Nota de la autora: Quiero agradecer el apoyo y los ánimos recibidos a lo largo de estos cuatro años en los que dejé de escribir, gracias a vosotros he vuelto a escribir y a disfrutar haciéndolo. Quiero dar especialmente las gracias a Luishana, a quien dedico este capítulo y le agradezco de corazón sus mensajes :)
Capítulo 10: La fiesta
Hinata esperaba pacientemente en la puerta de casa. Aquella mañana el cielo mostraba un color gris semejante al de sus ojos, sin duda amenazando una lluvia inminente. El otoño había llegado, no había duda.
– ¡Hinata!– La muchacha se giró ante la llamada de su amiga, Ino se acercaba corriendo esquivand o como podía a la gente, ni siquiera paró cuando pasó frente a Hinata, sino que le lanzó una mirada suplicante de disculpa y continuó la carrera; la joven sonrió para sí y se lanzó tras ella: quizás aun llegaran a tiempo.
– ¿Qué ha pasado esta vez?– preguntó Hinata mientras seguía a Ino.
– La ropa que quería estaba para planchar y no sabía que ponerme.
– ¿Esa es la razón?
– ¡Maldita sea está lloviendo!
Por supuesto, la lluvia que tanto se había hecho esperar no podía llegar en mejor momento, sin embargo las chicas no pararon su frenética carrera para sacar sus paraguas y resguardarse de la lluvia. Afortunadamente, el instituto ya estaba cerca y tampoco eran las únicas que tendrían problemas si no llegaban a tiempo: una cabellera rubia les salió al encuentro también a la carrera y protegiéndose de la lluvia con la mochila.
– ¡Na-Naruto!
– ¡Ey!– Sonrió él –Vais a tener problemas si llegáis tarde.
– ¿Y tú qué idiota?– preguntó Ino enfadada. Finalmente, atravesaron la puerta justo cuando el conserje se dirigía a cerrarla, aunque no se detendrían hasta llegar a clase. Hinata se separó de ellos con una sonrisa tímida y un murmullo que ninguno de los otros dos consiguieron entender. Fuera, la lluvia parecía estar en guerra contra las ventanas, a las cuales martilleaba con violencia.
Llegaron a clase y comprobaron con alivio que el profesor aun no había llegado, deseando que el tráfico se hubiera complicado esa mañana a causa de la tormenta, se unieron al grupo de amigos que estaban inmersos en una apasionante conversación.
–… también podríamos quedarnos allí, es un martirio volverse después, además yo quiero beber hasta caer redondo– Shikamaru parecía realmente entusiasmado aquella mañana
– ¿De qué habláis? –Ino dejó su maleta empapada sobre la mesa y se acercó comprobando cómo de mojado tenía el pelo.
– De la fiesta de mañana, estamos hablando si volver después en taxi o quedarnos allí a dormir– respondió Sakura haciendo un hueco a su amiga.
–Nosotros podemos quedarnos en el apartamento de Lee y Neji, nos han dicho que tienen una cama extra y además está el sofá– Apoyó Kiba
–Ten-Ten y Temari también tiene sitio para nosotras, Ino –informó Sakura. –Estuvimos hablándolo ayer y podemos quedarnos las tres (Hinata, tú y yo). Al parecer su otra compañera va a pasar el fin de semana con su novio.
–Yo preferiría pasar la noche allí, no me gustaría volver y encontrarme a Jiraiya con alguna "amiga" –. Naruto dirigió una mirada significativa a Sakura que Ino no pasó desapercibida. Empezaba a resultarle muy raro aquel cambio de actitud entre los dos, aunque se esforzaban por esconderlo. La fiesta sería un buen momento para conseguir información.
–Pero la fiesta dónde es, ¿en casa de Neji y Lee o en la de las chicas? – Preguntó Ino.
– En el apartamento de Lee y Neji, parece que no tienen miedo a lo que pueda ocurrir allí, Temari y Ten-Ten son más inteligentes– contestó Sakura.
–Pues ya está decidido entonces –resumió Shikamaru– iremos todos juntos en autobús para allá y nos volveremos al día siguiente. Tíos estoy deseando que llegue mañana.
Mientras todos organizaban el sitio de reunión y la hora, Sakura notó una sombra pasar detrás de ella, se giró y vio a Sasuke, que al parecer se disponía a salir de la clase. Siguiendo un impulso, la muchacha le siguió y lo alcanzó en el pasillo.
–Sasuke, espera– sintió un extraño deseo de sujetarle el brazo, pero se contuvo.
– ¿Hum? – la mirada que le dirigió era fría como el hielo.
– ¿También te quedarás a dormir mañana?
– ¿Hablas de la jodida fiesta? No, no voy a ir.
– ¿Cómo? –Sakura se sintió ofendida –Pero me dijiste que irías conmigo, ¿a qué viene ese cambio de opinión?
– No quiero pasar toda la noche rodeado de tus amigos mientras se emborrachan y hacen cosas más estúpidas de las que ya hacen cada día en el instituto.
– ¿Sabes? Si vinieras y los conocieras cambiarías de opinión respecto a ellos, además no te vendría mal relacionarte, estás hecho un huraño.
– Dudo mucho que lo mejor para mí sea relacionarme con esa gente, en especial con Uzumaki– se giró dando a entender que la conversación había terminado.
Sakura no se sintió con ganas de discutir, por una parte se sintió aliviada: Sasuke Uchiha seguía siendo para ella como una bomba de relojería con ese carácter frío y estremecedor que a veces era suplantado por un ápice de… ¿de qué? Ni siquiera él debía de saberlo. Suspiró y vio aparecer al profesor al final del pasillo, encogiéndose de hombros y decidiendo que no se preocuparía más, entró en clase.
La lluvia dio paso al frío el día siguiente. Habían decidido quedar en el punto que consideraban intermedio para todos y dirigirse desde allí en autobús todos juntos al campus universitario.
Sakura estaba en su habitación preparando una pequeña bolsa que llevar que constaba de dinero suficiente para comprar alcohol y para imprevistos, maquillaje para la mañana siguiente y desmaquillantes para esa noche (cuando estuvieran solas las chicas, por supuesto). Estaba decidiendo que pijama era el menos infantil cuando su madre entró en la habitación.
– ¿De verdad no quieres que os lleve? Podéis ahorraros el viaje, no me importa –Haruka se paró en mitad de la habitación mientras observaba a su hija con preocupación.
–No pasa nada mamá, somos demasiados para ir en coche– Sakura no levantó la vista hacia su madre. Se había sorprendido mucho unos días antes al comprobar que no le ponía impedimentos en ir a una fiesta en el campus universitario, cuando lo normal es que hubiera puesto objeciones. La muchacha sospechaba que su madre utilizaría aquellas horas de libertad para pasarlas con su atractivo vecino, pero desechó aquellos pensamientos y se concentró en los pijamas.
–Prométeme que tendrás cuidado y no harás ninguna locura.
–Mamá, voy a casa de Temari y Ten-Ten, no va a pasar nada.
–Sakura, cielo, yo también he sido joven y he ido a muchas fiestas… Sí, sí, no me mires así. Sé como son ese tipo de fiestas y el alcohol que hay en ellas, prométeme que serás responsable.
Sakura enmudeció y asintió ligeramente con la cabeza a su madre. Lo cierto es que se sentía un poco avergonzada, todos habían hecho una colecta (bastante grande) para comprar alcohol y comida, pero sobre todo alcohol. Después de todo lo que había pasado en ese tiempo lo único que deseaba era saltarse las normas y desinhibirse.
– ¿Y tú saldrás esta noche? – preguntó mientras cerraba la pequeña bolsa en la que llevaba todo cuanto creía necesitar. Intentó que su tono de voz sonara casual pero no estuvo segura de conseguirlo.
–Tengo mucho trabajo para la semana que viene que me gustaría adelantar. Disfrutaré de la soledad que me empieza a brindar mi hija casi adulta.
Sakura se limitó a mirar a su madre levantando la ceja, pero Haruka se acercó a ella, le dio un beso y salió de la habitación. Al cabo de unos minutos, cuando estuvo segura de tenerlo todo, Sakura salió de la habitación también. Al pasar por el salón vio a su madre en el sofá con el ordenador portátil en el regazo, le sonrió y se despidieron hasta la mañana siguiente. Cuando la joven salió de casa sintió como el viento frío la golpeaba de repente. Ajustándose el abrigo al cuello se puso en marcha, no sin antes lanzar una fugaz mirada a la casa de enfrente.
El viaje hasta el campus estuvo lleno de risas y alocados planes que todos coincidían que eran igual de divertidos como de imposibles. Era la primera vez que estarían todos juntos de nuevo desde que los mayores dejaron el instituto y se morían de ganas de entrar en un ambiente que iban a compartir el año que viene. Las expectativas de la fiesta eran altas, pues todos habían visto innumerables películas americanas con fiestas universitarias como escenario; aunque los que ya habían participado en algunas intentaban quitarles esas ideas de la cabeza, ellos seguían con esas imágenes en mente.
Todos se habían arreglado un poco para la ocasión, incluso los chicos, aunque sin llegar a desentonar (tampoco querían dar la imagen de ir a una boda). Casi una hora después se encontraron con Neji y Lee, los encargados de recogerlos y acompañarlos al apartamento. Eran alrededor de las nueve cuando finalmente todos estaban juntos: Temari, Ten-Ten, Ino, Sakura, Kiba, Neji, Lee, Shikamaru, Hinata y Naruto.
Fue una locura desde el principio, siendo lo más extraño de todo que no apareciera la policía en ningún momento de la noche. Compraron una gran cantidad de comida y alcohol: pizzas, patatas fritas, frutos secos y, por recomendación de Neji, una gran cantidad de bollos y napolitanas de chocolate. Cervezas, botellas de ron, whiskey, vodka y refrescos se amontonaban en la cocina, entre otras que Sakura no supo identificar y que después descubrió eran de tequila. Pusieron música y jugaron a varios juegos que siempre tenían como objetivo beber un chupito tras otro, hicieron muchísimas fotos y no pararon de reír mientras la euforia inicial del alcohol estaba en sus venas.
–Es una pena que Chouji no haya podido venir– dijo Shikamaru tumbado en el sofá con el pelo revuelto y la camisa a medio abrir. –Esa bola tiene dificultades para escapar del negocio familiar.
–Bueno, es normal, lo fines de semana siempre está hasta arriba–respondió Ino a su lado. Parecía que a medida que avanzaba la noche iban recuperando aquella amistad "infantil", pues ella estaba echada sobre su hombro con una sonrisa ausente. –Y no le digas bola, te mataría si te escuchara.
Tras las horas iniciales de la fiesta en la que la euforia estaba patente en todos, había llegado el momento de comenzar a sentirse exhaustos, mareados y cariñosos unos con otros. Ten-Ten estaba echada sobre Neji en el otro sofá, mientras que Hinata estaba en el sillón que quedaba. El resto se acoplaban sobre la alfombra entre un montón de cojines, Sakura abrazando a Temari que tenía la cabeza en su pecho y Naruto a su lado. Por otra parte, Lee y Kiba volvían a preparar otra tanda de pizzas y patatas.
–Por cierto Sakura, ¿a qué venía esta mañana tu conversación con Sasuke? –preguntó la rubia mirándola con ojos acusadores. –Espero que no se te haya ocurrido hacerte amiga de ese tío.
– ¿Sasuke Uchiha? – Temari se giró para mirar a Sakura, quedando sus rostros muy cerca. – ¿Ese chico tan malhumorado y atractivo? – A pesar del alcohol, escrutó a Sakura con una mirada que parecían ser rayos-x.
– ¿Atractivo? –Preguntó Naruto indignado– Tú deliras Temari.
–Bueno, es mi vecino, resulta realmente incómodo verle cada día y no intentar tener una relación cordial. Le pregunté si quería venir por educación, ya que nos ha escuchado hablar todos estos días de la fiesta–. La joven esquivó la mirada de Naruto.
–Pero Sakura, siempre nos trata fatal, ¿no recuerdas la última vez cuando te sacó del instituto a rastras? –Preguntó Hinata con voz adormilada –Estoy segura que aun tienes los moratones en los brazos.
Kiba y Lee entraron triunfantes en ese momento con la segunda cena, haciendo que todos se olvidaran por un momento del asunto, lo cual Sakura agradeció enormemente. Ahora que estaba un poco fuera de sí, le resultaba muy difícil no empezar a hablar y contar todo lo que había pasado últimamente que la había unido a Sasuke Uchiha. Cada vez se estaba encontrando peor, con mareos y veía como a veces la habitación parecía dar vueltas. Pensó que quizás comer algo le ayudaría, pero por desgracia no fue así.
Eran las tres de la mañana cuando la primera víctima de la fiesta, Ten-Ten, se dirigió al baño a vomitar, acompañada de Neji para ayudarla. Lee estaba dormido en una esquina sobre un montón de mantas y cojines, al igual que Hinata en el sillón individual. Sakura se levantó para cubrir a su amiga con una manta, sintió una punzada de dolor cuando la vio dormir tan dulcemente, ajena a lo hipócrita que era la persona que ahora se afanaba en cuidarla.
Había estado sufriendo un tormento esos últimos momentos en la fiesta, necesitaba estar entre los brazos de Naruto, pues sentía la necesidad imperiosa de recibir y dar cariño, pero por respeto a Hinata había decidido aferrarse a Temari. Miró hacia el sofá grande, donde Shikamaru e Ino se reían por lo bajo de algo, parecían haber olvidado que estaban con más personas.
–Oye Sakura– Kiba se acercó a ella cuando esta se sentó de nuevo, esta vez un poco más apartada de Temari –tengo que contarte algo, aunque sé que no te va a gustar.
–Han pasado tantas cosas últimamente que no me han gustado… ¿De qué se trata? – Kiba se sentó con ella, Temari y Naruto. Esta vez Shikamaru e Ino prestaban atención también.
–Oye tío– Shikamaru parecía un poco nervioso –No creo que sea el mejor momento… Deja que disfrute de la noche y descanse un poco.
–Lo siento, pero es que no puedo guardármelo más.
– ¿Qué pasa? – Naruto se incorporó un poco y puso la mano sobre el brazo de Sakura – ¿Qué tienes que decirle?
–Esto no es asunto tuyo Naruto
–Vamos Kiba– dijo Sakura cada vez más adormilada– suéltalo de una vez.
–No trato de hacerte daño ni mucho menos contándote esto Sakura, pero creo que deberías saberlo por si acaso él… Bueno, por si trata de ponerse en contacto contigo. Es Sasori, vino a verme el otro día–. Un silencio sepulcral invadió la habitación, Sakura se concentró en seguir respirando mientras su cuerpo empezaba a temblar. –Me dijo que quería ponerse en contacto contigo, para darte algo, pero no se atrevía al no saber si tú habrías superado todo lo ocurrido. Vino a preguntarme si yo podría dártelo.
–No me jodas Kiba– Ino se incorporó y pasó del sofá al suelo con ellos, seguida de Shikamaru que parecía sentir remordimientos – ¿Ese cabrón fue a verte? ¿Y qué le dijiste?
– Le dije que no quería saber nada del asunto, no quería verme involucrado en esto. Sé que Sakura lo ha pasado muy mal y bueno, aunque te lo cuente ahora lo hago para que estés preparada.
Sakura sintió todas las miradas fijas en ella. Seguía intentando concentrarse en su respiración, pero cada vez se encontraba peor, ya no sabía por cuantos motivos. Al ver como sus amigos empezaban a alarmarse pensando que quizás le daría un ataque allí mismo (cosa que ni ella descartaba), suspiró. Tenía que decir algo.
–Te agradezco el aviso Kiba, pero ya sabía que quería ponerse en contacto conmigo… Lo hizo el otro día.
– ¡¿Cómo?! – El grito de Naruto hizo que tanto Lee como Hinata se removieran en sus sitios.
– Joder Naruto no grites– Ino le lanzó una mirada envenenada. –Cuéntanos qué pasó Sakura.
–Bueno, estaba volviendo a casa cuando vi a Gaara en mi puerta. Venía de parte de Sasori… me entregó una carta.
– ¿Una carta? ¿Y qué decía? – Naruto la miraba con tal intensidad que Sakura se sonrojó.
– No lo sé… no llegué a abrirla
– ¿Por qué no? –Preguntó Kiba sorprendido
Pero Sakura no respondió. Ni ella misma sabía por qué había decidido guardarla en lo más recóndito de su habitación y olvidarla. Había sufrido mucho y se había comportado de forma horrible con ciertas personas para que ahora él volviera a su vida, aunque fuera en forma de carta, y lo destruyera todo.
– Chicos– Neji apareció tras ellos, un poco sorprendido de ver a todos enfrascados en sus pensamientos –Ten-Ten está un poco mejor, pero lo mejor será que se vaya a dormir. Yo también estoy un poco cansado, así que me quedaré con ella, ¿alguna de vosotras puede ir a dormir a mi apartamento?
–Sakura y yo iremos– dijo Ino al momento –será mejor que Lee se quede aquí también. Además –dijo en un susurro a Sakura– quiero hablar contigo de esto.
Shikamaru ayudó a Lee a trasladarse al cuarto de la compañera de Temari y Ten-Ten mientras los demás recogían un poco la habitación y se disponían a marcharse. Temari despertó a Hinata y la llevó a su habitación, no sin antes despedirse de los demás y pedirles que tuvieran cuidado. Neji les dio la llave del piso y les explicó cómo llegar a él (afortunadamente estaba en la calle de al lado).
Salieron al frío otoñal de la calle envueltos en sus abrigos y dando tumbos a causa del cansancio y del alcohol. Ino iba sujeta a Shikamaru y Kiba para no caerse con los tacones, mientras Sakura se aferraba al brazo de Naruto un poco más atrás.
– ¿Por qué no me lo has contado? – preguntó ofendido mientras andaban.
– No es asunto tuyo Naruto– respondió ella con voz agotada. Cada vez se encontraba peor y echaba de menos su habitación. No se sentía con ganas de pasar la noche entera con sus amigos.
– Siempre dices lo mismo, pero no te das cuenta que todo lo que te ocurra me importa. –Le dirigió una mirada lastimera –No quiero que nada te haga daño y si sucede, quiero que cuentes conmigo… como lo hiciste la última vez.
Sakura no respondió al momento. Continuó andando mientras escuchaba las risas esporádicas de Shikamaru, Ino y Kiba. Se soltó del brazo de Naruto.
–Creo… creo que prefiero irme a casa.
– ¿Cómo? Ni hablar, no voy a dejarte sola esta noche –. Él se volvió para volver a cogerla pero Sakura había echado a correr hacia una parada de taxis que había visto al pasar la esquina. Afortunadamente, había un par de coches allí.
Escuchó las voces de sus amigos detrás de ella, probablemente persiguiéndola. Estaba segura de que Naruto la alcanzaría en cualquier momento, pero por fortuna sus tacones eran casi planos y podía correr con facilidad, aprovechando la ventaja. El taxista la miró con cara de pocos amigos cuando entró como una exhalación y Sakura casi le grito su dirección. Para cuando Naruto llegó, el coche ya estaba en marcha.
Los veinticinco minutos de trayecto le parecieron casi eternos. El taxista había desistido con sus preguntas, pues al principio pensaba que era una joven a punto de ser secuestrada que había escapado en el último momento. Sakura se limitó a decir que no, que eran sus amigos pero que prefería estar en casa y no volvió a hablar. Aun intentaba comprender por qué había huido de aquel modo cuando no había pasado nada grave.
–Ha pasado tanto tiempo y aun tienes que estropearlo todo– se dijo para sí. Enterró la cabeza entre las manos intentando quitar de su mente la imagen de Sasori buscando a Kiba, y más aun alejó la posibilidad de que él quisiera volver a verla a ella.
No fue hasta que casi llegaron a su casa cuando se dio cuenta de un hecho importante: había dejado la bolsa con sus pertenencias en casa de Temari. Sus llaves, el dinero, el móvil… todo estaba allí. Si quería volver a casa tendría que despertar a su madre y explicarle qué hacía allí a las cuatro y media de la mañana en aquel estado. A eso se sumaba el hecho de que no tenía dinero para pagar al taxista y cada vez sentía la necesidad mayor de vomitar. Abrió un poco la ventanilla para que el aire frío de la madrugada le ayudara a pensar sin éxito alguno; de vez en cuando, el taxista le echaba un ojo, por si debía cambiar el rumbo hacia el hospital más cercano. Finalmente el coche se detuvo en la puerta de su casa y el taxista le dijo el importe, Sakura se removió nerviosa en el asiento.
– Verá, me he dejado la cartera en casa de mis amigas, ¿puede esperar un momento aquí a que vaya a por el dinero?– El hombre asintió de mala gana y ella salió apresuradamente del coche.
La puerta se abrió con estrépito después de tres llamadas impacientes al timbre. En el umbral, Sasuke Uchiha la miraba primero con asombro, para dejar paso al enfado
– ¿Estás loca o qué? ¿Se puede saber qué haces aquí a estas horas? –Sakura solo se detuvo una fracción de segundo en ver que iba vestido con un pijama azul oscuro sin ningún adorno. Tenía el pelo revuelto pero no parecía que hubiera acabado de levantarse de la cama.
–Oye, necesito que me hagas un favor –Sakura era consciente de que su voz sonaba pastosa y torpe, fruto del alcohol– necesito que me dejes dinero, tengo que pagarle al taxista.
– ¿Dinero? ¿Pero tú de qué vas? Largo de mi casa, avisa a tu madre si tienes problemas.
– No puedo dejar que mi madre me vea así, déjame el dinero y mañana por la mañana te lo devuelvo, lo juro – antes de que Sasuke pudiera hacer nada, la joven entró apresuradamente a la casa –no me iré hasta que me dejes el dinero… por favor– añadió en tono suplicante
Sasuke parecía un volcán a punto de estallar en cualquier momento a causa de la ira. Se giró hacia donde había una serie de abrigos y chaquetas colgados, cogió una cartera negra de uno de los bolsillos y le tendió dinero más que de sobra para pagarle al taxista. Ella salió corriendo a la calle antes de que él se arrepintiera, cuando le dio el dinero al señor, estaba convencida de que la mirada que le dirigió era como si observara a una loca.
Sakura contempló como el coche se alejaba por la calle, pensando qué haría ahora. No tenía llaves para entrar en casa y a eso se añadía el hecho de que le debía un favor a su vecino. Se giró para ver a Sasuke Uchiha detrás de ella, había cogido una chaqueta antes de salir, Sakura se preguntó por qué: ella empezaba a sentir un calor sofocante.
– ¿Y ahora qué te ha pasado? – Preguntó él con cierto tono de superioridad impregnado en odio– ¿Te has peleado con tu novio Uzumaki?
– ¿Qué interés tienes tú en eso? – preguntó ella intentando articular cada palabra de la forma que mejor pudo. Empezaba a notar como todo a su alrededor daba vueltas y más vueltas, junto con las ganas de vomitar.
–Estoy cansado de verte todos los días lloriquear por un tío o por otro, ¿no tienes otras cosas que hacer?
Sakura decidió ignorarle, tenía tanta razón en sus palabras que dolía: ella también sentía que no valía para nada desde que Sasori había decidido abandonarla. O, si valía, era para causar daño y aprovecharse de los demás. Como ya no podía más, se sentó en el asfalto cerrando los ojos para no ver el carrusel a su alrededor.
– Joder, lo que me faltaba– escuchó mascullar a Sasuke– encima vienes borracha. Tú y tus amigos sois unos imbéciles.
–Cállate…– Sakura ya no tenía más fuerzas para discutir. Se sentía realmente mal, casi abandonada por la razón y guiada únicamente por el subconsciente… ¿o eran unos brazos los que la sujetaban con fuerza y la hacían moverse despacio hacia la casa?
–Tú y tu madre solo me dais problemas –. Sasuke la condujo por la casa hasta llegar al cuarto de baño. Le recogió el pelo y estuvo con ella mientras vomitaba una y otra vez. De vez en cuando hacía comentarios insultantes, sin embargo sujetaba sus hombros y su pelo con delicadeza y no se separó de ella hasta que Sakura sintió que no tenía nada más en el estómago. Luego le dio enjuague bucal y la acompañó a la cocina para que bebiera agua, no se sintió satisfecho hasta que la joven apuró el tercer vaso.
– Mi madre me va a matar– repetía ella una y otra vez.
–Tu madre no va a enterarse si no se lo dices, así que cállate ya
–Claro que se enterará, en cuanto tu hermano…– enmudeció al momento y paró su avance por las escaleras, bajó la voz hasta convertirla en un susurro – ¿Nos habrá escuchado Itachi?
Sasuke soltó una carcajada, sorprendiendo a Sakura. Sin responder, él la instó a seguir subiendo las escaleras. Horrorizada, la joven comprobó que estaban ante la puerta de la habitación en la que había descubierto a su madre y a Itachi aquella vez… Antes de que pudiera hacer nada, Sasuke la abrió y ambos vieron un dormitorio muy ordenado y completamente vacío.
– Mi hermano trabaja por las noches, ¿recuerdas? Los fines de semana es cuando más trabajo hay en un bar de copas–. Aliviada, Sakura volvió a respirar, pues había contenido la respiración todo ese rato. – Aunque me sorprende que lo olvidaras, teniendo en cuenta que has bebido varias esta noche.
Ella se sonrojó y lo siguió por el largo pasillo. Solo había estado una vez en casa de los Uchiha, el día que descubrió a su madre con el hermano de Sasuke. Nunca imaginó que volvería a entrar en aquella casa y menos aun por voluntad propia (si podía llamarlo así).
– ¿Y qué haré yo ahora? – preguntó la joven mientras llegaban a una habitación iluminada ligeramente. Comprobó en seguida que se trataba de la habitación de Sasuke, pues era tan fría e impersonal como él. Había un ordenador encendido sobre un escritorio, un armario y una cama. Nada más. La cama estaba hecha, lo que confirmó las sospechas de Sakura de que él estaba despierto cuando llamó al timbre.
– No me interesa lo que hagas, quédate aquí si es lo que quieres o vete a tu casa si no te importa despertar a tu madre. En cualquier caso, no es problema mío.
Sakura dejó de observar la habitación e intentó enfocar al joven, que se había sentado en la silla del ordenador y le daba la espalda ahora. A pesar de sentir la mente como llena de barro, decidió que la mejor opción era quedarse allí hasta el amanecer… o precisamente por no estar en plenas capacidades escogió la peor opción, nunca lo sabría. Llegó a la cama y se dejó caer bocabajo.
–Necesito desmaquillarme– dijo con la cara contra el edredón– ¿tienes algo para quitar el maquillaje?
–Claro que sí, mi hermano y yo usamos mucho esas cosas, todos los días nos encanta maquillarnos como putas y salir a la calle a…
–Vale, lo he pillado–. Se dio la vuelta en la cama y al hacerlo todo volvió a darle vueltas en la cabeza como un tiovivo. Agradeció no tener nada más que vomitar. –Me conformo con un baño y un poco de jabón–. Como el no pareció escucharle, se levantó lentamente sujetándose la cabeza y salió del dormitorio.
Encontró el baño de la segunda planta en seguida y se dispuso a quitar el maquillaje con jabón y agua. Mientras lo hacía, no pudo dejar de pensar en lo sucedido en la fiesta, ¿estarían preocupados sus amigos? ¿Por qué había salido corriendo? ¿Cómo explicaría a la mañana siguiente que hubiera ido a casa de Sasuke? No pudo evitar reír al pensar que probablemente su madre se alegraría de ese final. Se quedó un rato contemplándose en el espejo del baño, tenía enormes surcos oscuros alrededor de los ojos y una palidez extrema a causa de los mareos.
¿En qué clase de persona me estoy convirtiendo? ¿Primero paso las noches en casa de Naruto y ahora en casa de Sasuke? Soy una mujer horrible.
– Creo que por mucho que te mires, no vas a poder arreglar ese desastre que es tu cara.
Sakura suspiró – ¿No vas a darme un momento de paz ni por un segundo?
– Eres tú la que ha venido a mi casa a joderme la noche–.
–Eres tú el que me ha traído aquí, podrías haberme dejado en la calle, creo que me habría quedado dormida igualmente– Sakura se sentía dolida, era imposible mostrarse agradecida con Sasuke.
Salió apartándole de la puerta y volvió al dormitorio, donde se dejó caer en la cama. Agradeció nuevamente los efectos del alcohol por encerrar la vergüenza en una parte de su mente donde no podía encontrarla. Cogió la almohada y se acurrucó con ella, notando el dulce aroma que desprendía. Era sorprendente que alguien con la personalidad de Sasuke pudiera tener un olor dulce.
– ¿Se supone que ahora tengo que dejarte ropa o algo así? –Preguntó él entre molesto y burlón– ¿Quieres que te traiga también el desayuno a la cama por la mañana?
Lo cierto era que el joven se sentía mucho más violento de lo que aparentaba. Tenía a su vecina en la cama ahora mismo, como se había encontrado imaginando innumerables veces y al contrario que él, no se mostraba insufrible ni con ganas de pelear. Recordó por un momento la docilidad con la que se había dejado guiar entre sus brazos hasta su casa, confiando en él…
–El desayuno estaría bien en otro momento, no creo que pueda comer nunca más–. Sasuke vio como su rostro estaba pálido y los ojos un poco hinchados, pero parecía que la voz era un poco menos pastosa. A pesar de todo, no parecía que ella le viera, teniendo más interés en la almohada que en él mismo. Se dio la vuelta hacia el armario y sacó ropa de deporte que utilizaba para estar por casa.
–Ponte esto, no quiero que me dejes olor a vómito en la cama–. Sakura no se movió hasta que él se acercó y la zarandeó un poco.
– ¿Qué quieres? Te estoy dejando en paz…–Dijo ella adormilada
–Quítate esa ropa y ponte esto.
Con mucho esfuerzo, ella obedeció. Se incorporó en la cama y comenzó a quitarse la chaqueta. Sasuke notó como un calor brotaba dentro de él y le recorría rápidamente. No apartó la mirada mientras Sakura se quitaba la blusa que llevaba, aunque para decepción del joven tenía una camiseta de tirantes debajo de la que no se desprendió. Se puso la sudadera encima y después se quitó los ajustados pantalones, esta vez sí mostrando la ropa interior de encaje que llevaba. El calor volvió a golpear a Sasuke con más fuerza. Casi con los ojos cerrados, Sakura deshizo la cama y se metió dentro, al cabo de unos momentos, cuando él volvió al ordenador pensando que estaba dormida, su voz le llegó desde la cama.
– ¿Has mirado?
– ¿El qué?
– Mientras me cambiaba, ¿has mirado?
– Por supuesto.
– Eres un cabrón.
– Y tú no deberías desnudarte delante de cualquiera.
–Qué sabrás tú de lo que hago o dejo de hacer…
Pasó casi una hora hasta que Sasuke apagó el ordenador. Durante ese tiempo, Sakura había dormido y despertado varias veces, le resultaba extraño ver la espalda del joven sentado a tan poca distancia cada vez que abría los ojos. Estaba en duermevela nuevamente cuando notó como el colchón se hundía a su lado y alguien más entraba a la cama. Se sobresaltó enormemente y se apartó de él cuanto pudo y las sábanas le permitieron.
– ¿Qué haces? – preguntó entre susurros cansados y alarmados.
– Es mi cama, voy a dormir aquí. Si no te gusta puedes irte a la tuya.
Le hubiera gustado siquiera planteárselo, pero la joven no se movió de donde estaba y continuó mirando a Sasuke con sueño y enfado, aunque la oscuridad impedía que él la viera. Al cabo de un momento, el silencio fue interrumpido por el inconfundible sonido de la lluvia.
– Tenías razón, habrías dormido muy bien en la calle. Quizás te eche y disfrute viéndote como un perro abandonado.
– ¿Se puede saber por qué me odias tanto?
Hubo otro silencio, de nuevo interrumpido por el sonido de la lluvia golpeando la ventana y el tejado. Sakura casi volvía a estar dormida cuando él respondió.
– Porque esta es la primera vez que acudes a mí.
El sueño la abandonó de golpe. Empezaba a sentir que hubiera sido mejor fingir estar dormida y dejar de pisar lo que sentía era terreno muy peligroso. Se revolvió incómoda entre las sábanas mientras notaba como él se giraba para mirarla. Notó su cuerpo más cerca, lo que le causó una especie de shock: era como si un iceberg estuviera terriblemente caliente.
– Nunca me haces sentir que pueda acudir a ti– respondió ella nerviosa.
– ¿Acaso no te lo he dicho varias veces? – repuso él con voz fría.
–Que me lo hayas dicho no significa que después actúes como si quisieras prestarme ayuda… Hoy podemos estar así y mañana volverás a insultarme y a despreciarme como siempre haces–.
Sakura se sentía cada vez más insegura, como si estuviera a punto de despertar a una bestia que la miraba desde la oscuridad con ojos fríos. Sasuke hizo un movimiento rápido y al momento una luz tenue iluminaba ligeramente la habitación, después se colocó encima de ella, con el cuerpo inundándola de calor y las manos apoyadas a ambos lados de la cabeza de ella, sobre la almohada. Sakura se quedó paralizada y una parte de ella empezó a entrar en pánico.
– ¿Por eso te acuestas con Naruto? ¿Porque él no te desprecia ni insulta a la mañana siguiente? ¿Porque te abraza y te dice cuánto te quiere toda la noche?
– ¿Qué estás diciendo? – Respondió ella estupefacta –Yo no me acuesto con nadie y si lo hiciera tampoco sería asunto tuyo.
–No me mientas– siseó él enfadado –No estoy ciego, veo como te mira y se sonroja, como parece evocar cada día recuerdos placenteros con esa cara de gilipollas que pone, como se ha vuelto más protector contigo…
– Estás loco –dijo ella intentando apartarle, pero sin éxito.
–He dicho que no me mientas. Además, hacerle eso a tu amiga Hinata…
– ¡Cállate! –Esta vez le empujó con fuerza y pudo incorporarse, con los ojos a punto de derramar lágrimas de cansancio, tristeza e ira. – ¡No tienes derecho a tratarme de esta manera! ¿Crees que no soy consciente de lo despreciable que soy? No necesito que vengas tú a decírmelo también cuando no eres nada para mí, lo único que siempre has buscado es hacerme sufrir, por eso me trajiste aquí el día que estaba mi madre.
– Lo hice para que vieras la realidad que siempre evitas ver, te crees el centro del mundo con tus problemas con aquel que te abandonó y eres incapaz de ver nada más, ni la relación de tu madre con mi hermano, ni el daño que haces a lo demás, ni a mí…
Sasuke cogió el rostro de la joven y la besó con violencia, notó como ella intentaba resistirse y varias veces consiguió apartar la boca de la suya, pero él insistía una y otra vez con ímpetu. Finalmente, notó como ella dejaba de resistirse y correspondía sus besos. En ningún momento la situación se volvió lenta y cálida, sino que la fuerza y el ímpetu de él arrastraban a Sakura de tal modo que la mareaban, como si estuviera atrapada entre el oleaje en una fuerte tormenta contenida durante mucho tiempo.
Volvió a recostarse sobre la cama mientras él se sacaba la parte de arriba del pijama casi de un tirón. A Sakura le sorprendió descubrir un cuerpo musculoso, siempre había pensado que Sasuke estaba delgado como un junco, pero escondía un cuerpo definido por el ejercicio, aunque sin llegar a ser exagerado. Pasó las manos por el pecho de él mientras notaba su mirada de hielo, se preguntó si esto resultaría igual de extraño para él como para ella. Volvió a besarla con furia mientras introducía las ardientes manos bajo la sudadera de ella, la muchacha notó como si una corriente eléctrica le invadiera hasta el extremo de hacerle daño. Cuando él le dio un momento de respiro, tomo aire y cerró los ojos. La imagen de Naruto pasó fugazmente por su cabeza, recordando cómo él la trataba como si fuera un tesoro delicado, como la acariciaba con dulzura o sonreía al mirarla. No había nada de eso en Sasuke: él era frío y eléctrico, como si aquel fuera el último momento de sus vidas, como si nunca volviera a salir el sol.
–Espera– consiguió decir Sakura mientras él le besaba el cuello. –Para, por favor.
Él levantó la cabeza para mirarla, notó como la muchacha había comenzado a temblar ligeramente y le miraba con ojos suplicantes y asustados. Sasuke apartó la mano de sus muslos y se incorporó ligeramente pero sin apartarse de encima de ella.
– Yo… no puedo– continuó ella una vez que él se detuvo.
– ¿Qué no puedes? –preguntó Sasuke entre sorprendido y fastidiado– No me digas que es por el imbécil de Naru…
– ¡No! No digas nada más –Sakura no pudo contener las lágrimas. –Es por mí, no puedo… –Se sonrojó notablemente y evitó la mirada penetrante de Sasuke – no puedo acotarme contigo porque yo solo puedo… solo puedo hacer el amor con alguien, pero no puedo tener sexo solamente.
– ¿Me estás diciendo– dijo Sasuke al cabo de un momento– que no puedes estar conmigo esta noche porque crees que solo busco eso?
–No, bueno sí… no lo sé –Sakura se llevó las manos al rostro– Necesito ese cariño del que te ríes, lo necesito hasta un punto que duele y tú no quieres darme eso.
Lentamente, Sasuke se apartó de ella y volvió a tumbarse en la cama a su lado, mirando hacia el techo y con cara de pocos amigos. Sakura estaba segura de que la echaría de allí, pero él no dijo nada, ni siquiera la miró. Al cabo de un momento, apagó la luz y todo volvió a quedar en penumbra: a pesar de que el amanecer ya habría comenzado, las nubes de tormenta ocultaban la luz.
–Ni siquiera me das la oportunidad de dártelo.
