Espacio del autor.

¡Estoy de vuelta! No estaba muerta. (creo)

Lamento haberlos hecho esperar tanto, pero los exámenes en mi escuela son terriblemente estresantes. Ser diseñador no es fácil. Son muy exigentes. Culpénlos a ellos. De cualquier forma: Capítulo 11.

No quiero dar detalles, sólo lean y dejen review por favor. ¡Gracias por haber llegado hasta aquí! Nos vemos al final del capítulo.


[Un día en la vida de Morinozuka Takashi]

Eran las cinco de la mañana, pero Takashi ya estaba listo para empezar su largo día. Desde chico siempre había tenido mucha disciplina, eso le haría un hombre fuerte en el futuro. Aún estaba oscuro al exterior, pero eso no le impidió salir a tomar algo de aire fresco. Salió silenciosamente y se sentó cerca del estanque de los peces que alimentaba antes de desayunar.

Se encontraba algo preocupado por sus amigos, pero de alguna forma intuía cómo terminaría todo. Tendría que estar ahí para apoyarles, especialmente a Mitsukuni y a Naoko. Dudaba acerca del funcionamiento de sus consejos, pero confiaba en que el destino haría de las suyas. De cualquier manera en unas horas tendría que dirigirse a la facultad, y eso le causaba un poco de nostalgia, extrañaba Ouran.

Había vivido muchas experiencias divertidas, aunque no siempre riera al respecto. Sacó su lista de palabras prohibidas, siempre cargaba con ella. Cada palabra le recordaba una experiencia diferente, y en todas ellas había estado al lado de su mejor amigo. Ahora ambos estudiaban en facultades diferentes, pero a pesar de ellos seguían hablando a diario. Dobló la hoja cuidadosamente y la guardó en su bolsillo.

Nunca debes aferrarte al pasado.

Se levantó y estiró su cuerpo haciendo que varias articulaciones produjeran sonidos fuertes. A lo lejos podía distinguir el sol que empezaba a asomarse, lo cual era señal de que era hora de ir a despertar a Satoshi.

Su hermano menor estaba roncando, con las cobijas muy lejos de su cuerpo. Siempre se movía demasiado mientras dormía, era una maña que había conservado desde su más tierna infancia. Sonrió y acarició la cabeza del joven, intentando despertarlo. El muchacho entreabrió uno de sus ojos y saltó de alegría de su cama, sentándose rápidamente y sonriendo alegremente hacia su hermano mayor.

–¡Hermano! Me has despertado otra vez, ¡gracias! Si no fuera por ti habría llegado tarde a la escuela. – Dijo con efusividad Satoshi.

Takashi asintió serenamente y se aprestaba a retirarse de la habitación cuando su hermano menor jaló su brazo. Volvió su mirada hacia el joven y se sentó a su lado.

–¿Sucede algo, Satoshi? – Preguntó algo preocupado el mayor de los Morinozuka.

El chico se quedó en silencio un momento, y tartamudeó: –Takashi… Últimamente te he notado más serio de lo habitual, pensé que eso no era posible pero lo es. ¿Estás seguro de que todo va bien? – Le preguntó cautelosamente.

Mori cerró sus ojos y suspiró. Estaba preocupado, eso era claro. Sin embargo, no podía permitirse hacer que su hermano se preocupara, aunque por lo visto se daba cuenta de que algo andaba mal.

Después de todo soy malo ocultando ciertas cosas…

–Sólo son algunos…problemas con Mitsukuni y Naoko-chan. Pero yo estoy bien, Satoshi. Será mejor que te des prisa, o llegarás tarde a la escuela. –Recordó el castaño.

Ese comentario hizo que Satoshi saliera corriendo de la habitación hacia el baño, ya que en el dojo Morinozuka la enorme sala de baño estaba algo alejada de las habitaciones. Mori se dirigió al comedor, aunque sus padres ya estaban ocupados con sus labores diarias. Aprovechó para esconder algunas porciones de comida, pensaba dárselas después a Tanuki, el mapache y a Piyo, el pollo del que ahora se hacía cargo.

Tiempo más tarde llegó su hermano y ambos se sentaron a desayunar. Era un típico almuerzo japonés, que contenía la cantidad suficiente de energía que requerían en el día. Satoshi nunca dejaba de hablar, era todo lo contario a él. Le contaba acerca de su vida escolar, la cual parecía estar plagada de chicas preguntando por el Host. De igual forma se enteraba de los últimos planes de Yasuchika para lograr vencer a Mitsukuni.

–¡Y esta vez está seguro de que logrará vencerlo! – Dijo animadamente el menor de los Morinozuka haciendo saltar un poco de su comida fuera de su plato.

Takashi rio internamente, eso era imposible. Conocía lo fuerte que era Honey, y sabía que no importaba lo mucho que lo intentase Yasuchika, no le permitiría obtener la victoria tan anhelada por el muchacho. Al poco tiempo de haber almorzado él y Satoshi partieron a sus distintos rumbos.

Una vez en la universidad se dirigió hacia su salón de clases. Las ocasiones en las que podía ver a su amigo eran únicamente fuera de clases, en ocasiones durante el almuerzo, ya que ambas facultades se encontraban en el mismo campus.

En el ámbito escolar era conocido por ser callado, como siempre, pero a pesar de ello cada que un profesor le cuestionaba sobre cualquier tema respondía correctamente. Era un alumno modelo, excepto cuando llegaba desvelado por sus entrenamientos. Esos episodios eran poco comunes, pero cuando sucedían una vez era imposible olvidarse de ellos, ya que en un estado de cansancio desmesurado Takashi acostumbraba ser todo lo contrario a lo que se le conoce: no dejaba de hablar.

Pero afortunadamente ese día no tenía que preocuparse de ello, ya que había dormido temprano la noche anterior. Sin embargo, sus preocupaciones crecían constantemente. En su salón de clases había sido objeto de envidias y muestras de admiración por parte de sus compañeras, en especial aquellas que conocían su fama como miembro del Host Club de Ouran. En su escritorio ya se encontraban varios presentes cortesía de las chicas, lo cual era prácticamente un ritual.

Guardó todo en una mochila que llevaba especialmente para ello. Por la tarde, cuando viera a Mitsukuni él sería quien devoraría todo lo que en ese momento le estaban obsequiando a él. El catedrático no tardó mucho en llegar, y a pesar de ser una carrera muy técnica cursaban ciertas materias adicionales, como era aquélla que iba a empezar, filosofía.

–El día de hoy hablaremos del egoísmo, jóvenes. –Empezaba el profesor. –Todos la hemos sentido en alguna ocasión. Podemos ser egoístas con los demás al no compartir lo que tenemos, y esto aplica para las posesiones materiales, pero inclusive puede funcionar para las personas.

Takashi se sorprendió al escuchar eso. Todo empezaba a tomar forma, se acomodaba en su lugar. Era como una especie de revelación en medio de un caos total. El maestro notó su sorpresa, y sonrió.

–Así es joven Morinozuka, también somos egoístas con las personas. – Dijo en tono misterioso mientras acomodaba sus lentes sobre su nariz afilada como la de un cuervo. –Cuando nos ponemos celosos con nuestra pareja, con nuestros amigos, inclusive con nuestra familia. Freud decía que…

Pero el muchacho ya no lo escuchaba. Había comprendido algo muy importante, y todo tenía su razón de ser. Conocía bien a sus amigos del Host Club, y afortunadamente los había observado el suficiente tiempo como para comprender la personalidad de cada uno. Si sus sospechas eran ciertas, y sabía que seguro lo serían, lo que en realidad había ocurrido con su amiga Naoko era una tontería, sin embargo las consecuencias podrían ser poco agradables.

Intentó sacarse eso de la mente, no era nada bueno que dejara de concentrarse en sus estudios, sobre todo cuando la temporada de exámenes se acercaba. Siguieron debatiendo acerca del egoísmo, y ponía atención en lo que decía su profesor. Quería captar la mayor información posible al respecto, no era muy bueno charlando y necesitaba aprender más de ello.

La hora del almuerzo se acercaba, así que decidió ir a buscar a Mitsukuni a la facultad de Ciencia y Tecnología. Salió de su salón y al llegar a los jardines lo vio. Estaba esperándole recargado en uno de los cedros que adornaban los espacios verdes. Lucía extraño, últimamente siempre lo hacía. De reojo logró ver varias chicas hablando de él como acostumbraban hablar de él.

Sin mayor preámbulo se acercó al rubio y lo saludó. Por su parte, Honey simplemente asintió con la cabeza y una sonrisa que él no conocía. Se aprestaba a invitarlo a almorzar como de costumbre, pero éste rechazó la oferta y a cambio prefirió caminar con él.

Empezaron a charlar acerca de sus últimos descubrimientos respecto a sus carreras. El Chico Azúcar había empezado a cursar ciertas materias relacionadas con la nanorobótica, y era bastante bueno en ello. Todos sabían que una de las ambiciones del joven era crear juguetes innovadores, lo cual era su principal motivo para estudiar dicha profesión.

Podían pasar horas charlando, sin embargo no poseían todo el tiempo del mundo para hacerlo, y aunque lo vería después de clase cuando tuvieran que ir al Host Club, Takashi se sintió un poco presionado, prefería ir solucionando los problemas que se le presentaban lo más rápido posible. Y decidió hablar.

–Mitsukuni… ¿eres egoísta? – Preguntó el Host salvaje mientras ambos se encaminaban a través de los jardines.

El chico suspiró viendo hacia el cielo y alzó los hombros. –No lo sé, Takashi. En todo caso, ¿hay algo de malo con eso? – Contestó mientras sacaba un caramelo con azúcar extra y lo metía a su boca.

–Lo hay cuando afecta la felicidad de otra persona.

Esas palabras hicieron que el muchacho se detuviera. Sonrió y pasó una de sus pequeñas manos por su cabello. Mori podía escuchar el caramelo siendo destrozado por los dientes de Mitsukuni, quien se volteó hacia él.

–Últimamente hablas mucho, Takashi. – Dijo mientras tragaba el dulce y sacaba una enorme barra de chocolate de uno de sus bolsillos y empezaba a abrirla con su boca.

Estaba empezando a molestarse, era evidente. Sin embargo, el castaño no se dio por vencido. –¿No crees que…?– Intentó proseguir, aunque fue en vano.

–Creo que me agradas más cuando te quedas callado, Takashi. Eso me recuerda que tengo cosas que hacer, me tomo en serio mis planes para el futuro, sabes. – Le interrumpió mientras se alejaba arrancando trozos de su chocolate conforme seguía avanzando. –Por cierto, no podré esperarte a la salida, así que nos veremos en el Host Club, ¿de acuerdo? No te preocupes por mí, Usa-chan sabe cuidarme, y yo también. – Terminó mientras se despedía moviendo su mano, aún sin voltearse.

Mitsukuni… lo único que consigues es preocuparme más.

Eso no lo alentó en lo más mínimo. Si seguía expresando en voz alta sus pensamientos podría causar que sus amigos dejaran de hablarle. Pensó que tal vez estaba exagerando, pero si conseguía algo bueno con ello, eso no importaba.

Volvió a clases con muchos altibajos, aunque logró sobrellevar sus preocupaciones. Él era el campeón nacional de kendo, y como tal debía hacer gala de una fuerza interior superior a las expectativas. Se quedó un momento más después de clases, posiblemente intentando postergar la ida al Host Club. Cuando su transporte personal llegó por él y volvió a su casa empezó con las labores que realizaba antes de irse.

Una de las sirvientas estaba quejándose de Tanuki y de Piyo, quienes hacían ruido en la tranquila propiedad y alteraban el orden. Pero en cuanto vio a Takashi cambió sus palabras por dulces expresiones referentes a las mascotas del joven Morinozuka. El muchacho sólo puso su típica cara inexpresiva y se dirigió a su habitación donde se encontraban sus animales.

Comprendió un tanto a la empleada de su familia, ya que por todos lados habían cosas fuera de su lugar. Piyo no podía hacer eso, sin embargo Tanuki era experto haciendo desastres. En cuanto se adentró más en la habitación ambos empezaron a hacer sonidos de emoción, existía un cariño indescriptible entre mascotas y amo. Mori se dedicó a limpiar todo y a jugar con ellos, hasta que fuese hora de partir hacia el Instituto Ouran. Miró el reloj y se dijo a sí mismo que en realidad no tenía deseos de ir, prefería no tener que preocuparse de nadie más que de sí mismo durante el resto del día.

Supongo tendré que hacerlo…pensó mientras tomaba su teléfono celular y llamaba a Tamaki. El rubio contestó enseguida, ya que no estaba acostumbrado a recibir llamadas del Host.

–¿Mori? – Preguntaba del otro lado del teléfono el Rey, quien se escuchaba algo preocupado.

–Uhm…si.

–¿Pasa algo grave? Es muy raro que me estés llamado. Los únicos que no han llegado son Honey y tu…

–Verás, hoy… no pienso ir al Host Club.

–¡Mori-sempai! ¿Acaso volvieron a discutir? – Exclamó el rubio alarmado. Si seguían teniendo peleas tan seguido no traería nada bueno.

–No, en lo absoluto. Simplemente… quiero un tiempo a solas conmigo mismo. – Suspiró Takashi. Nunca había sido adepto de dar muchas explicaciones, pero afortunadamente Tamaki se caracterizaba por darles su espacio cada vez que lo requerían.

No le quedó más a Tamaki que aceptar su decisión. –No te preocupes… pero cuídate, ¿de acuerdo? Si llegas a necesitar algo… conoces el número.

–De acuerdo. Hasta luego, Tamaki.

La línea muerta continuó sonando un par de segundos en su oreja, y cuando cerró el portable en sus manos logró relajarse. En la misma habitación Piyo y Tanuki empezaban a jugar con un calcetín limpio, y el sonido que producían las fuentes del exterior empezaban a sumirlo en una especie de trance. No tenía el menor caso quedarse a dormir en su casa, por lo que prefirió ir a ver algo de televisión.

Era una hora en la que los infomerciales y doramas estaban transmitiéndose en todos los canales. Y aunque tenía televisión por cable prefería ver algunos de los programas de la televisión abierta. Precisamente fue en el momento menos esperado en el que se topó casualmente con un dorama especialmente similar a lo que sucedía a su alrededor. Se había quedando enganchando, lo peor era que se trataba de un maratón que seguramente duraría hasta el día siguiente. No era de sorprenderse, era algo característico de éstos programas, sin embargo lo que Mori parecía haber olvidado era lo peligroso que se podía poner cuando no dormía lo suficiente. Y todo indicaba que esa noche no dormiría mucho.

[Esa misma mañana, pero en el Instituto Ouran High]

La noche anterior todo había sucedido de forma distinta para cada involucrado. Definitivamente tendría repercusiones en el desenlace del día. Y eso no le gustaba a nadie. Las mañanas comenzaban a tornarse un tanto frescas y los árboles se estaban quedando cada vez con menos hojas. El cambio de clima provocaba que algunos alumnos empezaran con síntomas de enfermedad, pero Hikaru Hitachiin no estaba enfermo.

Eso no le impedía tener la nariz enrojecida y estornudar continuamente debido a lo sensible que se había puesto por lo acontecido un día antes.

–¡Pero qué ruidoso eres! – Espetó Naoko intentando concentrarse. –Si estás enfermo debiste haberte quedado en casa en lugar de venir a molestar a todos.

–No lo culpes, con alguien como tú en el salón, sueltas tanto polvo que es imposible no enfermarse. – Añadió Kaoru con sorna.

El delegado tenía muchas funciones, entre ellas velar por la armoniosa convivencia entre los compañeros de clase. Eso era imposible con Kanagaki y Hitachiin en una misma habitación, sin mencionar que su hermano menor era también un factor importante para esas peleas ya acostumbradas. Aclaró su garganta logrando captar la atención de la ya irritada muchacha.

–Kanagaki-san, Hitachiin-san y Hitachiin-san… me pregunto la razón para sus constantes peleas. El propósito de la escuela es socializar y…

–Delegado, cállate. – Dijeron los tres de forma tajante, a lo cual el pobre chico simplemente se disculpó y se retiró, acomodándose luego en un rincón con aire alicaído. Siguieron discutiendo un rato más hasta que Haruhi llegó y rápidamente puso fin a la pelea.

Estaba un poco molesta, no deseaba que arruinaran el sabor de los onigiri que había preparado por su comportamiento infantil. –¿De verdad no tienen nada mejor que hacer? De todos modos, traje algo para ustedes. Al menos con la boca llena podrán dejar de discutir.

Tenía razón. Se sorprendieron por el esmero que había puesto en hacerlos a todos. Definitivamente era una actitud femenina, aunque para las chicas de la clase sólo aumentaba el atractivo de Haruhi, quien era considerado un amo de casa ideal, si se podía llamar así.

–…¡Está delicioso Fujioka-kun!

Los gemelos no pudieron evitar soltar lágrimas de alegría. –¡Haruhi! Muchas gracias por la comida.

El host natural estaba agradecido con sus amigos, les había gustado su comida. Eso significaba que el de Tamaki también debía saber bien, aunque quería escuchar su propia opinión al respecto. Eso le dio ánimos para tener un buen humor durante el resto de las clases, aunque al parecer entre los gemelos y Naoko las cosas no iban mejor. La joven en cuestión se le acercó durante un receso y volvió a sacar a la conversación su visita al centro comercial.

–¿Estás segura de que quieres ir, Naoko? – Murmuraba Haruhi para no ser escuchada por algún curioso.

–¡Claro que quiero ir! Además deberías verlo como una oportunidad para encontrar algo lindo para ti. – Respondió Naoko con un aire cómplice.

–Pero no necesito nada lindo, no tengo razones para…

–Ví el onigiri de Tamaki-sempai.

–Viste el onigiri de… ¿Eh! – Alzó la voz. Todos voltearon su mirada hacia ellas, pero afortunadamente nadie había notado que las manos de Haruhi habían empezado a temblar.

–¡Shh! Es evidente que lo ví. Pero no creo que ésos dos lo hayan notado. – Dijo en voz baja mientras señalaba discretamente a Hikaru y a Kaoru, que según su risilla estaban planeando una nueva forma de molestarla. –No te preocupes, no le contaré de esto a nadie.

–Creo que es mala idea, dárselo.

Naoko sonrió. Haruhi era una chica muy dulce aunque algo tímida.–No digas tonterías, se lo darás. Y seguramente le va a gustar mucho, ya verás.

[Tercera Sala de Música]

Todos los chicos del Host Club estaban algo intrigados por la ausencia de Mori. Honey había llegado más tarde de lo acordado, aunque se comportó como si nada con sus clientas, quienes aunque extrañaban al joven taciturno se distraían fácilmente de su recuerdo con las actitudes melosas del rubio.

–Tono…– Empezó Kaoru, mientras su hermano mayor acomodaba el sombrero de vaquero sobre su cabeza.

–Mori-sempai no vendrá esta tarde chicos. – Interrumpió el líder del Host antes de que le hicieran mayores cuestionamientos.

El tema de esa tarde era el viejo oeste, y todos se habían vestido especialmente para la ocasión. Haruhi había llegado temprano, lo que le sorprendía era que inclusive se habían tomado la molestia de mandar traer rodadoras y ponys.

Falta que quieran que me suba en un pony… se lamentó sentada en una de las pacas de paja que estaban dispuestas en lugar de los cómodos sofás que acostumbraban ocupar. Observó su traje y se sintió avergonzada, los desgraciados habían insistido en que su atuendo simulara el de una vaca.

–Haruhi…– Llamó una voz suave tras ella.

La chica se puso algo nerviosa, y luego de unos segundos se giró, aunque tal vez demasiado bruscamente. Si hubiera puesto más cuidado habría evitado aquél dolor en su cuello que le obligó a soltar una expresión de dolor, seguida de una oleada de pena. Invariablemente Tamaki se acercó rápidamente a ella y la escudriñó para asegurarse que no se había hecho mucho daño.

–¿Estás bien? – Su voz sonaba angustiada. –¿Te duele algo? No debiste voltearte tan de repente… sólo era yo. ¿Quieres que llame a algún doctor?

–Tamaki-sempai, ¡qué cosas dices! – Contestó mientras reía fuertemente y le daba pequeñas palmadas al muchacho en el hombro para tranquilizarlo. Dejó su mano quieta por un momento, pero tuvo que retirarla rápidamente cuando notó que lo estaba haciendo sonrojar.

–Haruhi, lo siento…– Dijo al levantarse rápidamente, alejándose hacia los gemelos que estaban peleándose por la última taza de café descafeinado.

¿Le habré incomodado? Pensó mientras jugaba con el cierre de una lonchera. No se había atrevido a darle a Tamaki el onigiri que había preparado, a diferencia de los demás, que habían sido discretos con el propio y lo habían comido a escondidas del rubio. Probablemente no le hubiera gustado...

Justo cuando se disponía a solucionar sus incógnitas personales sintió que alguien la observaba. Se trataba de Kyouya, quien al parecer había observado todo de primera mano. El joven sonrió maliciosamente mientras ajustaba sus lentes sobre su nariz. –No lo culpes, apenas está procesando la información…

–¿Kyouya-sempai?

El aludido rió suavemente y cuando Haruhi quería seguirle cuestionando abrió las puertas del amplio salón de música. Era tarde ahora, el Host Club estaba abierto. Las clientas empezaban a llegar en grandes grupos, y cuando Haruhi consideró seriamente en dar marcha atrás con sus sentimientos, alguien puso su mano sobre su cabeza.

Kaoru y Hikaru le sonrieron de forma cómplice. Uno de ellos ya tenía la lonchera de la chica en las manos. –No te preocupes, todos te ayudaremos.

–Hikaru, Kaoru…

–¡Haru-chan, todo saldrá bien! – Murmuró enérgicamente Honey.

Estaba a punto de replicar una explicación, pero las clientas ya los estaban rodeando y cada quién tenía que atender a las chicas de forma adecuada. Al caminar junto a la típica horda de muchachas, buscó de reojo a Tamaki, el cual como de costumbre provocaba sonrisas y expectación a dondequiera que fuera.

Tamaki-sempai… nunca dejes de sonreír.

Los gemelos se observaron y sonrieron. Un instante más tarde, la lonchera ya estaba vacía y el onigiri había sido colocado en la mochila del heredero de la familia Suoh. Lo único que quedaba era esperar, y dejar que el tiempo hiciera de las suyas.

[Residencia Kanagaki]

Sobre la cama un pequeño portable rojo sonaba constantemente. Eso provocaba la curiosidad de un pequeño cachorro que estaba en la gran habitación, así que para advertir de que algo sucedía a su dueña empezó a ladrar.

Naoko escuchó que Ringo estaba haciendo ruido, así que al dirigirse a su habitación logró escuchar el timbre. Corrió hacia él y cuando contestó le sorprendió la voz que escuchó en el auricular.

–¿Naoko-chan?

–Yu-Yuzuha-san…

–¡Pensé que no contestarías! – Dijo la imponente mujer riendo aparatosamente.

¿Cómo conseguiría mi teléfono?

–Si te preguntas cómo conseguí tu teléfono, lo robé del celular de Hikaru.

¡Heh! ¿Hikaru tiene mi número?!

La madre de los gemelos estaba mintiendo. Pero el silencio repentino de la chica le divertía. Había conseguido su número gracias a los contactos que tenía en las agencias telefónicas. Naoko había empezado a tartamudear, así que para no ponerla más nerviosa decidió revelar el motivo de su llamada.

–Necesito ir a tu casa. Estaré ahí en una hora, necesito hacer los últimos ajustes a tu traje así que…

–¡Qué rápido, Yuzuha-san! ¿Está segura que no la hemos presionado demasiado? – Mencionó con preocupación. Era demasiado rápido, aún para un profesional.

–¡Qué va! Tengo muchos trabajadores, querida, pero me he encargado personalmente del tuyo y del de mis chicos. Evidentemente también preparé algo especial para el Host Club. Los demás deberán conformarse con lo que se me ocurra en el último momento.

–Yuzuha-san…

–No te preocupes, sé dónde vives. – Finalizó, colgando enseguida.

Se alegró al saber que ya había finalizado su traje, aunque le surgieron varias preguntas, por ejemplo si en realidad lograría cumplir y ganar la apuesta. Esos pensamientos agradables duraron poco tiempo, ya que en una hora la cabeza de la familia Hitachiin estaría en su casa.

Naoko miró a su alrededor y sintió pánico, la primera impresión nunca se olvidaba, debía ser lo mismo con las casas de las personas. Caminó hacia la habitación de sus padres, y al abrir la puerta la habitación parecía desocupada. Al dirigirse a varias habitaciones descubrió lo mismo, nadie aparecía por ningún lado, ni siquiera las empleadas.

¿Qué demonios sucede?

Cuando llegó de la escuela todo parecía normal, aunque haciendo la cuenta las únicas personas que vio por la casa fueron Richard y Marianne. Llamó al amo de llaves, quien llegó rápidamente y puso un rostro nervioso.

–¿Señorita Naoko, sucede algo? – Preguntó el mayordomo.

–¿Dónde están todos?

La expresión del hombre cambió, parecía algo triste. Esto no pasó desapercibido para la chica, conocía a Richard desde que tenía memoria. Clavó su mirada en los ojos del anciano esperando una respuesta a su pregunta.

–Han pasado tantos años que no podría mentirle. Sus padres volvieron a salir de viaje, no volverán en un tiempo. En cuanto a las empleadas… digamos que los señores creyeron conveniente que aprendiera a valerse por usted misma y sólo hemos quedado unos cuantos afortunados en la casa.

Un silenció incómodo se instaló en la habitación. Naoko optó por ir a su habitación y arreglarse un poco antes de la llegada de su invitada.

–Richard…

–¿Dígame, señorita?

–Tendremos huéspedes, quiero que preparen té y bocadillos. – Dijo, observando cómo el sirviente más confiable que había tenido su familia asentía y se empezaba a alejar. – Richard…– Empezó nuevamente.

Éste se detuvo. –¿Necesita algo más, señorita?

Una sonrisa se dibujó en los labios de Naoko, muchas emociones se arremolinaban en su interior, pero aún así tenía que expresar alguno de éstos. – Gracias, por haberte quedado conmigo. – Finalizó, para luego retirarse sin decir más.

[Más tarde.]

Tiempo después la llegada de un auto a la residencia Kanagaki indicó que la señora Hitachiin había llegado. La mujer bajó de su vehículo. Vestía un sastre color verde limón que la hacía parecer más joven de lo que en realidad era, a pesar de conservar aquél aire imponente que le caracterizaba.

–Yuzuha-san, bienvenida a mi casa. – Dijo Naoko esbozando una sonrisa amable, mientras hacía una de esas reverencias que tanto odiaba.

Tras ella bajaron otras dos personas. Al ver un pie fuera del auto la chica pensó que se trataría de los gemelos, lo que la puso algo nerviosa. La madre de los muchachos sonrió internamente, se dijo a sí misma que la joven que tenía frente a ella podía llegar a ser bastante obvia.

Sin embargo, y para decepción de Naoko, se trataba simplemente de ayudantes de la pródiga diseñadora. Así pues, los condujo a una de las habitaciones que estaban desocupadas. Había ordenado que pusieran varios espejos de cuerpo completo, quería que la señora Hitachiin tuviera un lugar adecuado para trabajar, así que lo menos que podía hacer era adaptar tal habitación, para que se acercara mínimamente a su enorme estudio.

–Veo que has pensado en todo. – Observó Yuzuha. – Será mejor no perder tiempo. Necesito que te relajes, ¿de acuerdo?

–Eso significa…

–No te preocupes, mis hijos no saldrán detrás de la puerta. Están en el Host Club.

Ese comentario resultaba un poco incómodo, pero Naoko se esforzó para no decepcionarle. Se desvistió y enseguida empezó a ponerse las prendas que le indicaron. A pesar de no ser muchas, estaban elaboradas con cuidado: su tela era de un color rojo profundo, y era aterciopelada. Tenía varios detalles bordados con un hilo plateado.

–Te estarás preguntando si esto será suficiente para asustarlos…

Yuzuha había dado en el clavo. –Es… precioso. – Balbuceó Naoko una vez que se observó enel espejo.

Se trataba de un vestido entallado, que tenía una elegante caída, y llegaba inclusive a arrastrar en el parquet. Conseguía un efecto impactante.

–El vestido es lindo, yo lo hice. – Dijo Yuzuha con orgullo, para enseguida acercarse a la muchacha y rodearla con uno de sus brazos. – Irás a juego con el vestuario de los chicos.

–¿Huh? ¿No cree que…

La mujer le interrumpió. –No. Además, aunque el vestido se vea increíble la parte en la que podrás convertirte en alguien que atemorice a esos dos es la del maquillaje. Por eso traje a mis estilistas personales. Hacen maravillas, en tu caso tendrán que hacer lo contrario. – Añadió maliciosamente.

La observó. Sus gestos eran exactamente iguales a los de sus hijos. Se preguntaba cómo eran Hikaru y Kaoru con ella. Era una persona amable aunque algo dominante, seguro sería divertido. Una vez que se hubo retirado el vestido, la sentaron en medio de la habitación y empezaron a maquillarla. La señora Hitachiin daba órdenes, parecía saber perfectamente el resultado que deseaba obtener.

–Naoko-chan, ¿has mejorado tu relación con Hikaru? – Le preguntó con aire distraído. No quería presionar a la joven, pero deseaba obtener más información acerca de lo que estaba ocurriendo.

–¿M-mi relación con Hikaru? – Se giró inesperadamente hacia la madre de los chicos.

–¡No te muevas! – Le reprendió con voz imponente.

Volvió a acomodarse, aunque apretó sus manos sobre sus rodillas, temiendo las preguntas que pudieran hacerle. Yuzuha Hitachiin empezó a caminar a su alrededor, deteniéndose en ocasiones observándola de cerca para descartar cualquier detalle erróneo. Desgraciadamente para Naoko los estilistas no le dejaban verse en los espejos, por lo que no pudo distraerse en algo más que no fuera el sonido del caminar de la dama.

Sin pensarlo, empezó a hablar. –Yuzuha-san, la verdad es que no tengo ninguna especie de relación con su hijo. Hikaru y Kaoru son mis compañeros de clase, sólo eso…

–¿Sólo eso, huh? – Inquirió. –Eres bastante interesante, jovencita.

–¿Interesante?

Yuzuha le sonrió. –Cada vez que hablo de Hikaru te pones a tartamudear, cuando te llamé te sorprendiste al decirte que él tenía tu número… Dime, ¿de verdad sólo es un compañero de clase para ti?

Temía esa pregunta. Ella misma se la había contestado una noche antes, y aún no estaba lista para admitirlo frente a otras personas. La madre de Hikaru, la persona que le gustaba, estaba en su casa, hablándole de cosas que a veces ni ella misma comprendía. ¿Acaso era tan obvia?

Y sin embargo… él siente diferente.

–Yuzuha-san… suponiendo que así fuera, creo que yo no soy más que una compañera de clase para su hijo. – Contestó sonriendo forzadamente. Era doloroso pensar en ello.

La diseñadora se sorprendió. Hikaru siempre había sido claro como el agua en cuanto a los sentimientos se refería. –¿Qué te hace pensar eso?

–No…es necesario intentar hacerme sentir bien, Yuzuha-san. Cuando fui a su casa, yo… digamos que no soy el tipo de chica que le pudiera gustar a Hikaru. – Entre más hablabla, intentaba concentrarse en cualquier otra cosa. Era imposible. La señora Hitachiin estaba a punto de replicar, pero fue más rápida. – Kaoru me lo dijo todo, sobre el tipo de personas que le gustan a Hikaru, y de lo decepcionado que estuvo de mi físico.

La maquillista tomó una toallita húmeda y limpió los ojos de Naoko. Era inútil seguirla maquillando. En cuanto a Yuzuha, se quedó callada un largo rato. Ahora entendía los sentimientos de la chica, y de inmediato reconoció las mentiras de su hijo menor. No le correspondía a ella revelarle los sentimientos de su hijo a Naoko, y tampoco decirle que lo que Kaoru había dicho era falso.

–Creo que tal vez malinterpretaste las cosas. – Comentó con seguridad.

–De cualquier forma, no me rendiré tan fácil. – Respondió Naoko sintiéndose más fuerte.

Esas palabras hicieron que Yuzuha soltara una pequeña risa. Ambas decidieron despedirse, Naoko tenía que hacer algunos deberes y la diseñadora tenía muchos trabajos pendientes. La mujer estaba preocupada por el daño que Kaoru le estaba haciendo a su hermano, y lo que sucedería cuando Hikaru se enterara era aún incierto.

Cuando el auto se hubo alejado en el horizonte, Naoko bostezó y decidió ir a dormir temprano. Estaba algo cansada, aunque después de varios problemas tenía una cosa de su lado: ganaría esa apuesta.

[Mansión Hitachiin.]

Hikaru y Kaoru habían llegado exhaustos del Host Club, y mientras el primero tomaba un baño el menor de los dos contruía un castillo de naipes sobre la mesa del recibidor. El chico estaba a punto de colocar las dos últimas cartas, cuando una voz que salió aparentemente de la nada hizo que su espina se erizara y toda la construcción se derrumbara.

–¿Te diviertes jugando con la vida de tu hermano, querido?

–B-buenas tardes, madre. – Respondió nerviosamente el pelirrojo.

–Te hice una pregunta, Kaoru. Contéstame. – Exigió sin mayores preámbulos.

–Me gustaría saber a qué te refieres, madre. Pero no tengo idea de lo que hablas…

–Seré clara para mi pequeño Kaoru. – Dijo de forma amenazante. No podía creer el cinismo del muchacho. –Probablemente sea algo relacionado con Naoko-chan, una parte en la que curiosamente empezaste a decirle todo lo contrario de lo que tu hermano siente. Ahora piensa que Hikaru cree que no es absolutamente su tipo, lo que es peor aún, está convencida de ello. ¿No es dema…

Sin que ninguno de los dos se diese cuenta, Hikaru había irrumpido en la habitación. –Kaoru, ¿es eso cierto? – Preguntó sorprendido. Era imposible saber qué tanto de la conversación había escuchado.

–Hikaru…

Yuzuha temía lo peor, sin embargo antes de que pudiera arreglar la situación sus hijos ya estaban discutiendo.

–¡No es tan grave como parece! Hikaru, yo creí que…

–¡Sabes perfectamente cómo me siento respecto a ella! ¿Quién te dio derecho a decidir sobre mi vida? – Vociferó Hikaru. Se sentía completamente traicionado, su propio hermano, la persona más importante para él…

–¡No podía permitir que alguien más entrara en nuestro mundo!

Hikaru se acercó violentamente a su hermano menor, totalmente fuera de sí y dispuesto a golpearlo. Sin embargo, Yuzuha logró retenerlo, aunque su hijo era evidentemente más fuerte que ella, por lo que estuvo a punto de escaparse de su agarre.

–¡Basta! – Gritó la madre de los chicos. Ambos callaron, pero evitaron mirarse. La mujer sintió la tensión en el ambiente creciendo constantemente, así que decidió actuar. –Hikaru, ve a tu habitación por favor. En cuanto a ti, Kaoru, ven conmigo. Necesitamos charlar…

–¡Pero madre! – Dijeron ambos al unísono. Este acto provocó que se miraran de soslayo, pero de inmediato fijaron sus ojos en otro lugar.

–No quiero escucharlos más, es ya suficientemente triste tener que enterarme de tan lamentable situación. Kaoru, vamos ya. Buenas noches, Hikaru.

Salió caminando de la pieza y se dirigió a su habitación. Habían sido pocas las ocasiones en las que alguno de los gemelos había podido estar a solas con su madre, sin embargo en ese instante Kaoru se sintió agobiado. Su madre no parecía enojada como cuando ambos hacían travesuras. Esta vez, su rostro parecía estar cansado, y sus ojos tenían un aspecto que denotaba el dolor que sentía por lo que estaba sucediendo.

Yuzuha se sentó en el borde de su cama y suspiró mientras peinaba su cabello hacia atrás. Kaoru, por su parte, se quedó parado en la puerta observándola, empezando a sentir aquella culpa roer sus adentros. Su madre abrió los labios para hablar, pero él la interrumpió.

–Kao…

–Lo siento. – Dijo el chico apretando sus puños con fuerza. No se atrevía a mirarla, no ahora. Sus piernas temblaban ligeramente, y podía ver su propio reflejo en sus zapatos. Inevitablemente pensó en su hermano, y en el daño que le había hecho.

–¿Entonces es cierto? – Murmuró la diseñadora.

El pelirrojo había hecho lo posible por evitar que su voz se quebrara, pero frente a su madre no podía ocultar nada, y tampoco quería hacerlo. Necesitaba sincerarse con alguien. –Yo… tengo miedo, mamá…

Esas palabras hicieron que se sorprendiera. Siempre le decían madre, excepto cuando eran aún muy pequeños. –Kaoru, ¿te sentarías conmigo y me contarías todo? – Dijo con suavidad.

Kaoru se sentó a su lado y se recostó en las piernas de su madre. Eso era bastante extraño, sin embargo las palabras empezaron a salir de su boca, sus sentimientos lograban expresarse sin limitaciones, por lo que Yuzuha Hitachiin se enteró de sus motivos para actuar. Pensó que sus hijos aún eran inmaduros, y el hecho de que físicamente fueran iguales afectaba en grandes proporciones su percepción del mundo exterior. Lo escuchó todo, desde sus deseos de que Hikaru empezara a actuar de forma independiente, y como repentinamente había visto a Naoko como una amenaza a su relación como hermanos.

–No quería lastimar a Hikaru…– Susurraba mientras cubría sus ojos con su diestra.

–Lo sé, y ahora te entiendo. Pero él aún no lo sabe, y aún así…Kaoru, debes entender que tu hermano debe ser feliz. Él te aprecia más que a cualquier persona, y nadie podría ocupar ese lugar. ¿Lo sabes, cierto?

–Eso es lo que me preocupa… en realidad, tengo miedo de lo que pueda suceder. ¿Qué si ya no pasara tiempo conmigo? No sé si podría…

–¡Qué cosas dices! Estoy segura de que eso no pasará. Sabes inclusive Hikaru no termina de sorprenderme. Pensé que estaría espiando tras la puerta, pero no es así… Tienes que hablar con él, pero no ahora. Ya es tarde, deberías ir a dormir.

Kaoru abrazó a su madre fuertemente y se despidió de ella para luego dirigirse a su habitación. En el camino se cruzó con su hermano, quien simplemente lo ignoró y se encerró en su habitación. El muchacho suspiró, sabía que algo así sucedería. Pero tendría que asumir las consecuencias de sus acciones.

Tendré que esforzarme para que logres perdonarme… Hikaru, en verdad lo siento.

Al entrar en su habitación se arrodilló y debajo de la cama sacó una caja de zapatos que tenían ambos desde pequeños. En su interior se encontraban todo tipo de cosillas extrañas que iban coleccionando, desde muestras de miel de maple de varios países hasta envoltorios de goma de mascar, pasando por resorteras, alas de insectos conservadas en pequeños cuadernos con garabatos inentendibles, inclusive figurines de plastilina. Era una caja de tesoros para Hikaru, y para él también. Dudó unos momentos, pero se reincorporó y caminó hacia la habitación de su hermano, colocando con delicadeza la caja a la entrada de la misma.

–Hikaru… sé que me escuchas. Las cosas que hice, y mis motivos fueron erróneos. No te pido que finjas que nada sucedió… lo siento. – Dijo dándose media vuelta regresando sobre sus pasos.

Del otro lado de la puerta, Hikaru estaba sentado en el piso. La cabeza le dolía, pero sentía un dolor aún mayor en su interior. Durante el tiempo en el que Kaoru estaba con su madre, él había tenido la oportunidad de pensar y conectar cada pieza faltante del rompecabezas.

Entonces por eso estaba llorando… pensó el joven. Pero al igual que su hermano gemelo tenía sentimientos encontrados. Temía sobre todas las cosas que Kaoru se sintiera abandonado, y que Naoko se alejara de su vida. Ambas estaban sucediendo al mismo tiempo, y no tenía la menor idea de cómo solucionarlo. Ese sentimiento de impotencia era insoportable, es como si le estuvieran pidiendo que se decidiera por alguno de los dos.

Ni siquiera sé si ella me quiere, y Kaoru… siempre ha estado conmigo.

Abrió la puerta y le tomó desprevenido encontrar ahí su caja de recuerdos. La recogió, y cuando miró en su interior no pudo evitar sentir una gran nostalgia. Kaoru, hiciera lo que hiciera, siempre estaría ahí. Aún así lo había traicionado, en cierto modo. Un pequeño sentimiento amargo se albergaba en su corazón, que le impedía olvidar lo ocurrido.

–No conozco tus razones… para haberme lastimado de esa forma, Kaoru. – Susurró apenas audible. Todo esto que sentía por Naoko era tan extraño y nuevo, pensó que su hermano le entendería y ayudaría, como en un principio pareció ser.

¿Acaso estoy haciendo lo correcto? Kaoru, Naoko… Se dijo a sí mismo mientras se tumbaba en la cama. Su aliado en las situaciones en las que se peleaba con su hermano era una persona absurdamente principesca, y a pesar de ello, necesitaría de él más que nunca. Tomó su celular y notó que alguien lo había utilizado para hacer una llamada a un número desconocido. Decidió llamar al número para saber de quién era, así que aguardó en la línea mientras marcaba tono.

– ¿Diga? – Contestó una voz femenina.

Hikaru se quedó callado, sus manos empezaron a temblarle. Esa voz era inconfundible, la reconocería en cualquier lugar.

¿Cómo es posible que…?

–¿Hay alguien ahí? – Siguió insistiendo la voz.

El muchacho se sobresaltó al volver a escucharle, y tartamudeó rápidamente lo que le vino primero a la cabeza mientras apretaba fuertemente su celular, como si éste fuera a escapar de sus manos. Pero era tal su nerviosismo que no pudo ser claro, por lo que la joven volvió a preguntar:

–¿Se trata de una broma? Porque no es divertido. Por favor, diga quién es o tendré que…

Chiin Itaru. – Balbuceó Hikaru.

–¿Huh, Itaru?

Se produjo un momento de silencio, en el que el chico sintió vergüenza de sí mismo. En cuanto a la muchacha, se quedó pensativa, pero luego de un momento logró entenderlo todo.

–Será posible que… ¿Hitachiin Hikaru? – Dijo Naoko. Su corazón empezaba a palpitar precipitadamente, lo que no sabía es que el pelirrojo se encontraba en la misma situación.

Hikaru no ayudaba a mejorar la situación. Rió suavemente, sin saber qué decir. Mientras él se sentía como un perfecto idiota, la chica pensó que su corazón explotaría.

Que inútil me siento, sin tener nada que decir. ¿Por qué precisamente a mí me pasan estas cosas? Pensó él.

¿Acaso estoy soñando? Suena como si fuera un príncipe de algún país lejano y hermoso… Empezó a divagar Naoko. Su percepción de la realidad estaba siendo alterada gravemente, y cuando Hikaru carraspeó cayó bruscamente en la cuenta de que no estaba soñando.

–Yo… sé que es noche.

Debo buscar una excusa tonta, y rápido. El gemelo se sentía presionado, no quería cometer equivocaciones.

Un calor subió a las mejillas de la muchacha, y alejó un poco su celular con el temor de que hubiera escuchado algún sonido parecido al que hacen las máquinas de vapor. Sonrió tontamente, y logró verse en su espejo.

¡Qué me está pasando! Ahora parezco una de esas chicas que va al Host Club, se lamentó.

–Uhm, ¿pasa algo? – Intentó decir de forma amable, aunque en realidad habló de forma demasiado robótica.

–¡Horror! Sentí como si estuviera hablando con Robocop. –Contestó enérgicamente.

–¡Robocop! ¡Mira quién lo dice, tú suenas como Tamaki-sempai luego de haber comido chocolates envinados! – Le replicó Naoko, aunque con una sonrisa en los labios.

–¿Dijiste algo? Porque aún no logro hablar el idioma caníbal.

–¡Olvidaba que te comunicas con gestos como los neandertales!

–¡Así nunca conseguirás esposo!

–¿Ah, si? – Dijo retando al muchacho. – Lo dices como si alguien quisiera perder sus años de juventud junto a ti.

–¡Si se acabaran las mujeres sobre la tierra y sólo quedaras tú, buscaría alternativas con las ovejas!

–Me siento mal por las ovejas, seguro cometerían suicidios masivos…

Ambos empezaron a reír largamente, incapaces de detenerse. Hikaru sentía que lágrimas salían de sus ojos, pero ésta vez era totalmente diferente. Reír le hacía bien, y cuando estaba con Naoko se divertía mucho. Era una de las cosas que le gustaban de ella, había logrado perder parte de sus nervios, aunque cuando ambos dejaron de reír volvió a sentir un cosquilleo extraño en su estómago, y los nervios volvieron.

En un cuarto totalmente distinto, Naoko sentía que sus pulmones no resistirían otro ataque de risa. Ésta soy yo, no esa chica que distorsiona la realidad y la convierte en cuentos de hadas, pensó. El hecho de estar hablando con Hikaru a esas horas de la noche, le daba una comodidad que no había experimentado antes. Luego se dio cuenta de que, al menos por teléfono, se encontraban totalmente a solas. Ella, y él. Se sintió angustiada rápidamente, no tenía temas interesantes en mente. ¿Y si llego a aburrirlo? No… debe haber alguna razón por la que me llamó, ¿cierto?

Volvieron a hablar, aunque al mismo tiempo:

–Hitachiin…

–Kanagaki…

–¿S-si?

–¿D-dime qué sucede?

–Quería saber…

–El motivo de mi llamada es…– Continuó Hikaru, haciendo todo lo posible por dejar de tartamudear. – …verás, tengo ciertos problemas con…– Se detuvo. No podía decirle lo de su hermano, y tampoco podía revelarle sus sentimientos. Si empezaba a hablar de lo que Kaoru había hecho, tendría que dar explicaciones… y aún no estaba listo.

–Déjame adivinar, no has entendido aún lo que debemos hacer para nuestra clase de Historia, ¿cierto? – Contestó la joven.

¡Pero claro! Gracias, Naoko.

–¡Precisamente! – Dijo riendo de forma exagerada. – Es decir… ¿acerca de qué es el ensayo?

–Bueno, lo único que debes hacer es escribir acerca de un personaje ilustre, aunque debes tener un motivo para escogerlo, además debes hacer una historia alterna a lo que realmente ocurrió, siendo tú el personaje ilustre…

–¡Ho! ¡Ya entendí! – Exclamó enérgicamente. Tal vez estoy siendo demasiado efusivo.

–Bien… eso es todo.

–Esto… gracias, Kanagaki. Te debo una.

Con que… sólo era por motivos escolares. Ya veo… Naoko se sintió un tanto decepcionada, aunque se dijo a sí misma que había logrado un avance. –No hay de qué. Bueno… nos veremos mañana.

–Ah, eh… s-si. Mañana. Bueno, hasta luego. – Respondió torpemente el pelirrojo.

–Hasta luego.

La llamada terminó. Hikaru y Naoko suspiraron hondamente, en lugares distintos aunque con pensamientos similares. Ambos estaban sonrojados, y mientras Hikaru abría la ventana para respirar algo de aire fresco la chica escondía su cabeza bajo su almohada. Él observó las estrellas con nostalgia, y antes de ir a dormir realizó una última llamada a quien podría decirse sería su héroe. Por último, Naoko tomó un suéter y decidió salir a caminar un poco, pasear por las noches se había convertido en un hábito para aclarar sus ideas.

Hasta mañana, Hikaru.

Hasta mañana, Naoko.


Espacio del autor.

¡Gracias por haber llegado hasta el final del capítulo! Sus reviews me animan a seguir escribiendo, así que gracias por ello.

¡La llamada! ¡Qué cosas de la vida! Bueno, creo que Hikaru ha madurado un tanto, no se siente tan iracundo como pudiera contra su hermano. (La caja le ayudó a Kaoru, así que menos mal que la tenía en su cuarto. Ha ha, lo siento.)

¿Imaginaban un día en la vida de Takashi? El chico se va a desvelar. ¡Eso significa mucha diversión para el siguiente capítulo!

Honey me asustó un tanto. Pero no es como si siempre fuera a ser el dulce niño. Sigue siendo Honey, no creo que sea OC como pareciera. Siempre va a amar los dulces, y su conejo.

He visto muchos doramas últimamente, me encantan. Luego pondré la música en el blog.

¡Denme sus opiniones! Ojalá les haya gustado. No sé si es más corto que el anterior, pero aún falta más por ver. Y espero que también el TamaHaru les haya gustado. Me está agradando mucho escribir acerca de ellos dos, son tan monos.

¿Qué hará Takashi habiendo dormido muy poco?

¿Qué consejos le dará Tamaki a Hikaru?

¿Naoko empezará a actuar como las fans del pelirrojo?

¿Honey hará algo inesperado?

¿Qué pasará con Haruhi?

¡Nos vemos en el siguiente capítulo! ¡Cuiden de mí por favor!

DaemonLover, mejor de su enfermedad y curada de su conjuntivitis... ¿será?