24. El de la última Noche
Era una noche perfecta. La luna brillaba sobre ellos y el sonido del mar los relajaba al máximo. A lo lejos veían a una familia acampar. El sonido de las risas era distante. Ellos se hallaban en el lugar perfecto situado entre lo cómodo y lo íntimo. Cuando una brisa fría pasó, Harry abrazó a Ginny más fuerte.
Éstos se hallaban sentados a la orilla de la playa abrazados. Ginny recargada en su pecho con las piernas estiradas y los pies explorando la clara arena. Harry la observaba como si fuera lo más interesante del mundo. Inhaló y sintió el más exquisito aroma. Su cabello floral con un toque salino por el agua. Como estaba mojado, Harry recargó su cabeza ahí y lo refrescó. Ginny sonrió. Jamás se hartaría de esto. Observó el anillo que traía en su mano sintiéndose la persona más feliz del mundo. Otra fría brisa pasó y tembló ligeramente. Solamente traía su traje de baño (imagínense el que quieran) y una camisa ligera de manga larga blanca que Harry le había prestado. Éste traía solamente su short.
Harry tomó una sabana que habían traído de la cabaña que podría haber pasado por una pequeña casa y rodeó a ambos con ella. La besó suavemente en el cuello y Ginny volteó a besarle los labios. No supo cuánto tiempo estuvieron ahí sentados viendo la luna hasta que sintió a Ginny más pesada y relajada: se había quedado dormida. Su respiración era pausada y su expresión no podía estar más feliz. Se inclinó más hacia delante para soportar mejor su peso y con su varita accionó la hielera que llevaban para recargarse él. Entonces dejó que su mente navegara ilimitadamente.
Había pasado la mejor semana de su vida y mañana todo volvería a la realidad. Por una semana había dejado atrás los problemas y la gente que conocía para sólo concentrarse en una sola. Era tan mágico, que de no tenerla en sus brazos no podría estar seguro de que todo era tan real. Después de tanto luchar por fin podía tener la vida que cualquiera quisiera. Se imaginaba todos los hijos que tendrían y la casa y la felicidad…
Ginny se movió un poco murmurando algo que sonaba algo como "dale la araña a Ron" y entonces, cuando sonrió, se dio cuenta de que estaba llorando. Y no le importó, porque no recordaba ningún momento de su vida en el que las lágrimas fueran de algo aparte de frustración, tristeza y enojo.
Cabeceó y cerró los ojos sin fuerzas, pero entonces sintió una gran luz en la cara. Abrió los ojos sobresaltados intentando ver después de haber tenido los ojos cerrados durante un minuto, pero no alcanzó a ver nada. Bostezó, pero intentó mantenerse despierto por cualquier cosa (la paranoia era algo que no se quitaba fácilmente). Era cuestión de 3 minutos para que Harry volviera a caer sin darse cuenta.
-¡Aaaaaah!
-¡Mierda!
Ambos gritaron fuertemente después de una media hora. La marea había subido y el agua helada los había despertado de una manera no placentera. La sabana que los cubría estaba empapada y cuando se intentaron levantar, se enredaron en ella y cayeron de bruces. Las olas llegaron de nuevo a la orilla y esta vez Harry, quien había quedado bajo Ginny, tragó y respiró agua salada. Ginny rió histéricamente, ahora totalmente despierta, al verlo escupir y Harry, con los ojos llorosos, sonrió malévolamente y la empujo al agua. Ginny gritó mientras temblaba incontrolablemente de la risa y del frío en el agua.
-¡Basta, Ginny! ¡Me estás mojando todo y te estás ahogando!
Le rodeó fuertemente la espalda con un brazo y la cargó para llevarla a la orilla. Ginny bajó los pies riendo todavía y Harry se hincó para recoger las botellas de agua y soda. Entonces sintió más agua fría en su espalda. Volteó y vio a Ginny vaciar totalmente la hielera y llenarla de agua.
-Ni se te ocurra, Ginevra.
Con un rápido movimiento, accionó la hielera con su varita y la mitad del agua le saltó a la cara. Ginny sonrió, pero Harry tiró la que sobrara justo a su cabeza. Entonces hubo otra gran luz detrás de ellos. Harry volteó frunciendo el entrecejo pero solo vio las diversas cabañas que había tras ellos. No tuvo tiempo de pensar en lo que pasaba cuando sintió que le ardía la espalda.
-Ow –exclamó.
-¡Lo siento, lo siento, lo siento demasiado! Olvidaba que tenías todo rasguñado…
-Bah, no me quejo.
Ginny, que estaba sobándole con una toalla mojada, levantó la cabeza y lo miró sonriendo. Estaban poniendo las mismas caras que ponían antes de… Entonces se escucharon las risas de la familia que estaba acampando a lo lejos y de sus mentes se movió la lujuria… bueno, bajó considerablemente de nivel. Ginny rodó los ojos.
-No puedo creer que después de una semana las ganas de hacerlo a todas horas no se haya reducido.
-¿Hacerlo a todas horas? ¿Me escuchas quejarme? O mejor aún, ¿crees que eres la única?
-¡Harry! ¡Ambos sabemos que más de la mitad de las veces que lo hicimos fue porque yo empecé queriendo! –dijo con impaciencia. Harry sonrió. Eso era lo que ella creía. Entonces su cara se tornó inmediatamente de preocupación. -¿Te canso? ¿Te gustaría descansar unos días?
Harry rodó sus ojos. –Ginny, ha pasado una semana después de casi 6 años conteniéndonos. ¿Crees que quiero parar? –La apretó junto a él y se acercó a su cuello. Lentamente le lamió todo alrededor. Ginny escuchó de nuevo a la familia.
-Harry detente. ¡Harry, es en serio! ¡Nos van a ver! … Oh, dios. ¡Harry!
-Pfff, no te puedes controlar. –le dijo ya separándose de ella. Ginny abrió la boca ofendida.
-¿Y tú sí? –preguntó con sarcasmo.
-Soy hombre. Me tuve que abstener a esto –la señaló con el dedo –por todo nuestro noviazgo. Ahora, vamos. Debemos hacer el equipaje.
Sonrió. El equipaje no tardaría más de media hora.
…
-¿Qué diablos haces? –preguntó Harry. Tenía un par de tenis en su mano izquierda y una camisa en la izquierda. Su maleta se hallaba abierta y desordenada sobre su cama. –Tenemos que irnos antes de mediodía. Empacamos, lo hacemos antes de irnos y nos vamos.
-¡Pero entonces me dejarás caliente todo el vuelo! Mejor lo hacemos divertidamente, empacamos y nos vamos. Además ya me puse todo esto –se señaló. Harry frunció el entrecejo confundido. –Dijiste que te gustaba quitar la ropa –le respondió su no formulada pregunta. Entonces Harry rodó los ojos.
-¿Y por eso te pusiste toda la ropa? No será divertido si no te desvestiré rápido.
-Es un reto. Apuesto a que no puedes enfocar tu mente en otra cosa aparte de lo que estaremos haciendo. Tienes que contar cuánto traigo de cada cosa. –Se veía gorda y apenas se podía mover.
-¿Quieres que haga lo mismo? Ponerme toda mi ropa, me refiero.
-No, tú invéntate un reto diferente.
-Bien –dijo soltando las cosas y saltando de la cama, donde antes se hallaba hincado. Se acercó a ella desabotonando el primero botón de la blusa y le susurró al oído. –Apuesto a que no puedes evitar quitarte algunas cosas tú sola. –Entonces quitó completamente la blusa. –Va una.
…
-¿Y? -Harry rodó los ojos y se hizo el calmado. Volteó para darle la espalda a Ginny y se mordió el labio. –Aún te puedo ver, y sé que perdiste. –Idiota, había un espejo frente a él. Sonrió al verla sentada en la cama usando solamente una bata (se acababa de bañar) intentando acomodar las cosas en la maleta. Decidió sacar un aproximado.
-10 blusas (incluyendo 2 mías), 3 shorts, 2 pantalones tuyos, 3 shorts míos, 4 brassieres, 9 pantaletas –bufó. Esos últimos habían sido los más difíciles, parecían interminables. – y 3 pares de calcetas.
-Sí, esas fueron difíciles.
-¿Tuve todo bien? –preguntó incrédulo.
-No. Fueron 11 blusas, 3 camisas tuyas y 4 shorts míos. Lo demás lo tuviste bien. Pero ya sabía que no lo lograrías.
-¡Pues tú tampoco lograste mi reto! –exclamó indignado. Ginny levantó la vista frunciendo el entrecejo.
-¿De qué hablas?
-Pfff, ni siquiera lo recuerdas. –La mirada cuestionadora que le dirigió su mujer afirmó sus palabras. –Tenías que evitar ayudarme a quitarte la ropa.
Ginny se tapó la boca. -¡No lo recordaba!
-¡Eso es porque en el primer botón te enfocas totalmente en eso!
-¡De ninguna manera! ¡Vamos de nuevo! –se levantó ya desabrochándose la bata. Harry la detuvo riendo.
-Ginny, son las 9 de la mañana.
-¿Enserio? –Harry asintió y abrió la persiana. -¿Entonces por qué estuvimos contaminando con esa estúpida luz artificial muggle?
-Mi punto es… -la interrumpió antes de que continuara regañándolo. –que si no me meto a bañar ahora mismo no estaremos listos a tiempo. –Tomó una toalla que había sobre una silla y puso una mano en la puerta. –Ahora vuelvo a ayudarte con las maletas.
-¡Dime cuántas veces fallé!
-8 –sonrió abiertamente contando con los dedos. -1 calceta, 3 blusas, 1 pantalón, 1 short, 1 brassiere y 1 pantaleta. Fue una lástima que no decidieras ayudarme con más de esas.
Se miraron a los ojos y lo supieron. Todas las dudas, todos los pensamientos, todo fue sin sentido. Eran el uno para el otro y su relación estúpida no había cambiado. Eran los mismos de siempre pero en un nivel de compromiso. Era la vida perfecta. Ambos sonrieron al mismo tiempo.
AAAAAAWWW, qué bellos. ¿Quién no quiere una vida así? Humm.. me pregunto qué vendrá en el siguiente capítulo. ¡Ja! Los engañé, yo sé lo que viene (: Ustedes son los que no. En fin, no adelantaré nada. Comenten y disfruten.
