Capítulo 6: Un día de invierno

Sakura esperaba impaciente asomada en el balcón de su habitación. No había necesidad de ello, puesto que Sasori siempre era tremendamente puntual, pero aún así ella deseaba verlo aparecer al final de la calle. Eran las nueve menos tres minutos de la noche, la casa estaba completamente silenciosa, pues su madre había accedido a dejarles intimidad en aquella velada especial, por lo que había salido con sus amigas y no regresaría hasta tarde.

Celebraban el decimoctavo cumpleaños del pelirrojo, por lo que Sakura se había esmerado durante todo el día para preparar una velada romántica. Lo tenía todo dispuesto: la decoración del salón, con una luz tenue y romántica; la comida que tomarían, cuidadosamente elaborada (con ayuda de Haruko), el regalo, incluso ella misma estaba especialmente vestida y maquillada para la ocasión, con un ajustado vestido negro y su pelo color rosa recogido.

Cuando le vio aparecer al final de la calle se apresuró a bajar para recibirle. Estuvo tentada de abrir la puerta y correr hacia él para abrazarle, pero se contuvo. Todo tenía que salir perfecto esa noche. Sonó el timbre y Sakura se tomó unos segundos para mirarse en el espejo de la entrada, como había hecho tantas veces en la última hora. Después abrió.

Él estaba simplemente espectacular, jamás podría olvidar aquel momento en que abrió la puerta y le vio, sonriente, hermoso, perfecto. Se había puesto un traje negro, con una corbata granate a juego que le hacía parecer un ser angelical, imposible que existiera en algún lugar que no fueran sus sueños, pero allí estaba.

-Sakura… -dijo el también sin palabras –estás preciosa. Ella sonrió aun sin poder articular palabra. Después se fundieron en un dulce beso que le hizo sentirse flotar en una nube.

-Pasa por favor –dijo ella al cabo de unos instantes separándose completamente sonrojada. Era la primera vez que Sasori visitaba su casa y eso la hacía estar más nerviosa que de costumbre.

Pasaron al salón, donde en una pequeña mesa Sakura tenía preparada dos copas con una botella de vino. A menudo lo veía en las películas y siempre había querido recibir a sus invitados de la misma forma, y no había mejor ocasión que ésta.

-¿Te apetece un poco? –dijo ella un poco nerviosa, aun le costaba respirar ante la imagen de perfección que emanaba el muchacho. Él sonrió por toda respuesta.

-Permíteme que yo la abra –Elegante, no habría mejor forma para definir aquella escena. Una vez abierta la botella, él se la cedió a Sakura. Mientras ella volcaba el líquido granate en las copas, Sasori la rodeó por detrás, abrazándola por la cintura y rozándole el cuello con sus jugosos labios.

-Te quiero

Por supuesto que la quería, como nunca quiso a nadie y como nunca volvía a querer. Fue en ese momento en el que Sakura se enamoró, Sasori fue y siempre sería su primer amor, por el que habría dado la vida sin dudarlo un momento. Cerró los ojos y se dejó inundar por la calidez.
Era feliz, con Sasori todos los rincones de su alma se llenaban, no había dolor, no había vacío, sentía que podría hacer cualquier cosa siempre que él estuviera allí con ella, ofreciéndole su sonrisa.

Cenaron entre caricias, miradas cómplices y luces tenues, relajados y disfrutando el uno del otro con una intimidad jamás conseguida hasta el momento. Se sentían seguros de su amor y eran felices gracias a él. Nunca dos personas se complementarían como ellos lo hacían, pues la sonrisa de Sakura era el tesoro más preciado del pelirrojo, una caricia de su mano, una mirada tierna… Mientras que para la pelirrosa la sola presencia de Sasori significaba luz en la oscuridad.

Durante toda la velada sonó música de fondo que Sakura había seleccionado especialmente. En una de las canciones, cuando estaban tomando los postres, Sasori se levantó con una sonrisa y, acercándose a su amada, le tendió la mano.

-¿Quieres bailar?

Sakura se sonrojó al aceptar su mano. Él la guió al centro del salón y, cogiéndola de la cintura comenzaron a girar muy lentamente, apenas un leve balanceo. Sakura apoyó la cabeza sobre su hombro, pensando que jamás aquel momento podría superar cualquiera de sus sueños. Deseó que la canción no terminara nunca, que el olor de Sasori permaneciera en el aire que respiraba por siempre, que sus ojos solo pudieran ver su rostro, que su piel solo fuera capaz de sentir sus caricias y solo las palabras llenas de amor de él inundaran sus oídos. De esa forma sería feliz el resto de su vida.

-Ojalá tuviera palabras para expresar lo que siento –dijo él

-No son necesarias- dijo ella mirándole a los ojos –cada día que pasa, cada momento que estamos juntos me hacen darme cuenta de lo que sentimos. Quiero pasar el resto de mi vida contigo Sasori, te quiero con toda mi alma.

El quedó un poco impresionado por la profundidad de sus palabras, luego sonrió con los ojos llenos de ternura. Abrazó con fuerza a Sakura y permaneció un rato así. Ella le correspondió el abrazo deseando que el tiempo se detuviera por siempre.

-No me dejes nunca Sakura –susurró al oído de la joven -te necesito, te necesito más que nada en este mundo. No desaparezcas de mi vida…

Se besaron, se besaron con ternura, con todo el amor que podían contener en sus corazones. La música continuó sonando, débil y suave, apenas un murmullo, pero ellos no podían oírla. Ya no. Los besos dejaron lugar a las caricias, las caricias al deseo, y el deseo al temor de la inexperiencia.

Sasori cogió en brazos a Sakura, como ella siempre había soñado que sería. Subió a la habitación como si de una princesa se tratase, como si no llevara más que una pluma delicada entre sus brazos. Luego la depositó con dulzura en la habitación, cubriéndola de besos y caricias, llenándola de palabras de amor. Ella respondía tímidamente pero no con menor afecto.

La elegante corbata fue la primera en abandonar el cuerpo de su dueño, quedando en un rincón de la habitación. Luego, dos botones se desabrocharon. Sasori tomó a Sakura de los hombros y, con lentitud, la giró, quedando de espaldas a él. Con cuidado desabrochó el pasador del pelo de la muchacha, quedando éste suelto. Él se impregnó del aroma, deseando recordarlo hasta el final de sus días. Luego, en una caricia ascendente con la punta de sus dedos, recorrió desde las manos de Sakura hasta sus hombros, erizando la piel de su amada. No hubo palabras, no eran necesarias.

Ella se giró para besarle, estaba nerviosa, pero deseaba poder sentir todo lo que el amor de Sasori podía ofrecerle. Volvieron a mirarse, sin temor ni duda, aquello era realmente maravilloso, tan íntimo… tan perfecto.

Fue él quien tomó la iniciativa, aunque estaba tan nervioso como ella deseaba hacer todo lo posible para que fuera algo mágico, en algún momento las piernas le temblaron, pero Sakura no fue consciente de ello. La tenía entre sus brazos, como había sucedido en sus mejores sueños, pero ahora era real. Ella estaba allí, amándolo, susurrando su nombre, aceptándolo en su vida, en su presente y en su futuro.
La guió lentamente hacia la cama y allí la recostó, sobre sábanas blancas, la viva imagen de un ángel.

Besó cada parte de su piel, su rostro, su cuello, los brazos, las muñecas… Hasta que comenzó a desear más pero no quería ir deprisa, tenía todo el tiempo del mundo. Esperó la señal de ella, que llegó cuando, lentamente, fue desabrochando los botones que quedaban de su camisa.

Sakura deslizó la prenda con suavidad hasta que esta quedó junto a la corbata. El cuerpo de Sasori la sorprendió. Fuerte, cálido, delicioso. Lo besó en el cuello, en los hombros y en el pecho, más insegura y tímida de lo que jamás creyó ser, pero él aceptó sus besos estremeciéndose de placer y aquello la complació enormemente. En algunos momentos, él guió las manos de la joven.
Después, temblando ligeramente, fue él quien desabrochó lentamente el vestido de Sakura. La primera reacción de la joven, al desprenderse de la prenda, fue intentar cubrirse con los brazos, pero entonces él volvió a sonreír comprensivo y apartó los brazos de Sakura con delicadeza para besarla.

-Eres tan hermosa…

Ella cerró los ojos intentando relajarse. Estaba nerviosa y avergonzada, presa de la inseguridad no podía dejar de preguntarse si le gustaría a Sasori su cuerpo, si la aceptaría, si apreciaría cada uno de sus defectos y, aún así, continuaría diciéndole que era hermosa. Pero cada beso que él depositaba sobre alguna zona de su anatomía la abandonaba un poco más al deseo, dejando las dudas atrás.
Con dedos torpes desabrochó el pantalón del pelirrojo, que, sonrojado, esperó paciente a que ella le quitara la prenda. Los dos quedaron en ropa interior, visiblemente sonrojados. Temía el siguiente paso, no estaba preparada para quedar totalmente desnuda, pero no fue capaz de decírselo a Sasori.

Entonces él se colocó encima de ella, volviendo a llenar sus oídos con apasionados ''te quiero'' mientras acariciaba con delicadeza el rostro de Sakura, luego sus hombros y, descendiendo, llegó a sus pechos.
Sintió como un hormigueo de placer la invadía cuando las temblorosas manos de Sasori la acariciaron, una especie de electricidad que la recorría y que parecía desembocar en su intimidad.

-Sakura –susurró en su oído –si en algún momento deseas parar… no quiero que hagas nada que no desees hacer. –Ella abrió los ojos y le vio bajo la luz de la luna, tan guapo… tan perfecto… Completamente enamorado.

-Quiero amarte, de esta y de mil formas diferentes. Quiero ser tuya y quiero que seas mío.

Él asintió cohibido y, leyendo los inseguros pensamientos anteriores de la joven, fue el primero en mostrar su total desnudez. Jamás olvidaría la expresión de su rostro, tan dulce, con aquel rubor y desviando la mirada, incapaz de ver el rostro de la muchacha que tenía debajo.

-Eres perfecto –dijo ella sonrojada, a pesar de que no era capaz de mirar más que de soslayo la parte viril de su cuerpo. Comenzó a acariciar aquella parte, sin saber muy bien qué hacer, pero Sasori se estremecía de placer con cada roce y aquello le daba confianza. Quería darle todo cuanto tuviera, hacerle sentir bien. Y él pronto deseó lo mismo con ella, por lo que la ropa interior de Sakura (cuidadosamente seleccionada para la ocasión) se desprendió finalmente de su cuerpo y se mostró ante él con total desnudez.

Finalmente, tras continuas caricias, ambos estaban listos para entregarse. Sakura le acogió con timidez entre sus piernas y él, inexperto, hizo cuanto pudo para, a la vez que avanzaba, no asustar a la joven y no causarle dolor. Pero, como en toda primera vez, el dolor era intenso y Sakura no pudo evitar cerrar los ojos con fuerza y poner el cuerpo en tensión.

-Sakura voy a parar –titubeó él –no quiero hacerte daño, no puedo hacerlo si te duele.

-No, no pares Sasori, pasará en un momento, es normal.

El continuó empujando, todo lo despacio que podía, evitando cualquier daño a la pelirrosa. Finalmente el dolor dejó paso al más intenso placer y, con movimientos torpes al principio y más seguros después, se entregaron uno al otro.

Hicieron el amor por primera vez en sus vidas aquel día de invierno, fijándolo en sus mentes y en sus corazones. Amándose como nunca jamás pensarían que podrían volver a amar, mientras un frío manto blanco cubría toda la calle. Fue la noche más perfecta y mágica que jamás recordarían.

-Sasori, se me olvidó entregarte tu regalo –dijo Sakura abrazada al muchacho y aún jadeante.

-Ya me lo has dado –dijo el apoyado en el cabecero mientras la acogía entre sus brazos y la cubría de besos –cada día me lo has entregado desde que te conocí, aquel día de otoño.

Sakura no se sorprendió al abrir los ojos y encontrarse en su habitación, comprendiendo que, a medida que las imágenes se difuminaban lentamente ante sus ojos, volvía a la dolorosa realidad.
Casi podía sentir los brazos de Sasori rodeándola aun, pero hacía mucho que él se había marchado para no volver. Aquellos días felices ya no eran más que dolorosos recuerdos y sueños que la atormentaban cada noche.

-Te dije que nunca te abandonaría y nunca lo habría hecho –pensó con lágrimas en los ojos –aún hoy si volvieras a mi yo te volvería a entregar cada trozo de mi corazón, porque Sasori… te quiero. Te quiero más que nada en este mundo.