-Quinn, ¡Quinn, espera! –Santana se vio obligada a acelerar el paso y a tomar por el antebrazo a su amiga, que ya había abierto la puerta del auto y estaba por subirse.
-¿Qué te sucede? –Fue lo único que atinó a preguntar, totalmente confundida por ese súbito cambio de ánimo de Quinn.
- Me mentiste –La acusó, intentando controlarse para no temblar de rabia. –Y no una, sino ¡dos veces!. Primero en el boliche y luego en la cafetería.
-No te mentí, nunca preguntaste si la conocía. Técnicamente no es una mentira.
-No te atrevas a excusarte Santana López. No te atrevas. Típico tuyo, tirar la piedra y esconder la mano.
-¿Qué importancia tiene que no te haya dicho que eran mis alumnas?.
Quinn titubeó, un poco descolocada ante aquella pregunta. Entrecerró los ojos y la fulminó con la mirada. Santana se acobardó aún más, si eso era posible a esta altura. No le gustaba hacer enojar a su mejor amiga.
La rubia todavía tenía la puerta del auto abierta con una mano mientras que usaba la otra para apuntar acusadoramente a su amiga.
-Si no me lo dijiste es por algo, ¿no?, ¿porqué tanto problema en decirme que era una alumna tuya?, ¿algo que ocultar, López? -Su voz era apenas un susurro audible.
La latina tragó saliva ruidosamente mientras sentía como el rubor subía a sus mejillas.
-¿Qué?, ¡claro que no!, ¡nada que ver! –Gritó haciéndose la ofendida –No veía importante decirlo. Es una tontería, no sé por qué haces tanto escándalo por algo así.
-Me mentiste –Volvió a repetir herida, como si eso explicara todo. Los celos, el dolor, la rabia.
Santana revoleó los ojos. No entendía esa actitud de Quinn, en su cabeza no cabía la posibilidad de que alguien se enojara por algo tan estúpido como eso.
-Lo siento si te molestó, pero no lo hice a propósito.
Se quedaron un rato así, mirándose fijamente hasta que la rubia se subió al auto y esperó hasta que la latina se subiera al lado del acompañante. Viajaron sin decirse una palabra.
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El fin de semana había transcurrido sin que ocurriese nada remotamente memorable: había dormido hasta la hora que quería y no había salido más que para hacer las compras de lo que iba a comer en la semana. Las cosas con Quinn aparentemente ya se habían arreglado, ya que la chica la llamó en la madrugada del sábado para pedirle perdón por haberse puesto así por semejante tontería y decirle que había actuado como una verdadera idiota. La latina aceptó las disculpas y estuvieron hablando durante una hora entera y en ese rato ninguna de las dos volvió a mencionar a cierta rubia.
El Lunes había llegado y Santana estaba totalmente renovada luego de dos días de relajación y tranquilidad que venía necesitando desde hace tiempo.
La mañana había transcurrido con normalidad, y cuando el timbre sonó anunciando la hora del almuerzo se apresuró para llegar pronto a la sala de profesores y poder comer su ensalada rápido antes de que la habitación de atiborrara de gente como era costumbre. No es que no le gustaba que le hablaran, pero Blaine había comenzado a insistir hace un par de semanas en escucharla cantar y estaba cansada de decirle que no. Su época donde el canto y la danza eran lo único que le importaba ya había terminado hacía ya mucho y no quería que nadie le recordara aquellos tiempos, porque cuando alguien lo hacía sentía enseguida aquella insoportable sensación de vacío en el pecho. Ahora y a duras penas cantaba en la ducha de su departamento.
Sin embargo ese día el morocho pensaba pedirle algo completamente distinto.
Cuando el chico se sentó a su lado Santana ya iba por la mitad de su ensalada, él la saludó y ella le devolvió el saludo cortésmente. No se podía decir que eran amigos, pero desde que había llegado a la escuela era uno de los profesores con los que más hablaba y sin duda el que mejor le caía. Tanto que Blaine le había contado un montón de cosas de su vida, incluidos sus problemas con Kurt, su pareja. Generalmente siempre estaba lleno de vida y parecía que se acababa de tomar 10 Red Bull seguidos, pero algo en la expresión de su compañero le indicó que no estaba en su mejor momento. Las bolsas que tenía en los ojos dejaban claro a cualquiera que no estaba durmiendo bien, y la falta de palabras que estaba preocupado por algo. Blaine siempre tenía algo para contar, él era el que hablaba y Santana la que escuchaba. La latina se compadeció al verlo así y le preguntó que le ocurría.
El muchacho suspiró cansinamente, y pareció como si de golpe tuviera diez años más encima.
-Estoy cansado –Ya, no había que ser demasiado listo para darse cuenta de eso –Estoy teniendo problemas con Kurt… el trabaja hasta altas horas de la noche y yo durante el día, así que nos queda muy poco tiempo para estar juntos. Y cuando estamos no hacemos más que discutir por mi trabajo. Dice que me preocupo demasiado por los chicos de Glee. Y tiene razón, dentro de dos semanas tenemos las regionales y no puedo parar un segundo, pensando en canciones e ideando coreografías. Y por último tengo que corregir un montón de cosas para las clases. Te juro que no doy más –Terminó agarrándose la cabeza y con los codos apoyados en la mesa.
Era la primera vez que Santana veía así a Blaine y no podía evitar sentir lástima por él. Con su mano derecha acarició su espalda en un gesto que intentaba ser reconfortante, ya que decir cosas para animar a la gente nunca había sido su fuerte.
-Hey, cuando pasen las regionales vas a estar más liberado. Igual creo que deberías dejar de presionarte tanto.
-No puedo, San. Es como que todos quieren un pedazo de mi y no puedo hacerme cargo de todo.
-Te entiendo.
-Necesito pedirte un favor enorme.
-Lo que quieras –Contestó un poco sorprendida. Todavía tenía su mano en el hombro del chico.
-Necesito que seas mi ayudante con el Glee club. Un día me contaste que fuiste capitana de las porristas, si al menos pudieras ayudarnos con las coreografías o darnos una opinión, te lo agradecería muchísimo.
Santana se quedó congelada en su asiento. Esperaba cualquier cosa menos eso. La idea era atractiva –necesitaba algo más de distracción en su vida- pero no quería volver estar acerca de algo así después de…
-Sé que no te gusta cantar, y no tienes que hacerlo, pero al menos puedes mirarnos y darnos tu opinión sobre nuestras performances. Ningún otro profesor quiso ayudarme y eres mi última oportunidad. Por favor –Le rogó una vez más.
Se vio interrumpida en sus pensamientos al ver el gesto de súplica en la cara de Blaine. Sabía que si aceptaba la propuesta se iba a arrepentir el resto de sus días, pero el ver a su compañero totalmente desarmado enfrente de ella pidiéndole ayuda desmoronó todas sus barreras. Soltó su respuesta antes de siquiera haber podido pensar un poco en ella.
-Bueno –Murmuró en voz muy baja.
-¿En serio?, ¿eso es un sí?.-Contestó ilusionado.
Santana asintió imperceptiblemente con la cabeza.
-¡Genial!, ¡Muchas gracias San! –Gritó el muchacho mientras la abrazaba efusivamente. Santana correspondió el abrazo torpemente, ya que no estaba acostumbrada a esas muestras de cariño tan repentinas. Mientras tanto empezó a insultarse mentalmente. Sabía que se arrepentiría por esto, pero ya tendría tiempo para eso más tarde.
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El miércoles después de clases el Glee club se había reunido en el auditorio para practicar una de las coreografías que iban a realizar en la próxima competencia. Rachel estaba sola en una esquina, practicando en voz baja su nuevo solo mientras que Brittany estaba junto a Finn, mostrándole como hacer correctamente una serie de movimientos que el chico no lograba hacer. Desde la última hilera de filas de asientos, Santana observó el panorama completo que se presentaba ante sus ojos, pero su vista terminó posándose en la rubia y en cómo esta se movía maravillosamente sin música de fondo mientras que el otro muchacho, mucho más alto que ella y que cualquier otro chico de su edad, intentaba imitarla patéticamente y fracasando estrepitosamente en el intento. Sus movimientos eran torpes y descoordinados mientras que los de la bailarina eran agraciados y perfectos. Todo en ella gritaba perfección, desde sus piernas tonificadas hasta sus abdominales marcados, pasando por su pelo dorado que caía sobre su espalda y terminando finalmente en esos ojos color azul cielo.
La latina nunca había visto bailar a Brittany antes, a pesar de que sabía que la joven estaba en las porristas y que quería estudiar danza cuando se graduara a fin de año. Verla en movimiento fue una experiencia absolutamente maravillosa, la chica estaba como en otro mundo, totalmente absorbida por el baile. Pensó que podía quedarse mirándola bailar durante todo el día si la dejaban. Se movía con tanta naturalidad que era un crimen contra la naturaleza sacarle los ojos de encima. Esa chica podía hipnotizar a cualquier persona en la faz de la tierra. Era como si se expresara a través de su cuerpo y Santana supo que nunca había visto nada igual.
La voz de Blaine la trajo de vuelta a la realidad, cayendo en cuenta de lo que había estado haciendo. Agradeció la oscuridad de la zona donde estaba, porque de otra forma el muchacho se hubiera dado cuenta del rubor en el rostro de la latina.
-Vamos, tengo que decirles que vas a estar con nosotros de ahora en más.
Santana se mantuvo dos metros detrás de Blaine, caminando a paso lento hasta subir al escenario, donde estaban todos los estudiantes.
-Chicos, acérquense, tengo algo que anunciarles.
Todos se acercaron tal como el profesor les había pedido, formando una ronda.
-¿Qué hace la profesora López aquí? –Preguntó Finn antes que Blaine pudiera decir nada, reconociendo la presencia de la latina detrás del joven.
-De eso quería hablarles. Le pedí a la señorita López que fuera mi ayudante con el club. Con las Regionales dentro de poco tenemos muchas cosas que hacer y una ayuda extra nunca está de más.
-¿Pero sabe algo de música? –Agregó sorprendida Rachel.
-Bueno, fui capitana de las Cheerios cuando estaba en la secundaria, así que supongo que soy una especia de voz autorizada en lo que respecta al baile. –Reveló la latina, intentando no mirar hacia donde estaba Brittany y ahorrándose la parte del canto.
-Ok, así que va de ahora en más Santana va a estar en nuestros ensayos para darme su punto de vista sobre todo y si hay cosas para cambiar. De acuerdo, ¡todos a practicar otra vez desde el comienzo!
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Ya era el segundo día que a Brittany le tocaba quedarse después de clases para poder estudiar junto a Sugar Motta, sin contar los que se quedaba para ensayar junto a Glee y las practicas con las porristas, que le cubría toda la semana. Estaba tan cansada que lo único que quería hacer cuando llegaba a su casa era tirarse en su cama y dormir hasta el día siguiente, sin que nadie la interrumpiera. Y esa tarde era hasta el momento la peor de todas, ya que se había pasado la mañana bostezando y se había quedado dormida en la clase de Matemáticas.
El primer día la chica la había ayudado bastante, pero había aprovechado cada oportunidad que tenía cuando Brittany resolvía mal algún ejercicio para burlarse cruelmente de ella, alegando que la culpa la tenía su 'asperjer' o como se llamara. Como la rubia no sabía lo que eso significaba los insultos no hacían más que bajarle la autoestima y la confianza en sí misma, dando por resultado que se equivoque en las cosas más básicas y sencillas.
En resumen, Sugar se había hecho un festín con la rubia.
Y ese día estaba siendo igual que el anterior.
-Mal, mal, mal –Decía mientras tachaba todas las respuestas que había escrito Brittany minutos atrás–En serio, ¡esto lo puede hacer bien hasta un nene de primaria!
Continuó así hasta que terminó y le entregó la hoja a la bailarina.
-Vuelve a intentarlo, no pienso explicarte treinta veces las mismas cosas.
Brittany frunció el entrecejo, intentando resolver de otra manera los mismos ejercicios.
-¿Qué estás esperando? –Espetó con aquella voz aguda y que tanto irritaba a la rubia.
-No lo entiendo. –Aceptó finalmente Brittany, devolviéndole la hoja. –No sé de qué otra manera hacerlo. ¿Podrías explicármelo otra vez?
Sugar dejó escapar una risita burlesca.
-No, ya te lo expliqué tres veces, una cuarta no va a hacer ninguna diferencia. Lo que pasa es que primero deberías buscarte una persona que te ayude a solucionar tu estupidez y luego a resolver estos problemas, porque yo no puedo y tampoco creo que otra persona pueda –Siseó con todo el desprecio en la voz del que era capaz. Tenía ganas de soltarle eso desde que había audicionado para Glee y la habían rechazado. Esta era su venganza personal. –Pero no te preocupes, en Breadstix no piden un gran curriculum, les alcanza con que hayas terminado la secundaria y creo que al menos eso podrás hacerlo, ¿no?. Es una pena que no todos podamos llegar a ser alguien en la vida.
Brittany miró al piso totalmente avergonzada. Sabía que Sugar tenía razón con lo último, nunca iba a ser lo suficientemente buena como para aprobar las materias y llegar a Juilliard. Tampoco ningún chico en el colegio la consideraba demasiado lista y sólo la usaban por su cuerpo, ya que ninguno pensaba en tener una relación larga y duradera con ella, pero cuando no les permitía llegar más allá la insultaban llamándola estúpida. Así que ya estaba acostumbrada a que le dijeran que era una tonta, pero no estaba acostumbrada a que alguien le dijera que nunca iba a cumplir sus sueños debido a su estupidez.
-Lo siento, Asperger –Agregó poniendo una mano en el hombro de la bailarina. Como si eso lo solucionara todo.
Dicho esto último se levantó del asiento guardando sus cosas.
-Como sea, la hora ya se terminó, nos vemos otro día –La rubia cerró los ojos con fuerza para no ponerse a llorar enfrente de aquella chica.
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Santana se dirigía hacia la salida del colegio después de haber terminado su última clase del día. Llevó su cartera contra el pecho para buscar la caja de cigarrillos que había comprado en la mañana y que todavía no había abierto ya que no le gustaba fumar en horas de trabajo. Mientras revolvía las cosas de un lado para el otro escuchó lo que parecía ser una persona llorando. Se frenó en seco olvidando por completo lo que estaba haciendo e intentando descifrar de donde venía el ruido. Caminó sigilosamente hacia la única aula que todavía tenía la puerta abierta, debido a que a esa hora del día ya no quedaba prácticamente nadie en la escuela después de que todo el mundo había huido hacia sus respectivas casas.
Se detuvo en el umbral de la puerta cuando vio que Brittany estaba sentada encima del escritorio principal, llorando desconsoladamente y con las manos encima de su rostro para amortiguar el sonido del llanto.
Se acercó a ella lentamente, sin saber mucho que hacer o decir y cuidando de no asustarla con su presencia.
-¿Brittany? –La llamó en un murmullo apenas audible. -¿Brittany? –Repitió en un tono un poco más alto, intentando captar la atención de la muchacha a unos cinco metros de ella.
La porrista levantó el rostro buscando de donde provenía aquella familiar voz. Sus ojos celestes completamente rojos de tanto llorar, se cruzaron por unos instantes con los marrones. La bailarina desvío la vista nuevamente hacia el suelo, avergonzada de que justo la latina la viera en aquel lamentable estado.
El corazón de Santana se encogió ante la imagen y dio unos cuantos pasos hasta quedar cara a cara con la adolescente.
Santana siempre había sido pésima para consolar a las personas, y por eso optaba por permanecer en silencio mientras los escuchaba relatar sus problemas. A veces prestar el oído era mejor que nada. Pero con Brittany era diferente, con ella sentía la fuerte obligación de decir algo para que dejase de llorar. Por alguna razón odiaba verla así de triste.
-Hey… ¿Qué sucedió?. –La preocupación en su voz era evidente y tampoco se molestó en evitarla.
Sin decir nada, Brittany se puso de pie frente a ella y para sorpresa de ambas, la abrazó como si su vida dependiera de ello. Rodeó la cintura de la morena con sus brazos y ocultó su rostro en el hueco de su cuello, absorbiendo inevitablemente aquel fuerte aroma entre vainilla y coco que la piel de Santana desprendía.
Santana quiso apartarla, consciente de que eso no estaba para nada bien y que cualquiera podía verlas, cuando escuchó los sollozos ahogados de la bailarina y sintió sus lagrimas cayendo sobre su piel, quemándola. En cuestión de segundos se encontró envolviendo protectoramente con sus brazos a la bailarina, sintiendo como su cuerpo se convulsionaba por el llanto.
-Ssshhh, no llores –Repitió varias veces más, tratando de calmarla. Inconscientemente empezó a acariciar con sus dedos la espalda de Brittany, en un pobre intento de consolarla. Brittany volvió a temblar violentamente, aunque esta vez no fue debido al llanto. Un escalofrío le recorrió la espalda de punta a punta, dejando chispas de electricidad en cada lugar donde las manos de Santana acariciaban formando un recto camino invisible sobre la tela de su ropa.
Luego de un rato Santana cayó en la cuenta de lo que estaba haciendo y dejó las manos quietas en un punto fijo, totalmente congeladas. Entonces el miedo y el horror asaltaron su mente de golpe. No quería saber que estaría pensando Brittany en ese momento de ella por haber hecho eso. "Estúpida, estúpida, estúpida, estúpida", se reprendía mentalmente.
-¿No vas a decirme porque estás así?. –Preguntó para distrarse.
-No… no pasó nada… es una estupidez, eso es todo. No tiene importancia –La voz de Brittany se escuchó desganada y triste, partiendo el corazón de la latina.
-No es una estupidez si hace que te pongas así, Brittany.
-Sí lo es. Soy una estúpida. –La profesora frunció el entrecejo dolida al escuchar esas últimas tres palabras, acompañada de una puntada de malestar en el pecho. Odiaba que la bailarina tuviera el autoestima tan baja y pensara en si misma de esa manera. Quizás Santana no la conocía demasiado bien o no había pasado mucho tiempo con ella, pero lo que había alcanzado a ver de la chica le había bastado para saber que no era tonta ni mucho menos. Brittany era todo lo contrario, quien no se diera cuenta de eso era un idiota y alguien que no valía la pena como ser humano.
-No digas eso, sabes que no es cierto.
-Todo el mundo piensa eso de mí. –Santana volvió a sentir una punzada de tristeza en el pecho. ¿Quién era el imbécil que pensaba de esa manera?. Si se lo llegaba a cruzar en algún momento no le iban a alcanzar los insultos en español para agredirlo.
-Entonces los estúpidos son ellos, Britt –El apodo no pasó desapercibida por ninguna de las dos –Eres inteligente, dulce y especial. A la gente que piensa lo contrario es mejor perderla que encontrarla. Son unos fracasados inútiles. –No podía permitirse perder los estribos delante de un alumno.
Brittany abrió los ojos como platos ante aquellas palabras y se despegó de Santana para mirarla a la cara.
-¿En serio piensas eso?.
-Sí –Contestó con súbito cansancio en la voz. No entendía porque le sorprendía tanto.
Lanzando un nuevo suspiro al aire, utilizó sus pulgares para limpiar una por una las lagrimas que todavía caían por el rostro de la porrista. La caricia era tan íntima que permanecieron en silencio durante algunos segundos, disfrutando de aquella cercanía que no disfrutaban desde hacía mucho tiempo. Al menos ese era el caso de Santana, que no recordaba la última vez que había sentido algo así estando con alguien, y Brittany estaba segura que nunca antes había sentido aquel revoloteo en la boca del estómago. O aquella hinchazón en el pecho provocada por el calor que emanaba la piel de la latina contra su propia piel. Era la sensación más placentera y hermosa que podía existir.
Brittany deseaba que ese momento nunca acabara, pero la latina se despegó de ella cuando terminó de borrar la última gota de agua de su rostro.
-Lo siento –Dijo en un murmullo apenas audible la rubia.
Santana sin duda no se esperaba eso.
-¿Porqué?.
-Porque fui injusta contigo. Nunca te di demasiados motivos como para que pensaras bien de mi. Fui muy grosera.
-No importa Brittany, yo tampoco te traté demasiado bien al principio. Así que es lógico que no te cayera bien en su momento ni después. Lo entiendo.
-Pero ahora si me caes bien –Comentó mirando por la ventana, donde se podía visualizar el campo de deportes a la distancia. La morena no supo que contestar.
-No voy a seguir estudiando con Sugar –Santana alzó las cejas sorprendida ante aquella extraña y repentina confesión.
-¿Porqué? –sólo atinó a decir. El comentario la había tomado desprevenida. Brittany nunca dejaba de sorprenderla.
-Porque no nos llevamos bien –Fue su única respuesta –Y no va a ayudar a mejorar mis notas.
-Ok, no te preocupes, es mi culpa por no haberte avisado antes que ella iba a ser tu tutora. Supongo que en ese caso voy a tener que buscar a alguien más para que te ayude… -Se mordió la lengua pensativa.
-No. Va a ser lo mismo con cualquiera. –Suspiró pesadamente –No hace falta que me ayudes Santana. Nadie pudo hacerlo.
-Pero quiero hacerlo –Se quedaron mirándose durante un par de segundos. –Quiero que te gradúes con buenas notas y que estudies lo que sea que quieras estudiar. Y quiero ayudarte a lograrlo.
De repente una idea golpeó la cabeza de la porrista.
-Podrías… no sé, podrías ayudarme y te pagaría como una maestra particular, yo… -Brittany tuvo que morderse la lengua para no seguir hablando. Ya suficiente vergüenza le causaba la propuesta como para encima trabarse al decirla.
La latina no contestó nada y la bailarina se ponía más incómoda con cada segundo que pasaba, por lo tanto empezó a repiquetear uno de sus pies contra el piso para tener algo que hacer en lugar de mirar la expresión de Santana. Siempre hacía eso cada vez que estaba muy nerviosa.
-Olvídalo, no importa… ya tuve varios profesores particulares y no sirvió de nada. Prefiero estudiar por mi cuenta –Murmuró mientras seguía mirando el piso.
Escuchó como la latina suspiraba.
-Supongo que puedo darte clases extra, pero me temo que solo voy a poder ayudarte con toda la parte de humanidades. Los números nunca fueron mi fuerte, aunque podría fijarme para ver si me acuerdo de algo.
-¿Estás segura? –Preguntó sorprendida. Santana se encogió de hombros y Brittany respiró aliviada por el gesto. Tuvo el impulso de abrazarla nuevamente pero lo retuvo.
-¿Por qué no?, no es como si exista alguna ley que lo impida o algo. Pero igual me gustaría hablar con tu madre antes para avisarle sobre esto… -Sabía que probablemente no era la mejor decisión que había tomado en su vida y que se arrepentiría a la larga de haberlo hecho, pero no podía negar que le gustaba vivir bien y un dinero extra nunca venía mal. Además también quería ayudar a Brittany a llegar a Juilliard para demostrarle al resto que la chica no era una tonta como ellos pensaban. Lo supo en el momento en que la rubia se lo confesó. Y Santana López nunca le decía que no a un desafío.
Aunque todavía no podía evitar sentirse inquieta ante la idea de pasar tiempo a solas con la bailarina. "Es sólo una alumna a la que vas a ayudar a aprobar sus materias. Después se graduará y se marchará a la universidad y no la volverás a ver. Nada más". Se repetía mentalmente.
-Sí, no hay problema. Bueno, me tengo que ir… tengo que ir a buscar a mi hermana al jardín, se me hizo muy tarde. Nos vemos pronto.
La latina asintió a manera de respuesta, sin decir nada.
Minutos después de que la chica se fuera Santana continuaba parada en el mismo lugar, con los brazos cruzados sobre su pecho y totalmente sumida en sus pensamientos.
"¿Qué me está pasando?".
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Wow, gracias a todos los que comentaron, de verdad me hicieron muy feliz. Por otro lado me alegro de que les esté gustando la historia, eso hizo que me dieran ganas de escribir más rápido y disfruté mucho escribiendo este cap, por eso quedó más largo que el anterior y más 'romántico', aunque no puedo prometer que vaya a actualizar de la misma manera dentro de poco. Pero lo voy a intentar –y si comentan mucho lo voy a intentar con más ganas cofcof –. Nah, posta, siempre es bueno saber que piensan.
Adeus!
