Los restos de la cena estaban sobre la encimera de la cocina. Naruto y Sakura se habían trasladado al sofá frente al televisor, cogiendo un par de vasos y ''asaltando'' el mueble-bar de Haruka, quizás el alcohol ayudara a agilizar un poco las cosas, o al menos desinhibiera lo suficiente el cerebro de la pelirrosa como para hablar sin tapujos.

-Ni siquiera sé por dónde empezar… -dijo ella con una sonrisa que indicaba todo menos felicidad.

-Empieza explicándome que hacía ese cabronazo aquí –respondió él con un mohín. Estaba claro que el rubio quería suavizar un poco el ambiente, pero el dolor que ya arrastraba y los nuevos celos surgidos le impedían la labor.

-Naruto te he dicho eso no es asunto tuyo –dijo ella seria y mordaz, no estaba dispuesta a sacar a relucir el tema de Sasuke con Naruto, eso era… ni siquiera ella lo sabía. Ambos cogieron sus respectivos vasos y dieron un largo trago del whisky con Coca-cola.

Silencio.

-Yo… quería pedirte perdón por todo lo que ha pasado estos últimos días… no era mi intención evitarte de verdad, sé que eso te ha hecho daño y lo siento… pero es que no sabía siquiera cómo mirarte a la cara.

-Pero ¿por qué? –Preguntó él incrédulo -¿qué he hecho? Entiendo que… bueno, si aquella vez no te gustó… es decir –dijo más rojo que un tomate –fue la primera vez que yo… y tal vez no lo hice bien y…

-¡No, no! –dijo Sakura entendiendo –es decir, no es por eso… o sí, pero no es por si fue bueno o no…

-¿Entonces te gustó? –dijo el mordiéndose el labio y mirando hacia otro lugar

-¡Naruto por favor! –dijo ella también roja –que no es eso de lo que quería hablar.

-Ah…

-Creo que tengo que darte algunas explicaciones, para que comprendas el por qué fui así a tu casa el otro día. Ya que me aceptaste y… me ayudaste, creo que es lo que debo hacer. La verdad es que fue un cúmulo de cosas pero no puedo contártelas todas, solo una parte.

-Pero Sasuke si que las sabe ¿eh? –respondió con resquemor

-Él solo sabe la parte que le concierne, pero nada de lo que voy a contarte ahora… de hecho esto no lo sabe nadie y preferiría que fuera así, si te lo cuento es… porque eres tú.

Aquello pilló de improviso a Naruto, que sintiéndose alagado se relajó un poco. Se sintió feliz de que Sakura le confiara algo solo a él, más feliz de lo que moralmente debiera.

-Yo… supongo que recordarás… -Dios, como costaba pronunciar su nombre. –Supongo que recordarás a Sasori.

-Como olvidarlo –respondió con resentimiento. El día que se enteró que Sakura, su querida Sakura, estaba saliendo con el chico popular del instituto fue… un duro golpe, sobre todo porque sabía que no podría competir con él.

-Pues todo empieza así, todo mi… calvario empieza a su lado. O mejor dicho… cuando él me deja.

Aquello era un tema que interesaba enormemente a Naruto. Todos habían visto la relación entre Sakura y Sasori, no en vano tenían el mismo círculo de amigos y había sido uno de tantos que se habían sorprendido con la repentina ruptura, desde entonces Sakura no volvió a ser la misma, pero nadie sabía con certeza los motivos del final de la relación. ¿Así que él te dejó?-pensó él sorprendido.

-Nos queríamos muchísimo –Sakura se dejó arrastrar por los recuerdos que la atormentaban desde hacía tanto tiempo, y como siempre las lágrimas no tardaron en acudir –o al menos yo le quería y pensaba que él también a mi. Apenas discutíamos y si lo hacíamos no tardábamos más de una hora en reconciliarnos. Eran tan bueno… tan dulce y atento que parecía… parecía…

Naruto se acercó a ella y, con timidez, la abrazó con un brazo mientras apuraba el resto de su whisky con el otro. Lo necesitaba, por lo que estaba escuchando, que era peor que sentir un hierro ardiendo en su piel, la felicidad de Sakura con otro hombre… pero peor aún era saber lo desdichada que ella había sido después.

-No puedes ni imaginarte cuando le quería, tanto, tanto… que habría estado dispuesta a dar lo que fuera porque siguiera conmigo. Pero no es así, ya no.
«Jamás olvidaré aquel día de verano –continuó ella entre los brazos de Naruto, ahora que no podía sentir su mirada, sino su calor reconfortante, se le hizo un poco más fácil hablar. El alcohol también había empezado a surtir efecto –me prometió que me llevaría a la playa en cuanto comenzara y yo estaba segura de que así sería. Quedamos por la tarde, en el mismo parque de siempre y por supuesto ya estaba allí pero algo no… no iba bien.

Otra vez silencio. En otras circunstancias, el ambiente habría sido muy romántico e insinuante: una tenue luz anaranjada proveniente de la lámpara de la esquina, solos hasta la madrugada, alcohol… Pero ninguno de los dos era consciente de todo esto, a pesar de estar acurrucados en el sofá y abrazados. Al menos no de momento, no en ese caso.

-Me mintió, todo el tiempo, incluso antes de conocerle ya me estaba mintiendo –el llanto se hizo aún más intenso, Sakura se aferró a la camiseta de Naruto mientras se sorbía la nariz. El rubio la aferró con fuerza.

-¿Qué te hizo Sakura? –preguntó consternado. A la muchacha le llevó un rato más poder hablar.

-Él… él… estaba con otra. Todo el tiempo estuvo con otra, tenía novia desde hacía un año y medio cuando me conoció y nunca lo dejaron. ¡Me engañó todo el tiempo!

Fue lo último que la pelirrosa pudo decir, porque el llanto, los nervios y la desesperación hicieron presa de ella. Naruto por su parte no pudo reaccionar, aquella noticia fue un shock para él, sin embargo, al cabo de unos pocos segundos la ira se acumuló en su interior y, encendiéndose sus ojos como una enorme llamarada, contrajo la cara en una mueca de ira se incorporó rápido como el rallo y estrelló el vaso (ya vacío) contra la pared, haciéndolo añicos.

-¡Naruto! –Sakura, que había sido empujada, se incorporó del sofá e intentó detener al muchacho, que enloquecía por momentos y parecía fuera de control. Logró quitarle de las manos un cenicero de cristal que sin duda habría lanzado contra algún lugar.

-¡MALDITO CABRÓN HIJO DE PUTA!

-¡Naruto ya basta!

¡LO MATO!¡TE JURO QUE LO MATO!

-¡Por favor cálmate!

-¡¡NO ME PIDAS QUE ME CALME!! –El muchacho se había convertido en un volcán de odio -¡Voy a hacerle pagar todo el daño que te ha hecho! ¡Te juro que voy a matarlo! –Loco de rabia, Naruto se disponía a salir de la casa en busca de aquel maldito bastardo, sin duda lo habría hecho y no habría parado hasta encontrarlo si la pelirrosa no se lo hubiera impedido. Pero Sakura, desesperada, le sujetó abrazándole por detrás.

-Por favor no te vayas, ¡no me dejes sola tu también! –suplicó.

Él se detuvo. Jamás podría haber imaginado que Sakura hubiera vivido algo así. No sabía qué decir, ni qué hacer, de hecho tenía la mente en blanco, lo único que fue capaz fue de girarse abrazar a la joven con fuerza y enterrar el rostro en su pelo, como si aquello pudiera protegerla de alguna manera.

El tiempo pasaba y ninguno se sentía con ánimos de decir nada, aún permanecían así, aferrados el uno al otro, Naruto inconscientemente mecía a Sakura suavemente, con la intención de calmarla y, sobre todo, de calmarse él mismo, aunque parecía una tarea realmente difícil. Ella continuaba llorando, a veces parecía que quería retomar la historia, pero finalmente volvía a guardar silencio; Naruto, en parte, se lo agradecía. Estaba realmente dolido y furioso, pero sobre todo sentía una enorme impotencia: había estado relegado a un segundo plano durante todo aquel tiempo, con el único consuelo de que la chica a la que amaba estaba siendo feliz, y ahora resultaba que todo había sido una gran mentira. Se sintió engañado también.

-¿Por qué no me lo dijiste antes? Te juro que voy a encontrar a ese maldito hijo de puta y voy a matarlo con mis propias manos, va a pagar todo el dolor que te ha hecho. –Sakura no dijo nada, simplemente negó con la cabeza, aún no podía articular palabra -¿Por qué no me lo dijiste Sakura? ¿Por qué has tenido que esperar tanto tiempo para contármelo? –Sí, estaba realmente enfadado, aunque intentaba contener su odio.

Ella se soltó de él y se alejó unos pasos, sin mirarle a la cara. Reparó en la cantidad de cristales que había en el suelo a causa del vaso roto, así que se dispuso a recogerlos para evadirse momentáneamente de la situación, aún sin hablar. Naruto permaneció estático, con la mirada perdida, intentando asumir todo aquello, se sentía tan mal que era capaz de cometer alguna locura y debía evitarlo a toda costa. Por Sakura.

La pelirrosa comprobó como la pared se había desconchado un poco en la zona del impacto y rezó por que su madre no se diera cuenta. Utilizó un pañuelo de papel para recoger el poco alcohol que quedaba y que se había derramado por el suelo y juntar todos los pedazos de cristal. Enfrascada en esa tarea como si de una zombie se tratara, no supo cómo reaccionar al notar nuevamente al rubio arrodillado junto a ella.

-Al menos –dijo el tomándole la mano y evitando que continuara con la tarea, en su estado probablemente acabaría llena de cortes –dime qué pasó para que acudieras aquel día a mi casa en ese estado… y por qué a mi.

Ella había estado temiendo aquella pregunta, sabía que la respuesta sería lo que más dolor causaría al rubio y, aunque no quería darle contestación, era inevitable no hacerlo. Él tenía derecho a saber… Tomó aire y las palabras surgieron con un ronco sonido, casi lastimero.

-Yo… sabía que tú serías la única persona que me acogería sin preguntar, que me aceptarías sin más… -Bien, aquello no era malo, de hecho parecía incluso algo bueno y así se reflejó en la mirada del rubio, que se llenó de ternura. Debía ser completamente sincera. -Pero cuando estuve contigo me di cuenta de algo… que me convierte en la peor persona del mundo.

-Tú no eres…

-¡Sí, sí que lo soy! –Estalló ella al fin -¡Te utilicé Naruto! Si aquella noche la pasé contigo no fue más que porque me recuerdas a Sasori, porque cuando estoy contigo siento que vuelvo a estar con él.

La muchacha, desde la noche en que hicieron el amor se preguntó cuánto sería capaz de soportar el tierno corazón de Naruto y en aquel momento parecía que conocería la respuesta. Por lo pronto, el rubio había enmudecido, la miraba con ojos dolidos, tremendamente heridos y soltó su mano, evitando todo contacto con ella. La pelirrosa pensó que se marcharía sin decir palabra y así pareció cuando el muchacho se incorporó, pero solo para dejarse caer en el sofá abatido.

-Naruto lo siento…

-No hables –la cortó él bruscamente. Su rostro estaba oculto tras sus manos –No digas nada más.

Sakura obedeció. Permaneció sentada en el suelo, junto al montoncito de cristales que había apilado. Las lágrimas recorrían su rostro sin detenimiento mientras observaba al muchacho, que estaba quieto como una estatua. Desde aquella perspectiva, parecía que lloraba también. Tras varios minutos que parecieron eternos, Sakura decidió levantarse y tirar los pedazos de vidrio junto con los del resto de su corazón. Se sentía tremendamente cansada, capaz (y deseosa) de dormir durante meses si se lo permitieran, pero lo último que quería era obligar a Naruto a marcharse como había hecho con Sasuke.

-Sasuke… -¿cómo habría actuado él si estuviera en la situación de Naruto?

-En el fondo –la voz del muchacho la sobresaltó –creo que ya lo sabía. Sabía que no acudiste porque sintieras algo por mi, pero aún así me hizo feliz y no me arrepiento de nada de lo que pasó.
Sakura habría jurado, si las suyas propias no anegaran sus ojos, que una lágrima recorría el rostro del muchacho. Naruto se levantó y fue hasta donde ella estaba, la rodeó con un brazo y le alzó con dulzura la barbilla para que sus ojos se encontraran.
-Te he dicho antes que no estarías jamás sola mientras yo viva, y pienso cumplirlo. Si has sufrido… si aun sientes dolor… quiero ayudarte a superarlo, la forma en que tenga que hacerlo no me importa, solo quiero que tú seas feliz. Te prometo que te protegeré pase lo que pase y que eliminaré todos los malos recuerdos que tengas en tu corazón.

Aquellas palabras inundaron como si de magia se tratase todo su ser. La muchacha volvió a sentir flaquear las piernas y tuvo que agarrarse al rubio para no caer. Debía estar soñando, no podía ser que Naruto estuviera dispuesto a sacrificar su felicidad para intentar devolverle parte de la suya. De hecho, no podía aceptarlo.

-No… otra vez no –dijo apartándose –no puedo hacerte esto, no podría soportarlo.

-Pero Sakura es algo que yo quiero hacer. Tu… sabes lo que siento por ti.

-Precisamente por eso Naruto, ninguno de los dos terminaremos bien, además no puedo hacerle esto a Hin… a otra persona.

-¿Otra persona?

-Por favor Naruto… no quiero hacerte sufrir más.

Demasiado tarde. El muchacho tomó su rostro entre las manos y con una mirada tierna la hizo sucumbir. En el fondo, deseaba su ayuda y agradecía lo que él estaba dispuesto a hacer por ella, ni siquiera era capaz de imaginar en esos momentos el calvario que le esperaba al joven: estar con la persona que amas suplantando a otro amor, rellenando los huecos que él dejó sin ser nada y, sobre todo, siendo consciente de ello.

-Gracias –fue lo último que pudo pensar antes de que sus labios se encontraran.

Sasuke estaba de muy mal humor. Había estado todo el tiempo, desde que Sakura le ''invitara a irse'' tumbado bocarriba en la cama y poder evitar preguntarse que estaría pasando en aquella casa.
Lo cierto era que se sentía muy confuso y era aquello el motivo de su enfado. En primer lugar, no entendía por qué le molestaba tanto que Sakura estuviera a solas con Naruto en su casa, pero era un hecho que le hacía hervir la sangre. Constantemente veía en su mente imágenes de Naruto y Sakura desnudos, ella encima de él agitando las caderas y gritando de placer. Aquello le hacía enfadar mucho más, sobre todo porque era la misma imagen que imaginaba sin poder evitarlo cuando estaba cerca de ella, aunque por supuesto era él quien estaba debajo y no Naruto…

Y eso era lo que realmente lo desquiciaba. Sakura estaba empezando a convertirse en alguien demasiado frecuente en sus asuntos y todo por culpa de su hermano Itachi. Necesitaba lograr que su hermano pusiera fin cuanto antes a su relación con Haruka, así él podría retomar las distancias con la pelirrosa y evitar situaciones como la de momentos antes, cuando otra vez había estado a punto de besarla.

Se levantó de la cama y miró por la ventana, las luces de la casa de enfrente aún estaban encendidas. ¿Qué estaría pasando?
-¿Estoy gilipollas o qué me pasa? –Se alejó de la ventana y decidió darse una ducha para tener la mente ocupada en algo. Estar tantas horas solo se estaba convirtiendo en algo realmente desquiciante.