Espacio del autor.
¡Gracias por continuar conmigo! Este es el octavo capítulo. La verdad quedó más largo de lo que esperé, pero me siento feliz de haberlo terminado.
¡Algo muy importante sucederá en este capítulo! Espero dejen alguna review, me gustaría saber lo que piensan de la historia.
Cruzaré los dedos para que todo salga bien. ¡Nos vemos al final del capítulo, sigan leyendo!
Escuchó un despertador sonar en algún lugar de la habitación. Le daba demasiada flojera tener que levantarse para apagarlo, así que dejó que siguiera sonando un poco más.
Hoy es domingo, tengo tiempo para dormir…
En eso se levantó bruscamente, buscando su despertador por todos lados, aventando todo lo que encontraba en su camino para saber la hora.
¿Domingo! ¡Hoy es lunes! Voy a llegar tarde…
Del otro lado de la puerta un pelirrojo observaba su reloj con impaciencia. Escuchaba todo el caos que sucedía del otro lado de la puerta, pero por respeto a la privacidad de su hermano prefirió no entrar. Llevó su mano hacia la puerta, tocando una vez mientras hablaba para su gemelo: –Ya vamos tarde, Hikaru. Es la segunda vez en dos días que te despiertas tan tarde, la próxima vez tendré que dejar…–
La puerta se abrió del otro lado, y Hikaru salió de su cuarto tan bruscamente que casi tumba a su hermano.
–¡Lo siento, Kaoru! No volverá a suceder, lo prometo. – Dijo el chico con un aspecto cómico: su cabello estaba aún bajo los efectos de la almohada, y su corbata no estaba bien atada.
Su hermano suspiró y arregló su corbata adecuadamente. Desde que habían decidido dormir en habitaciones separadas habían tenido que aprender a hacer las cosas por ellos mismos.
–Tendrás que almorzar después, no podemos retrasarnos más. – Comentó Kaoru mientras tomaba su mochila y se dirigía a la salida de la casa, jalando a Hikaru de una oreja.
Los dos estaban en el auto que empezó a arrancar. Kaoru observaba por la ventana, pensativo como de costumbre. Escuchaba que su hermano gesticulaba a su lado, y cuando observó lo que estaba haciendo descubrió que se estaba observando en el vidrio del vehículo, intentando acomodar su cabello. Movía sus manos sobre el mismo intentando darle un mejor aspecto, y Kaoru tuvo la sensación de encontrarse junto a una chica de primer año.
El muchacho se volteó con un aire desconsolado en búsqueda de la ayuda de su hermano.
–Me veo bien, ¿verdad? – Cuestionó algo impaciente.
Ya está empezando a mostrar signos de inteligencia, está empezando a preocuparse por su apariencia. Pensó Kaoru.
–Hikaru, deja de angustiarte por algo tan tonto. Te ves bien, igual que siempre. A menos que quieras verte como una doncella de cuento de hadas, para eso debiste traer algo para añadir… volumen a tu cabello. – Respondió riendo enérgicamente.
Su gemelo no pudo evitar reír junto a su hermano, tenía razón. Luciera como luciera las clientas del Club terminaban fijándose más en si su "relación prohibida" con Kaoru se estaba tornando cada vez más "apasionada".
[Salón 2-A]
En el salón 2-A, los alumnos estaban reunidos en la parte frontal del salón. El delegado de su clase sostenía varios volantes en sus manos, y aclaraba su garganta intentando que guardasen silencio. Haruhi y Naoko estaban entre el grupo de alumnos, y ambas estaban charlando acerca de la última clase de matemáticas.
–Yo soy pésima en matemáticas, Haruhi. Tengo buenas calificaciones porque estudio y memorizo los ejercicios, pero no sabría explicarte los problemas cualquier otro día del año. – Murmuró la muchacha a su amiga.
Era el mejor método conocido para estudiar: memorizar, escribir toda la información escrita, y borrar. El proceso podía ejemplificarse con cualquier computadora. A pesar de lo que muchos pudieran pensar, era una fórmula exitosa.
Afortunadamente nadie había escuchado esa revelación. Haruhi miró a su alrededor con una ligera sensación de nervios, pero se relajó al ver que nadie había notado que la chica la había llamado Haruhi, sin utilizar el keigo. Bajó la voz y susurró rápidamente para que nadie pudiera oírle. –Naoko-san, no olvides que estamos en la escuela…podrían darse cuenta de…bueno, tú sabes. –
Una mano se posó en el hombro de Haruhi. –Así es, tú sabes. – Dijo ésta persona, que hizo que respingaran asustadas.
Se trataba sólo de Kaoru, quien acababa de llegar.
– ¡Hitachiin Kei!* – Replicó Naoko mientras lo señalaba con un dedo. –¡No vuelvas a hacer eso! Por un momento creí que…
–¡ Pero qué salvaje! – Se escuchó otra voz detrás de la joven. Era Hikaru, que hacía ademán de limpiar uno de sus oídos. –Sigue así y tendrás que pagar todas las ventanas de la escuela.
–¡Ara! Pero si es Hotaru-kuun*… – Dijo Naoko imitando la voz aguda y empalagosa de las chicas que habitualmente se emocionaban con la llegada de los gemelos. Mientras se volteaba juntó ambas de sus manos. Luego, sacó de la bolsa de su uniforme un paquete de goma de mascar importada; se acercó a Hikaru, y tomó una de sus manos para poner el empaque a medias en la misma. –Los hice yo misma…– Continuó, prosiguiendo con su imitación. – ¡Cómo no! No me explico la razón por la cual las chicas les regalan cosas a personas como ustedes… Aunque en mi imitación sigue faltando la parte en la que tú y Kaoru se manosean.
Hikaru se sintió un poco ofendido, pero observó que Naoko aún no soltaba su mano, así que empezó a molestarla al respecto. Decidió para ello hacer una imitación de Tamaki, el cual era muy dado a hacer que las personas se avergonzaran.
El chico rodeó los hombros de la joven y murmuró en su oído: –Kanagaki-hime…no, Naoko-hime. ¿No será que estás empezando a enamorarte de mí? No has soltado mi mano. – Observó Hikaru mientras cerraba la mano de Naoko con la suya. Era muy cálida, a pesar de que lo que estaba haciendo era una broma.
La reacción no se hizo esperar: la muchacha quiso soltar la mano de Hikaru, pero éste la apretaba fuertemente. Sintió que su cara estaba empezando a emanar calor, aunque no se dejaba engañar tan fácil por alguien como el gemelo. Sonrió y lo miró de cerca.
Recordó que el primer día en Ouran el recuerdo que se llevó a casa fueron esos ojos. Realmente le gustaban, pero era demasiado divertido molestar a Hikaru como para pensar en él de otra forma…por el momento. Algo estaba extraño con su cabello, pero no le desagradaba del todo, lo hacía lucir diferente al Hikaru de costumbre, que simplemente invertía el sentido de su cabello con su hermano. En ese momento en el que lo observó se dio el lujo de verlo, quería quedarse con esa imagen de él en su memoria. Porque lo que haría después haría que su expresión cambiara.
Siguió sonriendo y se le acercó aún más. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, hizo ademán de caerse y hundió uno de sus codos en el estómago del joven. Éste soltó una expresión de dolor mientras soltaba a la chica.
–¿Qué te sucede, Kanagaki! ¡Eso dolió! – Se quejó Hikaru mientras acariciaba su estómago tosiendo un poco. Lo había dejado sin aliento.
–Lo siento, Hotaru-kun*. No pude controlar mis… ¿cómo eran? ¡Ah, sí! Mis sentimientos hacia ti. – Dijo mientras hacía un énfasis sarcástico en sus últimas palabras.
–¡Lo único que falta es que también escupas saliva tóxica! – Contestó el gemelo.
Alguien aclaró su garganta lo más fuerte que pudo, y ambos se voltearon. Kazukiyo Soga seguía donde mismo, con los volantes algo húmedos en sus manos ya algo sudorosas debido a su pánico escénico. Todos sus compañeros incluyendo a Kaoru y a Haruhi estaban mirándolos, los chicos se notaban igual de asustados que las chicas por lo que acababa de suceder; aunque Haruhi y Kaoru simplemente los observaban como quien observa a dos niños pelear.
–Bien, ahora que ya tengo la atención de todos podré dar mi aviso. – Dijo el delegado acomodando nerviosamente sus lentes. – Debido al gran éxito que tuvimos el año anterior, seremos los encargados de las actividades del Día de Brujas el mes entrante. Cada quien ayudará con algo, haremos un recorrido por la escuela. Cada salón será utilizado para crear un ambiente terrorífico. Cuento con todos ustedes, así que la lista para que se inscriban a ciertas actividades estará en el tabloide de anuncios…eso es todo. – Finalizó tartamudeando entre los murmullos emocionados de los alumnos de la clase.
Los alumnos empezaron a dispersarse, juntándose en pequeños grupos para discutir acerca de lo que podría llevarse a cabo ese día. El joven Kazukiyo, delegado de la clase, prefería no hablar mucho al respecto. Seguía sintiendo un miedo inconcebible por todo lo relacionado con el terror. Optó por escaparse un momento de la clase, pero antes de que pudiera alcanzar la puerta sus demás compañeros lo rodearon empezando a proponer ideas adicionales.
Los gemelos, Haruhi y Naoko estaban también agrupados para hablar respecto al evento. Kanagaki no había tenido la oportunidad de asistir el año pasado a Ouran, pero recordaba vagamente haber visto a sus dos amigos Takashi y Mitsukuni disfrazados.
–El año anterior el Host Club también participó, ¿verdad? – Pregunto la chica intentando recordad cuáles eran los disfraces de ambos.
Kaoru hizo memoria un momento y decidió darle respuesta a esa pregunta. –La verdad no, pero por capricho de Tono los demás miembros tuvieron que asistir. Creo que intentaban asustarnos…
Haruhi había aprendido a poner atención a cada detalle de lo que sucedía alrededor de ella. Seguramente su amiga había visto a Honey-sempai y a Mori-sempai ataviados de forma ridícula: Un hombre lobo que parecía un cachorrito y un Frankenstein.
Siguieron discutiendo acerca de lo que les gustaría hacer, pero no pudieron ponerse de acuerdo en hacer una actividad juntos. Hikaru y Kaoru querían ser los guías de los alumnos. Para ellos era una oportunidad de asustarlos durante el camino mediante sugestión, su especialidad. En cuanto a Haruhi, sólo quería ayudar a poner la decoración y marcharse a casa. Le propuso a Naoko que juntas hicieran el cartel para promocionar el evento, pero Haruhi no contaba con que Naoko tomara una hoja blanca de su mochilla y empezara a garabatear.
Garabatear era una palabra exacta para definir lo que hacía. Era pésima dibujando, aunque antes de ver el dibujo podría pensarse que está poniendo mucho esmero en él. Les mostró el resultado final, y mientras agachaba la cabeza al mostrarlo los Hitachiin y Haruhi no pudieron evitar soltar una sonora carcajada.
–¿Eso es un ojo, o es un brazo? Creo que las proporciones están fallándote…– Rió Hikaru, añadiendo dolor a su estómago debido a la risa. Hambre, golpe, risa. Difícilmente podía seguir de pie, era demasiado hilarante.
Su hermano le hizo segunda, tomando la hoja entre sus manos y haciendo ademanes de crítico artístico observando un auténtico Manet. Kaoru era conocido por su gusto al arte, y para él resultaría ofensivo si Naoko y Haruhi hicieran el cartel del Día de Brujas. –Creo que lo que nos está queriendo decir Naoko es que tiene afinidades para el cubismo. – Dijo en tono de experto. – Es tan abstracto que incluso da miedo. Creo que el efecto fantasmagórico se cumple perfectamente…
La joven se sintió avergonzada e intentó quitarle la hoja de las manos a Kaoru, pero éste era demasiado alto para ella, razón por la que sin saltar le era imposible recuperarla. –¡Bueno ya! ¡Paren de reír! Fujioka-kun tu también…– murmuró en voz baja, al ver que Haruhi no podía dejar de reír junto a los chicos. No pudo evitar unirse a los otros tres, en parte porque tenían razón: su dibujo era horrible. –De acuerdo, de acuerdo. Ojalá les haya quedado claro que no voy a participar en esa categoría. En cuanto a decorar, creo que es aburrido.
–¿Entonces piensas ser parte del elenco que va a asustar a los visitantes? – Dijo Hikaru incrédulo, con unas lágrimas acumuladas en sus ojos por la risa. – Si tal es el caso no necesitarás disfraz, así estás perfecta. Sólo es cuestión de que se te acerquen.
El chico se sorprendió al ver que Naoko empezaba a soltar una risa maquiavélica. Si su aura pudiera ser visible, se vería negra. Era como si estuviera disfrutándolo. Repentinamente observó a Hikaru y lo tomó de la corbata, casi asfixiándolo.
–Exactamente. Pero usaré disfraz. De momento es evidente que no les diré cual será. Pero puedo apostar a que ni siquiera vas a darte cuenta de quién soy, y lo que es mejor: tendrás tanto miedo que creo necesitarás traer ropa interior extra. – Explicó calmadamente, mientras el gemelo intentaba respirar nuevamente y movía sus manos pidiendo auxilio. Naoko notó que algo se movía del otro extremo de la corbata, y la soltó sin inmutarse. –Oh, eras tú.
Kaoru se quedó pensando un instante y en menos de lo que esperaba ya tenía en mente un plan. Se acercó a su hermano y puso uno de sus brazos sobre su hombro, para después dirigir un dedo acusador hacia la joven, con una mirada desafiante.
– ¡De acuerdo! Esa será nuestra apuesta. Tienes que asustarnos, pero te lo advierto, somos expertos. Si ganas Hikaru será tu sirviente por una semana. Si pierdes, tendrás que ser nuestro perro por el mismo período de tiempo.
Haruhi reaccionó a esas palabras e instintivamente se colocó detrás de Naoko. Perro…seguro esa palabra le traía muchos recuerdos. Nada agradables, por cierto. Mientras su amiga pensaba un poco las cosas, Hikaru le reclamaba a su hermano. Después de todo era él quien sería el sirviente en caso de que perdieran. La chica intentó advertir a su amiga de las artimañas de los Hitachiin, que siempre terminaban haciendo trampa, pero fue inútil.
Levantó su mano señalando también a los gemelos, sin dar un paso atrás. Aceptó la propuesta, pero advirtió a los chicos de que si hacían trampa, lo sabría.
Naoko…no sabes lo que dices. Se lamentó internamente Haruhi.
Hikaru y Kaoru notaron que algo rojo estaba atado a la muñeca de Naoko, y se acercaron para ver de lo que se trataba. Sus ojos leyeron al unísono la leyenda que traía la misma, y volvieron a reír, sólo que esta vez era audible hasta en los pasillos. La joven miró su muñeca y no vio nada extraño en el "amuleto" que le había regalado Haruhi.
–¿Qué hay de malo con esto? – Espetó Naoko en cara de los gemelos. –Me lo regaló…bueno ya saben. – Continuó mientras señalaba detrás de ella. –Es contra la mala suerte. No soy muy creyente de estas cosas pero nunca digo que no a un regalo, menos viniendo de una amiga.
Esas palabras lo único que provocaron fue que los gemelos rieran con más intensidad. Kaoru logró sentarse a duras penas e intentó explicar entendiblemente lo que era realmente Lescafé.
–Verás, Lescafé es una marca de café instantáneo. Es…–
Naoko lo interrumpió en búsqueda de una explicación lógica. –¿Café instantáneo? ¿Qué incoherencias dices, Hitachiin Kei? El único café que conozco es el que consumimos, de granos.
Hikaru sonrió malvadamente y miró a su hermano. Su complicidad fue notoria. Su sonrisa se hizo cada vez más amplia mientras reían silenciosamente.
Una buena idea se le ocurrió a Haruhi. –Kanagaki-san, si gustas puedes venir luego al Host Club para probarlo. – La chica seguía pensando que estaba rodeada de ricos bastardos, y no entendía el por qué de la burla de los gemelos hacia la pulsera que había recibido en la tienda de conveniencia.
–Vale, pero espero no sea otra de sus mentiras. – Lanzó a los dos chicos pelirrojos.
Varios gruñidos interrumpieron la plática. Se trataba del estómago de Hikaru, que clamaba alimento. El muchacho acarició su estómago haciendo muecas.
–Lo siento, pero no he almorzado. Tal vez deberían acompañarme al restaurante escolar. – Propuso señalando la puerta con su pulgar.
–Tomaré eso como una invitación. – Dijo Naoko sonriendo mientras salía antes que ellos, para después ser seguida por Haruhi y Kaoru.
Hikaru estaba a punto de quejarse, cuando algo captó su atención súbitamente e hizo que se detuviera. De la mochila de Naoko colgaba un pequeño pingüino de peluche. Se sonrojó ligeramente, esbozando una sonrisa y corrió detrás de los demás para alcanzarlos.
Aunque el chico no imaginó que dentro de la mochila alguien había puesto algo.
[Restaurante de Ouran]
Enorme, elegante, lujoso. Los adjetivos para describir el restaurante escolar no eran suficientes, pero era bien sabido por todos que la comida que servían en ese lugar era preparada por cocineros excelentes. Todo era gourmet, delicatessen, en fin.
Naoko sabía dónde estaba el restaurante, aunque nunca había pisado ese lugar. No le gustaba comer en la escuela, había aprendido mucho en sus viajes como para tener confianza en un simple comedor. Cuando llegó al lugar y empujó las puertas para entrar, se quedó pasmada. No importaba el lugar al que dirigiera su mirada, todo era ostentoso y sobrecargado de detalles. Estaba consciente de que Ouran High era un lugar para familias prestigiosas, pero aún con la posición económica que tenía sentía náuseas cada vez que estaba en lugares similares al restaurante.
Sintió que algo la empujaba. Era Kaoru, que estaba esperando junto con Haruhi y Hikaru a que la chica entrara. Se disculpó rápidamente y caminó dentro del lugar.
–Bueno…ustedes deben escoger el lugar para sentarse. – Empezó Naoko.
Haruhi buscó con la mirada a Tamaki. Había pasado poco tiempo, pero sentía una pizca de preocupación cuando no sabía de él. Luego de varios momentos, llegó corriendo hacia ellos y cuando se disponía a lanzarse a los brazos de Haruhi, Kaoru frenó su avance colocando una charola frente a su cara.
–¡Lo siento, Tono! No noté que venía hacia aquí. – Mintió el joven.
Tamaki venía acompañado de su inseparable amigo Kyouya, quien se veía disfrutaba ver el espectáculo desde las sombras. Cuando éste último percibió a Naoko se acercó para saludarla como todo buen Host. Tomó su mano y depositó un pequeño beso en ella, de forma educada y galante.
–Kanagaki-san, es todo un placer conocerla al fin. Espero la escuela esté siendo de su agrado… Veo que viene acompañada de tres miembros del Host, ¿será que por fin se ha decidido a convertirse en nuestra clienta? – Dijo amablemente, con imágenes de gráficas que aumentaban considerablemente en su cabeza.
Para Haruhi era evidente que Kyouya estaba pensando en las ganancias que podía dejar Naoko como clienta. El joven era conocido por su avaricia, y por sacarle provecho hasta a lo más insignificante que pudiera obtener de los miembros del Host Club.
–Mucho gusto, Ootori-sempai. Agradezco su oferta, tal vez tenga que…pensarlo. – Respondió de forma educada. La verdad estaba conteniéndose de rechazar rotundamente el ofrecimiento, pero sabía que la familia Ootori era un pez gordo en cuanto a familias prestigiosas se refería.
–He escuchado que sus padres han hecho una serie de descubrimientos revolucionarios en sus últimas investigaciones. La familia Ootori está empezando a tomar mucho interés en el campo de la investigación científica, claro, sin hablar de la investigación médica que ya hacemos. –
Es todo un profesional manipulando personas, pensó Naoko con admiración. Si en realidad está interesado en hacer alguna inversión no puedo portarme mal hacia él…maldición.
–Así es. Pero los más adecuados para hablar acerca de sus investigaciones son mis padres. Nuevamente agradezco el interés que la familia Ootori presenta. Los Kanagaki prestarán sus servicios por el bien de la ciencia. – Dijo la joven haciendo una leve reverencia. Sonrió hacia Kyouya y buscó a los gemelos desde su lugar.
Kaoru estaba ayudándole a Hikaru a escoger un desayuno apetitoso, mientras que Tamaki hablaba sin parar acerca de lo emocionado que estaba por el evento del Día de Brujas. Dentro de sus fantasías el rubio tenía la esperanza de disfrazar a Haruhi de conejo, y estar ahí para ser abrazado cuando ella se asustara.
–Por cierto, Kanagaki-san. – Continuó Kyouya, haciendo que Naoko respingara y lo mirara nuevamente. –Añadiré que el tiempo que pasarás con el Host Club no es gratis, y que si llegas a mencionar lo de Fujioka la policía que trabaja para mi familia tendrá que tomar cartas en el asunto. Podría llegar a ponerse feo, sabes. – Complementó el joven con una sonrisa más falsa que las plantas sintéticas.
Cuando la chica quiso dar una respuesta, llegaron los gemelos con varias charolas en sus manos. Rápidamente tomaron asiento en una de las mesas disponibles, haciendo que las miradas de los presentes se voltearan hacia ellos. Varias muchachas hicieron comentarios respecto a ello, diciendo que ellas también deseaban comer con el Host Club.
Vaya… tienen más popularidad de lo que pensé, se dijo a sí misma Naoko.
Los hermanos Hitachiin pusieron las charolas en la mesa, mientras Naoko se disponía a sentarse. Fue detenida por una mano que pertenecía a Hikaru, el cual acomodó su asiento y la ayudó a tomar su lugar. Ciertamente la joven no estaba acostumbrada a ese tipo de tratos, mucho menos viniendo de él. No dijo nada, pero sintió un cosquilleo agradable en su estómago.
Kyouya observaba todo desde su lugar, tomando notas en su carpeta esporádicamente. Sabía lo que podía ocurrir, y el riesgo que significaría, así que decidió intervenir.
–Los miembros del Host debemos tener compostura cuando estamos frente a nuestras clientas. Cosas así suceden todo el tiempo, si no fueran caballerosos el índice de clientas bajaría. – Explicó éste.
Hikaru y Kaoru guardaron silencio. Era cierto, como Host no podían molestarla en otro lugar que no fuera el salón de clases. Las clientas más fieles eran las de primer y tercer año, clientas que se encontraban frecuentemente en el restaurante escolar.
Sin embargo, a Naoko no pareció importarle. Notó que Kaoru colocaba comida frente a ella, y sus manos empezaron a sudar frío. También tenía que considerar que los Hitachiin eran parte de ese Club, y que no quería causar problemas. Tendría que fingir un poco.
–Kaoru-kun… ¿es para mí? – Preguntó nerviosa. No le agradaba la idea de tener que usar modales con ellos, y mucho menos tener que ser amable.
–Dijiste que tomarías eso como una invitación. – Respondió Hikaru amenazante en lugar de su hermano, con una cuchara en su mano.
–Haruhi también hay para ti. – Añadió Kaoru, acercando la comida a la muchacha de cabello corto.
No se confiaba del todo. Detrás de cada acción podía encontrarse una expansión de su exorbitante deuda. –¿También esto se añadirá a mi deuda? – Dijo cautelosa.
Kaoru rió ante la suspicacia de su compañera. –Claro que no, sólo cómela. –
–¡Haruhi! – Lloriqueó Tamaki. –Estos demonios no hacen nada con buenas intenciones, mejor deja que papá escoja algo delicioso para ti. – Continuó intentando arrebatarle la comida, aunque una vez que la chica supo que sería gratis, no la dejó ir.
Naoko suspiró mirando su comida. Se veía exquisita, pero seguía sintiendo un poco de temor a la comida extraña. La primera vez siempre era crucial para ella. Abrió la boca para replicar, y en ese momento Hikaru introdujo una cuchara con mousse de chocolate en su boca mientras él también abría la boca. La chica se puso pálida pero el sabor que tenía el mousse era delicioso. Tanto que logró hacerlo pasar por su esófago. El pelirrojo quitó la cuchara de la boca y la miró expectante, al igual que todos los comensales.
–¿Y bien? – Preguntó Hikaru, esperando una respuesta.
La muchacha no podía articular palabra, era como si hubiera comido un mousse preparado por el mejor chef francés. Mientras pensaba en una buena respuesta, Hikaru tomó más mousse con la misma cuchara y la probó. Se quedó un momento con la cuchara en la boca de la forma más natural posible, mientras empezaba a cortar los demás alimentos de su charola.
–Bien supongo no te gustó. –
–¡No, es eso! – Se precipitó en contestar Naoko. –Es…delicioso. – Se detuvo un momento, escogiendo las palabras adecuadas. – Hikaru-kun… Tal vez no te diste cuenta pero esa cuchara ya estuvo en mi boca. – Mencionó con sutileza.
Todos observaron a Hikaru, que había dejado de usar los cubiertos en el acto. Tomó la cuchara y la puso en la charola, sintiendo que en algún lugar del mundo, un volcán estaba haciendo erupción. No se había dado cuenta de ello hasta que la joven lo mencionó. Miró de reojo a su hermano en búsqueda de ayuda. Afortunadamente Kaoru captó la señal inmediatamente.
Éste intervino para distraer la atención de todos. –Menos mal. Los cocineros del restaurante son conocidos por su experiencia y dedicación. Te diré un secreto, cuando llega a haber Ootoro en algún menú Haruhi prefiere que su deuda aumente antes de perdérselo. – Reveló Kaoru en voz baja.
Naoko tapó su boca con una de sus manos, sintiendo lástima por Haruhi. –¡Fujioka-kun eso es terrible! En cuanto a ustedes, deberían comprarle todo el Ootoro que quisiera, después de todo son compañeros… –
–En el Host Club todo tiene precio. – Cortó Kyouya con su sonrisa prefabricada.
Lo que Kyouya decía era cierto. Era por causa de ello que Haruhi veía su deuda crecer día con día. Había llegado a pensar que nunca estaría libre de pagar tanto dinero. A su corta edad, ya debía más de lo que podría ganar en un año trabajando.
Todos terminaron de comer luego de un rato y empezaron a levantarse. Kyouya aguardó un momento a que la mayoría se hubiese empezado a retirar y le pidió a Hikaru que se quedará un poco más. Deseaba charlar con él acerca de algo importante.
Prefirió no dar rodeos y fue directo al asunto. –Hikaru, ¿qué tipo de relación tienes con esa chica? – Le preguntó al joven con seriedad.
–¿Quién, Naoko? – Empezó Hikaru. Lo había tomado desprevenido.
–¿Naoko, dices? Hace un momento era Kanagaki-san. ¿Acaso me estás ocultando algo, Hikaru? – Dijo Kyouya de manera tajante.
–¿A qué te refieres Kyouya-sempai? Es sólo una amiga, no hay de qué preocuparse. – Respondió Hikaru, aunque sintiéndose algo incómodo al respecto.
El muchacho de cabello negro acomodó sus lentes y leyó en silencio las notas que había tomado en su carpeta. De pronto sólo la cerró de golpe y siguió hablando con él.
–Todos nosotros somos parte del Host Club porque no tenemos compromisos con nadie. Antes de que hagas cualquier cosa, piensa en eso. Si piensas empezar una relación con Kanagaki Naoko no podrás formar parte del Club, eso significaría dejar a tu hermano Kaoru sólo. ¿Sabes lo que eso significa? – Puntualizó el más joven de la familia Ootori.
Hikaru entró en pánico. –Pero, Kyouya-sempai… ¡yo no siento nada por ella! – Contestó intentando poner fin a la incómoda conversación.
–Hikaru, tal vez logres engañarte a ti mismo acerca de lo que realmente sientes, pero para todos los demás es bastante obvio. En tu lugar me alejaría un poco de ella, las clientas ya han empezado a notar que se llevan bien y eso trae sus consecuencias. Piensa en el Host Club, y sobre todo, piensa en Kaoru antes de decidirte. Eso es todo lo que quería decirte. – Finalizó Kyouya, levantándose de su lugar y dirigiéndose hacia su salón de clases.
El pelirrojo no pudo moverse. Nunca había pensado en si todos los cambios que sentía en su interior se debían a aquello que mencionaba su superior. Siguió repasando en su memoria las palabras de Kyouya, empezando a comprender poco a poco lo que significaban. También pensó en Kaoru, en que no quería dejar a su hermano solo. Era la persona más importante para él, y nadie nunca podría ocupar ese lugar.
¿Empezar una relación con Naoko? Se dijo a sí mismo. No había considerado esa posibilidad. Pero entre más pasaba el tiempo, más pensaba en ello.
Siempre estaban peleando, pero de cierto modo era algo a lo que se había acostumbrado y que le resultaba muy divertido. Era como cuando él y Kaoru molestaban a Tamaki, pero Tono no tenía esa habilidad tan misteriosa de hacerlo sentir cómodo y a la vez nervioso. De igual manera no tenía esos ojos tan extraños, y Tamaki jamás respondería sus bromas con la misma malicia con la que Naoko podía hacerlo. Mordió uno de sus dedos mientras todos esos pensamientos revoloteaban en su cabeza.
Percibió un aroma a naranjas en el aire, y cuando miró a todos lados creyendo que Naoko estaba cerca vió al capitán del equipo de fútbol americano Takeshi Kuze, que era conocido por comer naranjas todo el tiempo. Era tanta su adicción a esa fruta que se comía su cáscara.
Pero ese mismo olor lo hizo recordar lo sucedido en el acuario. Sintió su estómago contraerse cuando recordó el momento en el que logró hacer que Naoko dejara de llorar, y de pronto, sucedió. Su rostro empezó a tomar un color muy cercano al de una manzana, y sus ojos estaban exorbitados debido al descubrimiento que acababa de hacer. Palpó su rostro con una de sus manos y sintió su piel demasiado caliente, cosa que hizo que sintiera algo de vergüenza de sí mismo.
¿En verdad me gusta? ¿Me gusta Kanagaki Naoko?
En todo el instituto sonaron las campanas que indicaban el fin de las horas libres de los alumnos, cosa que Hikaru había olvidado por completo. Todavía tenía clase, e inevitablemente pensó en que tendría que ver a Naoko. No quería tenerla cerca, no quería siquiera recordarla. El simple hecho de pensarla hacía que ese tono carmesí volviera a su cara, y nadie debía darse cuenta de eso. Se levantó y corrió lo más rápido que pudo para poder tener un pretexto para sonrojarse, y pensó en una excusa para no ser regañado por el profesor de Historia.
[Salón 2-A]
Todos se encontraban en sus lugares, y el profesor estaba escribiendo fechas y nombres en el pizarrón. Hikaru llegó muy agitado, con un intenso rubor en sus mejillas y gotas de sudor en su frente. Los demás seguían copiando lo que escribía el docente en la pizarra, pero Kaoru,Haruhi y Naoko le hicieron señas para que entrara en silencio.
El chico intentó hacer el menor ruido posible. El maestro le estaba dando la espalda al grupo, así que si realmente estaba concentrado en lo que estaba haciendo no notaría la presencia del joven.
–Hitachiin, ¿dónde estabas? –Preguntó el profesor mientras el chico se sentaba intentando ser silencioso. Pero ya era demasiado tarde.
Su hermano, Haruhi y Naoko lo estaban observando, intentando darle apoyo moral. Hikaru cruzó miradas con Naoko y se sintió mareado. El chico puso en marcha su excusa, esperando que funcionara.
–Me llamaron en dirección, profesor. Querían saber si mi madre podría ayudar para los disfraces del Día de Brujas. – Dijo atropelladamente.
Resultó creíble hasta cierto punto, pero el maestro de Historia se volteó y lo miró detenidamente.
Volvió a cuestionarlo mientras cerraba su libro. –Señor Hitachiin, ¿alguien puede comprobar su historia? – Añadió mientras miraba a sus alumnos en búsqueda de algún delator.
Nadie dijo nada, hasta que Naoko levantó una mano y empezó a añadir explicaciones a la mentira de Hikaru. Mencionó que ella misma había estado presente, pero tuvo que retirarse antes para que el director hablara a solas con el pelirrojo. Al parecer la palabra de la chica tenía validez, por lo que el profesor dejó los deberes para el día siguiente y se retiró sin castigar a Hikaru.
Las demás clases transcurrieron normalmente, aunque para Kaoru y Hikaru hubo algo diferente. El primero percibió que el Hikaru que aún no almorzaba y el que había llegado tarde del restaurante eran dos personas distintas. Que serían distintos.
Por su parte, Hikaru estaba inmerso en sus propios pensamientos acerca de Naoko. Cuando tenía la oportunidad volteaba a verla, pero siempre estaba escribiendo algunas notas en su libreta o participando en clase. Incluso hubo un momento en el que la había visto observando por la ventana. Concluyó que en realidad no era algo que había ocurrido sólo debido a las palabras de Kyouya, sino que explicaba el por qué siempre quería estar con ella, aunque fuera sólo para ver su cara molesta, que le parecía linda.
Al término del período de clases, Naoko se acercó a los Hitachiin y a Haruhi. Hikaru fijó su mirada en sus zapatos para evitar mirar a la chica a la cara. Creyó conveniente hacer ademán de acomodar ciertas cosas en su mochila, de esa forma podría escuchar lo que diría sin tener que dar la cara.
–Kaoru, Hikaru…– Comenzó la joven. Notó que Hikaru dejaba caer uno de sus cuadernos, pero no dijo nada al respecto. –Sé que hoy salvé el día, así que no espero que piensen que es gratis. Ootori-sempai dijo que con el Host Club nada lo es, así que a cambio mañana iré a su casa. Siempre he querido que alguien talentoso como su madre diseñara algo para mí. – Finalizó mientras en ésta ocasión Hikaru y Kaoru se miraban con expresión nerviosa.
Debe estar bromeando, pensó Kaoru.
Hikaru por su parte, tenía un pensamiento muy similar en su cabeza.
Dos mujeres con un temperamento imposible en una misma habitación… Creo que voy a volverme loco…
Naoko se despidió de sus amigos y se dirigió a su casa. En realidad estaba nerviosa, había escuchado comentarios en el pasado acerca de la personalidad de la madre de los Hitachiin. Decían que era una mujer feroz y mandona, por lo que tenía que prepararse mentalmente para poder mantenerse de pie.
Cuando su automóvil se estacionó frente a su residencia, vio que un joven le esperaba en la entrada. La chica bajó del auto y ordenó que llevaran sus cosas a la habitación.
–¿Yasuchika?
Se trataba del hermano mejor de Mitsukuni. Ambos siempre habían sido como el agua y el aceite, totalmente incompatibles. Yasuchika odiaba las cosas lindas, y sentía repudio hacia su hermano quien las adoraba.
–Naoko-san, buenas tardes. – Dijo el joven amablemente.
La convivencia entre ambos nunca había sido mucha, pero se guardaban el debido respeto. Para ambos era complicado mantener una conversación interesante, así que a Naoko no le quedó alternativa más que preguntarle el motivo de su presencia.
–Vine para darte un mensaje de parte de Mitsukuni. – Respondió con cierto tono molesto. A pesar de lo mal que se sentía cuando estaba cerca de su hermano, no podía negar que le inspiraba cierto temor. – Dijo que esperaba que te gustara el obsequio que dejó, y que no aceptaría que lo devolvieras. – Terminó Yasuchika con timidez.
–¿Dejó un obsequio? – Suspiró Naoko. –Bien, dile que lo aceptaré pero debemos hablar. Dime, Yasuchika, ¿sigue comiendo dulces y hablando como niño?
El joven se sorprendió con esa pregunta, y asintió. –Sigue siendo el mismo inmaduro de siempre, pero cuando le dije que viniera él mismo se puso muy serio…ya sabes como es. – Se disculpó riendo nerviosamente. –Naoko-san, debo retirarme. Hasta luego. – Dijo despidiéndose y retirándose del lugar.
Mitsukuni, ¿qué planeas?
La muchacha entró a la enorme residencia que poseía, y cuando entró vio que la mesa estaba puesta para tres personas.
No es posible…pensó Naoko.
Inmediatamente empezó a correr por la casa en dirección a una habitación que había estado vacía por algún tiempo. Subió las escaleras y siguió por un largo pasillo y justo al final se detuvo en silencio. Puso su oreja en la puerta y escuchó varias voces al interior de ésta. Su rostro se iluminó y se dirigió a su habitación lo más rápido posible.
Cuando abrió la puerta, notó que una canasta estaba colocada en medio de su cama. Se acercó, recordando que Mitsukuni dijo que le había dejado un obsequio, y cuando estuvo lo suficientemente cerca vio que dentro de la misma estaba un diminuto cachorro color caramelo. Se sentó despacio para no despertar al animalito, y lo acarició suavemente.
¡Es tan lindo! Dijo para sí.
El pequeño animal se movió reaccionando a las caricias. Cuando era pequeña sus padres nunca le dejaron tener mascota, se preguntaba si en esta ocasión sería lo mismo. Lo tomó en sus brazos y le hizo pequeños cariños. Pensó en que en cuanto tuviera la oportunidad debía agradecer a Mitsukuni.
De pronto recordó que aún seguía confundida respecto a su amigo. Recordó lo sucedido en el restaurante de Ouran con Hikaru y a su mente vinieron las palabras de Haruhi. Pero Naoko, ¿Te gusta Hikaru, no?
No sé si lo que siento por Hikaru tenga que ver con el amor… Pero cada vez que veo sus ojos siento que mi corazón late demasiado rápido, y…
Sus pensamientos fueron interrumpidos por alguien que tocaba del otro lado de la puerta.
–Señorita Naoko, sus padres acaban de llegar y la cena estará servida en una hora, por favor cuando llegue el tiempo baje al comedor. – Dijo una de las sirvientas.
¡Cierto! Papá y mamá acaban de llegar, seguramente querrán saber cómo me ha ido en mi nueva escuela.
Naoko volvió a dejar al cachorro en su canasta, y se levantó de su cama para poder arreglarse. Cenas como aquélla no se daban todos los días. Sólo esperaba poder ir aclarando su mente, y su corazón. Decidió bañarse después de la cena, así que simplemente se puso unos pantalones de mezclilla junto con una blusa roja. Se asomó por la ventana un momento, y se preguntó si Mitsukuni y Hikaru estaban bien.
Amor o no, espero que nadie salga herido.
Espacio del autor.
*Hitachiin Kei. Kei hace referencia a la letra "K". Creí que ponerlo de esa forma sería menos escueto que sólo escribir K.
*Hotaru. Nombre japonés que significa "impertinente". Es para hacer burla, ya que el nombre es muy similar a Hikaru.
*Delicatessen. Nombre que tienen ciertos alimentos de precio elevado como ciertas carnes frías.
¡Fin del capítulo!
Esta vez me divertí mucho escribiendo. La verdad hay momentos muy cómicos (o eso creo yo). La verdad al momento de escribir el (ahora sí) brillante pero tardío descubrimiento de Hikaru pensé que me iba a quedar sin aire.
¡Finalmente se dió cuenta! Espero a ustedes también les haya emocionado como a mí. ¿Actuará diferente ahora? ¿Conseguirá Honey su propósito?
Y algo que me tiene muy en suspenso: ¿Qué va a pasar en la mansión Hitachiin? ¿Verá la señora Hitachiin con buenos ojos a Naoko, o estallará una guerra?
Ojalá podamos descubrirlo juntos en el siguiente capítulo. Agradezco infinitamente a todos mis lectores de México, España, Colombia, Ecuador, Perú, Argentina, El Salvador y Chile. ¡Gracias por su apoyo!
Necesito más palabras de apoyo, así que dejen sus reviews.
¡Nos vemos en el siguiente capítulo! ¡Cuiden de mí por favor!
DaemonLover
