Capítulo 6
White y N caminaban en silencio por los pasillos de la escuela para dirigirse al patio. "Ha cumplido con su palabra" pensaba White. "Ha venido a buscarme". Cuando llegaron al patio, se detuvieron a observar a unos alumnos que estaban teniendo una batalla pokémon. Era un Lillipup contra un Blitzle. Al cabo de unos minutos, el Blitzle perdió, y White pudo sentir que N se ponía tenso ante eso. El entrenador del Blitzle metió al pokémon a su pokéball y sacó otra con una Gothita,, y la batalla se reanudó.
-Ese Blitzle… pude sentir el dolor de su último golpe, para encima volver a encerrarlo en una cápsula denominada "Pokéball"… -decía N casi en susurro, como si hablara para sí mismo. White recordó lo que N le contó acerca de su relación con los pokémon.
-No creo que sufra. –le dijo ella entonces-. Los Pokémon luchan junto a su entrenador para hacerse más fuertes. Además, creo que las pokéballs ayudan al pokémon a sentirse más protegido y cercano a su entrenador.
Los labios de N dibujaron una de sus tristes sonrisas.
-Tú no puedes escuchar lo que la mayoría de ellos dice… -susurró el peliverde. White lo miró.
-¿A qué te refieres? –preguntó ella, pero N sacudió la cabeza lentamente.
-No es nada.
White frunció el ceño levemente.
-¿No querías hablar sobre algo conmigo? –le recordó la chica.
-Ah, sí, tienes razón. Pero antes regresemos adentro, por favor. –dijo él. Se adentraron a los pasillos de la escuela nuevamente.
-Me gustaría contarte un poco de mí, White. –comenzó él.
-Hazlo, soy todo oídos. –accedió ella.
-Verás, la mayor parte de mi niñez la viví encerrado en una habitación con una única compañía que eran los pokémon. Esos pokémon habían sido maltratados por personas. A lo largo del tiempo desarrollé una clase de sexto sentido que me permitía escuchar las voces de los pokémon, y ellos me decían qué sentían y cómo lo sentían. Es por eso que tengo esta extraordinaria sensibilidad para sentir lo que estas criaturas sienten y por lo tanto conocer qué tipo de entrenador tienen. He convivido la mayor parte de mi vida con pokémon que han sufrido mucho, por lo que quiero encontrar una forma para que ellos dejen de sufrir.
White meditaba lo que N le iba diciendo. Se habían quedado de pie en un pasillo, cerca de unas escaleras, frente a frente. White, una vez más, no pudo dar crédito a lo que le decía N.
-Quizá te preguntarás por qué te digo todo esto. Es porque eres de las pocas personas con las que me he sentido cómodo y seguro, aunque apenas te estoy conociendo. Tienes un aura muy agradable, y tu Tepig me lo ha confirmado. –aclaró N, sonriendo.
-N… gracias por tu confianza, enserio. Pero, ¿no sufres mucho por el dolor de otros? –preguntó White.
-El dolor de los pokémon es mi dolor. -N sonrió con tristeza-. He pasado más tiempo de mi vida con ellos que con personas. Es por eso que quiero terminar con su dolor, aquél que les causan muchos humanos.
-Pero N, ¿cómo terminaste en esa situación? Con esos pokémon, encerrado…
El joven sonrió débilmente.
-Larga historia. –se limitó a responder él. White retomó el habla.
-No todos los humanos lastiman a los pokémon… ¿qué planeas hacer para que ya no sufran?
-Aún no lo sé, pero algo se me ocurrirá, ya verás. –contestó N.
Se quedaron en silencio. Él, mirándola a ella, y White con la mirada en el suelo. Cada uno reflexionaba la conversación. En ese momento, una voz conocida rompió con la reflexión de White:
-Perdón, pero… no puedo corresponderte. La verdad es que no siento lo mismo. –decía una voz masculina desde las escaleras cercanas.
-Entiendo. Gracias por tu sinceridad. –decía otra voz, ahora femenina, entre sollozos.
-Tarde o temprano llegará aquél al que buscas. Solo ten paciencia.
"¿Black?" pensó White girando su cabeza hacia las escaleras que estaban a su izquierda, aunque no podía ver a nadie. "¿Se le están declarando?"
-¿Pasa algo? –le preguntó entonces N. White parpadeó.
-No, no es nada. Creí haber escuchado la voz de un amigo…. –le dijo ella.
-¿Quieres ir a buscarlo?
-No, está bien.
En ese momento, Black subió las escaleras solo y cabizbajo, reflexionando quietamente. Pasó cerca de White y N, pero no se inmutó de su presencia. Continuó su camino por todo el pasillo, pensativo. White lo siguió con la mirada. "¿Qué habrá sucedido?" pensó ella. En eso, N le tocó el hombro.
-Será mejor que regreses. Le dijimos a tu amiga que la conversación sería rápida, pero demoramos casi todo el recreo. –mencionó N.
-¡Bianca! –exclamó White girando su cabeza para ver a N- perdón, ¡he de irme!
-No te preocupes, anda ya. Gracias por escucharme hoy, White.
-Yo… ¡Aún tenemos cosas que aclarar, N, pero será otro día! –Dijo la chica, y después se fue corriendo a su salón para encontrarse con su amiga. N la vio partir, nuevamente perdido en sus pensamientos.
White llegó a su salón, jadeando. Se paró en la puerta y alzó la vista: Un grupo de chicos, entre ellos Black y Cheren, hablaban dentro del salón, sentados sobre sus mesas de trabajo. Eran siete jóvenes en total. Bianca platicaba con una compañera no muy lejos de ellos. White se acercó a las chicas, y éstas la miraron.
-Hola. Uhm, perdón por la tardanza, Bianca. –se disculpó White con cierta timidez. Bianca sonrió.
-No te preocupes, lo veía venir. –contestó la rubia, y White la miró sorprendida. Antes de que la chica de cabello color café pudiera decir algo, le robaron el habla:
-¿Tú eres White? –preguntó una joven de cabello azul agarrado en dos largas coletas que se rizaban en las puntas. Era la chica con la que Bianca estaba platicando momentos antes.
-Sí. –respondió White.
-Un placer. Yo soy Amanda, y soy una Ace Trainer.
-Ella va en nuesta clase, pero no habíamos tenido la oportunidad de conocernos. Le conté un poco de ti, White. –mencionó Bianca, sonriente. En ese momento, los chicos que platicaban cerca de ellas se levantaron y salieron del aula. Las tres chicas los observaron partir.
-Hay algo raro en ellos… -susurró Bianca. Amanda asintió.
-Ese chico, Black, acaba de rechazar a una alumna del otro grupo hace un rato. –dijo la peliazul frunciendo levemente el ceño. White la miró, perpleja. "¿Black rechazó a una chica? ¿Fue por eso que lo escuché diciendo aquellas palabras?" pensaba White, recordando cuando vio a Black en las escaleras charlando con una alumna, para después alejarse de ahí con una seriedad que rara vez se veía en él.
-¿Black? ¿Por qué la rechazó? –preguntó una asombrada Bianca.
-Amor. La chica le declaró sus sentimientos de amor hacia él y, bueno… él le dijo que sinceramente no compartía sus sentimientos pero que apreciaba que se los hubiera dicho. –contestó Amanda.
-¡Increíble! Todo un rompecorazones, ¿eh? –dijo Bianca. La peliazul continuó:
-He escuchado que muchas chicas andan detrás de él, pero pocas se animan a confesar sus sentimientos porque ya saben el desenlace. Nunca nadie ha escuchado que él tenga o haya tenido novia, y mucho menos que le guste alguien.
-¡Woah! No conocía esa faceta de Black. Me pregunto si pasará lo mismo con Cheren. –exclamó Bianca sobándose la barbilla. Amanda negó con la cabeza.
-Black es mucho más abierto y alegre que Cheren. Se lleva bien con todos y es más fácil de tratar. A las chicas les atrae mucho más alguien como Black. –respondió la peliazul.
-Ya veo. –asintió Bianca, y después miró a su amiga White, extrañada; la chica se había perdido en sus pensamientos-. ¿Qué pasa, White, por qué tan callada?
White parpadeó varias veces y miró a la rubia.
-¿Eh? –fue lo único que dijo la joven, con sus ojos color azul mirando a Bianca.
-Eres extraña. –le dijo Bianca. Segundos después, la chica abrió los ojos como platos y señaló a su amiga White para decir:
-O será que… ¿estás celosa?
Tanto White como Amanda miraron a Bianca, perplejas.
-¿Celosa? ¿por qué lo estaría? –preguntó la ojiazul inocentemente.
-No lo sé. ¡Quizá te gusta Black también! A fin de cuentas tú y él se llevan muy bien.
-¿Enserio te llevas muy bien con él? –interrumpió Amanda-. Vaya, ¡cuántas chicas quisieran estar en tu lugar!
-¡N-no! ¡No me gusta! Es mi amigo y nada más, dejen de malinterpretar las cosas. –exclamó White no sin cierto nerviosismo.
-Entonces, ¿por qué te quedaste tan callada mientras hablábamos sobre él? –le cuestionó Bianca.
-Recordé algo y me perdí en mis pensamientos, eso es todo. –aclaró White dando por terminada la conversación. Bianca y Amanda la miraron unos momentos más.
-Ya veo. Te creemos, White. –mencionó Bianca segundos después. En eso, el timbre para regresar a clase sonó, y las chicas se acomodaron en sus respectivos lugares.
Al término de la clase, una vez acomodadas sus cosas, las tres chicas se volvieron a reunir y posteriormente salieron de la escuela para regresar a sus respectivos hogares.
-¡Nos vemos mañana! Y White, ¡Me debes una batalla! –había exclamado Amanda poco antes de irse a su casa.
-¡Cuando quieras! –había contestado White. Bianca había invitado a las chicas a pasar la tarde en su casa, pero Amanda tenía otras cosas que hacer y no podía ir. Finalmente se fueron White y Bianca. Caminaban en silencio hacia el hogar de la rubia, por los tranquilos caminos de Nuvema Town.
-Uhm, ¿qué opinas sobre Black, White? –preguntó Bianca repentinamente, mirando los árboles que se alzaban cerca de ella. White miró a su amiga de reojo. Después, respondió:
-Es un chico muy amable y carismático. Estoy muy agradecida con él y contigo por haberse abierto a mí. Es un buen amigo, lo admiro y lo quiero mucho. –la chica sabía con qué intención iba esa pregunta, pero se limitó a contestar así.
-Ya veo. –Bianca guardó silencio unos segundos, y después continuó-: ¿Y sobre tu amigo N qué opinas?
White la miró.
-También es un amigo al que aprecio y al cual quiero. –dijo la ojiazul.
-Pareciera que se conocen desde hace mucho.
-¿Por qué lo dices?
-No lo sé, solo me dio esa impresión en cuanto los vi alejarse juntos del salón.
-Ahora que lo mencionas, yo también me siento unida a él de cierta forma. Es decir, es como si estuviéramos predestinados a conocernos.
Se quedaron en silencio, y en cuestión de segundos, las chicas llegaron a la casa de Bianca.
Ya dentro, la rubia reinició la charla.
-¿Te imaginabas a Black como todo un rompecorazones? –preguntó Bianca mientras sacaba algunas frituras de la alacena y las colocaba sobre un plato hondo.
-Puede que sí. Su forma de ser da entrada a muchas posibilidades. Además, es guapo.
-¿Enserio no estabas celosa en la escuela, White? –cuestionó la rubia mirando a su amiga a los ojos con una mirada seria pocas veces vista en ella. White tardó unos momentos antes de responder:
-Me sorprendió, sí. Pero no estaba celosa… creo. –la última palabra la mencionó en un susurro.
Bianca suspiró.
-Aw, es una lástima, porque creo que tú y él harían una bonita y tierna pareja. –White la miró-. ¡Ambos son tan monos!
La ojiazul no pudo resistir sonrojarse levemente. Bianca soltó una pequeña risita y tomó de la mano a su amiga.
-Ven, vayamos a mi cuarto para estar más cómodas.
Una vez en la habitación, las chicas continuaron su charla. Hablaron de muchas cosas y se dieron la oportunidad de conocerse todavía más. En una de esas oportunidades, Bianca tomó el tema del futuro:
-¿Qué quieres hacer una vez que salgas de la escuela Pokémon, White? –preguntó la rubia. El tiempo en la escuela pasaba bastante rápido, y White todavía no tenía claro lo que haría.
-No lo sé aún. –fue su respuesta. Bianca sonrió tímidamente.
-Todavía tienes tiempo para pensarlo. –dijo la rubia. White asintió.
-Y tú, ¿qué harás?
-Creo que quiero ser investigadora pokémon como la profesora Juniper. Hablé un poco con ella cuando la maestra Fennel pidió nuestra ayuda, y la forma en la que hablaba de los pokémon era tan… maravillosa. Tanto así que desde ese día me hice la idea de que viajaría por Unova para conocer mejor a todos los pokémon.
-Suena muy interesante y divertido. –mencionó White alegremente-. Estoy segura de que serás una gran investigadora.
Bianca sonrió con dulzura.
-Gracias, White. ¿Sabes? Yo a ti te veo como una entrenadora pokémon.
White esbozó una sonrisa, y segundos después mencionó, mientras miraba por la ventana el cielo azul, limpio y claro:
-Creo que pienso lo mismo, Bianca.
