Naruto observaba apenado como Jiraiya volvía a instalarse en la habitación. Era sábado por la mañana y el escritor había vuelvo tan solo una hora antes de su viaje, después de un feliz reencuentro (Naruto le adoraba aunque nunca lo reconocería en voz alta) regresaron al apartamento que ambos compartían. Después de un desayuno animado, Jiraiya había declarado que estaba demasiado cansado como para seguir despierto un minuto más.

Y allí estaba, quitando las sábanas de su propia cama por unas limpias mientras Naruto le miraba desde la puerta con pesadumbre. Había permanecido varias horas al día entre aquellas sábanas después de que Sakura acudiera a su encuentro, al principio el olor de la joven había permanecido en ellas durante unas horas y eso le ayudaba a pensar que todo había sido real, con los días no se había convertido en más que una costumbre dolorosa. Ahora aquel ritual llegaba a su fin, para bien o para mal.

Naruto se apreciaba distinto, era una sensación extraña (y en parte lo enorgullecía) pero, en definitiva, se sentía más hombre. No solo influía el hecho de haber perdido la virginidad, que también, sino que por primera vez en su vida alguien le había necesitado, había acudido y dependido de él , y esa persona no era ni más ni menos que Sakura. Sin embargo, todo aquello no le impedía ver que había sido utilizado, usado como un pañuelo y tirado después, y aquello era lo más doloroso de todo. La pelirrosa se había encargado de evitarlo todo el tiempo, no le dirigía ni tan siquiera la mirada, a pesar de que él intentaba acercarse a ella a cada momento: en los intercambios, en el recreo, a la salida… incluso había estado tentado de ir a su casa aunque finalmente no lo vio buena idea.

-Ey muchacho te veo muy callado, ¿te ocurre algo? –Jiraiya estaba a medio cambiar de ropa, con los pantalones del pijama y sin camisa, dispuesto a dormir, pero ahora miraba a Naruto de aquella forma que solo él sabía hacer: como un escáner de rayos X.

-Que descanses –respondió el rubio negando con la cabeza. Salió de la habitación recogiendo las sábanas del suelo y cerró la puerta. Hablaría con Jiraiya después.

El día se presentaba bastante aburrido, no tenía nada que hacer y ahora que el viejo pervertido dormía tampoco podría hacer mucho ruido, la mejor opción sería salir a dar una vuelta, pero no sabía dónde ir, y lo que le apenaba más, con quién. A pesar de todo, se cambió de ropa y salió, obstinado a no quedarse solo y deprimido encerrado en casa. Vagabundeó por las calles sin saber muy bien qué hacer, aún era pronto para comer y tampoco le apetecía demasiado comprar nada, tampoco tenía a nadie a quien visitar. Naruto siempre había sido consciente de su soledad, a pesar de que tenía amigos (Shikamaru, Kiba, Chouji, Ino, Hinata… ¿Sakura?) a la hora de la verdad siempre estaba solo: siempre salir solo, siempre comer solo, siempre ir al cine solo, siempre sufrir solo…
Veía a la gente pasar a su alrededor sin detenerse siquiera a mirarlo, parado como estaba en mitad de aquel río en movimiento.

-¿Acaso soy invisible? –Pensó.

Estaba enamorado de la misma chica desde hacía prácticamente cinco años… cinco años ni más ni menos, nunca se lo había confesado por el temor al rechazo y porque sí, era un cobarde que no sabía manejarse en esos asuntos, pero aún así la amaba, con toda su alma, y cuando por fin ella había habido acudido a él…

-¡Basta! –Se dio a sí mismo una bofetada, sorprendiendo a la gente de su alrededor –no puedes culparla, ella te lo advirtió y te permitió decidir, yo lo elegí.

Recordaba el olor de Sakura, el tacto de su piel bajo sus temblorosas manos, la suavidad de su pelo, sus besos, su cuerpo desnudo encima del suyo… tan solo de pensar en eso se excitaba enormemente y se moría de vergüenza a la vez. Sí, lo recordaba absolutamente todo, también las lágrimas de la muchacha y como pedía perdón una y otra vez, aunque no tenía muy claro si se lo pedía a él, a otra persona o a sí misma, jamás había visto a Sakura de aquella manera… en ninguno de los sentidos.

Echó a andar de nuevo para intentar despejarse, se le ocurrió que, después de tantos días solo en casa, tendría que volver a hacer la compra para dos personas, así que se aferró a esa acción y aparcó todo lo demás en su atormentada mente.

Sakura despertó por el ruido del aspirador. La primera reacción que tuvo fue la de llevarse la almohada a la cabeza y girarse malhumorada para intentar volver a dormir, pero de ante mano sabía que era una batalla perdida. Debían ser más de las doce, así que no podía reprochar a su madre semejante estruendo. Aun así, los ojos le picaban y tenía la mente embotada: otra noche más, no había conciliado el sueño.

-Menos mal que es sábado…-pensó. Así tendría un descanso en su vida, el peso de Naruto, Hinata y Sasuke la estaba ahogando cada día más, por no decir la historia de su madre con Itachi o sus propios recuerdos. –Necesito hablar con Hinata pronto, y antes aun con Naruto, le he estado evitando todo este tiempo y si sigo así voy a terminar explotando…

-Sakura hija, ya estás despierta –Haruka entró en la habitación con el insoportable ruido. Aquello ya le indicó a Sakura que algo iba mal, normalmente su madre nunca le permitía dormir hasta tan tarde y, si Sakura conseguía evadir sus gritos, siempre subía para sacarla de la cama ella misma. Así que sí, algo ocurría.

-Hum… -fue todo lo que la pelirrosa pudo decir bajo la almohada. Afortunada o desgraciadamente, poco a poco iba asimilando lo de su madre con Itachi, no podía ser de otra forma (aunque no lo aceptaba y le dolía enormemente) después de cómo ella se había comportado con Naruto, ahora entendía, en cierta parte, lo que era estar atrapada en una relación que solo pareces mantener tu, envuelta por recuerdos que nunca volverán a ser lo que fueron y la necesidad de sucumbir a otros brazos cálidos que te reconforten, que te ayuden, que te quieran…

-¡Ahhh! –Gritó. Se incorporó de repente sobresaltando a su madre

-¡Sakura cariño! ¿Estás bien? ¿Te ocurre algo?

-Ocurre que me estoy volviendo loca –dijo ella con lágrimas en los ojos enterrando el rostro entre las rodillas e intentando controlar la respiración.

Por supuesto, Haruka interpretó que el estado de su hija, su querida niña, era por su culpa. No pudo más que acercarse a ella y abrazarla, intentando contener las lágrimas. Quiso disculparse, pedirle perdón una y mil veces, pero era incapaz de hacerlo. Había sido muy egoísta al mantener aquella relación dejando a su hija de lado, sobre todo sabiendo que ella aún no había conseguido superar su amor y ser feliz. ¿Qué clase de madre era que anteponía su propia felicidad a la de su hija? A pesar de todo ella nunca había estado allí, no le había dado palabras de ánimo… no había hecho nada por ayudar a Sakura en su camino. Y, aún así, no podía pedirle perdón porque su parte egoísta (aquella que estaba empezando a odiar) le decía que tampoco estaba haciendo nada malo.

-Cariño si quieres quédate en la cama y descansa, puedes dormir hasta la hora de la comida…

-No te preocupes mamá, estoy bien –dijo separándose de ella y levantándose de la cama procurando no mirar a Haruka a los ojos –es solo que estoy intentando asimilarlo poco a poco.

Salió de la habitación sin mirar atrás. No sabía muy bien qué hacer, pero desde luego no le apetecía pasar toda la mañana a solas con su madre, en ese ambiente incómodo y tenso que se había formado entre ellas. Se acercó a la ventana del salón y contempló la casa de enfrente. Aquello se había convertido en una costumbre, a veces se sentía tan estúpida… era como esperar ver a Itachi cruzar la calle en su dirección y tratar de impedir que llegara hasta donde estaban su madre y ella.

-Menuda gilipollez… para eso ya está Sasuke.

De nuevo el sonido del aspirador. Sakura se resignó: iba a ser un día muy largo si tenía que evitar a su madre dentro de casa.

*

La tarde ya llegaba a su fin. El encierro voluntario en casa había conseguido ponerla aún más nerviosa y alterada, pero al fin y al cabo no tenía otra cosa que hacer. Había recibido una llamada de Ino hacía pocos minutos para salir todos juntos (Hinata, Kiba, Shikamaru… incluso Ten-Ten y Temari) pero, por supuesto, se había negado. No estaba dispuesta a quedar con sus amigos aún, no mientras no hablara antes con Hinata, y eso pasaría después de hablar con Naruto, y eso sucedería… no sabía cuándo.

-De todos modos me lo merezco por ruin. -Volvía a encontrarse en el balcón de su habitación, a medias entre una especie de guardia y un retiro espiritual. Llevaba alrededor de dos horas sentada allí, con una libreta en su regazo y varias anotaciones escritas. Escribir sus pensamientos, dudas, etcétera siempre le había ayudado a descargar su mente, pero en esta ocasión no había servido de mucho y, para colmo, todo empeoró cuando escuchó como su madre se preparaba para salir.

-No te olvides de cerrar la puerta con llave si vas a salir –dijo mientras se ponía unos elegantes tacones rojos –y antes de acostarte asegúrate de que todas las ventanas están cerradas…

-Sí, mamá –respondió con desánimo sin apenas escuchar.

-Apaga el gas y ten cuidado al cocinar, si quieres te he dejado comida preparada, solo tienes que calentarla en el microondas, o puedes encargar comida a domicilio, te he dejado dinero en…

-Sí, mamá

-Sakura, ¿me estás escuchando?

-Sí, mamá.

Haruka suspiró. –Volveré en cuanto pueda te lo prometo, de todos modos no te quedes despierta hasta muy tarde, y ten cuidado.

-Sí, mamá. –Sakura no quería girarse, no quería ver el atuendo completo de su madre ni el aspecto, seguramente hermoso, que luciría. Le había prometido una y otra vez que no pasaría la noche con Itachi Uchiha, pero Sakura no la creía lo más mínimo y por eso había decidido ignorar cuanto le fuera posible. Por eso no se inmutó cuando escuchó la puerta cerrarse y vio como su madre se alejaba calle arriba. A los pocos minutos, se cambió de ropa y salió de casa. Fue agradable salir por primera vez en el día, pero desde luego no era igual de agradable lo que debía hacer a continuación.

Cruzó la calle y se plantó frente a la casa que tanto había contemplado desde el balcón. No se sentía con fuerzas para llamar, incluso le temblaban las piernas. Qué sería peor ¿Qué fuera Itachi quién abriera y tener que verle? Se moriría de angustia al mirarle, sobre todo porque no podía dejar de recordar aquella escena en el dormitorio… Pero si no le abría él significaba que no estaría en casa, y por tanto que su madre le había mentido, o peor aún, que fuera Sasuke quien abriera y recordar… Se sonrojó. Así que, después de todo, Sakura prefería dejar en paz el asunto con su madre y no preocuparse de con quién saldría o dejaría de hacerlo, prefería eso a tener que encontrarse con alguno de los Uchiha, en especial con… Ojos que no ven, corazón que no siente.

-Desde luego, me he vuelto loca –murmuró mientras daba media vuelta y entraba en casa precipitadamente.

Desde el balcón de su propia habitación, Sasuke no pudo evitar una sonrisa. Era fácil adivinar el motivo por el que había acudido tan rápido a su casa, él también había visto salir a Haruka, y desde luego su atuendo no era nada informal. Se puso los zapatos y salió en post de la muchacha.

Naruto avanzó inseguro, hacía mucho tiempo que no estaba en aquel lugar que, por otra parte, tan familiar le era. Cuando era pequeño, acostumbraba a jugar con Sakura en aquella misma calle e, incluso, había estado varias veces en su casa, pues Haruka tenía cierta debilidad por él. Le apetecía mucho volver a verla, siempre le había tratado muy bien, pero por otra parte deseaba que Sakura estuviera sola en casa.

-¡Mierda! Ya estoy aquí pero… -suspiró. No se atrevía a acercarse más. –Vamos Naruto se valiente, has estado aquí más veces, solo quiera hablar con ella, solo hablar, solo hablar, solo hablar…

El timbre sobresaltó a Sakura, que casi deja caer la pizza que tenía entre manos. Era extraño que su madre no utilizara las llaves para abrir, pero teniendo en cuenta que solo hacía cinco minutos (más o menos) que se había marchado… probablemente se le habría olvidado algo. Así que se limpió las manos y fue hacia la puerta. La sorpresa fue máxima cuando, en el umbral, le encontró a él.

-¿Qué estás haciendo aquí? –preguntó molesta, aun así no pudo evitar sonrojarse. Se giró al momento para que él no pudiera verla.

-¿Hum? He venido a decirte algo –dijo Sasuke, frío como siempre –pero podrías tratar un poco mejor a tus invitados ¿no? Teniendo en cuenta que me he molestado en venir.

-Nadie te ha invitado y estás a solo veinte pasos de aquí, así que da marcha atrás y déjame en paz. –No sabía por qué estaba así de molesta con el moreno, de hecho, pensaba que tras la última vez que se habían visto las cosas mejorarían pero…

-Al menos yo no me quedo frente a tu casa como una psicópata para luego volver corriendo a mi madriguera.

-Touché. Vete a la mierda –dijo volviendo a la cocina. Sasuke la siguió.

-He visto a tu madre salir. –Así que era eso- pensó Sakura. –Iba muy arreglada para tratarse de una cita de trabajo o algo por el estilo ¿no?

-No tengo ni idea de dónde ha ido mi madre, ni tampoco quiero saberlo. Bastante tengo ya con mis propios problemas… -esto último lo susurró entre dientes. Era curioso que Sasuke y Sakura hubieran pensado lo mismo.

-¿Hum? Y ¿a qué se debe ese cambio?

-¿A qué has venido Sasuke? –preguntó encarándose con él. Desde luego, no tenía ni idea de por qué se estaba enfadando tanto. Pero Sasuke no parecía haberla escuchado, de hecho, estaba mirándola fijamente, de una forma tan intensa que Sakura notó como se sonrojaba. Inmediatamente, varias imágenes inundaron la mente de la pelirrosa: cada día en clases, en un parque acompañada por él mientras lloraba, despertando en el sofá mientras él la cuidaba… compartiendo un leve beso

El contacto con su fría mano la pilló desprevenida. No era consciente de cuanto se había acercado a ella, su primera reacción fue intentar alejarse de él, pero sus pies parecían estar anclados al suelo. Y continuaba acercándose.

-¿Sa-Sasuke?

-Shsss. No digas nada. –Se acercaba, cada vez más, notaba su suave respiración mientras su mano le acariciaba con dulzura el rostro. Era la segunda vez que estaba en una situación así con él. Iban a besarse y ella… ¿quería que sucediera?

Ding Don. Ambos se quedaron petrificados con ese sonido. ¿Había sido real? Sakura reaccionó antes que Sasuke y le apartó de un empujón, respirando entrecortadamente. Habían estado a punto de besarse… ¡ella y Sasuke otra vez!
Ding don.

Sakura se apresuró hacia la puerta para poner la máxima distancia posible entre ella y el Uchiha, algo raro le estaba pasando con él. La mano con la que sostuvo el picaporte le temblaba aún, y las piernas parecían dos flanes. Estaba al borde de un ataque de nervios. Y la situación empeoraba por momentos.

-Naruto… -susurró. Aquello no podía estar pasando ¿qué hacia Naruto allí?

-Ho-hola Sakura ¿podemos habl…? ¡Sakura!

Sakura sintió como de repente las piernas le fallaban, pero antes de que cayera al suelo alguien la sujetó con firmeza. No pudo verle el rostro, pero su aroma y presencia invadió sus sentidos.

-¿Qué estás haciendo tú aquí? –Naruto parecía sorprendido y enfadado por la presencia del Uchiha.

-Yo podría preguntar lo mismo, imbécil –fue la cortante respuesta de Sasuke, que continuaba sosteniendo a la joven.

-¡Callaros los dos! –Sakura se soltó por fin de los brazos del joven moreno y se apoyó en la pared, frente a los dos chicos.

-¿Qué hace él aquí Sakura? ¿Por qué está contigo? –Naruto estaba realmente enfadado y dolido, jamás pensó encontrarse ante aquella situación.

-Qué te importa qué haga aquí, ¿quién eres tú para pedir explicaciones? –Al menos Sasuke no perdía los nervios. Sakura y Naruto no podían decir lo mismo.

-Sakura… -la muchacha evitó su mirada lastimera, no se sentía preparada en absoluto, pero tenía que enfrentarse a sus problemas y parecía que había llegado el momento.

-No es lo que piensas –dijo ella en un susurro apenas audible

-No tienes que darle explicaciones de nada, este gilipollas no es nadie –esta vez, la voz de Sasuke sonó muy amenazante.

-¡Repite eso cabrón de mierda!

-¡YA BASTA! –Por fin ambos se callaron, aunque se lanzaban miradas de profundo odio, la tregua no duraría mucho. Sakura cerró los ojos –Sasuke márchate por favor, tengo… tengo que hablar con Naruto.

Si Sasuke estaba dolido o enfadado no dijo nada. Simplemente apartó al rubio de un empujón y se dirigió a la puerta con paso decidido, sin embargo, el aura que desprendía era de puro odio.

-Itachi trabaja hasta el amanecer –fue lo único que dijo antes de cerrar la puerta con un portazo.

El silencio se hizo entre ambos. Sakura seguía sin mirar a la cara de Naruto y este por su parte no podía apartar sus ojos de ella. Sabía que no tenía derecho a hacerlo, puesto que Sakura y él no eran nada, pero necesitaba saber qué había pasado con Sasuke… antes de que su imaginación se disparara aún más.

-¿Por qué él estaba…?

-Naruto por favor, eso no te concierne.

-Pero Sakura es Sasuke Uchiha, un maldito hijo de puta, mejor no te acerques a él.

-¡No me digas lo que tengo o no tengo que hacer! ¡No eres nadie me oyes! –Genial, se había enfadado y había herido a Naruto.

-Está bien, veo que es mejor que yo también me vaya.

-¡Espera! –Sakura se incorporó y le cogió del brazo en el mismo momento en que él abría la puerta para salir –Lo siento Naruto –dijo en un susurro – por favor perdóname, no he querido gritarte. Es que no puedes ni imaginar por todo lo que estoy pasando… de verdad que no, estoy a punto de volverme loca y cada día que pasa estoy más sola, no tengo a nadie que pueda ayudarme-su tono de voz hizo que el rubio se girara y le alzara el rostro, al borde de las lágrimas.

- Tú jamás estarás sola ¿me oyes? No mientras yo viva.

Las lágrimas de Sakura fueron recogidas por el dorso de la mano de él, esta vez no tan temblorosa como la primera ocasión. Ella solo pudo asentir y cerrar los ojos, incapaz de pronunciar palabra. Naruto sonrió, Sakura en realidad era tan frágil… ¡Dios, como la quería!

-¿Puedo abrazarte? –preguntó él tímidamente, sin embargo no esperó respuesta para hacerlo, pues no estaba seguro de que fuera afirmativa. Sakura por su parte lo agradeció en su fuero interno.

Desde el momento en que sus cuerpos entraron en contacto noto como aquella calidez volvía a recorrerla. Fue como si, de pronto, hallara un refugio en mitad de una gran tempestad. Naruto era, en sí mismo, un lugar tremendamente cálido y confortable, que inundaba su ser reparándola por dentro. Ahora entendía porque le necesitaba tanto y por qué, al mismo tiempo, se odiaba por ello: era lo mismo que sentía cuando estaba con Sasori.

-Creo que necesito sentarme –dijo después de unos instantes. Había logrado calmarse un poco y recuperar parte de su compostura. Él asintió y, aún sosteniéndola por la cintura, la llevó a la cocina. Allí ambos se sentaron en los altos taburetes que había junto a la barra americana, la pizza aún permanecía sobre la encimera.

-¿Ibas a cenar? –preguntó Naruto, Sakura asintió sin apartar la mirada de la pizza, cualquiera pensaría que quería encontrar oro entre el atún -¿Quieres que la ponga en el microondas? –Volvió a asentir y él lo hizo. Volvió el silencio.

-¿Te quedas a cenar?

-Claro, bueno si tú quieres. -Más silencio.

-Debes odiarme –Sakura se cubrió el rostro con las manos –después de lo que pasó entre nosotros yo… no he dejado de evitarte, y con lo de hoy…

-No te odio Sakura –saltó Naruto sorprendido –claro que no te odio, pero no puedo entenderte. Estoy muy confundido, no sé qué pensar; nosotros hicimos… -su rostro se encendió –bueno eso, y luego no podía hablar contigo, has huido de mi todo este tiempo y no entiendo por qué.

Sakura se levantó y buscó en el frigorífico algo para beber, cogió un par de cervezas de las de su madre y las abrió. No sabía si al rubio le gustaría pero aún así la aceptó de buena gana.

-Naruto de verdad que no sé cómo explicártelo, ni siquiera estoy segura de entender yo lo que me ocurre.

-Entonces mejor cenamos y hablamos después –dijo en el preciso momento en que se escuchaba un 'clin' del microondas.