Capitulo 18
Candy volvía a su casa después de su paseo matutino con Bobby y Rafe. El día anterior había ido a visitar a Sugar al establo. Hacía tres meses que había vuelto a ser suya y no quería pasar mucho tiempo separada de ella. Debía hacer todo lo posible para recuperar el rancho, pues había notado que el establo donde se encontraba su yegua no era adecuado. Sugar estaba acostumbrada a los espacios abiertos, no a estar encerrada en un pesebre todo el día.
La publicación de su primer libro le había dado la oportunidad de reunir la cantidad de dinero necesaria para comprar Mountain Mirage. Candy aún no salía del asombro que le había provocado el éxito que su libro estaba teniendo. Hacía pocos días, había recibido una invitación para la presentación de su libro en Paris. Recordaba haber estado en Paris de niña. Su madre y ella habían hecho ese viaje solas, pues su padre siempre estaba demasiado ocupado para acompañarlas. Tenía muchas ganas de volver a esa ciudad, pero esta vez en compañía de su marido, aunque no estaba muy segura de si él querría acompañarla. Sabía que en su trabajo no pondrían reparos en darle vacaciones, y en verdad las necesitaba. Candy esperaba que Terry no se negara a viajar con ella.
- ¡Deja de arrastrarme!- Le gritó al perro, quien tironeaba de la correa para llegar antes a la casa. En el otro brazo cargaba a Bobby, quien reía al ver la situación – Si continuas de esta forma, no me quedará más remedio que enviarte a la perrera, y ya sabes lo que le hacen a los animales allí – Las amenazas no servían para nada, y Candy nunca enviaría a Rafe a la perrera, no solo porque Terry nunca se lo perdonaría, sino también porque ya comenzaba a caerle mejor, y estaba segura que ella también le caía bien a Rafe, solo se trataba de un juego entre ellos – Cuando nos mudemos a Texas, dormirás en el establo con las vacas. La cama será solamente para Terry y para mí, y tendrás suerte si te doy una manta para el frío – Continuaba diciéndole, aunque sabía que eso era también mentira. Terry insistiría en dejarlo dormir en la habitación.
Entraron al edificio y Candy subió a su apartamento. Le llamó la atención ver a una mujer rubia para frente a su puerta. Se acercó a ella para ver de quien se trataba.
- Disculpe – La mujer volteó a verla. Tenía los ojos tan azules como los de su marido y su hijo - ¿Puedo ayudarla?
- Estoy buscando a Terry – La miró de arriba abajo. Genial, pensó Candy, otra más que reclama a su marido.
- En estos momentos no se encuentra.
- ¿Cómo puedes saberlo?
- Soy su esposa – Era mejor dejar las cosas en claro – Y se que en estos momentos se encuentra trabajando – Le dijo, casi con altanería. No permitiría que nadie intentase robarle a su marido.
- Oh, lo siento – La mujer parecía apenada – No sabía que Terry se había casado – Miró al bebé que Candy sostenía en brazos – Es...
- Si – Contestó ella, confundida – Bobby es nuestro hijo.
- Ya veo...
- ¿Quién es usted?
ooo
- ¡Hey, Grandchester! ¿Por qué no vienes a tomar una cerveza con nosotros?
Los empleados de la fábrica se preparaban para salir al término de su horario de trabajo. Muchos iban al bar de la esquina a tomar unas cervezas y emborracharse.
- Gracias – Dijo Terry – Pero no – Esa era la respuesta que siempre tenía para sus compañeros. A él no le motivaba la idea de salir a beber, cuando podía regresar a su casa con su mujer y su hijo ¿Quien iba a decir que se convertiría en un hombre de familia? Todo se lo debía a Candy, ella había cambiado su vida por completo. Ella era quien le había regalado un hogar, al cual él estaba deseoso por llegar después del trabajo.
- ¿Estás seguro que no quieres venir? – Insistió su compañero.
- Si... mi mujer me está esperando.
- Vaya... Ya sabemos quien lleva los pantalones puestos en tu casa – Se burló otro compañero.
- Haré como si no hubiera oído nada – Terry salió pacíficamente de la fábrica y caminó a su casa. Eso también debía agradecérselo a Candy. En otras circunstancias, Terry hubiera peleado si alguien le decía algo como aquello. Pero ya no sentía la necesidad de hacerlo.
Todo parecía ir bien en su vida, por eso se llevó una gran sorpresa al abrir la puerta de su apartamento.
- Mamá – Dijo, completamente atónito. Eleanor estaba sentada en el sofá de su casa, bebiendo una taza de café con su esposa - ¿Qué haces aquí?
- Hijo – Su madre dejó la taza de café en la mesita y se levantó del sofá – He venido porque hay algo que debes saber.
- ¿En serio? – Preguntó burlonamente.
- Es sobre tu padre – Terry se puso tieso, si había alguien de quien no quería saber nada, ese era su padre – Esta muy enfermo... los médicos no creen que le quede mucho tiempo.
- No me interesa.
- Terry – Intervino Candy – Creo que deberías escucharlo.
- Opino diferente.
- Es tu padre – Insistió Eleanor – Merece que vayas a verlo antes que muera.
- Pues a ustedes no les ha importado mucho si yo estaba vivo o muerto en todos estos años – Estaba enfadado, no podía perdonar a sus padres.
- No tengo excusas por haberte descuidado tanto de pequeño – Bajó la cabeza, avergonzada. Sacó de su bolso un trozo de papel y lo dejó sobre la mesita – Ésta es la dirección del hospital donde está internado tu padre.
- ¿Por qué te interesas tanto en él? – Le preguntó Terry – Te ha sido infiel toda la vida, no se merece tu compasión.
- Porque lo amo – Fue lo único que dijo, antes de retirarse del apartamento.
Terry se dejo caer sobre el sofá. La visita de su madre había arruinado su día. Tal vez si lo hubiera buscado años atrás la hubiera escuchado, pero ya era demasiado tarde.
- ¿Iras a verlo? – Preguntó Candy con precaución, no quería enojarlo aún más.
- ¿Por qué debería hacerlo?
- Porque tal vez, de esa forma lograras cerrar esa etapa de tu vida. No tienes que perdonarlo, pero te haría bien verlo por última vez.
- No entiendo porque tiene que aparecer en estos momentos – Terry no sabía qué hacer. Por un lado, Candy tenía razón, pero no sabía cómo enfrentarse a su padre. Se sentía como un niño pequeño. Ella se sentó a su lado y lo abrazó.
- Decidas lo que decidas, yo estaré a tu lado.
- Lo sé – Le sonrió. Sabía que podía contar con ella para lo que fuera – Tienes razón... creo que iré a verlo.
- ¿Quieres que vaya contigo?
- Sabes que no podría hacerlo solo.
- Se que tal vez no es el momento indicado para decirte esto pero... la semana que viene tengo que viajar a Paris, para la presentación de mi libro.
- ¿Te irás en una semana? – No quería admitirlo, pero le asustaba quedarse nuevamente solo después de haber compartido tanto tiempo con Candy.
- Quiero que vengas conmigo, Terry. Tú, yo y Bobby. Sería como unas vacaciones, y ambos las necesitamos.
- Yo... – Terry no sabía que decir, nunca había tenido unas vacaciones.
- Solo piénsalo – Le dijo ella – Nos vendría bien pasar un tiempo fuera de la ciudad.
- ¿Y Rafe?
- Puede quedarse con Tom.
- No creo que le agrade la idea. Tal vez podría venir con nosotros...
- Te aseguro que será feliz al lado de Tom y George. Son solo unos cuantos días.
- De acuerdo – Decidió Terry – Iré contigo.
Candy lo abrazó con más fuerza. Esas serían las primeras vacaciones que pasarían juntos, y estaba segura que sería una experiencia maravillosa.
ooo
Al día siguiente, Terry fue a visitar a su padre al hospital. Candy y Bobby lo acompañaban. No iba con intenciones de perdonarlo, pero al menos quería cerrar esa etapa de su vida. En la sala de espera, se encontraron con Eleanor, quien corrió a abrazar a su hijo, pero él la rechazó. Aún no se sentía capaz de perdonarla.
- Me alegra que hayas venido, hijo.
- Solo tardaré unos minutos... – Eleanor lo condujo a la habitación donde su padre se encontraba. En el fondo, había sabido que Terry iría a visitar a su padre. Abrió la puerta, y allí se encontraba Richard. No se parecía en nada al hombre que había sido. Era evidente que la enfermedad que tenía, fuera lo que fuera, lo estaba matando – Sera mejor que los dejemos solos – Le dijo a Candy, quien iba detrás de ella. Eleanor cerró la puerta para que padre e hijo pudieran hablar.
- Acércate – Le dijo Richard a Terry. Se le dificultaba hablar – Veo que has crecido mucho.
- Generalmente los padres están allí para ver crecer a los hijos – Terry habló con dureza – A ti te importo una mierda lo que a mí me sucedía.
- Lo sé... por eso te he pedido que vinieras. Quiero... quiero pedirte perdón por todo lo que te he hecho cuando eras niño. Sé que has sufrido mucho...
- Pero pude seguir adelante – Richard sonrió.
- Si... tu madre me ha contado que te has casado... y que tienes un hijo... supongo que soy abuelo – Hiso un intento de risa – Después de todo... no te ha ido tan mal.
- No todo ha sido bueno – Terry seguía con su fría mirada – He estado cinco años en Vietnam, y llegué a ser Sargento de pelotón.
- No lo sabía.
- Porque nunca has intentado localizarme.
- Tienes razón en todo lo que me dices... y sé que no tengo excusas validad para lo que he hecho... He sido un mal padre y me arrepiento, pero quería verte antes de morir – Terry sintió como su corazón se ablandaba al ver a su padre en ese estado.
- ¿Qué es lo que tienes? – Se atrevió a preguntar.
- Una insuficiencia renal.
- ¿No puedes operarte y ya?
- La única solución es un trasplante de riñón.
- Pues... tienes dos hijos, estoy seguro que uno de ellos podrá donarte un riñón – Richard negó con la cabeza.
- Bárbara y Chris no son compatibles conmigo.
- Mala suerte.
- Si...
Terry comenzó a pensar si él sería compatible con su padre. En caso de ser positivo, podría donarle uno de sus riñones a Richard. Sabía que no se merecía su compasión, ni mucho menos que hiciera algo por él. Pero en sus manos podría estar la vida de una persona, y esa persona resultaba ser su padre, la persona que le había dado la vida a él. No había sido un buen padre, ni mucho menos, pero por un momento, se permitió pensar en que las cosas cambiarían si era él quien le daba una segunda oportunidad a Richard de vivir. Necesitaba consultarlo con su esposa, ella era la única que podía comprenderlo.
- Creo que... iré con Candy – Dijo Terry, retrocediendo. Pero su padre lo detuvo con la mano.
- ¿Candy es tu esposa?
- Si – Contestó, confundido. Era la conversación más larga que había tenido con su padre.
- Debe ser una buena mujer.
- Lo es.
- ¿Y es linda?
- Es la mujer más hermosa del mundo – Dijo con sinceridad. Sus ojos siempre brillaban cuando hablaba de Candy, lo había notado hacía un par de semanas.
- Se que sabrás ser un buen marido, y un buen padre.
- Por supuesto que sí – Le dijo con convicción – Nunca cometeré los mismos errores que ustedes. Me aseguraré que a Bobby nunca le falte el cariño ni el apoyo de sus padres.
- Por supuesto... ¿Dónde la conociste?
- Trabajábamos juntos.
- ¿Y la amas?
Esa pregunta lo tomó desprevenido. Era feliz con Candy y su hijo, eso era seguro. Pero nunca se había puesto a pensar que era lo que verdaderamente sentía por su mujer. Vio su rostro en su mente, su bella sonrisa con la cual borraba todo el dolor que existía en su corazón, la forma en que trataba a Bobby, como una verdadera madre. Y también recordó en aquellos momentos en los que la había visto jugando con Rafe y dándole de comer a escondidas, a pesar de la forma en que él la trataba. Candy era una mujer especia, sin dudas. Incluso había hecho grandes progresos en la vida de él. Sus pesadillas eran menos frecuentes, y siempre lograba sacarle una sonrisa, a pesar de que el día fuera gris. La necesitaba, ya no se imaginaba la vida sin ella. Candy era lo más importante que le había pasado en la vida, y ahora estaba seguro de eso.
- La amo.
Continuará...
Antes que nada, perdón por el capitulo tan cortito. Es que no tuve mucho tiempo para escribir, pero no quería dejar de publicarlo... prometo ponerle más ganas al próximo.
Muchas gracias a todas las que leen este fic y dejan sus reviews.
besossssssssssssssss
