Capítulo 16

La luna ya iluminaba el cielo de Nimbasa city. White y su amigo Cheren se subieron a la Noria, y comenzaron a disfrutar del sencillo pero relajante paseo, admirando las vistas que ofrecía la atracción; la luna, la ciudad y sus luces, las montañas a lo lejos… el escenario era incluso romántico. White se preguntó cómo sería un paseo en la Noria junto a Black o N… Nerviosa, la joven intentó pensar en otra cosa. Miró de reojo a su compañero de enfrente, que observaba la ciudad con su semblante serio de siempre. No habían hablado desde que se subieron. White nunca hubiera imaginado tener una salida así con una persona tan callada y difícil como lo era Cheren. Sin embargo, ahí estaban. Eran buenos amigos, y él era un chico amable a pesar de todo. White sonrió para sí, recordando cuán nerviosa se había puesto Bianca cuando Cheren la abrazó al despedirse de ella en la graduación. La joven suspiró ante el recuerdo de ese día, de ese evento, de esa despedida.
-¿Has visto a alguien conocido desde la graduación? –preguntó Cheren de repente, tomando por sorpresa a White. La chica miró a su acompañante a los ojos, asombrada de que preguntara sobre algo en lo que ella estaba pensando. Él la miró a ella.
-No… a veces hablo con Bianca a través del Xtransceiver, pero en persona no he visto a nadie. –contestó White. Cheren volvió a mirar la ciudad.
-Yo me encontré a Black. –dijo el chico sin cambiar la dirección de su mirada-. Aquí en Nimbasa, hace tres días. Yo acababa de llegar y él ya iba de salida.
Cheren cerró los ojos y suspiró. Después, continuó su historia sin abrir sus pesados párpados.
-Me dijo que se iría a Driftveil city por su próxima medalla, y que había escuchado de unas personas misteriosas que estaban en esa ciudad y quería ir a investigar también. –White recordó al equipo Plasma y frunció levemente el ceño-. Le dije que podía llegar a ser peligroso, que mejor no se metiera en ese asunto y se lo dejara a los profesionales. Él solo sonrió ante esto y me dijo: "Mientras pueda ofrecer mi ayuda, lo haré".
Cheren suspiró una vez más y abrió los ojos.
-Cuando ese chico se propone algo, nadie puede pararlo. –comentó el joven entrenador. White no pudo evitar sonreír tímidamente con esas palabras.
Black…
-Las personas misteriosas que mencionaste, ¿de casualidad son el equipo Plasma? –preguntó White. Cheren la miró fijamente y frunció el ceño.
-¿Los conoces? –fue la respuesta del joven. Ella asintió con la cabeza.
-Los he visto dos veces y conozco sus ideas. –dijo White seriamente. Cheren esbozó una media sonrisa.
-No creí que supieras de ellos. –murmuró él. Entonces, la Noria se detuvo. La puerta de la pokéball de White y Cheren se abrió, dejándoles el paso libre. El paseo había concluido. Momentos después, los jóvenes amigos se sentaron en una banca, en una zona más despejada, y continuaron su charla bajo la luz de la luna. Cheren cruzó los brazos en cuanto se sentó, y habló al instante:
-Aléjate de ellos. –fueron las palabras que expresó. White lo observó, extrañada.
-¿Disculpa? –dijo ella. Cheren la miró a los ojos seriamente.
-Aléjate del equipo Plasma, White. Si vuelves a verlos, no les des importancia y sigue tu camino, pues no sabemos lo que sean capaces de hacer. Black quiso enfrentarlos, y no lo detuve porque sé que puede cuidarse solo, y además, tiene a sus pokémon con él. Sin embargo, a ti y a Bianca les aconsejo que se mantengan alejadas. Será mejor prevenir que lamentar, White. Yo también los he visto, y no me dan buena pinta. –concluyó.
White miró unos instantes a Cheren sin decir ni una sola palabra, y posteriormente, dirigió su mirada hacia la luna.
-Gracias Cheren –murmuró ella después de unos instantes-. Gracias por preocuparte, pero yo tampoco puedo quedarme sentada sin hacer nada para detenerlos. Puede que solo quieran lo mejor para los pokémon, pero robar los pokémon de otros y liberarlos sin consentimiento alguno no es la forma adecuada de ayudarlos.
White se impresionó ante esta última frase sin saber por qué. ¿Deja vú?
Los amigos se quedaron en silencio unos instantes. Momentos después, Cheren retomó el habla.
-Entiendo –dijo entonces-. Supongo que no puedo hacer nada para detenerte.
En eso, el chico se levantó y sacó una pokéball de su cinturón.
-Pero antes tendrás que demostrarme que puedes valerte por ti misma y confiar en tus pokémon. –mencionó Cheren, esbozando una media sonrisa. White asintió con la cabeza y se levantó mientras sacaba una pokéball también, dando inicio a una batalla pokémon en el parque de Nimbasa city.

Después de un rato, salió un ganador: White, quien derrotó al Dewott, Liepard y Axew de Cheren. Éste observaba su última pokéball, la del Axew, entre reflexivo y asombrado. White esperó junto a su Lampent pacientemente a que su amigo retomara el habla.
-Has ganado –dijo él por fin-. Y solo usaste dos de tus tres pokémon… increíble.
White se acercó un poco más a Cheren, aún en silencio.
-No sabía que eras tan fuerte. Eres casi igual de fuerte que Black. –continuó diciendo el chico, y al final esbozó una pequeña sonrisa-. No hay nada de qué preocuparme. Pero White, si alguna vez necesitas ayuda, llámame. Yo también soy tu amigo.
White asintió, y posteriormente registraron sus números del Xtransceiver.
-Gracias Cheren. Lo mismo va para ti. –sonrió la chica. Se estrecharon las manos.
-La próxima vez no ganarás tan fácil. Suerte en tu batalla, ¡Que Elesa te espera!
-¡Gracias Cheren! Suerte en Driftveil city, ¡nos vemos!
Y cada uno se fue por un camino diferente después. White de regreso al centro pokémon de Nimbasa para pasar la noche, y Cheren por la ruta que lo llevaría a Driftveil city por su próxima medalla.


A la mañana siguiente White se dirigió directamente al gimnasio pokémon. Entró y se encontró con una montaña rusa. Un carro llegó y la chica aprovechó y se subió. El carrito se cerró automáticamente y avanzo a gran velocidad. Después de subir, bajar e incluso pasar de cabeza, el auto se detuvo. White, un tanto mareada, se bajó del juego, encontrándose con una guapa mujer alta y esbelta con cabello corto color amarillo.
-Bienvenida. –dijo la mujer poniendo una mano sobre la cintura-. Mi nombre es Elesa y soy la líder de gimnasio de Nimbasa city. Los pokémon eléctricos son mis preferidos.
-Mi nombre es White, y vengo a retarte a una batalla pokémon. –mencionó White. Elesa jugueteó con los cables que colgaban del accesorio de su cabeza.
-Muy bien, entonces acepto tu reto, White. –dijo la rubia, y acto seguido dieron inicio a la batalla.
Los pokémon de Elesa eran dos Emolga y un Zebstrika. La Swadloon de White fue la más exitosa de la pelea, pues derrotó fácilmente a un Emolga y al Zebstrika de Elesa con sus ataques tipo bicho, y además evolucionó a su última faceta: Leavanny. Abbi también triunfó sobre un Emolga.
Con una victoria rápida y excitante, la joven entrenadora venció a la líder de gimnasio.
-Vaya. –suspiró Elesa-. Eres realmente fuerte. Me has vencido sin titubear.
Elesa caminó hacia White lentamente, haciendo resonar sus tacones con cada paso
-Es por eso que te tengo que dar esto. –dijo la rubia tendiéndole a White la medalla "Voltio"-. Felicidades.
-¡Gracias Elesa! –exclamó White, sonriendo.
Ella asintió.
-Buena suerte en tu viaje. –En eso, un hombre joven llegó al campo de batalla desde el carro de la montaña rusa y se acercó tímidamente a la líder de gimnasio con un cuaderno en mano.
-E-Elesa… He venido hasta aquí por un autógrafo… ¿p-podrías dármelo, p-por favor? –dijo el hombre.
-Claro que sí. –respondió la líder, sonriendo-. ¿Para quién firmo?
-Para Mark, p-por favor…
White observó todo el movimiento. Parecía ser que Elesa tenía muchos fanáticos, y vaya que tenía razón, pues era una gran líder de gimnasio y además muy guapa. Le sorprendió la amabilidad con la que accedió a su fanático, pues White creía que era una mujer un tanto fría.
-Aquí tienes. –dijo Elesa mientras le regresaba el cuaderno y el bolígrafo a Mark.
-¡G-gracias Elesa! Vaya que ha valido la pena todas esas vueltas en la montaña rusa para llegar hasta aquí, casi regreso mi comida… En fin, me voy, ¡nuevamente gracias por tu tiempo! ¡No me pierdo ninguna de tus pasarelas, Elesa! –dijo el fanático, y posteriormente se volvió a subir a la montaña rusa para salir del gimnasio. Elesa lo observó alejarse con una sonrisa en sus labios. White parpadeó.
-¿Eres modelo, Elesa? –preguntó la joven entrenadora. Elesa miró a su acompañante.
-Así es. –y dicho esto, le guiñó un ojo. White sonrió, y finalmente salió del gimnasio.

Cuando la chica salió del edificio, campante por su nueva victoria, se encontró con dos miembros del equipo Plasma quitándoles sus pokémon a unos niños que salían de la Noria. Sin pensarlo dos veces, la ojiazul corrió hacia ellos.
-¡Deténganse! –exclamó. Los dos miembros del equipo Plasma y los dos chavales la miraron. Ella miró a los supuestos ladrones-. Devuélvanles sus pokémon.
-¿Y quién eres tú, niña? –preguntó uno de los soldados.
-Eso no importa. –respondió ella, sacando una pokéball. Los otros también sacaron.
-¿Una batalla? ¡Me parece bien! –dijo el otro miembro, e iniciaron una batalla doble. La Pignite y la Leavanny de White vencieron sobre el Liepard y el Woobat del equipo Plasma. Maldiciendo por lo bajo al término de la batalla, un soldado dijo:
-¡Bien! Les regresaremos sus pokémon, pero pronto todos los pokémon serán liberados y vivirán en un mundo sin humanos que los maltraten o molesten. ¡Que viva el Rey! –y se alejaron del parque corriendo. Los niños abrazaron a sus pokémon, aliviados.
-¡Gracias señorita! –dijo uno.
-¡Temíamos que se llevaran a nuestros pokémon para siempre! –exclamó el otro.
-No se preocupen, ya todo está bien. –sonrió White mientras regresaba a sus pokémon a sus respectivas pokéballs.
-¿Es cierto eso, señorita? ¿Los pokémon vivirán en un mundo sin humanos? –preguntó el primer niño.
White cerró sus puños.
-No pasará eso. Todo será igual, no te preocupes.
-¡Qué alivio, gracias de nuevo señorita! –mencionó el segundo y se alejaron después. White se quedó unos instantes ahí de pie, y después se alejó con dirección a Driftveil city.