Espacio del autor.

¡Hola de nuevo!

Este capítulo es el que más me ha gustado. ¡Definitivamente! Me siento muy feliz, no sé por qué. Creo que las cosas van agarrando su curso, no quiero apresurar ni adelantar más de lo necesario.

No sé si está más largo que el anterior, después de todo es una continuación del capítulo anterior, es decir...sucedió el mismo día.

Lo acabé hoy, pensé que terminaría mañana. Bueno tal vez si están leyendo esto lo publiqué el "mañana", pero escribí esto el "ayer". ¿Complicado? Lo se.

¡Gracias por haber llegado tan lejos! Sigan leyendo, nos vemos al final del capítulo.


¡Maldición! Tendré que controlarme para no salir corriendo de este lugar…es enorme y oscuro, lleno de agua y de animales gigantes. ¿Y si me desmayo? Sería una vergüenza desmayarme frente a este grupo de chiflados…

Ya estaban empezando a entrar en el acuario, y Naoko no podía contener sus nervios. Temblaba ligeramente, estar entre tantas personas hacía que tuviera dolor de cabeza, pero al entrar todas las chicas del lugar los miraron, haciendo comentarios acerca de los apuestos chicos que acababan de ingresar al acuario.

–Es tu primera vez, ¿verdad? – Le dice Hikaru sin voltear a verla.

Él también estaba algo nervioso, la última vez que salieron a un lugar con ese nivel de gente, habían terminado secuestrando a Haruhi por error. No quería que ocurriese lo mismo en esta ocasión, ahora tenían que cuidar a dos chicas.

Hikaru no era el único que había pensado en la situación, ya que Tamaki, Mori y Kaoru estaban vigilando constantemente a Haruhi, la cual no sabía a dónde voltear de tantos peces que había en las paredes y el techo.

–Es impresionante. Me pregunto si todos se cocinan igual. – Dijo Haruhi, haciendo que todos se rían de ella. Su simplicidad era uno de los atractivos más importantes de Haruhi, y una de sus cualidades más apreciadas por sus amigos.

Tamaki le empezó a explicar acerca de los diferentes tipos de especies que había en el acuario, claro leyendo el manual del "turista perfecto del Acuario de Tokyo".

–Uhm…respecto al otro día…–prosiguió Hikaru dirigiéndose a Naoko. –Bueno yo…–

–¿Tú? –

–Perdón. – Dijo finalmente, aún sin mirarla. No le gustaba tener que disculparse, pero mientras se transportaban tuvo que idearse la forma de hacerlo. Era la solución más sencilla para terminar con sus constantes peleas.

–Hikaru…–

Honey tomó a Naoko del brazo, alejándola de Hikaru. Éste último volvió a sentir un calor extraño luego de escuchar su nombre, en lugar de los típicos insultos que le dirigía la chica. La vio alejarse y cuando menos lo esperó su hermano Kaoru jaló sus mejillas por detrás de él.

–¿Qué crees que haces, Hikaru? – Murmuró su hermano. –¡Ara! Pero si estás hirviendo.

–¡Cállate ya, Kaoru! Es porque hay demasiada gente en este lugar. –

–¿Dónde está Honey-sempai? – Preguntó su gemelo.

–No tengo la menor idea, y no creo que importe. –

[Un poco más lejos]

Naoko y Honey estaban recuperando su aliento, ya que por decisión del chico se habían alejado del grupo.

–Mitsukuni ¿qué pretendes? Si nos alejamos vamos a perderlos de vista. –

La joven observó a su amigo, y vio que estaba un poco serio. Levantó su mirada y encima de ellos estaba una ballena, lo que hizo que la poca luz que había en el lugar desapareciera un momento.

Naoko se sintió presa del miedo, e intento salir de ahí lo más rápido posible, pero cuando se disponía a volver sobre sus pasos el rubio la volvió a retener del brazo.

–Naoko, ¿a dónde crees que vas? – Preguntó un poco agresivo.

No sabía qué responder, se sentía demasiado aterrada y sentía que la respiración le empezaba a faltar. Toda esa gente, encima con la ballena tapando la luz. Miró a su alrededor buscando una salida rápida, pero mirase donde mirase veía animales enormes y extraños, y un tumulto de gente parloteando sin cesar.

–¡Déjame irme, Mitsukuni! – Empezó a decir cada vez más agitada.

–¡No! – Dijo Honey tajante.

Observó a Honey por un momento, desconociéndolo. No comprendía las cosas que le estaban sucediendo. El joven rubio se dio cuenta de sus acciones demasiado tarde, ella estaba en un estado de pánico, así que aflojó un poco su mano, cosa que instantes después lamentó haber hecho, ya que en cuanto lo hizo Naoko salió corriendo en la dirección opuesta al camino que habían seguido para llegar hasta ahí.

Al realizar lo que había ocurrido, Honey se sentó en el piso del acuario y ocultó su cabeza entre sus manos sonriendo irónico. No sabía por qué la había tratado así, y mucho menos comprendía lo que le sucedía. Por un lado se sentía culpable de sus actos, y por otro no podía dejar de sentir ira.

¿Qué me está pasando?

Los demás no estaban muy lejos de Honey, y mientras caminaban lentamente e iban viendo los diferentes peces del enorme acuario, charlaban tranquilamente.

Mori se sentía perturbado, no estaba acostumbrado a que Honey no estuviera cerca, y tenía un presentimiento de que algo malo estaba ocurriendo. Quería encontrarlo, y rápido.

–Mori-sempai, ¿estás bien? – La preguntó Haruhi. Notaba que estaba preocupado, y era más que evidente que todo se debía a su inseparable amigo Honey.

–Hace frío. – Se contentó con decir el alto joven.

Mitsukuni…¿qué pasa por tu mente?

Haruhi se quedó pensativa, ya que a juzgar por el ambiente lo último que hacía en ese lugar era frío. Empezó a ligar todos los acontecimientos y decidió charlar con Mori al respecto.

–Mori-sempai…¿hace mucho que conocen a Naoko tú y Honey-sempai? –

–Hm. –Asintió Takashi. –Cuando éramos niños, Naoko-chan se quedaba en casa de los Haninozuka por ciertos períodos de tiempo. En ocasiones se iba de viaje con sus padres, pero cuando volvía siempre pasaba tiempo con nosotros. Llegamos a asistir a la misma escuela, y siempre que la molestaban por estar con nosotros la defendíamos. Mitsukuni siempre se ha preocupado por ella. Inclusive nos obligó a llamarla por su nombre, nunca le gustó el keigo*

Mientras tanto, los gemelos le hacían bromas pesadas a Tamaki poniendo bolsas de agua en su ropa, haciéndole cosquillas con algas y asustándolo. Los Hitachiin se reían mucho cuando estaban en compañía de su amigo, y por un momento pareciera que se habían olvidado de las reglas del acuario, hasta que uno de los guardias los reprendió y volvieron a tomar compostura.

–También…está lo que ocurrió hace mucho tiempo entre Naoko y Honey. – Dijo Takashi en voz baja.

Haruhi tardó un poco en comprender la situación. –¿Huh? –

En ese momento llegó Honey, saludando a todos con la mano. Se veía agotado, con ese aspecto maduro que últimamente se empezaba a hacer más notorio.

–Mitsukuni, ¿dónde está Naoko-chan? – Preguntó Mori un poco alarmado.

–Oh, ella…– Respondió Honey fríamente. –No sé, de pronto salió corriendo hacia donde se encuentran los estanques de los predadores. – Continuó indiferente.

Hikaru, Kaoru y Tamaki habían escuchado todo. Hikaru recordó la forma en la que Naoko se había puesto cuando entraron al acuario, y cuando estuvo a punto de preguntarle lo que había sucedido, Mori tomó a Honey de la camisa, mirándolo enojado y sacudiéndolo un poco.

–¡Sabes perfectamente cómo se siente en lugares como éste! – Le espetó Takashi en el rostro. –¡No quise decir nada cuando estábamos en la casa de Fujioka-san! ¿Qué diablos te pasa, Mitsukuni!

Todos se pusieron un poco nerviosos por lo que estaba pasando. Mori y Honey siempre han sido amigos, y nunca se habían peleado así.

–¡Vamos a calmarnos chicos! – Dijo Tamaki muy nervioso, riendo para suavizar el ambiente que se había puesto muy tenso.

–Takashi…– murmuró Honey sin mirarlo. –¿Acaso olvidas tu lugar?

Mori se quedó helado, y lentamente fue soltándolo, para después darle la espalda a su amigo Honey. Haruhi pudo notar lo difícil que era para Mori tener que hablarle así a Honey, pero se asustó al ver que apretaba sus puños con fuerza.

–¿Qué pasa con Kanagaki? – Preguntó Kaoru.

Mori respondió la pregunta. –Uno de sus mayores temores es el océano. Cuando era niña casi perdió la vida en uno de sus viajes por el mundo. También le teme a las criaturas marinas, y como dijo Mitsukuni, corrió hacia los estanques de tiburones. –

Hikaru había comprendido la gravedad del incidente, y se sintió molesto. ¿No era Honey quien se la había llevado lejos del grupo?

Tuvo que contenerse para no querer golpear al chico. No era tonto, y sabía que Honey era el mejor en artes marciales. –Honey-sempai…¿Por qué la dejaste sola? –

Tamaki miró a sus compañeros sintiéndose decepcionado, y se acercó al pelirrojo murmurando en su oído: –Déjalo, necesita estar solo. Ve a buscarla, y asegúrate de que no llore, Hikaru. –

–Tono…–

¿Asegurarme de que no llore? ¿Cómo pretende que haga eso?

Asintió y corrió rápidamente por el acuario. Era un lugar enorme, así que encontrarla no sería lo más sencillo del mundo. Le preguntó a ciertas personas si la habían visto, pero era complicado recordar a alguien entre la gran multitud que abarrotaba el lugar.

Sabía que cada minuto era importante. Siguió buscando y preguntando a las personas que veía, inclusive llegó a pensar que podría estar en el baño.

Lo único que consiguió en el baño de damas fue una cachetada por buscar en lugares en los que un hombre no debe estar.

Estaba empezando a sentirse cada vez más preocupado, y cansado. Se sentó un momento a pensar en dónde estaría si fuera una persona con miedo. Lo primero que vino a su mente fue bajo la cama, pero eso no ayudó en lo absoluto.

¡Maldición! Debo darme prisa…

En ese momento, recordó que no había buscado en el estanque donde se encontraban los pingüinos. Son animales que recordaban a cualquier pato, tal vez eso la asustaría menos.

Miró rápidamente uno de los mapas del lugar y se dirigió hacia el mismo lo más rápido que pudo. Durante su camino empujó a algunas personas, y cuando llegó al estanque vio que estaba lleno de niños con sus familias.

La costumbre siempre ha sido ver, disfrutar, tomar algunas fotografías y retirarse para dejar que otras personas puedan ver el espectáculo. Esperó un poco para que ciertas personas se movieran y poder buscar a Naoko. Un grupo de chicas se movió luego de haberse tomado una fotografía y empezaron a querer ligar con él diciéndole comentarios algo subidos de tono.

Naoko tenía sus manos sobre el grueso cristal que la separaba del agua. Veía a los pingüinos nadar con gracia entre sí, y sintió algo de tristeza por la actitud de Honey. Se vio a sí misma reflejada en el cristal, y recordó lo que había pasado años atrás con el chico. Sintió deseos de llorar, y en eso escuchó una voz que la desconcentró e hizo que respingara.

–Disculpen, busco a alguien. – Dijo Hikaru mientras alzaba su cabeza por encima del grupo de chicas, quienes perdieron rápidamente el interés y se marcharon.

Sintió un dolor en el estómago, y fingió no haber escuchado la voz del pelirrojo, aunque lo buscó por medio del reflejo del cristal, y sintió que sus entrañas le dolían cuando lo vio acercarse hacia ella.

–Disculpe, señorita…¿ha visto a una amazona salvaje por aquí? Dicen que se perdió y que puede ser peligrosa. – Sopló Hikaru en su nuca, cosa que provocó que sintiera escalofríos, pero se volteó y lo miro desafiante.

Empezó a reírse ocultando su rostro en sus manos, sin comprender por qué se sentía tan contenta de que hubiese ido a buscarla, y al mismo tiempo sintió nuevamente deseos de llorar.

Hikaru creyó que estaba llorando, y se sintió totalmente estúpido. –…Oi, era broma, lo s-siento yo…–

–¡Tonto! – Lo interrumpió dando pequeños golpes en su pecho con sus puños mientras reía, aunque sintió que unas lágrimas corrían por sus ojos.

¡Eres un tonto, Hitachiin Hikaru! Pensó Naoko.

Para sorpresa suya, el chico la acercó hacia él con uno de sus brazos. Mientras hacía eso sintió nuevamente esa sensación cálida, pero ya no le resultaba tan desagradable. Percibió un rico aroma a naranjas, y descubrió que era Naoko la que desprendía ese aroma tan fresco. Le gustaba ese olor, de algún modo lo hacía sentir bien. Dejó que Naoko siguiera dándole esos golpes cada vez menos fuertes y finalmente tomarlo de su chaleco sollozando silenciosamente.

–No deberías llorar…– Empezó el chico, quien volteaba a otro lado para no avergonzar a la chica, aunque no pudo evitar sonreír por dentro. –Le prometí a Tamaki que no te haría llorar.

Despeinó un poco a la chica, y en respuesta ella limpió sus ojos con el dorso de su brazo, mirando a Hikaru a los ojos sonriéndole tranquilamente. Con una de sus manos le dio un suave golpe en el hombro, haciendo que el pelirrojo soltara una exclamación de dolor.

–¿Qué hice ahora!

–¿A quién llamaste amazona! – Dijo mientras lo jalaba del brazo y caminaba hacia la salida. – Lamento no poder soltarte, no vaya a ser que se te ocurra lanzarme a los tiburones. Al menos así habrá pruebas del culpable.

Hikaru sonrió y se dejó llevar, diciéndose a sí mismo que tal vez no era tan malo ser quien se es. Tal vez algo bueno surgiría de esto. Lo que más quería era llegar a casa y contarle lo ocurrido a su hermano Kaoru.

Una vez que ambos estaban casi en la salida del acuario, Hikaru se detuvo un momento en la vitrina de la tienda de souvenirs* y entró dejando a Naoko esperándole. Ella intentó ver qué era lo que estaba comprando, pero tuvo que esperar a que saliera.

–Espero con esto le pierdas el miedo a los acuarios. – Dijo Hikaru, tendiéndole un pequeño llavero-peluche de un pingüino.

–¡Claro que le perderé el miedo a los acuarios!¡Siempre y cuando no estés detrás de mí cuando me acerco a los estanques peligrosos! – Replicó la castaña, tomando el pingüino de sus manos.

[Cuarto de Kanagaki Naoko]

Naoko se encontraba con su pijama del sábado, con una toalla alrededor de la cabeza. Tenía el hábito de bañarse dos veces al día cuando salía a algún lugar en la gran urbe que es Tokyo.

Caminó cansada hacia su cama y se tiró en ella boca abajo, demasiado cansada para poder hacer otra cosa. Sobre sus almohadas había dejado el pingüino que Hikaru le había comprado unas horas antes en la tienda de recuerdos del acuario. Estuvo picando la panza del animal de felpa un momento, recordando todo lo que había pasado ese día: la actitud de Mitsukuni, y a Hikaru.

–Sabes, la persona que te compró es un grandísimo tonto. – Dijo dirigiéndose al pingüino con una sonrisa. –Tengo que ponerte un nombre, pero estoy muy cansada…– continuó mientras hundía su cara en las sábanas. Pensó nuevamente en Hikaru y sintió una oleada de calor subir a sus mejillas.

Es una bonita noche, pensó, no hay nubes en el cielo y la luna parece más grande que otros días.

Los minutos pasaron, aunque la verdad no sintió el tiempo correr, y en un rato ya se había quedado profundamente dormida.


Espacio del autor.

*keigo. Palabra japonesa para referirse al indicativo de posición de la persona. (-san,-chan,-sama,-sempai,etc.)

*souvenirs. Palabra francesa para designar a los "recuerdos", tienda de recuerdos.

¡Gracias por haber llegado hasta aquí!

¿Bonito, no? Bueno yo lo escribí, tal vez no sea lindo. No todo fue lindo, ¡la actitud de Honey me sorprendió! ¿Y a ustedes?

¿Qué es lo que ocurrió en el pasado entre Honey y Naoko?

¡Averiguémoslo juntos en el próximo capítulo! Dejen sus review por favor, necesito palabras de apoyo. Bueno anímicamente estoy bien pero ya saben de lo que hablo. En mi blog pondré una lista de las canciones adecuadas para éste capítulo, creo que lo merece.

¡Gracias por haber leído! ¡Cuiden de mí por favor!

P.D. Saludos a los lectores de México, Chile, El Salvador, España y Argentina.

DaemonLover.