LA INMORTALIDAD TE QUEDA
SUMARIO: Post-Amanecer. Aro continúa la persecución, los Cullen, en especial Bella son más peligrosos de lo que pensaba, ella para salvar a su familia enfrentará el dilema de ceder a los deseos de un vampiro siniestro y hermoso, aunque implique no volver a enfrentar la mirada de su amado. ¿Mala suerte o predestinación?
ALERTA: SPOLIERS de Crepúsculo, Luna Nueva, Eclipse y Amanecer.
DISCLAIMER: Edward y Bella con todos sus personajes asociados son propiedad de Stephenie Meyer, la trama y desvaríos son míos. Los textos de libros originales a que hago referencia están citados entre comillas en cursiva.
Clasificación: M. Atención, lenguaje y situaciones de adultos.
CAPÍTULO 17 - LA REUNIÒN
Esa noche, aprovechado que Félix y Demetri habían salido a cazar, humanos de seguro, y cuando Renéesme ya estaba dormida, Edward llamó a todos al amplio comedor.
Bella esperaba pasar con Edward una noche entregada al amor y a la pasión que le inspiraba, a la cual se entregaría con todas la fuerza de su ser, porque quizá sería la última a su lado, cuando él le pidió que regresaran a la casa grande y allí la esperaba una sorpresa: toda su familia, Jacob incluido, se encontraban sentados en el gran comedor.
—¿Qué pasa? —le preguntó con incredulidad a Edward.
—Ya lo sabrás —le respondió él lacónicamente.
Carlisle estaba sentado en una cabecera de la mesa y en la otra, que estaba libre, Edward le pidió a Bella que se sentara. Verse en esa posición privilegiada de la mesa no hizo otra cosa que aumentar su inquietud. Esme, Alice, Jasper, Rosalie y Emmet, ocupaban los otros puestos, mientras un Jacob con los ojos fijos debajo de la mesa estaba exactamente al lado del lugar que había ocupado Edward. Éste, en medio del incómodo silencio y las miradas que sin duda se dirigían a Bella más que a cualquier otro, tomó la palabra.
—Padre, madre, hermanos, Jacob, Bella, he citado a ésta reunión para que en familia decidamos un asunto muy importante, que ya se sale de mis manos como esposo, es algo que rebasa mi relación con Bella y por ello lo pongo a consideración de ustedes, porque nos afecta a todos —Bella lo miró apabullada por la sorpresa, no podía creer que hubiera algún asunto de pareja que Edward considerara que debían definir frente a toda la familia.
—¿Qué es esto, Edward? —le inquirió ella —cualquier cosa que sea debemos hablarla antes, no entiendo, ¿algo de nuestra relación que les afecta a todos? ¿Acaso no tememos vida privada?
Emmet resopló y miró a Bella suspicaz.
—¿Cuál vida privada, Bella? ¡Tus gruñidos en la noche se sienten a varios kilómetros a la redonda! —le dijo con una sonrisa socarrona.
Bella y Edward le lanzaron unas miradas asesinas y Rosalie le dio un golpe en el abdomen, que seguramente fue como coquillas para él.
—Compórtate amor, esto es serio —le reprendió.
Edward continuó.
—Una vez tomaste una decisión sobre tu alma y sobre tu vida y la mía, Bella, con la ayuda de toda nuestra familia, en una noche en que dijiste que el tema de tu conversión era asunto de todos y debíamos votar, pues nos ponía en peligro. Ahora es exactamente igual, Bella, no puedes estar en desacuerdo con esta metodología cuando tú misma la creaste.
»Todos sabemos que planeas algo relativo a la visita de Félix y Demetri, Alice lo ha visto vagamente en sus visiones porque no parece algo muy decidido —Bella miró a Alice con una ira profunda que se difuminó cuando vio la preocupación en los ojos de su hermana —Jacob lo ha notado y él te conoce más que nadie —aunque Jacob seguía con la mirada fija en el suelo la desvió para enfrentar la mirada de Bella, quien se sentía traicionada —y yo lo sé desde hace mucho tiempo, cuando nuestros visitantes Vulturis llegaron.
»No estoy en desacuerdo con que hagas algo, estoy en desacuerdo con que lo quieras hacer sola, somos familia, somos equipo, debemos obrar en conjunto, coordinados, como cuando vencimos a los Vulturis cuando vinieron por Renéesme.
»Te he pedido que me compartas tus pensamientos al respecto ampliando tu escudo, pero te has negado, lo que me ha hecho desconfiar más; Bella te amo más que a mi existencia, haré lo que sea para protegerte, y ahora el mayor peligro eres tú misma, tu afán de protegernos a toda cosa. Félix quiere algo de ti, Aro también, ¿qué planeas al respecto? Por favor, compártelo con nosotros, te lo pido por mi amor, por nuestra hija, por Charlie, por todos los que te necesitamos para siempre con nosotros —la voz de Edward se quebró con ésta palabras y Bella lo fulminó con la mirada, mezcla de rabia e inevitablemente, amor al mismo tiempo.
Ella guardó silencio un instante, aunque no necesitaba oxígeno, respiró con profundidad y soltó el aire muy despacio. Miró a toda la familia uno a uno y concentró su pensamiento en aquel ser que era el más importante de su existencia, por quien había cambiado y dejado su vida humana y por quien lo daría todo, todo: su hija.
Edward le demostró su impaciencia con un gesto. Todos estaban expectantes, hasta Jasper olvidó expandir algún tipo de efluvio tranquilizador ante la tensión del lugar.
—¿Hasta qué punto, ser una Cullen me impide pensar y hacer lo que yo considere conveniente? Cierto, somos una familia peculiar, tengo unos deberes respecto a la seguridad de todos, pero hay momentos en los cuales se deben tomar decisiones cruciales que son tan personales, tan intimas, que nadie, ni siquiera tú Edward, con lo inmenso que es el amor que te tengo, puedes interferir.
—Nunca vulneraría tu posibilidad de elegir, Bella, si algún día ya no me amas, con seguridad y aunque allí termine mi existencia, podrás seguir tu camino, lo que no permitiré es que te sacrifiques por nosotros; te conocemos amor, escapaste ingenuamente para buscar a James y salvar a tu madre, estabas dispuesta a morir por salvarnos para protegernos de Victoria y sus neófitos, es nuestro deber protegerte de ti misma.
—No planeo nada diferente a lo que hemos pactado en familia para defendernos de los Vulturis —a Bella se le daba mejor eso de mentir desde que era vampira, no sonrojarse era una gran ventaja, que lamentablemente, Edward conocía. Jacob también le dirigió una mirada de incredulidad que no le pasó desapercibida.
Carlisle se levantó de su asiento y con un gesto impidió a Edward tomar la palabra.
—Bella, todos te amamos, eres mi hija y te quiero como a todos los miembros de mi familia, si fueras de mi propia sangre no podría quererte más. Tienes un padre verdadero y por ello no puedo pedir que me ames como a uno, pero sé de tu respeto y de tu amor intenso por Edward, por Renéesme y todos nosotros.
—Les amo con todo mi corazón, que sé que sigue latiendo en algún nivel, quizá energético, por todos ustedes —lo dijo Bella con la voz quebrada de emoción, porque además, esa reunión comenzó a sentirla como una verdadera despedida.
—Lo sé, Bella, no puedo pedirte que dejes entrar a Edward en tu escudo para que espíe tus pensamientos, todos tenemos el derecho de preservarlos y si Edward percibe los nuestros no es porque sea así su voluntad, ni siquiera la nuestra, costó acostumbrarnos a no poder guardarnos nada ante él; pero también tiene mucha sabiduría para manejarlo y jamás ha vulnerado nuestra confianza.
»Lo que sí te puedo pedir Bella, es que dejes la seguridad de nuestra familia en nuestras manos, sabemos cuidarnos y cuidarte, lo hemos hecho por décadas y no vamos a fallar ahora. Te lo juro. Deja cualquier plan que tengas y que todo quede en nuestras manos.
Bella hubiera querido aceptar, pero sabía que le era imposible, la posibilidad de convencer a Aro de una forma definitiva de dejar en paz a su familia era demasiado tentadora, no porque la deseara, era una opción terrible y el peligro al que se sometería, intenso, pero el tener la seguridad de todos en sus manos, como le había dicho Félix, no le permitía estar en paz hasta haber aprovechado la oportunidad.
Si había tenido alguna duda, la acababa de resolver; se iría, con Félix, a buscar a Aro. Un estremecimiento la recorrió por completo y sólo atinó a buscar la mirada de Alice, quien había afrontado la curiosa reunión en silencio.
Alice se sintió presa del mismo estremecimiento de Bella, cerró los ojos ante la angustia de la visión que tenía en su mente y tomó la mano de Jasper con fuerza, quien esparció su aura tranquilizadora sobre ella.
Edward se centró en mirar a su hermana con detenimiento, viendo lo mismo que ella.
Era el refugio vampírico de Volterra. Aro, furioso, gritaba con todas sus fuerzas a Demetri:
—¡Cómo pudiste permitir que escapara! —le decía.
—No lo impedí, pensé que era su voluntad, Maestro, darle espacio para que actuara como lo hizo.
—No es tu papel deducir mis deseos, soy muy directo cuando los expreso. Rastréalos, Demetri, la quiero a ella para mí, a mi servicio, no para que él desfogue su estúpida lascivia, es más valiosa que eso, Félix debe retornar de inmediato y entregármela.
Todos observaban a Edward y a Alice expectantes. Bella aterrada, estaba segura de que su amada hermana había visto sus planes, todos, completos y enteros.
—Félix y Demetri se marcharán —exclamó Edward, dudoso.
—¡Gran noticia¡ Con eso se acaba todo este problema, estaba que explotaba con ésta reunión tan patética —dijo Emmett.
—No creo que todo sean buenas noticias —le atajó Jasper —Alice… mírala, está atónita.
En efecto, Alice aún no lograba el control de sí misma. Sus manos entre las de Jasper temblaban porque tenía la sensación de que su visión era incompleta, como si muchas decisiones simultáneas se hubieran conjugado para llevar al momento que había visto, muchas decisiones aún frágiles, todavía tomando forma.
—¿Qué más sucederá? —interrogaron Rosalie y Esme casi al unísono.
Alice respiró profundamente y abrió los ojos para encontrarse con los de Edward, fijos y profundos, que le pedían que guardara silencio. Ella comprendió.
—Sólo eso, lo que acaba de decir Edward —respondió lacónica, huyendo su mirada de la de Bella, quien la escrutaba, aliviada ahora pero desconfiada.
Todos estaban festivos, menos Alice, Edward y Bella, quienes seguían apabullados por la preocupación. Jacob tampoco estaba confiado, el gesto de Bella y no haberla visto relajarse ante la noticia de la salida de los guardianes de su casa le hizo saber que nada estaba bien.
Edward se levantó para colocar a Bella en sus brazos y estrecharla con fiereza.
—Amor, perdóname, sólo busco protegerte.
—Lo sé, perdóname a mí, pero no puedo Edward, no puedo abrirte mi escudo, hay cosas allí que sólo me generarían vergüenza ante tus ojos.
—Nunca te verás a ti misma como verdaderamente eres, ¿verdad? Nada, Bella, nada puede avergonzarte ante mí, eres el ser más maravilloso que yo haya conocido, y con tus perfecciones y debilidades, que acepto, te amo con locura.
—Yo también te amo, no te imaginas con cuanta locura.
Bella le miró con ojos doloridos, reconociendo hasta qué punto cómo esa locura podía enfrentarla, pronto, de nuevo con la muerte.
Próximo capítulo: SOSPECHAS
Hola!! Gracias a quienes leen y comentar aún esta peculiar historia.
Gracias también a las personas que me dieron su voto para que CITA CON LA MUERTE quedara en el segundo lugar del The Sadness Story Contest entre 70 historias, si quieren leerla está en mi perfil.
Besos.
