Capítulo 23

En la mañana siguiente, White partió montada sobre su bici a Opelucid City por su última medalla. Llevaba el suéter de su mejor amigo dentro de su bolsa color rosa, y no fue sino hasta ese día que recordó que Black aún tenía una promesa que cumplir. Sonrió para sí. Tantas cosas habían pasado en tan pocos días, pero estaba dispuesta a llegar a la liga Pokémon, concluir su viaje de manera exitosa y a detener a N y al equipo Plasma.
La joven hizo algunas paradas a lo largo del camino para hablar por el Xtransceiver con la profesora Juniper y su con su mamá.
"Que Reshiram haya despertado y a favor del Equipo Plasma no es sinónimo de derrota, White. ¡No te rindas!" le había dicho Juniper. "Black me llamó hace rato desde la liga Pokémon. Seguirá investigando al equipo Plasma en cuanto termine la liga, pero te digo esto para que recuerdes que no estás sola, White."
No estás sola.
Las mismas palabras que Brycen le había dicho el día anterior.
Después de cruzar el puente Tubeline, con todos los automóviles pasando por debajo de ella, White llegó a un edificio que era una enorme tienda pokémon y aprovechó para evolucionar a su Lampent en Chandelure con una piedra Noche. También entrenó un rato en la hierba y atrapó una Mienfoo en la zona. Cuando terminó, reemprendió su viaje hacia Opelucid City.


En cuanto White llegó a la ciudad vio en la plaza principal lo que parecía ser un discurso. Frunció el ceño cuando reconoció a Ghetsis hablando, como en aquella ocasión en Accumula town. Los murmullos de impresión de parte de los espectadores no cesaban. Whiet se acercó a la multitud.
-¡Por último, os ruego que piensen en la felicidad de vuestros pokémon! Y con esto finalizamos, muchas gracias a todos por su atención y comprensión. –dijo Ghetsis, dando por terminado su discurso. Los miembros del Equipo Plasma recogieron todas sus banderas en un abrir y cerrar de ojos mientras los espectadores se retiraban del lugar. White observó a los soldados partir. El rey del que tanto hablan, aquél que "los llevará a la felicidad" era N, y aún no podía creerlo. ¿Quién sería ese "Ghetsis" en realidad?
-¡Qué palabras tan más disparatadas! Exclamó una voz de chica. White dirigió su mirada hacia la dueña de esa exclamación: era una niña de corta estatura, vestimenta rosa y amarillo, cabello oscuro muy largo y voluminoso y tez morena. La niña miró a White también.
-¡Tú! ¿Escuchaste las palabras del señor de cabello verde? –preguntó la joven, y White asintió-. ¿Verdad que son tonterías?
White volvió a asentir.
-¡Ajá! ¡Tú si sabes! Los pokémon y los seres humanos no pueden separarse! ¡Somos dependientes! –exclamó la chica mientras daba pequeños saltos en el lugar-. Por cierto, mi nombre es Iris. ¿Cómo te llamas?
-Mucho gusto Iris, yo soy White. –contestó la joven entrenadora.
-Ah, White, ¡lindo nombre! ¿Eres de por aquí? ¿Entrenas pokémon acaso? –comenzó Iris, pero en ese instante llegó un corpulento y alto hombre de cabello blanco, mirada fija y peculiar barba en forma de dientes de dragón. Él colocó su mano protegida con un guante azul sobre el hombro de la niña, y ésta se giró para verlo.
-Iris. Te necesito dentro. –dijo él. Su voz era grave y ligeramente intimidante. Iris resopló.
-Aww, apenas que iba a hablar con White.
-¿White? –el señor encarnó una ceja.
-Yo… yo soy White, mucho gusto. –dijo White, no sin timidez. El señor la miró unos instantes, y White bajó ligeramente la mirada, pues los ojos del hombre le intimidaban.
-Oh, perdona. Es un placer, mi nombre es Drayden. ¿Eres amiga de Iris? –se presentó el imponente hombre.
-¡Ella estuvo en el discurs de ese tal equipo Plasma también! –exclamó Iris.
-Ah, ya veo. ¿Qué piensas de la filosofía de esas personas, White? –preguntó Drayden.
-Uh… creo que sus métodos y sus ideas no son la mejor forma de ayudar a los pokémon que sufren maltrato por los humanos… es decir, la mayoría de los pokémon no odian a los humanos. –contestó la ojiazul. Drayden asintió.
-Así es, además, nuestras existencias son dependientes. No podríamos vivir sin ellos, ni ellos sin nosotros. ¿Eres entrenadora, White?
Ella asintió también.
-Lo suponía. ¿Vienes por tu octava medalla pokémon? –preguntó el señor. De repente, a Iris se le iluminaron los ojos, y miró a White con un nuevo brillo de curiosidad y felicidad.
-White, ¿vienes por tu siguiente medalla? ¿Enserio, enserio, enserio? –exclamó la chica. White asintió tímidamente, e Iris dejó escapar un pequeño grito de felicidad y comenzó a saltar de nuevo. Drayden suspiró y se cruzó de brazos.
-Perdón, ella es así de hiperactiva. Permíteme decirte que yo soy el líder de gimnasio de Opelucid city, y me especializo en los pokémon tipo dragón. –dijo Drayden, e Iris le interrumpió.
-¡También es el alcalde de Opelucid! –sonrió la niña. White abrió más los ojos, pero a Drayden pareció no importarle el comentario de Iris. ¿El líder de gimnasio y el alcalde al mismo tiempo? White no podía creerlo; si antes ya se le hacía imponente, con esas declaraciones se había vuelto todavía más imponente.
-Oh, ¿podría tener una batalla contra usted, señor Drayden? –preguntó White.
-Claro, pero… -Drayden miró a Iris, que ya había dejado de saltar y atendía a la conversación con una sonrisa de lado a lado-. Quiero que Iris pelee en mi lugar.
La niña lo miró, y su semblante se iluminó al instante.
-¿Enserio? ¡YAY! ¡Gracias! –dijo Iris, y luego se dirigió a White-. ¡Te estaré esperando en el gimnasio pokémon, White!
Y posteriormente se alejó corriendo a gran velocidad. White la observó perderse entre las calles empedradas de la ciudad. Drayden suspiró.
-Esa niña tiene mucha energía. Ella anhela ser la próxima líder del gimnasio de Opelucid City, por eso se emociona tanto en cuanto a batallas se refiere. Quiero que se vaya entrenando, que sepa que no es fácil y que habrá muchos retadores que le darán una gran batalla. –Drayden miró a White a los ojos-. Veo en tus ojos mucha determinación, por eso quise que fuera Iris tu contrincante y no yo. Sé que le darás una gran pelea, ganes o pierdas.
Drayden miró al cielo. Opelucid era una ciudad con muchos valores históricos, casas antiguas y calles encantadoras. En la ciudad se respiraba un aire de nostalgia y de elegancia, con esas construcciones que aún se alzaban en la ciudad después de muchos años y en las cuales habían sucedido tantas cosas con el paso de los años. Tras unos segundos en silencio, Drayden retomó el habla.
-Hace tres días vino un entrenador al gimnasio por su octava y última medalla. Era igual de joven que tú. El chico era muy centrado, y peleó con gran agilidad y destreza. Sus pokémon estaban muy bien entrenados, y amaban bastante al joven; se tenían mucho cariño y confianza. Fue una pelea rápida, pues el chico me venció con tanta facilidad que no lo podía creer. Era un joven talentoso, como si hubiera nacido para los pokémon y las batallas. –White escuchaba atentamente al relato-. Me sorprendí mucho, al grado de que estuve dispuesto a pedirle que le ayudara a Iris a entrenar… pero no lo hice.
-¿Por qué no? –preguntó White. Drayden tardó unos segundos en responder:
-Aunque lleve a Iris con el mejor entrenador del mundo, ella no cambiará. Ella debe aprender por sí misma… lo que realmente significa ser un líder de gimnasio. Y lo aprenderá a su debido tiempo y con su propia experiencia, no con la experiencia que yo tengo o con la habilidad de otro entrenador.
-Esas son sabias palabras, señor Drayden. –murmuró White, reflexionando-. ¿Quiere mucho a Iris, verdad? ¿Puedo preguntar qué es ella de usted?
-Mi hija.
White, asombrada, abrió la boca para decir que no se lo esperaba, pero prefirió callar.
-¿Puedo preguntarte algo? ¿De dónde vienes, White? –preguntó el señor entonces.
-De Nuvema town.
Drayden observó a White fijamente.
-Qué curioso. El chico del que te hablaba hace unos instantes también venía de Nuvema town. –mencionó el líder de gimnaso. White abrió más los ojos. ¿Podría ser Cheren? ¿O quizá Black?
-De casualidad, ¿ese chico llevaba una gorra roja con blanco? –preguntó White, y Drayden encarnó una ceja, curioso.
-Sí… ¿le conoces?
White sonrió. Pensar en Black le reconfortaba el corazón. Su cálida sonrisa…
-Sí. –contestó la niña sin cambiar su semblante. Drayden le observó unos segundos y después sonrió rápidamente.
-Ya veo. Qué pequeño es el mundo, ¿verdad? Será mejor que vayamos al gimnasio antes de que sea demasiado tarde. ¿Me permitirías ser espectador en la batalla, White?
-¿Huh? ¡Por supuesto! –sonrió la joven, y posteriormente se dirigieron al gimnasio Pokémon, atravesando las calles de Opelucid city que tantas historias tenían para contar.