Espacio del autor.
¡Hola a todos! Gracias por seguir leyendo el fanfiction. Este capítulo me tomó más tiempo debido a ciertos problemas personales. El cargador de mi laptop no funciona, para añadir complicaciones.
Me decepciona ver que tengo tantos lectores y sólo tengo 3 reviews. No sean ingratos y dejen sus impresiones, al nos díganme si les gusta. Todos los autores merecemos nuestro mérito. Gracias.
¿Qué pasará en la casa de los Hitachiin? Parece ser que Kaoru ha reaccionado.
¡Celos y desilusiones! Espero les guste, sigan leyendo nos vemos al final del capítulo.
Los recuerdos de la cena anterior no habían sido del todo pacíficos para ambos. El simple hecho de seguir pensando en ello la mañana siguiente era un motivo suficiente para tener migraña. Por una parte, teníamos lo que había sucedido en la mansión Hitachiin, mientras que por el otro, la cena desastrosa de la familia Kanagaki.
[La noche anterior. Mansión Hitachiin]
Hikaru y Kaoru estaban buscando el momento perfecto para poder comentar con su madre que al día siguiente una chica testaruda iría para que alguna de las modistas a cargo de su madre hiciera su disfraz del Día de Brujas. Ambos siempre habían utilizado sus creaciones para el Host Club, inclusive habían hurtado trajes de baño de su colección para hostigar a Haruhi. Pero el hecho de que la chica en cuestión se presentara en la casa cuando la señora Hitachiin no se encontraba de viaje era un peligro latente. Más si se llamaba Kanagaki Naoko.
Después de pensarlo un rato prefirieron no postergarlo más, entre más pasaba el tiempo la agenda de su madre continuaba llenándose inclusive con semanas de anticipación. Entraron al enorme estudio que utilizaba las pocas veces que trabajaba en casa, y vieron que estaba tecleando en su computadora a la velocidad de la luz. Los dos jóvenes se acercaron cautelosamente y esperaron a que notaran su llegada.
Kaoru carraspeó ligeramente, logrando que la mujer levantara su mirada del monitor y los viera. Seguramente su mirada expresaba claramente lo fuerte que su carácter podía ser. Los observó un momento y al ver que sus hijos no decían nada, dijo la primera palabra.
–Hikaru, Kaoru. ¿En qué puedo ayudarles? – Preguntó sin rodeos. –¿Necesitan ropa nueva? ¿Sus computadoras ya pasaron de moda? ¿O el Host Club necesita que mande confeccionar algo nuevo?
Los hermanos se miraron, habían estado planeando qué decirle toda la tarde. Hikaru sería el primero en hablar, y Kaoru le haría segunda.
–Verás, madre…– Se detuvo un momento. No sabía si su estrategia funcionaría, y eso le daba miedo. –Se acerca el Día de Brujas y nuestra clase es la encargada de espantar este año. Necesitamos que tu…
–En pocas palabras, ¿de cuántas personas estamos hablando? Sabes que no tengo mucho tiempo, pero mañana puedo enviar a las practicantes para que tomen medidas de tus compañeros de clase, y de tus amigos del Host Club. – Comentó mientras tomaba su agenda electrónica.
Kaoru supo que tenía que ir desvelando la verdad poco a poco, así que intentó ser lo más sutil posible. –Somos aproximadamente unos quince alumnos madre…pero eso no era lo que veníamos a pedirte.
La señora Hitachiin cruzó sus manos y apoyó su barbilla en estas, mientras esperaba a que sus hijos le dijeran lo que sucedía realmente.
–Mañana vendrá una compañera de nuestra escuela…es, bueno. Es una amiga. También necesitará un disfraz, pero por algún motivo que desconocemos quiere conocerte.
Parecía ser la mentira perfecta. Los gemelos sabían que era el precio que tenían que pagar para evitar la furia de su madre, pero tal vez esa noticia haría que se enojara más de lo que hubiera estado por saber lo que había sucedido con el profesor de Historia. Esa mujer no aceptaba errores, aunque con el paso de los años había llegado a pensar que sus hijos eran errores de la naturaleza, hecho que cambió cuando empezaron a ser un poco más sociables gracias al Host Club.
–Tendrán que ser más convincentes que eso. Mañana pensaba salir con mis amigas y hacer algunas compras, así que será mejor que valga la pena si quieren que cambie de planes. – Sentenció la altiva mujer.
Kaoru puso en marcha su plan personal "B". Empujó a Hikaru hacia el escritorio y dijo en voz alta:
–¡Le gusta a Hikaru!
El aludido miró a su hermano de forma asesina. Kaoru simplemente sonrió inocentemente y antes de que pudiera hacer algo para vengarse a su hermano, su madre ya estaba frente al mayor de sus hijos, con una mirada brillante y seguramente muchas ideas extravagantes en su cabeza.
–¿Es bonita? ¿Viste bien? ¿Qué estilo utiliza? ¿No es lolita, verdad? ¿Es alta? – Preguntaba la señora emocionada.
–Ehm…
Hikaru se veía algo avergonzado, y con una de sus manos rascó su nuca, intentando recordar si Naoko tenía algún estilo particular. Su madre siguió insistiendo para saber más acerca de la joven que iría a casa, y mientras Hikaru le espetaba que no se metiera en sus asuntos la señora Hitachiin empezaba a hacerle burla con una buena imitación de una madre triste, y falsas lágrimas en sus ojos.
–¡Mi pequeño Hikaru está enamorado! ¡Has crecido tanto y yo no me había dado cuenta! – Dijo mientras hundía uno de sus dedos en el brazo de su hijo, haciendo que el rostro de éste se empezara a poner de un tono carmesí.
–¡Deja de avergonzarme de esa forma! ¡Kaoru, voy a matarte! – Lanzó el chico a su hermano menor mientras intentaba alcanzar su cuello con sus manos, cosa que no pudo hacer debido a que su madre lo aprisionó con sus brazos, esta vez con una expresión maligna.
Kaoru sacó su lengua de forma grosera hacia su hermano y quiso añadir un poco más de leña al fuego. Esto va a ser muy divertido, pensó.
–Kaoru, querido. ¿Por qué no me dices más acerca de esta joven? – Preguntó la cabeza de la familia.
–No lo sé…podrías descubrirlo tú misma mañana, madre. Aunque ahora que recuerdo tienes que salir con tus amigas. Lástima, creo que tendrá que ser en otra ocasión. – Soltó el pelirrojo con aire despreocupado, a sabiendas de lo que iba a suceder.
Su madre era muy parecida a Hikaru, eran muy influenciables, y Kaoru lo sabía bien. Pensó que de ninguna forma su madre querría perderse la oportunidad de ver a Naoko, y en el fondo tenía la esperanza de que ambas tuvieran una pequeña riña, cosa de divertirlo. Ahora que Hikaru había descubierto sus propios sentimientos, o parte de ellos, tenía cierto miedo de quedarse solo.
–¡Ni hablar! – Dijo enérgicamente la mujer. Tomó su agenda electrónica y borró lo que tenía guardado en ella, introduciendo palabras que ni Hikaru ni Kaoru lograron leer. –Mañana mismo llamaré a Megumi y a Corinne para avisar que no podré ir de compras esta vez. – Añadió con una sonrisa, que no dejaba ver con claridad si era malvada o amable.
Segundos después ya había echado fuera de su estudio a sus hijos, y cerró la puerta con seguro, señal de que no la molestaran. Acostumbraba hacer eso cuando la inspiración venía a ella, y en ocasiones podían escucharse risas malvadas, gritos de frustración y expresiones de júbilo. Era una especie de laboratorio, aunque parte del éxito de los diseños hechos por la señora Hitachiin se debía a esos momentos de locura.
Hikaru tomó a su hermano del cuello de su camisa y lo miró amenazante. Kaoru por su parte, sólo se dedicaba a sonreír de forma cínica diciendo que lo sentía. El otro pelirrojo bajó su mirada e hizo que el más joven de los dos sintiera algo de culpa.
–Hikaru…¿estás bien?
–¡No lo entiendes! – Respondió el joven con un intenso color en sus mejillas mientras sentía deseos de llorar. –Tú…sólo te dedicas a sonreír para que yo no me preocupe. En este momento no sé qué es lo que quiero, no me gustaría tomar una decisión sin haberlo consultado contigo. No puedo hacer nada, ¿entiendes?
–Sabes bien que yo no tengo…
Hikaru lo interrumpió con voz aún más fuerte. –¡No quiero dejarte solo! Me siento confundido, lo único que quiero es que las cosas sean como deben ser, Kaoru. Si sigo pensando en Naoko, lo único que sucederá es que no podré seguir siendo parte del Host Club… Además, no sé si ella sienta lo mismo por mí. – Finalizó soltando a su hermano.
Esas palabras hicieron que Kaoru comprendiera cómo se sentía su hermano en realidad. Tenía razón, sonreía para que pensara que todo iba bien. Ambos compartían el mismo temor, era natural después de tanto tiempo juntos. Cuando Hikaru se despidió y se retiró a su habitación no lo retuvo, también él necesitaba estar solo. Si Naoko correspondía los sentimientos de su hermano podría significar su separación, en cierto modo. Los sentimientos encontrados eran algo que nunca le había gustado.
[La misma noche con los Kanagaki]
Kanagaki Naoko estaba sentada en el comedor esperando a que sus padres bajaran de la habitación. Aún con los problemas que tenía lidiando con ellos, se alegraba de que finalmente hubieran regresado. Siempre volvían con historias interesantes acerca de sus viajes, y claro está, con recuerdos del lugar.
Escuchó que sus padres bajaban por las escaleras charlando entre sí y riendo suavemente. Al llegar al comedor no pudieron evitar abrazar a su hija con cantidades anormales de lágrimas saliendo de sus ojos. Era una de las cosas que no toleraba de ellos. Respondió los abrazos cariñosamente y empezaron a charlar durante la comida de lo mucho que habían aprendido con sus investigaciones.
Ahora que habían regresado, tendría que pedir permiso para poder ir a la casa de los Hitachiin, cosa que posiblemente no sería sencilla considerando que el señor Kanagaki sentía una desconfianza absoluta de los otros jóvenes de la edad de su hija.
–Papá, mañana tengo que ir a casa de unos compañeros. Su madre hará los disfraces del Día de Brujas y necesitan tomarme medidas. – Empezó Naoko esperando ser sutil.
–¡Naoko-chi! ¿Por qué motivo tendrían unos hombres necesidad de tomar tus medidas? – Se exaltó Kanagaki Yuusei .
La madre de la chica también era muy sensible respecto a esos temas, y era difícil decidir acerca de quién era el más dramático de los dos. –Papá, Naoko -chan hacía referencia a la madre de los chicos, ¿cierto? – Añadió mientras un halo oscuro la rodeaba.
–¡Dejen de imaginarse situaciones absurdas salidas de sus mentes torcidas por tanto sol! – Replicó la muchacha con indignación.
Ese gesto provocó que sus padres sintieran nervios. Una de las reglas de la casa cuando ellos estaban presentes era no gritar ni elevar la voz. Los Kanagaki se habían caracterizado durante generaciones por ser personas pasivas y de voz tenue, casi como un murmullo. Evidentemente esto se había roto por completo con la llegada de Naoko. Por eso era complicado para los esposos tener que convivir con su propia hija, la cual era muy dada a ello.
–Mañana volveré de la escuela, tomaré un baño y pasarán por mí. Asegúrense de no avergonzarme y por favor papá no vayas a sacar el rifle de cacería del abuelo. – Advirtió Naoko, a sabiendas de lo sádico que se ponía su padre respecto al tema. La chica recordó que Mitsukuni le había regalado un cachorro, y antes de que pudiera pensar en algo se le escapó. –Cierto…ahora tengo un cachorro.
Todos se quedaron en silencio durante un largo rato. Por primera vez en la noche Naoko sentía que era una batalla perdida.
–Sé que no les gustan los animales pero…
–Sabemos que es por parte de Mitsukuni-kun. Siempre ha sido tan atento contigo. – Dijo el señor Kanagaki.
–Tendremos que hacer una excepción en esta ocasión. – Finalizó la madre de la chica.
El único chico que sus padres no consideraban un pervertido era Mitsukuni. Y no se equivocaban, siempre estaba comiendo pasteles y rodeado de cosas pastelosas, razón por la cual no lo veían exactamente como un hombre.
–Naoko-chi…– Suspiró cansado el padre. Por un momento parecía que iba a llorar, pero tomó uno de los cuchillos y miró a su hija. Parecía recién salido de una película de terror. –Si alguien se atreve a mirarte con ojos perversos este cuchillo pasará de ser un utensilio a ser el arma homicida…
–¡Papá! Ya es suficiente. Son mis amigos.
–¡Siempre empiezan siendo "amigos", pero cuando menos lo esperan terminan haciendo ****!
Ese comentario provocó que su hija se sonrojara. Odiaba cuando empezaban a hablar de lo que haría o no haría, y sobre todo después de que no la conocían como debían.
–Yuusei, si Naoko-chan hiciera eso sería imperdonable. Ni siquiera son mayores y ya están haciendo **** y ***. – Lloriqueó la señora mientras limpiaba sus ojos con una servilleta.
–¡Suficiente, dije! Será mejor que vaya a dormir, ¿ustedes qué saben de mi! Les recomiendo que no se metan en mis asuntos, a menos que quieran que me vaya de la casa.
No era una posibilidad lejana. Había ahorrado gran parte del dinero que recibía de sus padres y poseía su propia cuenta en el banco. Se levantó de la mesa sin despedirse y decidió encerrarse en su habitación.
¡**** y ***! ¿Qué demonios les sucede!
[Presente. Instituto Ouran. Salón de clases 2-A]
La clase era igual de aburrida que siempre. Fórmulas por todos lados. Afortunadamente la profesora nunca pedía que participaran en clase, sólo tenían que entregar los ejercicios al término de la hora. Eso sonaba prometedor, pero para personas como Naoko sólo alargaba su sufrimiento. Odiaba las matemáticas y no estaba entendiendo el nuevo tema.
Los gemelos se estaban burlando de ella en silencio, tenían razones para hacerlo. Se estaba despeinando de tanto tocar su cabeza intentando darle solución a sus problemas, y cada vez su aspecto era más parecido al de un espantapájaros.
Cuando tuvo la respuesta y empezó a escribirla, la puntilla de su lapicero se rompió, haciendo que soltara una expresión de desesperación absoluta. Todos sus compañeros la observaron asustados por el grito repentino, pero los Hitachiin no pudieron seguir aguantándose y se echaron a reír sonoramente.
–Parece que hay una ventana abierta Hikaru. – Dijo Kaoru con lágrimas en sus ojos. Era demasiado hilarante.
–También hay mucho viento por aquí, creo que hace que las ideas se vayan. – Añadió Hikaru con una gran carcajada.
Naoko los miró con claros instintos asesinos, y los hermanos se callaron súbitamente. Mientras tanto la profesora estaba añadiendo deberes adicionales, cosa que empeoraba el asunto.
¡Maldita sea! Ahora además de los ejercicios en clase tendré que hacer los deberes de esa harpía.
La maestra salió del salón y en cuanto hubo cruzado el umbral de la puerta la chica tomó su cuaderno y lo lanzó a la cabeza de Kaoru.
–¡No te pongas agresiva otra vez! – Se quejó el joven mientras acariciaba el lugar donde el cuaderno había aterrizado.
–¡Ustedes me hacen la clase de matemáticas imposible! No entiendo, he seguido los procedimientos que nos han explicado, cuento tres veces antes de escribir un resultado y al final, hago la comprobación. ¡Todo está mal! – Dijo agachando la cabeza con pocas esperanzas.
–Kanagaki-san... – Empezó Haruhi con aire pensativo. Sabía que si sus calificaciones bajaban tendría problema con sus padres. Según había escuchado no aceptaban errores.
Deben ser personas sumamente estrictas, pensó.
–...tal vez si pides ayuda a alguien te sería más fácil entender los problemas. – Propuso el Host natural.
No se le había ocurrido. Si había algo que no le gustaba hacer era pedir ayuda a alguien, especialmente en cuanto a la escuela se refería. Mordió su labio considerando eso una buena opción, pero también eso suponía tener que aceptar que no podía sola. No en matemáticas.
Miró a su alrededor intentando pensar en alguien. Mordió su labio un poco más fuerte y empezó a tamborilear su lapicero nerviosamente en su escritorio.
El mayor de los Hitachiin estaba observando todo desde su lugar. No quería proponerse a sí mismo a pesar de que las matemáticas fueran uno de sus puntos fuertes, aún no se sentía listo para ser amable con Naoko.
Es tan divertido ver cómo se quiebra la cabeza, se nota que está pasándola muy mal.
Cuando la respuesta vino a la mente de la chica pensó que hubiera preferido ser perseguida por ballenas asesinas, pero no le quedaba más remedio, los exámenes se acercaban y era seguramente un período que detestaba. Sus niveles de estrés alcanzaban proporciones peligrosas, y dentro de sí no quería que sus amigos la vieran en ese estado. No al menos si se preocupaban por su propio bienestar.
Empezó a girar lentamente su cabeza hacia los gemelos, sintiendo que estaba empezando a enfermarse e intentó sonreír, aunque lo único que sus labios pudieron formar fue un rictus. El primero en darse cuenta de ello fue Hikaru, quién se asustó por su combinación entre mareo, cabello e intento de sonrisa.
–¡Qué miedo! Debería ser un crimen poner una cara así... – Exclamó el pelirrojo.
–¿Huh? – Preguntó su hermano menor mientras se volteaba hacia Naoko. –Hikaru... ¿recuerdas aquella película donde todos eran perseguidos por una bruja maldita?
Naoko sabía que estaba cavando su propia tumba, y al querer hablar lo único que pudo hacer fue un murmuro incomprensible.
–¡Ahora empieza a hablar en un idioma que sólo ella comprende! – Dijeron los chicos al unísono escondiéndose momentáneamente tras un escritorio.
Haruhi también se sintió alarmada por lo que estaba diciendo Naoko, y se levantó para tomar a la chica de sus hombros y sacudirla suavemente intentando reanimarla. Ésta levantó una de sus manos y señaló el cuaderno que estaba en el suelo con algunas hojas dobladas. Kaoru sintió nervios, había sido su cabeza la causante de eso, aunque en realidad era una tontería sentir culpa por algo que ella había lanzado. No quiso causar el enojo de la joven y con una mano temblorosa levantó el cuaderno.
Un sobre cayó del mismo. Era un sobre común y corriente, lo que lo hacia lucir bastante sobrio. La atención de todos se centró en el sobre, e inclusive Naoko dejó de pensar en sus problemas escolares para enfocarse en lo que Kaoru sostenía en su mano. El chico lo giró lentamente intentando buscar el posible remitente del sobre, pero lo único que distinguió fue un persistente olor cítrico. Su hermano Hikaru arrebató el objeto de sus manos un poco bruscamente y lo colocó hacia arriba intentando ver su contenido con ayuda de las luces. Nada.
Un sentimiento de enojo lo invadió ligeramente cuando una mano pasó por su mejilla rozándolo apenas y el mismo olor que venía del sobre se hizo más fuerte. Antes de que pudiera reaccionar sus mejillas ya habían tomado un acentuado tono rosado, y mientras esa mano se alejaba dejando paso a un brazo escuchó una voz cerca de su nuca, haciendo que sintiera escalofríos.
–Hikaru...dame eso. – Dijo Naoko.
Ella también se sentía un tanto extraña estando tan cerca del chico, era casi como estarlo abrazando. Pensó que Hikaru tenía un aroma agradable, y desde ese ángulo podía ver que en realidad era mucho más atlético de lo que creía. Tuvo un impulso repentino de abrazarlo, y mientras asimilaba el haber tenido ese tipo de deseo el chico se volteó bruscamente, haciendo que quedaran muy cerca uno del otro. Tal vez demasiado.
Ambos cruzaron sus miradas por un instante. Hikaru pensó con angustia que la chica escucharía su corazón. Tuvo la sensación de que el sonido lo iba a dejar sordo, y todo en su cabeza empezaba a dar vueltas.
Kaoru que estaba cerca de ellos interrumpió el momento colocando el cuaderno de la joven frente a su cara, lo que hizo que se distrajeran. Naoko recordó que tenía que recuperar el sobre y pedirle ayuda a los gemelos. Quitó el cuaderno de su rostro y vio que Hikaru estaba medio desmayado en su silla, mientras Haruhi le hacía aire con un libro. Avanzó hacia el chico con intenciones de recuperar su sobre pero Kaoru se interpuso en su camino.
El chicó pensó en una estrategia para hacerla olvidar a su hermano. –Nuestra madre aceptó que fueras a la casa. Recuerda que es diseñadora, la mejor en lo que hace y por lo tanto no tolera errores. Será mejor que vuelvas a tu casa y pienses en algo qué ponerte, no quisiera que te hiciera sentir mal si fueras mal vestida. – Añadió sutilmente.
Sonrió internamente al ver que Naoko se quedaba sorprendida. Definitivamente había acertado con sus palabras, y se alegró de ver como su rostro empezaba a parecer preocupado. La chica buscó un lugar para ver su aspecto, momento que el pelirrojo aprovechó para ponerla frente una ventana.
–Vaya, vaya. Madre seguramente pensará que eres linda. – Dijo en tono sarcástico con una sonrisa malvada.
–¡Cierra el pico, Hitachiin Kei! No puedo irme ahora, si lo hiciera tendría que faltar a clases y los profesores llamarían a casa para averiguar el motivo... –
–No te preocupes por eso, ya hablaremos con los maestros para darles alguna explicación lógica. Además, Haruhi estará ahí para asegurarse de que lo que prometo no será una mala jugada. ¿Verdad, Haruhi? – Comentó Kaoru mientras se refería a Haruhi, que había dejado de hacerle aire a Hikaru y se dirigía hacia ellos.
Fujioka Haruhi odiaba estar involucrada en los asuntos de los gemelos, pero si no se aseguraba de que cumplieran su palabra Naoko podría tener problemas. La muchacha le observó con ojos brillantes, y muy a su pesar tuvo que aceptar.
–¡Es cierto, he olvidado darles mi dirección! – Recordó la muchacha con prisa.
Kaoru hizo un movimiento negativo con su cabeza.
–No te preocupes, estuve investigando un poco. Vives frente a Honey-sempai, ¿cierto? –
A Haruhi y a Kaoru no les pasó desapercibido que la chica cambió un tanto su expresión en cuanto mencionaron a Honey. Asintió rápidamente y empezó a guardar las cosas en su mochila.
–Hotaru-chi, Kei-chi... – Se burló un momento Naoko. –Los estaré esperando a las dos en punto, así que espero sepan poner una buena excusa para su Host Club. Además, si llegan tarde tendrán que lidiar con la ira de la familia Kanagaki.
Y sin decir más, salió del salón lo más rápido posible mientras llamaba a su chofer desde su celular. Tuvo que ocultarse momentáneamente en ciertos salones vacíos para no ser descubierta por los profesores. De verdad le avergonzaba tener que irse cuando las clases tenían poco de haber comenzado, pero si lo que Kaoru le había dicho era cierto, no podía permitirse cometer una equivocación. No con Yuzuha Hitachiin.
[Salón de clases 3-A]
Kyouya Ootori escribía el dictado de su clase de latín. A su lado, Tamaki Suoh hacía lo mismo, aunque en ocasiones se detenía a pensar y garabateaba una línea para indicar que le faltaba alguna palabra. Dejaron de dictar y les dejaron algunos minutos para que hicieran ciertas correciones. Tamaki siguió dudando acerca de ciertas palabras, y al término del tiempo no le quedó más que suspirar y entregar su hoja junto con las demás.
–Éste vaya que fue difícil. – Dijo el joven rubio con una sonrisa. –¿Todo bien contigo, Kyouya?
Sonrió y acomodó sus lentes. Era un tic que lo caracterizaba.
–Por supuesto que sí.
–Era de esperarse de ti, Kyoya. – Rió Tamaki suavemente. Apoyó su cabeza en una de sus manos, mirando hacia el frente aunque no fijando su mirada en algo en particular. – He estado pensando en algo últimamente...
Kyouya lo observó con curiosidad. Su amigo siempre tenía ese aire soñador, y aunque un gran porcentaje del tiempo hiciera cosas tontas siempre ayudaba a todo el mundo. Esa generosidad terminaría llevándolo a la ruina, pero en verdad se alegraba de ser su amigo.
–¿En qué has estado pensando, Tamaki?
–Han estado pasando cosas muy interesantes, ¿no crees? – Dijo con aire pensativo.
–Tienes razón. Aunque creo que parte de ello podría causar un quiebre en el Host Club. Por una parte Kaoru tendría problemas con Hikaru, quien a su vez los tendría con Honey-sempai. El otro día llamé a Mori-sempai y me comentó que Honey había ido a verlo para disculparse por la actitud que tuvo cuando salieron al acuario.
Tamaki escuchaba atentamente, y no podía evitar sonreír. Después de todo, Mori era el mejor amigo de Honey, aún a pesar de lo que ocurría alrededor. Tenía la misma esperanza para el Host Club.
–Kyouya... en verdad creo que el Host Club es más fuerte que eso. – Respondió tranquilamente.
El chico de lentes esbozó una sonrisa escéptica.
–Tú nunca te das por vencido, Tamaki Suoh.
[Cuarto de Kanagaki Naoko.]
Era posible pensar que un terremoto había arrasado con todo lo que se encontraba en su camino, pero por otra parte el resto de la casa parecía demasiado limpio. Naoko estaba tirada sobre una gran pila de ropa, pensando en qué ponerse. Afortunadamente la llegada a su casa había sido exitosa, sus padres se encontraban en una reunión entre investigadores y llegarían al tiempo se suponía ella ya habría vuelto de la escuela.
Mientras tanto, el cachorro que había recibido por parte de Mitsukuni mordía uno de sus viejos pares de zapatos deportivos. No había pensado en un nombre para el cachorro, así que había decidido acudir a sus amigos del Host Club para recibir consejos.
Pero la mente de Naoko estaba enfocada en algo mucho más crucial que un nombre: dentro de unas horas tendría frente a ella a la gran diseñadora Yuzuha Hitachiin. Mientras repasaba en su cabeza las diferentes combinaciones de ropa que podía hacer, recordó la nuca de Hikaru.
De alguna forma...se siente extraño, pensar en él.
Fijó su mirada en el techo e intentó alcanzarlo con la punta de sus dedos como tenía costumbre. Cerró su mano lentamente y la abrió frente a su rostro. Estaba vacía. Siempre lo estaba. De repente sintió una pequeña descarga, una combinación que podía ser perfecta había llegado a su mente.
Suspiró para luego ponerse en búsqueda de la ropa en cuestión. Era complicado reconocer lo que necesitaba entre tanto desorden, pero después de un rato logró encontrarlas. Con una expresión triunfante tomó las prendas entre sus manos y se dirigió hacia el lugar donde guardaba sus pares de zapatos y zapatillas.
Llamó a una de sus empleadas y le dio las prendas para que las planchara. También le pidió que limpiara el desorden que había causado, cosa que la mujer dijo que no podría hacer sola, por lo que casi todo el personal de la familia Kanagaki se encontraba ayudando a guardar todo en su lugar mientras Naoko se disponía a tomar un baño meticuloso.
Para la joven el tiempo que duró preparándose pareció demasiado corto, pero para sus empleados era una de las rutinas que más tiempo tardaba en realizar. Al estar en la bañera se quedó un momento adicional intentando relajarse un poco. Tal vez la presión que sentía se debía en gran parte a los gemelos. No quería ser blanco de sus burlas...o de su rechazo.
Observó el reloj en forma de flor que tenía en una de las paredes del amplio baño, y en cuanto pudo distinguir los números salió rápidamente del agua y se envolvió en una bata de baño.
¡Siempre con prisa, Naoko! Faltan treinta minutos para que esos dos lleguen... ¡Maldición!
Afortunadamente cuando volvió a la habitación todo estaba limpio y lo que había escogido para conocer a Yuzuha Hitachiin estaba perfectamente colocado sobre su cama. Con la mayor rapidez posible empezó a vestirse, dejando la bata de baño a medio camino. Hizo todo lo posible por arreglar su cabello de la mejor forma en el menor tiempo posible, cuando escuchó que alguien estaba haciendo sonar el timbre de la casa.
Sintió un pánico indescriptible, y se apresuró aún más. Cuando creyó escuchar que alguien abría la puerta roció de su fragancia favorita y salió de la habitación, empezando a sentirse cansada por tanto estrés. Una vez que llegó al vestíbulo descubrió que más de dos personas estaban esperándola.
–¡Lo siento, estoy li... –
Ni siquiera pudo terminar la frase. Los dos gemelos se encontraban atados con cuerdas muy gruesas, y estaban dispuestos en la alfombra. A un lado de ellos se encontraba el señor Kanagaki con una mirada de suficiencia. Al ver a su hija llegar, puso uno de sus pies sobre lo que parecía ser Kaoru, quien soltó una expresión de dolor.
–¡Ara, Naoko-chi! Mamá y yo acabamos de encontrar a estos especímenes en la puerta. Mamá dice que son simios, pero yo creo que son alguna especie emparentada con los pulpos... – Dijo mientras miraba a los chicos de manera feroz.
–Naoko-chan... ¿éstos son los amigos con los que vas a pasar toda la tarde? – Añadió la señora Kanagaki con una amable sonrisa mientras hundía una vara en las costillas de Hikaru.
La joven sintió que su sangre hervía. Se fue acercando a sus padres con paso decidido, empezando a reír siniestramente. Esta acción hizo que los cuatro presentes frente a ella empezaran a sudar frío.
–Qué gusto verlos de nuevo...Yuusei, Shizuka. – Lanzó con toda la tranquilidad posible, aunque con un tono de voz que indicaba su enojo reprimido.
Los señores Kanagaki se sintieron abrumados al ser llamados por sus nombres, y enseguida se acercaron a su hija lloriqueando.
–¡Naoko-chi! No volverá a suceder, perdona a este pobre y celoso viejo.
–Papá y mamá se preopcupan mucho por Naoko-chan...¡No queremos que unos vagos cualesquiera le hagan daño a nuestra preciosa y dulce hija!
Los gemelos intentaron hablar a través de las telas que cubrían sus bocas para defenderse, y al mismo tiempo intentaron rodar hacia la puerta de salida, siendo detenidos por el trabajador más leal de la familia, Richard.
–Espero no hayan intentado escapar jóvenes.
Hikaru y Kaoru empezaron a llorar. Se imaginaron siendo estudiados como animales de laboratorio y puestos en formol para ser exhibidos a la comunidad científica. La escena completa era lastimosa de ver, y Naoko ya había superado su límite de tolerancia.
–¡Suficiente! Richard, suéltalos. En cuanto a ustedes... – Dijo mirando a sus padres esbozando una sonrisa sarcástica. – No quiero que vuelvan a tratar así a mis invitados. Si algo así vuelve a suceder me iré de la casa definitivamente y no sabrán de mí en un mes, ¡espero haya quedado claro! – Finalizo con una voz fuerte y directa.
El amo de llaves ya había soltado a los Hitachiin, quienes frotaban sus brazos en donde había algunas zonas enrojecidas por el fuerte amarre. En cuanto a los padres de Naoko, se abrazaban deprimidos intentando parecer desconsolados, aunque sabían que eso no conmovería a su hija. La chica se acercó a los gemelos y tomó a cada uno de un brazo, alejándose con ellos hacia el transporte de los chicos, aún murmurando enojada.
Subieron al lujoso vehículo y emprendieron su ruta hacia la mansión Hitachiin. Los chicos se habían quedado en silencio, y Naoko simplemente suspiró.
–Lo siento. No pensé que mis padres llegarían antes de lo previsto. No están acostumbrados a que me visiten, y bueno...creo que les quedó claro que mi padre tiene una manía hacia los hombres de mi edad. – Empezó en tono de disculpa.
–Hay alguien que actúa parecido en la casa de Haruhi. – Comentó Kaoru.
–Oh, ¿se refieren a Fujioka Ranka-san? – Preguntó Naoko mientras recordaba la vez que estuvo en su casa. –Cierto, en un inicio me preguntó si realmente era chica...me pregunto la razón, en verdad era imposible que pareciera hombre. Un hombre no puede parecer mujer después de todo, ¿cierto?
Hikaru y Kaoru no estaban tan seguros de eso. Ranka era un hombre que se dedicaba a ser lo más parecido a una mujer. Inclusive era tan fiero como una de ellas.
–Hikaru, Kaoru... –
Ambos se sorprendieron un poco. Generalmente los llamaba por su apellido o les ponía sobrenombres. Hikaru observó a la joven que tenía a su derecha, y en verdad pensó que era linda. Su hermano menor tuvo un pensamiento similar en la cabeza, pero de ninguna forma permitiría que ella y su hermano tuvieran algo más que amistad.
Había hecho esa decisión la mañana misma, cuando ambos estaban muy cerca del otro. Supo que se trataba de celos, pero aún así estaba dispuesto a hacer lo posible por hacer que se olvidaran uno del otro. Su excusa era que no quería que Hikaru saliera lastimado, el amor siempre era algo impredecible y que acostumbraba hacer sufrir a los demás. Y no dejaría que Hikaru sufriera, no por ella.
Naoko acarició su cabeza intentando ser educada. –¿Creen que sería posible comer algo en su casa? – Rió suavemente mientras su estómago hacía ruidos extraños. –Olvidé comer, en verdad estaba preocupada por lucir bien y tengo hambre ahora.
Hikaru no pudo evitar querer hacerla enfadar. –Lo siento Naoko, en nuestra casa no servimos cabezas encogidas y la carne tampoco está cruda. Seguramente en tu casa tienen un cuarto especial donde tú misma cazas lo que vas a comer...
–¡Qué dices! Hotaru-sama, no te preocupes por eso, tu cerebro ya es lo suficientemente pequeño como para servirme de alimento. – Replicó la muchacha.
–¿Ah, si? ¡Pues no soy yo el que tiene problemas con matemáticas y necesita hacer deberes extra!
–¡Será mejor que retires lo que has dicho, cabeza de martillo!
–¡Bruja!
–¡Orco!
–¡Espantapájaros!
–¡Zanahoria vengadora!
Kaoru miró por la ventana intentando no escuchar sus ya acostumbradas peleas. Sería algo difícil impedir que esos dos no terminaran juntos, eran igual de infantiles. Pero tal vez necesitaría recurrir a alguien más para poder cumplir con su propósito, alguien que también tuviera sus mismas intenciones.
A lo lejos se distinguió una mansión estilo francés, con grandes ventanas y jardines al frente. Las propiedades de los Kanagaki eran igual de grandes, pero la mayoría estaban ocupadas por bosques que los padres de Naoko intentaban mantener alejados de cualquier intervención humana. La chica se sintió en uno de esos castillos, y eso la hizo sentirse un poco incómoda. Le recordaba un viaje especialmente desastroso en el que había terminado encerrada en un calabozo totalmente oscuro por un largo rato.
Bajaron del auto y mientras los Hitachiin subían unas escaleras que llevaban hacia la entrada principal, la chica se quedó inmóvil. Sus piernas temblaban y su respiración empezó a agitarse, era evidente que estaba muy nerviosa. Hikaru volvió sobre sus pasos y tomó a Naoko del brazo, pero simplemente no se movió. El joven sonrió intentando calmarla.
–No te preocupes, te ves muy bien.
Ese comentario hizo que se sintiera menos nerviosa, pero también hacía que su estómago hambriento sintiera sensaciones agradables y a la vez desagradables. Subió las escaleras hasta llegar a la puerta, y una vez ahí todo sucedió tan rápido que era complicado darse cuenta de lo que pasaba en el momento oportuno.
Sintió que unas manos delgadas aunque muy fuertes la sujetaban de los hombros, al mismo tiempo que otro par de manos la tomaba de la cintura y la alejaban de los gemelos. Pensó que la estaban secuestrando, pero en cuanto quiso defenderse la aventaron a una habitación que según su sonido habían cerrado con llave.
¡Ahora qué? Estoy rodeada de enfermos... ¡Ese presentimiento que tuve! Debí correr cuando pude... se lamentó internamente Naoko, cuando repentinamente alguien encendió las luces. Logró distinguir un escritorio frente a ella, en la que el respaldo de la silla estaba dándole la espalda.
Unas sirvientas se encontraban a ambos lados de la chica y la acercaron al escritorio. Naoko no podía evitar sentirse en un interrogatorio, y aunque en el fondo sabía que frente a ella estaba la mismísima Hitachiin Yuzuha prefirió guardar silencio. La silla empezó a girar hacia ella y una vez que se volteó por completo, Naoko se quedó un momento en blanco. Era como una copia al carbón de sus hijos, aunque claro ella era mujer, y una muy poderosa.
–Bienvenida a mi casa, Kanagaki Naoko. – Dijo la mujer con su voz directa aunque elegante.
La joven inmediatamente hizo una reverencia y se presentó frente a la madre de sus compañeros, esperando que la primera impresión de ella fuese buena. La señora Hitachiin la observó de pies a cabeza, realmente le parecía una chica linda. Traía una falda de mezclilla que le llegaba varios centímetros por encima de la rodilla. Había combinado ésta con una blusa holgada color rojo y unos botines estilo vaquero. Se había maquillado cuidadosamente, intentando no parecer demasiado simple pero conservando un aspecto natural. Yuzuha sonrió y se levantó de su lugar.
–Señora Hitachiin, quiero que sepa que para mi es un gusto conocerla y un gran honor que accediera a verme a pesar de su apretada agenda. – Agradeció Naoko educadamente. Había estado preparando esas palabras durante un largo rato, y le reconfortaba ver que no las había olvidado.
–Descuida. Y preferiría que me llamaras Yuzuha, Naoko-chan. Soy una mujer joven, exitosa y talentosa, decirme señora sólo me hace sentir vieja. – Dijo mientras reía con ademanes que reflejaban su vanidad. Realmente era muy parecida a sus hijos. Cuando dejo de reír observó a la chica y sonrió. Se le acercó rápidamente y empezó a caminar a su alrededor fijándose en cada detalle.
Naoko no pudo evitar sentir escalofríos cuando escuchaba algunas expresiones que no comprendía, y cuando menos lo esperó la madre de los gemelos sacó una cinta métrica y empezó a medirla por todos lados, inclusive midiendo su estatura y el diámetro de su cabeza. Eso hizo que la chica se sintiera un tanto cohibida, pero Yuzuha era imparable una vez que comenzaba. Ordenaba a sus trabajadoras que anotaran ciertas medidas, mientras una de ellas empezaba a quitarle la ropa a Naoko, que lanzó un grito asustado.
El grito de la muchacha llegó hasta los oídos de los gemelos, quienes estaban jugando cartas en uno de los cómodos sillones del vestíbulo. Kaoru sonrió al escuchar ese sonido, y Hikaru se levantó intentando averiguar el motivo por el cual Naoko podría haber gritado. Se levantó de su lugar y se acercó a la puerta del estudio de su madre, colocando su oreja en la puerta.
Lo único que lograba escuchar era una risa malvada que seguro provenía de su madre, y los forcejeos de Naoko.
–¡Qué creen que hacen! Yuzuha-san, era más fácil decirme que lo hiciera yo misma...¡No toques ahi! – Gritó desesperada.
Hikaru luego de forzarla un rato logró abrir la puerta alarmado por lo que acababa de escuchar, y al entrar al estudio supo que lo mejor que podía hacer era salir de ahí, y rápido. Pero aunque hubiera querido sus piernas ya no respondían. Frente a él todo era un caos: su madre estaba haciendo bocetos lo más rápidamente posible, algunas de sus novatas estaban cortando telas y unas más intentaban quitarle a Naoko sus botas. Era lo único que le quedaba, a parte de su ropa interior. Eso era precisamente lo que no permitía que el pelirrojo se moviera, ya que la chica estaba en el piso forcejeando con las otras mujeres, y en ropa interior. Traía un conjunto color rosa que le parecía muy atractivo, aunque cuando sintió que se iba a desvanecer de la impresión recibió una carpeta en el rostro.
–¡Kaoru! – Dijo la señora Hitachiin con enfado, equivocándose nuevamente con el nombre de su hijo. Cuando la carpeta cayó al suelo y vio que su hijo tenía el mismo color de la blusa que traía Naoko puesta, supo que se trataba de Hikaru. –Lo siento. ¡Hikaru, te he dicho que no entres a mi estudio cuando tengo clientas! Naoko-chan, discúlpalo. – Dijo dulcemente mientras se dirigía a la joven.
Naoko se había quedado sin palabras, en el suelo y con sólo un botín. Cerró sus ojos con la esperanza de que todo fuera una terrible pesadilla, y cuando acostó su cabeza para ver si todo era sólo una mala jugada, vio a Hikaru parado en la puerta observándola. Si había un momento que quisiera borrar de la historia de su vida seguramente sería ése. Ella misma quitó uno de sus botines y se lo aventó al rostro, haciendo que retrocediera un poco, lo que permitió que al fin alguien pudiera cerrar la puerta.
–Naoko-chan, no te preocupes. Hikaru es un buen chico además no es como si te hubiera visto sin ropa. Piensa en esto como si hubieras estado en la playa. –Intentó ayudar Yuzuha.
–Hitachiin-san...yo no estoy acostumbrada a esto. Lo único que quiero es un disfraz hecho por usted, que sea tan único como para poder asustar a sus hijos... – Dijo en voz baja la joven mientras buscaba algo para cubrirse, aunque lo único que estaba a la mano era un retazo de tela que había caído al suelo.
Se sentía demasiado apenada. Ningún chico la había visto con traje de baño siquiera, y le exasperaba saber que Hikaru la había visto así. Por un momento sintió deseos de llorar, pero una mano se posó sobre su cabello acariciándolo.
Yuzuha Hitachiin estaba arrodillada a su lado. No podía impedir sentir algo de nostalgia al recordar su juventud. –No deberías avergonzarte de tu cuerpo, aunque comprendo que siendo una chica tan joven lo veas como algo exagerado. No te preocupes, ya te he tomado las medidas necesarias, y cuando tenga el traje listo te llamaré para que vuelvas. ¿De acuerdo? – Le preguntó con suavidad a la joven. La chica asintió y en eso la madre de los gemelos ordenó que volvieran a darle su ropa.
Kaoru estaba construyendo un castillo con las cartas que estaba usando junto a su hermano un rato atrás y notó que su hermano seguía donde había caído del otro lado del estudio.
–Hikaru, ¿estás bien? –
Su hermano mayor murmuró algo, y al no poder escucharlo con claridad se acercó hacia él y lo ayudó a levantarse. El color de su rostro no había desaparecido, y su mirada se veía algo perdida.
–Rosa... – susurró de forma apenas audible.
–¿Rosa? Hikaru de qué estás hablando, no entiendo lo que dices. – Insistió Kaoru. Antes de que pudiera seguir cuestionándolo acerca de lo que podría haber o no visto, la señora Hitachiin había salido de la otra habitación.
–Kaoru, te agradecería dejes de hostigar a tu hermano. Se encuentra algo... perturbado. Hikaru, por favor tranquilízate. Naoko-chan está muy avergonzada por lo que sucedió y en un momento saldrá de ese cuarto para comer algo. Su estómago hacía sonidos extraños... – Comentó intentando parecer natural. Siempre era muy meticulosa con las personas, le gustaba detectar cualquier error.
Hikaru se sentía terrible, no sabía como manejarlo. –...pero era rosa. – Dijo con desesperación mirando a su madre en búsqueda de ayuda.
–Piensa en esto: tu abuela siempre usa ropa interior rosa, y no es como si fuera la mujer más hermosa que hayas visto. Imagina que le dijeras eso... –
–¡Qué horror! – Dijeron los hermanos al mismo tiempo.
–Por cierto Hikaru, la chica es bastante linda. Aunque la verdad no serviría para ser modelo, es demasiado baja de estatura y su busto ni siquiera alcanza una copa B... pero es linda, y viste bien. Creo que algún día probaré en ella mi colección petite.
El chico solo hizo un sonido con su garganta, intentando cambiar la conversación. Ya se sentía más tranquilo y esperaba poder enfocarse en otra cosa mientras tuviera a Naoko cerca. Su madre sonrió al verlo y todos escucharon cuando la puerta del estudio empezaba a abrirse lentamente.
Naoko asomó su cabeza y salió poco a poco de la enorme habitación. Avanzó con paso lento hacia donde estaban todos e intentó actuar como si nada hubiera sucedido. Se acercó a los presentes y una pequeña risa nerviosa escapó de sus labios.
–Yuzuha-san, gracias por todo. – Dijo mientras volvía a hacer una reverencia en señal de agradecimiento.
Kaoru se propuso descubrir lo más pronto posible lo que había pasado, tenía que planear sus siguientes movimientos con cuidado. Pasaron al gran comedor, y aunque los gemelos ya habían comido se sentaron cerca de Naoko para hacerle compañía. La señora Hitachiin volvió a su estudio para seguir trabajando, y en cuanto los dejó solos un silencio sepulcral invadió el comedor.
–Kanagaki, ¿prefieres la comida francesa o italiana? – Preguntó el menor de los gemelos mientras llamaba a una de las sirvientas.
–Cualquier cosa está bien, la verdad tengo mucha hambre y no quisiera que prepararan cosas innecesarias sólo para mí.
Bien. Sabrás lo que es comer con los Hitachiin. Nadie ha tenido estómago suficiente como para soportar eso sin sentir deseos de vomitar, pensó Kaoru con una sonrisa.
Los platillos fueron servidos rápidamente, eran demasiados y todos lucían deliciosos. Habían preferido la comida italiana, pero a Naoko le sorprendió ver que junto con los platillos típicos traían varias salsas picantes y un gran tarro de miel de maple. No hizo ningún comentario al respecto, supuso que sería para algún postre.
–¡Uno de mis platillos favoritos, raviolis! – Se alegró la joven mientras empezaba a comer. Aunque lo hacía de forma algo rápida, parecería que su uso de los cubiertos era excelente, después de todo también era una persona perteneciente a la clase adinerada del país.
–Deberías ver lo deliciosos que son con jarabe de maple... – Comentó Kaoru de forma sutil.
–Maple...
Naoko vio a Hikaru empezar a vaciar gran parte del tarro de maple en su comida, y cuando se volteó hacia Kaoru para preguntarle si era una broma el joven estaba haciendo lo propio con una de las salsas. Sintió repulsión al ver esa mezcla que resultaba poco apetitosa, pero prefirió enfocarse en su propio plato para no incomodarlos.
–Naoko, creo que deberías probar esto... – Le propuso Hikaru con su tenedor lleno de raviolis cubiertos con miel de maple.
La chica se puso un poco nerviosa y cambió la conversación para no tener que probar. Se veía realmente asqueroso. Mientras charlaban acerca de las cosas que les gustaba hacer en su tiempo libre, Hikaru se retiró un momento al baño. Kaoru aprovechó ese instante para poder hablar a solas con la muchacha.
–Sabes, nuestra madre nos dijo que le parecías realmente linda...
–¿En serio? Es...un halago para mí. Seguramente lo dijo por cortesía sabes...
El pelirrojo la interrumpió. – Hikaru también dijo algunas cosas.
Ese comentario hizo que el ambiente se pusiera algo tenso. Naoko recordó la vergüenza que sintió cuando Hikaru entró al estudio y la vio. Pero algo dentro de ella no supo estarse en paz, por lo que tuvo que preguntarle algo a Kaoru.
–¿Ah si?...¿y qué dijo? – Preguntó con curiosidad.
–Bueno...tal vez no debería decirte esto, pero dijo que no eras su tipo. Verás, a él le gustan las chicas calladas y tiernas. También dijo que no pensó que tuvieras tan poco atractivo físico. Pero eso no importa ¿o si? Seguramente cuando vuelva tendrás deseos de golpearlo. – Dijo con una pequeña sonrisa de suficiencia.
La joven se quedó un momento callada y miró sus manos sobre sus rodillas. Algo dentro de ella dolía, era como si su pena se hubiera transformado en un sentimiento lastimero, que hacía que su corazón quisiera detenerse.
–Así es, Kaoru. No importa. Muchas gracias por la comida... – Dijo mientras se levantaba, sin mirar al chico a la cara.
–¿Ya te vas?
–Sí...tengo unos...asuntos pendientes en otro lado. – Respondió atropelladamente. – Dale las gracias a tu madre, y despídeme de Hikaru, ¿de acuerdo? – Continuó intentando componer una sonrisa.
Espero las cosas salgan bien. Es lamentable que tenga que ser así, pero no me quedan muchas alternativas, pensó Kaoru.
La castaña caminó fuera de la habitación y se dirigía a la salida, cuando se encontró con Hikaru quien regresaba del baño. El chico la retuvo de un brazo.
–Naoko, ¿pasa algo? ¿Ya te vas? – Se extrañó Hikaru.
La joven sólo lo miró intentando soltarse. Gruesas lágrimas salían de sus ojos, y el pelirrojo hubiera querido preguntarle lo que sucedía, pero simplemente la soltó y la dejo ir sin poder decir palabra. Naoko salió de la propiedad de los Hitachiin y caminó a lo largo de la calle sin un rumbo fijo. Contuvo sus lágrimas gran parte del camino, aunque hubo un momento en el que ya no pudo evitarlo. Se recargó en un muro y limpió sus lágrimas con el dorso de su mano, intentando calmarse.
Sacó su teléfono celular e hizo una llamada que pensó nunca haría en esas condiciones y después de lo ocurrido con el paso del tiempo. El teléfono sonó un momento hasta que una voz del otro lado del aparato contestó.
–Soy yo. ¿Pasó algo grave?
Naoko enjuagó sus lágrimas nuevamente y contestó sollozando entrecortadamente: –Mitsukuni, lamento llamarte inesperadamente pero... ¿Podrías venir por mí?
Espacio del autor.
Si llegaron hasta el final, gracias nuvamente. No sabía en qué momento Kaoru tendría que tomar su primera carta de la baraja, pero creo que el momento fue adecuado. Me hubiera gustado ser un poco más explícita respecto a lo que sucedió al final, pero el capítulo hubiera sido demasiado largo.
Creo que el final me gustó. Nos deja con suspenso. Me pregunto lo que pasará después.
Creo que en el blog me equivoqué y puse capítulo 10. Pero eso no importa. También tengo que pensar en la música, vaya.
Saludos a gabiii. Gracias por tu review me agrada que te guste. (Lo siento, eso fue redundante.) También saludos a México, Argentina, España, Perú, Ecuador, Colombia, El Salvador y Chile.
Por cierto: Si quieren conocer a Naoko visiten el blog. Me dí el tiempo de hacer algunos dibujos, espero les ayude a imaginarse mejor la historia.
¡Nos vemos en el siguiente capítulo! ¡Cuiden de mí por favor!
DaemonLover
