Capítulo 4
Hacía una tarde hermosa, con el sol en su punto más brillante y rojizo. White caminaba hacia su ruta preferida para encontrarse con Black, tal y como lo habían acordado. "¿Atrapará a algún Pokémon para mí? O ¿Me dará uno de los suyos acaso?" Se preguntaba mientras caminaba. Pronto, distinguió una silueta sentada en una de las bancas del camino, no muy lejos de ahí. La persona sentada sintió a White y hasta la identificó, pues inmediatamente se levantó y corrió al encuentro con la joven.
Era Black.
-¡Hola, White! ¿Tenías mucho tiempo? Porque si es así, no te vi. –saludó el chico. Llevaba el pantalón de la escuela y un suéter azul.
-Uh, no, acabo de llegar. Disculpa la tardanza. –murmuró la chica, un poco avergonzada. Black negó con la cabeza.
-No te preocupes, yo también acabo de llegar. Ahora, sígueme. –dijo él, y empezó a andar.
-¿A dónde vamos? –preguntó White, no sin cierta pena.
-¡Por tu primer Pokémon! –mencionó Black, aunque no sacó a White de ningún apuro con esa respuesta.
En el camino hablaron poco. Se conocieron un poco más, y Black le dijo a White que quería ser el campeón de Unova y que en cuanto terminara la escuela emprendería su viaje por toda la región, retando a los líderes de gimnasio y creciendo como entrenador.
Rato después llegaron a lo que parecía ser un laboratorio.
-Ven. –le había dicho el joven a White mientras se internaban en el lugar.
En cuanto entraron, White admiró el lugar. Era un laboratorio lleno de máquinas extrañas e investigadores trabajando. Varios investigadores reconocieron a Black y lo saludaron con singular alegría; todos parecían conocer bien al chaval.
-Black, ¡qué gusto verte por aquí! –mencionó una voz femenina y madura instantes después. Una mujer de cabello café muy claro, bata, falda verde y tenis apareció por detrás de una estantería y se acercó a los jóvenes.
-Profesora Juniper, es bueno verla de nuevo. –contestó el chico. ¿Profesora Juniper? ¿No era ella la mujer que Fennel conocía y decía que era una famosa investigadora Pokémon?
-¿En qué te puedo ayudar hoy? –le preguntó la mujer mientras se cruzaba de brazos y se recargaba en la estantería más cercana, sonriente.
-Uhm, profesora, primero que nada, ella es mi amiga White. –dijo Black, refiriéndose a la chica que estaba a su lado; ella se apenó un poco-. Nunca ha tenido un Pokémon y quería ver si podría ayudarnos con eso.
Juniper miró a White unos segundos; la joven sostuvo la mirada, no sin cierto esfuerzo, pues le hacía sentir nerviosa el hecho de estar frente a una mujer tan inteligente y famosa como ella. Finalmente, Juniper sonrió.
-Están de suerte. Un huevo de Tepig acaba de romperse, y la pequeñina está deseosa de aventuras. Sí, es hembra. Esperen unos segundos, ya vuelvo. –y dicho eso, se internó en el fondo del laboratorio. White miró a Black.
-¿Éste era el favor que me querías hacer? –le preguntó ella. Black asintió, cruzándose de brazos.
-Creí que la profesora tendría algún Pokémon inicial, por eso pensé que sería bueno traerte aquí. –dijo él.
-Black… gracias. No tenías que hacerlo.
-Está bien, ahora tendrás tu propio Pokémon. Es algo grandioso, ya verás.
White sonrió.
-¿Cómo es que eres tan buen amigo de una profesora tan prestigiada como ella? –le preguntó la chica.
-Mi padre trabaja con ella, así que la conozco desde que era un niño. Ella me dio a mi primer Pokémon que, por cierto, también es un Tepig. –sonrió él.
En eso, Juniper regresó con el pokémon en brazos: una pequeña cerdita roja con café, aún medio dormida, descansaba en los brazos de la mujer.
-Ésta será tu nueva amiga, White. Es un Tepig, es tipo fuego. Cuídala bien. –y dicho eso, Juniper le entregó el pokémon a White y posteriormente le dio una Pokéball.
-Puedes ponerle un mote, si así lo deseas. Cualquier duda que tengas puedes acudir a mí o a Black. –finalizó Juniper mientras se ponía una mano en la cintura.
White admiraba, hechizada, al Pokémon que descansaba sobre sus brazos.
-Gracias, ¡enserio muchas gracias, profesora Juniper! –dijo White.
-No es a mí a quien tienes que agradecer, sino a Black. –ante estas palabras, el joven se ruborizó suavemente, aunque solo Juniper se dio cuenta-. Por cierto, ¿planeas convertirte en entrenadora Pokémon?
-Eso espero. –respondió White.
-Bien, pues mucha suerte. Me gustaría que vinieras en cuanto termines tu primer año escolar, por favor. Quiero darte algo.
-Claro, profesora, y gracias de nuevo.
-No hay de qué. Ah, y Black, salúdame a Fennel.
-Claro que sí. –dijo Black, y dicho eso, los jóvenes se despidieron de la mujer y de los investigadores para después salir del laboratorio. Como ya estaba anocheciendo cuando salieron, Black mencionó:
-Te acompaño a tu casa.
Posteriormente fueron hasta el hogar de White. Black, en el camino, le dio unos consejos para entrena y le contestó unas cuantas dudas a la chica.
-¡Gracias, muchas gracias Black! Estoy muy feliz de tener un Pokémon, y si no hubiera sido por ti, no lo tendría. ¡Gracias! –agradecía White.
-No es para tanto, pero me alegra haber sido de ayuda. Cualquier duda puedes preguntarme en la escuela. Por cierto, ¿le pondrás algún mote a tu Tepig?
-Me gusta "Abbi", ¿Qué te parece?
Black sonrió.
-Es un lindo nombre. –mencionó él.
-Gracias por todo, Black. Eres muy amable. –agradeció la joven una vez más.
-No hay de qué. Ahora que tienes tu Pokémon, ¡esperaré ansioso esa batalla de Tepigs!
-¡Vale! ¡Buenas noches! –sonrió ella.
-¡Buenas noches! –repitió Black, y acto seguido, el joven regresó a su casa.
Llegó el fin de semana. Era sábado por la mañana, y White había quedado de ir a entrenar a su nuevo Pokémon junto a su amiga Bianca; la rubia se había quedado encantada con las mejillas de Abbi, la Tepig, y ansiaba pelear contra ella. "Pero no sé pelear" le había comentado White a su amiga. "No te preocupes, ¡yo te enseño!" había dicho Bianca, y así lo hizo. El viernes le mostró técnicas y conceptos básicos de las batallas que todavía no veían a fondo en la escuela, pero ella ya los sabía. Lo mismo hizo Black. Ambos habían sido su apoyo en la introducción a las batallas Pokémon. White sonrió y se miró en su espejo de cuerpo completo: llevaba una blusa blanca con unos shorts cortos de mezclilla, botas negras con rosa y un delgado chaleco negro. Se puso su gorra blanca con rosa y salió de su casa al encuentro de Bianca.
Quedaron de verse a las afueras de Nuvema Town, donde comenzaba la Ruta 1 y los Pokémon salvajes ya podían verse. Bianca ya estaba ahí cuando White llegó. Llevaba una blusa color naranja con blanco, una larga falda blanca y mallas naranjas. Traía también un enorme gorro verde con una línea blanca, además de un bolso del mismo color que el gorro. Se saludaron y sacaron a sus respectivos pokémon; Kuri, la Snivy, y Abbi, la Tepig. Bianca corrió a estirar las mejillas de la cerdita en cuanto la vio, emocionada.
-Con que ésta es tu Snivy, ¿huh? ¡Es muy mona! –dijo White.
-¡Gracias! ¡Tengamos pues nuestra batalla! –exclamó una excitada Bianca, y acto seguido se posicionaron para la pelea.
-A ver, veamos… Kuri, usa Razor Leaf! –comenzó Bianca.
-Abbi, usa Ember! –contraatacó White. Las filosas hojas de Kuri fueron quemadas por el ataque de Abbi.
-Abbi, usa Tail Whip –ordenó White. La defensa de Kuri bajó.
-Kuri, ¡Usa Razor Leaf nuevamente! –exclamó Bianca, y Abbi recibió el golpe sin mucha efectividad.
-¡Ember, Abbi! –señaló White, y su Tepig atacó rápidamente y con un golpe directo, lastimando severamente a la Snivy de Bianca.
-¡Kuri, no! –gritó la rubia. Kuri intentó levantarse, pero abatida, se dejó caer. White parpadeó.
-¿Ganamos? –se preguntó a sí misma, y Bianca contestó.
-Sí, ustedes ganaron. –dijo ella con una triste sonrisa mientras se ponía de cuclillas para cargar a su pokémon. Abbi se sentó en el lugar, orgullosa.
-Abbi, ganamos, ¡hemos ganado! –exclamó White mientras corría a abrazar a su cerdita-. ¡Bien hecho!
-¡Son muy buenas, White! No tenía idea de que fueras tan buena para pelear. –mencionó Bianca, acercándose a la joven de cabello café.
-Gracias Bianca. Tú también eres muy buena. –sonrió White.
-¡Esa fue una estupenda batalla! –exclamó una voz masculina. Las chicas dirigieron sus miradas al dueño de la voz, extrañadas.
-¿Black? –preguntó Bianca al distinguir al joven-. ¡Y Cheren también!
Los jóvenes se acercaron a las chicas y las saludaron.
-Perdón, pero íbamos pasando y escuchamos estruendos. Decidimos venir a ver qué era y descubrimos que estaban teniendo una batalla pokémon. –explicó Black, con sus manos metidas en los bolsillos de su suéter azul. Llevaba un pantalón negro, tenis rojos y una gorra roja con blanco.
-Nada mal para unas principiantes. –elogió Cheren. Él llevaba una camisa blanca con rojo y un suéter delgado color azul con unos pantalones color negro ajustados.
-¡Tú me debes una batalla! –exclamó Bianca. Cheren la miró.
-¿Ahora? –preguntó el chico, indiferente.
-¿Huh? ¡P-pues sí! ¿Supongo? –mencionó Bianca. Cheren entabló una media sonrisa y sacó una pokéball.
-Empecemos, pues. –dijo el joven mientras lanzaba su pokéball y salía un Dewott de ella.
-Te mostraré a mi Tepig mientras. –le dijo Black a White. El joven sacó una pokéball de su bolsillo y la lanzó; de ella salió un pequeño Tepig.
-Él es Ako. –dijo Black. White se puso de cuclillas para saludarlo.
-¡Hola, Ako! –sonrió ella mientras lo acariciaba en la cabeza. Abbi se acercó al pokémon con timidez y lo oleó. Ako hizo lo mismo, y al cabo de unos segundos los dos Tepig comenzaron a jugar juntos, felices.
-Esa fue una buena batalla. ¿Estuviste entrenando? –le preguntó Black a su amiga.
-En realidad no. Esa fue nuestra primera batalla. –contestó ella. Black la miró, perpleja.
-¿Enserio? ¡Pues estuvo grandiosa para ser la primera! –mencionó él. White se sonrojó.
-Gracias…
-¡NO! Mi Snivy, Kuri, perdón… -dijo Bianca en ese momento.
-No has estado mal. Un poco más de entrenamiento y podremos estar más parejos. –dijo Cheren mientras regresaba a su Dewott a la pokéball.
-Tendré la revancha, Cheren, ¡ya lo verás! –mencionó Bianca, regresando a Kuri a su pokéball.
-Black, tenemos que irnos. –dijo Cheren en ese instante mientras se acercaba a su amigo.
-Ya voy. –le contestó el joven, para después regresar la mirada a White y sonreírle:
-¿Nos vemos luego? Sabes que falta nuestra batalla. –preguntó él, a modo de despedida.
-Claro que sí. –continuó ella.
-Adiós chicas. –se despidió Cheren, y después se fueron.
Las jóvenes entrenadoras aprovecharon la mañana y entrenaron lo más que aguantaron junto a sus Pokémon.
