Capitulo 21

Candy se dejo abrigar por los fuertes brazos de su marido. Él le había dicho que la amaba, y eso era lo único que necesitaba saber para que su felicidad fuera completa.

- Vamos a la habitación – Le susurró Terry al oído – No creo aguantar mucho tiempo más.

- Si – Se dejo conducir por su marido, pus ella sentía la misma necesidad que él por estar juntos.

Al llegar a la habitación, Terry se encargó de pagar a la niñera, mientras Candy iba a ver como se encontraba su hijo. Bobby estaba profundamente dormido, así que no tendrían que preocuparse porque despertara.

Candy y Terry no perdieron tiempo, y a los pocos segundos ambos estaban desnudos dentro del jacuzzi.

- Siempre he querido probar uno de estos – Comentó Terry.

Candy estaba de espaldas a Terry, acomodada entre sus piernas, mientras él le masajeaba la espalda.

- En el rancho teníamos un jacuzzi en la habitación principal. Pasaremos mucho tiempo allí una vez que nos mudemos.

- Pareces estar muy segura de recuperarlo.

- Lo estoy, Terry. Ya verás que todo saldrá bien para nosotros – Gimió al sentir el rose de los labios de su marido en su cuello – Formaremos una familia... tú, yo, Bobby, Tim y los demás hijos que tendremos.

- ¿Ah sí? – Deslizo una mano por entre las piernas de Candy, haciéndola arder de deseo - ¿Y cuántos hijos planeas tener?

- Una docena... más o menos...

- Eso son muchos hijos – Comenzó a penetrarla lentamente – Creo que tendremos que trabajar mucho para lograrlo.

- Estoy de acuerdo contigo.

- Te amo.

- Te amo.

Los días que siguieron fueron los mejores de la vida de ambos. Pasearon por Paris, visitaron museos, y otras atracciones. Bobby quedó encantado con la Torre Eiffel, y a diferencia de muchos niños de su edad, el se había comportado perfectamente durante todo el viajes. Tanto Terry como Candy se sentían afortunados por tener un hijo tan bueno. Por las noches estaba tan cansado, que ellos no tenían dificultad alguna en tener intimidad.

Pero había llegado el momento de volver a casa.

- Me gustaría quedarme unos días más – Decía Terry al momento de abordar el avión.

- Tenemos el resto de nuestras vidas para viajar.

De esa manera regresaron a Nueva York.

Lo primero que hicieron fue pasar a buscar a Rafe. Se sorprendieron al notar que el perro no tenía intenciones de volver con ellos. Seguramente, Tom y George lo habían dejado hacer y comer lo que quisiera. Ese era el único motivo que se le ocurría a Candy para que Rafe quisiera quedarse donde estaba. Últimamente, ella había notado que Rafe estaba aumentando de peso, por lo que había decidido ponerlo a dieta. Había funcionado, aunque a Rafe no le había hecho en gracia. Lo más probable era que George le hubiera preparado esas combinaciones de comida que solía darles a los perros pastores del rancho. Pero esos perros solían pasar todo el día corriendo de un lado para el otro, no como Rafe.

- Tu perro esta gordo – Le dijo Candy a Terry, camino a casa. Miraba por el retrovisor a Rafe, que se encontraba en el asiento trasero junto a Bobby.

- Yo creo que es feliz. No le gustaba la comida que le estabas dando.

- Es por su bien.

- Es un perro... déjalo comer lo que quiera.

- Pues mientras viva bajo mi cuidado comerá lo que yo diga.

Rafe profirió un gruñido.

- Así son las mujeres, amigo – Rió Terry.

Al fin llegaron a su casa. Terry se encargo de bajar las maletas mientras que Candy entraba junto con Bobby y Rafe al apartamento. Lanzó un gemido de sorpresa ante lo que veían sus ojos.

- ¿Qué sucede? – Preguntó Terry, entrando con las maletas. Su expresión se tornó furiosa al ver su apartamento destrozado - ¿Quién ha hecho esto?

- No lo sé – Candy se dirigió hacia la habitación, para darse cuenta que quien fuera que haya entrado a su casa, se había encargado de destruir absolutamente todo – Será mejor que llamemos a la policía.

Terry tomó su teléfono móvil e hiso lo que Candy había sugerido. Pocos minutos después dos oficiales de policía llegaron a su casa.

- ¿Han notado que falte algo? – Preguntó uno de los oficiales, con la libreta en la mano.

- No teníamos dinero ni cosas de valor en la casa – Contestó Candy.

Afortunadamente, Candy había decidido guardar todo el dinero que había ganado con las ventas del libro en el banco.

- ¿Tienen idea quien haya podido hacer algo así? Quizás alguien con quien tengan algún tipo de problema.

Candy y Terry se miraron a los ojos. No tenían que preguntárselo dos veces, pues la única persona capaz de hacer algo por el estilo era Susana. Era obvio que estaba enfadada al recibir la citación del juzgado de menores por la custodia de su hijo. A ninguno de los dos le cabía ninguna duda de que Susana sería capaz de hacer eso y mucho más.

Informaron sobre sus sospechas al oficial de policía, pero al no haber grandes pérdidas materiales, lo más probable era que todo quedara en la nada.

Candy paso el resto del día ordenando el apartamento, cuando en realidad hubiera deseado acostarse a descansar un rato después del agotador viaje. Mientras tanto, Terry se dirigió hacia la casa de Susana para reclamarle el penoso hecho.

- Vaya – Susana lo recibió vestida únicamente con una fina bata de seda roja - Al fin te has dado cuenta que esa chiquilla con la que te casaste no vale nada y has venido a buscarme – Sonrió provocativamente, y lo jaló de la manga de la chaqueta para que entrara en la casa – Podemos ahorrarnos las palabras e ir directamente a la habitación.

- Déjate de tonterías, Susana – Se soltó de su agarre con asco – Quiero que nos dejes en paz.

- No sé de qué estás hablando – Se cruzó de brazos mirando fijamente a Terry.

- Has entrado a mi casa cuando no estábamos y lo destruiste todo – No podía creer que lo estuviera negando todo – En verdad me das lastima.

- ¡Yo no he hecho eso!

- Aléjate de mi familia, o no respondo por mis actos.

- ¡Terry! – Una voz infantil resonó por toda la sala. Tim bajó corriendo las escaleras y se arrojó a los brazos de Terry – Te extrañé mucho.

- También yo – Le dijo mientras lo alzaba – Candy muere de ganas por verte.

- ¿Cuándo podré ir a visitarlos?

- Pronto – Terry lo depositó en el suelo – Muy pronto estarás con nosotros – Miró fijamente a Susana, como una advertencia de lo que se aproximaba.

Ahora menos que nunca podía dejar al pequeño en manos de esa mujer.

ooo

- Sinceramente, amiga... no puedo creer lo que has hecho.

Patty se encontraba en el apartamento de Annie bebiendo una taza de café. Le había contado a su amiga lo que había descubierto ese día en que fue al apartamento de Albert, y como se había vengado. No le había costado mucho trabajo hacerse pasar por amiga de Candy y pedirle la llave del apartamento que ella compartía con su marido al encargado del edificio. Le había dicho que Candy le había encargado sacar unos papeles que ella necesitaba, y al parecer, la gente de ese vecindario era muy confiada. Pobres infelices. Sabía que había sido una medida muy infantil la que había tomado. No había tenido intenciones de robarle nada, después de todo, ella no era una ladrona. Pero si quería hacerle pasar un mal momento.

- No podía dejar las cosas como estaban – Contestó ella – Tenía que dejarle en claro a esa mujer que Albert es solamente mío.

- ¿Pero cómo puedes estar segura que esas bragas pertenecían a Candy? – Preguntó Annie, consiente que las bragas que Patty había encontrado en el apartamento de Albert eran de ella.

- ¿Quién más sino?

- No lo sé... tal vez tengas razón. Pero... ¿Qué piensas hacer con Albert?

- Los planes siguen en pie – La boda estaba planeada para el día siguiente, y Patty no pensaba mover un solo dedo para cancelarla – Siempre he amado a Albert, y ahora tengo la oportunidad de convertirme en su esposa. Nada impedirá que lo logre, ni siquiera Candy.

- ¿No crees que Albert también tiene la culpa en todo esto? – Annie disfrutaba torturando a Patty, pues ella nunca se enteraría de la verdad.

- No – Dijo Patty rotundamente – Albert es solo una víctima más en todo esto. Sé muy bien que él quería tener algo serio con Candy, pero no es posible con una mujer así, y la manera de tener algo cercano a una relación seria con ella era mantenerla como su amante. Pero una vez casados, no permitiré que algo así vuelva a suceder. Sacaré a Candy completamente de mi camino.

- Pues... lo siento mucho por ella – Annie se levantó del sofá – Iré a preparar más café, vuelvo en un segundo.

Annie se retiró a la cocina y su teléfono celular, que había quedado sobre la mesita, comenzó a vibrar. Patty sintió curiosidad y lo tomó. Era un mensaje de texto, pero lo que a ella le llamó la atención era el nombre que aparecía en la pantalla.

- Albert – Leyó en voz alta. Probablemente sería algo referido al trabajo, o quizás hablara acerca de una sorpresa para Patty en el día de su boda. Era demasiado fantasioso, pero de todas modas quería saberlo.

El rostro de Patty se fue deformando a medida que leía el mensaje. La persona con quien Albert había estado engañándola todo este tiempo era nada más y nada menos que su mejor amiga. Se sentía mal por haber culpado a Candy de algo en lo que ella no había tenido la culpa. Tomó su bolso y salió rápidamente del apartamento.

Cuando Annie regresó con el café, Patty ya no se encontraba donde ella la había dejado, y su teléfono celular estaba tirado en el piso. Lo tomó mientras se preguntaba que podría haber pasado, pero al ver el mensaje que había quedado a la vista no le quedaron dudas al respecto.

- ¡Mierda!

Tenía que llamar a Albert urgentemente, antes de que Patty hiciera alguna tontería.

ooo

Candy se despertó tarde al día siguiente. No le había hecho gracia tener que acomodar todo el apartamento al llegar de un viaje de placer, pero afortunadamente Terry había estado allí para ayudarle.

Susana admitía no haber tenido nada que ver en ese asunto, pero ni Candy ni Terry confiaban en su palabra.

- Buenos días – La saludo Terry, depositando una bandeja con el desayuno sobre la cama – Supuse que estarías cansada así que prepare el desayuno.

- Eres adorable – Lo besó en los labios antes de comenzar a comer. Rafe, quien había estado durmiendo al pie de la cama hasta el momento, se arrojó desesperadamente sobre la bandeja al oler el dulce aroma de los hotcakes – ¡Sal de aquí!

- Te dije que deberías dejarlo comer lo que quería anoche – Terry le arrojó un trozo de tocino a Rafe – Está muriendo de hambre.

- Tiene que bajar unos cuantos quilos.

- Pero... Terry quiso protestar, pero el sonido del teléfono no se lo permitió – Diga... - Candy se asustó al ver la expresión de preocupación que puso Terry al oír lo que le estaban diciendo del otro lado de la línea – Enseguida estaremos allí.

- ¿Qué sucede? – Le preguntó asustada al ver que se vestía rápidamente. Él se acercó a ella y le tomó el rostro con las manos.

- No quiero que te asustes... pero ha habido un accidente.

-¿Qué ha pasado?

- Es Susana, al parecer estaba conduciendo borracha por la autopista y su auto desbarrancó... Ha muerto.

- ¡Oh, por Dios! – Candy no apreciaba a Susana, pero jamás hubiera deseado un final así para ella.

- Nos han llamado para que vayamos por Tim, el niño no tiene a nadie más que a nosotros en el mundo.

- Será mejor que nos apuremos...

Candy se vistió con lo primero que encontró, pues lo principal en aquellos momentos era saber cómo se encontraba su hermano. En cierto sentido se sentía culpable, porque ella había querido quedarse con la custodia del niño, pero no de esa forma.

Tim estaba sentado en un rincón cuando Terry y Candy llegaron a recogerlo. El pobre estaba muy asustado al verse rodeado de gente desconocida. Pero corrió hacia ellos apenas los vio. Sabía lo que había pasado a su madre, y lo había aceptado mejor de lo que muchos niños de su edad lo hubieran hecho. Por otra parte, estaba feliz porque a partir de ese momento viviría con su hermana.

- ¿Recuerdas el rancho en que vivíamos cuando eras más pequeño? – Le preguntaba Candy camino a casa.

- Un poco.

- Pues volveremos a vivir allí... muy pronto. Y podrás montar a caballo y tener todos los animales que quieras. Te gustan los animales ¿Verdad?

- ¡Sí! – Contestó Tim con efusividad – Quiero volver al rancho.

Candy le prometió que así sería. Ahora estaba más segura que nunca que lo conseguiría. No solo por ella, sino también por Tim, por Terry y también por George. A todos ellos les haría bien vivir en Mountain Mirage.

Al llegar a su apartamento y abrir la puerta se llevó una sorpresa.

- ¿Qué haces aquí? – Preguntó Candy con curiosidad al ver a Patty sentada en la sala, tomando un café con la niñera de Bobby.

- He venido a hablar contigo. La señora me ha dejado pasar.

- Espero no haber causado un problema – Dijo la niñera, apenada.

- No, no importa – Se dirigió a su marido – Terry... ¿Por qué no le pagas a la señora Smith y luego llevas a Tim y a Bobby al parque?

- Claro...

Una vez que estuvieron solas, Patty al fin se animo a hablar.

- He venido a pedirte disculpas.

- ¿Disculpas? – Candy no entendía que era lo que estaba pasando.

- No es fácil lo que tengo que decirte – Comenzó a juguetear con la manga de su sweater, notablemente nerviosa – Yo... yo...

- Porque mejor no te tranquilizas.

- Tienes razón... espero que no me odies por lo que voy a contarte, pero he sido yo quien entró a tu apartamento y lo destrozó todo – Se sonrojó al decir aquello.

- ¿Qué has sido tú?

- Estaba celosa.

- ¿Celosa? – Candy cada vez entendía menos ¿De qué iba a estar celosa Patty?

- Hace unos días estaba en la casa de Albert, él y yo íbamos a casarnos...

- No lo sabía.

- Después de todo eso ya está terminado.

- Lo siento mucho.

- El hecho es que encontré unas bragas rojas de encaje y yo creí que eran tuyas.

- ¿Y cómo llegaste a esa conclusión?

- Pues... también encontré una fotografía tuya.

- ¿Y solo por eso creíste que era yo quien me acostaba con tu prometido? – Dijo Candy, ofendida – Nunca he estado con Albert, además ¡Estoy casada!

- Lo sé... fui una estúpida – Patty la miró a los ojos – En verdad estoy arrepentida, ahora sé que con quien Albert me engaña es con Annie.

- No puedo creerlo – Todo esto era demasiado perverso. Candy agradecía que la hubieran despedido antes de verse envuelta en aquella escena.

- Solo quería pedirte perdón – Patty se puso de pie y se dirigió a la puerta – He sido muy injusta contigo, y en verdad espero que seas feliz a partir de ahora.

- Gracias – Candy le sonrió – Lo soy.

Patty se retiró, con la conciencia limpia de saber que había hecho lo correcto al contarle la verdad a Candy. Ella le había prometido que no la denunciaría, pues apreciaba el gesto que Patty había tenido.

Cuando Terry regresó del paseo con los niños y Rafe, Candy lo recibió con un efusivo beso en los labios.

- ¿Y eso porque? – Pregunto Terry complacido.

- Porque te amo.

- Pues yo pienso demostrarte durante toda la noche entera cuanto te amo.

Y así lo hiso. Una vez que los niños se durmieron, Terry se tomo todo el tiempo del mundo en complacer a su mujer, demostrándole con cada beso y cada caricia lo que significaba en su vida. Candy había sido su salvación, la única mujer que había amado, y la que le brindaba todo lo que el necesitaba, su amor.

Fin

Y así llegamos al fin de esta historia... tal vez fue un poco corta, pero no me gusta estirarla demasiado porque sino terminaría dando muchas vueltas sin llegar a ningún lado, y prefiero comenzar con mis otras ideas. Pero por supuesto, antes voy a publicar el epilogo =)

Muchas gracias a todas las que leyeron este fic, espero que les haya gustado...

Besosssssssssssss