21. El de la llegada
Ginny reía. –Harry, si no puedes abrir la puerta sólo pídeme que la abra.
Harry negó con la cabeza. La traía en brazos y había hechizado a las maletas para que los siguieran. –No, este debe ser nuestro momento mágico de la llegada.
Siguió peleando con la manija mientras Ginny rodaba los ojos intentando no reír. Él ya se había cansado, lo sabía, pero también sabía que no se iba a dar por vencido.
-Bueno, tú me avisas cuando me quieras bajar.
Dejó de forcejear con la puerta y se quedó parado unos momentos. Ginny, pacientemente, se puso a jugar con su cabello. Le dio aproximadamente unos 3 minutos, pero viendo que éste solo miraba la puerta fijamente, dejó su cabello y lo miró.
-¿Sigues ahí? –le preguntó. Harry lo único que hizo es agarrarla más fuerte. Miró un lado fijo de la puerta. Asintió y la pateó con todas sus fuerzas. La puerta abrió fácilmente. Un flash les dio de lleno en la cara.
Cerraron y abrieron los ojos perplejos y vieron la cabaña. Era estupenda. Espaciosa y con mucha luz. Tenía una gran ventana al fondo que daba vista a la alberca (era de esas que tenían una cascada/caída al mar). Había dos habitaciones. Sala, comedor, cocina, baños (con tina) y terraza. Una cámara estaba puesta a unos metros de la entrada con temporadizador. ¿Qué cómo lo sabían? Les acababa de tomar otra foto.
Ginny se bajó parpadeando y con la boca medio abierta. La cámara soltó otra foto. Acababa de llegar y ya quería vivir ahí. En tan solo 5 segundos había contado más de 15 lugares en donde hacer el amor y había visto un refrigerador en la habitación principal… donde había una cama tamaño King (las más grandes jajajaja). Volteó y vio a Harry observándola.
-¿No crees que este vestido está de más?
Harry se acercó a ella y la rodeó con los brazos. Por detrás le bajó el cierre del vestido y le susurró al oído:
-Batiremos record.
Bajó la parte de arriba del vestido y empezó a recorrer el cuerpo de su mujer con su boca. El corazón de Ginny latió furiosamente mientras disfrutaba y le tomó los cabellos. Harry bajó el vestido completamente y la cargó sin previo aviso. La puso en el sillón y le besó el cuello. Con su mano tomó uno de sus pechos. Ginny gimió y tocó su nalga riendo. Éste comenzó a desabrochar su camisa y Ginny lo ayudó a desabrochar su pantalón. Los dos se miraron sonriendo.
Nerviosos y agitados comenzaron a besarse y retrocedieron lentamente a la habitación. Pararon cuando Ginny se dio de tope con la puerta. Harry rió.
-¿Crees que debemos relajarnos un poco? –le preguntó mientras ella se sobaba.
-No –contestó sin dudarlo. Harry ronroneó, la volvió a cargar, y la tumbó, esta vez en la cama. La contempló unos segundos. Se deshizo del pantalón y las calcetas y sonrió. Iba a ser un GRAN viaje.
Subió a la cama y siguieron el juego con sus bocas. Rodaron hacia la derecha, haciendo que ahora Harry fuera el que recibiera el golpe.
-Creo que todo hubiera estado mejor si estuviera acolchonado, ¿no?
-Nos desharemos de la cabecera –dijo zanjando el asunto. Dieron la vuelta de nuevo y cayeron al suelo. Harry rió y Ginny se sobó la cabeza.
-¿Nos desharemos del suelo también?
-No. Será de otra cosa. -Los bóxers habían desaparecido. –Hola, señor Potter… y compañía.
Mi excusa por el retraso: estaba enferma y tuve un Projecto. Prometo más en los siguientes capítulos (: No se olviden de comentar.
