Brittany se dejó caer pesadamente en su cama mientras escondía su cara en la almohada. Estaba demasiado agotada y tenía las piernas tan adoloridas de haber estado parada durante horas que no tenía la fuerza necesaria para levantarse y cambiarse de ropa antes de dormir.

Cerró los ojos intentando obviar el zumbido molesto que sentía en los oídos por la música a todo volumen cuando el teléfono comenzó a sonar estridentemente. Lo ignoró durante unos minutos hasta que paró y al rato volvió a sonar con más fuerza. Con un gruñido fastidioso lo sacó del bolsillo y comprobó que tenía dos llamadas perdidas de Rachel. Cuando el celular volvió a sonar una tercera vez lo apagó y le dio la espalda, quedándose dormida casi al instante.

2 semanas después.

-… Y entonces me dijo que le gustaban los hombres, ¿podés creer? –Quinn terminó de contar mientras miraba con el ceño fruncido a Santana, que no había escuchado una sola palabra de lo que acababa de decir y tenía la mirada desenfocada y perdida. -¿Santana?, ¿escuchaste algo de lo que dije antes?

La rubia agitó una mano delante de la morena para captar su atención. Estaba cansada de que la ignorara cuando le estaba contando cosas "importantes".

-Estoy cansada de que nunca me escuches… -Le soltó de golpe, con un tono de voz irritado.

-Lo siento, dormí poco anoche. Decías algo sobre ese tal Sebastian, ¿no?. Pensé que te gustaba Noah.

-Duermo ocasionalmente con él, que es diferente. Lo mismo que hacían ustedes en la secundaria.

-Uff, no me lo recuerdes –Acotó Santana mientras revolvía con desgano lo que quedaba en el fondo de su taza de café ya fría a esas alturas.

-Pero lo hiciste.

-Ya. Pero nunca me gustó.

Antes de que Quinn agregara algo más la puerta de la cafetería se abrió y Rachel entró seguida de Brittany. Hablaban tan animadamente que pasaron por al lado de Santana sin percatarse de su presencia y se sentaron a unas cuantas mesas lejos de ella mientras esperaban a que alguien le tomara los pedidos.

La cara de Quinn se transformó cuando las vio pasar y se inclinó para que Santana pudiera escucharla susurrar.

-Hey, ¿esa no era la chica que estaba en el boliche la última vez que fuimos?. La rubia alta con el traje de porrista. –Detalló para que la morena pudiera ubicarla de entre toda la concurrencia en el local.

Santana sintió como su cara se calentaba cuando su compañera intentó señalar disimuladamente con su mano hacia donde estaban sentadas las dos adolescentes. Quinn detectó la alarma en los ojos de Santana y volvió a reclinarse en su silla. La latina ya había visto entrar a sus alumnas e inmediatamente se puso a inspeccionar su celular para hacer como si no las había visto.

La morena fingió durante unos segundos que miraba de reojo a Brittany –que estaba de espaldas a ellas- y decidió mentir una vez más.

-No me acuerdo. –Comentó intentando restarle importancia al asunto.

-Bueno, puede ser… ¿Y la otra chica?

-¿Cuál? –preguntó haciéndose la distraída.

-La otra, la morena más baja. La que no deja de mirar hacia nuestra mesa.

-Quizás porque tu no dejas de mirar la suya…

-Porque no me gusta que me miren mucho tiempo –Contestó con fastidio pero sin embargo no volvió a mirar hacia la mesa y Santana lo agradeció.

Desde que había dejado a Brittany en su casa no habían vuelto a hablarse en el colegio, aunque se cruzaban de vez en cuando por los pasillos y coincidían siempre en las clases, pero la rubia nunca hablaba en las mismas y apenas la miraba, ya que cuando lo hacía desviaba la mirada inmediatamente. Cada vez que sus miradas se cruzaban la cara de Santana empezaba a sonrojarse de manera furiosa, a pesar de que afortunadamente pasaba desapercibido gracias a la tonalidad oscura de su piel. Y Brittany ignoraba ese vuelco que sentía en el estomago y que desaparecía cuando aquellos ojos marrones volvían a enfocarse en otro lado.

-Que raro, hubiera jurado que era la misma –Murmuró mientras miraba hacia la mesa, sacando a Santana de su trance.

-Sí, bueno, el mundo es muy grande. ¿De qué estábamos hablando? –Preguntó para cambiar de tema y fingiendo algo de interés.

-De cuando tenías sexo con Puck en la escuela –Le recordó Quinn con el ya conocido brillo de malicia en los ojos. Santana hizo una mueca de asco con la cara. No le gustaba que le recordaran aquellas épocas.

-Y después se preguntan porque una chica como yo es… -Santana se mordió la lengua mientras agachaba la mirada avergonzada. Pensar esa palabra era una cosa, pero decirla en voz alta era otra totalmente distinta. Y todavía no podía hacerlo. Sentía que si la decía las personas que la escucharan la iban a mirar raro y alejarse de ella como si fuera alguien con una enfermedad contagiosa y desagradable. –Es bisexual –Optó finalmente por decir, sin poder ocultar el temblor en su voz. Tenía asumida su sexualidad, y sin embargo ponerla en palabras había sido siempre lo más difícil.

-Santana –Escuchó que Quinn la llamaba mientras que a la vez le agarraba la mano izquierda que descansaba encima de la mesa y le daba un apretón cariñoso. Ella sabía más que nadie cuanto tiempo le tomó a la latina aceptarse a sí misma. Y que todavía tenía algunos asuntos serios con eso. –Ya que estamos… ¿cómo está tu vida amorosa?, ¿estás viendo a alguien?.

La morena lanzó su típica risita sarcástica mientras se erguía en la silla, recuperando su estado de ánimo normal.

-Mi vida amorosa está tan entretenida como chupar un clavo. ¿Eso contesta tu pregunta?.

-¿Pero no te gusta nadie… nadie? –Quinn sabía perfectamente que la morena nunca hablaba de sentimientos y evitaba a toda costa hablar sobre ellos ya que no le gustaba, pero le parecía raro que tampoco estuviera interesada en elegir a alguien para que le cantara la cama de vez en cuando alguna noche. Después de todo Santana era hermosa, joven y podía tener a quien quisiera y cuando quisiera.

-No. –Mintió la latina a secas, intentando con todas sus fuerzas no mirar hacia la mesa más cercana y fallando estrepitosamente en el intento.

Y por esa vez Quinn prefirió creerse lo que Santana le decía.

Después de unos minutos de estar charlando sobre las Regionales que estaban por venir, Rachel se dio cuenta que en una mesa cerca de ellas estaba sentada Santana con una chica rubia que aparentaba tener la misma edad que su profesora. Había estado durante otros cinco minutos intentando convencer a la rubia de que fueran a saludar, pero Brittany se negó rotundamente alegando que no quería molestar a Santana y que además no tenía ganas ya que era suficiente con verla todos los días en el colegio. Rachel prefirió por esa ocasión hacer lo que la bailarina le pedía, ya que después del plantón que le había hecho dos semanas atrás la relación estaba un poco tirante de vez en cuando y no quería tirar más de lo necesario de la cuerda.

Sin embargo no podía evitar cada tanto lanzar miradas en dirección a esa mesa, ya que la joven rubia de ojos color almendra era muy atractiva. Y como a Rachel le gustaba decir siempre que Brittany se burlaba de ella: "no ser gay no quiere decir que no sepa apreciar la belleza".

Y esa chica era muy linda.

-Deja de mirarla, va a pensar que la estás acosando –Le espetó Brittany mientras la miraba divertida. Esa frase hirió el orgullo de Rachel, que optó por contestar con algo diferente.

-Miro porque me parece que nuestra profesora juega para el otro equipo –Esta vez era el turno de Rachel de mirar con burla a su amiga, que tenía los ojos bien abiertos de la sorpresa y parecía que sus cejas iban a formar una línea sola en cualquier momento.

-¿Qué estás diciendo?. ¿Estás loca? –No le cabía en la cabeza la posibilidad de que una mujer como Santana pudiera ser gay. Los tipos se le debían de proponer a montones y ella podía elegir a cualquiera. No había chance.

-Mira –Le dijo mientras hacía un gesto disimulado con la cabeza. Brittany hizo lo que su amiga le indicaba y vio como las manos de la rubia y la de Santana estaban fuertemente entrelazadas. La porrista desvió la mirada mientras una sensación de malestar la empezaba a embargar y de repente tuvo ganas de abandonar el lugar.

-Eso no prueba nada.

-Oh, yo creo que prueba bastante –Siguió Rachel dándose cuenta de cómo la sugerencia había molestado a su amiga. –Las estoy viendo hace rato y parecen muy unidas.

-¿Entonces por qué no vas directamente y le preguntás si tanto te interesa? –Contestó una irritada Brittany de mala manera. –Deja de ser tan metida con todo el mundo, es su vida y es su problema. Que haga lo que quiera.

Y sin más se levantó de la mesa para ir hacia el baño y dejando a una Rachel con la sorpresa grabada en el rostro y sin poder decir más nada. Estaba acostumbrada a los arranques de su amiga, pero que fueran tan repentinos y sin ninguna razón aparente la desconcertaban. Arrugó el ceño en actitud pensativa y aprovechó para lanzarle una mirada interesada a Santana, que en ese momento se encontraba mirando en su dirección. Rachel levantó su mano derecha y la saludó tímidamente, pero Santana le correspondió el saludo con una sonrisa que a la cantante le pareció algo forzada.

Decidió que iba a estar más atenta a lo que pasara entre Brittany y Santana de ahora en más.

Sep, me tardé mucho en actualizar ya sé y perdón, soy horrible y vaga. Pero no pienso dejar el fic, es sólo que no tenía inspiración y no me gusta escribir si no tengo ganas. Capítulo relleno, by the way.

Comenten, me encanta que lo hagan ;P

PD: Todavía pensando si el Faberry va a quedarse solamente en lo platónico.