Capítulo 18

A la mañana siguiente, mientras White pasaba por la ruta 6 camino a Mistralton city, recibió una llamada en el Xtransceiver de parte de la profesora Juniper. La chica se detuvo y se colocó con su bicicleta debajo de la frondosa copa del árbol más grande y cercano que vio. La imagen de Juniper apareció en el Xtransceiver.
-White, ¡Buenos días! ¿Cómo va todo? Llamaba para decirte que Clay y Lenora ya me hablaron de la piedra negra que te otorgaron, y he hecho unos descubrimientos muy interesantes sobre ella. –resonó la voz de Juniper desde el pequeño aparato comunicador.
-¡Hola profesora! Es un placer volver a hablar con usted. ¿Cuáles son esos descubrimientos que hizo? –respondió la joven.
-Verás, hay una leyenda sobre la creación de Unova que deberías conocer. ¿Tienes tiempo para escucharla?
-Claro profesora. –White se recargó en el árbol para estar más cómoda y prestó mucha atención a las siguientes palabras de la científica.
-Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo existió un héroe. Un héroe que, junto a un poderoso pokémon, creó la región de Unova. El pokémon y su compañero humano no eran similares en ningún sentido, y a pesar de sus diferencias se llevaban muy bien y eran los mejores amigos. El héroe tenía un hermano gemelo con el que el pokémon también se llevaba muy bien. Los tres eran inseparables.
"Un día los hermanos se pelearon de una manera terrible, al grado de dejarse de hablar e irse cada uno por su lado. El pokémon quería mucho a los gemelos, y se vio entre la espada y la pared en el momento de la disputa.
Antes de la separación final, los hermanos le preguntaron al monstruo que con quién deseaba quedarse. Como el pokémon no podía elegir a uno de los hermanos, no tomó una decisión, y su tristeza por la separación era tan, tan grande que el monstruo rompió en desesperación y se dividió en dos, complaciendo así a ambos hermanos. Cada hombre se fue con un pokémon, y ningún par volvió a verse jamás, ni el pokémon que antes era uno se volvió a unir." –finalizó Juniper. White reflexionó la historia de la profesora. Le parecía triste que los hermanos nunca se hubieran perdonado, y que el pokémon tuviera que dividirse así porque amaba tanto a ambos hermanos.
-¿Quién era el verdadero héroe, profesora? –preguntó la joven de repente.
-Ambos eran héroes, pues el otro hermano también ayudó en la creación de Unova, pero nunca se reconciliaron. Los pokémon eran uno mismo también, sin embargo se separaron, uno con características de fuego y el otro de trueno. Cada hermano tenía ideas diferentes para el bienestar mundial, y nunca lograron aceptarse y respetarse para llegar a acuerdos. Es aquí donde entra la piedra. Parece ser que un pokémon de la creación, el del trueno, tiene relación con esa piedra negra que llevas contigo. –explicó la mujer. White miró a la profesora, asombrada.
-¿Con esta piedra…? –logró decir la chica. Juniper asintió con la cabeza.
-Zekrom, el pokémon negro del trueno. Estamos seguros de que ese pokémon tiene algo que ver con la piedra, pero no logramos averiguar qué exactamente. Ese será tu trabajo.
White asintió lentamente, ligeramente dubitativa. Juniper sonrió con ternura, lo cual le pareció poco común a White.
-La idea de ver a un legendario te asusta, ¿verdad? –murmuró la profesora, y White se ruborizó levemente-. Pero no te preocupes, todo estará bien, debes confiar en ti misma y en tus pokémon. Pero ¿sabes? Hay otra piedra: la piedra blanca, la que representa y parece estar vinculada a Reshiram, el pokémon blanco del fuego. ¿Encuentras relación?
White reflexionó unos instantes.
-Sí. Blanco y negro, opuestos, diferencias, ying y yang. La leyenda de la creación de Unova y el pokémon que se dividió por el amor que les tenía a los hermanos. Zekrom y Reshiram… son el equivalente de aquel pokémon que se dividió en dos, ¿no es así, profesora?
-¡Bingo! -Exclamó Juniper-. ¿Y tienes alguna idea sobre los héroes?
-Si yo tengo la piedra negra… -White parpadeó varias veces de repente-. Profesora, ¿quién tiene la piedra blanca?
La mujer suspiró.
-No lo sabemos, White. Tuvimos mucha suerte de que algo tan importante como la piedra negra haya llegado a manos nobles y honestas, pero la otra piedra… no sabemos qué clase de persona la pueda tener. Son muy llamativas por el distintivo brillo que poseen, así que lo más probable es que esté en manos humanas.
-¿Qué pasa si las piedras se encuentran?
-No lo sabemos tampoco, pero nos gustaría saber. Es probable que en tu viaje te encuentres con la otra piedra, White. Quizá tú seas uno de los héroes de Unova. Perdón, heroína. –sonrió la profesora.
White reflexionó las palabras de Juniper; recordó que esa piedra había vuelto a sentirse más "viva" en la mañana, como si fuera un bebé que va despertándose poco a poco. Quizá Zekrom dormitaba dentro de la roca, y por eso se sentía algo latente dentro de ella. La simple idea estremeció a la joven entrenadora.
-En fin White, solo llamaba para decirte eso. Si sabemos algo más te llamaremos; lo mismo deberías hacer tú. Sigue tu viaje tranquilamente. ¡Adiós y suerte! –Concluyó la profesora Juniper, y dicho eso, colgó. White se estiró, se subió en su bicicleta y siguió su camino.
La joven nunca hubiera imaginado que a alguien como ella le sería concedido un objeto tan importante como parecía ser la piedra negra. "Sin embargo haré lo mejor que pueda en este viaje." Pensó la chica mientras miraba la entrada a la "Chargestone Cave" o "Cueva Electrorroca".


La Chargestone Cave era una cueva repleta de piedras resplandecientes y flotantes color azul gracias a la gran cantidad de energía eléctrica que ahí había. White miró a su alrededor una vez que entró; las piedras iluminaban el lugar, pero también le daban un toque escalofriante. Se adentró a la cueva y la exploró con suma precaución, cuidándose de los pokémon eléctricos salvajes y de los lugares muy oscuros o sin salida.
Después de un buen rato White llegó finalmente a la salida. Se encontró con unos cuantos entrenadores entrenando, pero eran muy pocos. Cuando la joven estuvo a punto de salir de la cueva, alcanzó a distinguir frente a ella una silueta familiar. Estaba ahí, de pie, mirando la salida de la cueva. Esa ropa, ese cabello, esa gorra…
White sintió de repente como la sangre le bajó por el cuerpo, nerviosa, y abrió los ojos como platos.
La silueta se giró lentamente para mirar por encima del hombro a su acompañante. Los labios de White formaron su nombre, más no lo pronunciaron. La silueta giró todo su cuerpo hacia la chica y comenzó a andar hacia ella. White se quedó ahí, sin habla.
-White. –murmuró la figura, iluminada por la luz del exterior. La joven entrenadora pudo por fin observar la cara de su amigo que ahora estaba de pie frente a ella.
Los labios de él dibujaban una sonrisa sincera, de alegría pura y tímida, como si fuera la primera vez que lo hacía, y sus ojos verdes se iluminaron al instante.
-N… -susurró al fin la joven, abriendo los brazos con intención de abrazar a su amigo que tanto había extrañado. En eso, N abrió los ojos como platos y dio un paso hacia atrás, cabizbajo.
-No… -murmuró el chico, tomando su cabeza entre sus largas manos-. No… te acerques…
White lo miró, confundida.
-¿Qué sucede, N? ¿Te duele algo? –preguntó la chica.
-Yo… -murmuró N. Entonces se soltó la cabeza lentamente, y con las manos a los costados miró a White. Su mirada estaba ahora perdida. No parecía humano. No parecía N. El brillo de sus ojos y la inocencia de su sonrisa se habían esfumado totalmente de su cara.
-Les daré a los pokémon la libertad que los humanos les quitó. Les daré… su libertad. Lo juro por mi vida. –dijo N. Su voz carecía de emoción alguna. Dirigió su mirada hacia su lado derecho y observó una piedra flotante que estaba cerca de él. Murmuró algo, pero White no lo escuchó y tampoco quiso preguntar. Se sentía extraña. Él no era su amigo N.
-Siento una energía muy poderosa emanando de ti. Qué interesante. ¿Han pasado cosas realmente interesantes desde la última vez que nos vimos, ¿cierto, White? –dijo el chico mientras la observaba con su mirada perdida, y acto seguido comenzó a caminar lentamente y pasó a un lado de la chica sin mirarla, para después internarse en la cueva y dejar atrás a White en un estado de confusión total. Ésta no observó a N perderse entre las piedras brillantes, ni hizo un intento por girarse o hablar. Se quedó ahí, mirando la luz que emanaba del exterior de la cueva, con los ojos bien abiertos y muchas preguntas dentro de su cabeza. Momentos después, la joven reanudó la caminata hacia la salida. Y con pasos lentos y pesados, la entrenadora llegó al exterior de la cueva y vio los primeros rayos del sol debajo de la ciudad de Mistralton después de tanta oscuridad.