Espacio del autor.

Uwah... ¿cómo decirlo? Lo siento. Pero había estado en periodos de exámenes, y finalmente terminé el semestre. ¡Afortunadamente todo fue de maravilla!

Gracias por seguir leyendo, y por su comprensión y sus reviews. Me alegran el día, muchísimo. Si siguen leyendo mi historia, gracias nuevamente. Si comentan, doble gracias por su tiempo. Claro, si leen el capítulo completo, ¡nos vemos al final del capítulo!

No olviden, aquí relataré lo ocurrido en el centro comercial y al final del día. ¡El próximo capítulo ya está casi terminado!


[Centro comercial.]

Minutos antes se habían despedido del señor Fujioka, y ahora las dos chicas se acercaron a la entrada, la cual se encontraba abarrotada por miles de otras muchachas que entraban y salían. El edificio era bastante amplio, lo suficiente como para que Naoko lo considerara adecuado, a diferencia de otros pequeños comercios que, a pesar de ser populares, no atraían su atención.

–¡Haruhi, mira! Este lugar es grande… seguro encontraremos algo que te guste. – Exclamó enérgicamente Naoko, con una mirada infantil, como si estuvieran en una enorme tienda de juguetes.

–Pero… no tengo tanto dinero como para comprarme algo en este tipo de tiendas.

Una expresión dramática se dibujó en el rostro de su amiga, quien llevó una de sus manos a su bolsa. Todos los estudiantes de Ouran High poseían más de una, excepto Haruhi. Entonces, sacó una pequeña tarjeta plastificada de color negro.

–Se convertirá en nuestra mejor amiga, Haruhi. No te preocupes por el dinero, de eso me encargo yo. Además… no tiene límite. – Añadió con una sonrisa traviesa.

Después de todo, ella también es una persona adinerada, pensó Haruhi.

Una vez al interior del lugar, fue arrastrada por Naoko a la primera tienda que vieron. Tenía un nombre extraño, en un idioma diferente. En su interior las dependientas se arremolinaban a su alrededor para atenderlas. Era normal, su deber era ayudarles, aunque también lo hacían porque no todas las personas que iban a los centros comerciales poseían tanto capital. Debían cuidar la mercancía también.

Naoko frunció el ceño, no le gustaba estar rodeada de tantas personas interesadas en cada uno de sus movimientos. Volvió a enseñar la tarjeta de crédito, y enseguida dejaron de monitorearlas, lo que les dio más libertad para poder ver a su alrededor.

–Todo es tan… caro. – Se lamentó Haruhi. – Además, ¿por qué están los precios en dólares?

–Haruhi…– Dijo la otra joven tranquilamente. – Así es en este tipo de lugares, además ya te lo dije. No te preocupes, ¿de acuerdo? Eres mi amiga, y… no lo sé, creo que sólo tengo ganas de ayudarte con Tamaki-sempai.

¿Ayudarme?

–Naoko-chan…– Murmuró agradecida, inclinándose un poco en señal de gratitud.

–¡Deja de hacer eso! Olvída el keigo un momento, y relájate. – Se detuvo frente a un espejo, con una blusa en sus manos, la cual colocó junto a su cuerpo intentando imaginarse con ella.

Pero por más que lo intentaba, parte de sus pensamientos estaban aún ocupados con dos chicos. Parte de sus planes incluían contarle a Haruhi sus problemas, necesitaba decírselo a alguien en quien confiara. Sus manos se cerraron sobre la blusa, y la dejó en su lugar.

Mientras tanto Haruhi no sabía qué podría vérsele bien. No estaba acostumbrada a comprar ropa de marca, y se sentía culpable por dejar que Naoko comprase las prendas. En ese momento vió algo que llamó su atención. Se trataba de un vestido blanco, lo suficientemente sencillo como para gustarle. Según su aspecto era para usarse en algún día de campo, lo cual no hacía con frecuencia.

Pero… es tan bonito. Me recuerda aquél que usaba mamá…

Un par de manos se posaron en sus hombros, y Naoko se recargó un poco en ella. –También creo que es lindo. – Se dirigió hacia una de las empleadas de la tienda. – Busque alguno que pueda quedarle bien a mi amiga, si le dice que no es necesario oblíguela a vestirse. – Rió suavemente, empujándo a Haruhi hacia la encargada.

–¡Espera! Yo no he dicho nada…

Naoko colocó uno de sus dedos dentro de su oído y puso una expresión taciturna. – Heh, creo que no puedo escuchar nada…

Dentro de los vestidores podía escuchar a Haruhi pidiendo disculpas por todo. Era una persona tan sencilla, y una de las razones por la cual Naoko la apreciaba mucho. Quería que encontrara la felicidad con el líder del Host Club… si ella podía sonreír, pasara lo que pasara con Hikaru y Mitsukuni, tendría las fuerzas suficientes como para seguir adelante.

–Su amiga ya está lista, pero dice que no quiere salir…– Dijo la muchacha que trabajaba en el lugar. Parecía que había tenido una lucha para convencer a Haruhi de ponerse la ropa.

Se acercó a la mujer, haciéndola a un lado con una de sus manos. –Apártese, ya le mostraré yo como sacar a alguien de ahí. – Sonrió. No le gustaba esperar. – ¡Haruhi, si no sales de ahí no me quedará más remedio que comprar toda la tienda, incluyéndote!

Inmediatamente abrió la cortina, y en cuanto estuvo al exterior, Naoko se quedó silenciosa. En realidad le sentaba bien el blanco, se veía encantadora. Pero Haruhi seguía siendo Haruhi.

–¿Y gastar tanto dinero? ¡De ninguna manera! Creo que..

–Haruhi… ¿podrías verte en el espejo un momento? – Le interrumpió.

La chica se distrajo con ese comentario, estaba a punto de replicar algo, y ser interrumpida a medias desestabilizaba sus movimientos. Se volteó lentamente, y por un instante pensó que en lugar de un espejo tras ella se encontraba otra persona.

No se reconocía. Cuando era pequeña, su madre le leía cuentos en los que las princesas usaban vestidos magnificos confeccionados por seres de otro mundo. Éste no era estrafalario como aquéllos. Pero era perfecto.

–Está decidido. Nos lo llevamos.

–Pero, Naoko… ¿no es demasiado caro? – Cuestionó Haruhi con algo de preocupación. –No puedo pagarlo…

–Vuelves a mencionar la palabra caro y tendré que hacerte daño, Fujioka Haruhi. – Dijo amenazandte Naoko, entregándole su tarjeta a las empleadas.

–Entonces… iré a cambiarme. ¡No tardo! – Dijo esbozando una sonrisa radiante.

[Estacionamiento del centro comercial.]

Un joven daba vueltas en círculos, impaciente. Mordía su labio inferior y revisaba la hora en su celular demasiado seguido. Hubiera preferido tener que esperar al exterior, tal vez así hubiera encontrado a la chica por casualidad, y sabría quién era el chico que la acompañaba.

En un lugar no muy distante, pero desde el cual le resultaría imposible ver al otro, un muchacho observaba su reflejo en uno de los autos estacionados. Si alguien iba con un chico a un centro comercial, seguramente era alguna cita. ¿Cómo es que no estaba enterado de eso?

–¡Ha! ¿Qué cree que hace, tardándose tanto para llegar? – Gritó con desesperación uno de ellos.

Rápidamente el otro se dirigió hacia la fuente de aquél eco que resonaba en todo el oscuro lugar. –¿Hikaru? – Preguntó el rubio, intentando encontrarle.

–¿Tono? – Se sorprendió Hikaru, volteándose hacia él. – ¿Qué haces aquí?

–¿Tu también vienes por…?

Afortunadamente siempre llegaba a tiempo. Era un hombre de negocios, después de todo. Sus pasos distrajeron a los dos chicos, quienes se voltearon en su dirección. Una sonrisa se dibujaba en sus labios, y aunque sus gafas reflejaban la poca luz del lugar el aire de seguridad que emanaba podía ser contagioso.

–Caballeros, lamento la tardanza. – Se disculpó amablemente, revisando la hora en su reloj de pulso. –Los demás no deberían tardar en llegar…

–Kyouya…sempai. –Dijo Hikaru, algo irritado. –¿Los demás? ¿Y qué hace Tono aquí?

El rubio dudó un poco, pero luego de pensarlo un poco, tenía razón. – Hikaru, ¿también estás preocupado por Haruhi?

¿Haruhi?

Era demasiada coincidencia, sin embargo un grupo de tres jóvenes llegó, interrumpiendo cualquier posibilidad de réplica. Las tres siluetas eran inconfundibles, además una de ellas cargaba una cuarta silueta demasiado flexible y pequeña como para ser humana.

–¡Hika-chan! – Exclamó Honey esbozando una de sus sonrisas acarameladas. Aunque Hikaru sentía esa sonrisa como una burla.

Takashi no tardó en notarlo, por lo que decidió tomar acción. –Hikaru… ¿Por qué no venías con Kaoru?

El muchacho chasqueó la lengua, encogiéndose de hombros. No tenía la obligación de andar por ahí con su hermano todo el tiempo, aunque los demás estuvieran acostumbrados a verlos de esa forma. Aún una parte de él, estaba acostumbrada.

Kaoru simplemente carraspeó, y Kyouya sonrió complacido. Todos estaban ahí, aunque no contaban con la presencia de unos cuantos fotógrafos expertos, que no se harían notar. Se sentía con suerte ese día, lograría sacar provecho de la situación, y mucho.

–Creo que estamos perdiendo tiempo valioso…– Comentó calculadamente, con un falso tono distraído.

De inmediato los demás se acercaron, y empezaron a intentar idear una estrategia de los lugares en los que podrían encontrarse las chicas. Tamaki actuaba cada vez más dramático, lo que desencadenaba reacciones adversas en los demás miembros del Host.

Honey y Takashi estaban ansiosos por marcharse cuanto antes. Eran demasiado listos, y de inmediato habían entendido el plan de Kyouya. Aún así, deseaban ir a ver lo que realmente sucedía, saber si Naoko estaba realmente bien al igual que Haruhi, y volver a casa.

–Kyo-chan…– Empezó Mitsukuni, con un aire algo preocupado y ancioso. Movía sus dedos impacientemente, señal de posible peligro.

El taciturno joven Morinozuka posó su mano sobre el hombro del rubio, aunque éste no se tranquilizó del todo. Escuchaba que todos hablaban de cosas tontas, planeaban entrar por los ductos del aire.

¿En verdad son tan idiotas? Pensó con desesperación. Sin pensarlo más, se dio media vuelta y caminó con rapidez hacia la entrada principal. Si los descubrían, ya no importaba. Entre más rápido notara la chica su presencia, mejor para él.

–¡Honey-sempai! – Exclamó Tamaki, quien, aunque sin intenciones de detenerle, fijó su mirada en el cada vez más cambiante Honey, y sintió algo de nostalgia. Él prefería sus métodos, que aunque casi siempre no resultaban, resultaban divertidos para los chicos.

Hikaru, quien también estaba desesperado, deseaba seguirle. Ahora que sabía lo que el muchacho sentía por Naoko, era prácticamente una competencia. Entrecerró los ojos, procurando contenerse, aunque no pasó mucho cuando él también salió a toda velocidad del lugar.

No sé lo que estoy haciendo… pero aún no me he rendido del todo.

Evidentemente todos empezaron a seguir al pelirrojo. Kaoru se veía bastante consternado, al igual que Mori. Ambos se preocupaban por Honey y Hikaru, quienes estaban casi tan nerviosos como Tamaki, aunque el rubio no era tan activo en esas situaciones.

Ahora todo el Host Club se dirigía vertiginosamente hacia el centro comercial. En último lugar estaba Kyouya, quien no podía evitar sonreír como un infante con… muchos juguetes nuevos.

[En el interior del edificio.]

–¡Haruhi! Estoy cansada, me duelen los pies…– Se quejaba Naoko, quien aparentemente no debía estar cansada, no llevaba nada que pudiera cansarla.

El Host natural, no podía decir lo mismo y no corría con la misma suerte. Fujioka Haruhi, en ese momento estaba oculta tras muchas bolsas, que contenían toda clase de cosas. En sus adentros pensaba en la gran posibilidad de que el motivo por el cual la había invitado, había sido servirle de perchero.

Ricos bastardos…

Situaciones como ésas le recordaban lo exagerados que eran sus compañeros del Club. El dinero que siempre habían tenido en sus cuentas bancarias desde jóvenes tenía un efecto adverso en la resistencia de sus cuerpos. Cierto, eran atractivos y con dinero. Pero los únicos que soportaban tanto tiempo caminando eran Takashi, y Honey. Aunque éste último terminaba fingiendo estar cansado, y pedía constantemente algún dulce. Las chicas se volvían locas en lugares como ése.

–N-Naoko… ¿no crees que sería buena idea descanzar un poco? – Dijo una voz apagada tras las compras de su amiga.

La aludida se reincorporó rápdidamente, y al recobrar su compostura caminó con rapidez hacia Haruhi, retirando algunas bolsas que cubrían su rostro, para después observarla altivamente.

–Fujioka, eres mi amiga. Gracias por ello. Pero no descanzaremos hasta encontrar lo que estoy buscando. – Dijo con un tono muy decidido.

Haruhi se quedó perpleja. No entendía ni una palabra. –Exactamente… ¿qué es lo que buscas?

Si dentro de todas esas bolsas no estaba lo que buscaba, dudaba que en algún lugar estuviera. A menos que estuviera hablando de otra cosa en particular. Algo que no expresaba en voz alta y que no se encontraba en las tiendas.

La chica dudó. Agarró fuertemente las bolsas entre sus manos, y sin lograr pronunciar palabra se dio la vuelta y se aprestaba a caminar, evadiendo la pregunta de Haruhi. Pero justo cuando lo hacía, una estampida hizo que cayera al suelo.

–¿Hah? – Murmuró confusa y algo adolorida, al igual que despeinada. – ¿R-rinocerontes? ¿Aquí?

Su amiga había logrado hacerse a un lado, pero estaba igual de aturdida. Todas corrían hacia una nueva dirección, como si desearan salir del lugar. Unas cuantas chicas más seguían pasando, mientras Naoko se levantaba y sacudía su ropa. Ladeó su cabeza, aún sin comprender, cuando una de las muchachas exclamó:

–¡Parece ser que hay una banda de chicos haciendo compras aquí! – Decía con emoción, dando pequeños brincos de alegría mientras sostenía su celular, grabando su trayecto.

Pronto desapareció a lo lejos. Ambas estaban sorprendidas, sabían que el nuevo lugar era lindo, pero nunca imaginaron que sería motivo para que un grupo musical fuera ahí. Se miraron una a la otra, y con una cara de desconfianza siguieron su camino, muy opuesto al de las demás jóvenes que estaban en la tienda.

–En verdad están locas… mira que correr así. Puede ser peligroso, ¿sabes? – Comentó, tomando finalmente asiento en el área de restaurantes, que se encontraba algo desolada.

Haruhi se limitó a asentir, pensativa. Si por algún extraño y misterioso motivo, lo del grupo era cierto, tendrían problemas. Un lugar con famosos implicaba cámaras, lo cual inmediatamente alertaría a los chicos.

Miles de teorías empezaron a burbujear en su cabeza, que empezaba a dolerle, y conforme pasaban los segundos empezaba a surgirle un hambre terrible. Pero antes de siquiera poder quejarse, sus pensamientos fueron interrumpidos.

–Sabes… creo que tienes razón. – Musitó su amiga, habiendo ordenado sin que ésta se diese cuenta, mientras le daba el menú de plástico a algún trabajador de apariencia juvenil. –No hay duda de que… – Se detuvo, suspirando. No era sencillo admitir algo, sin importar el lugar en el que se encontrasen, expresarse en voz alta era lo más difícil del mundo.

Haruhi posó su mirada franca en ella, y no le sorprendió constatar que Naoko miraba furtivamente a todos lados, con la esperanza de que nadie pudiera verlas u oírlas. Aunque no significaría gran problema, tomando en cuenta lo vacío de esa área. Decidió presionarla un poco, al menos esta vez.

–¿Te refieres a Hika…?– Empezó.

La ya apodada amazona saltó de su lugar y tapó la boca de Haruhi con sus manos. –¡No! – Dijo con rapidez, aunque luego de volver a sentarse, jugaba nerviosamente con una servilleta dándole formas extañas. – Es decir… quizás. Además no estoy segura del todo, hay… digamos, alguien que me hace dudar. – Finalizó, sin atreverse a mirar los rayos x que poseía Haruhi en lugar de ojos.

Pero el host natural no ayudaba mucho, para hacer que las personas no se sintieran avergonzadas. – Ha, ya veo… entonces tiene que ver también con Honey-sempai.

–¡Deja de hablar tan directamente! – Exclamó Naoko, sintiendo como si sus comentarios fueran flechas que se clavaban en su cabeza, flechas heladas que hacían que cualquiera sintiera escalofríos.

"Rayos X Haruhi"… ya tendré tiempo de hacerte sentir lo mismo.

Se reincorporó al ver que el mesero volvía con un banana split y un té helado. La mirada de Haruhi cambió por completo, y de momento había olvidado en su entereza de lo que estaban hablando. Ese helado merecía ser saboreado sin otro tipo de charlas, aunque no por ello olvidaría hablar de eso en otra ocasión.

Al dar su primer paso hacia la felicidad del sabor, sintió que merecía ser celebrado por el universo entero. La mezcla de sabores era perfecta, ése seguro era helado de primerísima calidad. Como si la vida quisiera ser su cómplice, empezó a escuchar vítores y aplausos a su alrededor, aunque su mirada estaba fija en su postre.

–Parece ser que esa historia era cierta…– Murmuró Naoko. Aunque el sonido se acercaba cada vez más, era imposible determinar de dónde saldría la multitud. Bebía de su té helado, seguramente su bebida favorita, y con tranquilidad pensaba en todo aquello que le causaba molestias estomacales. –Esos tontos…– Dijo para sí misma.

Una voz se escuchó muy por encima de las demás, y era un hecho que cambiaría totalmente el curso de esa salida entre chicas.

–¡Mis bellas doncellas! Tengan por seguro de que tendré tiempo para cada una de ustedes… Aunque tendrá que ser otro día, no olviden buscarme. El Host Club del Instituto Ouran también recibirá señoritas de otras escuelas. ¡Para brindar felicidad al mundo entero! –

Las muchachas dejaron sus ocupaciones. Su ensimismamiento fue apagado violentamente, como si una fuerte corriente de aire hubiera soplado por todo el lugar. Naoko se ahogaba en su té mientras Haruhi sentía que el frío subía a su cabeza demasiado rápido para ser tolerado.

Ootori Kyouya no desaprovechó el momento. En vista de que Tamaki ya había avergonzado a los demás, que intentaban pasar desapercibidos, se habían resignado a usar otro tipo de estrategia: llamar la atención. Eso tendría efectos contraproducentes para los que realmente estaban interesados en buscar a Haruhi y Naoko, pero para él, todo salía de maravilla. Su juego iba bien, él estaba ganando.

Naoko volteó lentamente su cabeza, y aunque quizo que fuera mentira, no lo era. La horda de jovencitas que había hecho una estampida para ver a un supuesto grupo musical había ido tras ellos, los fantásticos torpes del Host Club. Eso quería decir que no se habían decepcionado al ver que no eran artistas… pero en su lugar estaban más felices por poder pagar para pasar tiempo con ellos. Le resultaba nauseabundo pensarlo.

Entre la multitud distinguió a Hikaru, y al ver que todo su té estaba disperso por la mesa, con bastantes servilletas empezó a limpiarla, algo desesperada. Haruhi buscaba un lugar para esconderse, no quería que las vieran y arruinaran el paseo. Repentinamente se detuvo, junto a Naoko. Al mirarse, ambas supieron que el hecho de que estuvieran ahí sólo significaba una cosa: espionaje.

La actitud de Kanagaki cambió. Se levantó, pero su cabeza topó con algo mucho más alto que ella. El taciturno Takashi estaba parado tras ella.

–¿Takashi? Pero que…

–He, eres cruel, Naoko-chan. – Dijo una vocecilla a su lado, que la hizo respingar.

Haninozuka Mitsukuni. No era sorpresa, verlo ahí, acompañando a su inseparable amigo Mori. Sin embargo, en ese preciso momento de su vida Naoko no quería encontrárselo tan de cerca. Pensó en que seguramente estaría sonrojándose, pero antes de siquiera procesar la idea otra voz irrumpió.

–¿Y dónde están los sujetos que les acompañan? – Preguntó Kaoru con voz monocorde.

Al girarse, golpeó su cabeza con otra persona más alta que ella, pero no tanto como Morinozuka Takashi. Levantó su mirada, ya con algo de enfado.

–¡Hotaru, Kei! ¿De qué demonios están hablando? – Espetó, acariciando su cabeza observando al menor de los gemelos.

No se atrevía a mirar al otro, ya era bastante penoso estar sentimentalmente confundida como para agravarlo todo. A pesar de ello, le llamaba la atención la pregunta que le realizaban.

–Bueno, la razón por la que estamos aquí es que… pensamos que…– Tartamudeó Hikaru, algo ancioso y con las entrañas pesadas. Era extraño no cruzar su mirada con la chica, era como si entre todos los miembros del Host fuera igual a los otros.

El Rey de las Sombras intervino. –Creo que nos dejamos llevar por nuestros impulsos… no era intención nuestra seguirlas, sólo nos preocupamos.

Kyouya estaba seguro de que sus palabras tendrían el efecto esperado. Pero es lo malo de no conocer con cierto tiempo a los demás individuos, pueden reaccionar de formas inesperadas.

Naoko alzó una ceja. – Vaya, entonces admiten que nos estaban siguiendo. Pero no les salió tan bien que digamos, esas chicas no dejan de tomar fotos suyas y me duele la cabeza de tanto alboroto. –Comentó mordazmente, cosa que sorprendió al castaño.

Dentro de sus planes no figuraba esa respuesta. Pensó que de inmediato se enojaría con Hikaru, o algo más emocionante como una escena de la que pudiera sacar provecho. Rió con suficiencia, no necesitaría hablar de más. Eso pensaba.

–¿Entonces nadie las acompaña? – Insistió Hikaru. A diferencia de la chica, él actuaba de acuerdo a lo preestablecido. El pelirrojo escudriñó el lugar con la mirada y al no encontrar a nadie suspiró relajado.

Su hermano menor no era indiferente a ello, por lo que le jaló el cabello para hacerle saber que él estaba ahí. Cada vez se volvía más molesto e insoportable lidiar con su impulsivo carácter.

Haruhi no pronunciaba palabra. Algo molesta, y avergonzada, buscaba a Tamaki, quien estaba entretenido firmando autógrafos. No se había percatado de que habían sido descubiertos, o al menos no aparentaba tomarle mucha importancia. Ese hecho provocaba en Haruhi una llamarada de celos, que no podía ocultar del resto.

Su amiga le tomó el brazó y murmuró con tranquilidad para confortarla. –Descuida, Fujioka. Si hay algo molesto en el mundo es que un Host Club te siga a donde vayas…

Acto seguido, y sin avisar a nadie, tomó su vaso de té helado, y se acercó a quien tuvo más cerca. Esa persona tendría que sufrir en nombre de todos los demás, pero alguien tenía que pagar. Tomó al chico del cuello y le sonrió de cerca, aprovechando el momento para separar su camisa de su cuerpo.

–¡Q-Qué haces! – Exclamó el muchacho, nervioso por el repentino movimiento.

–Eso les enseñará a tener la cabeza fría, antes de seguir a las personas como cabras locas.

Un líquido aromático y helado se virtió en el espacio que había entre la ropa y su cuerpo. Sintió escalofríos, y algo de dolor. El frío también lastimaba.

Naoko se alejó de él y sin observar su rostro, volvió hacia el Host Natural y se alejó de ahí lo más pronto posible. Aunque no sería fácil, las chicas que rodeaban al grupo de apuestos jóvenes ahora lanzaban cosas hacia su cabeza. No era demasiado, considerando lo que había pasado en el Instituto Ouran.

Atónitos, los demás se acercaron al muchacho que secaba sus prendas de vestir con servilletas desechables. Ajustó sus lentes y con una mueca de desagrado chistó. Nadie, jamás, había cometido un acto tan insolente hacia su persona.

–Kyouya, ¿estás bien? – Preguntó Tamaki, quien no había reparado en Haruhi, sólo se pudo percatar de lo húmeda de la camisa de su amigo.

–¡Claro que no estoy bien! ¡Mírame! – Bufó, lanzándole las servilletas al rostro. Todo estaba arruinado, había hecho mal los cálculos. Su propio juego ya había terminado, y él no estaba ganando gran cosa.

Hikaru y Kaoru se habían mantenido al margen, demasiado ocupados como para pelear. Pero éste último, había presenciado todo, y le resultaba más extraño aún ver al apodado Rey de las Sombras tan alterado y fuera de sí mismo. Una risotada interrumpía lo tenso del ambiente, y todos se giraron hacia el origen de ésta.

–¿Honey-sempai? – Dijo Hikaru extrañado. Nadie había dicho nada gracioso.

La cruda mirada de Ootori se desvío y sintió naúseas. Esa risa alegre poco quedaba con el escenario, reprimió por lo tanto sus deseos de golpearle. Además, era listo. No podría siquiera acercársele.

–En verdad… Kyo-chan. – Empezó el rubio. –Cometes un error pensando que Naoko es como las demás. – Dijo con un tono diferente al usual, algo nostálgico y pensativo. –Creo… que no siempre se gana, cuando se juega. Aunque el té te sienta bien, eres tan serio, y tan frío.

Takashi no le permitió proseguir. –Mitsukuni…

Honey suspiró, sonriendo. – Vale, lo sé. No es correcto decir la verdad de esa forma. Será mejor marcharnos, al menos me aseguré de que no estaban mal acompañadas…

Giró sobre sus talones, y empezó a caminar. Mori le siguió, no le quedaba otra opción. Preocupado, avanzó en silencio a su lado, y en ocasiones deseaba no haber dormido lo suficiente, y hablar claramente con su amigo.

Kyouya, apretaba sus puños violentamente, cuando Tamaki dio una palmada en su cabeza, como quien consuela a un pequeño cachorro. Su mirada era madura, y su sonrisa le hizo desconcertarse un tanto.

–Kyouya, tu no eres así. Naoko-chan, es… impulsiva, está claro. Pero… si nos mentiste al respecto, creo que es poco el castigo que recibiste. – Declaró solemnemente.

Él también se sentía aliviado de que todo fuera una mentira. Sabía que Haruhi había estado ahí, y le entristecía no haber podido hablar con ella, como siempre lo hacían. Seguro se haría la enfadada y después se reiría con todos. Era algo que ocurría todo el tiempo, así debía ser.

Ootori Kyouya se tranquilizó, y volviendo a su analítico estado carraspeó y con esa sonrisa falsa negó haberse molestado por algo.

Hikaru finalmente habló. –Tono, creo que nosotros también nos vamos. Tengo… algunas cosas pendientes. – Se disculpó, al igual que su hermano.

Kanagaki… ¿qué pasa por tu cabeza? Pensó el pelirrojo incesantemente, sintiéndose exlcuído. No le gustaba esa sensación, era desagradable y lo llenaba de inseguridad.

Caminaron por los pasillos del centro comercial, y afortunadamente las chicas ya se habían dispersado. Atraían más la atención todos juntos, además su pesado sentido del humor les ayudaba a ahuyentarlas rápidamente.

–Hikaru, ¿todo está en orden?

Hizo una breve pausa en su andar. Algo llamaba su atención en una vitrina, aunque cuando quizo entrar para averiguar más acerca de tal cosa, su hermano lo retuvo y lo enfrentó.

–¡Hey! ¡Estoy hablándote! ¿Acaso no me escuchaste?

–No tengo nada que decir. – Cortó el mayor. Se soltó de su gemelo, y en cuanto tuvo oportunidad marcó desde su celular para que fueran a buscarlos.

Contestar esa pregunta, era lo que menos deseaba por el momento. Había actuado movido por los celos y la preocupación de que Naoko estuviera viendo a alguien más.

Exactamente, ¿qué debo hacer? Se preguntaba todo el tiempo, y entre más lo pensaba, la respuesta parecía cada vez más lejana.

[Departamento Fujioka]

No habían llegado tan tarde, pero Ranka no era una persona que amaba esperar. Al contrario, cada segundo sin su única hija le parecían siglos. Se encontraba en un estado histérico, con una tasa de café instantáneo vacía en la mesa y su cabello, parecía estar lleno de restos de comida barata.

–¡H-Haruhi! – Gritaba desesperado el hombre, mientras sostenía sus mejillas con sus manos, que eran adornadas con gruesas joyas de fantasía. Eso sólo podía significar que pronto se iría a trabajar.

–Papá, deja de gritar. Ya estoy aquí…

Naoko hizo una de esas molestas reverencias. Se quedó en silencio, no tenía en realidad ninguna excusa, habían llegado algo tarde. Repentinamente, el señor Fujioka dejó sus delirios y se le acercó, levantando su rostro con su mano.

–Han llegado tarde. Debe haber una buena razón… y acabo de perder el día por lo que espero una buena explicación. – Añadió, soltándola y sentándose, tomando enseguida un largo sorbo de un té recién preparado por Haruhi.

La muchacha bajó la mirada. Se sentó mientras suspiraba largamente y empezó a contar su historia con el Host Club. El padre de Haruhi simplemente escuchaba, definitivamente pensaba que la vida de una estudiante era complicada, pero demasiado memorable.

–Entonces… el Club Miseria las siguió porque pensaban que estaban con muchachos. – Observó el hombre, esbozando una sonrisa cuando la joven asintió. Rió suavemente, y prosiguió. –Bien… no pareces ser tan densa como otras personas, seguramente sabes por qué lo hicieron, ¿cierto?

El rostro de suficiencia que aparecía en su rostro ponía incómoda a Kanagaki Naoko. Ocultó su cabeza en sus brazós, adoptando una posición que le protegía de miradas de rayos X como las que, según su reciente descubrimiento, tenían los miembros de la familia Fujioka.

–No… no estoy segura. – Murmuró desde su pequeño escudo. Sin esperarse lo que estaba a punto de ocurrir, recibió de lleno un manotazo sobre su cabeza, cortesía de Ranka. Se quejó, y cuando se sentó adecuadamente, se topó de frente con el padre de su amiga.

–¿Que no estás segura? Haruhi, ¿qué te he dicho acerca de las amistades extrañas? Tu amiga no parece tener el nivel necesario para estar contigo…– Comentó perspicazmente.

Pero su hija se había quedado dormida en el piso. Tanto caminar durante el día le producía cansancio. Roncaba, y era gracioso verla, parecía mucho más divertida de lo que podía ser en persona.

¿Qué no tengo el nivel? ¡Viejo decrépito!

–¿Cómo se atreve a decir cosas así? Yo… no puedo estar segura de si mis suposiciones son ciertas. Creo… que aun no quiero averiguarlo. – Exclamó atropelladamente, evitando elevar mucho su voz para no despertar a Haruhi.

Fujioka Ranka aclaró su garganta. –Aunque no parezca, entiendo el corazón de las mujeres. Yo mismo tengon que ser una de ellas de vez en cuando. – La seguridad que emanaba de aquél individuo era impresionante. –Tienes miedo de equivocarte, y de no ser correspondida. Para empezar, ni siquiera estás segura de lo que sientes… pero, ambos sabemos que no hay muchas respuestas a esas preguntas.

En silencio, la castaña mordió su labio y pensó en esas palabras, analizándolas lo suficiente como para llegar a una conclusión satisfactoria.

Pero no había ninguna que la dejara lo suficientemente satisfactoria. Eso no le agradaba en lo absoluto. Estiró un poco su cabello, ahogando ung rito desesperado, y ahora recibía unas palmadas de consuelo.

–Ah, la vida de una adolescente es tan confusa y lamentable…– Murmuró con pesar, aunque realmente lo hacía para molestarla. Una lágrima falsa caía sobre su mejilla, y sus movimientos eran excesivamente teatrales.

–¡No se burle así de las personas! – Replicaba Naoko escandalizada, con esa expresión de enfado que resultaba muy graciosa.

El señor Fujioka rió aparatosamente. Su hija, a pesar de todo, estaba rodeada de buenas personas. Los tontos del Host Club se preocupaban por las chicas, eso importaba bastante a sus ojos.

Entonces es cierto, que en esa escuela pasan cosas en verdad divertidas.


Espacio del autor.

Si llegaron hasta aquí, ¡gracias!

Últimamente me había preocupado el no haber actualizado tan rápido como yo quisiera. Pero al ver que aún hay personas que leen lo que escribo me puse aún más contenta. Tengo deseos de escribir lo más posible este verano, para sólo ir publicando cada cierto tiempo un capítulo. Capítulo 13... hemos llegado lejos, ¡y aún falta!

Dudaba en si poner al señor Fujioka tan "alcahuete", pero finalmente terminó siendo como es, alguien que a pesar de su carácter y aspecto, puede ser comprensivo. Hikaru... se ha angustiado demasiado el pobre chico. Honey no participó mucho, no cae tan fácilmente en las redes del señor sombrío. ¡Fue tan, pero tan, pero tan divertido hacer que se molestara!

Creo que fue mi escena favorita. Por favor sigan leyendo, y si tienen tiempo agradeceré infinitamente sus reviews. ¿Un avance? Una palabra: ¡Confesión!

Cuiden de mí por favor. ¡Nos vemos en el siguiente capítulo!

DaemonLover.