Capítulo 7
Habían pasado cuatro meses y dos semanas desde ese día en que White y Bianca se reunieron en la casa de ésta última. En la academia pokémon no había muchas novedades; White había conseguido poco a poco abrirse más a sus compañeros, y ya no pasaba tan desapercibida como antes. Seguía teniendo una bonita amistad con N, aunque cuando White le pedía a éste que le contara por qué pasó su niñez con pokémon maltratados, el peliverde siempre le decía: "Te explico después", aunque nunca le explicaba nada en realidad.
Abbi, la Tepig de White, había evolucionado ya en Pignite, y además habían agregado al equipo a un nuevo pokémon: una Sewaddle que lograron atrapar en la ruta 2, a las afueras de Nuvema Town. White y sus pokémon continuaban el entrenamiento casi todos los días, siempre dispuestos a pelear y a ser mejores.
Bianca y White seguían igual de unidas que siempre, y a veces Amanda, la Ace Trainer, llegaba a saludarlas y se quedaba a charlar con ellas. Incluso White ya llegaba a entablar conversaciones con Cheren de vez en cuando. La joven tenía amigos. Verdaderos amigos por fin. Sin embargo, hubo una persona con la que la chica se distanció un poco, y esa era Black. Todas las mañanas se saludaban amablemente, pero ya no se detenían a charlar tanto como antes. Además, Black ya no se sentaba a un lado de White, pues la profesora Fennel le había pedido de favor al joven que ayudara a un compañero de clase con una materia que se le dificultaba, y por lo tanto, Black se cambió de lugar y se fue a un lado de ese chico. La relación de Black y White se había enfriado desde el día en que se dijo que Black había rechazado a una chica del salón de al lado, pues el joven, sin razón alguna, dejó de acercarse a su amiga tanto como antes. Incluso las malas lenguas comenzaron a decir que Black ya no era tan alegre y jovial como antes. Pero lo importante era que Black y White se habían distanciado, y sin razón aparente.
La joven de ojos azules temía hablarle a su joven amigo. Estaba acostumbrada a que fuera él el que se acercara a ella y comenzara la conversación, así que le fue muy difícil a la ojiazul seguir hablándole por su personalidad tímida. Black era su amigo, y ella lo apreciaba. Hubo un día en que la joven estuvo dispuesta a preguntarle el por qué de esa repentina frialdad de su parte, pero al final no se animó. Aquella persona, la primera que le habló, la que le ayudó a conseguir a su primer pokémon y le dio su confianza… White no quería perderlo. Y entonces, un jueves de otoño por la mañana en el recreo, estaría dispuesta a reintentar hablar con él.
El timbre del receso había sonado ya. Bianca ya estaba enterada de lo que quería hacer su amiga, así que solo miró a White, le sonrió y asintió. Acto seguido, White se levantó de su silla y se dirigió al joven de cabellos alborotados que estaba frente a su pupitre –ahora a un lado de la puerta- acomodando sus cosas, y se paró a un lado de él. Black dejó sus cosas y miró a su amiga a los ojos, sin ninguna emoción en ellos.
-Black. –dijo White en tono neutro segundos después mientras miraba los ojos color café del chico.
-White. –mencionó él de igual manera.
-¿Podemos hablar unos instantes? –pidió ella casi susurrando. La verdad es que no estaba acostumbrada a esas cosas, así que le costó seleccionar las palabras adecuadas. Black parpadeó un par de veces.
-Por supuesto. –accedió él sin mucho entusiasmo.
Salieron del aula lentamente. Él detrás de ella, con respiración lenta. Cheren y Bianca los vieron partir, cada uno por su lado.
White llevó a su amigo al pasillo donde a veces se reunía con N, aquel donde escuchó a Black hablar con la chica del otro salón desde la escalera. Una vez ahí, la joven miró al chico seriamente.
-Black, por favor, respóndeme con sinceridad. –comenzó ella, tratando de ser lo más clara y precisa con sus palabras-. ¿Pasa algo entre nosotros?
Black la observó, perplejo.
-¿A qué te refieres? –preguntó él segundos después.
-Ya no hablamos como antes, y nos hemos distanciado sin razón alguna.
Black bajó la mirada. White esperó en silencio.
-Yo también lo siento. –dijo él finalmente.
-¿Por qué, Black? ¿Qué pasa? ¿Hice algo que te molestara? Si es así, dímelo por favor.
-No, nada de eso. Es algo que no tengo muy claro aún, pero tú no has hecho nada malo.
-Puedes confiar en mí. Tú has sido muy bueno conmigo, yo también quiero serlo.
-Perdón White, agradezco tu apoyo, pero no puedo decir nada porque aún no estoy seguro de lo que me pasa.
-¿No… estás seguro?
-No tiene importancia. Perdón, me alejé de ti sin decirte nada, pero ya no. Volvamos a ser como antes, White.
-Black… -quería decir algo, pero no le salieron las palabras.
-A decir verdad, no eres la única de la que me he alejado. He estado tan sumido en mis pensamientos… algo me pasa, pero no logro comprender con exactitud qué es.
-Black, si hay algo que pueda hacer por ti…
-En cuanto me dé cuenta de lo que me pasa, te lo diré. Gracias White. He de irme, con permiso.
Y dicho eso, el chico se alejó de ahí. White lo miró unos instantes y después emprendió el regreso al aula por el camino contrario.
White meditó las palabras de su amigo en el camino. Ahora podía confirmar que el chico estaba más callado y pensativo últimamente porque algo le pasaba y no sabía qué era. Ella quería ayudarlo, pero no encontraba la forma de hacerlo. "Creo que no me queda nada más que esperar a que él me diga lo que le sucede." Pensó. "Además, dijo que volviéramos a ser como antes", pero tampoco estaba muy convencida de las palabras de Black. "No creo que no sepa qué es lo que le sucede." Pensaba la chica. "Más bien no me quiso decir todo". Y con esos pensamientos y esa preocupación regresó a su salón.
Los días seguían pasando. Había pasado un mes y medio desde la charla que White tuvo con su amigo Black por el distanciamiento de éste último. Sin embargo, Black ya volvía a buscar a White y platicaban como antes. La joven volvía a estar tranquila con eso, aunque seguía pensando que el joven le escondía la verdad sin saber por qué. El tiempo y la escuela seguían su curso, y las cosas iban pasando demasiado rápido. Cada vez faltaba menos para terminar el primer año del instituto pokémon.
Hubo un día en que Black le pidió una batalla a White, aquella que prometieron tener a principios de la escuela pero que no habían podido realizar. Pelearon, y fue una batalla bastante cansad y reñida, pero finalmente ganó White. La joven sorprendió a su amigo con sus tácticas y movimientos, todo inesperado. Abbi y Sewaddle habían triunfado sobre el Rufflet y el Pignite de Black. Desde ese día, Black notó un gran avance en la chica, tanto en las batallas pokémon como en su confianza. Era una chica mucho más fuerte y segura de sí misma a comparación del primer día de clases, pensó. Black había esbozado una sonrisa.
-Felicidades, has ganado, y ha sido una batalla estupenda. –le había elogiado el chico a su amiga White.
-Gracias. Tú también eres un rival muy poderoso. –había contestado la ojiazul, y entonces decidieron entrenar juntos de vez en cuando.
Por otro lado, N y White seguían igual de unidos que siempre. El peliverde le repetía a la chica que ella era su única y verdadera amiga. También llegaron a hablar del día en que N se graduaría y emprendería su viaje pokémon.
-Faltan menos de tres meses para que te gradúes. –Le había comentado ella a su amigo.
-Lo sé. Todo ha pasado demasiado rápido. Aún siento que fue ayer cuando entraste a mi salón cargando esas hojas de la maestra Fennel. –contestó N, casi sonriendo. White, en cambio, sí sonrió.
-¿Ya sabes lo que quieres hacer para ayudar a los pokémon maltratados? –preguntó ella, y el chico negó con la cabeza.
-Aún no, pero estoy seguro de que lo sabré en cuanto inicie mi viaje. –dijo N. Minutos después susurró-: Me harás mucha falta, White.
Y ella no supo qué decir. También extrañaría a su amigo, pero le costaba trabajo decírselo. En eso, N volvió a hablar:
-Pero nos volveremos a ver en nuestro viaje.
-¿Promesa?
-Promesa. –sonrió N. White lo observó; eso era algo poco común en su amigo, y se sintió feliz de poder verlo sonreír de vez en cuando.
Con Bianca y Amanda las cosas seguían igual de bien. Las tres se llevaban de manera estupenda, pero sobretodo Bianca y White. Esas dos eran como uña y mugre. Se contaban todo y se apoyaban mutuamente. Eran verdaderas amigas.
El próximo año escolar no tardaría mucho en comenzar. Faltaba muy poco, y los chicos ya estaban entre felices y nerviosos.
El tiempo seguía pasando. Ahora solo faltaban 2 semanas para concluir el primer año de escuela pokémon. Era lunes por la mañana, en recreo. White y Bianca platicaban y desayunaban a la vez desde la comodidad de sus sillas dentro del aula.
-¿Qué harás en las vacaciones, White? –preguntó la rubia mientras tomaba un trozo del pastel que llevaba como almuerzo y se lo comía.
-Entrenar con mis pokémon. ¿Qué hay de ti? –contestó White después de darle un bocado a su sándwich.
-Mis papás quieren ir a Castelia, así que iremos los tres juntos.
-¿Castelia? ¿La ciudad más grande y tecnológica de toda Unova? –preguntó una impresionada White. Bianca asintió-. ¡Qué envidia! Diviértete mucho.
-Hay un líder de gimnasio ahí. Si decides retar a los ocho líderes de Unova tendrás que pasar por Ciudad Castelia, así que no te preocupes, ya te tocará. –sonrió amablemente Bianca. White asintió alegremente con la cabeza. Entonces, la rubia recordó algo.
-¡White! ¿Tocas algún instrumento? –preguntó ella.
-La guitarra, pero aún soy novata. ¿Por qué preguntas?
-El último día de clases… vayamos a tu ruta preferida y compartamos una canción; yo canto mientras tú tocas la guitarra, ¿te parece?
-¡Suena divertido! No sabía que te gustara cantar, Bianca. –sonrió White. Bianca sacó la lengua tímidamente.
-No soy muy buena, pero me gusta hacerlo de vez en cuando.
-Bien, ¿cuál canción?
-Inventemos una.
¿Qué? ¿Estás segura, Bianca?
-Venga, ¡Será divertido!
White suspiró y le sonrió a su amiga.
-De acuerdo. –dijo la ojiazul.
Durante toda la semana White aprovechó las tardes y entrenó a sus pokémon junto a Bianca. La Sewaddle de White había evolucionado ya en Dwabble, así como la Snivy de Bianca era Servine ahora.
También nuevos pokémon se habían integrado a sus equipos; Bianca tenía ahora un Lillipup y White había conseguido atrapar a un Litwick, poco comunes por esas rutas. Entrenaron toda la semana sin parar, concentradas totalmente.
Y entonces llegó el último jueves antes de salir de vacaciones, y durante toda la mañana la mirada de Black se estuvo posando de vez en cuando en su compañera White, muy lejos de él. Durante la salida, Bianca y White se pusieron de acuerdo en lo de la canción que cantarían al día siguiente. En ese momento, mientras ellas hablaban y guardaban sus cosas en sus respectivas mochilas, se acercaron Cheren y Black.
-Hola chicas. –dijo el segundo. Ellas los miraron.
-¡Hola! –exclamó Bianca.
-¿Puedo hablar contigo un momento, White? –pidió Black. El corazón de la joven se aceleró súbitamente.
-Claro. Ya regreso. –le dijo a su amiga, y después siguió a Black a las afueras del salón. Eso le pareció, de cierta manera, familiar.
-Uhm, solo quería desearte unas felices vacaciones White. ¿Por qué te traje aquí, entonces? –Black rió tímidamente ante su propia pregunta-. No lo sé.
-No te preocupes, pero, ¿por qué desde hoy? –preguntó White.
-Mañana me voy con mi papá a un pequeño pueblo que está junto al mar llamado Undella Town. Está haciendo una investigación ahí, y me quedaré todas las vacaciones con él. Espero poder verte pronto, White.
-Ya veo… entonces te deseo unas muy felices vacaciones también.
Se quedaron en silencio, ambos cabizbajos. La joven extrañaría a su buen amigo Black, pero tampoco era capaz de hacérselo saber. Entonces, White suspiró, nerviosa, y dijo:
-Supongo que… regresaré al salón. ¿Vienes? –Black asintió e ingresaron al aula. Cheren y Bianca charlaban cómodamente.
-Ya me voy, amigos. ¡Que pasen unas excelentes vacaciones! –se despidió Black, y acto seguido, se fue.
-Yo también me voy. Adiós. –mencionó Cheren y se alejó del lugar. Bianca y White se miraron.
-¿Qué te dijo? –se apresuró a preguntar la rubia, y la ojiazul le explicó a su amiga.
Ya afuera de la escuela, Bianca le preguntó a White antes de partir a su casa:
-Tu amigo N ya se va a graduar, ¿cierto? Ya no lo verás…
White bajó levemente la mirada.
-Supongo que no. –dijo ella.
-¿No estás triste?
-Prometimos que nos reencontraríamos en nuestros viajes. –respondió White. Bianca sonrió.
-Eso es bueno. –dijo la rubia.
