Disclaimer: Glee no me pertenece.
Bueno aquí dejo otro capítulo, espero que os guste. Hay más interacción entre los tortolitos.
Viernes, sin duda alguna el peor día de la semana. Los viernes no son como los lunes, los lunes son buenos días, al contrario de lo que piensa la gente. A Kurt Hummel le gustan los lunes, de hecho los lunes son sus días favoritos. Los lunes vuelve al instituto después de dos días sin haber catado los labios de Blaine, sin haber revolucionado cada oscuro rizo de su cabeza, sin haber sentido su cuerpo cálido junto al suyo… Dos días, cielos, Kurt sabía que era algo así como un héroe moderno por soportar semejantes penurias. Si, los fines de semana apestaban, pero los lunes, cielos, los lunes… Cada lunes Blaine lo aprisiona contra la puerta del baño y devora su boca con ansias, con seguridad y con una destreza inusual para un chico como él. Lo agarra de la cintura a la vez que deja un camino de besos húmedos desde su oreja hasta su clavícula. Kurt no teme que Blaine le deje alguna marca sospechosa, le prometió que no lo haría, pero no lo necesita, porque el moreno se las apaña bastante bien con su lengua. Si, los lunes…
Debería dejar de repetir lunes, parece que estoy loco, se dice a sí mismo antes de echarse un último vistazo en el espejo de su taquilla. Está perfecto, como siempre. Aunque últimamente se siente más hermoso con sus labios rojos, hinchados y húmedos por la explosiva mezcla de su saliva y la de Blaine.
A través del espejo ve a Blaine, cabello perfectamente peinado, estúpidas gafas de pasta que le ocultan el rostro, pantalones rojos y camisa blanca. Por supuesto, eso no puede faltar en el atuendo de Blaine, una bonita pajarita roja, a juego con el pantalón. Kurt sonríe de nuevo, Blaine es un corderito, pero a él le gusta sacar al lobo que lleva dentro. Y debe de ser un lobo lo que tiene dentro porque esos gemidos guturales que suelta entre sus brazos no tendrían explicación de otra manera.
Como siempre Blaine camina cabizbajo, la gente cree que es para ocultarse, para que nadie lo mire, pero lo cierto es que el misterio tras la mirada gacha de Blaine no es gran cosa, sólo es muy Blaine. Blaine mira el suelo por el que camina porque en Mckingley las baldosas son de dos colores y pisar las más oscuras trae mala suerte. Cuando el propio Blaine se lo confesó no pudo evitar reírse fuertemente en su cara, ahora debe admitir que le parece adorable. Y de nuevo el moreno le ha sonsacado otra sonrisa sin siquiera estar presente, de locos.
Pero claro al chico al que está mirando es a Blaine y ese nombre es sinónimo de problemas. Así que apenas ha conseguido llegar a la fuente que está junto al tablón de anuncios cuando unos deportistas lo rodean, entre ellos van Finn y Puck. Kurt se pone nervioso y mantiene el espejo orientado en dirección a los chicos.
-Bien, aquí está vuestra prueba de valor.
-Si, para demostrarnos que no os habéis convertido en unos maricas por estar en el Glee tenéis que tirarle un granizado a algún friki.
-Por suerte para vosotros al joven Nerderson se ha ofrecido a ayudarnos.
Puck y Finn intercambian miradas brevemente, por los ojillos asustados del chico de la pajarita no es muy probable que alguien le haya preguntado si quiere una ducha fría y de olor dulzón. Pero tienen que hacerlo, si lo hacen, no más insultos, no más granizadas para ellos, por fin podrán volver a caminar con la cabeza alta. El problema es que no tienen nada en contra del chico. Realmente ni siquiera saben su verdadero nombre. A Puck incluso le cae bien, cuando se sientan cerca para hacer un examen deja que se copie de él. Porque Puck es un genio en mates pero no lo es en español y necesita del ricitos para aprobar.
Finn mira el pasillo un momento y ve a Rachel, que se ha parado cerca de Kurt. Ambos miran la escena. Finn no sabe qué demonios hacer, él es el líder, tiene que ser fuerte. Suspira pesadamente, es por el Glee. Lo siente por Nerderson pero no pueden hacer otra cosa. Mira a Puck y asiente, eso es todo lo que necesita su amigo para levantar el vaso. Y sin avisar siquiera para que cierre los ojos o le rece al Dios que prefiera le tiran el contenido del vaso a la vez.
Las risas y aplausos de sus compañeros deportistas les hacen sentir un poco mejor, pero sólo un poco. Ambos reciben unas palmaditas en el hombro y se marchan camino de los vestuarios. Blaime inspira profundamente por la nariz y reconoce el olor del granizado, se quita un poco de la cara y lo mira, es de color morado. Al menos Puck se ha acordado de eso, es todo un detalle.
Kurt tiene los nudillos blancos de tanto apretar la puerta de la taquilla. No sabe qué debe hacer pero tampoco es como si pudiera hacer algo, eso supondría que se lo comieran vivo a él también. Pero por qué Blaine nunca hace nada, es demasiado frustrante verlo cubierto de esa porquería cada día.
-Puckerman.-Dice Blaine alzando el rostro y la voz.
Todo el pasillo se detiene y lo mira, incluido los del equipo de americano. Kurt aprieta con más fuerza la puerta de su taquilla y siente que está hiperventilando. Cállate, susurra repetidamente sin apartar la mirada de Blaine.
-Lo van a matar.-Susurra Rachel a su lado.
-¿Algún problema Nerderson?
-Gracias por acordarte del color.-Dice sonriendo.-Ha sido un detalle.
El silencio reina en el instituto, nadie sabe qué hacer o qué decir. Pero Blaine sólo gira sobre sus talones y se pierde de vista al entrar en los baños. Kurt cierra la taquilla con suavidad y espera a que todo el mundo vuelva a lo suyo para correr junto a Blaine.
-Se puede saber qué tienes en la cabeza.-Dice entrando como un huracán en el baño y cerrando la puerta tras él.
-Oh, vaya, no quería hacerte enfadar.-Responde Blaine confundido.
-Deja que te ayude.-Y Kurt suaviza el tono porque no quiere estar enfadado con esa carita de cachorro.- No sabía que te gustaba el morado.
-Eso es porque hay muchas cosas de mí que no sabes.-Dice sonriendo con suficiencia.
-No te des aires vaquero.
-Lo siento.
-No pasa nada.
-Gracias por sonreírme Kurt, siempre me anima.
Ante el comentario Kurt siente como la sangre se le agolpa en las mejillas.
-¿Por qué lo has hecho?
-No lo sé, te he visto mirando y… no sé…-Hace una pausa para mirarse las manos.-La verdad es que creía que me mataban.
-No te rías, no es gracioso.
-Lo siento.
-No lo hagas más, de acuerdo.
-De acuerdo.
Ambos se quedan mirándose a los ojos. Blaine pensando en lo afortunado que es de tener a alguien como Kurt a su lado, aunque sólo sea a medias. Kurt pensando en que definitivamente ese chico no tiene remedio.
-Agacha la cabeza, voy a enjuagarte el pelo.
-Pero no quiero, los rizos se van a escapar y luego no habrá quien los ponga en su sitio y… Voy.
-Así me gusta.
El resto del tiempo están en silencio, disfrutando de ese momento íntimo en un baño, como casi todos sus momentos íntimos. Cuando Kurt termina con el agua le seca el pelo a Blaine y no puede evitar inclinarse para besar sus labios. Al contrario de lo que Kurt creía Blaine lo abraza con fuerza de la cintura y profundiza el beso. Sus lenguas se buscan y se reconocen, el oxígeno empieza a abandonarlos pero les da igual. Blaine se merece ese beso y Kurt está dispuesto a dárselo. De nuevo Kurt se sorprende al sentir como Blaine lo deja caer suavemente contra la pared y lo agarra de los muslos. Por eso de sus labios sale un gemido mitad sorpresa mitad placer que muere en la boca de Blaine. El moreno separa sus labios y con una sonrisa soñadora une sus frentes.
-Lo siento, Kurt.
-No te disculpes, ha estado bien.-Acaricia sus rizos con una mano.- Sabes que me gusta más tu pelo así.
-Lo sé.
-Entonces por qué demonios te lo peinas.
-Para que lo despeines tú.-Y besa los labios de Kurt lentamente. Con un beso de esos que sólo Blaine sabe dar porque son todo corazón.
-Hoy has sido muy valiente, Blaine.-Susurra Kurt contra sus labios.-Y muy estúpido.
-¿Blaine, qué ha pasado con Nerderson?
-Un día es un día, no crees.
Blaine asiente y esconde su rostro en el cuello de Kurt, inspirando con fuerza para tragarse todo su aroma y hacerlo suyo. Y se quedan acurrucados, con Kurt agarrando a Blaine del cuello y éste con sus brazos alrededor de la cintura de Kurt, hasta que el móvil de Kurt empieza a sonar.
-Tengo que irme.
-Lo sé.
-Entonces aparta.
-No.
-Blaine.-Suplica Kurt de forma infantil.
-Está bien, ahora sí. Qué, adoro como suena mi nombre cuando lo pronuncias tú.-Responde ante la ceja alzada de Kurt.
Kurt sonríe y camina hasta la puerta, una vez allí se gira y mira a Blaine.
-Creía que sólo estabas hambriento de mí los lunes.
-No, siempre tengo hambre de ti, pero los lunes estoy famélico.
Y la risa de ambos inunda el lugar que Kurt abandona poco después sin más despedida que aquella última frase.
Tal vez los viernes no sean los lunes, pero con Blaine pegado a sus labios todos los días parecen maravillosos. Empezará a odiar los domingos, porque los sábados son sus días de chicas y porque tiene que tener un día que odie. Si, hasta nuevo aviso Kurt Hummel oficialmente odia los domingos y empieza a querer los viernes.
