Capitulo 13
Candy despertó a la mañana siguiente, sintiendo un pesado y peludo cuerpo sobre ella. Abrió lentamente los ojos para darse cuenta que Rafe estaba durmiendo cómodamente con medio cuerpo encima de Candy.
- ¡Terry! – Golpeó el hombro de su marido, que estaba durmiendo dándole la espalda - ¡Terry, despierta!
- ¿Qué sucede? – Le peguntó somnoliento.
- ¡Quítame a tu perro de encima! – Terry suspiró ruidosamente y se dio la vuelta.
- Baja, muchacho – Empujo a Rafe para que vuelva a su lugar al pie de la cama – Es mi turno de estar allí.
- Muy gracioso.
- No era broma – Le dijo, mientras se colocaba encima de ella – Ya me has despertado y no podré volver a dormirme – Se posiciono entre sus piernas.
- No volverás a dormirte, en menos de dos horas debes estar en el trabajo.
- Perfecto – Se introdujo en ella, y comenzó a moverse – Sexo por las mañanas.
Candy no puso más objeciones, pues había comenzado a disfrutar en cuanto Terry comenzó a hacerle el amor.
Veinte minutos después, Candy estaba preparando el desayuno, vestida solamente con una camisa de Terry, mientras el tomaba una ducha. Rafe estaba sentado en el piso al lado de ella, esperando que le diera un trozo de tocino.
- Puedes olvidarte – Le dijo al perro – Intentas sabotear mi matrimonio y luego pretendes que te de tocino ¿Por qué no aceptas que me ha escogido a mí? Ve a comer tu comida– Él seguía mirándola – De acuerdo – Aceptó ella, tomó un trozo de tocino de la sartén y se lo dio – Pero que no se te haga costumbre – Rafe se fue a comer a un rincón, contento de haber conseguido de Candy lo que deseaba.
El timbre sonó y ella dejo lo que estaba haciendo por unos minutos, se preguntó quién sería, y nunca se imagino que al abrir la puerta se encontraría con Albert.
- ¿Qué haces aquí? – Le preguntó, sorprendida.
- Tu primo me ha dicho que te habías mudado – Él la miraba de arriba abajo, y Candy se sonrojó al recordar cómo iba vestida. La camisa blanca transparentaba su desnudo cuerpo.
- Iré a cambiarme – Intentó marcharse, pero él la tomo del brazo.
- No es necesario – Le dijo – Lo que vengo a decirte no me tomara demasiado tiempo, a menos que tú quieras – La miró sugestivamente.
- En verdad creo que...
- Escucha, Candy – La interrumpió – Se que me he portado mal contigo, y he tenido tiempo para pensarlo... quiero que vuelvas a trabajar a la escuela – Entro al apartamento sin pedir permiso y cerró la puerta tras de sí. Miró a su alrededor y vio a Rafe comiendo su tocino – No sabía que tenías un perro.
- No es mío en verdad.
- ¿Y de quien es entonces?
- Mío – Una voz se escuchó a espaldas de Candy. Terry había aparecido en la sala, vestido únicamente con una toalla a rededor de su cintura y el cabello mojado.
- ¿Qué haces aquí? – Le preguntó Albert, apretando los puños con furia.
- Eso debería preguntártelo yo a ti – Se acercó a su esposa y la tomó posesivamente por la cintura – Esta es mi casa.
- No puedo creer que hayas decidido mudarte con este imbécil – Le dijo a Candy.
- No es solo eso – Contestó Terry – Nos hemos casado.
- ¿Qué? – Albert no podía creer lo que estaba oyendo.
- Y no solo eso – Terry disfrutaba torturando al rubio. Apoyó la mano en el vientre de Candy – Estamos esperando nuestro primer hijo – Nunca olvidaría la expresión de horror que apareció en el rostro de Albert.
- ¡No es cierto! – Exclamó.
- Si lo es – Candy no podía seguir soportando las actitudes de Albert, como si tuviera algún tipo de derecho sobre ella – Terry y yo seremos padres en junio.
- Creí que eras diferente, Candy – Le dijo con expresión se lastima – Tu y yo podríamos haber tenido un futuro juntos.
- Es una lástima que me haya escogido a mí. Ahora, si no te molesta... – Terry se acercó a la puerta y la abrió – Me gustaría tener otra sesión de sexo con mi bella esposa antes de irme a trabajar – Albert salió del apartamento, pero le dio una última mirada a Candy.
- Y sobre la oferta de volver a tu antiguo empleo... puedes olvidarte de ello.
- No lo necesita – Le dijo firmemente Terry – Yo puedo mantener a mi familia – Le cerró la puerta en las narices – No puedo creer que se atreva a venir aquí.
- No le hagas caso – Candy se dirigió a la cocina para terminar de preparar el desayuno. Terry se acercó a ella por detrás, aprisionándola contra la encimera.
- ¿Has notado como te miraba? – Comenzó a acariciarle las piernas, mientras le besaba los hombros. Candy notó la excitación de Terry contra su trasero – Todo esto me pertenece – Le cubrió un seno con la mano, mientras que con la otra desataba la toalla de su cintura, dejándola caer al piso.
- Terry – Dijo Candy entre suspiros, le excitaba la forma en que le estaba hablando.
- Aún no lo hemos hecho en la cocina – Llevó una mano a la entrepierna de ella y comenzó a acariciarla.
- Tampoco en el baño.
- Tal vez a la noche – Candy notó como comenzó a penetrarla violentamente – No creo... poder parar – Estaba demasiado excitado para hacerlo.
Los envistes eran cada vez más violentos, y Candy le fascinaba. Solo duro unos cuantos minutos, pero lo suficiente para poder satisfacerlos a los dos.
- Será mejor que vaya a vestirme – Le dijo él, aún dentro de Candy.
- Si, o llegaras tarde al trabajo.
- Si me despiden será por tu culpa – La dio vuelta y la besó – Por provocarme tanto – Candy sonrió y continuo con lo que estaba haciendo.
Unos cuantos minutos después, Terry se estaba despidiendo de su esposa después de haber probado el primer desayuno decente que había tenido en años.
Los meses iban transcurriendo con normalidad, y Candy y Terry ya se iban acostumbrando a la vida de casados. Mientras él se iba a trabajar, ella se encargaba de mantener el apartamento en condiciones. Su relación con Rafe no había mejorado mucho, él seguía enfrentándola cada vez que podía, a menos que ella estuviera preparando la comida.
Un día, mientras Candy tomaba un baño, Terry encendió su computadora para enviar unos mails, ya que la de él se había descompuesto. Encontró un archivo que le llamó la atención y lo abrió.
- Terry... ¿Puedes alcanzarme esa toalla? – Le preguntó al salir del baño.
- ¿Qué es esto? – Candy se acercó para ver a qué se refería.
- Oh... es solo... algo que he estado escribiendo.
- Hablas de Vietnam – Dijo, mientras continuaba leyendo.
- Sí, bueno... no es que tenga pensado publicarlo.
- ¿Por qué no?
- No lo sé, muchas de las cosas que están escritas allí me las has contado tú... tal vez no te agrade la idea que todo el mundo las leyera.
- Parece un buen libro.
- ¿En serio? – Preguntó, sorprendida.
- Claro ¿Porqué no buscas un editor?
- No es tan fácil.
- Deberías intentarlo.
- ¿Crees que a la gente le interesaría leerlo?
- Lo creo – Dijo con convicción.
- Entonces los intentare – Candy le sonrió, y la charla terminó como solía terminar todo entre ellos, en la cama.
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7 meses después...
Candy estaba preparando la cena para su marido, últimamente se había sentido más agotada de lo normal, pues su prominente vientre de ocho meses de embarazo le dificultaba realizar muchas cosas. El teléfono comenzó a sonar, y fue Terry quien contestó.
- Candy, es para ti – Ella dejo lo que estaba haciendo y tomó el tubo del teléfono.
- ¿Si? – Terry la miraba, sentado en el sofá. El rostro de ella comenzó a cambiar a medida que escuchaba lo que le decían - ¿En verdad? – Al parecer eran buenas noticias – Si, claro que si... espero su llamada, buenas tardes – Candy colgó y se arrojó a los brazos de Terry, irradiando felicidad – Era de la editorial ¡Han decidido publicar mi libro! ¿Puedes creerlo? – Lo besó efusivamente.
- Claro que sí, siempre he tenido fe en ti.
- Al parecer, este bebé nos ha traído mucha suerte – Dijo apoyando su mano en el vientre – Y era verdad, las cosas no le estaban yendo nada mal, a pesar de que Terry seguía teniendo pesadillas por las noches, y muchas otras secuelas que le había dejado la guerra, Candy hacía todo lo posible para que su marido pudiera llevar una vida normal como cualquier otra persona. Una idea había vuelto a rondar por la cabeza de ella, ahora que la editorial publicaría su libro, tendrían un ingreso más de dinero, y las posibilidades de reunir la cantidad suficiente para recuperar Mountain Mirage eran cada vez más. Estaba segura que la vida en el rancho era lo que Terry necesitaba para recuperarse, además, quería que su hijo creciera en el lugar donde ella había crecido. Candy sintió algo en su vientre – Mira – Tomo la mano de Terry, y la llevo al lugar donde el bebé estaba pateando - ¿Puedes sentirlo? – Algo parecido a la fascinación apareció en el rostro de su marido.
- ¿Es nuestro bebé?
- Si.
- Esta feliz.
- Claro que lo está.
ooo
Susana estaba sentada en el sofá de su casa, mirando la televisión junto al último de sus amantes. Timothy estaba jugando en el piso con sus cochecitos, haciendo demasiado escándalo para el gusto de Susana. Era un niño muy activo, y eso a Susana le molestaba, se preguntaba porque no podía quedarse quieto en un rincón sin hacer nada.
- ¡Timothy! – Le gritó, enfadada - ¿Quieres dejar de hacer tanto ruido?
- Lo siento, mamá – Dijo él, agachando la cabeza.
- Es lo único que sabes decir.
El pequeño dejó los cochecitos en el suelo y tomó unas revistas que estaban en la mesita y comenzó a ojearla. Tim ya había aprendido a leer perfectamente, pero de todas formas, prefería ver las fotografías en lugar de leer los artículos. Fue pasando las hojas, hasta encontrarse con una foto que le llamó la atención, conocía el rostro de la mujer que aparecía en ella, pero estaba seguro de no haberla visto nunca en su vida.
- Mamá
- ¿Qué es lo que quieres ahora?
- ¿Conoces a esta mujer? – Le dijo, acercándole la revista. Susana miró la fotografía que le estaba enseñando su hijo.
- ¡No puede ser cierto! – Exclamó, poniéndose de pie.
- ¿Qué sucede, cariño? – Le preguntó su amante.
- ¡Vete!
- ¿Qué? Pero si tu dijiste que...
- ¡No me importa lo que haya dicho! ¡Vete y espera a que te llame! – A él no le quedó más remedio que aceptar lo que Susana le estaba ordenando, pues era ella quien lo mantenía, y no le convenía llevarle la contraria.
- ¿Qué pasa mamá? – Le pregunto Tim, asustado por la reacción que acababa de tener su madre - ¿Por qué te has puesto así al ver esa fotografía? ¿Quién es esa mujer?
- ¿Puedes dejar de hacer preguntas? – Susana parecía alterada - ¡Ve a tu habitación y no sagas de allí hasta que te lo diga! Estas castigado.
- Pero si no he hecho nada malo.
- ¡No me importa! – Le gritó - ¿Es que no oyes? ¡Vete!
Timothy se fue a su habitación con los ojos llenos de lagrimas, no entendía porque su madre no lo quería, pues las madres de sus amigos solían tratarlo mucho mejor que la suya propia.
Susana se quedó viendo la fotografía que tenía en sus manos, en ella aparecía su hijastra, en la publicación de un nuevo libro, pero a pesar de que nunca creyó que Candy pudiera salir adelante después de haberla dejado sin nada, no fue eso lo que le llamó la atención, sino el hombre que estaba a su lado, tomándola de la mano. Estaba segura que era Terry, su Terry ¿Cómo había hecho aquella mocosa para estar con Terry, si ni siquiera ella lo había logrado? Ese detective le había dicho que él estaba en Vietnam, pues bien, era evidente que ya había vuelto ¡Vivo! Entonces... ¿Por qué no estaba con ella? Después reparo en algo que antes no había notado, debajo del vestido verde de Candy, podía notarse con total claridad un abultado vientre de embarazada ¡No era posible que estuviera esperando un hijo de Terry! Sea lo que sea, Susana pensaba averiguarlo, no pensaba quedarse con los brazos cruzados, viendo como su hijastra robaba al único hombre que había amado en la vida.
ooo
Candy y Terry estaban terminando de cenar.
- ¿Has visto la noticia que ha salido en el periódico de ayer? – Le preguntó Candy.
- Si... también han publicado la nota en varias revistas. Al parecer tu libro tendrá mucho éxito – Le dijo su marido con una sonrisa.
- Sabes que no podría haberlo logrado sin ti.
- Tú eres la que tiene el talento.
- Pero ha sido tu historia la que me ha inspirado a escribir el libro.
- También Tom ha ayudado.
- Es cierto – Tom había proporcionado más datos a parte de los que Terry le había dado. En verdad, la publicación del libro había sido un trabajo en conjunto – En la editorial me han dicho que esperan mucho de este proyecto.
- Estoy seguro de eso – El timbre sonó – Que raro... ¿Quién será a esta hora?
- No lo se... iré a abrir – Candy intentó levantarse, pero Terry no la dejó.
- Iré yo – Se dirigió hacia la puerta y se llevó una gran sorpresa al abrirla - ¿Qué haces aquí?
- ¿Es qué no te da gusto verme?
- ¿Quién es, Terry? – Preguntó Candy, acercándose – Susana – Se sorprendió al verla - ¿Qué es lo que quieres?
- No he venido a verte a ti – Le dijo con desprecio – Sino a Terry.
- ¿De dónde conoces a Susana, Terry?
- Lo mismo te pregunto a ti.
- Pues al parecer hay muchas cosas de las que debemos conversar – Dijo Susana, entrando alegremente al apartamento - ¿Por qué no nos preparas té, querida?
- Candy no es tu sirvienta.
- Ya veo que sus modales no han mejorado.
- ¡Vete de aquí Susana! – Le exigió Candy.
- ¡Tu no me das ordenes!
- ¡Es mi casa!
- ¡No me importa! – Dijo sentándose en el sofá – He venido a hablar con Terry.
- No tenemos nada de qué hablar – Le dijo él.
- Yo creo que sí – Le sonrió y cruzó las piernas de una manera inmoral – Han quedado muchas cosas sin decir entre nosotros.
- ¿De qué está hablando, Terry? – Candy no soportaba ver a Susana en su casa.
- Terry y yo hemos sido novios.
- ¿Qué? – Preguntó horrorizada.
- Pero me abandonaste para irte con un viejo millonario.
- Mi padre – Murmuró Candy, todo comenzaba a cobrar sentido.
- Si, si... ambos tienen razón – Susana se puso de pie y se dirigió a Terry – Pero ahora he vuelto por lo que me pertenece.
- ¡Estás loca! – Le gritó él.
- Pero de amor...
Un grito de dolor por parte de Candy se escucho por todo el apartamento, Terry volteó a verla, ella estaba sentada en el sofá, agarrándose el vientre.
- ¡Oh, por Dios! ¡Ya va a nacer! – Fue corriendo hacia ella y la tomó en brazos, no podría perder el tiempo, tenía que llevarla al hospital urgentemente. Se olvido de Susana, quien le estaba gritando para que no se fuera, y depositó a Candy en el asiento trasero de su auto. Su hijo estaba a punto de llegar.
Continuará...
Mil gracias a todas las que siguen este fic y dejan sus reviews =)
