Capitulo 14
La mansión de los Kendal estaba adornada con flores y globos para festejar el aniversario de bodas de Maxwell y April. El matrimonio era conocido por ofrecer las mejores fiestas en la alta sociedad de Boston, y este año sería diferente, pues presentarían a su Yerno a sus amistades.
Anthony nunca había sentido simpatía por las personas con las que en ese momento estaba compartiendo la velada, pero desde el día en que llegaron a Boston, Jo había insistido en que vivieran con sus padres, y Maxwell era de esas personas a quien le gusta controlar absolutamente todo a su alrededor. Lo había puesto a trabajar en su empresa, ofreciéndole un cargo importante. Anthony había estado muy agradecido al principio, pero con el tiempo, se dio cuenta que lo que su suegro buscaba era tenerlo bajo la palma de su mano. Innumerables veces había discutido con su esposa a causa de esto, le insistía en que se mudaran, él podría conseguir trabajo en cualquier otra parte, pero ella se negaba a dejar a su padre solo, pues sufría del corazón. Claro que Anthony sabía perfectamente que todo era un circo armado por el viejo para mantenerla a su lado. Maxwell se entrometía en todos los asuntos de la pareja, hasta el punto en que llegaban a perder cualquier oportunidad de intimidad entre ellos.
April, por su parte, era la típica mujer sumisa, sometida siempre a su marido. Siempre vestía elegante y pulcra, Anthony dudaba que tuviera unos jeans en su sofisticado guardarropas. April no dijo una sola palabra al conocer al hombre con quien se había casado su hija, pero él estaba seguro que no le había caído bien. Seguramente esperaba que su hija se casase con un hombre de su clase social, y no con un simple soldado, pero no le quedó más remedio que aceptarlo.
- Tony – Lo llamó su suegro y él se acercó. Estaba hablando con una pareja de mediana edad – Te presento a Gregory y Francesa Adams, son grandes amigos de la familia.
- Mucho gusto – Estaba cansado que Maxwell le presentara a "grandes amigos de la familia"
- Eres un muchacho muy afortunado – Le dijo la señora Adams – Jo es encantadora.
- Lo sé.
- Imagino que estarán buscando su heredero.
- ¡Claro que no! – Fue Maxwell quien contestó. Dejándolos a todos sorprendidos, pero Anthony no iba a quedarse con la boca cerrada.
- De hecho, si queremos tener hijos pronto – Era verdad, pues con Jo habían estado buscándolo desde el momento en que se casarón.
- No digas tonterías – Espetó su suegro – Ustedes no están preparados para criar un niño.
- Creo que eso nos corresponde decidirlo a mi esposa y a mí – Anthony levantó la voz, atrayendo la atención de Jo, quien se acercó a ellos para calmar las aguas.
- ¿Qué sucede?
- Solo le decía a mi yerno que ustedes no pueden tener hijos por el momento.
- ¡Ya basta! – Estalló Anthony - ¡No pienso seguir con todo esto! – Se dirigió a su esposa – Mañana mismo nos mudamos.
- ¿No puedes hacer eso? – Maxwell estaba cada vez más enfadado – Jo no puede dejarme, estoy enfermo del corazón.
- Estoy seguro que hay miles de cardiólogos que estarían gustosos de atenderlo – Le dijo, irónicamente.
- Tony, no seas tan cruel – Jo amaba a su padre, a pesar de saber que su marido estaba en lo cierto – Papá me necesita.
- Entonces será mejor que decidas que es lo que quieres, porque yo no pienso pasar un minuto más en este manicomio – Se fue de la fiesta furioso, ante el asombro de todos los presentes. Su decisión ya estaba tomada, y no permitiría que nadie lo manipulara.
Anthony estaba haciendo sus maletas cuando Jo entró a la habitación que ambos compartían.
- No puedes estar hablando en serio – Le dijo – No puedes abandonarme.
- No lo haré – La miró fijamente – Quiero que vengas conmigo.
- Sabes que no puedo.
- Claro que puedes, no debes dejar que él manipule.
- Es mi padre.
- Y siempre lo será, pero si no le pones un freno, él seguirá manejando tu vida a su antojo. Ya has visto lo que acaba de pasar.
- Pero ¿A dónde iríamos?
- A Nueva York. Me han ofrecido un puesto de trabajo hace unos días.
- ¿Por qué no me habías dicho nada? – Estaba ofendida, se suponía que entre ellos no había secretos, y si él tenía pensado irse de la cuidad, ella debería haberlo sabido.
- Porque no lo había considerado hasta ahora. Pero sé que es lo mejor para nosotros. Y para la familia que podremos formar – La tomó de las manos – No quiero hacerlo solo, te necesito a mi lado. Di que vendrás conmigo y te prometo que todo estará bien – Ella lo pensó unos momentos. Le resultaba difícil abandonar a su familia, pero tampoco podía dejar a su marido.
- Sí, Tony – Lo miró con amor – Iré contigo.
Ahora venía la parte más difícil, informarles a sus padres la decisión que había tomado. Sabía que no les caería bien, pero tenía que hacerlo, por su marido y la familia que formarían.
ooo
Terry caminaba de un lado a otro, fuera de la sala de partos donde Candy estaba teniendo a su hijo. Nadie lo había preparado para ese momento. En el instante en que Candy había comenzado a tener contracciones, Terry se asustó, pues aún faltaban dos semanas para el nacimiento, claro que el obstetra lo había tranquilizado, diciéndole que podía adelantarse en madres primerizas, pero él aún estaba asustado. No entendía por qué tardaban tanto, si lo único que tenían que hacer era sacar al bebé.
- ¿Cómo está Candy? – Tom había llegado al hospital seguido por George, ambos estaban nerviosos y agitados.
- No lo sé – Terry se dejó caer en una silla y se tomó la cabeza con las manos – Nadie sale para darme noticias.
- ¿Crees que haya sucedido algo malo?
Terry no pudo contestar, pues en ese instante una enfermera salió de la sala. Los tres hombres la acorralaron antes que pudiera irse.
- ¿Por qué tardan tanto? – Le preguntó Terry.
- Solo lleva una hora – Contestó ella, confundida.
- ¿Le parece poco? – Terry estaba indignado, era su hijo quien estaba naciendo y nadie le daba noticias coherentes.
- Hay mujeres cuyo trabajo de parto llega a durar 14 horas.
- ¿Qué? – Exclamaron los tres al mismo tiempo, completamente horrorizados.
- No se preocupe – La enfermera le palmeó el hombro a Terry – Su mujer está haciendo un buen trabajo – Pero él ya no la había oído. No podía creer que Candy estuviera pasando por todo esto, y era su culpa.
- ¿14 horas? – Tom aún no salía de su asombro - ¿Qué clase de persona puede soportar 14 horas de tortura?
- Y yo que creí que estar en la guerra había sido un infierno – Comentó Terry.
Sabían el dolor que estaba sintiendo Candy allí adentro, pero ellos también estaban sufriendo ante la incertidumbre de saber si todo estaba bien. Terry sabía que no podría respirar aliviado hasta ver a su mujer e hijo sanos y salvos.
Pasaron horas, habían perdido el sentido del tiempo en que habían estado esperando en ese pasillo, hasta que por fin una enfermera salió, y con una sonrisa en el rostro, le dijo que todo había terminado.
- Felicidades, señor Grandchester. Ha sido varón – Terry sintió emoción al escucharla decir eso. Tenía un hijo.
- ¿Y cómo esta mi mujer? – Preguntó, temeroso.
- Ella está bien, solo un poco cansada.
- Puedo pasar a verla.
- Claro – Le abrió la puerta – Pase por aquí – Terry entró a la habitación. Candy estaba postrada en la cama, con el cabello alborotado y la cara roja. Ella le sonrió al verlo y le extendió la mano para que se acercara.
- ¿Cómo te sientes?
- Bien – Aunque lucía agotada, estaba radiante de felicidad por la llegada de su primer hijo, todo lo que había pasado en su casa con Susana había pasado a segundo plano - ¿Has visto a nuestro hijo?
- Aún no.
- Es hermoso.
- Lo imagino – Estuvieron un rato tomados de la mano, hasta que la enfermera volvió a entrar a la habitación, con un pequeño bulto envuelto en una manta blanca en sus brazos.
- Aquí esta su hijo – Le entregó el bebé a Terry, quien lo tomo con cuidado. Nunca antes había cargado a un bebé en brazos y no sabía cómo hacerlo, tenía miedo de lastimarlo. La enfermera volvió a irse para darles intimidad.
Terry veía como su hijo se removía y agitaba sus brazos y piernas. Candy tenía razón, era la cosa más hermosa que jamás había visto. Se sentó en la cama al lado de su mujer, quien los miraba embelesada.
- ¿Cómo lo llamaremos? – Preguntó a su marido.
- Bobby – No apartaba la vista de su pequeño.
- ¿Bobby? ¿Por qué Bobby?
- Me gusta ese nombre – Contestó él con simpleza.
- De acuerdo – Aceptó Candy – Se llamará Bobby Grandchester.
Se quedaron callados, admirando a su hijo. Ese pequeño dependería de ellos dos para todo, era su responsabilidad. Se prometieron a sí mismos, que no cometerían los mismos errores que sus padres habían cometido con ellos. A su hijo nunca le faltaría amor.
Minutos después, Tom y George aparecieron tras la puerta, y entraron sin hacer mucho ruido.
- Nadie no has dicho si podíamos ingresar – Dijo George.
- Pero necesitábamos saber cómo estaban – Tom se acercó al bebé, quien se había quedado profundamente dormido – Creo se parece a mí – Todos menos él rieron - ¿Qué? – Quiso saber.
- Claro que no se parece a ti – George se burló de él – Es igual a Candy.
- Aún es muy pequeño para sacar conclusiones – Acotó Candy – Pero podría jurar que va a ser igual a su padre – Los ojos de Terry brillaron, imaginando como sería su hijo cuando creciera.
Tanto el bebé como la mamá estaban en perfecto estado de salud, por lo que rápidamente fueron dados de alta. Terry los llevó a su apartamento, donde Tom y George se habían adelantado y armado una cuna que habían comprado semanas antes para Bobby.
- Es hermosa – Dijo Candy, quien llevaba en brazos a su hijo – Gracias por todo.
- Estuvimos más de dos horas para elegirla, George decía que la mayoría no tenían la seguridad adecuada para un recién nacido.
- Pues esta es perfecta – Terry se acercó para verificarla.
- Y a Bobby también le gusta – Decía Candy, mientras acunaba a su hijo, quien la miraba con sus enormes ojos azules, iguales a los de su padre - ¿Verdad, mi amor?
Rafe se acercó a ellos, con curiosidad por saber que era todo aquel alboroto. Candy sintió miedo por su bebé. Ella podría defenderse del perro, pero si se le ocurría atacar a Bobby todo sería más complicado. Pero nada de ello había pasado, Rafe solo se limito a olfatear al pequeño extraño, pero tuvo con él la actitud agresiva que había tenido con Candy, solo se quedo mirándolo, como los demás.
Tom y George se quedaron un rato charlando con ellos, hasta que Bobby se durmió y ellos se despidieron, con la promesa de volver al día siguiente, con más regalos para el nuevo miembro de la familia.
Candy acostó a Bobby en su cunita y quedo un rato mirándolo mientras dormía. Era feliz de tener a su hijo al lado.
- Creo que nos quedo una conversación pendiente – Le dijo Terry, recordando la razón que llevó a Candy a adelantar su parto.
- ¿Susana? – A ella no le hacía gracia hablar de esa mujer, pero lo creía necesario, pues quería saber cuál era la relación de Terry con ella.
- Ven – La condujo hacia el sofá, donde ambos se sentaron – Se lo que estas pensando, y no quiero que te hagas ideas falsas.
- Cuéntame.
- Susana y yo fuimos novios antes de irme a Vietnam, pero ella me abandonó para casase con un millonario, con tu padre... te juro que no lo sabía.
- Lo sé.
- Nunca hubo amor entre nosotros.
- Pues ella parece querer recuperarte.
- No sé porque – Dijo él, confundido – La última vez que nos vimos, le deje en claro que si cruzaba la puerta nunca más se atreviera a regresar.
- ¿Sabes que por culpa de ella perdí el rancho?
- Me lo has contado... solo que no sabía que se trataba de Susana.
- Ella tiene un hijo – Los ojos de Candy se humedecieron al recordar a su pequeño hermano – No he visto a Tim desde hace un tiempo.
- Dudo que Susana sea una buena madre – Terry podía comprender el tema de la paternidad ahora que tenía un hijo, y sabía que su ex novia no merecía tener hijos.
- Me gustaría volver a verlo – Dijo soñadora.
- Hare todo lo posible para que eso suceda – Candy le sonrió. Terry quería cumplirle todos los gustos, pues ella le había dado el regalo más hermoso.
ooo
Susana había llegado a su casa después de haber estado dando vueltas con el auto. No podía tranquilizarse, sabía que Candy estaba embarazada de Terry, pero saber que el bebé ya había nacido era demasiado. Ese niño era un obstáculo más para ella, al igual que el pequeño demonio que tenía en casa.
Subió a la habitación del niño para ver si estaba donde lo había dejado. Tim estaba allí, durmiendo. Al mirarlo recordó cuánto amaba Candy a ese pequeño estorbo y una sonrisa maliciosa cruzó por su rostro. Tal vez le sería de ayuda para llevar a cabo sus planes.
Continuará...
Antes que nada quiero pedirles disculpas. En el capitulo anterior, cometí un error con la edad de Tim, lo hice parecer como un niño de 7 años, cuando en realidad tiene alrededor de 3, es que tuve una confusión con el tiempo, pero espero que se entienda con esta aclaración =)
Gracias a todas las que siguen este fic.
Besossssssssssssss
