Capitulo 17
El plan de Susana era simple. Era evidente que no podía estar cerca de Terry, pues él aún no le perdonaba el haberlo abandonado años atrás. Al principio creyó que Candy sería un obstáculo en su vida, pero ahora se daba cuenta que había estado equivocada. Su hijastra era el medio indicado para estar cerca de Terry. Ella adoraba a Timothy, y Susana se aprovecharía de eso.
- Quería pedirte disculpas – Le dijo a Candy. Susana estaba sentada en el sofá, mientras Candy jugaba con Tim en el piso. Bobby y Rafe también estaban con ellos, curiosos ante la presencia del niño.
- ¿Disculpas? – Candy no se confiaba de su madrastra. Susana siempre se había mostrado como una bruja con ella, no entendía a que venía tanta amabilidad en esos momentos.
- Me he portado muy mal contigo... pero quiero remediarlo.
- Sabes que no puedo creerte – Le dijo Candy con frialdad – No después de todo lo que has hecho.
- Lo sé – Susana tenía que hacer uso de sus mejores dotes de actriz si quería convencer a su hijastra – No tuve una vida fácil... y cuando tu padre llego y me lo ofreció todo no pude negarme – Candy hubiera querido decirle que se había comportado como una prostituta, pero Tim estaba presente, no podía decir eso de su madre – John me dijo que no tenía hijos, por eso me enfade tanto cuando te conocí.
- Perdón por existir – Le dijo, irónica. Susana no le hiso caso y continuó con su relato.
- Pero estoy arrepentida... sé que no tenía derecho a dejarte en la calle.
- Poro lo hiciste – Le lanzó una mirada glacial – Vendiste Mountain Mirage, y a Sugar – Susana sonrió, tenía un as bajo la manga.
- Tal vez no pueda hacer que recuperes Mountain Mirage – Sacó unos papeles de su bolso – Pero tengo esto para ti – Candy tomó con desconfianza los documentos que Susana le ofrecía y los leyó.
- No puede ser cierto – Estaba atónita.
- No ha sido fácil, pero he logrado dar con ella.
- ¿Has comprado a Sugar?
- Es tuya, la he puesto a tu nombre. Sé que con esto no puedo compensar todo el daño que te he hecho, pero quería hacerlo de todas formas.
- Gracias – Murmuró Candy. No podía creer que Sugar volvía a ser de ella.
- No tienes que agradecerlo – Bajo la vista – Es lo mínimo que puedo hacer por ti – Susana comenzaba a sentir como su plan estaba dando resultado. No había sido fácil localizar a la yegua, y tampoco había sido poco lo que había pagado por ella, pero todo valía si quería estar al lado de Terry – Solo te pido que nos dejes visitarte de vez en cuando. Tim ha sufrido mucho en todo este tiempo, no soportaría volver a separarse de ti.
- De acuerdo – Candy no lo pensó demasiado. Aún no confiaba en Susana, pero ella tampoco soportaría volver a separarse de Tim ahora que había vuelto a encontrarlo.
- Además – Continuó Susana – Sería lindo que nuestros hijos crecieran juntos... después de todo son familia.
- Tienes razón – Dijo Candy, al ver como Tim jugaba con Bobby, mientras que Rafe los rodeaba, reclamando la atención de los niños – Puedes venir a esta casa cuando desees, Susana – No le hacía en gracia decir aquellas palabras – Pero quiero que tengas una cosa presente – Se puso seria – No quiero que te acerques a mi marido.
- Terry y yo tuvimos una linda relación – La expresión de Susana era inescrutable – Pero si él ya no quiere estar conmigo tendré que aceptarlo.
- No quiere – Le aseguró Candy – Terry y yo somos muy felices juntos, jamás miraría a otra mujer que no fuera yo – No estaba muy segura de lo que decía, pues su matrimonio había sido atípico, pero si de algo estaba segura, era que no permitiría que nadie le quitara al hombre que amaba.
- Entonces no tienes por qué preocuparte – Susana sonrió falsamente. Se puso de pie y tomó su bolso – Es hora de irnos – Le dijo a Tim.
- Pero mamá – Protestó el niño – No quiero irme aún – Susana tuvo una idea.
- ¿Te parece bien si paso a buscarlo por la noche? – Le preguntó a Candy – Creo que tienen mucho tiempo perdido por recuperar.
- Está bien – Le agradó la idea de estar con su hermano sin la presencia de Susana – Puedes pasar a buscarlo a las 9.
- Perfecto – A esa hora Terry estaría en la casa, y ella tendría oportunidad de verlo – En los papeles que te he entregado está la dirección del establo donde se encuentra Sugar, los próximos tres meses están pagos.
- Gracias – Susana se fue, con la promesa de volver por la noche.
Candy se quedo a solas con los niños. Estaba feliz de tener a su hermano en casa, jugando con su hijo. Se dirigió a la cocina a prepararles algo para merendar, dejándolos al cuidado de Rafe. Ese perro podía odiarla a ella, pero no podía negarse que era excelente como niñera. Era increíble como un perro que había sido entrenado para matar, podía tener tanta paciencia con dos niños que no dejaban de gritar y jalarle los pelos. Candy preparó unos biscochos y leche y se los llevó.
Eran alrededor de las seis de la tarde, cuando Terry regresó a su hogar y encontró al pequeño Tim. Candy salió de la cocina, donde estaba preparando la cena. Se acercó a él y lo saludo con un beso en la boca.
- ¿Quién es este niño? – Le preguntó. Candy titubeó un poco.
- Es mi hermano, Tim ¿Recuerdas que te hablé de él?
- Eso significa que Susana ha estado por aquí – Dijo Terry sin mucha gracia.
- Si – Se puso nerviosa, pues no quería que si marido se enojase con ella – Ha venido a pedir perdón por todo lo que me ha hecho.
- ¿Y le creíste? – Preguntó él irónico.
- No. Pero al menos de esta forma puedo estar al lado de mi hermano. Y además... – Se acercó a la mesa donde había dejado los papeles que la acreditaban como propietaria de Sugar, los tomó y se los entregó a su marido – Mira.
- ¿Qué es esto?
- Son los papeles de Sugar. Susana me los ha traído.
- ¿Quieres decir que te ha comprado la yegua que te había robado?
- Técnicamente era de ella.
- ¡Era tuya! – Gritó Terry, agitando los papeles – ¡Y cree que con esto lo solucionará todo! También vendió Mountain Mirage ¿Lo recuerdas?
- Si, pero gracias a las ventas del libro, dentro de poco lograre reunir el dinero suficiente para recuperar el rancho.
- Sabes que eso no es tan fácil – Era cierto, pues no bastaba solo con tener el dinero, sino también con la predisposición del actual dueño de aceptar su oferta. Además de volver a comprar los demás caballos que habían sido vendidos.
- De todas formas voy a intentarlo – Tenía que hacerlo, no solo por ella, estaba segura que a Terry le haría bien la vida en el rancho – Por el momento... – Su voz comenzó a temblar - Lo único que quería era estar con mi hermano.
- Discúlpame – Terry se acercó a ella y la abrazó – No debí hablarte de ese modo. Se lo mucho que quieres a Tim.
- Gracias por entenderme – Candy sentía como su amor por Terry crecía cada día más.
- No tienes que agradecerme – Le sonrió mientras le secaba las lágrimas – Ahora vamos, que quiero que me presentes a tu hermano.
Cenaron los cuatro juntos como familia. Terry no podía comprender como un niño tan dulce podía haber salido de una mujer como Susana, era evidente que se parecía mucho más a su hermana que a su madre.
Como lo había prometido, a las nueve de la noche Susana llego a buscar a su hijo, no siendo bien recibida por Terry, quien sin la menor cortesía, se retiró a su habitación para evitar verle la cara. Le molestaba la forma en que lo había engañado, pero más le molestaba lo que le había hecho a Candy.
- ¡Mamá! – Exclamó Tim, corriendo hacia ella. A pesar de la poca atención que Susana le prestaba, el pequeño adoraba a su madre – Lo he pasado muy bien hoy. Jugamos con Rafe y Candy nos hiso biscochos, y luego el papá de Bobby nos contó historias – Ella ocultó el desprecio que sentía al ver al bebé en brazos de Candy.
- Suena divertido.
- ¡Claro que sí! – Tim estaba exaltado, algo que Susana no podía soportar, pero debía disimularlo - ¿Podemos volver otro día?
- Por supuesto – Le contestó con una sonrisa falsa – Ya he hablado con Candy al respecto y podremos venir las veces que queramos – Tim se fue a despedir de Rafe – Espero que a Terry no le haya molestado – Bajó la vista – Ni siquiera quiso saludarme.
- No le agradas – Le dijo sin rodeos – Y tampoco a mí. La única razón por la cual te permito que estés en mi casa es por mi hermano. Jamás te perdonaré lo que has hecho.
- Entiendo – Susana parecía arrepentida, pero en el fondo no le importaba. Lo que buscaba con todo eso ya lo había conseguido, entraría y saldría de la casa de Terry a su antojo, y todo gracias a ese pequeño que tanto despreciaba. Ya tendría tiempo para volver a ganarse la confianza de Terry.
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Anthony había salido a dar una vuelta por el Central Park. Necesitaba despejar su mente después de todos los problemas que estaba teniendo con su esposa. Jo se había mostrado distante con él en la última semana, y sabía que era su culpa. Anthony estaba confundido, no dejaba de pensar que tal vez las cosas hubieran sido mejor si no se hubieran marchado de la casa de sus suegros.
Encontrarse nuevamente con Candy había sido extremadamente movilizador para él. Solo tenía de ella los mejores recuerdos, nunca solían pelear y su relación había sido perfecta. Ella lo amaba, de eso estaba seguro. Un amor como el que se habían tenido no desaparecía con demasiada facilidad. Pero también estaba Terry, él era su amigo, la única persona que lo había apoyado en los momentos más difíciles, y detestaba saber que se había casado con su mujer... De acuerdo, Candy ya no era su mujer y él estaba casado con otra, pero de todas formas no podía evitar odiarlo por ser Terry quien compartía la cama todas las noches con su ex novia, y también quien le había dado un hijo, en tanto que él no podía dejar embarazada a su esposa. Sentía que su virilidad se había caído por el suelo y deseaba que el hijo de Candy fuera también suyo.
A unos cuantos metros de donde él se encontraba, pudo ver como la mujer que ocupaba últimamente sus pensamientos caminaba por el parque empujando un cochecito de bebé, y Rafe iba con ellos. Anthony no perdió el tiempo y se acercó a ellos. Tenía que hablar con Candy, aunque no estaba muy seguro de qué, pero necesitaba hacerlo.
Ella no se dio cuenta cuando lo tuvo en frente, se había sentado en una de las bancas del parque y sacado una bolsa que tenía los juguetes de Bobby y Rafe.
- ¿Puedo sentarme? – Lo hiso antes que ella pudiera contestarle.
- ¿Qué haces aquí? – Le preguntó Candy sorprendida.
- Estaba paseando por el parque, entonces te vi a ti y quise venir a saludarte... creo que tenemos muchas cosas de las que hablar.
- Teníamos – Le contestó fríamente – Ya todo está terminado entre tú y yo – De la bolsa sacó un osito de peluche para Bobby y una pelota para Rafe, ignorando al hombre que tenía al lado.
- Nunca hemos tenido oportunidad de aclarar las cosas.
- En realidad si la hubo – Le arrojó la pelota a Rafe y el perro corrió a buscarla – Sabías donde estaba viviendo, podías haberme buscado en cualquier momento al llegar de Vietnam – Rafe volvió con la pelota y ella se la volvió a arrojar – Si lo hubieras hecho en ese tiempo, tal vez me hubiera dolido, pero hubiera terminado por aceptarlo. Solo tenías que decirme que ya no me amabas.
- Nunca he dejado de amarte.
- ¿Cómo puedes decir eso? – Exclamó Candy, escandalizada – Estas casado, y también has engañado a tu mujer al ocultarle lo nuestro. Al menos podrías respetarla y no decir que amas a otra mujer.
- No lo entiendo – Anthony se tomó la cabeza con las manos – Tu también me amabas ¿Lo recuerdas?
- Eso fue hace mucho tiempo – Rafe le dejó la pelotita en la mano (Solo se portaba bien con ella a la hora de comer y jugar) – Es cierto que tuve la herida abierta por mucho tiempo, pero termino por cerrar el día en que apareciste por la puerta de mi casa. Entonces al verte supe que no sentía nada más por ti.
- ¿Es por Terry? – Quiso saber.
- ¡Claro que es por Terry! – Exclamó. Rafe comenzó ladrarle para que le arrojara la pelotita, pero ella parecía no escucharlo – Es mi marido y me ha ayudado salir adelante, y yo lo estoy ayudando a él.
- ¡Pero no lo amas! –Anthony estaba desesperado y no pensaba las palabras que estaba diciendo – Se que te he lastimado, pero tal vez tu yo podamos tener una segunda oportunidad – Miró a Bobby, que estaba en su cochecito, mordiendo la oreja del osito de peluche – Se que tienes un hijo de él, pero no me importa. No tiene por qué ser complicado. A mí me gustan los niños y...
- ¡Basta! – Candy no podía seguir escuchándolo – No digas nada más Anthony. Tu esposa no merece lo que le estás haciendo.
- Lo sé – Bajó la mirada – Pero no puedo evitar pensar en el error que cometí. Si no me hubiera casado con ella tú y yo estaríamos juntos.
- Si tú no te hubieras casado con ella, tal vez yo no hubiera conocido a Terry – Lo miró a los ojos, no quería herirlo, pero no le quedaba otra opción. Ella si quería ser sincera con Anthony – Y no me hubiera enamorado de él.
- ¿Eso quiere decir que... lo amas?
- Si, Anthony. Amo a Terry, y amo la vida que tenemos.
- No puedo creerlo – Murmuró él. Candy sintió lastima.
- ¿Quieres un consejo? – Anthony la miro, pero no dijo nada – Vuelve a casa, con tu mujer. No le hagas a ella lo que me has hecho a mí. Trata de salvar tu matrimonio.
- Tienes razón – Le dedicó una leve sonrisa y se puso de pie – Me dio mucho gusto volver a verte, a pesar de todo lo que ha pasado.
- Recuerda lo que te he dicho.
Anthony se fue, y Candy se quedó sentada en la banca pensando en lo que había sucedido, hasta que sintió una mordida en la mano.
- ¡Auch! – Era Rafe, quien seguía esperando que le arrojara la pelotita. Bobby rió ante esa escena, siempre lo hacía cuando el perro le jugaba una de sus bromas - ¿Por qué lo has hecho? – Le dijo, enojada – Con esa actitud no conseguirás nada – El perro volvió a ladrar, y antes de que volviera a morderla, Candy arrojó la pelota.
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- Deberías dejar el cigarrillo... no es bueno para tu salud.
- No es tu problema.
- ¿Por qué me tratas así, Albert? Solías ser una persona diferente.
- Las personas cambiamos – Apagó el cigarrillo el cenicero que se encontraba en la mesita de al lado de cama - ¿Vas a seguir quejándote o hacemos algo más entretenido?
- Ya me has convencido – Annie se coloco encima de su jefe, montándolo a horcajadas - ¿Qué crees que diría tu futura esposa si te encontrara en un motel barato con una de sus amigas? – Comenzó a moverse.
- Patty está demasiado enfrascada en el tema de la boda... no se dará cuenta de nada.
- Dime una cosa... ¿Sigues pensando en ella?
- ¿En Patty?
- ¡No! – Hablaba entre gemidos – Me refiero a Candy – Albert la embistió con más fuerza.
- Ese es un tema pendiente.
- Aún no te recompones a su rechazo – Él se coloco encima de ella, tomando el control.
- No deberías meterte en ese tema... – Intensificó sus movimientos hasta llegar al clímax, dejando a Annie insatisfecha – Aún no está dicha la última palabra.
Continuará...
Gracias nuevamente a todas las que siguen este fic =)
