Brittany salió del aula y fue hacia la dirección arrastrando los pies con pesar. Los retorcijones en el estómago cada vez eran más dolorosos debido a los nervios que tenía, porque sabía que no sólo la iban a suspender durante unos días, sino que además su madre se iba a sentir decepcionada de ella, sin agregar el hecho de que la latina se encargaría de hacer su vida un infierno. No tenía ninguna posibilidad de aprobar esa materia de ahora en más.
Con un suspiro tembloroso, se dejó caer en una de las sillas que estaba afuera de la puerta con el cartel de "Dirección" y esperó lo que le pareció una eternidad. Cerró los ojos con fuerza e intentó calmarse pensando en otra cosa, pero no podía. Estaba demasiado preocupada y avergonzada por lo que le iban a decir en su casa. Hasta pensaba en algunas excusas para que su familia no se enterara cuando escuchó pasos por el pasillo. Abrió los ojos alerta y su mirada se cruzó con la de Santana, que la observaba indiferentemente.
Brittany se paró y esperó hasta que la latina se acercara a ella, para que entraran juntas a ver a la directora Sylvester. Cuando lo hizo, vio como la morena se mordía el labio inferior para luego decir algo que la movió de su eje.
-Siéntate Brittany, quiero que hablemos.
Brittany hizo lo que le pedía y se sentó en la esquina del banco, mientras que Santana se sentaba en la otra, procurando dejar la mayor distancia entre ellas. La rubia vio como la profesora se frotaba las sienes mientras pensaba en el asunto. Por su parte ella ni se atrevía a respirar.
Finalmente Santana se irguió en el asiento y la miró detenidamente, sin decir nada. Hasta el momento Brittany nunca se había fijado demasiado en su profesora, pero esta vez al tenerla tan cerca le resultaba muy difícil no perderse en esos ojos color caramelo que la miraban con una sombra de tristeza.
-Brittany… ¿qué hice para que pienses de mí de esta manera? –Alzó el papel que traía en su mano izquierda y lo agitó en el aire para mostrar a lo que se refería.
-Yo… no quise poner eso. Solamente estaba preocupada por Rachel.
-¿Preocupada de qué?, ¿de qué abusara de ella? –La morena lanzó una risita sarcástica para demostrar lo absurdo de la idea.
-Bueno… algo así –Brittany agitó los brazos para intentar quitarle importancia al asunto.
Santana frunció el ceño ante la respuesta, que por algún motivo le molestó demasiado.
-Brittany, es muy grave de lo que me estás acusando. Más cuando no tenés ninguna prueba para demostrarlo.
-Ya lo sé, pero Rachel ya me contó que al final no era nada de eso.
Santana se paso una mano sobre el pelo sin saber muy bien que hacer. Se suponía que tenía que estar dándole la hoja a la directora y no estar hablando con la chica. Pero algo dentro de ella le decía que eso era lo que tenía que hacer.
-¿Por qué piensas que haría algo así? –Preguntó de repente curiosa. La actitud desvergonzada de la joven le provocaba mucha curiosidad.
-Es que… no sé, Rachel se venía comportando más rara de lo normal, y bueno, justo era después de que le pidieras que se quedara después de clase… -Santana logró percatarse del leve temblequeo en la voz de Brittany.
-Sigue sin ser razón suficiente. Rachel tiene buenas notas y me pidió que la ayudara con la materia para mejorarlas y poder llegar a tener el promedio necesario para ingresar en alguna buena universidad. –Santana volvió a fruncir el ceño con cansancio –De hecho está bastante obsesionada y nerviosa con el tema. ¿Nunca te lo mencionó?.
Brittany negó con la cabeza. Era la primera vez que mantenían una conversación de más de dos palabras y la rubia no podía evitar sentirse intimidada ante la fuerte presencia de la latina.
-En la hoja decís que hay rumores sobre mí… ¿qué rumores? –Todavía no sabía porque seguía preguntándole cosas en vez de castigarla por lo que había hecho, solamente lo único que sabía era que quería conocer más a la chica para entender porque se ponía tan a la defensiva. Quizás así encontrara un motivo para mejorar la relación.
Un silencio incomodo se formo entre las dos ya que ninguna de las dos se animó a decir nada durante unos minutos.
-Pierce, ¿qué rumores?
La porrista levantó la vista del suelo para enfrentar la mirada de la latina una vez más, percatándose de que la había vuelto a llamar por su apellido.
-Eh… unos rumores de cuando empezaste a trabajar, pero ya no se comenta más nada. Eran solamente tonterías, ya sabes.
-No lo voy a repetir otra vez, ¿Qué rumores? –Inquirió incansablemente. Necesitaba saber que se había estado diciendo de ella a sus espaldas para saber lo que opinaba el resto del alumnado de ella –Pierce, quiero que me digas lo que se dice por ahí de mí. No voy a castigarte más por eso, ya que quiero creer que no fuiste la que los empezaste.
-No, claro que no. Fue un boca a boca, no sé quien lo dijo ni con que fundamento lo hizo, pero si sé que duró muy poco y nadie creyó mucho en eso, de verdad. Supongo que… se comentaba que… -Empezó a tartamudear intentando encontrar las palabras para que Santana no se enojara mucho más de lo que ya debía de estar- Se comentaba que, bueno, te gustaba mantener relaciones con tus alumnos… fuera de clase… y que te aprovechabas de ello…
La rubia le lanzó una mirada rápida y volvió a concentrarse en el piso, que de golpe se había vuelto demasiado interesante. Sin embargo, Santaba no estaba sorprendida de la noticia, ya que sabía que era joven –sólo tenía 24 años- su físico era deseado por muchas personas y envidiado por otras, y que por eso los chicos en el colegio eran así, cuando veían a una profesora 'caliente' –especialmente ella- empiezan a hacer circular esa clase de rumores. No era la primera vez que le pasaba, pero era la primera vez que alguien se animaba a decírselo.
-Pero no es cierto, jamás tuve otra relación con un alumno que no fuera estrictamente profesional.
-Lo sé –Murmuró en voz baja la rubia.
-¿Lo sabes? –Brittany asintió -¿Y cómo lo sabes?
La joven se volvió a encoger de hombros y contestó.
-Son solo rumores. Y me siento muy mal por haberlos creído… no se debe juzgar a la gente sin antes darle la oportunidad de conocerla –Sabía que era un poco mentira lo que estaba diciendo, ya que no conocía más de la vida de la profesora que su nombre y apellido, pero intentaba suavizar la situación para que la sanción no fuera demasiado excesiva.
-¿De verdad, Brittany?, ¿porqué debería creerte eso cuando hace apenas media hora me estabas llamando pervertida?
La porrista levantó la cabeza y Santana pudo percibir un destello de rabia comenzando a brotar en sus ojos.
-Porque Rachel es mi mejor amiga, y estaba tan preocupada por ella que exageré demasiado.
-Y sin embargo siento que piensas eso de mí desde antes que comenzara lo de Rachel.
-No es como si motivos me faltasen, siempre estás llamándome la atención por cualquier cosa. Todo el mundo habla en clase, se pasa papeles, cuchichea… pero yo soy la única que se lleva la peor parte. A veces pienso que tienes algo personal conmigo, como si estuvieras ensañada.
-No me caes mal, Pierce. Te llamo la atención porque no te molestas en disimular cuanto te desagrada mi clase. Pero reconozco que empezamos con un mal pie nuestra relación. Me gustaría cambiar eso, me gustaría demostrarte que no soy la clase de persona que piensas que soy.
-¿Ah sí?
-Sí… sé que te caigo mal, y justamente por eso sé que si le aviso a la directora y ella le avisa a tu madre vas a odiarme todavía más. Y no quiero que pase eso. Quiero demostrarte cuan equivocada estás.
-Entonces… ¿no le vas a… no le va a decir a Sue?
-No, pero igualmente no puedo dejar de ponerte una sanción por eso. Tus palabras me dolieron. –Confesó agachando la mirada. Brittany fingió no darse cuenta de la actitud de la mujer.
-¿Y Rachel?.
-Supongo que la sancionaré de la misma manera. Y en clase van a tener que sentarse en lugares diferentes para evitarnos cosas como estas en un futuro.
Brittany no pudo evitar dejar escapar un suspiro de alivio y, aunque le costara admitirlo también de alegría. Eso era mucho más de lo que hubiera podido pedir nunca.
-Muchas gracias Santana.
-Y Pierce… si esto se vuelve a repetir de alguna otra forma, voy a hacer que te suspendan y que cuente en tu historial de la escuela para siempre.
Brittany asintió enérgicamente y supuso que ya era el momento de irse del lugar, así que se levantó del asiento y se dio cuenta que Santana estaba mirando el piso, perdida en sus pensamientos.
-¿Profesora?.
-¿Hm? –Contestó alzando un poco la vista y fijándola en esos preciosos ojos azules.
-Perdón por todo lo que dije.
La porrista sonrió alegremente mientras giraba sobre sus talones y se alejaba a gran velocidad por el pasillo, dejando a una Santana totalmente sumida en sus pensamientos detrás de ella.
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-Espera, creo que entendí mal. ¿Me estás contando que dijo todo eso de ti y no la suspendiste? -Ya era la medianoche del viernes cuando todavía estaba en la casa de Puck con el resto de sus ex compañeros de colegio y le estaba contando a Quinn lo sucedido en el trabajo.
-Iba a ser peor si hacía eso, así tal vez no vuelva a hacer nada- Contestó Santana mientras se encogía de hombros como si fuera la respuesta más obvia del mundo. Quinn la miró extrañada y siguió insistiendo ante la respuesta tan pobre de su amiga. La conocía desde que estaban en la secundaria en el equipo de animadoras, y sabía que a Santana nunca le temblaba el pulso para enfrentarse a alguien.
-Te juro Santana, hay veces que no te entiendo para nada.
La chica suspiró pero continuó en silencio. ¿Cómo iba a lograr que los demás la entendieran cuando ni ella misma se entendía?, ¿porqué a los demás les costaba tanto entender que lo había hecho para que Brittany se sintiera en deuda y no volviera a causarle problemas?. Claro, también estaba la posibilidad de que la suspendieran, su familia se enterara y no volviera a contrariarla más en clase. Sin embargo la diferencia entre una opción y la otra le parecía enorme. Mientras que la primera le daba la posibilidad de que la rubia cambiara de opinión de ella, la segunda lo único que iba a lograr es que la odiara todavía más. Y aunque sabía que a lo largo de su vida y de su carrera nunca le había importado lo que un alumno pensara de ella… en esta ocasión si le importaba con Brittany. Después de que la vio en el parque con esa actitud tan desenfadada supuso que ella tampoco había hecho algo como para caerle bien a la chica, y que esa era una manera de redimirse.
Cuando Quinn iba a abrir la boca para seguir reprendiéndola apareció Puck cargando una botella de cerveza en una de sus manos.
-¡Hey!, me estoy aburriendo acá adentro, salgamos a algún bar a tomar algo y bailar.
-¿A esta hora? –Inquirió una visiblemente molesta Quinn.
-Apenas son las 00:30, ¡la noche recién empieza!, y hace tiempo que no salimos todos juntos a bailar.
Quinn miró a Santana buscando algo de apoyo cuando escuchó que la morena decía.
-Por mi está bien.
Puck se alejó con un puño alzado en señal de victoria y Quinn aprovechó para fulminar con la mirada a la latina, que miraba para otro lado haciéndose la desentendida.
-Pensé que ya no estabas interesada en esas cosas –Dijo con veneno en la voz.
-Necesito distraerme un rato, y de todas maneras Puck tiene razón, ya no salimos tanto como antes y era divertido. ¿Qué tiene de malo?, vamos Q, cualquier cosa nos volvemos antes si está muy aburrido todo.
Quinn revoleó los ojos en señal de derrota y siguió al resto del grupo hasta el bar. Siempre que Santana le prometía volverse antes por cualquier motivo, nunca lo terminaba haciendo.
Tenía la sensación de que iba a ser una noche muy larga.
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Después de media hora arribaron al boliche que ya se encontraba repleto de gente, en su mayoría grupitos de jóvenes de 20 a 27 años esperando volver a su casa con anécdotas para contar durante el resto de la semana.
A Santana nunca le gustaron esa clase de lugares concurridos de gente, y el motivo era bastante simple y obvio: los hombres la miraban como si fuera carne recién sacada de la parrilla y la mayoría no la dejaban bailar ni tomar algo en paz. Hacía mucho tiempo que no iba a uno de esos, pero ese día tenía ganas de sacarse a cierta rubia de la cabeza que en los últimos días se colaba en sus pensamientos con una velocidad que la asustaba.
Quinn la agarró del brazo una vez que entraron y la condujo hacia una de las pocas mesas libres que había cerca de la barra de tragos.
-Vamos –Le dijo casi a voz en grito, la música era ensordecedora- voy a buscar algo para tomar, ¿qué prefieres?.
-Caipirinha –Respondió sin pensarlo dos veces mientras le agradecía internamente a su amiga por no arrastrarla a la pista de baile enseguida. -¿Y los demás? –Preguntó antes de que se fuera.
-Creo que ya se metieron en la pista, seguro que somos las únicas que no queremos bailar todavía.
Santana suspiró pesadamente y se apresuró a sentarse en la mesa para esperar a que Quinn llegara con los tragos.
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-¡Vamos Rachel!, no podemos estar todo la noche sentadas en la barra tomando y sin ir a bailar.
-Eh, sí, podemos. –Murmuró la morena que iba por su segundo daikiri de durazno.
Brittany bufó frustrada y miró hacia la pista. Le encantaba bailar y la música estaba llamándola para que fuera, pero no quería dejar a su amiga sola porque corría el riesgo de emborracharse y ella tenía que llevarlas devuelta. Se suponía que habían ido al lugar para festejar lo bien que habían salido las cosas esa semana y divertirse un poco. Y eso definitivamente no era lo que estaba esperando.
-Pero Rach… -volvió a insistir la rubia antes de ser bruscamente cortada por la cantante.
-Mira Britt, voy a estar bien, podés ir a bailar sola. No te preocupes por mí.
La porrista la miró mordiéndose el labio inferior mientras una sensación de culpa la invadía.
-Bueno, igual voy a estar por acá cerca, ¿ok?
-Ok –Contestó Rachel haciendo un gesto con la cabeza para que se marchara de una vez, sabiendo que la porrista se moría de ganas por bailar.
-Y Rachel, no te emborraches, no sé manejar todavía.
-Sí sí.
Brittany se alejó de su amiga y terminó bailando casi en uno de los bordes de la pista, donde comenzó a llamar la atención de mucha gente cerca que la miraba curiosa. La verdad era que aunque estaba sola, la rubia bailaba maravillosamente bien y no necesitaba de un compañero para llevar un ritmo. Mantenía los ojos cerrados y simplemente dejaba que su cuerpo se moviera al compás de la música, disfrutando de la sensación de seguridad y libertad que la canción le provocaba.
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-Mira, parece que a Puck no le gusta perder el tiempo –Santana escuchó como Quinn le comentaba mientras ponía su trago enfrente de ella y se sentaba en la otra silla.
-¿A qué te refieres?
-A la rubia con la que está bailando, ¿no los viste?.
-No, ¿cuál rubia? –Contestó alzando el cuello lo más que podía para ver el aspecto de la chica que se iría con su amigo esa noche –No la veo. ¿Dónde?
Quinn alzó el brazo en señal de respuesta y señaló cerca del borde de la pista. Después de unos segundos de mirar a donde le señalaba su amiga finalmente pudo distinguir la ardilla muerta que llevaba Puck en su cabeza como pelo. Su amigo mantenía su cuerpo pegado a la espalda de una chica rubia mientras la agarraba por la cintura e imitaba sus movimientos sensuales.
-Mierda –Dejó escapar la morena cuando sus ojos cafés se encontraron con los azules de Brittany, que la miraba fijamente mientras se frotaba descaradamente contra Puck. Estaba tan ensimismada mirándola bailar que no se había dado cuenta que Quinn le estaba hablando.
-¿Me decías? –Preguntó Santana, todavía sin despegar la vista de la pareja en la pista.
Quinn suspiró indignada.
-Te preguntaba si te parecía linda.
Santana se tardó unos segundos en contestarle.
-Es bonita. Pero las hay más lindas. -Aprovechó a tomar un trago de su bebida para ocultar el temblequeo de su voz mientras pensaba "ojalá fuera verdad". Si bien al principio había pensado eso, con cada día que pasaba encontraba a Brittany más atractiva. Incluso en ese momento, con ese short negro que dejaba al descubierto sus piernas y un escote blanco que iba más allá de lo socialmente permitido, la encontraba mucho más linda.
Sin embargo la latina sabía que se había ahorrado un par de detalles en la respuesta. Que tenía que decirle que la chica era una de sus alumnas y que era la que la había llamado pervertida, pero no lo hizo. Ya sea porque no quería que Quinn sacara a relucir ese tema o porque ella misma se sentía mal por haber empezado a pensar en una alumna de esa manera.
Pero su manera de bailar hacía que no pudiera despegarle los ojos de encima ni por un instante. Es como si la rubia se encontrara en su propio mundo, moviéndose como quería y logrando ser sensual con cada cosa que hacía.
Santana supuso, por la mueca burlona que Brittany llevaba grabada en su cara, que la chica ya sabía que la latina estaba observándola desde lejos como una idiota. Se sonrojó cuando asimiló lo que estaba haciendo y despegó su vista de aquel atlético cuerpo para hablar con Quinn y calmarse un poco.
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La rubia frunció el ceño desconcertada cuando Santana dejó de mirarla y empezó a hablar con la mujer con la que estaba sentada en la mesa. Le había llevado un buen tiempo identificar a la latina entre la inmensa multitud, pero cuando lo hizo quiso alejarse enseguida de ahí, hasta que unas manos firmes en su cintura se lo impidieron. Fue después de eso que su mirada se encontró con la de la profesora y le pareció vislumbrar algo de deseo y hambre en la misma. Aquello la impulsó a bailar de la manera más sensual que podía.
-¿Venís seguido acá? –Escuchó la voz ronca del hombre hablándole cerca de su oído izquierdo, mandándole un escalofrío por toda su columna vertebral.
-No mucho –Le respondió sin demasiado interés.
-Bueno, eso explica porque no te vi antes… -Brittany revoleó los ojos ante los pobres intentos del hombre por sacarle algo de conversación, aunque no fuera exactamente eso lo que él quería. –Si te hubiera visto seguramente me hubiera costado olvidarlo. –Agregó con la cabeza cerca de su cuello. La rubia sonrió con soberbia, disfrutando de la insistencia del hombre y de la mirada hambrienta y posesiva de Santana desde el otro lado.
El chico –que en algún momento le pareció escuchar que su nombre era Puck- seguía haciéndole preguntas tontas que la porrista contestaba con pocas palabras o con algún gesto rápido de la cabeza. Estaba mucho más interesada en volver a captar la atención de la latina nuevamente, porque le molestaba bastante saber que ya no la estaba mirando.
Tampoco entendía por qué le estaba molestando algo que no debería cuando tenía motivos de sobra para que no le importase, pero sin embargo lo hacía. Y mucho.
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Santana no podía evitar ojear de vez en cuando a Brittany, que ahora ya no sonreía tan socarronamente como lo hacía antes. Quinn se había dado cuenta que su amiga andaba algo distraída desde que le había señalado a la chica con la que bailaba Puck, pero decidió no realizar comentarios al respecto. Santana no era una de esas personas que hablaba sobre lo que le pasaba o admitía que le sucedía algo con mucha facilidad. De hecho casi nunca lo hacía, y ella había aprendido a respetar y a acostumbrarse a eso.
Mientras tanto, Brittany se había dado vuelta y bailaba frente a frente con Puck que le comía la boca con la mirada. Sus cuerpos estaban peligrosamente cerca y la latina sintió una punzada de celos en la boca del estomago, e inmediatamente se sintió la peor basura del mundo por tener ese sentimiento de enojo y odio contra uno de sus mejores amigos de toda la vida. Puck no tenía la culpa de nada y ella lo sabía, pero no podía evitar sentir que él estaba tocando algo que no le correspondía y que por lo tanto no le pertenecía.
Porque algo dentro suyo le decía que le pertenecía a ella. Y la mirada de la bailarina se lo había dejado confirmado.
Después de unos minutos, cuando se terminó una de las canciones de moda que estaba sonando, la chica se alejó bruscamente de Puck después de que éste la había intentado atraer más para sí para besarla. El hombre se quedó en medio de la pista con el enojo y el desconcierto grabado en el rostro mientras Brittany luchaba contra la multitud para volver con Rachel.
-Voy a buscar más alcohol –Susurró la latina de golpe levantándose lo más rápido que podía y dejando a Quinn hablando sola.
No sabía que tenía esa chica que la hacía actuar de manera tan irracional e instintiva, pero cuando la vio irse se apresuró a seguirla para no perderla entre el tumulto de gente.
Las personas estaban tan pegadas entre sí que no dudó en repartir codazos y pisotones para que le abrieran paso a la fuerza mientras éstas la miraban con ojos asesinos. Lo único que ella veía era una cabellera rubia que se libraba de la multitud y se dirigía directo hacia la barra del boliche.
Brittany intentó buscar a Rachel por todas las sillas pero no la vio por ningún lado, así que se sentó y se pidió una botella de agua para pasar el rato. Se dijo que seguramente su amiga andaría en la pista bailando con alguien o en el baño. Más tarde seguramente la encontraría.
A unos metros de distancia Santana dudaba si acercarse o no. Si lo hacía lo más probable era que la joven pensara que la estaba acosando, y no estaba haciendo eso… ¿o si?. Se mordió el labio inferior y una vez más en lo que iba de esa noche, dejó que su instinto tomara la decisión por ella.
-¿Conductora designada? –Escuchó entonces que una voz ronca le hablaba desde su derecha. La pregunta tomó a Brittany por sorpresa e hizo que saltara de su silla mientras miraba con asombro a la latina que tomaba asiento a su lado, pero manteniendo siempre cierta distancia entre ellas.
La morena se insultó a sí misma internamente por la estúpida pregunta que había hecho. Los nervios no la dejaban pensar correctamente.
-Hm, no, no manejo todavía. –Se tomó unos segundos para contestarle. Era inútil fingir hacerse la sorprendida de verla en el lugar cuando se habían estado mirando durante 15 minutos más o menos.
-¿Entonces porque estás tomando agua? –Comentó con una mueca de disgusto. Como si tomar solo agua en un boliche fuera lo más patético y aburrido del mundo.
"Porque tenía ganas". Hizo una pequeña pausa sin esperar ninguna respuesta. "Y porque no traje plata como para algo más" –Terminó en un murmullo avergonzado que Santana tuvo que esforzarse por escuchar.
-Oh, bueno, dejame invitarte uno entonces –Un rubor se extendió por sus mejillas al darse cuenta de lo que había dicho.
Brittany la miró de reojo mientras esbozaba una media sonrisa burlesca en su cara. No era tonta, había notado los nervios de la latina y quería jugar con eso todo lo que le fuera posible. Era una especie de venganza por los malos ratos que le hacía pasar en el colegio.
-Estoy bien con el agua, gracias.
-Insisto. El agua es aburrida –Intentó por última vez.
-Y yo te dije que no quiero.
-Si vos decís… -Contestó molesta, pidiéndole un "sex on the beach" al barman que le sonreía desvergonzadamente. Brittany arrugó el ceño ante el coqueteo descarado de aquel hombre.
Continuaron en silencio un par de minutos hasta que la morena recibió su trago y volvió a hablar.
-¿Viniste sola?.
-No, vine con Rachel.
-¿Y dónde está?, porque no la vi.
-No sé, la última vez que la vi estaba acá en la barra tomando algo. Debe estar bailando por ahí… supongo.
-¿Ya tienen 18 las dos? –Preguntó sorprendida y alzando sus cejas.
-Yo no, pero Rachel sí. –Dijo mientras le mostraba la identificación falsa que llevaba en su bolsillo izquierdo. Santana se mordió el labio inferior al darse cuenta de que Brittany todavía era menor.
-Hubiera jurado que era al revés
-Los cumplo dentro de dos meses –La bailarina se encogió de hombros.
-Ah, no falta mucho –Murmuró entonces con algo de ¿alivio?. No sabía que nombre ponerle a esa sensación en su estomago.
-¿Y la rubia con la que estabas sentada antes?, ¿no deberías volver con ella? –Susurró con un dejo de celos en la voz que pasó desapercibido por la mujer.
-¿Con quién?, ¿con Quinn? –La latina tardó un rato en entender lo que Brittany estaba queriendo decir y cuando lo hizo se rió de lo que insinuaba la chica. –Nah, Quinn es mi amiga, no creo que me extrañe.
-¿Viniste con ella?
-Con ella y con un par más de amigos. Uno de ellos es con el que estabas bailando en la pista. –Puntualizó para ver la reacción de la joven y sin esconder el hecho de que la había reconocido.
-Ah –Contestó con algo de decepción, dándose cuenta de que Santana no la había estaba mirando a ella todo ese tiempo, sino lo que estaba haciendo su amigo. Había malinterpretado todo y se sentía como una mierda. Se sorprendió a si misma pensando de esa forma y en su interior comenzó una lucha contradictoria. Porque eso era lo que la latina le provocaba ese día… sentimientos contradictorios. Odio y atracción al mismo tiempo. Pero ahora mismo… No, no lo entendía, y seguía sin entenderlo; ¿por qué se sentía así?, ¿porqué de golpe quería irse del lugar para alejarse lo más posible de esa mujer?, ¿porqué siquiera se estaba haciendo la cabeza por alguien a quien detestaba la mayor parte del tiempo?, ¿por qué la hacía sentir mal saber que la morena no la deseaba y que probablemente nunca lo hizo?.
¿Por qué siquiera estaba pensando en Santana López?.
Brittany se levantó del asiento ante la mirada sorprendida de la morena.
-¿A dónde vas? –Preguntó apoyando una mano en su hombro tímidamente y mandando un escalofrío por toda su columna vertebral.
-¿Y qué te importa? –Dijo quitándose la mano de su hombro de una manera muy brusca, en un intento lastimero de herir a Santana con su actitud. Lo único que quería era eso, herirla de la peor manera posible aunque no supiera muy bien porque. Y ese era uno de los tantos defectos de tener una personalidad sanguínea, que la hacía actuar la mayor parte del tiempo impulsivamente con la clara intención de lastimar a los demás cuando se enojaba. Rachel siempre le había criticado aquello.
-Tenés razón –Contestó con veneno en la voz la latina, cansada de la actitud de Brittany –No puede importarme menos lo que haga una nena inmadura como vos.
La rubia ignoró el agradable escozor que le había dejado el toque de Santana en su piel desnuda mientras la miraba con furia contenida. Quiso contestarle cuando su teléfono comenzó a vibrar con fuerza en su bolsillo.
De mala gana vio que era Rachel que la estaba llamando y decidió contestarle solo para evitar a la latina.
-Rachel, ¿dónde te metiste?.
Santana observaba detenidamente desde su asiento la conversación que mantenía la chica con su amiga. Todavía mantenía la expresión enojada en su rostro, y la misma se fue acentuando mientras la charla avanzaba.
La latina se arrepintió de decir lo que dijo en el mismo instante en que terminó de decirlo. Quiso disculparse enseguida pero no pudo debido a que la interrumpió la llamada telefónica. Ella no acostumbraba ser así, pero al parecer Brittany lograba sacar una parte de ella que siempre pensó que nunca había tenido.
Unos gritos provenientes de la rubia la sacaron de sus pensamientos y se dio cuenta que la porrista estaba utilizando todos los insultos que existían en el diccionario para gritárselos a Rachel. El sentimiento de arrepentimiento fue reemplazado por uno de curiosidad y asombro. Quería saber que era lo que había pasado como para que Brittany se pusiera de aquella forma. Ese vocabulario no cuajaba con el aspecto exterior de la chica; aparentemente dulce e inocente. Al parecer Brittany S. Pierce era una caja repleta de sorpresas. Sin embargo se preguntaba si serían más las desagradables que las buenas.
-¿Qué pasó? –Preguntó inmediatamente después de que la rubia apagara el teléfono y se agarrara la cabeza con una mano. Tuvo miedo de que siguiera descargando su frustración en ella con nuevos e ingeniosos insultos, pero por suerte no lo hizo.
-Rachel se fue hace media hora.
"Quizás si haya algunas buenas dentro de todo", pensó para sus adentros.
-¿Y qué tiene?
-Y, tiene que se llevó el auto y voy a tener que volver caminando, porque los colectivos a esta hora pasan cada muerte de obispo y no tengo plata para un taxi. La voy a matar cuando la vea. Juro que la voy a matar.
Santana miró a la muchacha y dudó un poco en proponer lo siguiente.
-Bueno, si quieres… puedo alcanzarte, vine con mi auto hoy.
-No quiero molestarte.
-No me molestas. –Se miraron intensamente por unos segundos hasta que Brittany asintió tímidamente con la cabeza.
-¿Quieres quedarte?, yo pensaba irme ahora, pero puedo esperar si quieres seguir bailando. –Santana se dio cuenta de que se había olvidado totalmente de Quinn hasta ese momento, pero su amiga iba a volverse con Puck de todas maneras así que no se molestó en avisarle que no iba a volver con ella.
-No, ya terminé de bailar –Sabía que era mentira, pero encima que Santana le iba a hacer el "favor" de llevarla, no quería que se quedara en el lugar contra su voluntad.
-Bueno, entonces supongo que vamos.
Salieron del boliche y caminaron por la calle en silencio, a excepción del ruido que hacían sus pisadas al chocar contra el áspero pavimento.
-Lo dejé a dos cuadras –Comentó intentando romper la tensión creciendo en el aire. Sin recibir respuesta llegaron a donde se encontraba estacionada una Chevrolet Meriva de color negro en la esquina de una de las calle.
-Wow, linda camioneta–Comentó en voz alta sin poder ocultar su asombro. Santana se sintió orgullosa.
-Gracias, aunque no es gran cosa.
-A mí me gusta –Contestó encogiéndose de hombros.
Santana abrió el auto del lado del copiloto y sostuvo la puerta abierta para que Brittany pasara y se sentara. Cuando se dio cuenta de lo que había hecho agradeció que la chica no pudiera ver el color rojo tomate que tenía ahora en sus mejillas.
"¿Qué mierda estás haciendo Santana López?, deja de comportarte como una imbécil". Se reprochaba mientras cerraba el coche y empezaba a manejar.
-Eh, Santana… -Empezó lentamente Brittanty.
-¿Qué pasa? –Le respondió sin despegar los ojos de la calle, desierta a esas horas.
-No te dije donde quedaba mi casa.
-Ah, lo siento, me olvidé.
Brittany le pasó su dirección y Santana no dijo nada. La rubia no sabía si quedaba muy lejos de la casa de la latina o no, pero porque no se animaba a preguntarle donde vivía.
-Santana… -Dijo después de un rato- ¿Puedo prender la radio?
-Sí, claro –Susurró mirándola de reojo.
En realidad era una excusa para que el estar a solas y sin hablar no se volviera más incomodo de lo que ya estaba siendo, así que se apresuró a poner una radio donde estuvieran pasando música y no estuvieran hablando sobre pavadas.
-¡Me encanta esta canción! –Chilló emocionada la chica cuando Hit the lights de Selena Gomez comenzó a sonar en el auto a todo volumen.
Santana revoleó los ojos indignada. Odiaba toda esa música juvenil proveniente de Disney.
-¿Selena Gomez?, ¿en serio te gusta esta… música, si es que merece llamarse así?
-Sí, ¿qué tiene de malo?.
Iba a contestarle cuando vio que la ojiazul comenzaba a bailar en el asiento totalmente compenetrada con la canción. Santana lo dejó estar por el momento, disfrutando de la visión de Brittany moviéndose de esa manera cerca de ella.
Continuaron sin hablar durante el resto del viaje hasta que Santana estacionó enfrente de la casa de la rubia. Era una casa bastante bonita pero sencilla y algo chica para lo que Santana estaba acostumbrada, pintada toda de blanco a excepción de la puerta principal y de las ventanas, que eran de color beige desgastado por el paso del tiempo.
-Bueno, creo que es acá.
-¡Sí!, muchas gracias –Dijo mientras se desataba el cinturón de seguridad y abría la puerta del copiloto.
-Brittany… –Llamó débilmente Santana, ocasionando que la chica se detuviera a punto de bajar del asiento y se volteara a verla.
-¿Sí?
-…
-Buenas noches Brittany.
-Buenas noches Santana –Contestó la rubia con una media sonrisa que hizo sonreír a la morena. Se bajó del coche y empezó a caminar hasta su casa.
Santana la observó atentamente con la cabeza apoyada contra la ventanilla, mientras Brittany sacaba las llaves y abría la puerta. Se detuvo unos segundos en el marco y se volvió para saludar con un gesto de la mano a la latina. La morena correspondió el gesto mientras una sonrisa enorme se extendía por su rostro de oreja a oreja.
Sin duda Brittany era una caja de sorpresas.
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Sorry por cualquier error, no lo revisé porque quería postearlo rápido lol.
Vieron como estaba vestida Santana en La isla bonita?, todavía no lo supero. Casi llamo a una ambulancia. Y si después del Martes no vuelvo a actualizar más, ya saben… es porque Brittana terminó de matarme.
Capítulo largo, so, comenten que les pareció!
