Capitulo 7

Estados Unidos, Nueva York.

Eran cerca de las cinco de la tarde cuando Candy había regresado de la escuela. En el camino, se había detenido para comprar algunos víveres. Su vida en Nueva York había resultado mejor de lo que había creído, le gustaba su nuevo trabajo y se llevaba bien con sus compañeros y los alumnos, pero en especial con Albert. Él había sido muy considerado al brindarle toda la ayuda que Candy podría necesitar en su nueva vida, solían almorzar juntos en el comedor de la escuela, y a veces, al final de las clases, la alcanzaba hasta su casa. Albert había resultado ser un buen amigo para Candy, pero también había hecho amistades con otros profesores, como Annie, una joven de la misma edad que ella, que se encargaba de impartir clases de francés, habían salido a cenar varias veces, y Candy lograba olvidarse de sus problemas gracias a su carácter explosivo. Annie conocía los mejores pubs y boliches de la ciudad, y, junto con Patty, solían salir a divertirse todos los fines de semana, hasta que llegó Candy y se les unió. Al principio no se había sentido con ganas de salir por las noches, pero Annie y Patty lograron convencerla, y Candy descubrió que salir a divertirse, lograba apaciguar el dolor que sentía al no tener a Anthony a su lado.

Candy entró a la casa y George fue a ayudarla con las bolsas.

- No deberías cargar tanto peso – Le dijo, al ver todo lo que había comprado. Candy rió.

- Cargaba más peso cuando te ayudaba a ti a alimentar a los caballos, George.

- De acuerdo, pero la próxima ve avísame.

- Claro – Candy se dirigió a la mesita donde se encontraba la correspondencia del día, junto con el periódico - ¿No ha llegado carta de Anthony? – Le preguntó, comenzando a revisar los sobres.

- No – Contestó George – Ya los he revisado todos.

- Hace un mes que no tengo noticias suyas – Comenzaba a angustiarse - ¿Y si le paso algo?

- Tranquila... las malas noticias son las primeras en llegar, todo está bien.

- Espero que así sea, George.

George había comenzado a ordenar las cosas que Candy había comprado, mientras tanto, ella tomó el periódico y se sentó en el sofá de la sala. Comenzó a leerlo, le gustaba estar informada acerca de lo que estaba sucediendo en Vietnam, de ese modo, se sentía más cerca de Anthony.

Las noticias siempre eran las mismas: bombardeos, muertes, intentos de conciliación. Pero esta vez había una noticia diferente, una que a Candy le llamó la atención, no se trataba de odio y luchas, sino de todo lo contrario.

"PAREJA CONTRAE MATRIMONIO EN MEDIO DE LA GUERRA"

Candy sonrió al leer esas líneas, a su mente vinieron imágenes de ella y Anthony, casándose. Siempre había soñado con ello, y aunque él aún no se lo había propuesto, estaba segura que dentro de seis meses, cuando Anthony regresará, le pediría que se casara con él, y ya nada podría separarlos. Candy continuó leyendo el artículo.

En medio de la guerra, ha nacido el amor. Los corresponsales en Vietnam, se sorprendieron al cubrir la noticia del matrimonio entre un soldado de infantería y una doctora voluntaria.

"Fue amor a primera vista" Expresó Anthony Brower al referirse a su flamante esposa.

Candy se detuvo al leer ese nombre "Anthony Brower", no podía ser él.

"Fuimos atacados por un francotirador y resulte gravemente herido, lo último que recuerdo es haberme despertado en una cama de hospital, y Jo estaba a mi lado. Ella fue quien salvo mi vida" El soldado comenta como fue que conoció a Josephine Kendal, la hija del conocido empresario Maxwell Kendal. "En el momento que me informaron que sería enviado a Estado Unidos, no lo dude un momento y le pedí que se casará conmigo, ella aceptó instantáneamente. Al otro día, encontramos una iglesia y nos casamos, y ahora puedo decir con orgullo, que Josephine Kendal es mi esposa, y la mujer que amo." Los ojos del soldado se humedecen al decir esas palabras. "No sé cómo explicarlo, pero nunca antes me había sentido de este modo con ninguna otra mujer" Con ese comentario, concluye la entrevista, que sin duda, marcara un registro de importancia en la historia de las Guerra de Vietnam.

Al final de la nota, una fotografía de dos jóvenes besándose captó la mirada de Candy. No cabía ninguna duda, era Anthony, su Anthony, quien estaba besando a una mujer que no era ella. Se sintió traicionada y humillada, no entendía porque él la había lastimado de ese modo, si hasta hace pocos meses, le decía en sus cartas lo mucho que la amaba y deseaba estar a su lado.

Candy dejó caer el periódico a sus pies. Su mirada estaba perdida, y a su mente venían frases que había leído en aquella horrenda nota: ¿Amor a primera vista? ¿Mi esposa? ¿La mujer que amo? ¿Nunca lo había sentido por otra mujer?

Entonces comenzó a llorar desconsoladamente, llamando la atención de George, quien inmediatamente acudió a su lado.

- Candy, pequeña ¿Qué tienes? – Pero ella no contestaba, seguía llorando como nunca antes lo había hecho. Entonces vio el periódico tirado en el suelo, lo tomó y rápidamente leyó la nota que había afectado a Candy - ¡HIJO DE PUTA!

Era raro ver a George enfadado y fuera de sí, pero esa noticia había logrado sacar lo peor de él. Candy era su única debilidad, y verla en ese estado por un maldito hijo de perra había sido demasiado para su autocontrol. La abrazó con fuerza mientras le acariciaba su cabello con cariño, tratando de apaciguar su dolor, pero nada era suficiente, Candy estaba lastimada y sus heridas no sanarían fácilmente.

En ese momento, Tom abrió la puerta de la casa, encontrándose con la desgarradora escena.

- ¿Qué ha sucedido? – Preguntó mientras se acercaba a ella. Se asusto al pensar que algo malo podría haberle pasado a su prima – George ¿Qué tiene Candy?

- Lee esto – Le dijo, entregándole el periódico.

Tom lo tomó y comenzó a leer, su seño se frunció a medida que comprendía lo que estaba sucediendo.

- ¡Voy a matarlo! ¡Juro que voy a matarlo! – Estaba furioso, no podía permitir que nadie se burlara de aquella forma de Candy, no podía.

- Voy a llevarla a su habitación – Dijo George, mientras cargaba a Candy en sus brazos – Ha sufrido un shock muy fuerte, y necesita descansar.

Subió las escaleras con ella, Candy no dejaba de sollozar y George no sabía qué hacer para calmar el dolor que sentía. Una vez en la habitación, la dejó en su cama y le sacó los zapatos para que estuviera cómoda.

- Todo estará bien, pequeña.

- ¿Por qué, George? – Logró decir Candy - ¿Por qué?

- No lo sé... pero tienes que superarlo.

- Pero yo lo amo

- Él no te merece – Le dijo con convicción.

- Íbamos a casarnos, y formar una familia – Sus ojos volvieron a llenarse de lagrimas.

- No era para ti – George trataba de consolarla – Mereces a alguien mucho mejor que él, alguien que te quiera de verdad.

- ¡Él me quiere!

- ¡Es un desgraciado! ¡No debió jugar con tus sentimientos de ese modo! – Creyó que había sido demasiado rudo al decir aquello. Pero Candy no dijo nada, solo fijó su vista en la pared, mirando al vacio – Intenta descansar un poco – Le dijo antes de dejarla sola.

Al bajar las escaleras, se encontró de nuevo con Tom, apretando el periódico fuertemente con las manos. Era evidente que estaba tan enojado como él.

- No podemos dejar las cosa así – Le dijo, arrojando el periódico al piso.

- ¿Qué podemos hacer nosotros? – Dijo George, con desgano – Él ya tomó su decisión.

- ¡Una decisión que destruyó la vida de mi prima!

- Pero no puedes pretender que este con ella si ama a otra.

- ¿En verdad piensas que se enamoró de esa doctora? – Le preguntó irónico.

- ¿Por qué no?

- ¡Porque es un imbécil y un inmaduro! Uno no va a Vietnam a buscar una esposa. Lo único que quería era llamar la atención. Ni siquiera le importo lo que esa noticia pudiera provocar en Candy.

- En eso tienes razón... pero aún así ¿Qué quieres que hagamos?

- ¡Romperle todos los huesos! – Exclamó con furia – Tiene que saber que Candy no está sola, y que no puede hacer con ella lo que le dé en gana.

- De todas formas, Tom... Eso no nos corresponde a nosotros. Lo mejor será esperar a que Candy se recupere, después podremos pensar con calma.

- Como quieras, pero esto no va a quedarse así.

Mientras tanto, una feliz pareja de enamorados acababa de arribar al aeropuerto de Nueva York. Era agradable para ellos, volver a respirar el aire de su país.

- ¿No es maravilloso estar de vuelta en casa, señora Brower?

- Absolutamente, esposo mío.

- Ya déjense de cursilerías – Terry apareció tras ellos, Rafe estaba junto a él.

- No son cursilerías, es amor – Dijo Anthony, mirando a su esposa con una tonta sonrisa en el rostro.

- Claro... como sea ¿Qué es lo que tienen planeado ahora?

- Iremos a Boston, a casa de mis padres – Contestó Jo.

- Tony ¿Podemos hablar un segundo? – Le dijo Terry, apartándolo de Jo lo suficiente para que no los oyera.

- ¿Qué sucede? No quiero dejar a Jo sola.

- Ella no está sola, esta con Rafe – Dijo mirando hacia donde Jo estaba parada, acariciando la cabeza del perro.

- Bueno... ¿Qué es lo que querías decirme?

- Escucha... Sé que decidiste casarte con Jo y todo eso, pero... ¿No crees que fue un poco cruel la nota que ofreciste al periódico?

- ¿Por qué debería de ser cruel esa nota? – Preguntó Anthony extrañado, solo había dicho cosas bonitas de su esposa y el hermoso momento que estaban viviendo.

- No lo sé... – Dijo irónicamente – Tal vez, solo tal vez... tu ex novia haya leído el artículo, y en estos momentos este intentando suicidarse arrojándose del Empire State, al sentir su corazón partirse en mil pedazos. Pero no te preocupes, probablemente ella no sea de esas personas que compran el periódico todos los días para informarse sobre el estado de la guerra donde, el que ella cree sigue siendo su novio, está luchando por su país.

- No es necesario que seas tan sarcástico – Respondió Anthony, ofendido.

- ¿Entonces no te importa ella? La mujer que, hasta hace unas semanas, decías extrañar y amar con todo tu corazón, la mujer que te enviaba cartas y te ayudaba a que tus días en Vietnam fueran más soportables ¿No te importa lo que ella puede estar sintiendo en estos momentos?

- No digas cosas que no son ciertas – Anthony comenzaba a enfurecerse – Por supuesto que me importan sus sentimientos, pero... ¿Qué puedo hacer yo con los míos, si amo a Jo más que a nada en el mundo?

- Se que la amas – Terry intentó ser comprensivo – Pero fue una decisión muy abrupta la que has tomado, y no te has dado cuenta que podías llegar a lastimar a otras personas.

- Tú más que nadie sabe que la vida puede terminar de un momento a otro, y no quise perder la oportunidad de unir mi vida a la mujer que amo.

- ¿Y ella sabe que tuviste otra novia con la cual aún no has terminado? – La expresión de culpabilidad en el rostro de Anthony le dijo todo – No está bien que comiences una relación diciendo mentiras.

- Pero yo no le he mentido... solo he omitido algunos detalles.

- Piénsalo bien, debes ser sincero con ella. Las relaciones que comienzan con mentiras terminan mal.

- Se lo contaré todo a Jo, pero no ahora.

- ¿Y a tu ex?

- ¿Qué con ella?

- Creo que sería de caballero dar la cara frente a ella, aunque corras peligro de que te saquen los ojos con un alfiler – Se burló Terry.

- Muy gracioso... aún no estoy preparado para enfrentarme a ella.

- Solo espero que tomes las decisiones correctas de ahora en adelante.

- Lo haré, amigo. No te preocupes.

Ambos volvieron hacia donde Jo y Rafe se encontraban. Anthony le dio un apasionado beso en los labios a su esposa, parecía que no podían estar ni un segundo separados. Terry los miró con envidia, sabía que él nunca podría tener una relación de ese tipo con una mujer, y en el fondo sintió deseo, deseo de casarse y formar una familia, pero él no había sido hecho para esas cosas.

- ¿Y tú, Terry? – Le preguntó Jo - ¿Qué es lo que vas a hacer ahora que eres un civil más?

- Francamente querida, no tengo idea – Se burló él.

- ¿Porqué no vienes con nosotros a Boston? Estoy segura que mi padre podrá darte un puesto de trabajo en la empresa.

- Muchas gracias, Jo. Pero prefiero conseguir las cosas por mí mismo.

- Creo que es momento que dejes tu orgullo a un lado – Le dijo Anthony, él sabía que Terry no tenía a nadie y no quería dejarlo solo.

- No creo que sea una buena idea.

- Piénsalo bien – Insistió Jo – Ahora tienes un perro que alimentar – Los tres rieron. Terry tuvo que hacer un gran esfuerzo para que le dejaran conservar a Rafe, era evidente para todos que ya no podrían separarse.

- En verdad les agradezco, pero voy a quedarme aquí.

- De acuerdo – Anthony se rindió – Recuerda que siempre puedes llamarnos si cambias de opinión.

- Lo sé

Terry se despidió de ellos y comenzó a caminar sin rumbo fijo, no tenía un lugar a donde ir, para él era como empezar desde cero. Recordaba sus charlas con Neil, cuando imaginaban como sería su regreso a casa. Y bien... nada era como lo habían creído, no había una multitud ovacionándolos, ni carros alegóricos, ni siquiera alguien que le palmee la espalda y le diga "buen trabajo, muchacho", no había nada de eso, solo la soledad.

Terry creyó que era momento de abandonar la guerra, cinco largos años había vivido aquel infierno, y todo ya había terminado. No sabía cómo iba a hacer para volver a adaptarse a la vida en aquella ciudad, todo le parecía desconocido, y tendría que comenzar por encontrar un lugar a donde ir. No quería volver a casa de sus padres, y el dinero de la pensión lo cobraría en un par de semanas. Terry siguió caminando, pensando en cómo iba a salir adelante, se dijo que se las arreglaría de algún modo, después de todo su estancia en la guerra lo había vuelo más fuerte y apto para sobrevivir en cualquier circunstancia.

Continuará...


Mil gracias a todas las que dejan sus reviews =)

Acá dejo un nuevo capítulo, espero que les guste

Besossss