LA INMORTALIDAD TE QUEDA

SUMARIO: Post-Amanecer. Aro continúa la persecución, los Cullen, en especial Bella son más peligrosos de lo que pensaba, ella para salvar a su familia enfrentará el dilema de ceder a los deseos de un vampiro siniestro y hermoso, aunque implique no volver a enfrentar la mirada de su amado. ¿Mala suerte o predestinación?

ALERTA: SPOLIERS de Crepúsculo, Luna Nueva, Eclipse y Amanecer.

DISCLAIMER: Edward y Bella con todos sus personajes asociados son propiedad de Stephenie Meyer, la trama y desvaríos son míos. Los textos de libros originales a que hago referencia están citados entre comillas en cursiva.

Clasificación: M. Atención, lenguaje y situaciones de adultos.


CAPÍTULO 15 - ABANDONAR LA PIEL DE OVEJA

Edward no pudo interpretar ni el primero ni los subsiguientes mensajes cifrados que enviaban Félix y Demetri a Aro. Intentó los procedimientos ya aplicados por Carlisle y ensayó cuantos nuevos pudo imaginar, y nada, era un código incoherente, seguramente, no seguía un parámetro lógico detectable. O quizá era sólo una forma de despistarles y ellos se estaban comunicando por otro medio.

Después de que Bella le besara en público en medio de la familia y los inquisidores, ellos habían dejado de hacer esas reuniones, para alivio de todos; pero ahora les abordaban de forma individual, cuando estaban en medio de sus actividades diarias o a punto salir, en cualquier situación y parte les cogían desprevenidos; ya Emmett les había esquivado por decimosexta vez y Jasper, que no los toleraba por las sensaciones que emanaban de ellos, estaba exasperado porque estaban empeñados en desentrañar como operaba su don, cuando él mismo ni siquiera lo sabía. Ya estaba harto de repetírselos.

Ignoraban más a aquellos que consideraban desprovistos de dones, a Edward no le toleraban y en cierta forma le temían, y Félix estaba desesperado por encontrar la forma de hablar a solas con Bella, pero parecía misión imposible; Edward y Alice se habían propuesto estar permanentemente con ella, se rotaban ser sus niñeros y no la dejaban desamparada ni un instante. Y además con Renéesme, esa niña tan intrigante, que parecía entenderlo todo pero guardaba sabio silencio, no era posible hablar frente a ella.

Sin embargo, Félix detectó que había un momento en la mañana en que, mientras Renéesme asistía a sus clases con Esme, Edward atendía asuntos de sus negocios, Carlisle trabajaba en el hospital y Alice estaba en su proyecto de una nueva línea de ropa infantil para su sobrina, Bella se refugiaba en el despacho de Carlisle, sola, completamente sola.

Llevaba varios días sondeando sus rutinas y horarios habituales, eran algo variables, no se explicaba cómo Edward y Alice habían bajado la guardia en ese preciso momento del día, una hora aproximadamente, en la cual precisamente, ella se encerraba en ese lugar lleno completamente de libros y obras de arte.

Seguramente leía —pensaba Félix —y trataba de imaginar los temas, las líneas y las palabras que recorrían esos ojos color miel y topacio, de la forma misma en que querría ser él recorrido por esa mirada.

Se estremeció, estaba dejando ir demasiado lejos esos sentimientos que le agobiaban, de noche, de día, a todas horas, sabiéndola cerca y deseándola con tal intensidad. Era extraño pero Demetri le había dejado entregarse por completo a esos sentimientos desesperados, no le importaba que con ello pusiera en riesgo la misión, quizás Aro lo sabía, y esperaba que él actuase de alguna manera, quizá ellos aprobaran lo que planeaba hacer, porque no se iba a cruzar de brazos y dejar que Bella se revolcara en los brazos de Edward cuando la quería para sí.

—Maldito Edward —exclamaba en voz baja, con furia.

Pensaba que su plan tenía que funcionar, claro que sí, Bella parecía mejor dotada de habilidades que cualquier otro vampiro neófito que hubiera conocido, y en medio de su fuerza, tenía esa especie de vulnerabilidad que la hacía tan interesante, tan atrayente… era ingenua, mucho.

Finalmente sólo llevaba a lo sumo, diecinueve años sobre el planeta tierra, le faltaba mucho por madurar, nada comparado con los siglos que él mismo llevaba sobre sus espaldas, Edward era aún demasiado joven para considerarse que pudiera hacer madurar a Bella de la forma mágica y grandiosa en la que él lo haría; él se ocuparía de iniciarla en el arte de la cacería, del asesinato por el mero placer del alimento, del sabor de la sangre humana, del sexo duro después de saciar la sed, la iniciaría en el arte del poder, de la supremacía de la raza vampírica sobre todas las demás, en la grandiosidad de su fuerza y su habilidad, útil sólo en la medida de lograr imponerla a los demás.

Bella tenía todo el potencial para ser su compañera perfecta, por algo él prácticamente hacía parte de la realeza de los vampiros. Era el premio perfecto que se merecía tras siglos de servicios.

Ya eran casi las nueve de la mañana y él sigilosamente observaba la entrada del despacho de Carlisle, Bella se había encerrado en el lugar a la hora acostumbrada; aguzando su oído podía percibir sus sigilosos pasos sobre la gruesa alfombra, el como limpiaba quizá unos polvorientos libros y movía cada breve tiempo sus hojas, era el momento preciso.

Para Bella el despacho de Carlisle era una especie de pequeño paraíso en el cual pasar una breve parte de la mañana. Carlisle había sido lo bastante generoso para permitirle hacer uso de todos los libros que había ido acumulando con el paso de los siglos, y los tenía desde ediciones incunables de los clásicos más conocidos y de los más extraños, hasta obras de arte de la literatura moderna, las librerías de Seattle les proveían semanalmente por correo de las novedades en las áreas que les interesaban.

Edward le respetaba también ese espacio como propio y particular de ella, lo cual le agradecía, pues no hacía más que explorar curiosidades y leer aquellos libros a los cuales siempre había querido tener acceso.

En medio de todos esos tesoros encontró un libro muy romántico que versiones de historia no oficial atribuían a Jane Austin, un texto perdido en una única edición; se hallaba completamente embebida en la lectura cuando escuchó pasos y el sigiloso abrirse de la puerta y se encontró con la mirada rojiza e intensa de Félix.

Ella permaneció quieta, algo en su interior le dijo que huir no era la mejor forma de enfrentar el asunto, menos cuando estaba con él a solas en casa y no estaba entrenada para luchar con fuerza bruta, en la cual él seguramente era un experto. Instintivamente, aunque no le fuera a ser útil en éste caso ante la ausencia de dones mentales en Félix, activó su escudo.

Félix percibió el efluvio denso como aceite que se cernía entre él y ella, y soltó una sonrisa irónica diciéndole:

—Sabes que no te va funcionar conmigo, Bella, no sólo porque no te protege físicamente, sino porque soy incapaz de hacerte daño, es innecesario.

Pero ella si que lo consideraba necesario, detestó al máximo su don considerándolo limitado, trató de darle grosor para por lo menos intimidar a su posible adversario, pero de nada sirvió; Félix, inmutable, lo atravesó para acercarse aún más a ella, quedando ya dentro de su espacio personal. Bella disolvió el escudo, si tenerlo cerca era incómodo, más aún lo era e íntimo se sentía cuando penetró su escudo.

Tomó el libro que ella tenía en sus manos y con expresión cínica le habló:

—Ummm, "Sabiduría y vehemencia", vaya, dice que es un apócrifo de Jane Austin, no te creerás eso de que es de ella.

—No te consideraba un experto en novela romántica, no parece parte de tu perfil —le respondió ella con ironía.

—No sé que ideas equivocada te habrás formado sobre mí, tengo una cultura muy amplia, además de que sí, con la adecuada motivación, puedo llegar a ser muy, muy romántico...

Y le fue inevitable cubrirla con una mirada lasciva, desde su rostro hasta los pies, a la que Bella le respondió en silencio con una gran sensación de incomodidad. Quiso correr pero se quedó quieta, paralizada, mientras Félix con toda la intención soltaba suavemente su aliento sobre su rostro.

—Y creo que he encontrado mi motivación adecuada, Bella, y te soy sincero, llevo siglos sobre éste planeta y nunca me había topado con una mujer tan interesante como tú, tan hermosa, tan deseable... —se le notaba contenido para no abalanzarse sobre ella.

Bella olfateó en el aire la excitación de Félix, así como seguramente él podía olfatear su miedo.

Decidió relajar su expresión para poder controlarlo con algo que no fuera recurrir a la fuerza, donde tendría todas las de perder y recordó que ella tenía sobre él otro tipo de poder que conocía desde el primer momento, y tenía que usarlo.

—No te creo, en Volterra debes tener acceso a la mayor cantidad y variedad de mujeres, vampiras y humanas, para lo que quieras —lo dijo con tanta seguridad que logró su objetivo, Félix se distrajo y se alejó un poco de ella, volviendo su mirada de nuevo al libro que le había arrebatado.

—Tienes razón, por ello debes valorar más mi profunda y desinteresada admiración por ti; en medio de tantas opciones, te prefiero. Las relaciones en mi mundo son diferentes, se basan en el sexo, el poder, la traición cuando nos es conveniente, pero no es eso lo que quiero contigo, no eres mujer para una noche, eres mujer para la vida, para ser mi reina, en medio del poderío que me rodea, para llenarte de placer y de riqueza, Aro estará encantado de tenerte entre sus servidoras.

Ella no pudo evitar un gesto de asco ante la sugerencia, se contuvo con dificultad, no sabía si para él era posible simplemente razonar, averiguar si le era factible dejarse llevar por la certeza de la verdad.

—Félix, ya tengo una familia, una relación diferente a las que tu manejas, una hija, no estoy dispuesta a renunciar a ellos por lo que me ofreces; no hay poder, placer, poderío o riqueza que pueda tentarme.

El le devolvió una mirada intensa, tomó una de sus manos y ella no pudo rechazar ese contacto, era peligroso desafiarle más de lo que había hecho, no pudo menos que tratar de no respirar para evitar percibir el efluvio avasallador de la pasión de Félix, que le perturbaba hasta dejarla mareada. Recordó sus momentos de debilidad como humana, nunca se había sentido tan vulnerable en su vida de vampira, ni siquiera con todos los Vulturis rodeándola a ella y su familia en el claro.

—¿Y qué estarías dispuesta a hacer para protegerlos a ellos? No te tienta ni el poder, ni el placer, ni la riqueza que te ofrezco, ¿Entonces te tienta salvarles? Porque toda esta familia está en tu poder Bella, su preservación depende de ti, están completamente en tus manos.

—No lo entiendo, ¿en mis manos? —Ella trató deslizar su mano fuera de la de él pero le fue imposible, Félix había puesto su fuerza descomunal en ello. Al contrario, el le tomó su otra mano y las encapsuló ambas en la suyas como si de unas esposas se tratara.

—Fácil, te puedo llevar ante Aro, eres la única capaz de convencerle, te has convertido en la poseedora del don que más desea poner a su servicio, podrás obtener lo que quieras de él si te pones a su disposición; tu Clan no puede saberlo, no te permitirían ir, pero si te garantizo que si te ofreces a cambio, él dejará de acechar a los Cullen, se restablecerá la paz y ellos podrán continuar con sus extrañas y míseras existencias.

Bella logró con ira soltarse de las manos de Félix, una ola de dolor la recorrió por completo, la oportunidad que esperaba, con el costo respectivo, es decir, el mayor que hubiera podido imaginar. Sintió escozor en los ojos, ante la ausencia de lágrimas sus ojos se abrillantaron, convirtiéndose en líquidos como el fuego ante ese ser que aborrecía y que ahora le privaba de lo que más amaba. Sabía la respuesta, pero no podía ceder tan fácilmente, por si acaso existían otras opciones.

—Nada me garantiza que una vez me tengan su merced dejen en paz a mi familia…

—Yo te lo garantizo, Bella, amor mío, reina mía, si aceptas yo seré tu servidor y guardián, todo lo que pidas, todo será tuyo, incluso mantenerlos vivos a ellos, la única condición es que tu don estará al servicio de Aro y que tú seas mía, absolutamente. El compromiso matrimonial que asumiste con Edward lo tomaste cuando eras humana, con leyes humanas, ahora no tiene sentido alguno cuando puedes ver la existencia de una manera diferente, siendo vampira, siendo inmortal, todo cambia. Bella, mereces alguien poderoso a tu lado, alguien como yo que ponga todo el mundo a tus pies —le dijo con una vehemencia que rayaba en el fanatismo.

—Mi compromiso con Edward es verdadero Félix, nada ha cambiado por el hecho de ser vampira, sigo siendo la misma, lo siento, todos pueden verlo… es algo demasiado grande para dejarlo todo cuando aún tengo la esperanza de luchar, no les tenemos miedo, podemos vencer a los Vulturis, podemos tener en cuestión de horas al mundo vampírico completo apoyándonos en una a lucha muerte contra ustedes —Bella dejó de traslucir ferocidad en sus ojos —debes decirle eso a Aro, desafiarnos no será fácil, en el encuentro de la última vez podíamos haberles aplastado sin piedad. ¡Atrévanse de nuevo y ya no tendremos ni un ápice de compasión!

Félix la miró fijante, maravillado, ésta mujercita era toda una fierecilla, una leona, su piel de oveja la había abandonado para dejar al descubierto a una guerrera capaz de enfrentar, luchar y morir por los que amaba. Para ganarla sólo tenía que mostrarle una alternativa de lucha que no diera la posibilidad de perder a ningún miembro de su familia, lo cual, sin duda, la aterraba. Le dio la respuesta inmerso en una sonrisilla cínica.

—Todo eso sería cierto si pudieras esperar de parte de los Vulturis una guerra limpia, Bella, yo los conozco, soy parte de ellos, y te digo, sólo puedes esperar que arremetamos contra ustedes en la guerra más baja de la historia de nuestro mundo, es perfectamente lícito hacerlo, nuestros intereses están por encima de los de ustedes como familia y como Clan, podemos sin duda, fraguar y realizar la guerra más sucia que puedas imaginar.

»Les asesinaremos de manera selectiva, solos, en cualquier lugar donde se encuentren, nunca podrás estar con todos ellos todo el tiempo para que tu escudo les proteja de los dones de Jane, o de Alec; Demetri los perseguirá por todo el mundo, los primeros en morir serán los más vulnerables cercanos a ustedes, los licántropos y su tribu, tu madre y tu padre.

»Bella, llevamos haciendo la guerra desde hace siglos, lo sabemos hacer mejor que los humanos y que ustedes, y la solución es tan sencilla… —le tomó las mejillas entre sus manos de forma salvaje e insinuante —sólo tienes que dejar que yo te haga el amor para que dejemos de hacerles la guerra, sencillo, y ni siquiera será un sacrificio para ti, nunca has probado a un vampiro verdadero Bella, nunca, el sexo conmigo será apoteósico para tí, mejor que cualquier cosa que Edward, tan inexperto, te haya dado antes.

Bella no pudo evitar lanzarle una mirada de repulsión, se retiró bruscamente de sus manos y se alejó, buscando la puerta. Félix permaneció en su lugar, impasible, mientras le advertía:

—Seré un tanto paciente Bella, piénsalo, es una buena negociación la que te ofrezco. Te doy veinticuatro horas para que tomes una decisión. ¡Todos en tus manos, Bella, todos! Piénsalo muy bien.

Bella, sumida en la angustia, una vez escuchó todas sus palabras salió, cerró la puerta con fuerza y se alejó con rapidez; en segundos llegó al río y sumergió su rostro en el agua helada para quitarse el incómodo cosquilleo de sus mejillas que le había dejado Félix con el roce de sus manos. ¿Acaso encontraría una salida? Se preguntaba, sólo tenía una opción, el dolor, para ella o su familia, era, únicamente, el dolor.

Pero debía elegir la vida para ellos, para los que amaba, por lo menos.


PRÓXIMO CAPÍTULO: INQUIETUD


Hola,

Espero que éste capítulo les guste y amerite review.

Tengo una historia nueva que les recomiendo leer y comentar, se llama CITA CON LA MUERTE, participa del The Sadness Story Contest y el link está en mi perfil. Es la primera historia que escribo con final triste porque era requisito del concurso, espero se animen a leerlo, a comentarlo y que sea de su agrado.

Un beso.

Saranya.x