Capítulo 20
A la mañana siguiente, White y su equipo salieron de Mistralton city con dirección a Icirrus City. La joven seguía pensativa por los sucesos anteriores, sin embargo, estaba dispuesta a ganar su siguiente medalla con una sonrisa en sus labios. Rato después White distinguió una enorme torre que se alzaba frente a ella rodeada de frondosos árboles que embellecían la ruta. Era la "Celestial tower" o "Torre de los Cielos", edificio construido para rendir culto a los pokémon fallecidos. White y su equipo decidieron entrar a conocer el lugar. Ya dentro, apreciaron un montón de lápidas simétricas que llevaban diferentes nombres de pokémon fallecidos. Había poca gente en el lugar, y el ambiente era nostálgico, pensó White. Para subir a los otros pisos de la torre se tenía que ascender mediante unas largas escaleras tipo caracol, y la chica no dudó en usarlas. Entre más subía, menos gente encontraba, lo cual le daba un toque escalofriante al lugar, Cuando llegó al último piso, después de un buen rato, se encontró con un pokémon salvaje que decidió capturar; era un Elgyem. Después de guardar a su nuevo pokémon, la chica descubrió una puerta que daba al exterior. Curiosa, la ojiazul cruzó la puerta y descubrió que estaba en el punto más alto de la torre, con una gran vista frente a ella. Alzó la mirada y dio con una enorme campana bañada en bronce que reposaba no muy lejos de ella. Sin temor a las alturas, sintió el viento chocar contra su cuerpo desde lo alto de la torre de los Cielos. Miró por debajo de ella y alcanzó a distinguir vagamente a personas entrenando con sus pokémon y a la ciudad de Mistralton city con su aeropuerto más claro que antes. White respiró hondo y observó a su alrededor, apreciando el paisaje y la vista que no encontraría en ningún otro lugar. Momentos después, decidió acercarse a la campana.
Estaba tallada en bronce puro y localizada en el centro de la torre. Era grande y parecía estar realmente pesad. Sobre el yugo de la campana estaba pegado un letrero que decía lo siguiente: "Tira de mí y escucharás mi sonido. El sonido que relajará las almas de los pokémon que aquí yacen, y las almas de los seres que vienen a tocar esta campana…"
White miró el badajo del instrumento y lo tomó entre sus manos. Al instante, lo agitó con todas sus fuerzas e hizo que el sonido de la campana resonara en toda la zona. El sonido que salía era poderoso, y se extendió por todo el lugar; Pidoves que reposaban en las copas de los árboles más altos y cercanos alzaron el vuelo en fracción de segundos. Era como si todas las cosas se hubieran hecho una con el eco de la campana, con el sonido tan profundo y penetrante…
White cerró los ojos y disfrutó de sonido, mismo que tardó unos instantes en desvanecerse completamente. Sin saber muy bien por qué, una pequeña y tímida lágrima rodó por la blanca mejilla de la ojazul. ¿Cuál era su significado? ¿Era por los pokémon que habían muerto y reposaban ahí, en la torre? ¿Era por el sonido de la campana que le había hecho estremecer? O ¿acaso era por la carga emocional que no había desahogado desde hace varios días?
White se dejó caer, ahí, frente a la campana, y sollozó en silencio. Lloró, y por fin comprendió el por qué de sus lágrimas.
Eran las tres razones anteriores.
Y el viento volvió a soplar, ahí, en el punto más alto de la torre de los Cielos.
Rato después, White salió de la Celestial Tower. Ya más tranquila y sin sentimientos reprimidos, decidió reemprender su camino. Llegó a una montaña que estaba en constante mantenimiento llamada "Twist Mountain" o "Monte Tuerca". Le tomó un buen rato cruzarla por las áreas prohibidas o en reparación, además de las constantes desviaciones o los confusos caminos del extenso monte. Sin embargo, pronto distinguió las luces de Icirrus City. Había llegado, y el sol ya estaba a punto de esconderse.
Icirrus city era una ciudad no muy grande donde los días lluviosos eran muy comunes y los charcos con pokémon salvajes también. Sus rehiletes, que se alzaban imponentes en las depresiones que rodeaban la ciudad, resaltaban en la oscuridad con sus siluetas. Sin embargo, lo más característico de la ciudad era la "Dragonspiral tower" o "Torre Duodraco", que según los pobladores de la ciudad, es sagrada para los pokémon dragón y parecía guardar una relación con los legendarios dragones Reshiram y Zekrom, pero nadie sabe con exactitud qué o por qué. Cuando White arribó, le tocaron chubascos en la ciudad. Trotando y cubriéndose bien con su gorra, la joven se internó rápidamente en el centro pokémon para descansar. Aprovechó el resto de la noche para llamarle a su mamá, a la profe. Juniper y a Bianca (¡Cómo deseaba White entablar una conversación con su desaparecido amigo Black!) y posteriormente caer dormida como bebé.
Al día siguiente, White se dispuso a ir a retar al líder de gimnasio, que era un hombre que se especializaba en el tipo hielo. Cuando la ojiazul entró al lugar, se llevó la sorpresa de empezar a tiritar al instante, pues el gimnasio era muy frío con todo ese hielo que ahí había. Deslizándose a través del hielo y entrando por fin en calor por el movimiento llegó White hasta donde estaba el líder de gimnasio. Era un hombre adulto con cabello azul como el hielo y peinado con una trenza. Tenía una máscara del mismo color de su pelo que le cubría únicamente los ojos. Su rostro comenzaba a reflejar los signos de la edad avanzada, y su mirada evocaba la madurez y la seriedad por los años vividos.
-Bienvenida al gimnasio pokémon de Icirrus city. –comenzó el hombre. Su voz era grave, y su tono era neutro-. Mi nombre es Brycen y me especializo en los pokémon tipo hielo. Vienes por una batalla, ¿no es así? Lo veo en tus ojos.
White lo miró y asintió con la cabeza.
-Soy White. –se presentó la chica. Brycen hizo una corta reverencia a modo de saludo, y acto seguido dieron inicio a la pelea. Los osos de hielo de Brycen, Cubchoo y Beartic, no fueron competencia alguna para el fuego, la hierba y los poderes psíquicos de los pokémon de White. Sin embargo, la batalla decisiva fue la del Cryogonal de Brycen y el Lampent de White. Al cabo de un rato, se anunció la victoria de la joven entrenadora.
-Increíble, tú y tus pokémon han peleado muy bien. Tus pokémon confían plenamente en ti, White, eres muy hábil. –Le elogió Brycen.
-Gracias. –contestó la chica con una rápida sonrisa.
Brycen frunció el ceño suavemente.
-¿Está todo bien? Te noto un tanto confundida. Tendrás habilidad para las batallas, pero hay algo en tu corazón que te perturba, ¿no es cierto? –preguntó el hombre. White lo miró, con sus pupilas dilatándose. ¿Cómo se había dado cuenta? Apenas lo conocía, y White no era una chica que hablara mucho de su vida privada con alguien que acababa de conocer. A pesar de eso, él había percibido un desequilibro en su corazón a simple vista. Como si le hubiera leído la mente, Brycen asintió con la cabeza lentamente y dijo:
-Sea lo que sea, sería bueno que lo expusieras. Yo te podría escuchar si así lo desearas. Tu semblante me lo dice todo. Con sentir tu energía puedo saber que estás triste o feliz, preocupada o excitada.
White abrió la boca para decir algo, pero de repente se escuchó un estruendo detrás del gimnasio, exhaltando a los presentes. Brycen se puso tenso y frunció aun más el ceño.
-Algo… algo está pasando en la Dragonspiral tower. Tengo que ir a ver. –murmuró el hombre. Después, miró a White a los ojos, con esa seriedad y neutralidad que parecían identificarlo-. No te preocupes, todo estará bien. Mi propuesta sigue en pie, ¿de acuerdo? Me voy.
Y dicho eso, salió del gimnasio corriendo en un abrir y cerrar de ojos, atravesando el hielo con una facilidad que a White se le antojó imposible para ella. Sin embargo, la chica guardó su última pokéball, la de su Lampent, y posteriormente siguió a Brycen.
