en lo más profundo del cubo de basura, rota en mil pedazos. Era cierto que necesitaba una explicación, ahora un poco más templado su ánimo entendía que tenía que hablar con su madre, pero ese nosotros incluía a una tercera persona que no quería volver a ver jamás.
-No pienses en nada Sakura
Pero no podía evitarlo. Demasiados sucesos atacaban su mente sin cesar, todo su mundo se le venía encima y no sabía qué hacer. Se sentía atrapada, vulnerable, tan mal que deseaba gritar hasta quedar afónica y aun así, no conseguiría nada. Y, lo peor de todo, es que debía guardárselo todo para ella, ¿a quién podría contarle aquello? ¿A sus amigas, a las que había traicionado? ¿A su madre, la causante de uno de sus mayores problemas? ¿A su padre, al cual no veía desde hacía dos meses? ¿A Naruto, al que había utilizado? Estaba sola y sentía que se lo merecía.
Las doce de la mañana. Aún faltaban dos horas hasta que su madre terminara de trabajar. Se acercó a la ventana para ver la casa de enfrente. Suponía que Itachi tampoco se encontraría allí, puesto que él era el encargado de mantener a ambos hermanos y tenía que trabajar.
Se sentó en el sofá, frente al televisor, pero su mente se encontraba muy lejos de allí. Tenía tantas cosas en las que pensar que todas querían aflorar a la vez, creando un caos que le era imposible manejar. Cuando intentaba asimilar lo ocurrido con Naruto la noche anterior, las imágenes de Itachi y su madre poblaban cada rincón de su mente; cuando procuraba centrarse en eso entonces aparecía el rostro de Sasori y lo acontecido tres meses atrás, y, al procurar desechar aquellos recuerdos de una vez por todas, aparecían imágenes de Sasuke Uchiha mirándola con compasión seguida de Hinata con lágrimas en los ojos. Lo que volvía a llevarla al tema de Naruto.
-Si continúo así voy a volverme loca –dijo dejándose caer de lado en el sofá y quedando tumbada. Se llevó las manos a la cara y cerró los ojos con fuerza. –Está bien, empecemos por el tema de mamá. Creo que lo mejor será que me espere hasta que hablemos para sacar conclusiones, así que ese tema descartado.
El programa de cocina que estaban retransmitiendo hizo una pausa y comenzaron los anuncios.
-Respecto al tema de Sasori –continuó –estoy harta de no poder olvidarme de él… ya han pasado tres meses y después de lo que me hizo… soy una completa gilipollas. No quiero seguir hablando se él, ni siquiera conmigo misma.
-''Con el nuevo quitamanchas con cristales blanqueadores usted conseguirá el efecto que siempre ha deseado''
-Así que… Naruto y Hinata. Dios mío eso no tiene explicación ninguna. –Se giró en el sofá dando la espalda a la televisión –Todavía no estoy segura de si ha sido un sueño o no. Me acosté con Naruto… yo se lo pedí y el accedió. Para ayudarme, no puedo creerlo. Hinata jamás me lo perdonará, y tampoco Ino, Temari o Ten-Ten. Además, Naruto y Hinata son las personas más inocentes y de buen corazón que conozco, ¿por qué a ellos?
-''¡Hasta tres mil euros de crédito con solo una llamada! Lame a Credikonoha y conozca ahora las ventajas del plan…''
-De verdad que no puedo entender por qué lo hice. Naruto es un idiota, un crío inmaduro que siempre está gritando y molestando. Ni siquiera he sido consciente de su presencia en mucho tiempo… pero ayer… -Sakura notó como se sonrojaba –su calidez era lo que necesit… ¡NO! –Se incorporó de un salto y obligó a su mente enterrar aquellos pensamientos –Iré a hablar con él, dejaré las cosas claras, le explicaré mi situación y me disculparé y no volveré a pensar ni a mencionar este tema nunca más.
-¿Aunque él haya sido un oasis en mitad del desierto? –dijo su parte oscura de la conciencia, aquella que miraba por el bienestar propio y no por el de los demás.
-''¡El placer más intenso con la máxima seguridad! Preservativos Confort Paradise''
Dios mío… Sakura se giró lentamente hacia la televisión, justo en el momento en que enfocaban el paquete de preservativos. El color desapareció de su rostro en una milésima de segundo y las piernas le fallaron, de tal manera que tuvo que sostenerse al sofá para no caer. Recordaba al detalle todo lo ocurrido la noche anterior, todo, salvo el momento en que sacaba de alguna parte un condón para darle a Naruto. No lo recordaba por el simple hecho de que no había ocurrido.
-No por favor…
No hay palabras para describir lo que sintió la muchacha en aquel momento. Lo habían hecho, habían llegado hasta el final sin haber tomado ninguna precaución. Aquello debía ser el fin del mundo o la peor de las pesadillas.
Ding don. Aire.
Ding don. Necesitaba aire.
Ding don. La habitación comenzó a darle vuelta y el pecho le oprimía pidiéndole más aire que enviar a los pulmones. La vista se le nubló y las piernas no pudieron sostenerla por más tiempo.
Ding don, ding don. Iba a desmayarse o a vomitar, o las dos cosas, pero seguía sin poder respirar. Se ahogaba. ¿Sería su castigo por traicionar a Hinata?
Ding don. Ojalá fuera así. Sintió un fuerte golpe cuando la cabeza impactó contra el suelo, ni siquiera había sido consciente de que caía.
-¡¡Sakura!!
Conocía esa voz, no era una voz agradable ni mucho menos. De hecho, siempre era portadora de malas noticias. La odiaba, con todas sus fuerzas, casi tanto como a la de su hermano mayor, pero era la segunda vez que aquella voz aparecía en los momentos en que más la necesitaba.
-Has tardado –fue lo último que pensó antes de perder el sentido.
Despertó lo que se le antojó una eternidad después en el sofá. No estaba segura de que era lo que había sucedido, trató de moverse pero su cuerpo aún estaba débil y no respondía bien. Pensó que mejor sería intentarlo después.
Algo húmedo en su frente le hizo suponer que tenía colocada una toalla mojada, y el aire que entraba a su lado le indicó que la ventana estaba abierta. Giró la cabeza y miró el reloj: la una menos diez. Únicamente habían pasado veinte minutos, más o menos.
Finalmente, optó por mirar a la persona que estaba sentada a su lado y a la cual había decidido ignorar el mayor tiempo posible, pero allí estaba. Sasuke Uchiha, con su mirada fría y su rostro altanero había vuelto a aparecer en una de sus crisis (esta vez ayudándola).
-¿Cómo has entrado? –su voz sonó ronca y débil. Necesitaba beber un poco de agua. Descubrió un vaso en la mesa junto a ella
-Sé donde deja tu madre una copia de la llave. Lo hace para que mi hermano pueda entrar de madrugada.
El agua que Sakura bebía se le atragantó. Consiguió dejar el vaso de nuevo sin causar ningún estrago y volvió a recostarse en el sofá, cerrado los ojos. Optó por ignorar esa información.
-¿Qué haces aquí? Deberías estar en el instituto.
-Es obvio que me he saltado las últimas clases. Tengo que hablar contigo de algo.
-Creo que no podré aguantar más malas noticias, así que por favor ahórratelas.
-¿Quieres hablar entonces de tu noche con el imbécil de Uzumaki?
-¿¡Qué!? –Sakura se incorporó rápidamente, lo que le produjo un fuerte mareo -¿Qué estás diciendo?
-Lo sabes de sobra, has pasado la noche con él, ¿no es así? Sí querías mantenerlo en secreto entonces deberías buscar un acompañante que sepa disimular mejor. -Sakura no dijo nada. Si hubiera podido, habría echado a Sasuke de allí a patadas, odiaba su tono de superioridad y prepotencia. Lástima estar tan débil. –De tal palo tal astilla, eres igual que tu madre.
-¡CÁLLATE! ¡No vuelvas a mencionar a mi madre jamás! Tú no tienes ni idea de lo que estoy pasando, ¡no tienes derecho a juzgarme! -¿Aquello era lo máximo que podía gritar? Pero la voz no le salía, el hecho de que el despreciable Sasuke Uchiha supiera lo suyo con Naruto era… era… debería seguir sin conocimiento.
Silencio. Estaba segura de que en la calle habría infinidad de sonidos, sonidos del día a día, de la vida y la rutina, sonidos que indicaban que todo era igual que el día anterior, que todo marchaba bien. Pero Sakura no oía nada, solo había silencio. ¿Quizás porque nada en su vida volvería a ser como era?
-¿Que no tengo derecho a juzgarte? ¿Acaso no es eso lo que has estado haciendo tú conmigo todo este tiempo? Me tachabas de despreciable, de insufrible e inhumano sin siquiera conocerme –Sakura lo miró asombrada, con los ojos abiertos ante la sorpresa –Te preguntas como lo sé… es lo malo que tiene que mi hermano sea el amante de tu madre, acabo enterándome de las cosas. Y dime, si tú me juzgabas de esa forma ¿por qué no puedo hacer yo lo mismo?
-¡Mi novio me engañaba desde el principio! –Explotó Sakura -¡Ayer traicioné a una de mis mejores amigas e hice algo horrible que jamás podré perdonarme y que al mismo tiempo me atormenta porque no puedo sentir un verdadero arrepentimiento! Soy una persona horrible… ¡horrible! Mi madre engaña a mi padre y me siento asqueada de ello, y aún más porque yo soy capaz de hacer lo mismo. ¡¡¿Estás contento?!! ¡Júzgame ahora si quieres hacerlo! Dime que soy una persona miserable y por fin estaremos de acuerdo en algo, y cuando lo hagas márchate de aquí, llévate a tu hermano y no volváis jamás.
-Realmente eres una persona miserable –dijo el muchacho sin compasión –ahora entiendo tus noches de llanto en el balcón, lo que me sorprende es que seas capaz de mirar a la gente a la cara.
Sakura decidió que no lloraría, las palabras de Sasuke le herían en el fondo de su corazón. A pesar de que todo eso lo pensaba ella de sí misma oírlo de otra persona le causa verdadero pavor. Pero alguien tenía que castigarla por sus actos, aunque fuera Sasuke Uchiha.
-¿A qué has venido Sasuke? –consiguió preguntar respirando hondo y encajando cada golpe.
Sasuke la miró. Recordó lo que había visto cuando la joven había perdido el conocimiento. En su brazo, tenía un leve moretón, algo que sin duda él le había causado al llevarla a la fuerza a su casa. No podía evitar preguntarse si Naruto habría visto aquella marca, si habría acariciado la piel de Sakura en el lugar donde él le hizo daño, si la habría besado. Aquella era la causa por la que había salido corriendo del instituto como un tornado, lleno de furia, con la sangre ardiendo en sus venas. Ahora que estaba allí se preguntaba con qué fin.
-Esta noche Itachi y yo vendremos a tu casa. Van a hacernos creer que la historia de ambos se acabará, pero no es así. Mi hermano… no parará hasta destruir a tu familia, quiere a tu madre y la quiere a cualquier precio, por encima de mí y de ti. Encárgate de abrir los ojos a tu madre, yo estoy fuera de lugar.
-Y ¿qué es lo que quieres tú? Porque no creo que me cuentes todo esto por pura bondad de tu corazón.
Sasuke se levantó y le dio la espalda. Permaneció un rato callado, al igual que el día anterior en el parque, cuando antes de marcharse parecía que iba a decir algo.
-La próxima vez, quiero que recuerdes que mi casa está mucho más cerca que la de Uzumaki.
Tras esto salió, dejando a Sakura completamente desconcertada.
*
Las nueve y media en punto, ni un minuto más ni uno menos. El timbre volvió a sonar y Sakura se puso tensa de pie en el salón. Su madre se aproximó a abrir la puerta. La muchacha se volvió y contempló la mesa ya preparada, para tratarse de una especie de despedida, se había esmerado tanto que parecía más bien un convite de boda.
-Buenas noches, Sakura –era Itachi. Sakura no respondió, solo hizo un leve gesto de asentimiento con la cabeza. Tras él entraba Sasuke, con quien encontró la mirada durante un breve momento para después desviarla hacia otro lugar. Se sentía realmente confusa con el menor de los Uchiha, tanto como para dejar en segundo plano el odio por el mayor.
-Vamos a sentarnos, la cena ya está lista –comentó su madre, claramente nerviosa por la situación.
Cenaron bajo una clara tensión, sin hacer apenas comentarios salvo para alabar la comida o comentar el tiempo. Estaba claro que todos estaban haciéndose el cuerpo para lo que sin duda vendría después. Terminaron con el postre y luego Haruka sirvió una copa para todos, incluidos Sasuke y Sakura, lo que daba un claro estado de la situación.
-Bueno… esto… no sé cómo debería empezar –titubeó la madre de Sakura.
-Lo mejor será comenzar por el principio, Haruka –dijo Itachi con suavidad –solo así podrán comprender.
-¡¿Comprender?! No hay nada que comprender –estalló Sakura
-Por favor cariño… te pido que nos escuches hasta el final sin interrupciones. –Sakura se mordió la lengua ante el comentario que tenía preparado, miró a Sasuke, que no apartaba la vista de Itachi.
-Sucedió hará poco más de un año. Acabábamos de mudarnos a este barrio y no teníamos a nadie. Nuestra familia había muerto recientemente y solo nos tenemos el uno al otro –comenzó a relatar Itachi –por eso busqué entablar relación cuanto antes con alguien que pudiera ayudarnos, dado que la independencia se nos venía grande a Sasuke y a mí. Pronto comencé a entablar amistad con todos los vecinos, incluida vuestra familia.
La acogida que nos disteis… jamás podré agradecérosla lo suficiente, era precisamente el apoyo que necesitaba para sacar lo que quedaba de mi familia adelante –en ese momento, lanzó una mirada significativa a Sasuke –pero aún así todo era demasiado difícil, constantemente me hundía y estaba a punto de darme por vencido, quería tirar todo por la borda, jamás podría recuperar nuestra vida pasaba y tener a cargo a mi hermano… era demasiado importante, la presión era insufrible, no podía hacerlo solo.
Entonces, un día en el que sentía que todo estaba perdido, vi a tu madre en el umbral de la puerta. A partir de ese momento se convirtió en mi apoyo, el alguien en quien confiar –lanzó una mirada a Haruka, Sakura vio que existía un sentimiento más intenso que la mera atracción física. Por ambas partes. No podía ser cierto.
-Al principio –continuó su madre el relato –ninguno de los dos fue consciente de nada de lo que sucedía, yo le veía como a un hijo que necesitaba ayuda y él a mí como una madre a la que aferrarse. Pero un día, ambos fuimos conscientes de que nuestros sentimientos no quedaban ahí, sino que algo más fuerte despertaba en nosotros. Intentamos evitarlo –los ojos de Haruka se llenaron de lágrimas. Sakura no podía reaccionar –sabíamos que estábamos cometiendo una locura, que todos saldríamos dañados de esta situación, pero por mucho que lo intentamos no pudimos evitarlo.
Cuando el llanto de la mujer se hizo constante y no pudo continuar, Itachi retomó su lugar, cogiéndola de la mano. Sakura estaba sin respiración y Sasuke parecía sentir lo mismo. No eran dos simples amantes que disfrutaran con el sexo sin más, había amor. Estaban enamorados.
-No quiero escuchar más –pensó Sakura a punto de estallar en llanto también.
-Somos adultos y seremos consecuentes con nuestros actos, por eso esta noche damos la cara ante vosotros y no os mentiremos más. Y por eso, hemos tomado la decisión de dejar de vernos. La relación entre Haruka y yo ha terminado y no volveremos a vernos nunca más. Sakura –dijo dirigiéndose a ella –jamás tuve la intención de que esto sucediera, nunca quise dañar a tu familia y quiero que sepas que para mí, tu madre es una persona muy especial y no deseo que sufra.
Si hubiera sido capaz, Sakura habría respondido a eso de una forma mordaz, pero las palabras no salían de su boca y parecía que su mente estaba invadida por una extraña niebla. Aquello superaba cualquiera de sus problemas.
-Solo os pedimos –dijo su madre entre sollozos –que no contéis nada de esto a nadie, por favor. Estamos arrepentidos de haber llegado a esto y de tener que pedir que ocultéis algo así… pero Sakura, quiero ser yo quien hable con tu padre, debo ser yo quien… -rompió a llorar de nuevo.
-Es suficiente –dijo la muchacha poniéndose en pie –por favor, marchaos, no quiero escuchar nada más. No quiero saber nada y no quiero volver a oír jamás nada relacionado con esta historia. Yo… necesito asimilar todo esto.
Sasuke fue el primero en levantarse, seguido de Itachi. Haruko permaneció llorando sin siquiera levantar la vista para ver como se marchaba su joven enamorado, quizás no fuera capaz de despedirse de él.
Sakura acompañó a los dos hermanos hasta la puerta sin decir una palabra. Itachi caminó con paso seguro sin mirar atrás y pronto desapareció tras el umbral de su propia casa. Sasuke permaneció en los escalones de la de Sakura, mirando fijamente a la pelirrosa, quizás esperando que desfalleciera en cualquier momento. Después se giró y, cuando se disponía a seguir los pasos de su hermano, una mano le aferró el brazo.
-¿Sabías que estaban enamorados? –preguntó Sakura compungida. La voz apena un débil susurro.
-No sabía que era tan intenso
-Sasuke ¿qué voy a hacer? No puedo convencer a mi madre de que lo olvida si está enamorada de él.
El muchacho no respondió al instante. Miró con intensidad a la pelirrosa, que comenzaba a derramar las lágrimas que tanto le había costado reprimir. Él, en un gesto inesperado para ambos, las limpió con el dorso de su mano.
-Ya pensaremos algo. Mientras, procuremos vigilarles y evitar que puedan verse.
-Eso será muy difícil –dijo la muchacha sonrojada, aun podía notar la mano del joven en su rostro. Fría, como su apariencia, pero esta vez era una frialdad diferente. Ninguno de los dos dijo nada. Dejaron que la brisa les acariciara suavemente, refrescándolos en la noche. Era la brisa que anunciaba la llegada del otoño.
-Sakura… -Sasuke se acercó a ella y, antes de que ninguno de los dos supiera que estaba pasando, sus labios se encontraron. Fue un beso corto, apenas un leve roce, pero dejó a los dos sin respiración.
-No soy un monstruo –fue lo último que susurró Sasuke antes de marcharse.
