LA INMORTALIDAD TE QUEDA
SUMARIO: Post-Amanecer. Aro continúa la persecución, los Cullen, en especial Bella son más peligrosos de lo que pensaba, ella para salvar a su familia enfrentará el dilema de ceder a los deseos de un vampiro siniestro y hermoso, aunque implique no volver a enfrentar la mirada de su amado. ¿Mala suerte o predestinación?
ALERTA: SPOLIERS de Crepúsculo, Luna Nueva, Eclipse y Amanecer.
DISCLAIMER: Edward y Bella con todos sus personajes asociados son propiedad de Stephenie Meyer, la trama y desvaríos son míos. Los textos de libros originales a que hago referencia están citados entre comillas en cursiva.
Clasificación: M. Atención, lenguaje y situaciones de adultos.
CAPÍTULO 12 - LA VERDADERA INTENCIÓN
Alice acompañó a Edward y a Bella a su casita cercana. Quería un momento a solas con Bella, algo difícil de lograr con la mirada posesiva que él le dirigía a su esposa, pues todo su instinto protector se hallaba exacerbado.
Edward en un brazo cargaba con mucha ternura a su hija y llevaba su otra mano en la mano de Bella. Estaba molesto por la compañía de Alice, sabía que se proponía algo, y la molestia aumentaba porque Alice estaba reproduciendo en su mente una canción ruidosa de rock pesado.
Ese día todos lo querían por fuera de la mente, era desesperante, algo que sólo le toleraba a Bella porque le era involuntario.
—Vete —le dijo por fin Edward cuando apenas habían cruzado el río.
—No seas grosero, amor —le dijo Bella, mirando su rostro aún descompuesto.
—Debo hablar con Bella —le contestó Alice, sin ninguna intención de devolverse hasta haber cumplido su cometido, volviendo al repiqueteo de la extraña melodía en su mente, lo que tenía aún más desesperado a Edward.
—Prefiero cuando traduces poemas del árabe al arameo, esa canción es un desastre, por lo menos enfócate en Debussy o Mozart, hazlo todo menos desagradable.
Con estas palabras Bella se dio cuenta de que Alice trataba de que Edward no se diera cuenta de lo que estaba en su mente. Se preocupó, ¿habría sido descubierta? Guardó prudente silencio.
—Si tanto te molesta deberías adelantarte, lleva a Renéesme a su habitación y vela un rato su sueño, así como hacías con Bella cuando era humana, y déjanos a solas un rato. Bella también es mi amiga, tenemos derecho a un momento juntas, en privado.
Edward soltó a Bella, la besó con rapidez en los labios y se marchó exasperado. De Alice ya no obtendría nada, quizá Bella le contaría luego cuál era el misterio. Bella no parecía muy satisfecha con el momento de privacidad que les fue otorgado.
—Primero que todo —arrancó Alice —quiero felicitarte por esa elección de vestido que hiciste el día de hoy, y los zapatos... uumm, fueron mi mayor acierto cuando te los mandé a hacer.
—Gracias Alice, sin tus atenciones para con mi guardarropa tendría que conformarme con un pobre y ridículo Lacroix o un Versace, nada como contar con un Alice Cullen exclusivo y original —le dijo sinceramente agradecida, aunque con un claro dejo de sarcasmo.
—Me dejas sin palabras —le contestó Alice asimilando con gusto el elogio.
—¿Qué pasa? —quiso saber Bella de inmediato, sabía que Alice no se habría tomado el trabajo de deshacerse de Edward si no era por algo importante, además de mantenerlo lejos de sus verdaderos pensamientos —. ¿Alguna visión?
—No, Bella, de hecho, te quiero un poco lejos de Renéesme para ver si me dejas ver algo, de lo que quiero hablar es sólo mera intuición, sin visiones. ¿Qué te proponías vistiéndote de esta forma, preciso hoy? No es que me oponga, de hecho, vengo pidiéndotelo desde hace meses, pero me inquieta que preciso en éste instante hayas querido hacerme caso.
—Estoy simplemente habituándome a tu guardarropa, carece de sudaderas y camisetas roídas, mis favoritas.
—Lamento si no adquirí para ti ropas que concordaran mas con tu estilo, pero es que hoy, Bella, éste vestido, con Félix hambriento de ti, lo dejaste aún más frenético, no te imaginas; eso no es correcto, es peligroso. Debiste usar uno de esos abrigos largos que lo tapan todo, también son hermosos y sus diseños... no puedo dejar de pensar que lo hiciste con un propósito específico.
—No soy tan maquiavélica ni ando fraguando cosas, sabes que no se me da muy bien —lo dijo sonriendo, como si fuera una ridiculez siquiera pensarlo.
—No lo sé Bella, una vez lograste escapar de Jasper y de mí, otra vez lograste que Edward se apartara de la lucha con una estratagema que me dejó sorprendida; te quiero, pero te creo capaz de muchas cosas, sólo espero que esta vez lo que sea que planeas, no sea por los caminos equivocados, ya sabes, por lo que luchas es correcto, pero a veces tomas las vías más difíciles.
—Sólo puedo prometerte que lo tendré en cuenta.
—Gracias, con eso me basta... por ahora. Ve a casa, Edward está muy inquiero, anhela tenerte ya entre sus brazos.
—No temas Alice, todo estará bien —a Bella la recorrió una corriente de afecto hacia su hermana, la abrazó y como despedida, le acarició la mejilla y le sonrió.
—Voy a cazar con Jasper, quizá sea conveniente invitar a nuestros nuevos visitantes, no sé... son tan encantadores —dijo Alice con ironía.
Ella se alejó con sus pasos danzantes, tratando de ver el futuro que se le escondía, porque aún no estaban tomadas las decisiones concretas.
Edward se sentía inquieto.
Cuando Bella entró en la habitación, después de visitar a Renéesme dormida en su camita, y él la miró con gesto enigmático.
Bella sabía que se estaba guardando algo, pero ¿lo soltaría? Le dieron ganas de decirle que sacara de una vez todo aquello que tenía en su cabeza de inmediato o le iba a dar un derrame cerebral, pero no lo reprodujo en la realidad, ni quería en verdad saberlo, de seguro era enfrentar algo sobre lo que no tenía explicación plausible para dar, y porque era absurdo, un vampiro no se exponía ni por asomo a que sus vasos vasculares reventaran por mayor que fuera la presión, por más que, viendo a Edward, pareciera posible.
Mejor no hablar sobre el tema, Bella no quería mentirle.
Optó por sonreírle reflejando todo el inmenso amor que le sentía.
Él le siguió con la mirada mientras se le acercaba a una velocidad humana, innecesaria en esos momentos, cauta conforme a las circunstancias.
La pasión era un algo mucho más fuerte que la sed misma, que se encendía de una forma sobrehumana con cualquier roce o caricia, pero era especialmente susceptible a ella en la noche, porque sabia que él las tenía reservadas para ella, y era una pasión que para nada se había moderado con el paso de los meses, latía de forma constante en su ser, pero además, mezclada con ese manantial de sentimientos que siempre le había hecho aflorar Edward, desde el primer momento.
Sólo ansiaba su felicidad, sólo ansiaba verle protegido, amante y amado. Era su meta en la existencia, la felicidad de su familia, de su esposo y su hija.
Edward, sin palabras, la acercó a su pecho, la rodeó con sus brazos y la besó con profundidad en los labios; mientras la besaba, bajó sus manos por su cuerpo y con tanta pasión como furia la despojó de su vestido rompiéndolo, la seda cedió fácilmente ante el impulso feroz de las manos de Edward y se rasgó con rapidez, como si fuera de papel, quedando en el suelo su vestido dividido en dos pedazos inservibles.
—Edward, ¡era un Alice Cullen original! —se quejó ella asombrada.
—Tienes un armario lleno de Alice Cullens originales —le respondió él recuperando el abrazo, aumentando las caricias ante la desnudez del torso de ella.
—Pero ninguno como ese, sólo lo usé hoy por primera vez y ya era de mis favoritos —lo dijo como en broma, la tenía sin cuidado el maldito vestido, temía el significado de todo aquello, Edward nunca enfocaba su furia hacia ella, jamás. Y aunque el contexto ameritaba tanta pasión, ella sabía que era algo más que eso.
Él hizo ademán de seguir besándola y profundizó el abrazo, acariciándola con intensidad, pero ella le contuvo al ver como la ira refulgía en el fondo líquido de sus ojos; ella le besó el rostro, la frente arrugada por la preocupación y le acarició las mejillas hasta lograr que se apaciguara.
—Mi amor, sé que todo esto es difícil, él se irá pronto y todo tornará a la normalidad.
—No viste lo que vi hoy en su mente —contestó contenido —y lo peor... parece que quisieras motivarlo a quedarse —terminó con reproche, inusual en él.
Ella guardó silencio un momento. Aunque su mente funcionaba con precisión milimétrica, tuvo que detenerse a pensar en cual información soltar y cual no. Sin dejar de mirarle a los ojos, le dijo finalmente:
—Todo mi interés se enfoca en que se marche pronto, sin consecuencias, te lo garantizo.
—¿Y qué planeas hacer para lograrlo? —le dijo él con sospecha.
—Mi plan es luchar por ti y mi familia, lo sabes, con las armas de que disponga —Bella sonó exasperada.
—Sí, lo sé, por eso me preocupo. Eres un ser tan absolutamente especial, amor mío, que en cien años sólo te encontré a ti y aunque pasara un milenio no podría encontrar a nadie igual, tengo muy claro que entre tus muchas cualidades está la valentía, la cual ha posibilitado desde un principio, que hicieras algo tan aterrador para cualquier humano como lo es aceptar ser la compañera de vida de un vampiro; pero no quiero que el tener trastocada tu percepción del miedo anule tus instintos de conservación y supervivencia, importantes para mantenerte viva.
»Entiéndelo Bella, Félix es peligroso, es un asesino de lo más sanguinario que puedas imaginar, no tiene reparos en asesinar a humanos inocentes, no quiero que llegue al punto de preferirte muerta si no estás con él; es tu vida a nuestro lado lo que nuestra hija y yo queremos para ti, no que seas una heroína que con torpeza ofrenda su vida, sabes que mi propia vida acabaría con ello.
Qué bien le conocía Edward, sintió Bella. Sabía de la lucha que se fraguaba en su interior para poder hacer algo que les ayudara a mantenerse a salvo. Aunque le doliera en lo más profundo de su ser debía tranquilizarlo, engañarlo si era preciso, si ella era la única con la facultad, con el poder para debilitar a Félix, tenía el deber de aprovecharlo, no se perdonaría no hacer todo lo posible para que sus seres amados viesen superado el peligro.
—Edward, me conoces más que suficiente para no estar celoso, ¿cierto? —lo dijo para distraerle del centro de la cuestión, pero se dio cuenta de que él efectivamente lo parecía.
—Si pudieras contemplar lo que he tenido que ver hoy en la mente de ese monstruo, y tolerarlo sin lanzarme a desmembrarle cada parte de su cuerpo, lo comprenderías, mi amor. No son celos... exactamente, es el horror... no imaginas de lo que es capaz, ¡no puedes llegar a confiar en él de ninguna manera!
—Tengo muy claro quien es él, sus ojos teñidos con la sangre de seres humanos me lo recuerdan todo el tiempo, también su rostro que sólo puedo recordar cubierto con la capa gris, signo de su esclavitud, de su sometimiento a los designios de un tirano como Aro.
—Amor, sólo una cosa me dejará tranquilo —le acarició tiernamente el rostro y pasó su boca desde sus sienes a la mandíbula, muy lentamente, con una anticipación anhelante el placer que se avecinaba —déjame entrar en tus pensamientos, por favor, abre tu escudo para mí, permíteme entrar en tu mente, ahora.
Bella se soltó de su abrazo y le miró con reproche, aunque sin sorpresa.
—¿Tanto desconfías de mí? —preguntó dolida, sobre todo porque sabía que él tenía toda la razón en desconfiar.
—¿Tanto ocultas que no puedes abrir tu mente a la mía? Hazlo Bella, por favor, y lo quiero sin trucos, sin pensar en cosas diferentes, sin rock pesado en tu cerebro, quiero que te enfoques en lo te propones hacer respecto a Félix, siempre tienes un plan, amor mío, te conozco y te amo con tanta locura como para pedirte que me abras a la privacidad de tu mente —comenzó hablando con la furia reflejada en sus ojos pero ésta se fue diluyendo en la ternura que ella le generaba, casi suplicante.
—Cariño —le dijo ella abrazándolo ansiosamente, casi con toda la fuerza de sus últimos días como neófita —amor de toda mi existencia, soy tuya de la manera más completa y absoluta, por los siglos de los siglos y para siempre, déjame que te lo ratifiquen mis besos... mis caricias... —lo dijo brindándole los besos y las caricias de las que hablaba.
Edward vio momentáneamente perdida la batalla, que ella se negara a mostrarle su mente, sólo tuvo como efecto aumentar sus sospechas, se acordó de la tercera esposa y del sentido de sacrificio de Bella. Mientras se quitaba la camiseta y la cubría a ella con su pecho desnudo, le dijo:
—No creas que voy a olvidar el asunto... Bella... no lo creas.
Ella le calló con un beso profundo.
PRÓXIMO CAPÍTULO: PLANES INCIERTOS
Mil gracias a quienes leen la historia y se toman unos segundos para dejar sus apreciaciones y comentarios, todos son leídos y disfrutados, y me animan a seguir escribiendo. ¡GRACIAS!.
Saranya.x
