[Instituto Ouran High]
–Llegas tarde, Tamaki. – Observó el calculador Kyouya Ootori, quien estaba en su lugar esperando la llegada del rubio.
–Lo siento, Kyouya. – Se disculpó amablemente. Tomó asiento junto a su compañero, y abrió su mochila para sacar su cuaderno más preciado: era en el que iba escribiendo todas las cosas de plebeyos que había probado, y en el que anotaba lo que había visto en la televisión abierta.
Pero cuando metió su mano para sacar la libreta, encontró algo diferente. –¿Huh? – Exclamó, tomando el pequeño objeto entre sus manos extrayéndolo de su mochila. Estaba envuelto en papel aluminio, así que era imposible determinar su contenido exacto, aunque desprendía un olor agradable.
Kyouya cambió su expresión indiferente a una de enfado. –Tamaki… ¿acaso no revisas tu mochila cuando tenemos tarea? – Dijo, notoriamente irritado.
El joven heredero de la familia Suoh intentó recordar lo que había hecho la noche anterior. –Bueno…creo que cuando llegué me puse a jugar con Antoinette, luego ayudé al cocinero Barry a limpiar la cocina, por lo que fui reprendido. Pero… ahora que recuerdo, no abrí mi mochila. ¿Sabes qué es esto? – Añadió mientras olfateaba lo que sostenía en su mano.
–¿Por qué mejor no lo averiguas? – Suspiró cancinamente Kyouya. Observó a su amigo mientras encendía su computadora portátil, era como ver a un niño desenvolviendo el regalo de navidad que había esperado durante todo el año.
Una vez que hubo desechado el papel aluminio, sus ojos se abrieron sorpresivamente, y miró a Kyouya en búsqueda de alguna señal que explicara la presencia de eso en su mochila. Para desgracia de Tamaki, lo único que obtuvo fue a un Kyouya poniendo los ojos en blanco mientras ordenaba sus ideas de forma que el rubio pudiera entenderlas.
–Kyouya… ¿qué es esto? – Preguntó con su característico tono de quien jamás ha visto algo como un onigiri en su vida.
–Tamaki…– Era difícil controlar sus deseos de estrangular al joven, pero tenía que contenerse, y mucho. Su voz ya temblaba, el enojo no podía seguir guardado en su interior. Era como si hubieran desatado a un monstruo. – ¿¡Acaso eres tan tonto! ¡Es un onigiri, es una bola de arroz que la gente común rellena de cualquier cosa! Es…
Suoh Tamaki rió suavemente. – Eres muy divertido, Kyouya. No hay duda de por qué eres mi mejor amigo. Sé que es un onigiri, lo he puesto en las primeras páginas de mi cuaderno. Lo que no logro entender es la forma que tiene encima, parece un perro… o algún animal extinto.
El castaño sintió que un balde de agua fría caía sobre su cabeza. Le arrebató la bola de arroz de las manos, y al darle vuelta para entender lo que Tamaki decía no pudo evitar sentirse idiota: debido al movimiento natural de la mochila, el peso de los cuadernos y el tiempo que había transcurrido, el onigiri había perdido su forma. Lo que pretendía ser el rostro de Tamaki había quedado convertido en un adefesio irreconocible. Podía pasar por un perro cruzado con un oso, era imposible saberlo a ciencia cierta.
–Es… ¡olvídalo! – Le espetó con desesperación. – ¡Sólo asegúrate de comértelo y de darle las gracias a Haruhi!
–¿Haruhi?
¡Maldita sea! Tamaki, inclusive haces que hable de más… me voy a volver loco. Maldijo Kyouya dentro de su cabeza, imaginando que Tamaki era devorado por pigmeos. Contó hasta un número inexacto pero con más de tres cifras, y una vez que logró calmarse volvió a ser el de antes, frío e implacable.
–Olvida lo que dije. Comételo, y antes de que empecemos las actividades del Host Club búscala y dile si te gustó.
–¡Oh, ya veo! Ahora todos quieren ayudarme en mi búsqueda del conocimiento absoluto de la comida del plebeyo perfecto. – Contestó alegremente, empezando nuevamente a divagar en un mundo extraño y colorido.
Su amigo esperó el momento en el que Tamaki tuviera su boca lo suficientemente abierta, y una vez que eso sucedió introdujo violentamente el onigiri en parte de su boca. Durante un momento pensó que el rubio se ahogaría, pero empezó a masticar el alimento. No pasaron más de dos minutos cuando ya se lo había terminado.
–Kyouya… ¡Es la comida de plebeyos más deliciosa que he probado en mi vida!
¿Qué diablos le sucede? Lo más delicioso de su vida… sólo es un onigiri que se supone tendría su rostro en él…
–Claro, lo que tú digas. De cualquier manera, no me interesa. Será mejor que te concentres en las clases, o volverás a tener problemas con tu padre, Tamaki.
El muchacho asintió amablemente, y empezó a escribir a toda velocidad en su libreta de comida para plebeyos. Se veía muy feliz, eso significaba que estaría más exagerado que de costumbre.
–Aunque quiero ver lo que sucederá después…– Susurró Kyouya para sí mismo, con una sonrisa de suficiencia. Se divertiría bastante, sin importar el resultado.
–¿Kyouya, dijiste algo?
–No es nada. ¿Tamaki, me mostrarías más detenidamente tu cuaderno?
[Salón de clases 2-A]
Haruhi había llegado temprano, y para su sorpresa unos minutos más tarde llegó Kaoru. La joven le preguntó dónde estaba su hermano. Hubiera preferido no hacerlo.
–Ha, verás…– Empezó Kaoru, metiendo las manos en sus bolsillos observando a Haruhi. – Creo que Hikaru no hablará conmigo en un tiempo.
–¿Estás bien? – Dijo una preocupada Haruhi. La tristeza se hacía notoria en su voz, y aunque Kaoru siempre había sido el menos obvio de los dos, Haruhi los conocía lo suficiente como para detectar aquellas emociones.
El joven sonrió. – Todo estará bien, sólo obtuve lo que merecía.
–Kaoru, es terrible escucharte hablar de esa manera. ¿Podrías decirme lo que sucedió?
Seguramente el muchacho no accedería, pero sin siquiera dar una respuesta, fue interrumpido por voces que discutían a gritos por el pasillo. Todos los estudiantes salieron de sus aulas para ver de quién se trataba. Pero para los alumnos del 2-A, Haruhi, Kaoru, Tamaki e inclusive Kyouya esas voces eran inconfundibles.
–¡Deberían prohibirte la entrada a lugares decentes como esta escuela!
–¡Tú no eres la chica más decente que digamos!
–¡Al menos me tienen respeto, en cambio tú sólo eres un Host que hace que las chicas se vuelvan locas!
–¡Si se vuelven locas es porque soy atractivo para ellas!
–¡Empiezo a creer que las clientas que te escogen deben estar completamente chifladas!
Un carraspeo interrumpió la charla, o el intento de charla, mejor dicho. –Jóvenes, sé que es muy interesante verlos discutir como un par de enamorados, pero es hora de que las clases inicien y creo que el ruido que hacen impide que comiencen.
Hikaru y Naoko se voltearon hacia el anciano, sorprendidos y avergonzados a la vez. Hablaron al unísono:
–¡P-profesor Ariake! Lo siento mucho. – Dijeron mientras hacían una respetuosa reverencia en señal de disculpas. Se vieron de soslayo, intercambiando miradas de enojo, aunque guardando silencio.
El viejo profesor de Historia rió. –Me pone de buen humor verlos. Me recuerda mi juventud, cuando el amor flotaba en el aire.
–¡No flota amor en el aire! – Replicaron al mismo tiempo.
Sin embargo la imaginación de Naoko era volátil, y pronto se imaginó a sí misma rodeada de cerezos en flor. En algún lugar de su ilusión, la suave risa de Hikaru se podía escuchar. Seguramente estaba poniendo un rostro totalmente estúpido, porque alguien chasqueaba sus dedos frente a sus ojos. Se trataba del mismo Hikaru, que en sus sueños diurnos reía tan pacíficamente.
–¡Hey, bruja! El profesor Ariake ya nos dijo que entráramos.
–Rompes el encanto. – Farfulló la joven lamentándose.
–¿Dijiste algo? – Le preguntó Hikaru.
La muchacha empujó su espalda haciendo que entrara en el salón. Era más pesado de lo que pensó, por lo que tuvo algunos problemas para empujarlo lo suficientemente rápido. –¡No dije nada! ¡Anda, vamos! La clase de Historia ya va a comenzar.
Al entrar al salón todos los observaban desde sus lugares. Inmediatamente Naoko retiró sus manos de Hikaru, el cual debido a las miradas insistentes se había sonrojado aparatosamente. Ambos se sentaron en sus respectivos escritorios, y el maestro distrajo nuevamente a la clase empezando a impartir su materia.
Haruhi se sentía intrigada, había percibido cierta incomodidad proveniente de Kaoru cuando los vio entrar, inclusive se había volteado hacia otro lado para no presenciar la escena completa. Hikaru estaba dispuesto a hacer alguna broma como de costumbre, pero repentinamente recordó lo sucedido con su hermano y guardó silencio.
Me pregunto… ¿cuál será la razón para que se haya molestado el uno con el otro?
–¡Pst! ¡Haruhi! – Susurró velozmente Naoko, sacando al Host natural de su ensimismamiento.
–¿Huh?
La castaña le entregó un pequeño papel que estaba cuidadosamente doblado en varias partes. Haruhi empezó a desdoblarlo, y dentro escribía:
¡Espero no hayas olvidado que mañana saldremos!
Arréglate temprano, pasaré por ti a las once. ¡No te perdonaré si lo olvidas!
Naoko.
Era cierto. Lo había olvidado por un momento. Miró a su amiga y asintió discretamente, para luego guardar el recado en una de las bolsas interiores de su saco. Después de un rato llegó un aviso que indicaba que el resto de las clases quedaban en suspensión debido a una junta de profesores. Los alumnos sabían perfectamente que las juntas en realidad eran planeaciones para las próximas vacaciones de los maestros, pero como siempre, nadie se opuso.
–¡Haruhi, tengo hambre! – Se quejó Kaoru.
–¿Hotaru, tú también tienes hambre? – Le preguntó Naoko a Hikaru, quien asintió. La muchacha se levantó de su asiento y les sonrió. –Bien… ¡entonces vayamos a su opulenta cafetería! – Propuso alegremente.
–Naoko-san…– Dijo Haruhi en voz baja, llamando a su amiga para que fuera hacia ella. La única hija de la familia Fujioka se acercó y murmuró en el oído de Naoko. – ¿pasó algo entre Hikaru y tú?
La reacción no se hizo esperar, la muchacha al instante empezó a reír monótona y exageradamente, moviendo su mano en señal de negación. –¡Qué va, qué va! ¿En qué te basas para decir tales cosas?
–Bueno… siento como si hubiera una especie de acercamiento entre ambos. Es como si te preocuparas un poco por él… Pero seguramente es mi imaginación. Por cierto… ¿Sabías que Hikaru está molesto con Kaoru?
Se detuvo a pensar. Era bastante obvio, ahora que lo mencionaba. Pero la noche anterior Hikaru no mencionó nada al respecto.
Tal vez no se siente preparado para hablar de ello…
–Es evidente que me di cuenta. – Mintió Naoko. –Cuando me encontraba lamentándome que iba a llegar tarde otra persona me alcanzó en el vestíbulo. Pensé que era una jugarreta, sin embargo Hotaru venía sólo. Desgraciadamente llegamos juntos.
Kaoru interrumpió la charla desde un lugar algo lejano. Toda la conversación había sido inaudible para los gemelos, pero también era responsabilidad suya que Haruhi y su verdadero género no levantaran sospechas. No podía hablar de esa forma con Naoko, menos en la escuela.
–¿Vamos a comer o a charlar? Muero de hambre, así que me adelantaré si no se dan prisa. – Dijo el pelirrojo arrastrando las palabras.
Hikaru evitó mirarlo todo el tiempo, y cuando su hermano pasó a su lado y se detuvo un momento observándole, éste prefirió ir hacia las chicas, ignorándolo completamente. A las involucradas esto les pareció incómodo, así que decidieron darse prisa para alcanzar a Kaoru. Fueron saliendo uno por uno, y cuando Haruhi estuvo en la puerta fue golpeada, aunque no literalmente, por una energía extrañamente familiar.
–¡Haruhi! – Exclamó Tamaki, tomándola de las manos.
Tamaki era un tanto voluble. En público podía hablar con ella sin ningún problema, sin embargo al estar únicamente los dos esto le resultaba imposible. El rubio se le acercó demasiado, tanto que Haruhi podía verse reflejada en sus ojos claros, lo que causó que su corazón latiera demasiado rápido.
–¡T-Tamaki-sempai! ¿Qué te trae por aquí tan temprano?
–¡Es lo mejor que he probado! Definitivamente lo puse en mi cuaderno.
¿Qué diablos se supone que es lo mejor que ha probado! –¿Huh?
–Ese onigiri con forma de perro-oso… híbrido, ¡lo que sea! – Dijo, mientras le mostraba una de las páginas de su tan adorada libreta. Se había tomado la libertad de hacerle muchas decoraciones excesivas, petulantes e innecesarias. También había tomado una foto del alimento y la había colocado en el centro alrededor de todas las decoraciones cursis.
Al acercarse para observar mejor a esa maravilla culinaria, según la palabra de Tamaki, se quedó helada. El perro-oso híbrido era inconfundible para ella. Pero se preguntaba la razón por la cual lo que supuestamente debía ser el muchacho terminó siendo aquello. Se detuvo a pensar un momento, y pronto pensó que haberlo dejado en misterio hubiera sido mejor.
–Tamaki-sempai… ¿entonces te gustó? – Preguntó una temerosa Fujioka Haruhi.
–¡Pues claro! Observa, se ha ganado cinco estrellas de mi libro de cocina plebeya. – Dijo el joven, mostrándole sus estrellas deformes. Haruhi las contó. Definitivamente eran cinco, y el dibujo de lo que pretendía ser un perro dando su aprobación a un lado lo respaldaba. Como odiaba esos marcadores de colores.
–Ah, cierto… tu libro de cocina plebeya. – Comentó fingiendo una pequeña risa.
Ricos bastardos.
–¡Haruhi! – Se quejó Hikaru, volviendo sobre sus pasos. –¿Vas a venir con nosotros o no?
–¡Haruhi! No puede ser posible que vayas a algún lugar con esos dos monstruos. – Sollozó teatralmente Tamaki. No le gustaba dejar a la chica a solas con los hermanos Hitachiin.
–¡Heh, Tono! No lo había visto. ¿Vienes con nosotros?
Una cabecilla se asomó por el salón. –¡Hitachiin, Fujioka-kun! Kaoru ya se ha marchado sin nosotros. ¿Podrían darse prisa?
Ésta es mi oportunidad.
–¡Ah, sí! – Exclamó el pelirrojo, haciendo ademán de sus habilidades actorales. – Haruhi, ¿por qué no vas con Kanagaki y los alcanzo más tarde? – Propuso con un tono jovial. –Hay… ciertas cosas que me gustaría hablar con Tono, a solas.
–¿Heh, tan temprano? – Insinuó Naoko. –Pensé que sus reuniones amorosas empezaban más tarde… inclusive pensé que incluirías a Kaoru. Pero es cierto…– Observó agudamente. – Hoy no han estado muy acaramelados como de costumbre.
–¡Cállate, vieja bruja! – Replicó el mayor de los Hitachiin. En otro momento de su vida hubiera iniciado otra de sus ya conocidas disputas, sin embargo no era el momento. Se calmó. –Ehm… de cualquier manera. En verdad necesito hablar con Tono. – Finalizó con seriedad en su rostro infantil.
Naoko comprendió y se marchó junto a Haruhi. Aborrecía las miradas furtivas que lanzaban las chicas a su alrededor, no era muy fortuito ser motivo de insultos debido a su estrecha amistad con los miembros del Host Club. Ootori Kyouya se lo había advertido. Había mantenido muchas de esas cosas en silencio, por ejemplo las notas que aparecían en su casillero cuando tenían educación física.
Había tirado a la basura cientos de ellas, todas contenían más o menos el mismo mensaje de odio. Sin embargo cada una tenía un nombre específico en él. Inclusive había recibido algunos que mencionaban alejarse de Suoh Tamaki.
¿Se han vuelto locas? Pensó aquél día.
Las chicas que asistían a Ouran High eran señoritas de la alta sociedad. Sin embargo, el ambiente tenso era igual al de cualquier escuela pública, inclusive era aterrador pensar en que tenían más medios para atacarla, en caso de que alguna se atreviera. Pero los mensajes no eran mucho comparados con esconderle su uniforme deportivo, colocar insectos en sus zapatos y pegar chicles masticados en la puerta del casillero.
–Haruhi… ¿tienes alguna idea del motivo por el cual los gemelos no se hablan? – Preguntó distraídamente, intentando no parecer demasiado interesada en el tema.
Está intentando ocultar que está interesada en el tema. Pensó de inmediato Haruhi.
–Pues… una vez fingieron pelearse para poder ir a mi casa. – Recordó con cierto rencor. Malditos. – Pero no fue nada grave. No acostumbran durar molestos mucho tiempo el uno con el otro. Hoy por la mañana Kaoru mencionó algo al respecto. Como si hubiera hecho algo que hizo enfadar a Hikaru.
–Hm. Bueno, mejor hablemos de algo más interesante. ¿Tamaki-sempai comió el onigiri, cierto?
A pesar de haber cambiado el tema con mucha rapidez, se quedó pensativa. Haruhi no pensó en si cambiar tan rápido el sujeto de la conversación era una estrategia, la mención de Tamaki hizo que se olvidara por completo de los gemelos.
–Sí, bueno…– Empezó nerviosamente. Debía aparentar, como en el Host Club. – Dijo que era un híbrido entre un perro y un oso. Creo que se deformó, pero le puso cinco estrellas en su cuaderno. – Añadió un poco más tranquila.
Y es que era algo esperanzador. Cinco estrellas en ese cuaderno lleno de café instantáneo, sopas deshidratadas y comida rápida no eran muy comunes. Lo último que se llevó la corona fue el Lescafé sin cafeína, ya que ahora podía dormir pacíficamente.
Naoko hizo un sonido extraño, hundiendo uno de sus dedos en el hombro de Haruhi. –Ha, entonces le gustó. ¿Eso está bien, verdad Haruhi? – Dijo con malicia, poniendo a prueba la actuación de su amiga.
Calor… ¿dónde? –¡No es lo que parece! Es…
–¡Hey! – Gritó alguien detrás de ellas.
Era Hikaru, quien venía acompañado de Tamaki y Kyouya. Los tres parecían salidos de un cuento de hadas, al menos para todas las chicas que se apresuraban en agruparse a su alrededor para verlos caminar. Haruhi sabía disimular la impresión que el líder del Host Club provocaba en ella, pero Naoko no era tan buena haciéndolo. Una horrible cámara lenta pasaba frente a sus ojos, en la que el caminar de Hikaru era algo fuera de este mundo. Lo observó caminar hacia ellas. Su corbata no estaba puesta correctamente, por lo que le daba un aspecto rebelde, y eso le agradaba bastante. Afortunadamente, un codazo la devolvió a la realidad.
–¡Auch! – Exclamó acariciando sus costillas.
–Lo siento, pero tu sonrisa era demasiado torpe y obvia. – Susurró Haruhi discretamente.
¡No de nuevo! Es como si una maldición hubiera caído sobre mí.
–Haruhi… no es lo que crees, yo… Es decir, ¿cómo no verlos si vienen hacia nosotras?
–He visto cómo ciertas… personas se quedan atrapadas en sus fantasías. Tamaki-sempai, por ejemplo.
Tenía razón. El rubio era conocido por ensimismarse en sus pensamientos, en los que Haruhi siempre figuraba. En el mejor de los casos terminaba jugando solitariamente en un rincón de la Sala de Música, y en el peor… Bueno, podía durar horas en blanco.
Naoko se disponía a cuestionarla un poco más al respecto, pero los tres muchachos las alcanzaron y fue imposible continuar la conversación.
Tamaki sonrió galantemente. Sus modales, como de costumbre, eran los idóneos. –Buenos días, Kanagaki-san. – Saludó con gentileza.
–Ah, buenos días, Tamaki-sempai.
–Kanagaki-san…– Interrumpió Kyouya. No era común que hiciera eso, su diplomacia no se lo permitía. – He escuchado de fuentes…confiables que han pasado de dejarte notas a colocar cosas en tu mochila y zapatos deportivos. ¿No piensas hacer algo al respecto?
–¿Heh? – La joven se sorprendió, no de forma muy grata. Pensó que el ocultarlo haría que nadie se preocupara, pero el joven Ootori era experto averiguando cosas que nadie debería de sabe.
¿Cómo pudo enterarse?
Hikaru se sintió un poco excluido de la conversación, por lo que de inmediato quiso participar en ella. Asimismo, le intrigaba saber de qué iba la situación. –¿Kyouya-sempai? ¿De qué estás hablando?
–Se trata de…
–¡No es nada! Sólo se trata de pequeños incidentes sin la menor importancia, ¿verdad, Kyouya-sempai? – Le interrumpió fijando su mirada en sus ojos. Kyouya era calculador, por lo que comprendió enseguida. Un caballero jamás actuaría de otra forma.
–Hikaru, dada la situación creo que deberías hablar con Kaoru y arreglar las cosas entre ustedes.
¡Kyouya-sempai, definitivamente eres un profesional! Naoko estaba impresionada por su habilidad. Esas palabras desviarían la conversación de forma convincente.
El pelirrojo simplemente se dio la media vuelta y entró a la cafetería. Dentro, Kaoru estaba comiendo en una mesa, y para sorpresa de los demás acompañantes que fueron entrando tras el hermano mayor, estaba solo.
Tamaki se dirigió hacia el menor de los gemelos, y enseguida se sentó a charlar alegremente con él. Los demás hicieron lo mismo, y Hikaru se vio en la obligación de sentarse junto a los demás, aunque alejado de Kaoru. Aunque había algo de tensión, fueron capaces de sobrellevar la situación. Era inclusive desconcertante hablar con ellos por separado, se podía saber de mejor manera qué era lo que pensaba cada uno, eran dos personas muy diferentes.
–Ne, Hitachiin Kei…– Dijo Naoko. –¿Te gusta el béisbol?
–En realidad no mucho, los deportes que me llegan a gustar son…
Hikaru interrumpió la conversación pasando su brazo frente a Naoko, alcanzando una salchicha que estaba abandonada en el plato de Haruhi. Todos lo observaron engullir el embutido ruidosamente, y en cuanto a Kaoru, se veía un poco molesto, pero continuó hablando.
–Prefiero el fútbol, aunque el tenis también me llama la atención. La verdad, acostumbro más jugar eso en alguna consola de videojuegos, pero no me molestaría ir a un partido…– Comentó sonriendo. Por una parte se sentía culpable por lo que había hecho, por otra su hermano empezaba a fastidiarlo a propósito. Y eso no le estaba gustando a nadie.
–Kanagaki, el maple, por favor.
–¡Queé asco, sigues con eso!– Le reprendió la muchacha pasándole el sirope. Siguió su plática con el hermano menor, pero Hikaru siempre buscaba excusas nuevas para interrumpirlos.
Haruhi intentó iniciar una conversación con el pelirrojo, pero éste se veía demasiado ocupado escuchando la conversación de su gemelo con Naoko. El único recurso que le quedó fue jalarlo de la oreja.
–Deberías ser más discreto, Hikaru. – Le dijo con discreción. – Tus acciones se están volviendo demasiado molestas, a este paso…
La muchacha se detuvo. Detrás de Hikaru le observaba un zombi. No… los zombis no existen. Pero el rostro definitivamente parecía pertenecer a una momia.
¿Será…?
–Ah, Mori-sempai. – Saludó Tamaki. – ¿No viene Honey-sempai contigo?
–Mitsukuni… no. Siempre se queda más tiempo del necesario almorzando sus cosas dulces, pero ya me cansé de decirle que deje de comer tanto azúcar. Tamaki…– Añadió observando al rubio con sus ojos cansados, que apenas eran visibles bajo las bolsas de cansancio que conservaba.
Todos dejaron sus conversaciones para observar a Mori. Nuevamente, sus desvelos habían provocado que fuera totalmente desinhibido. Suoh Tamaki se puso un poco nervioso, pero compuso una sonrisa tonta.
–¿Si?
–Tu corbata está mal puesta, además creo que tu saco está arrugado. Pareciera que no te has parado frente a un espejo en días. ¿Estás seguro de que eres el líder?
El efecto fue inmediato. Él, líder del Host, cliente preferido de las chicas de Ouran High, que cuidaba cada aspecto de su imagen…
Los gemelos Hitachiin reaccionaron de inmediato. Cada uno sostuvo al muchacho para evitar que cayera, y empezaron a intentar devolverle su conciencia. La preocupación se reflejaba en el rostro de todos los presentes, e inclusive otros estudiantes empezaban a reunirse alrededor de la mesa, expectantes.
–¡Tono! ¡Resiste! – Decía Hikaru mientras le hacía aire con las manos. Tamaki seguía blanco como la cera.
–¡Oi, Tono!
Ambos cruzaron miradas y dudaron un momento, pero luego siguieron ayudando al Host Principesco. Después de todo, su trabajo era protegerlo. –¡Hikaru!
–¡Lo sé, Kaoru! – Respondió su hermano mayor mientras se encargaba de cargar a Tamaki de las piernas. – ¡Kyouya!
–De inmediato. – Contestó mientras sacaba su celular y hacía una llamada. – Llévenlo lejos de aquí, es lamentable verlo en ese estado.
Naoko y Haruhi no dijeron nada en todo ese rato. Sólo se dedicaron a observar, aunque se podría asegurar que las manos de Haruhi se apretaban fuertemente bajo la mesa. Su amiga Naoko dirigió sus ojos hacia Takashi, quien parecía inmutable. A ella le causaba algo de gracia, pero conociendo tan poco a Tamaki, quien sabe, podría ser algo grave.
Los chicos ya habían salido de la cafetería, sólo quedaban ellos tres: Haruhi, Mori y Naoko. Ésta última tronó sus dedos y los cruzó, apoyando su barbilla en sus manos.
–¿No se te ocurrió algo menos ofensivo? – Le cuestionó con sarcasmo.
–¿Querías que dijera algo más ofensivo? – Contestó el muchacho, fingiendo demencia.
–Takashi, a veces no sé quién eres.
–En los doramas pasa lo mismo…
Se sorprendieron. ¿Doramas? Naoko pensó en una respuesta, pero el castaño siguió hablando, resultándole imposible interrumpirlo.
–Ayer hubo un especial, no sé cuantas horas pasaron, pero el caso es que el primer amor de la chica se queda sólo. Luego todo es tan clásico, la musiquita también era parte de la emoción. ¿¡Pero por qué Hanazawa Rui se queda sólo? – Se quejó con desesperación, con los ojos húmedos.
Haruhi y Naoko se miraron. Ambas deseaban darle una paliza a esa persona tan lamentable que se encontraba frente a ellas. Haruhi también tenía los ojos húmedos, porque deseaba reír, pero debía contenerse para no herirlo.
–Takashi… ¿¡Estuviste viendo doramas toda la noche! ¡Sabes que desvelarte te hace daño! Encima… llegas haciendo sentir mal a Tamaki-sempai, y ahora parece que… ¡¿Qué estás haciendo? ¡No llores!
– ¡Pero…!– Sollozó con su voz grave. En verdad era lastimero verlo. – En los doramas pasa lo mismo que en la vida real… luego tú y Hikaru. ¡Hanazawa Rui se queda solo!
–Es una historia lamentable. – Dijo una voz suave, acompañada de un coro de chicas emocionadas que se aglutinaban al final de las escaleras.
Bajó las escaleras con delicadeza, parecía que flotaba. Sonreía, lo que provocaba el alboroto de las estudiantes. Ladeó su cabeza al estar cerca de Takashi, y posó una de sus pequeñas manos en su cabeza.
–Taka, no llores.
Naoko se quedó sin habla. Curiosamente al verlo entrar había pensado que era alguna otra persona, pero conforme se acercaba no había podido dejar de verlo.
–M-Mitsukuni, hola. – Lo saludó con la voz un poco temblorosa.
Pero Takashi hacía demasiado ruido, por lo que su voz había sido apagada por los sonidos que hacía al mover los cubiertos que habían dejado sus compañeros al marcharse. El joven rubio se volteó hacia ellas y las saludó. Por otra parte, las muchachas que estaban en el comedor escolar habían sido forzadas a salir del lugar. El cocinero no podía trabajar si todo el mundo gritaba como si, según sus palabras, estrellas de rock estuvieran almorzando.
–Honey-sempai, Mori-sempai ha estado actuando extraño. Se desveló. – Dijo Haruhi con su acostumbrada franqueza.
–¡He! Taka, no debiste…
–Bueno, en realidad… creo que está preocupado por nosotros. – Observó Naoko. Sus manos estaban algo torpes, y casi derrama agua sobre Haruhi, por lo que se tuvo que disculpar de forma silenciosa.
–Naoko, ¿ha dicho algo indebido? – Preguntó viéndola directamente a los ojos.
–Eh… Creo… Ah, Tamaki-sempai fue llevado a… algún lugar extraño supongo. Mencionó que su corbata estaba desarreglada… y cuestionó su posición en el Host Club. – Respondió atropelladamente desviando su mirada, fijándola en una servilleta sucia que habían dejado en la mesa.
Cuando levantó sus ojos nuevamente Honey estaba frente a ella, algo cerca. Se impresionó tanto que soltó una exclamación asustada, haciendo que Haruhi y Mori también lo hicieran.
–¡Tranquila! Te noto algo extraña. ¿Todo está bien?
–S-si, todo…
Mentía. Dentro de su cabeza deseaba comprender si bien era lo que pensaba, era un caos. Pensó que se terminaría quedando calva de tantas cosas que pensaba, pero no quería solucionar eso ahora, frente a Mitsukuni.
–Mitsukuni, me duele la cabeza, tengo sueño. – Siguió lamentándose Mori, habiendo hecho de manera misteriosa un ave con una servilleta y empujando la figura con su índice de manera triste al ver que no pasaba nada.
Haruhi se levantó y retiró todo lo que estuviera al alcance de su compañero. No quería arriesgarse a un ataque de ira que pudiera resultar peligroso para alguien.
–Mori-sempai, puedes dormir en el Host Club… no creo que haya alguien ahora. – Murmuró perspicazmente Fujioka Haruhi. – ¿Crees que puedas caminar por ti mismo?
Perder a Takashi de vista por un momento podía ser desastroso, ya estaba de pie con una mirada decidida, y aparentemente deseaba correr, porque Honey se apresuro en tomarlo del brazo. No parecía que estuviera haciendo fuerza para retenerlo, pero ambos eran muy fuertes, por lo que seguramente Mitsukuni estaba haciendo uso de esa fuerza.
–Será mejor que vayamos todos juntos, Taka. ¿Vienen? – Les dijo a Haruhi y a Naoko.
–De acuerdo. – Aceptó con calma Haruhi.
–¡C-claro! – Balbuceó Naoko levantándose rápidamente. Como Honey no estaba viéndolas, ya que subía las escaleras con su amigo, Naoko se volteó y frotó su frente con una de sus manos sintiéndose patética.
¿C-claro? Felicidades Naoko, estás empezando a asustarte a ti misma.
Decidió seguirles para no quedarse atrás, aunque Haruhi sí estaba segura de que algo le pasaba a su amiga. Tal vez era tiempo de escuchar lo que realmente pudiera estarle ocurriendo, de actuar como se supone deben las amigas. Pero por el momento tenía que guardar silencio. Además, parte de sus pensamientos se preguntaban si Tamaki estaba bien.
[Tercera Sala de Música.]
Tamaki había sido llevado a la enfermería, y Morinozuka Takashi estaba dormido en uno de los mullidos sofás que tenían en la Sala de Música. Los demás charlaban intentando no hacer mucho ruido.
–La enfermera dijo que estaría recuperado de aquí a mañana. – Murmuró Kyouya tranquilamente, revisando el estado financiero del Host.
–¿Qué fue lo que le sucedió?
Los gemelos contestaron al unísono. –Le bajó el nivel de azúcar.
–Ah, veo que se han reconciliado. – Comentó Naoko alegremente.
Al parecer ese comentario no les agradó, ya que se separaron de inmediato dirigiéndose en sentidos opuestos. Honey no estaba enterado que estaban molestos, pero se preguntaba la causa de ello.
–Hika-chan, Kao-chan… No deberían actuar así. Son hermanos después de todo.
–¿Lo ven? Mitsukuni tiene razón en eso.
La respuesta fue rápida. Inesperada, pero rápida. Haruhi intuyó que algo así sucedería, pero no había manera de advertir a Naoko sin que los demás se dieran cuenta.
–Lo olvidaba, para ti Mitsukuni siempre ha de tener la razón, ¿cierto? – Dijo Hikaru con amargura.
Naoko se sintió ofendida. Era muy extraña su actitud, pero no era la primera vez que actuaba de forma tan infantil. –¿Y por qué habría de tenerla?
Hikaru le dio la espalda y se sentó, para después suspirar y verla desde su lugar. –Bueno, generalmente las chicas siempre le dan la razón a sus…amigos.
–Hikaru…– Empezó Kaoru. Conocía bien a su hermano, y no acostumbraba medir el poder de sus palabras.
–¡Déjalo ya, Kaoru! – Espetó enérgicamente. – Es muy obvio, ¿no lo crees? Le da la razón, se van a casa juntos, ¿creen que pueden engañarnos así?
El muchacho recibió un golpe en la mejilla. Pero Kaoru sostenía el brazo de Naoko. En cambio, la persona que se encontraba frente a Hikaru en ese momento era Haruhi. Hikaru explotó, eso parecía. Se levantó violentamente, aunque Kyouya logró calmarlo lanzándole su rígida carpeta a la cabeza.
–Has ido demasiado lejos, Hikaru. Creo que todos aquí merecemos una disculpa por tu comportamiento indebido. No serás capaz de estar cerca de las clientas con ese comportamiento, será mejor que te marches.
–¡No pienso hacerlo! – Replicó el pelirrojo.
–Bien, entonces soy yo la que se marcha. – Dijo Naoko sin mayores rodeos, soltándose de Kaoru. Se acercó a la puerta y se detuvo un momento. – Para tu información, Hitachiin, Mitsukuni y yo no somos más que amigos. Pero creo que pasas demasiado tiempo imaginándote situaciones que no existen. Eres… olvídalo. – Finalizó con tono de molestia, para después marcharse sin decir nada.
Todos se quedaron en silencio. Era un silencio muy incómodo. Kaoru sentía que su cabeza le dolía, su hermano era un tonto. Haruhi no tardó en seguir a la muchacha, quien seguramente estaría en el salón de clases recogiendo sus cosas.
Honey empezaba a comprender la situación. Pero eso no explicaba el descontento de los gemelos. Decidió aclarar algunas cosas: – Hika-chan, ¿piensas que salgo con Naoko?
Simplemente emitió un sonido extraño, que seguramente era una respuesta afirmativa, ya que el rubio empezó a reír. Eso exasperó a Hikaru, que se le acercó esperando una explicación a su repentino reír sonoro. – ¿Es gracioso?
El muchacho dejó de reír y aclaró su garganta. Miró directamente al pelirrojo, quien era bastante más alto que él. –¿Y qué si lo es? No voy a negar que me guste. – Respondió con sinceridad. Hikaru se incomodó un poco, ya que desvió su mirada. – No salgo con ella, si tanto te molesta. Eres muy predecible, y aunque eres mi amigo hay cosas que no pienso decirte. Pero no fue muy astuto de parte de Hika-chan decirle todas esas cosas, ya que Naoko es una persona que odia ese tipo de personas.
–Yo no…
Kyouya, el Rey de las Sombras, intervino. – Saben las reglas, sin embargo haré una excepción advirtiéndoles que no es prudente que cometan este tipo de actos frente a las chicas del colegio. Honey-sempai, ¿crees que podrías asegurarte de que Mori-sempai llegue a salvo a su casa? – El mayor de los miembros del Host asintió. – Si yo fuera Hikaru… – Continuó, titubeando un poco aunque pensando cuidadosamente en sus palabras. – Pensaría mejor en lo que estoy haciendo, y en lo egoístas que son mis actos. Claro, haría lo posible por remediar el daño que hago a las personas que… quiero. Pero no soy Hikaru, ¿cierto? – Terminó con una sonrisa de hombre de negocios.
–Kyouya-sempai…– Murmuró Kaoru. Kyouya Ootori nunca daba consejos de ese tipo, sin embargo en ese momento estaba siendo directamente indirecto respecto al tema.
Permanecieron callados mientras Honey lograba despertar a Takashi, quien seguía lamentándose acerca del dorama. Kyouya decidió quedarse un poco más, en cuanto a los hermanos se marcharon después de sus compañeros.
Los gemelos caminaron por los pasillos de Ouran High en silencio. Kaoru observaba a su hermano de reojo, y éste último sólo veía su reflejo en sus zapatos mientras caminaba. Luego de unos minutos, Hikaru se detuvo en seco, por lo que el menor tardó un poco en notar su ausencia. Se volvió hacia él.
–¿Hikaru?
–Ne, Kaoru… ¿Por qué todo me sale mal? – Se lamento el muchacho mientras observaba los jardines a la distancia por una de las enormes ventanas que poseía el colegio.
–Si te diera una respuesta estaría mintiéndote. Pero… lo que hiciste hoy no estuvo bien. Eres demasiado celoso, Hikaru.
Evidentemente se sentía culpable. Pero tampoco poseía el valor de disculparse con todas las personas todo el tiempo, eso le cansaba. Últimamente se había visto envuelto en una serie de situaciones poco favorables para todos.
–¿Qué se supone que debo hacer?
Kaoru también tenía errores que enmendar. –No lo sé. En verdad… no lo sé.
[Salón de clases 2-A]
–Fujioka-kun…
Haruhi apenas había entrado al salón cuando Naoko ya le había visto. Se acercó, pasando entre las butacas de los estudiantes curiosos por todo lo que pasaba alrededor del misterioso y codiciado Host Club.
–Me iré a casa. Estaré bien, sólo… cuando vuelva, dile que cuando esté dispuesto a disculparse sabe cómo contactarme.
Se refería a Hikaru, lo sabía. –¿Acaso no piensas venir más? – Preguntó de forma alarmante.
–Olvidaba mencionar… en vista de que estuvimos ausentes un largo rato, y yo llegué antes de lo previsto, logré enterarme de que los profesores han decidido tomarse unas pequeñas vacaciones. No entiendo el prestigio de este Instituto… pero bueno. Por cierto, pasaré luego por tu casa, hay algunas cosas de las que quiero hablarte, y… buen golpe. – Dijo con una sonrisa.
El Host natural se sonrojó. No acostumbraba hacer ese tipo de cosas, sin embargo Hikaru lo había merecido. Su mano estaba un poco adolorida, pero eso no importaba en lo absoluto. Tartamudeó unas palabras de agradecimiento, pero fue interrumpida por la chica nuevamente.
–Dejé algo en tu mochila, te será útil. No tengo vendas conmigo, pero seguramente tendrás en casa. Sólo aplícalo y luego asegúrate de no volverte a lastimar de esa forma. La próxima vez seré yo quien lo golpee, te lo prometo.
La conversación no fue muy larga, y Naoko se marchó. Haruhi no tenía mucho que hacer en su casa, todo estaba limpio debido a que era un departamento realmente pequeño. Pensó en estudiar en la biblioteca, pero el personal de la escuela ya se había marchado, estaría cerrada. Los gemelos entraron por la puerta, lo que hizo que sus pensamientos se desvanecieran.
–Haruhi…– Empezó Hikaru, con un rostro avergonzado.
–Ni lo menciones. Sólo sentí que era mi deber hacerlo.
–No vuelvas a cometer ese tipo de actos imprudentes. – Dijo Kaoru fríamente. – Hikaru es una persona temperamental, no se controla tan fácilmente. La posibilidad de que te hiciera algo no es mucha, pero Kyouya-sempai supo actuar correctamente. No… vuelvas a hacerlo.
Ahora era Haruhi quien se sentía mal. Frunció el ceño y agachó la mirada. –Lo siento.
–¡Pero no pongas esa cara, me harás sentir miserable! – Rió Kaoru, de un mejor humor. –¿Y si acompañamos a Haruhi a su casa en uno de esos… trenes para plebeyos?
–Te refieres al metro.
–Como sea, es divertido viajar en esas cosas. – Añadió Hikaru, haciéndole segunda a su hermano.
¡Malditos ricos bastardos! Pensó Haruhi conteniendo una risa. Los estudiantes de Ouran realmente podían impresionarse con cualquier cosa.
[Estación del metro.]
Mientras Haruhi estaba atenta a la llegada del metro, los gemelos se divertían gastando sus créditos recién adquiridos. Asimismo, no podían evitar tomarse fotos cerca de los espectaculares de los artistas del momento, algunos eran graciosísimos, inclusive tenían pantalones de verdad.
–¡Haruhi, mira! – Gritaban emocionados mientras le mostraban sus fotografías.
Para ella no era nada interesante, inclusive resultaba incómodo tener que soportar las miradas de reproche de los demás usuarios del metro. –¡Son demasiado ruidosos!
Los muchachos contestaron algo, pero fue imposible escucharlos. El metro estaba llegando, y en menos de lo que pensaron las personas entraban y salían del vagón, por lo que tuvieron que darse prisa en subir.
Atraían las miradas, ver a chicos apuestos en un lugar como aquél no era muy común. Sin mencionar el hecho de que sus uniformes delataban su estatus social, aunque en el caso de Haruhi, ni era un chico, ni pertenecía a la clase alta. Algunas chicas les tomaban fotos a escondidas, pero Kaoru estaba entretenido con la elaboración de las vías. En cuanto a Hikaru, observaba por la ventana los paisajes tan cambiantes que había en una distancia relativamente corta. Hubo un lugar en especial que llamó su atención.
Se trataba de un campo totalmente verde. Se veía desolado, a excepción del metro que pasaba cerca del mismo. Se volteó hacia Haruhi y le dijo mientras esbozaba una sonrisa cálida:
–La próxima vez hay que invitar a Kanagaki, creo que le gustaría.
Haruhi se quedó pensativa. Hikaru parecía estar pensando en cosas que le hacían feliz, y su nariz pegada contra el cristal le daba el aspecto de un niño. –Hikaru…
Éste no se volteó. –¿Hm? – Sonrió, había empañado un poco el cristal con su respiración.
–¿Te gusta Naoko?
Esa pregunta lo tomó desprevenido, justo cuando el metro frenaba, por lo que se golpeó la nariz. Se reincorporó rápidamente, sonrojado en parte por el golpe y por lo que tenía que contestar. Miró sus manos, ahora sobre sus rodillas, para finalmente contestarle.
–… Sí, me gusta.
La muchacha lo observó, con deseos de hacerle un poco de burla al respecto, pero con su mirada bastaba para que el pelirrojo se sintiera más avergonzado aún. Inmediatamente intentó arreglar lo que había dicho.
–¡Heh! ¡N-no me mires de esa forma! ¡No pensé bien lo que dije! ¡Yo…! ¡Haruhi!
Lo seguía viendo, con una sonrisa burlona en sus labios. Era raro verla así, pero ahora podía divertirse un poco. Con uno de sus dedos picó el estómago de Hikaru riendo silenciosamente. Hikaru reaccionaba exageradamente, por lo que Kaoru decidió dejar su pasatiempo para regañarlos.
–¡Ya es suficiente!
Se quedaron serios, pero era difícil contener la risa por lo que terminaron haciendo más ruido del necesario. Afortunadamente la próxima parada era la más cercana al departamento Fujioka, aunque aún había que caminar un poco.
–Lo sentimos, Haruhi pero… es hora de que volvamos a casa. – Se disculparon los muchachos con una sonrisa.
–Entonces… ¿es un hecho que se han reconciliado?
Ambos dudaron un poco. Decir que sí hubiera sido una gran mentira, pero eran hermanos después de todo.
–Digamos que…
–… a medias.
Haruhi sonrió. Al menos se comportaban más naturalmente que por la mañana. Se despidió agitando su mano mientras se alejaba, y se dirigió hacia su casa. Los siguientes días sin el Host Club tal vez le ayudarían a relajarse un poco.
De regreso a su hogar los gemelos no hablaron mucho, prefirieron llamar a su chofer personal en lugar de volver a tomar el metro. De todos modos no tenían la menor idea de cómo llegar tan lejos en un transporte tan concurrido. Mientras esperaban sentados en una banca, observaban a los habitantes de la ciudad ir y venir. Para ellos era frecuente ser los que se quedaban en silencio, apartados del resto del mundo.
¿Somos tan indiferentes para el resto de las personas? Pensó Hikaru.
Para él no era muy importante, pero no deseaba ser igual de indiferente para Naoko. La había hecho enojar, lo cual no era algo bueno para empezar. De haber sabido lo que ocurriría habría pensado dos veces lo que iba a decir. Evidentemente eso era imposible, aunque algo bueno había aprendido de todo ello. Naoko y Honey no tenían una relación más allá de la amistad.
Pero… le gusta.
Esa revelación resultaba molesta. Honey conocía a Naoko desde la infancia, sabía las cosas que le desagradaban y las cosas que le gustaban. Sobre todo, sabía cómo actuar en su presencia para no hacerla enojar. Odiaba tener que admitirlo, pero tenía más posibilidades que él.
–Hikaru, deberías dejar de pensar tanto. Por la forma en la que arrugas la frente, puedo decir que algo te incomoda…
–¿Heh?
El menor de los Hitachiin rió suavemente. Sabía que por más que lo intentara su hermano no estaba dispuesto a confesarse tan rrápidamente, aunque eso significaba algo positivo para el seguro Honey. Aún restaba saber realmente lo que sentía Naoko.
[Jardín de la familia Kanagaki.]
Un florete tocaba constantemente y con algo de violencia la cabeza de un maniquí. Hacía tiempo que no volvía a practicar, sin embargo en ese momento era un método perfecto para descargar el enojo. Afortunadamente el maniquí no podía quejarse.
Como tal no le estaba permitido entrenar con pensamientos oscuros en su mente, sin embargo estaba en su jardín, y ningún entrenador o persona relacionada con la esgrima la estaba observando, lo cual la tranquilizaba.
–¡Touché! – Exclamaba cada vez que el florete tocaba el objetivo específico.
¡Eres detestable, Hitachiin Hikaru!
Le era imposible no sentirse fúrica, después de todas las sandeces que habían salido de la boca del pelirrojo. De ninguna forma lo olvidaría. Su fuerza se descontroló y le resultaba dificultoso alcanzar los puntos marcados, por lo que termino aventando el florete contra la cabeza del maniquí.
–Deberías tener más cuidado, si alguien te sorprende haciendo eso no podrás volver a la esgrima nunca más. – Dijo una voz tras ella.
Naoko se puso en cuclillas, cerrando sus ojos para no hacer lo mismo que había hecho usando el florete con su amigo de la infancia. Levantó su mirada hacia el cielo, sintiéndose maldecida. Siempre en el peor momento… ¿o en el mejor?
–Takashi… ¿está mejor? – Decidió preguntar, intentando dirigir el tema de la conversación a algo que no fuera ella misma.
–Astuto de tu parte, cambiar el tema…– Respondió mientras se acercaba y se sentaba a su lado, sin estar particularmente interesado en ver su reacción. – La verdad tuve casi que arrastrarlo hasta su cama. Al menos en su casa estoy seguro se harán cargo de él. Además me dejaron comer dulces.
La muchacha lo observó con aire reprobatorio. Precisamente eso era lo que buscaba Honey, ya que en cuanto volteó su rostro acercó uno de sus dedos a su nariz y la empujó. Su fuerza no le era necesaria, ya que el equilibrio de Naoko no era muy estable por su posición. En cuanto hubo escuchado el ruido sordo que emitió al caer empezó a reír discretamente.
– ¡Qué crees que haces! – Se quejó la joven, sentándose inmediatamente.
–¿Prefieres que haga otra cosa, Naoko-chan? – Insinuó Mitsukuni con una voz dulce. Tan dulce como sus golosinas llenas de azúcar.
–¡Olvídalo! – Exclamó Naoko alejándose del rubio. Se estaba empezando a poner nerviosa, y eso no le gustaba tomando en cuenta que hacía poco había dado por hecho que lo que sentía por él era cosa del pasado.
¿Realmente lo he olvidado? Se sorprendió pensando.
Honey se estiró un poco y se acostó sin preocuparse en ensuciar su ropa, como usualmente lo hacían las personas de la alta sociedad. Suspiró. –Naoko… hoy no dudaste en decirle a todos que no somos más que amigos. Me pregunto… ¿tan imposible es para mí ser algo más?
Exigía respuestas. Él no las tenía, nadie más que Naoko sabía esas respuestas. Eso pensaba, pero sus comentarios provocaban que se sintiera cada vez más presionada a elegir sus propios sentimientos, y decidirse. La joven le lanzó un objeto, que fue a parar a la cabeza de Mitsukuni.
–¡Te estás distrayendo!
Al ver lo que le acababan de lanzar, en primer lugar sintió asco. Un calcetín sucio no era precisamente algo que uno quisiera tener encima. Lo tomó entre sus dedos y lo alejó lo más posible de su vista.
–Es muy… femenino de tu parte. – Contestó con alegría esbozando una sonrisa. –Pero tienes razón, me distraigo con facilidad.
¿Qué se supone que significa eso? ¡¿Por qué no te enojas y gritas por lo que acabo de hacer, Haninozuka Mitsukuni?
Naoko se desesperó, por lo que siguió lanzándole cosas a Honey, sólo que esta vez no lograba alcanzarlo con nada. Mientras él reía, ella sólo sentía más necesidad de hacerlo enfadar, pero era inútil.
–¿Acaso nunca te enojas? – Preguntó entre dientes.
–Ese no es mi trabajo, es el de Hika-chan.
Esa respuesta le cayó como un balde de agua fría. Tenía razón, Hikaru era quien se alteraba y empezaba una discusión chistosa. Los dos eran totalmente diferentes, no debería de estar dudando acerca de sus sentimientos.
–No hables de él, no ahora. – Dijo cambiando su humor. Repentinamente se sentía algo alicaída, y no deseaba hablar mucho al respecto. Prefirió empezar a recoger el desorden que había hecho, con lo cual Mitsukuni prefirió ayudarle.
Algo en su interior dolía, como si el silencio de su amiga le diera las respuestas que necesitaba. Pero él siempre estaba ahí, se estaba convirtiendo en un espectador, lo cual no lo dejaba dormir tranquilo.
¿Debo darme por vencido? Hikaru… no es la persona adecuada. Es demasiado egoísta como para ver por alguien más.
Súbitamente, tomó la mano de Naoko mientras ésta recogía su calcetín. Curiosamente sus manos tenían aproximadamente el mismo tamaño. En esas ocasiones odiaba no ser tan alto como Takashi, tendría manos más grandes. Rápidamente Naoko lo observó, y un extraño calor invadió su rostro. Abrió su boca para pedir una explicación, pero el rubio la interrumpió.
–No lo olvides, ¿ne? –Murmuró conteniendo varias emociones, entre las que figuraban la desesperación y el miedo. –Algún día… te pediré que seas mi novia. Hasta ese entonces… no tomes decisiones apresuradas, ¿ne? – Continuó, apretando un poco más la mano de la chica.
No tomar decisiones apresuradas… Es más fácil decirlo que hacerlo…
–Mitsukuni yo…– Se detuvo. El muchacho ya había soltado su mano y se había distanciado un poco de ella.
–Será mejor que me vaya, Naoko. Usa-chan se pone a llorar si no llego temprano para la hora del té. – Dijo al poner aquél calcetín sobre la cabeza del maniquí de entrenamiento. Definitivamente había sido impulsivo, pero era mejor serlo en situaciones como aquélla. Hikaru era, a pesar de todo, una competencia difícil.
–Mitsukuni. – Insistió la castaña, logrando que el Host Shota se detuviera. –Siempre vienes a mi casa y terminas diciéndome cosas que me dejan más confundida. La próxima vez que vengas… no te vayas así nada más. – Suspiró, apretando sus manos contra su pecho.
Caminó hacia ella con paso decidido, y puso una de sus manos sobre su cabello revolviéndolo un poco. –Aunque hayas cambiado, a veces sigues siendo la misma chica de lentes que solías ser. Lo siento, en verdad… pero debo irme. También es difícil para mí.
No lo retuvo más tiempo. Ahora sentía que todo lo que hacía estaba dividido, de igual forma lo que sentía en parte lo estaba. ¿Cuánto tiempo pensaba seguir dubitativa respecto a sus sentimientos?
Espero al menos poder distraerme yendo de compras con Haruhi… el no verlos me ayudará a pensar mejor. Se dijo a sí misma, confiando en que su jornada sería un pacífico paseo entre chicas.
Siendo el Host Club, la palabra pacífico puede quedar descartada dentro de los adjetivos empleados para describir un día de compras.
[Sábado. Departamento Fujioka.]
El celular no era el mejor aliado para despertarse, sin embargo funcionaba. Cuando la persona que va a recogerte llega una hora antes de lo esperado, la situación cambia bastante. Kanagaki Naoko había despertado a Haruhi, quien dormía profundamente confiando en que tendría tiempo suficiente para bañarse.
Debido al incidente ahora el Host natural se daba prisa mientras su amiga experimentaba con las bolsitas de té, algo nuevo para ella. La taza de té tomaba un color muy tenue a comparación de la bebida que acostumbraba consumir en casa. El padre de Haruhi la observaba con ojos sospechosos, no le agradaba estar rodeado de personas con mayor estatus social, siempre hacían comentarios extravagantes.
–Fujioka-san… ¿El té de bolsa, lo hacen con las sobras de lo que nosotros tomamos?
El pobre hombre casi se ahoga de la impresión. Lo sabía, siempre hacen comentarios extravagantes. La mayoría del tiempo eran desagradables, como en ésta ocasión. Secó sus labios con una servilleta, y logró ser comprensivo con la muchacha en vista de que Haruhi tenía un interés por llevar una vida normal, como cualquier chica de su edad.
–En realidad no. Sé que parecemos ser pobres… y lo somos, pero no son sobras. – Intentó decir con toda la dignidad posible.
Naoko contuvo la risa. Ese hombre, por las noches mujer, era bastante peculiar. Aunque se esforzaba bastante para no ser grosero, resultaba un poco obvio su disgusto por los visitantes.
Si los chicos del Host Club vienen seguido… no lo culpo.
–Y dime… ¿exactamente cuáles son tus intenciones con Haruhi?
Estaba loco, o eso era lo que pensaba Naoko. – ¿Intenciones? Sólo la llevaré de compras…
Haruhi llegó justo a tiempo, ya que Ranka estaba a punto de seguir cuestionando a la muchacha. No estaba acostumbrado a ese tipo de personas, mucho menos a que su pequeña y querida hija saliera con una de ellas, siendo mujer por primera vez.
–Padre… ¡No se le hacen ese tipo de preguntas a las personas! – Dijo la muchacha con un poco de enfado. Aunque le daba gracia que se preocupara tanto por ella.
El señor se quedó silencioso. Pese a todo, su hija estaba cambiando un poco. Cuando sólo estaba con los muchachos del Host, le inquietaba. Una jovencita a solas con tanto rufián no le producía confianza, en esta ocasión era diferente, por lo que tendría que cambiar sus métodos.
–Haruhi… promete que volverás antes de las diez. – Dijo el señor Fujioka con una mirada seria.
Naoko invervino. –La traeré antes de la hora que estableció, Fujioka-san. Puede confiar en mí, o al menos puede confiar en Richard, quien me ha cuidado desde que yo era una niña.
Ranka suspiró. No debía hacer un drama por algo tan sencillo, la había dejado salir con esa banda de delincuentes juveniles, ¿había algo de malo con esa chica? Sonrió irónicamente, se estaba convirtiendo en lo que el mismo había despreciado en los adultos cuando era joven.
–De acuerdo, pero tengan cuidado… las dos.
La voz fuerte de la familia Kanagaki se sorprendió un poco, aunque valoró las palabras del padre de Haruhi. Tomó a Haruhi del brazo y ambas se dirigieron hacia el coche, donde las esperaban.
[Mientras tanto, en el cuarto de Ootori Kyouya.]
Un muchacho se reía divertido observando un escritorio repleto de notas. Kyouya, hijo menor de la imponente familia Ootori, era un sádico. Le gustaba ver a sus amigos del Host Club envueltos en las situaciones más problemáticas, siempre le resultaba útil para poder hacer negocio con sus fotografías.
Últimamente había tenido la oportunidad de tener entre sus manos material exclusivo: expresiones frías en el dulce Honey, y Hikaru en solitario con el rostro angustiado, sonrojado, entre otras situaciones similares. Sin embargo no eran las únicas fotografías que poseía. Tenía un apartado especial en el que guardaba las clasificadas como inconvenientemente interesantes. Una de sus fotos favoritas incluía a Tamaki observando de la forma más discreta posible a Haruhi.
Claro, si se enteraran de la existencia de estas fotografías estaría en problemas. Pensó con alegría. Era una persona realmente inteligente y que sabría manejar esas situaciones sin que nadie se entere siquiera de lo sucedido.
Pero el retorcido de Kyouya tenía más cartas bajo la manga. Sabía que hoy, en el centro comercial recién inaugurado estarían Haruhi y Naoko. Simplemente el imaginar las situaciones que pudieran surgir si los demás llegaran a enterarse le había dado una idea…
Eres demasiado listo Kyouya, mandar correos "accidentales" a las personas adecuadas… supongo que en cuanto lleguen empezarán a llamarse unos a otros.
No se equivocaba. Pronto su celular empezó a hacer ese sonido característico, el tono que le había asignado a Tamaki: ladridos de perro. Sonrió, después de todo nadie le observaba, y contestó.
–¿Qué te hace llamarme tan temprano, Tamaki? – Preguntó con un tono serio, que sabía fingir perfectamente.
–¡Kyouya, es urgente! Hikaru llamó a Takashi quien llamó a Honey, quien llamó a Kaoru, y luego yo… ¡Es urgente! – Jadeó el rubio del otro lado del teléfono.
–De acuerdo, pero tranquilízate, ¿quieres? Me estás poniendo nervioso, cuéntame lo que pasa…
–¡Haruhi! ¡Va a ir de compras con una persona desconocida!
Desconocida… creo que olvidé mencionar el pequeño detalle, no es desconocida. Son tan fáciles de manipular.
–¿Por qué soy el último en ser informado de eso? Tamaki… ¿sabes lo que eso significaría?
Un grito ahogado casi provoca que estallara su risa, pero sabía contenerlo, era todo un diplomático.
–¡Tengo una idea! ¡Hay que seguir a Haruhi a como dé lugar! Sólo de esa forma podremos descubrir quién es, y cuáles son sus intenciones!
–De acuerdo, tienes toda la razón. – Sonrió nuevamente. Casi podía escuchar la emoción del joven al ser aprobado por él. Sin embargo, aún quedaba algo por confirmar para que sus planes salieran a la perfección. –Debo colgar, nos veremos en el estacionamiento del centro comercial. Hasta entonces. – Finalizó, colgando sin rodeos.
La llamada del joven Suoh no era la única que esperaba. Se sentó y esperó pacientemente, sus cartas debían ser tiradas con cuidado si deseaba poseer la jugada ganadora. Unos minutos después, sucedió.
Vaya, al fin.
–¿Qué sucede…?
Fue interrumpido inmediatamente. –¡Kyouya-sempai! Es… Kanagaki. Recibí un mensaje… diciendo que saldría con un chico, y que se verían en el centro comercial que acaba de abrir.
Sonaba muy angustiado. Todo iba de acuerdo al plan de Kyouya, nada indicaba que algo fuese a salir mal. Dos mensajes, dos destinatarios. Ellos se encargarían de difundir la noticia a los demás, según sus intereses. Hikaru no tenía idea de que Haruhi también figuraba en el plan, de igual manera Tamaki no sabía nada de Naoko. Pero eran más de dos jugadores los que entraban en su obra de teatro.
–Bueno… no es algo grave, ¿o sí? – Comentó con aire indiferente. Sabía que eso exasperaría más al pelirrojo.
–¡Lo es! Bueno... ¿qué tal si se trata de un pervertido? No… quiero que después me culpe a mí por sus desgracias. Además, creo que luego de haberla hecho molestar, es mi deber asegurarme de que no le pase nada malo. – Dijo con seriedad.
Interesante… intentando actuar como alguien maduro. Seguramente estás furioso por dentro, ¿o no, Hikaru?
–Bien, gracias por confiar en mí. Tienes razón, como miembros del Host Club debemos velar por la seguridad de las chicas del colegio. Me sorprende tu dedicación al Club, puedes contar conmigo. Creo que es más prudente vernos en el lugar… por cierto, ¿Kaoru vendrá contigo?
También había tomado en cuenta las diferencias que habían tenido últimamente los dos hermanos. Si su fuente de información era certera, seguirían algo distantes, lo cual le daba más control sobre sus decisiones.
Escuchó un gruñido. Al parecer Hikaru dudaba en su contestación. –No, no vendrá. Hace un rato dijo que tenía que salir urgentemente, bueno… eso dijeron las empleadas. Yo estaba ocupado así que no sé a dónde fue. Entonces, ¿nos vemos ahí?
–Saldré de inmediato. Asegúrate de estar en el estacionamiento, no vaya a ser que noten nuestra presencia y se marchen. Será más fácil seguirlos si nos ocultamos. – Contestó con seguridad, para que el chico confiara plenamente en él.
–Hasta entonces, Kyouya-sempai.
El castaño colocó su celular en un lugar visible, seguro no tardaría en recibir más llamadas. Era tan fácil saber que recurrirían a él antes de hacer cualquier cosa. Su título de Rey de las Sombras, lo había ganado a pulso.
Esperaré a los demás participantes… seguro será un día muy divertido.
