Capítulo 13
El tiempo seguía pasando en Nuvema town. Las estaciones cambiaban en un abrir y cerrar de ojos, y los alumnos esperaban ansiosos el día en que se graduarían. La vida de White y sus amigos era muy tranquila en esos momentos y todo seguía igual de bien, pues todos estaban enfocados en las clases que, al final, serían la base para el viaje pokémon que todos los alumnos emprenderían posteriormente. Como en un abrir y cerrar de ojos, como la hoja que cae lentamente del árbol, así se pasó el año. El entrenamiento, la escuela, el convivio, los amigos… todo había pasado ya en un año, y pronto llegó el día más esperado para todos los jóvenes estudiantes del último grado del instituto pokémon: la graduación. Después de ese día podrían comenzar su viaje en el momento que quisieran. Ese día, en la escuela, se otorgó el título de alumnos graduados a todos los chicos de segundo año. Felices, White y sus amigos recibieron en sus manos sus títulos. Mientras tanto, los maestros y padres aplaudían orgullosamente el reconocimiento de los chavales. White, Bianca, Black y Cheren se habían unido más como amigos durante todo ese año. El día de la graduación permanecieron juntos. Cada uno tomaría diferente rumbo ahora, y eso les entristecía.
-Por fin llegó el día de nuestra graduación. ¡Díganme que nos veremos en nuestros viajes pokémon! –exclamó Bianca.
-Será todo un placer para mí. –sonrió Black. Cheren asintió con la cabeza:
-Y tendremos batallas cuando nos veamos.
-Y si llegamos a necesitar ayuda, estaremos ahí para apoyarnos mutuamente, ¿no es así? –dijo White, y sus tres amigos asintieron al mismo tiempo. Posteriormente, los cuatro jóvenes se fundieron en un cálido abrazo que marcaba el fin de un capítulo pero también el inicio de otro. Así concluyó la graduación.
Ese mismo día, Black buscó a White para hablar con ella a solas. Hablaron antes de regresar a sus casas.
-Esta es probablemente la última charla que tendremos dentro de mucho tiempo. En cuanto nos volvamos a ver te… te diré aquello que tenía que decirte. –le dijo Black no sin cierta pena. White asintió y chocaron sus manos.
-Mucha suerte, White. –mencionó el chico.
-Mucha suerte, Black. –repitió ella en el mismo tono de voz, sonriente.
La ojiazul también se despidió de Cheren, Amanda y Bianca antes de partir. Con ésta última convivió toda la tarde, pues ninguna de las dos quería despedirse aún.
-¡Te extrañaré muchísimo, White! –había susurrado Bianca, al borde de las lágrimas.
-¡Pero seamos fuertes, que nos volveremos a ver! Esto no es un adiós, sino un hasta luego. –había dicho White, para después abrazarse tiernamente.
Ya en la noche, mientras White y su madre cenaban en casa, hablaron del viaje pokémon que la chica emprendería:
-Me gustaría partir mañana mismo, ¿puedo? –preguntó White.
-¿Oh? ¿Ya tan rápido? –respondió su madre.
-Sí, bueno, no quiero perder ningún instante.
La mamá rió suavemente.
-Muy bien hija, entonces, adelante.
Más tarde, White acomodó sus cosas para el viaje antes de dormir. Cuando terminó, apagó las luces de su habitación y, tras desear buenas noches a sus pokémon, se acostó a dormir, totalmente rendida por el día lleno de emociones que había tenido.
El día para partir a la aventura pokémon había llegado. White, entre nerviosa y feliz, salió de su hogar lista para irse con dirección al siguiente gimnasio pokémon, en Nacrene city. Se despidió de su madre y de la profesora Juniper y marchó pedaleando su bicicleta en compañía de sus pokémon.
La chica atravesó las mismas rutas que la llevaron a Accumula town y Striaton city hace un año, y sonrió al recordarlo; qué rápido había pasado el tiempo, pensó. Cuando pasó por Accumula town y su escenario recordó al Equipo Plasma, del que no había tenido noticia alguna desde el año anterior. Llegó a Striaton city y aprovechó para pasar a saludar a la profesora Fennel y a su asistente Carmen. Una vez que concluyó la visita, salió de nuevo con dirección a Nacrene city. En el camino se detuvo a descansar bajo la copa de un enorme árbol en compañía de sus pokémon. Mientras comían un poco, White pensó en aquellas personas que eran importantes para ella: su madre, sus pokémon (aunque no contaban como personas pero sí como seres importantes), su amiga Bianca, la profesora Juniper, la profesora Fennel y… Black y N.
La luna comenzaba a brillar en el ahora oscuro cielo cuando White arribó a su destino. Nacrene city era un lugar muy artístico, donde en casi todas las casas encontrabas artistas de todo tipo. Además, contaba con otros atractivos turísticos como lo son el café Nacrene, el museo de historia y, por supuesto, el gimnasio pokémon. White decidió pasar la noche en el centro Pokémon y descansar para tener su batalla al día siguiente. En cuanto amaneció entrenó un poco con sus pokémon y posteriormente se fue directo al gimnasio, con la sorpresa de saber que el museo y el gimnasio eran de la misma persona y estaban localizados en el mismo lugar. White recordó el café-gimnasio de Striaton city y sonrió. ¿Serían todos los gimnasios dos lugares a la vez?
La joven aprovechó la visita y apreció los esqueletos, antigüedades y fragmentos de historia que se exhibían en el museo. Lo que más sorprendió a la chica fue un enorme esqueleto de dragón que era la atracción principal del lugar. Tras observar curiosamente los objetos, White y sus pokémon decidieron ir a retar por fin al líder de gimnasio, dueño del museo y amante de la historia, especializado en pokémon de tipo normal. Cuando preguntó por el líder, un hombre que trabajaba ahí le explicó que era una mujer y no un hombre como ella pensaba, y que su nombre era Lenora. Acto seguido, llevó a White a reunirse con la mujer; Lenora era de tez oscura y cabellera color azul. Recibió a la joven entrenadora y la saludó gustosamente. Estaban en la habitación gigante donde el campo de batalla se había construido, y era el lugar preferido de Lenora, pues tenía todo lo que ella necesitaba: varias estanterías repletas de libros y un escritorio para poder observar detenidamente las piezas que recibía para el museo.
-No creas que por ser una chiquilla te tendré piedad. –dijo Lenora para posteriormente guiñarle un ojo a White, sonriente.
-Uh, claro… -susurró White ligeramente avergonzada.
Dieron inicio a la batalla. El primer pokémon que Lenora sacó fue un Watchog, y White decidió sacar a su Litwick. El pokémon de Lenora llevaba la ventaja por la velocidad y precisión que tenía, pero tras mucho visualizar, White se aprendió los movimientos del contrincante y logró hacer una estrategia para que su Litwick esperara el momento indicado para atacar con su "Flame burst". Watchog, aturdido por el fuego, tardó unos instantes en reaccionar, y White aprovechó la ocasión y le ordenó a su Litwick que repitiera el ataque. El pokémon de Lenora cayó abatido, y su entrenadora, con un ligero suspiro y una sonrisa, lo regresó a su pokéball. Al instante sacó otra, de la cual salió un Herdier. La pelea se reanudó, pero en menos de tres minutos, el Litwick de White fue vencido por la imponente fuerza del rival que solo necesitó un golpe para terminar al pokémon vela. White sacó su siguiente pokéball e invitó a su Pignite a la pelea. Lenora ordenó un siguiente ataque, "Bite", y Herdier corrió con una velocidad increíble hacia Abbi. El pokémon cerdo alcanzó a detener al Herdier por la cabeza antes de que llegara completamente a ella, pero el impulso que tenía el Herdier era tan poderoso que aún así alcanzó a taclear a Abbi, estremeciendo a ésta última y haciéndola caer.
-Veamos lo que tienes, White, que esta pelea apenas comienza. –sonrió Lenora mientras observaba cómo Abbi se incorporaba lentamente.
White ordenó el ataque siguiente, "Flame charge", pero el Herdier esquivó las llamaradas con agilidad. En un abrir y cerrar de ojos, el pokémon de Lenora contraatacó con "Take down", pero Abbi alcanzó a esquivarlo.
Así siguieron la batalla, esquivando, sin que ninguno de los dos pokémon pudiera atacarse completamente. Ambas criaturas estaban agotadas, pero se resistían a dejarse vencer. Entonces, White ordenó atacar con "Ember", y como era esperado, el pokémon de Lenora solo lo esquivó. Rápidamente, antes de que Herdier pudiera hacer otro movimiento, Abbi atacó con "Ember" de nuevo, y el fuego alcanzó exitosamente al contrincante. Herdier, entre aturdido y agotado, se dejó caer segundos después, y el Pignite de White hizo lo mismo. Sin embargo, la joven entrenadora aún tenía un pokémon a su favor, y Lenora no, dándole así la victoria a White.
Entre asombrada y maravillada, la líder de gimnasio le entregó la medalla "Básica" a la joven, deseándole mucha suerte en su viaje que apenas comenzaba.
-Debo decir que hacía mucho tiempo que no veía a un entrenador tan talentoso como tú, White. –comentó Lenora-. No desaproveches tu talento y sigue adelante con tu viaje.
White sonrió, y agradecida, asintió. Tras despedirse de Lenora, salió del gimnasio alegremente con su nueva medalla, dispuesta a ir a descansar con sus pokémon. Decidió que dormiría en Nacrene city nuevamente, pues no le gustaba viajar de noche, y la luna ya empezaba a iluminar el cielo para entonces. Reanudaría su viaje a la mañana siguiente.
Como todavía no era muy tarde, decidió ir a conocer el café más famoso de la ciudad junto a sus pokémon. Entró y se sentó en la terraza, donde había un joven músico tocando suavemente las cuerdas de su guitarra acústica mientras entonaba una tierna balada sobre un Lilligant. El lugar no estaba muy lleno, pero los presentes disfrutaban de la parte de la terraza, cobijados por la luz de la luna y la suave melodía que desprendía el instrumento del hombre. White reflexionaba sobre su vida mientras tomaba un sorbo de su bebida caliente. Por fin había iniciado su aventura pokémon. Retaría a los ocho líderes de gimnasio y viviría muchas excitantes experiencias. Sin embargo, White aún no estaba segura de que quería ser la campeona de Unova. Seguro que era una experiencia muy emocionante, pero lo más importante para ella era comprender a los pokémon, saber tratarlos, y lo estaba logrando gracias a Abbi, Litwick y Dwabble. De pronto, su amigo N acudió a sus pensamientos. Ella se entristeció ante esto, pues no había visto al peliverde desde que él había partido a su aventura pokémon, hace ya dos años. Desde un principio ella sabía que tenía que ser así, pero nunca imaginó que lo extrañaría tanto. En la escuela se distraía con sus amigos, y ahora que se había graduado solo pensaba en su viaje y en los líderes de gimnasio que tenía que vencer, y trataba de pensar poco en N, pues le dolía mucho. Aunque él no era un chico de muchas palabras, su simple compañía en silencio le bastaba a White. Ella se sentía muy cómoda con él. La joven nunca pensó que podría llegar a tener tanta confianza con alguien del sexo opuesto por su carácter tímido, pero la tenía.
Al igual que con Bianca.
Al igual que con Black.
Black y N.
Los mejores amigos d White.
Ella siempre se sentía muy feliz con su compañía; eran bastante agradables. Pero ahí, y ahora, ninguno de los dos estaba presente, y no se sabía cuándo podrían volver a verse.
White suspiró. El músico ahora cantaba una canción sobre un Sawsbuck que buscaba el sentido de su existencia.
¿Qué estarían haciendo Black y N en ese momento? Black probablemente estaría entrenando con sus pokémon en lugares que aún estaban lejanos para White, y N seguiría realizando su sueño de ayudar a los pokémon maltratados. ¿Y qué sentía White por ellos? A la joven le incomodaba pensar en eso, sobretodo porque recordaba el sueño que tuvo en Striaton city, pero… estaba dudando. Realmente no conocía sus sentimientos con claridad. Black y N. Sus dos mejores amigos, o sus hermanos, o quizá… ¿sus más grandes amores? La chica sacudió la cabeza ante ese último pensamiento. No, no podía estar enamorada, y menos de ambos. Ellos eran su amigos y hasta ahí. Pero… ¿por qué se había puesto celosa cuando supo que otra chica se le había declarado a Black? ¿O por qué se entristeció tanto cuando N tuvo que partir? "Amar a alguien no tiene que ser sinónimo de vergüenza" había dicho Black en su sueño. ¿Estaría enamorada entonces? No estaba segura, pero lo que sí sabía con claridad era que al día siguiente llegaría a Castelia city por su próxima medalla.
