Capitulo 15
Anthony y Jo habían llegado a Nueva York, y se estaban instalando en su nueva casa. No tenía comparación con la mansión donde habían estado viviendo hasta el momento, pero era lo él podía permitirse, y a Jo no le importaba mientras estuviera al lado de su esposo. Después de todo, el alejamiento de sus padres, podría ser un cambio favorable en la vida de ellos. Ella esperaba ansiosamente en que por fin ellos pudieran cumplir su sueño de convertirse en padres. Sus esfuerzos aún no habían dado resultados, pero estaba segura que pronto tendrían buenas noticias al respecto.
- ¿Podrías terminar de acomodar las cosas? – Le pidió Anthony a su esposa – El dueño de la empresa quiere que vaya a verlo hoy para firmar el contrato.
- Claro, mi amor.
Anthony salió de la casa y recorrió las calles de Nueva York hasta llegar a su nuevo trabajo. Su nuevo jefe era un hombre de unos 40 años, completamente diferente a su suegro. Había tomado la decisión correcta, la situación en Boston se estaba volviendo insostenible. Al menos en Nueva York, podría manejar él mismo su propia vida.
Mientras tanto, Jo estaba en su nuevo hogar, intentando ordenar el desorden que había ocasionado la mudanza. Extrañaba a sus padres, pero sentía el deber de acompañar a su marido en aquellos momentos.
Al terminar de acomodarlo todo, se dio cuenta que el refrigerador estaba vacío. Se pregunto si habría algún mercado cerca. No perdía nada con dar una vuelta, y además le serviría para conocer su nuevo vecindario. Tomó su bolso y algo de dinero, y dejo una nota por si Anthony volvía antes que ella.
Camino unas cuantas cuadras hasta encontrar un supermercado. Tomó un carrito y comenzó a comprar unas cuantas cosas que necesitaban. Era necesario que se controlara con los gastos, pues este cambio venía acompañado por los efectos económicos que ocasionaba el hecho de vivir en su propia casa lejos del apoyo de sus padres.
Llegó por error al pasillo de bebés, y estaba a punto de dar la vuelta cuando vio a una mujer rubia, intentando calmar a un bebé que estaba llorando y pataleando, con una vaquita de peluche que había sacado de un anaquel. Se acercó a ella.
- ¿Necesitas ayuda?
- Es solo que no puedo lograr que deje de llorar.
- Tal vez tenga hambre.
- Le he dado el pecho hace media hora.
- ¿Puedo cargarlo? – Le preguntó – Soy doctora, se tratar a los bebés – La joven madre lo dudó unos segundos, pues no le agradaba la idea que una extraña cargara a su hijo, pero terminó por aceptar.
- De acuerdo – Jo extendió los brazos para tomar al bebé, y lo cargó – Mi nombre es Josephine, pero puedes llamarme Jo – Se presentó ella.
- Soy Candy. Y él... – Dijo señalando al bebé que comenzaba a calmarse en brazos de Jo – Es Bobby ¿Tienes hijos? – Le preguntó al ver la facilidad con la que había logrado tranquilizar a Bobby.
- No – Jo no separaba sus ojos del pequeño, era precioso – Pero con marido lo estamos buscando. Tenemos muchas ganas de ser padres ¿Es tu único hijo?
- Si, Bobby es el primero. No tengo mucha experiencia con niños.
- Eso lo conseguirás con el tiempo – Volvió a entregarle el bebé a su madre – Tienes un hijo hermoso.
- Gracias – Candy sonrió. En verdad su hijo era el más hermoso de todos – Es igual a su padre.
- Bueno... supongo que seguiré haciendo las compras. Tal vez volvamos a encontrarnos en otro momento, mi marido y yo acabamos de mudarnos al vecindario.
- Seguramente volveremos a vernos.
Jo continuó con lo que había ido a hacer. Al sentir a Bobby en sus brazos, sus deseos de ser madre aumentaron, ahora sabía que no podía dejar pasar el tiempo, hablaría con Anthony y le propondría visitar un especialista que la ayudara a quedar embarazada.
ooo
Terry salió de su trabajo, y caminó hacía su casa. Estaba ansioso por ver a su hijo, Bobby era lo más preciado que tenía. Durante el embarazo de Candy, Terry había temido no poder ser el padre que el niño necesitaba, y que una vez que creciera, le recriminara el hecho de haber sido un mal padre. Pero en el momento que lo vio por primera vez, supo que podría llegar a dar su vida por su hijo.
Estaba cruzando la calle, cuando un auto casi lo atropella, pero él logró esquivarlo justo a tiempo.
- ¿Qué demonios te sucede? – Le espetó a quien conducía el vehículo – ¡Es contramano!
- Lo siento mucho – El conductor se bajó de su auto – Soy nuevo en la ciudad y... ¿Terry? – Sonrió al reconocer al hombre a quien había estado a punto de atropellar.
- Tony – Terry también sonrió – Creí que estabas en Boston.
- Lo estaba, pero no pude soportar a mi suegro... y matarlo no era una solución – Ambos rieron – Conseguí un trabajo en Nueva York, y aquí estoy ¿Qué ha sido de tu vida? – Quiso saber, pues hacía más de un año que no se veían.
- Me he casado – Anthony se sorprendió al oírlo decir eso.
- ¿Qué te has casado? ¿Tú? ¿El hombre que no quería saber nada del compromiso?
- Si, si, ya lo sé... pero todo ha sucedido muy rápido.
- Porque no vamos a tomar algo y me lo cuentas todo. Jo no se enfadará si me retraso un poco.
- De acuerdo.
Ambos se subieron al auto de Anthony y se dirigieron a una cafetería cercana. Si bien no había pasado mucho tiempo desde la última vez que se habían visto, muchas cosas importantes habían sucedido en ese tiempo.
- Dime – Comenzó Anthony, mientras bebía un sorbo de su café - ¿Cómo fue que te echaron el lazo?
- No me gusta cómo suena eso – Se rió – La conocí en una escuela, yo era entrenador del equipo de futbol y ella profesora.
- ¿Trabajaste en una escuela? – Preguntó Anthony, sorprendido.
- Solo por unos meses – Contestó él – Desgraciadamente, el director de la escuela se enamoro de mi mujer, y nos despidió a ambos.
- Así que es una típica historia de amor.
- No es tan así – Bajó la vista a su café - Estuvimos juntos una noche, y ella quedó embarazada – Anthony abrió los ojos, sorprendido – No nos quedó más remedio que casarnos.
- Así que no la amas – Lo entristecía saber que su amigo estaba casado por haber cometido un error.
- No puedo decirte si la amo o no – Terry no estaba seguro de sus sentimientos hacia Candy – Pero no me arrepiento de haberme casado con ella, Bobby es lo mejor que me ha pasado en la vida. Amo a mi hijo, y eso es suficiente. De hecho... las cosas están mejor que nunca para mí.
- Me alegra escuchar eso.
- ¿Tu y Jo aún no tienen hijos?
- No – Contestó con una mueca – Pero los estamos buscando.
- Ya llegarán...
- Me gustaría conocer al tuyo... y a tu esposa, claro.
- ¿Por qué no vienen a cenar mañana? Le diré a ella que prepare una comida especial.
- Nos encantaría.
Terry y Anthony continuaron hablando por un rato más. Tony le contó cómo había tomado la decisión de haber dejado Boston, y la vida que había llevado con Jo hasta el momento. Cuando regresó a su casa, su mejer ya había terminado de ordenar el lugar, y hasta había tenido tiempo de hacer las compras, por eso la amaba tanto.
- Adivina con quien me he encontrado esta tarde – Le dijo, mientras la abrazaba por la espalda.
- ¿Con quién?
- Con Terry.
- ¿En serio? – Jo estaba sorprendida. Era increíble que en su primer día en la ciudad, hubiera encontrado a su antiguo Sargento.
- Si... he estado a punto de arrollarlo con el auto.
- ¿Cómo dices?
- Un accidente – Le dijo, sin darle demasiada importancia al asunto – Se ha casado, y tiene un hijo – Una expresión de tristeza cruzó por el rostro de su esposa, y Anthony lo notó - ¿Qué sucede?
- Estoy feliz por Terry – En verdad lo estaba – Pero hoy me he cruzado con una mujer con un pequeño bebé en brazos, y mis deseos de ser madre se incrementaron.
- No te pongas triste – Le acarició el rostro – Los hijos vendrán pronto.
- Es que ha pasado más de un año desde que nos casamos... y aún no hemos tenido éxito.
- Los niños llegarán cuando sea el momento, aún somos jóvenes y tenemos mucho tiempo por delante – Jo le sonrió y él la besó. Terminaron en la cama, tal vez tendrían éxito esa vez.
ooo
Candy iba de un lado a otro, asegurándose de que todo estuviera perfecto para esa noche. Le había gritado a su marido por no haberle dicho antes que había invitado a un amigo a cenar ¿Cómo creía él que ella podría organizarlo todo en menos de tres horas?
- Ya te he dicho que lo siento – Terry estaba sentado en el sofá escuchando las criticas de su esposa, con Bobby en sus brazos – Olvidé decírtelo antes.
- ¿Y creíste que yo era la súper mujer? – Casi tropieza con Rafe, por decima vez - ¿Puedes decirle a tu perro que salga de mi camino? Podría jurar que lo hace apropósito.
- Si tan solo intentaras llevarte bien con él... – A Terry le causaba gracia la relación que su mujer tenía con Rafe, aunque seguía sin entender porque no la quería, pues adoraba a Bobby.
- ¡Yo no soy el problema! – Gritó Candy, agitando una cuchara de madera con la mano – He vivido rodeada de perros toda mi vida, y con el único que he tenido problemas ha sido con el tuyo – Estaba a punto de entrar a la cocina, pero recordó algo más que quería recriminarle a su marido – Por cierto... A partir de hoy, dormirá en el piso – Señaló a Rafe – ¡Estoy cansada de despertarme con su peludo cuerpo encima de mí!
- ¿Preferirías tener el mío? – Le preguntó de una manera sugerente.
- No estoy para bromas – Lo amenazó con la cuchara. Pero Terry no se amedrentó. Se levantó del sofá y dejó a Bobby en una manta que habían colocado en el piso con sus juguetes. Se acercó a su mujer para aprisionarla contra la pared.
- Vayamos a la cocina un rato – Le propuso.
- ¿Estás loco? Tus invitados están a punto de llegar, y no podemos dejar a Bobby solo ¡Es un bebé!
- Tenemos aún unos minutos antes que mis invitados lleguen – Se refregó contra ella, despertando el deseo en Candy – Y Bobby está bajo el cuidado de Rafe.
- ¿Crees que dejaré a mi bebé con un perro loco? – Le dijo con la voz entrecortada, pues moría de ganas de hacer lo que Terry le proponía.
- Míralos – Señaló hacia donde Bobby estaba sentado, jalándole la cola a Rafe – Sabes que no le haría daño al niño, lo adora.
Solo hicieron falta unos cuantos minutos para que ambos quedaran conformes y satisfechos. Candy creía que al paso que iban, no tardarían en poblar al mundo entero con sus hijos. El timbre sonó, y Terry se subió la cremallera de sus pantalones para ir a abrir la puerta, mientras Candy trataba de disminuir su sonrojo.
- Terry – Jo abrazó al amigo de su marido – Cuanto tiempo sin vernos...
- ¿Dónde está Tony? – Quiso saber él, al no verlo junto a Jo.
- Al llegar aquí, nos dimos cuenta que veníamos con las manos vacías, así que fue a comprar unas botellas de vino. No debe tardar.
- Pasa, por favor – Se hiso a un lado para que entrara. Candy estaba saliendo de la cocina – Te presento a mi esposa, Candy – Ambas rieron.
- Creo que ya hemos tenido el gusto de conocernos – Dijo Jo.
- ¿Ah sí? – Terry estaba confundido - ¿Dónde?
- En el supermercado – Contestó Candy – Bobby estaba llorando y ella me ayudó a tranquilizarlo – Jo se acercó al bebé y se agachó para quedar a su altura.
- Veo que volvemos a encontrarnos – Le dijo al bebé, quien le sonrió y agitó sus bracitos. Rafe reconoció a Jo, y quiso llamar su atención, poniéndosele en frente para que lo viera.
- Odio a ese perro – Murmuró Candy ¿Por qué a ella no la quería? Jo le hiso algunas caricias a Rafe, y tomó al bebé en sus brazos. Bobby estaba encantado con ella, al igual que ese perro - ¿Quieres beber algo, Jo?
- Claro, un jugo de naranja estaría bien.
- Enseguida te lo traigo – Candy se dirigió a la cocina, y sirvió un vaso de jugo para su invitada, pero al volver a la sala, volvió a tropezar con Rafe, esta vez con menos suerte, volcándose todo el jugo en su vestido blanco.
- ¡Terry! – Gritó a su marido. Esa situación se estaba saliendo de control. Él se acercó a su mujer.
- No te preocupes – Le dijo – Yo limpiaré aquí, tu ve a cambiarte de vestido – Sabía que esta vez se había enfadado mucho. Candy no dijo nada, solo se limito a mirar a su marido con los ojos entrecerrados y subió a su habitación a cambiarse.
- ¿Por qué se ha enfadado contigo? – Quiso saber Jo, quien aún tenía a Bobby en sus brazos.
- Candy insiste en que debería ser más estricto con Rafe – Dijo mientras limpiaba el piso - Solo a ella la molesta, es como si todos los días buscara nuevas formas para fastidiarla. No lo entiendo.
El timbre de la puerta volvió a sonar.
- Debe ser Anthony – Dijo Jo - ¿Quieres que abra?
- Si, por favor – Jo se dirigió a la puerta. Efectivamente era Anthony, quien llevaba dos botellas de vino en sus manos. Sonrió ampliamente al ver a su mujer con el hijo de Terry en brazos.
- Terry – Le dijo, al verlo salir de la cocina – Al fin conozco a tu hijo – Le dio las botellas - ¿Puedo cargarlo?
- Claro.
Anthony tomó a Bobby en sus brazos, no podía explicar lo que sintió al tenerlo contra su pecho, pensando cómo sería cuando tuviera a su propio hijo.
- Por cierto... ¿Dónde está tu esposa?
- Allí viene – Dijo Terry, al ver a Candy bajar las escaleras. Había cambiado su vestido blanco por uno color violeta, así no tendría problemas si se tropezaba con una copa de vino. Estaba en la mitad de las escaleras cuando sus ojos se cruzaron.
- ¿Anthony?
- ¿Candy?
Continuará...
Mil gracias por todos los reviews =)
Acá dejo un nuevo capítulo. Espero que les guste.
besossssss
