Espacio del autor.

¡No puedo creerlo! Más de cinco mil palabras... ¡Eso es mucho!

Es un capítulo largo. Muy largo. No quiero que todos sean así de largos. Pero lo disfruté mucho. En este tuve que pasar gran parte del día esribiendo.

¡Por fin sabremos lo que sucedió entre Naoko y Honey!

¡Nos vemos al final del capítulo sigan leyendo por favor!


[De vuelta al domingo en la mansión Hitachiin]

Hikaru escuchó que su hermano se estaba levantando en la habitación contigua, y fingió seguir dormido para seguir pensando en si era una buena idea todo eso de visitar a Mori. Sintió algo de temor por descubrir cualquiera que fuese la razón para Honey de actuar así, pero prefería arriesgarse para evitar quedarse dubitativo.

Mientras tanto, Kaoru se sentó en el comedor y esperó a que las sirvientas le trajeran su desayuno. Al otro extremo de la larga mesa se encontraba su madre, sentada justo en la cabecera. Estaba leyendo algún diario en un idioma extranjero, y bebía su habitual taza de café importado.

A su derecha se encontraba sentado el padre de los gemelos, con sus pensamientos inmersos en un enorme libro. Sin embargo, luego de unos segundos percibió a su hijo sentado del otro extremo de la mesa y sonrió.

–Buenos días hijo. ¿Tu hermano sigue dormido a esta hora? – Preguntó mientras le ponía mantequilla a un pan de centeno tostado.

El señor Hitachiin era un hombre sencillo, que se había casado con una mujer de temperamento fuerte. A pesar de tener una cantidad copiosa de dinero, le gustaban los sencillos desayunos europeos, americanos e inclusive japoneses. Sabía que siempre estaban ocupados él y su esposa como para pasar mucho tiempo con sus hijos, y el hecho de que estuvieran los cuatro en la casa era excepcional. Para su fortuna su esposa había cancelado un viaje de último minuto a una pasarela exclusiva en Barcelona, aunque no sabía que intentaría cubrir su tiempo libre con más trabajo.

–¿Kaoru es un holgazán entonces? – Pregunto la madre de los chicos sin levantar su mirada del periódico.

–Madre, Kaoru soy yo. – Dijo el joven mientras empezaba a desayunar con aire aburrido.

No le gustaban estas reuniones familiares, su padre se esforzaba por hacerlos sentir bien mientras que su madre siempre terminaba arruinando todo. Era una persona trabajadora, cierto, pero como madre había cometido muchos errores. Errores que seguía cometiendo en el presente.

La mujer dejó un momento el periódico y cruzó sus manos mirando a su hijo. Se sintió algo culpable por haberlo confundido con Hikaru, pero suspiró silenciosamente y se levantó de la mesa.

–Estaré trabajando en mi oficina. No quiero que nadie me moleste, y no olviden decirle a Hikaru que debería empezar a levantarse más temprano. Ya no es un niño de cinco años. – Dijo antes de marcharse del comedor.

Kaoru dejó su tenedor sobre el plato y miró a su padre en búsqueda de algún comentario agradable.

–No la presiones, hijo. Sabes que tu madre se esfuerza por mantener esta familia con las comodidades que han tenido hasta ahora…

El pelirrojo se disponía a replicar cuando llegó su hermano secando su cabello con una toalla, aún con aspecto desvelado. Se sentó al lado de su hermano y empezó a servirse de lo que habían preparado esa mañana.

–Papá, ¿mamá se va a quedar en casa? – Preguntó mientras le daba un mordisco a su panquecillo.

El señor Hitachiin sonrió. Había muchas diferencias entre sus dos hijos, y algún día su esposa sería capaz de percibirlo. –Eso parece ser, Hikaru. Te veo algo cansado, ¿dormiste bien anoche? – Dijo el hombre un poco preocupado.

–Hm, noeh naba. –Respondió Hikaru con el restante del panecillo en la boca. Tragó dificultosamente y siguió sirviéndose más comida.

Después de haberse servido una porción considerable de pie de manzana, su padre rió ligeramente mirando algo escéptico toda la comida que su hijo tenía pensado ingerir.

–¿De verdad piensas comer todo eso? Vas a ponerte enorme hijo, y eso no les gusta a las chicas. –

Hikaru murmuró algo semejante a "las chicas son una molestia", aunque debido a la comida era imposible adivinar sus palabras exactas.

Una de las empleadas empezó a tomar los cubiertos usados por la madre de los chicos, en ese momento logró ver la primera plana del periódico. No supo a ciencia cierta la razón por la que sintió una corazonada.

–Espera, dame eso. Hace tiempo que no leo el periódico. –

Kaoru también se acercó más a su hermano para poder leer, y en cuanto el periódico estuvo entre sus manos supo que algo andaba muy mal. Hikaru no lograba entender la integridad el capítulo, no era muy bueno con los idiomas, pero su hermano gemelo era un as.

–Hikaru… ¿entiendes lo que acaba de ocurrir? – Preguntó Kaoru con una expresión preocupada.

–La verdad no. Sólo entiendo que hubo un accidente, y se presume que haya varios muertos…– Hikaru observaba las fotografías del accidente, esperando que su hermano le tradujera la noticia completa.

–Eso es más grave de lo que parece. Supuestamente fue afectada una zona protegida, en la cual varios investigadores entre ellos un matrimonio japonés están desaparecidos. Hikaru, ¿no dijo Honey-sempai que los padres de Naoko estaban en el extranjero realizando investigaciones? –

Ambos chicos tragaron saliva, y estaban tan confundidos que no notaron que su padre estaba tras ellos leyendo la noticia desde su posición.

–Chicos, no se alarmen. Seguramente se trata de un malentendido, ya verán que todo saldrá bien para su…amiga. ¿La conozco?

Kaoru regresó a la realidad y dejando el periódico en manos de su hermano, se levantó y llevó a su padre un poco más lejos.

–Padre, sé que has esperado toda tu vida para este momento. Verás…hay una chica en la escuela y…

Pero su padre fue más rápido que él. Sus ojos brillaron debido a las lágrimas, y abrazó comprensivamente a su hijo, dándole esas palmadas masculinas en la espalda. Luego, lo tomó de los hombros y lo observó conteniendo el llanto.

– ¡Kaoru! Te has convertido en un hombre. ¡Esperé toda mi vida para tener que darles consejos a ti y a tu hermano sobre las mujeres! Y el día finalmente llegó. ¡Me siento tan orgulloso que creo que voy a llorar! – Dijo mientras en su cabeza iban y venían recuerdos de los gemelos cuando eran pequeños…vestidos de chica.

Siempre pensé que terminarían siendo homosexuales. ¡Me alegra tanto ver que no fue así!

–¡No se trata de mí, viejo! – Susurró Kaoru a toda velocidad para que Hikaru no escuchara nada. – Se trata de Hikaru, creo que no se ha dado cuenta de que una chica le agrada. Pero sospechamos que ese matrimonio que se encontraba en el lugar de las inundaciones son los padres de Naoko…

El señor Hitachiin observó la nuca de Hikaru. Ciertamente se veía preocupado, así que empezó a elaborar un plan.

De algún lugar conocido como "la nada" sacó un par de cascos militares y los colocó en las cabzas de sus gemelos. –Una chica triste es el blanco más fácil. Se sentirá sola y desesperada, así que es justo el momento en el que el hombre debe estar ahí para secar sus lágrimas. ¡Hikaru, Kaoru! Lo que deben hacer es ir lo más pronto posible a la casa de esa joven y escucharla. – Repentinamente, cambió su tono de voz a uno mucho más meloso y femenino. Juntó sus labios haciendo un ademán de beso. –Luego, cuando estén a solas con ella le dan un beso y…– El viejo no pudo terminar la frase, ya que en ese mismo instante sus hijos le devolvían los cascos directo al rostro de forma violenta, haciendo que su nariz cambie de forma y sangre.

[Residencia Kanagaki]

Naoko estaba escuchando música recostada en el pasto, justo a un lado del estanque de su jardín. La sombra de un árbol cubría parte de su cabeza, pero gracias a ello lograba ver destellos de luz entre las hojas. Siempre le daba por escuchar su música a un alto volumen, y debido a los audífonos le era imposible escuchar cualquier otro sonido a su alrededor. Era como transportarse a una realidad alterna.

Portaba un short azul rey y una blusa blanca sin mangas. Podría decirse que es una blusa interior, pero no le importaba mucho ya que estaba en su propia casa.

Era curioso, los empleados no tenían órdenes estrictas de limitar su libertad, y eso le gustaba. Podía ir a donde le placiera. Sus padres nunca pensaron que podría tener amigos, por eso las restricciones eran muy pocas. Seguía tomando sus clases de esgrima ocasionalmente, pero prefería quedarse en casa tirada en el pasto todo el día…o salir con el Host.

Sus piernas estaban cálidas debido al sol, y con esas comodidades cerró los ojos disfrutando de la música.

Pasaron algunos minutos, cuando sintió un frío repentino en sus piernas. Abrió sus ojos y vio que una sombra se proyectaba en las mismas. Siguió la sombra y descubrió que alguien estaba parado muy cerca de ella. Debido a la posición de la persona, no pudo distinguir bien su rostro, pero la misma empezó a agacharse a su lado y cuando estuvo bajo la sombra del árbol, pudo ver que era Mitsukuni.

Naoko retiró sus audífonos y se sentó, sintiéndose un poco avergonzada por estar vestida de esa forma tan casual y no haber notado la llegada del chico. Ninguno de los dos tenía el valor de empezar una conversación, así que simplemente se quedaron observando el horizonte en silencio.

Disfrutaba la compañía del joven, a pesar de ser más joven que él desde chicos habían convivido mucho. A pesar de las cosas que hubieran podido ocurrir en el pasado, seguía estimándolo mucho. Era una de las personas que siempre la había defendido, y también una de las que le había causado daño.

–Lo siento. – Dijo finalmente el chico con mirada melancólica. –Lo que hice ayer es…¿imperdonable cierto? Pensé que no volvería a lastimarte después de aquél día, pero volví a hacerlo. Te dije que nunca dejaría que algo malo te sucediera… Es sólo que no sé lo que me está ocurriendo.

–Mitsukuni… la verdad es que sentí que no te conocía, nunca habías actuado así. – La chica miraba sus propios pies, no quería ver al joven a la cara.

No era como si no lo fuera a perdonar, pero prefería no avergonzar a su amigo en esos momentos.

–Sabes…– continúo Honey. – supongo que simplemente estoy celoso.

Naoko no comprendía las palabras de Mitsukuni. No tenía sentido, no después de lo ocurrido años atrás. Su semblante se tornó serio. No le gustaba que le hicieran ese tipo de bromas.

–Mitsukuni… ¿de qué hablas? – le dijo fríamente. Puso una de sus manos sobre su frente e hizo su cabello hacia atrás, le daba la sensación de despejar su mente. – Sabes que no me gustan ese tipo de juegos.

Honey sabía que no sería sencillo decirle lo que estaba a punto de decirle, pero si no lo hacía sería peor para todos, incluso para él mismo. Se sintió un tanto mal, sabía el shock que sería para Naoko enterarse. Es como si después de los años la vida te cobrara por todo lo que pudieras haber hecho.

Suspiró tranquilo y dirigió una de sus manos hacia la mejilla de Naoko, delineándola despacio. Este gesto provocó que se sonrosara un poco, pero aunque no retiró su mano de ésta sí se volteó para tenerlo de frente.

Naoko estaba empezando a sentirse incómoda, sentía que su corazón palpitaba rápidamente, y eso la molestaba. No quería recordar aquellos días. – ¿A qué crees que estás jugando?

–No estoy jugando. Simplemente quise tocarte. – Le respondió el rubio acercándose un poco más a ella. –Pero te agrada, ¿cierto? No me has rechazado…– continuó rozando uno de sus labios.

La chica se sonrojó violentamente y sintió como si su corazón fuera a detenerse de latir tan rápido.

¿Qué crees que estás haciendo! ¡No! ¡No ahora, no después de lo que me hiciste!

–¡Suficiente! – Gritó bastante molesta. –¡No entiendo tus acciones! ¡Toda la vida me has dejado en claro que somos amigos! ¿Y ahora pretendes comportarte diferente? Crees que puedes llegar y hacer las cosa que quie…

–Me gustas. – La cortó Honey, bajando su mano del rostro de Naoko y cerrándola contra sus rodillas. Era inevitable que se lo dijera, se sentía celoso cada que la veía con Hikaru. Pero no podía decirle nada del pelirrojo, sólo provocaría que ella se le acercara más. Y eso era intolerable.

¿Qué! Esto no puede estar pasando…

–¡Escucha las tonterías que estás diciendo Mitsukuni! ¿Esperas que crea eso, después de lo que hiciste? –

Sus ojos ya no respondían, era como si alguien hubiese abierto un cofre que ella misma hubiese cerrado tiempo atrás. Su cabeza le dolía, le daba vueltas. Eran demasiadas emociones en tan poco tiempo. Empezó a llorar descontroladamente, con sus manos cubriendo su cara. Sentía que su corazón le dolía.

–Sabía que reaccionarías así Naoko, pero prefiero tomar el riesgo. Ahora ya lo sabes. – Dijo mientras empezaba a levantarse y sacudía el pasto que se había quedado en su ropa. – Tardé demasiado en darme cuenta, o tal vez es reciente. No lo sé, pero en verdad me gustas.

Empezó a caminar con paso lento, poniendo sus manos dentro de sus bolsillos. Antes de irse se detuvo un momento.

–Naoko… algún día de estos, iré a buscarte y te pediré que seas mi novia. No quiero una respuesta ahora, pero durante el tiempo que reste haré que me perdones, y que te enamores de mí. Ojalá lo tengas en mente, tal vez lo que sentías por mi sigue ahí. Nos veremos luego.

La chica de cabello castaño sintió que no podía seguir llorando tras haber escuchado esas palabras. Limpió sus lágrimas y sintió deseos de llamar a Mitsukuni para que volviera, pero su voz no salió. Sólo le quedó verlo alejarse, y en su cabeza surgieron miles de preguntas. En verdad se sentía confundida.

[En la casa de los Morinozuka]

Parecía que en el doujo de los Morinozuka reinaba una atmósfera de paz y armonía con el universo.

Hikaru y Kaoru se sentían bajo presión cuando estaban en presencia de alguien tan taciturno como Mori. Estaban sentados sobre el parquet de una de las tantas habitaciones estilo japonés que albergaba la totalidad de la propiedad de los Morinozuka, y frente a ellos estaba un kotatsu, en el cual estaban dos tazas de té, preparado por el mismo Mori, claro está.

Takashi parecía estar pasando por una crisis emocional. Pelearse con Honey de esa forma no era algo que disfrutara, al contrario era algo que lo hacía sentir una mala persona. Pero ese cambio en su amigo no hacía más que preocuparlo. Sabía lo que le sucedía, y tenía que buscar una forma de hacer que su amigo volviera a ser el Mitsukuni de siempre.

–Kaoru dijo por teléfono que querían preguntarme algo importante. – Dijo Mori mirando a los dos con ese aspecto de un diplomático serio.

–Verás Mori-sempai… Hoy en el periódico vimos acerca de un accidente en la India, y al parecer un matrimonio de científicos japoneses se encontraba en el lugar al momento de los hechos. Pensamos que...tal vez…–Pero Kaoru no quiso continuar, era complicado hablar de conjeturas de esa índole.

Mori dejo de beber su té. Volvió a ver a los gemelos buscando mayores explicaciones, pero era imposible leer sus rostros, sólo percibía preocupación.

–…¿India, dices? Hikaru-kun, Kaoru-kun…tal vez no lo sepan, pero los padres de Naoko no trabajan en India, están actualmente en Sudáfrica, haciendo unas muestras sobre los mantos acuíferos que encuentran en la planicie. Pero me alegra que se hayan preocupado, y que hayan venido hasta aquí para exponerme sus dudas. –

Ambos gemelos suspiraron aliviados. Pensaron lo peor, pero era mejor que haberse hecho falsas esperanzas. Por fortuna todo había sido un malentendido. Hikaru rió en voz baja mientras su hermano despeinaba su cabeza.

–¡Vaya, menos mal! – Dijo Hikaru sintiéndose un poco más ligero.

–Mori-sempai, lamentamos haberte preocupado. Debemos irnos, nos vemos mañana en el Host Club, ¿vale? –

Mori asintió serenamente. Le hubiera gustado contarles lo sucedido en el pasado entre Mitsukuni y Naoko, pero consideró que no sería prudente hacia Hikaru. Al parecer aún no se daba cuenta de lo que ocurría realmente, era algo que tenía que hacer él mismo.

[Cuarto de Naoko Kanagaki]

Naoko intentó llamar en varias ocasiones a Honey, pero lo único que conseguía era que la contestadora le dijera que podía dejar un mensaje después del tono. No tenía deseos de encararlo, y tenía que contarle a alguien lo que había ocurrido. Mejor dicho, todo: desde lo que sucedió en el pasado hasta lo que acababa de pasar.

Ese día, más que nunca, necesitaba una amiga.

Entonces recordó a Haruhi, pero al no haber intercambiado números anteriormente le sería complicado. Era una chica con dinero, y chofer. Podía recordar perfectamente el camino hacia su departamento.

Sólo espero que esté en casa…pensó.

Tomó su bolso y empezó a dar órdenes a los empleados, quienes la miraron extrañados por su comportamiento. Quería que todo se hiciera como debía ser: su baño debía estar listo cuando volviera, al igual que varios litros de helado de diferentes sabores. Tal vez había sido un poco ruda al momento de dar las órdenes, pero se sentía gravemente afectada por la confesión de Honey.

Llamó a Richard esperando en la puerta a que llegara con el auto.

No muy lejos de ahí, Honey observaba a la chica desde una de las ventanas de su casa. Se preguntaba si iría a ver a alguien en particular. La vio subirse al auto, así éste irse alejando por la calle privada hasta perderse de vista.

Seguía sintiéndose culpable por lo ocurrido, aunque no podía evitarlo. Se dijo a sí mismo que haría lo posible por hacer que Naoko volviera a tener sentimientos hacia él. Bajó la mirada y se retiró de la ventana.

[Tienda de ofertas cercana al departamento Fujioka]

Haruhi se encontraba escogiendo algunas verduras mientras su padre, en esta ocasión vestido como un hombre, cargaba el canasto para que su hija no se esforzara.

Mientras colocaba ciertas cosas en la canasta, su padre charlaba acerca de cómo le iba en el trabajo. La verdad, no le gustaba escuchar esas historias. –Papá, no era necesario que vinieras. La casa está a una calle de aquí. – Dijo Haruhi. –Además yo puedo hacer esto sola. –

–¡Haruhi sigo siendo tu padre! – Respondió Ranka algo ofendido.

Pasaron a pagar por los productos que habían comprado y en regalo por ser clientes frecuentes recibieron cupones de descuento y una pulsera de tela Lescafé. Haruhi guardó los cupones y la pulsera en su monedero, y después de la insistencia de su padre por cargar las bolsas, volvieron a casa.

Ranka vio un carro estacionado cerca del departamento, y por un instante creyó que se trataba del entrometido de Tamaki. Le dio las bolsas a su hija para que las detuviera un momento y se dirigió hacia éste, al mismo tiempo que la ventana empezaba a bajarse.

–Buenas noches se…– Empezó Naoko.

–¡Si vuelves a aparecerte voy a romper tu cara y serás el Host sin dientes! ¿Entiendes? ¡No te vuelvas a acercar a mi hija o…!

–¡Espera! No es Tamaki-sempai , es Naoko-san, una compañera de Ouran.

–¿Compañera? ¿Es mujer? – Preguntó Ranka volviéndose hacia su hija.

En la profesión del padre de Haruhi, el ser compañera no te hacía mujer necesariamente.

Richard bajó del auto para abrirle la puerta a Naoko. Bajó del auto y tuvo que hacer una reverencia mientras se presentaba. Odiaba demasiado hacerlo pero necesitaba hablar con Haruhi, y pedirle consejo.

–Kanagaki Naoko. Mucho gusto señor Fujioka. – Dijo mientras volvía a levantarse.

Ranka no se vió del todo convencido. Miró a la chica de pies a cabeza, le dio varias vueltas y después de un momento asintió a su hija alzando el pulgar en señal de aprobación.

Una vez dentro del departamento, el padre de Haruhi se dedicó a guardar las cosas en el refrigerador, aunque era pésimo y en ocasiones tuvo que aplastar los tomates para que el brócoli pudiera caber encima. Quería hacerlo bien para que su hija pudiera hablar con su primera amiga oficial.

Ambas estaban sentadas alrededor de la mesa. Naoko estaba cabizbaja, sentía algo de pena contar su vida, pero sólo alguien que sabe todo lo que sucede sería capaz de ayudarla.

–Tengo que contarte algo…espero no molestarte con esa petición. Quisiera que me escucharas, y si fuera posible, me ayudaras a aclarar mi cabeza. – Empezó la chica.

Para Haruhi era la primera vez que una chica iba en búsqueda de su ayuda. Generalmente iban con el Host Club, esta vez tendría que lidiar con esto ella sola. Mientras tanto, Ranka empezaba a preparar café instantáneo, recargado en una de las paredes de la cocina observando a las chicas. El departamento era tan pequeño, que prácticamente Naoko estaría contándole todo a Haruhi y a su padre.

Naoko suspiró largamente y empezó a contar su historia. Bueno, no precisamente su historia, pero sí lo que había sucedido con Honey.

[Flashback]*

Una niña se encontraba llorando tras un árbol, en lo que parecía ser un pequeño bosque. En realidad se trataba del área verde de la institución, pero en las escuelas prestigiosas siempre hay espacios grandes para que los alumnos puedan explayarse.

En sus manos escondía una hoja arrugada, en la que había una mariposa dibujada con crayones de cera. Gruesas gotas de lágrimas caían sobre sus manos, y su nariz empezaba a moquear.

Luego de un momento llegó Honey, y se agachó a su lado.

–Naoko-chan… ¿Por qué lloras? –Dijo el niño intentando verle los ojos.

–Papá y mamá no estarán presentes para el festival de primavera…tienen que irse…me van a dejar sola otra vez. – Sollozaba la pequeña Naoko, apretado cada vez más fuerte su dibujo.

–Naoko-chan, vas a quedarte en mi casa, así que no estarás sola. Takashi y yo cuidaremos bien de ti. No llores, ¿sí? – Continuó intentando animar a su amiga. –Si dejas de llorar te prometo que iremos los tres juntos al jardín botánico que querías visitar…

Años más tarde, Naoko, que ya tenía trece años, estaba de regreso después de un viaje a Europa. Estuvo pensando mucho tiempo sobre lo que quería hacer cuando volviera a ver a Mitsukuni y a Takashi, especialmente al rubio.

Una vez que hubo llegado el auto frente a su casa, bajo corriendo hacia la casa de su amigo con una carta en la mano. Mori no vivía tan cerca, y quería aprovechar el momento para estar a solas con Honey.

Cuando se encontró frente a la puerta, tomó algunas piedras y empezó a golpear la ventana de Mitsukuni. No era muy buena con su puntería, y la mayoría de las piedras caían sobre su cabeza.

–Mitsukuni, ¿me piensas dejar aquí toda la noche? – Gritó la joven. –¡Está muy oscuro y sabes que eso no me gusta!

En ese momento detrás de ella escuchó un ruido extraño, pero antes de que pudiera voltearse para ver de lo que se trataba, salió Honey disparado hacia ella, abrazándola.

–¡Naoko, Naoko! ¡Usa-chan y yo te extrañamos mucho! – Dijo con voz melosa. – ¡Tardaste mucho en escribirnos! Adivina, hoy Usa-chan y yo nos comimos todas las reservas de dulces que había en la cocina.

–¡Mitsukuni! Ya estás grande para andar comiendo esas cosas, tienes quince años. ¿Qué si te sale una caries? –

Ambos rieron al imaginarlo con agujeros en sus dientes, y empezaron a caminar por los jardines de las propiedades de la familia Haninozuka. Había algunas luciérnagas, y jugaron un rato a atraparlas con sus manos.

A pesar de su edad, cada vez que se veían volvían a ser niños…en cierta parte. El viaje a Europa había hecho que Naoko cambiara un poco, ahora tenía la dignidad de tomar un peine, aunque siempre recogía su cabello. Las compañeras que tenía en su clase le decían que era una cuatro ojos, típico comentario hacia las personas que usan lentes.

Durante toda su estancia en el Viejo Continente, había tenido oportunidad de escribir desde varios lugares a sus amigos. A Takashi siempre le contaba acerca de los castillos que visitaba, de la impresionante arquitectura de todas las ciudades; mientras que a Mitsukuni le describía a detalle el sabor de las crepas y los turrones. Sentía que extrañaba a sus amigos, por eso regresó antes de tiempo a Japón.

Los dos ya se habían cansado de correr tras los pequeños insectos parpadeantes, así que se sentaron en un tronco cercano.

Honey notó que Naoko estaba ocultando algo en una de las bolsas de su pantalón, así que le preguntó si era otra postal.

La chica tragó saliva y se paró bruscamente. Sintió como si alguien hubiera estado jugando con su termostato interior y hubiera subido la temperatura a su máxima capacidad. Se sitúo frente al rubio, y aunque su voz temblaba como si estuviera en la Antártida, habló decidida.

–Verás…quiero que…bueno, tu… ¡Mitsukuni! – Dijo repentinamente subiendo su voz, cosa que hizo que el joven respingara asustado y abrazar a su conejo.

Los ojos de Honey indicaron temor. –¡Naoko! ¡Nos estás asustando a Usa-chan y a mí! –

–¡Mitsukuni…me gustas! – Mientras agachaba su cabeza, le tendió la carta que tenía en sus manos.

Todo su cuerpo temblaba, no podía escuchar más nada que el sonido de su corazón latiendo rápidamente. Esperó unos momentos que Mitsukuni hablara, pero al ver que no decía nada ni tomaba su carta, levanto su cabeza.

–Naoko… A mí y a Usa-chan nos gustan las cosas dulces y bonitas. – Empezó en voz baja.

¿Qué está diciendo? No comprendo sus palabras…

Era como si todo a su alrededor fuera turbio. No escuchó a ciencia cierta lo que decía, sólo veía que movía sus labios, y agachaba la mirada para darse media vuelta y alejarse.

–Lo siento. – Fueron sus últimas palabras.

Vio su silueta desaparecer lentamente en la oscuridad, mientras la única luz que le quedaba eran las luciérnagas que parpadeaban a su alrededor.

Sintió que todo se quedaba oscuro, y nuevamente la sensación de soledad se apoderó de ella. Pensó que tenía sentimientos correspondidos, que Mitsukuni también sentía algo por ella. Siempre la había defendido de las personas que la hacían llorar, procuraba que siempre estuviera sonriendo, siempre estaba con ella. Siempre… ahora esa era una palabra que sonaba muy lejana.

Al día siguiente fue a esperarlo a la salida del colegio. Siempre iban juntos camino a casa, y pensó que si le decía que olvidara lo que había dicho un día antes todo volvería a la normalidad.

Honey estaba con Takashi, nada nuevo. Junto a ellos estaba un grupo de chicas que se dedicaba a cumplirle a Mitsukuni toda clase de caprichos, como comprarle los pastelillos y dulces que en su casa estaban prohibidos.

Se disponía a llamarlo cuando sintió que alguien la empujaba para pasar. Cuando iba a lanzar una réplica vio que eran unos gemelos que estaban inmersos en unas consolas de videojuegos. Les espetó que tuvieran cuidado pero ni siquiera le dirigieron una mirada, razón por la cual no vio sus rostros.

Buscó nuevamente a Mitsukuni con la mirada y cuando llamó por su nombre éste se detuvo. Takashi ya estaba enterado seguramente de lo ocurrido, así que saludo a Naoko de forma natural.

–¿Vamos a salir a algún lado hoy? – Preguntó el alto chico.

Era bien sabido que Takashi tenía muchas admiradoras a donde quiera que fuera, y un grupo de admiradoras cuchicheaba velozmente observando desde las sombras.

–¿Por qué no vamos a comer a algún lado, tú qué dices Mitsukuni? – Dijo la joven, pero cuando estaba a punto de poner su mano en el hombro de Honey éste se movió de lugar.

Miró a Mori, ignorando por completo a Naoko. –Takashi, Usa-chan y yo vamos a comer muchos pasteles todo el día, por eso debo llegar rápido a la casa. Nos vemos mañana, ¿de acuerdo? –

Tanto Mori como Naoko se quedaron callados, un auto ya esperaba por Honey. Ninguno de los dos impidió que se fuera, pero una vez que se hubo retirado, la chica se echó a llorar mientras Takashi acariciaba su cabeza en silencio. No podía hacer nada por ella, más que escucharla.

[De vuelta al departamento de los Fujioka]

–Y así sucedió todo. – Dijo finalmente la chica, algo agotada. – Bueno, podemos añadirle que hace unas horas Mitsukuni confesó que le gusto. – Añadió finalmente.

Haruhi tenía la cabeza que le daba vueltas. No comprendía cómo alguien podía vivir tantas cosas en tan poco tiempo, y mucho menos se le ocurría una forma de ayudarla. Nunca hubiera imaginado que Honey-sempai tuviera un pasado semejante.

Ranka estaba arrodillado al lado de Naoko, y tomaba sus dos manos contra las suyas mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. Tenía una mirada brillante, y llorando más ruidosamente dijo:

–¡Naoko-chan todo eso es tan triste! ¡Y tan dramático a la vez! Tu primer amor vuelve a ti diciendo que te ama después de tantos años… ¡Uwaah! – Sollozaba Ranka, mitad hombre mitad mujer.

La chica miró a ese hombre con algo de miedo, soltando sus manos con una risa nerviosa. Antes siquiera de darse cuenta, Ranka ya estaba repuesto y con la mirada brillante empezó a dar consejos como todo un capataz experimentado.

–¡El corazón de una mujer es una joya valiosa que nadie debe lastimar! ¡No cedas tan fácilmente! Intentará seducirte, llevarte con él y te prometerá una casa y un futuro. ¡No confíes en los hombres! –

Conforme hablaba Haruhi y Naoko se imaginaba sus palabras aplicándolas en las situaciones actuales, y ésta última sintió que se quedaba pálida cuando Ranka empezó a mencionar otro tipo de cosas.

–¡Querrá que tu y él ****! Pero una buena mujer nunca da su ****, ¡nunca!

Haruhi golpeó a su padre con un sartén, haciendo que Ranka se arrastrara como una oruga hacia su habitación, creando un nuevo rincón para hongos.

–Pero Naoko, ¿Te gusta Hikaru, no? – Dijo Haruhi de la forma más directa que existe.

–¡Huh! ¿Gustarme? ¿De qué hablas, Haruhi?

–Bueno, siempre están peleando, y cuando estábamos en el acuario se preocupó mucho por ti… pensé que tenías sentimientos hacia él pero si me equivoco, lo siento.– Continuó la joven de cabello corto.

Naoko frunció el ceño como un perro arrugado, rascando su cabeza empezando a recordar todo lo sucedido.

En verdad no entiendo de qué habla…

–¡Oh! Naoko, ya sé. Te daré algo para que te sientas mejor…

Haruhi urgó en su monedero, y sacó de éste un pequeño listón rojo. Tomó la muñeca izquierda de Naoko y ató la pulsera a ella. Haruhi le sonrió, y Naoko sintió que en verdad había encontrado una amiga.

Se sintió un poco cohibida por el acto, pero decidió agradecerle: –¡Haruhi! Muchas gra…– Se detuvo en seco.

Cuando miró su muñeca y vio la pulsera se quedó sin habla.

¡¿Lescafé?!


Espacio del autor.

¡Gracias a mi primer reviewer! ¡Sugarskull!

Así es quería darte las gracias inclusive aquí. También agradezco a todos los que han leído la historia y la han apreciado. Para este capítulo seguro que escuché muchas canciones, pero eso ya lo veremos en el blog.

Respecto al capítulo. Fue muy largo escribirlo, había momentos en los que tenía que cambiar ciertas cosas para no alterar mucho el orden del universo. (Eso sonó tan freak)

¡Me gustaría saber que piensan de todo el capítulo! ¿Qué les gustó mas?

Agradezco infinitamente a mis musas, y a mis lectores de México, España, Chile, El Salvador, Argentina y ahora también Perú. Me siento muy afortunada de tenerlos como lectores.

¿Qué sucederá a partir de ahora? ¿Cómo se desarrollará esta historia de vuelta al Instituto Ouran luego de un fin de semana de locura? ¿Lograrán Hikaru y Naoko darse cuenta de sus propios sentimientos? ¿Qué hará Honey para lograr conquistar a Naoko?

¡Descúbranlo en el próximo capítulo! ¡Cuiden de mí por favor!

DaemonLover