17. El de los hermanos Weasley
-Es la hora –dijo Charlie mirando su reloj. Bill asintió.
-Tráiganlo.
Ron y George salieron de la casa. Era ya muy noche. Caminaron unos 20 metros en silencio y se miraron antes de desaparecerse. Se reencontraron en el callejón de las tres D (así llamaban al que estaba a dos cuadras del edificio de los departamentos y que usaban para aparecerse) y caminaron en silencio. Entraron al edificio, donde el portero saludó a Ron, y usaron el elevador. Cuando se abrieron las puertas Ron y George se miraron de nuevo (en realidad se sentían en una misión 007, pero no lo admitían) y llegaron al 589. Ron sacó las llaves y se metieron sigilosamente.
-Saca la varita, no le gusta que lo despierten –le advirtió a George. Éste miró a Ron asustado.
-Ron… ¿y si se nos adelantó? ¿No deberíamos tocar primero? –preguntó. Ron dudó un poco y acercó la oreja a la puerta. George lo miró con cara de asco. -¿Qué? ¡Está dormido! No se escucha nada.
-Sabes perfectamente que pudo haber usado un Muffliato… -Ron rodó los ojos y abrió la puerta con decisión. Harry se hallaba dormido y abrazando una almohada. Su cabello estaba más despeinado de lo usual y sus gafas en un buró junto a la cama.
-Te lo dije –le susurró Ron.
-Sí, pero que asco si sí estuviera pasando.
-¡Vamos, George! Harry nos respeta, no tendría sexo con nuestra hermana pequeña sin que lo concienticemos.
-¿Acaso eres hombre? ¡La opinión del hermano no importa si estás seguro de que no se enterará!
-Ya, ya. Terminemos con esto de una vez y por todas.
Adoptaron de nuevo el tono misterioso. Se miraron y asintieron. George lo sujetó por los hombros y Ron por las piernas. Salieron sigilosamente del departamento. Una vez en el elevador, George miró sus reflejos en las puertas del elevador. Pero antes de decir algo, se abrieron las puertas y el portero los miró con los ojos muy abiertos.
-Esto no lo teníamos contemplado –le dijo George a Ron. Sonrieron amablemente al señor. Al ver que levantaba el auricular del teléfono todavía mirándolos asustado, George rodó los ojos. –Encárgate, Ron. -Éste levantó la varita y le borró la memoria. George frunció la boca. –Impresionante.
Así caminaron las dos cuadras hacia el callejón de las tres D y Ron vio la cara de su amigo en una suma tranquilidad.
-¿No deberíamos despertarlo o algo?
-Ronald, -le tronó los dedos. – recuerda lo que nos dijo Bill: no lo mires como tu amigo, si no como el hombre al que le entregarás tu hermana. La única que tienes.
-De acuerdo, hagámoslo –dijo asintiendo decididamente.
Ambos cerraron los ojos algo culpables de lo que le iban a hacer y se desaparecieron. Aparecieron cerca de la Madriguera, en donde estaba el pequeño lago (n/a: ése que sale en la película 6) y Harry cayó de bruces en él. Se despertó sobresaltado tomando una bocanada de aire y levantándose.
-¿Qué diablos sucede? –susurró buscando su varita.
-Ni te molestes, no la traes –dijo George. Harry volteó y entornó los ojos. No llevaba las gafas.
-¿George? ¿Ron?
-Ahórratelo –le dijo bruscamente Ron. George lo aprobó con la cabeza. –Ahora camina –lo empujaron por la espalda.
Harry no entendía nada de lo que sucedía y tropezó demasiadas veces, pues no veía nada.
-¿Al menos me pueden dar mis gafas?
-Oh, lo siento –le dijo Ron perdiendo el tono hostil y entregándoselas. George lo miró. –Digo, ¡Cállate y camina!
Harry rodó los ojos. Sabía que algo así sucedería. Hace sólo 6 horas, en la cena que habían tenido, Harry y Ginny acababan de anunciar su compromiso. No que hiciera falta, pues las imágenes de la fiesta habían rondado por todo el país, pero era más para hacerlo oficial. La señora Weasley se agarró a llorar y el señor Weasley lo abrazó. Los hermanos lo habían recibido calurosamente, pero ahora tenían que "hacer su deber". Entró por la cocina y los vio a todos sentados a la mesa.
-Nadie puede escucharnos, hicimos un Muffliato –dijo Bill.
-No intentes escapar, no podrás hacerlo –le dijo Charlie.
-Somos más que tú. Te recomendamos no hacer nada estúpido –añadió George. Harry intentó no sonreír ante el tono de voz de todos. Entonces George cerró la puerta y ya no era tan divertido. Se sentía un criminal.
-Esto es por el bien de todos –contribuyó Ron. Todos miraron a Percy, que todavía no había dicho nada y éste comenzó a balbucear.
-Em… Nosotros… No,… Mmm… La ley está de nuestro lado.
Todos (incluyendo Harry) lo miraron cuestionándolo. Percy se limitó a encogerse de hombros.
-¿Podemos ir al grano? Mañana tengo que trabajar y… -había hecho un error. –Pero pueden tomar el tiempo que quieran.
-Siéntate –le ordenó Bill. Al momento en que lo hizo, todos se pararon de su lugar y lo rodearon. Ron, George y Charlie se recargaron en la mesa. –Estamos aquí para hablar de Ginny.
-Te apreciamos, Harry –le dijo George.
-… Como a un hermano –añadió Ron.
-Pero eso no significa que dejes de ser el hombre que se queda con nuestra hermana –Percy apuntó.
-Así que hay varias cosas que debemos de tratar. Cosas que debes de prometer –ahora le tocaba a Charlie hablar. Harry no los había visto tan unidos como en aquel momento y se percató de que eran 5 grandes hermanos y él un pobre flaco indefenso.
-¿No me van a golpear o sí?
-Creo que no me equivoco al decir de parte de Fred que es muy probable si haces algo que lo merece –dijo George. Todos sonrieron débilmente.
-¿Y qué haremos? ¿Un juramento inquebrantable? –preguntó Harry decidiendo acabar con esto de una vez y por todas. Ron miró a sus hermanos.
-Oigan, no es mala idea.
-Olvídalo -dijo Bill demasiado serio. -, mamá nos mataría. –hubo un estremecimiento general. Harry sonrió pero compuso su cara cuando Charlie levantó una ceja. –Lo que haremos es sencillo, Harry. Sólo debes cooperar y no renegar.
-¿Qué debo hacer?
-Tráelo, Percy.
Éste salió de la cocina sigilosamente (todos guardaron silencio) y regresó con un sobre oficial. George sonrió.
-Te tomaste esto demasiado enserio, ¿no, hermano?
-Un contrato es un contrato, George. No es algo para tomarse a juego –pero cuando George iba a contestar Charlie levantó las manos.
-¡Rápido! Que mañana mamá hará su panqué de plátano y si no nos levantamos a la hora no nos guardará papá.
Hubo un murmullo de consentimiento general. A Harry le brillaron los ojos.
-¿Panqué de plátano?
-¡A tus asuntos, Potter! –le dijo Ron. Sonriendo a forma de disculpa se acercó a él. –Lo siento, pero ya te vas a llevar a nuestra hermana, el panqué es nuestro.
-¡Sí! –gritaron todos en señal de consentimiento y Charlie y Bill chocaron las manos.
-En fin, -continuó Percy. –firma el contrato y te podrás ir.
-¿Lo vas a leer? –preguntó George como si estuviera ofendido al ver que Harry se acomodaba las gafas.
-¿Que no tengo derecho? –preguntó. George iba a discutir pero Bill lo detuvo con una mano.
"No se admitirán devoluciones…" -¿Están bromeando, cierto? –por la mirada que le dieron, no estaban bromeando. –Ok…
Siguió leyendo. En resumen, lo único que querían era que no la lastimara y que no le faltara al respeto ni a ella ni a la familia.
-Concuerdo con todo, menos en la última parte. –todos lo miraron con los ojos como platos. -… La que dice que los trataré como dioses. –se explicó. Hubo suspiros de alivio.
-Nos asustaste, ésa no es la última parte.
-¿Ah, no? ¿Cuál es? –Percy le dio vuelta a la hoja. Decía "NADA DE SEXO ANTES DEL MATRIMONIO OFICIAL" en letras gigantescas y hasta abajo la línea para firmar. Harry se sonrojó.
-¡Lo sabía! ¡Vean su cara! ¡YA LO HIZO! –gritó George.
-¡Sobre él! –gritó Charlie.
-¡No, no, no, no! ¡No lo hemos hecho! ¡Miren! –comenzó a defenderse mientras firmaba el papel y se los enseñaba. Pero al ver que le hacían el mismo caso a la pared se coló por las piernas de uno de los Weasley y con un movimiento le arrebató la varita a Percy.
-¡Maldito auror con tácticas marciales! –gritó éste. En eso bajó el señor Weasley corriendo por las escaleras.
-¿Qué diablos sucede en esta casa? ¡Esto no es un manicomio!
-¡Percy! ¡Dejaste la puerta abierta, inútil! –gritó George mientras Bill le daba un golpe en la cabeza. Entonces Arthur vio la escena en su totalidad: Harry acorralado con una varita y todos rodeándolo y un contrato en la mesa con las palabras "NO SEXO" gigantescas. Rodó los ojos.
-Ay, no, por favor. ¡Si su madre se entera, los decapita y los resucita para que limpien su desastre!
-¿Si me entero de qué, Arthur? –la señora Weasley bajaba amarrándose su bata. Harry sonrió.
-Diablos, siempre me pasa lo mismo –dijo el señor Weasley tapándose la cara. Los hermanos Weasley finalmente se habían tranquilizado y todos se miraban con cara de preocupación. Entonces la señora Weasley comprendió y su cara se puso hecha una fiera. Con las manos en la cintura comenzó a pisar una y otra vez el suelo como pidiendo explicaciones.
-Fue idea de él –dijeron todos señalando a Bill.
-¿Qué? ¡Fue idea de todos!
Entonces se hizo un revuelo total y la señora Weasley tuvo que hacerles un hechizo Silencius. Al ver el efecto, Harry comprendió por fin de donde venían las habilidades de Ginny.
-¡AHORA NO HARÉ PANQUÉ DE PLÁTANO MAÑANA! ¡TODOS A SU CASA/CUARTO/PAÍS! ¡SIN VERGÜENZAS! ¡No crean que no le voy a decir a sus mujeres lo que están haciendo! ¡Vergüenza les debería de dar! ¡Los tendrán más vigilados, par de chiflados sin remedio!
Todos se callaron de golpe y se resignaron. La señora Weasley retiró el hechizo con un rápido movimiento de la varita y miró a Harry.
-Lo siento, hijo. Será mejor que ya te vayas, porque mañana trabajas y créeme que necesitarás descansar. OBVIAMENTE les recomendaría a todos lo mismo, pero como no les hablo hagan lo que les plazca. Nos vemos, Charlie, cariño.
La señora Weasley salió medio enojada sujetando a su esposo, quien sonrió en forma de disculpa a Harry y les dio una mirada asesina a sus hijos. Finalmente todos se comenzaron a mover y George susurró:
-Menos mal firmó el contrato, ¿no? No todo está perdido.
Molly escuchó y con los labios apretados regresó y le dio un latigazo al contrato con la varita. Quedó hecho cenizas. Bill, Charlie, Percy y George se abalanzaron sobre él y cuando miraron a Ron por quedarse junto a Harry se excusó diciendo:
-Todos confiamos en Harry. Puede que lo que hicimos haya sido lo correcto –Harry lo miró sin poder creerlo. Ron lo ignoró. -, pero debemos confiar en él. Ha sido nuestro amigo por casi 10 años.
-Tienes razón –dijo George y los demás asintieron. Harry sonrió.
-Confíen en mí, no la pueden dejar en mejores manos.
Se despidieron y Harry se fue caminando junto con Ron y George hacia el lugar donde se desaparecían. Bill, Charlie y Percy se quedaron rezagados limpiando el desastre de la cocina.
-Por cierto, JAMÁS vuelvan a desaparecerse conmigo dormido.
-Sí, creo que en eso exageramos. En fin, buenas noches, chicos. Ron, mañana hay turno desde las 9 de la mañana en la tienda. ¡Nos vemos!
Se desaparecieron después de él y ya en la luz del edificio Ron vio bien a Harry.
-En realidad te vez cansado.
-Llevaba 2 noches sin dormir y todavía antier fuimos a la fiesta, entonces tampoco descansé bien que digamos.
-Lo siento. Con razón cuando te cargamos no te despertaste para nada. Creo que ni siquiera habías notado que te habíamos movido de la cama.
-Descuida, se esperaba que los hermanos Weasley tomaran riendas en el asunto y precauciones.
Harry bostezó y activó el elevador. El portero exclamó:
-¡La luna es de queso!
-¿Qué le sucede? –preguntó Harry frotándose los ojos.
-Bueno… te dijimos que te trajimos cargando, ¿no?
-Sí…
-¿Necesitas más explicaciones?
Ja, ja, ja. No sé ustedes pero yo AMÉ este capítulo. Gracias por su apoyo y así :) REviews? Gracias!
