3. El de la Cicatriz

Estaba recargado en un sillón cerca de la chimenea con los ojos cerrados. Debían de ser ya más de las 12 de la noche. Nadie estaba en la sala común, y eso era exactamente la razón de estar ahí y no en su dormitorio. Necesitaba un minuto a solas. Parecía increíble que hace solo 6 horas hubiera estado intentando sonsacarle el recuerdo que perturbaría el resto de su vida a Slughorn. Suspiró. No quería pensar en eso.

Entonces alguien entró rápidamente. Harry apenas había abierto los ojos cuando Dean ya se había metido casi corriendo al dormitorio. Harry, ignorándolo, se volvió a recostar y estaba a punto de meterse en su ensimismamiento de nuevo cuando escuchó un suspiro. Un suspiró que lo puso más alerta que el mismo Voldemort. Levantó la cabeza y volteó en busca de Ginny. Ésta se sobresaltó con el brusco movimiento y lo miró. Se le veía nerviosa.

-Pensé que nadie estaba ya en la sala común –dijo. Su voz temblaba y la mente de Harry se puso a trabajar como loca intentando buscar una alternativa a aquél nerviosismo de la pareja que no fuera el haber tenido… No, Ginny no lo haría. ¿O sí? Recordó la vez en que los encontraron besándose apasionadamente en el pasillo. Lo que le faltaba. Que Ginny… Pero desechó la idea casi de inmediato. Ni siquiera le debería importar.

-Descuida –dijo mientras intentaba controlar su voz. Se sorprendió a sí mismo cuando se dio cuenta de que estaba más débil que de costumbre. Ginny también lo notó.

-¿Sucede algo? –preguntó Ginny preocupada al tiempo que se acercaba lentamente. Harry volvió a su posición inicial. Éste negó con la cabeza sin mucho convencimiento. –Sabes que puedes confiar en mí.

Sabía que de haber sido otra persona la que lo estuviera molestando se enojaría, pero no pudo dejar de pensar que a ella le importaba él. Parecía inevitable responder.

-Sé que puedo hacerlo. Dudo que quieras escucharlo.

Ella no respondió. Harry dio por sentado que se iba a dormir al escucharla moverse pero entonces sintió sus manos en sus hombros. Empezó a masajear delicadamente.

-Sí que estás estresado, Potter. –dijo. Harry no entendió por qué había dicho su apellido pero le molestó. Harry intentó levantarse, pero Ginny lo detuvo en su lugar. –Déjame hacer esto, por favor. No eres el único que necesita distracción, ¿de acuerdo?

-¿Qué te hizo el estúpido? –le preguntó bruscamente mientras intentaba levantarse de nuevo.

-Dean –dijo con énfasis mientras lo acomodaba enterrándole las uñas en los hombros. -no me hizo nada. -Harry suspiró y cerró los ojos pensando que las uñas, gracias a Dios, le dejarían marca. Sonrió. Ginny, malinterpretando su expresión dijo: –En serio. No hicimos ni haremos nada. De eso me encargaré.

Harry notó el cambio serio de su voz, pero no preguntó. Sólo se limitó a sentir el cálido toque de su mano en sus hombros, su cuello, sus pómulos, sus sienes, su frente…

Le quitó las manos suavemente pero con firmeza. Ginny lo miró ceñuda.

-Sólo necesito dejar de ser Harry Potter por un instante –le explicó sin abrir los ojos. Ginny asintió incómoda. Entonces se acercó a su oreja y le susurró:

-Las cicatrices son las marcas del alma, Harry.

Diablos. No la había escuchado acercarse. Tendría que calmarse, o terminaría conociendo a Harry Jr. levantando un circo en su pantalón.

JAHJAJAJJAJAJAJ les juro que quería que fuera dramático pero al final no me pude contener :D Gracias por leerme, comentarios TOTALMENTE RECIBIDOS.