Tic, toc…

El único ruido que se escuchaba por toda la habitación eran las manecillas del reloj avanzando para marcar cada segundo que pasaba. El irritante e incansable sonido logró filtrarse sin permiso por la mente de Santana, intentando ponerla más y más nerviosa e inquieta si eso era posible. Desde que se había levantado temprano en la mañana que había notado como el tiempo transcurría mucho más lento de lo usual, y dar clases había sido una verdadera tortura.

Un par de minutos después de haberse convencido de que si seguía sentada ahí mirando a la nada se iba a volver un poco más loca de lo que ya estaba, se levantó de su cama y se dirigió a la sala de estar de su moderno departamento de cuatro ambientes. Se fijó por enésima vez en la tarde que todo estuviera en condiciones para recibir invitados, ya que las únicas visitas que recibía eran de sus padres y de Quinn, y ellos ya estaban acostumbrados a su habitual desorden. Sin duda la latina no había nacido con condiciones de ama de casa, así que se limitaba a limpiar su hogar cuando era estrictamente necesario, sólo para evitar tener que vivir en un chiquero cuando la suciedad empezaba a acumularse. No, a ella no le gustaban las tareas del hogar, pero tampoco dejaba que llegara a ese extremo. Sabía que era asqueroso, pero ¿qué iba a hacer?, odiaba limpiar y cómo no tenía a nadie a quien impresionar no le daba importancia. Pero ese día era diferente y lo sabía, tenía la necesidad que todo tenía que estar perfecto o bueno, al menos viniendo de ella casi perfecto. Una vez que estuvo conforme con el resultado se sentó en el sillón de cuero negro y prendió la televisión para distraerse con algún programa. Al no encontrar nada que le interesara después de haber hecho dos veces seguidas zapping, apagó el aparato y fue entonces cuando el timbre sonó.

Había pasado una semana desde que se ofreció para ser la tutora de Brittany, y exactamente ese día Miércoles, era el que habían acordado para iniciar las clases. La latina ofreció su casa porque según su pobre conocimiento sobre el asunto, todos los chicos iban a la casa de sus maestros particulares a estudiar. Se había negado a quedarse en el colegio, no porque no fuera la mejor opción –porque lo era- sino porque alguien podría quejarse de que Brittany estuviera recibiendo ayuda extra de un profesor del colegio y los compañeros no. Era mal visto e injusto. "¿Pero no hay padres que les toca dictarle clases a sus alumnos?, ¿y estos después no los ayudan en su casa con la misma materia?, ¿o incluso en los exámenes?.

"Ya estoy divagando", se reprendió mentalmente, eran las consecuencias de pensar demasiado cuando no había nada para hacer. Siempre terminas pensando tonterías. Pero bueno, supuso que esa era una situación bastante más diferente que la anterior.

Y era mejor que se quedara así.

El timbre sonó haciendo que se sobresaltara y se apresuró a bajar las escaleras para abrirle la puerta. El ascensor del edificio andaba a la perfección, pero si tardaba dos segundos de más en llegar se iba a volver totalmente loca.

Brittany estaba esperando fuera e iba vestida informal para la ocasión, con un jean negro y una blusa blanca holgada. Terminó de guardar sus auriculares en la mochila cuando Santana le abrió la puerta para dejarla pasar y se saludaron con un pequeño 'hola' para luego subir al ascensor en absoluto silencio hasta que entraron a la casa.

-¿Trajiste todas las cosas? –Preguntó incómoda Santana, intentando captar la atención de la rubia que miraba con interés la sala de estar.

-Hmm, traje de las materias que más me están costando –Contestó después de un par de minutos.

-Genial, ¿Me dejas ver?, así veo como vas con todo.

Brittany abrió la mochila y le pasó las dos carpetas a Santana, que las tomó y se sentó en la mesa, haciéndole un gesto a la chica para que se sentara en la silla de al lado. La latina contempló las hojas en silencio, notando que las dificultades de Brittany eran muchas, pero sobretodo las materias como Español, Química e Historia.

-Ajá, puedo ayudarte con las teóricas, pero no creo que sea la más indicada para los números.

-¿Significa que voy a tener que ir a otra particular? -Brittany se mordió el labio inferior, claramente preocupada por aquella repentina información. Santana percibió el gesto e intentó decir algo que aligerara el semblante preocupado de la bailarina.

-No, lo que estoy diciendo es, bueno… lo que quiero decir es, eso sería lo ideal, pero podemos empezar con Español e Historia así tengo algunos días para acordarme cómo funcionaba la tabla periódica y esas cosas. ¿Qué te parece?. –Comentó dubitativa.

La rubia asintió con la cabeza y Santana sonrió.

-¿Quieres que te traiga algo de agua antes de empezar?, también tengo jugo por si querés otra cosa –Hizo el amago de levantarse pero Brittany puso una mano en su brazo izquierdo para detenerla y Santana se quedó petrificada, a medio pararse. Un leve cosquilleo se apoderó del lugar donde la joven la había tocado.

-Está bien, no tengo sed. –Respondió con un amago de sonrisa en el rostro, todavía disfrutando de la suavidad de la piel de la morena contra la suya.

Santana se sentó otra vez, roja de vergüenza, y decidió que empezarían directamente con Español, el cual hablaba con cierta fluidez.

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1 mes después.

-Es escuchar y repetir Britt. No es tan difícil. Mira –Y Santana volvió a repetir por décima vez en el día la palabra "carro". Llevaban ya media hora practicando el sonido 'r', ya que pronto sería el examen oral de español y la joven todavía tenía problemas con ese sonido. Mientras que por su lado, la latina tenía serios problemas para no reírse ante los pobres intentos de la rubia por lograr pronunciar la letra, pero no quería desanimarla.

-Probemos con otra palabra, ¿arroz?.

Brittany se removió incómoda en la silla. Sentía que ya había hecho el rídiculo lo suficiente por ese día. Pero la verdad era que desde que había empezado las clases con la profesora, había mejorado en muchas materias y hasta se había sacado su primera C en un test de Química. Se veían dos veces a la semana en la casa de la morena, sin contar las que se veían en el colegio y en el club Glee. Mientras más tiempo pasaba con Santana, a solas o en compañía, mayor era la atracción que sentía por la latina. A pesar de que eran distintas en un montón de cosas, Brittany había descubierto que Santana era una persona con un temperamento avasallador por fuera, pero dulce y tierno por dentro. Adoraba ver los pequeños hoyuelos que se formaban cuando se reía o como el pelo negro le caía por el hombro en forma de cascada cuando se inclinaba para escribir algo en la carpeta. Pero lo que más le encantaba era hacerla sonrojarse con algún que otro comentario o caricia casual, porque sabía que nunca obtendría más que eso. Santana estaba simplemente fuera de su alcance.

-Trata de pronunciarlo así –Y escribió en la hoja "arroth".

-San, no creo que me exijan tanto… -La latina arrugó el ceño, molesta. Sabía que la chica tenía razón, que no le iban a dar importancia alguna a la pronunciación, pero no le gustaba que Brittany subestimara su lengua materna.

-Como quieras, entonces. –La bailarina intentó retractarse pero el timbre la interrumpió. Era la primera vez que eso les pasaba y Santana se levantó para ver quién era, ya que raramente recibía visitas inesperadas.

Cuando abrió la puerta se encontró frente a frente con una sonriente Quinn.

-Hola… oh, vaya –Murmuró la ex porrista cuando miró hacia el interior del departamento queriendo entrar. Sus ojos color avellana se cruzaron unos instantes con los zafiro de Brittany antes de que Santana la agarrara del brazo y la llevara al pasillo, cerrando las puerta tras de sí. Pudo jurar que si las miradas mataran, ella ya estaría muerta después de haber visto la de Brittany.

-¿Qué haces aquí? –Preguntó alterada la morena.

-¿Porqué?, ¿Interrumpo algo? –Inquirió sorprendida la rubia, con una creciente sensación de molestar.

-Claro que no –La latina se cruzó de brazos en una actitud defensiva.

-¿Entonces que hace esa niña en tu departamento?.

-No es ninguna niña, ya tiene…

-¿Cuántos?, ¿doce?

-No, ya está en su último año, y la estoy ayudando a que lo apruebe. –Fue un intento pobre, pero quería desesperadamente desviar la conversación sobre la edad, ya que sabía que aquel era un terreno peligroso.

-¡Pero si ya sos su profesora! –Santana la miró alarmada. No quería que los vecinos –o incluso Brittany- escucharan los gritos de la rubia. -¿No debería encargarse alguien de afuera de eso?.

-También, pero el colegio ofrece un curso de tutorías para quien lo necesite, y Brittany lo necesita. Ella me lo pidió.

-¿No se supone que otros alumnos se encargaban de eso?.

-También los profesores –Se encogió de hombros, quitándole importancia al asunto.

-Nunca diste clases particulares. ¿Le estás cobrando?

-El colegio me paga como horas extras, y lo hago porque me lo pidió.

-Claro –La voz de Quinn destilaba veneno –Seguro, porque te lo pidió. ¿Qué llevaba puesto entonces?, ¿un escote marcado o la falda de las porristas?, ¿qué fue lo que más te convenció de eso?

Tuvo miedo de haber ido demasiado lejos. Tuvo miedo de que Santana le pegara un cachetazo o peor, que se diera vuelta sin dirigirle la palabra y que volviera con la chica. La última idea le revolvió el estomago.

Por eso respiró aliviada cuando Santana empezó a reírse con los hoyuelos marcándose en su piel.

-¿Qué es tan gracioso?.

-Nada, sonabas como si de verdad estuvieras celosa de ella.

La cara de Quinn pasó de rojo a violeta.

-¡Por supuesto que no!

-Ya lo sé Quinn. Por eso me causa gracia.

Estuvieron unos minutos en silencio.

-Estoy cansada de que peleemos por esta tontería. -Dijo Santana.

-¿Entonces porque no me dijiste nada? –El dolor en la voz de Quinn tomó con la guardia baja a la latina.

-Porque no te cae bien.

La rubia se mordió el labio inferior mientras miraba pensativamente el piso. No sabía como decir aquello, así que simplemente lo soltó.

-¿Sabes?, desde que empezaste a trabajar ahí, nos distanciamos bastante.

Santana no sabía que decir así que prefirió guardar silencio. Era raro ver a Quinn vulnerable, y cuando sucedía era por el intenso grado de alcohol en su sangre.

-Si te… si te gusta Brittany, sabes que no voy a juzgarte, pero que no me lo digas duele. Y no puedo decirte cuanto.

Ok, eso sí que no lo esperaba.

-Yo… Brittany es mi alumna, me cae bien y todo, pero… no me gusta –Santana se acercó a la joven para apoyar una mano sobre su hombro.

-Desde que apareció esa chica has cambiado San. Estás más distante.

-Jamás te ocultaría algo tan importante Quinn –Sin esperar respuesta, la abrazó fuertemente. Había notado que la rubia había empezado a llorar, y como era pésima consolando a la gente, se decantó por la vía más segura.

–Eres mi mejor amiga. –Comentó luego de un rato.

-Tú también –Susurró entre aquella maraña de pelo negro, queriendo decirle que significaba mucho más que eso pero mordiéndose la lengua para no hacerlo. Amaba a Santana, pero prefería tenerla a medias que no tenerla para nada. Y sabía que si le decía lo que sentía, la iba a perder para siempre.

No, sin dudas lo que tenían era especial, y no iba a permitir que una adolescente con las hormonas alteradas llegara y se lo quitara. Y en ese momento supo que Santana tampoco lo permitiría. O eso quería creer.

-Entonces –Comentó separándose a regañadientes del calor que emanaba el cuerpo de la latina -¿Segura que no te gusta?.

-Segura.

O al menos por aquel momento.

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Ese día Brittany se había marchado del edificio de Santana echando chispas. Había intentado escuchar lo que las dos adultas hablaban pero no logró captar nada, y encima el no haber visto lo que pasaba la sacaba de quicio. Si no era para besarse y decirse otras cosas, no se le ocurría un buen motivo por el cual la latina hubiera cerrado la puerta para que Brittany no la vea.

De tanta bronca que tenía hasta había logrado pronunciar bien la maldita r, y ni la sonrisa brillante de Santana sirvió para aliviar su dolor.

Cada vez esa tal Quinn le caía peor. Y sabía que el sentimiento era mutuo, por la mirada que le dedicó esta cuando la vio sentada en la mesa. A veces se encontraba deseando estar malinterpretando las cosas, diciéndose a sí misma que eran todas puras ideas suyas, pero por otro lado sabía que a fin de cuentas no importaba si salían o no. Que no podía importarle. Porque Santana jamás dejaría de verla como la nena que necesitaba ayuda para estudiar la segunda guerra mundial. Jamás dejaría de verla como su estudiante. O quizás ni siquiera se sentía atraída por el sexo femenino, porque una mujer con semejante cuerpazo debía haber pasado toda su vida coleccionando hombres.

Pero por si no había quedado claro ya, Brittany Pierce estaba totalmente loca por Santana López. Y la quería tanto que era muy, demasiado patético.

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Cerró el casillero casi sin fuerza y apoyó la frente contra el frío metal, cerrando fuertemente los ojos e intentando tranquilizarse un poco antes de que le entregaran la nota del test de Historia. No había podido dormir en toda la noche, el estómago todavía le daba vueltas y era la primera vez que le pasaba algo así. Aunque sabía que el problema no era la nota en sí, era el deseo de no querer decepcionar a cierta persona.

Entró al aula arrastrando los pies y se dejó caer en la silla junto a Rachel, que se movía inquieta en su asiento.

-¿Cómo crees que te fue? –Le preguntó en voz baja, intentando ocultar la ansiedad en su voz.

-Sinceramente, no lo sé.

La profesora entró en el momento que Rachel le dedicaba una mirada de lástima a su amiga, la cual afortunadamente no la vio.

Todo el salón se llamó a silencio mientras que la señora Rhodes sacaba las hojas de su cartera y comenzaba a repartirlas.

-Como siempre, una pobreza total.

Brittany sintió retorcijones en el estómago debido a los nervios, así que se sujeto el abdomen para intentar en vano volver a serenarse. Rhodes era la profesora más exigente de todas y acostumbraba a hacer caras cuando entregaba los test, haciendo que el alumno ya se diera cuenta de cómo le había ido al solo verle la cara. Tenía 60 años y parecía que su vida entera era la escuela. Era de esas personas que cuando se jubilara, seguiría trabajando de algún cargo en la institución. Brittany no podía imaginar a Santana terminando así. Era impensable.

Santana.

En el momento que la mujer dejó caer la hoja encima de la mesa Brittany la guardó en la mochila cuidando de no ver la nota y la cerró. Rachel interpretó la acción como que le había ido mal, y prefirió no decir nada el resto de la hora.

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Brittany se hizo paso a los empujones limpios entre la gente que caminaba en malón hacia la salida durante quince minutos hasta que llegó a la clase donde sabía que Santana había terminado de dar clases. No quería pensar en eso como acoso, simplemente que la había escuchado mencionar un par de veces cuales eran los cursos que tenía a su cargo y en que horarios les daba clases y puede que… Brittany se acordara de eso. Solamente esperaba que la latina no se hubiera ido para ese entonces, por eso apuró el paso.

Cuando finalmente alcanzó el aula vio con gran alivio que estaba con la puerta abierta y que la latina todavía estaba guardando sus cosas en la cartera. Reprimiendo una sonrisa, la bailarina se acercó lo más silenciosamente que pudo a la mujer y dejó caer la hoja del test frente a ella en la mesa.

La morena se llevó una mano al pecho, visiblemente asustada por la repentina aparición de la joven.

-Brittany nunca, nunca, vuelvas a hacer eso otra vez. –Su corazón todavía latía con furia en su pecho. –Me diste un susto de muerte... Bueno, ¿qué pasó?.

-Eso –La bailarina apuntó con su dedo al papel doblado que había dejado caer sobre la madera. –Es mi test de Historia.

-¿Cómo te fue? –Se apresuró a preguntar la latina.

-No lo sé. Quería que vos vieras la nota y me lo dijeras. La verdad es que no me animo a ver.

-Entiendo –Santana agarró el papel con firmeza y comenzó a desdoblarlo. ¿En qué momento le habían empezado a sudar las manos?.

-¿De verdad quieres que mire primero?.

-Por favor.

Brittany daba pequeños saltitos en su lugar, mirando con nerviosismo como Santana miraba detenidamente la hoja con una expresión inescrutable en el rostro. Era un gesto que muchos consideraban infantil pero que la latina encontraba adorable. Todo en Brittany era adorable a los ojos de Santana.

-¿Y?, ¿me fue mal?

Como Santana no contestaba, la bailarina dejó de mecerse y se empezó a morder las uñas.

-Me fue mal –No era una pregunta.

-No, Britt. ¡Aprobaste!, ¡mira!

La morena le puso la hoja en frente y vio la gran A estampada en rojo y redondeada con un círculo.

-¿Aprobé? –Preguntó con voz incrédula.

-Y no sólo eso, sino sacaste el puntaje máximo.

Santana estaba tan feliz y orgullosa que no se dio ni cuenta de que estaba abrazando efusivamente a la porrista, levantándola del piso por un par de segundos que le parecieron eternos. Brittany estaba en las nubes.

-Esto merece un festejo –Comentó la morena luego de soltar a su alumna.

-¡Vamos a ver una película! –Brittany sabía que era la mejor ocasión para pedírselo, porque en otro momento no hubiera tenido una razón o se hubiera trabado con sus propias palabras. Y después de todo, ¿qué era lo peor que podía suceder?, ¿qué le dijera que no?. A fin de cuentas no era una cita, era solo para pasar el rato. Y el que arriesga nunca gana o al menos algo así era lo que le había dicho Rachel una vez en sus largas peroratas de su futuro en Broadway.

-Y-yo… me refería a otro tipo… ¡no! A ese tipo no, a otro tipo, ese tipo con amigos y eso, claro –"¿Estoy tartamudeando?, ¿qué mierda me pasa?, ¿de verdad me acaba de pedir eso?, ¿y si le digo que no?". La cabeza de Santana era un torbellino de ideas. Esos cinco minutos le habían alcanzado para pasar el papelón más grande de su vida.

La rubia sonrió ante el nerviosismo de la latina y siguió diciendo.

-Están dando Titanic en 3D y nadie quiere acompañarme porque dicen que es muy larga –Se encogió de hombros, aparentando desinterés –Pero si no puedes, no hay problema. Voy sola.

-Bueno, en ese caso… supongo que puedo acompañarte, amo Titanic. –Una voz en su cerebro la llamó "mentirosa", pero fue tan imperceptible que lo ignoró.

-¡Genial!

-Entonces… ¿El sábado está bien?.

-Está perfecto. Oh, antes que me olvide, necesito tu número de cel. –Antes de que Santana comenzara a balbucear otra vez, agregó –Para arreglar a cual función vamos. Y así también puedo avisarte por si algún día no puedo ir a tu casa.

Santana asintió en silencio y escribió su número en el iPhone que Brittany le estaba alcanzando.

La bailarina sonrió para sus adentros. Ya conocía su casa, tenía su número de teléfono, iba a salir con ella al cine fuera del horario escolar así que solo le restaba una última cosa. Y la más importante: que Santana dejara de verla como su alumna y que la viera como una mujer.

"La 'operación: ser sexy', arranca oficialmente."

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Siento la demora, pero mi inspiración es así…

Gracias por todos los comentarios, 109 en 7 caps es un montón, nunca me imaginé que tantos :O ojalá sean más ahora ahahaha

Saludos.