Capítulo 25
Cuando cayó la noche, White y sus pokémon decidieron parar el entrenamiento y descansar. White preparó un saco de dormir que compró en el Centro Comercial que había antes de llegar a Opelucid city y se relajó sobre él. Sus seis pokémon se acurrucaron cerca de ella, agotados. La joven y sus amigos observaban las estrellas debajo de un árbol, con los párpados rindiéndose ante el sueño.
-Es… una hermosa noche… tenía mucho tiempo que… no me permitía apreciar una noche así… -susurraba White mientras acariciaba suavemente el caparazón de su Tirtouga-. Mañana será… un día emocionante… pues la Liga Pokémon nos espera, amigos… ¿Estáis todos listos?
White no cambió su posición, pero percibió el movimiento de cabezas de sus pokémon.
-Descansad, amigos míos… buenas noches… -murmuró la joven para después caer rendida ante el pesado sueño que le inundaba desde momentos antes, y no supo más. Los siete amigos durmieron allí, todos juntos y acurrucados. Ninguno se percató de las estrellas que velaron sus sueños, ni de la luna que iluminó sus esperanzas.
A la mañana siguiente, White partió con dirección a la Calle Victoria, el más grande desafío para los entrenadores pokémon antes de la Élite 4. White se puso de cuclillas frente a sus pokémon y les compartió unas palabras:
-Abbi, Leavanny, Chandelure, Beheeyem, Mienshao y Tirtouga. –comenzó la chica-. Quiero agradecerles todo el apoyo y la confianza que me han brindado. El estar aquí es resultado del esfuerzo en equipo que hemos hecho. Los amo a todos y a cada uno de ustedes con todo mi corazón. Hemos derrotado ya a todos los líderes de gimnasio, pero todavía falta la élite 4, que son más poderosos que todos los líderes juntos. Pero no se preocupen, pues si unimos nuestras fuerzas y damos lo mejor de nosotros, venceremos. Así que, ¡vamos allá!
Se fundieron los siete en un cariñoso y efusivo abrazo después, y al terminar reanudaron la caminata por la ruta llena de pokémon salvajes y poderosos entrenadores.
Cuando estaban por salir de la ruta y adentrarse en la Calle Victoria, White reconoció la silueta de una amiga.
-¿Amanda? –dijo la ojiazul, para después sonreír y correr hacia ella-. ¡Amanda!
La Ace trainer se volteó y sonrió ampliamente al ver a su amiga.
-¡White! ¡Qué gusto verte por aquí! –dijo la peliazul, y se fundieron en un abrazo. Amanda llevaba ropas de Ace Trainer: Chaleco naranja, falda naranja y mallas negras. Su pelo iba recogido en dos largas coletas que se rizaban en las puntas de manera elegante.
-¿Vas a la liga Pokémon, Amanda? –preguntó White, y su amiga asintió.
-Sí, ¿tú también?
-Así es. –sonrió la ojiazul.
-Ya veo. Te ves más madura, White. Eso es bueno.
-Lo mismo digo. Un viaje no es un viaje si no tiene lecciones que enseñarte, ¿no crees?
Platicaron un rato a las afueras de la Calle Victoria, compartiendo anécdotas y consejos. Un rato después, White habló, no sin cierta pena:
-He de irme, Amanda. –dijo la joven-. Me gustaría quedarme a platicar más tiempo, pero no me agradaría pasar la Calle Victoria de noche, y creo que a ti tampoco.
Amanda asintió.
-Tienes razón, será mejor que te vayas ya. Mucha suerte, White. –dijo Amanda. White la miró, confundida.
-¿No vienes? –preguntó la joven entrenadora, y la Ace trainer negó lentamente con la cabeza.
-No me siento preparada aún. Me quedaré a entrenar tanto el cuerpo como el alma. –explicó la chica. White la observó y asintió con la cabeza después.
-Comprendo. Espero poder verte pronto, Amanda.
-Yo también espero verte pronto, White. Mucha suerte ahí dentro.
Estrecharon sus manos, sonrientes. Había sido un encuentro corto, pero lindo.
Finalmente, White se adentró en la Calle Victoria con paso lento, y Amanda la miró partir.
"Seguro saldrás de ahí como la nueva campeona pokémon de toda Unova, White." Pensó Amanda, y acto seguido, se dio la media vuelta con una sonrisa y regresó a su entrenamiento cerca de la Ruta 10.
White atravesó el chequeo de medallas rápidamente. Al término, la dejaron pasar a la Calle Victoria.
La calle Victoria era una cueva extensa y complicada debido a sus múltiples y confusos caminos. No había muchos entrenadores dentro, pero los pocos que había eran muy fuertes y experimentados, al igual que los pokémon salvajes que ahí aparecían. White siguió caminando, atravesando entradas que la llevaban a cuevas y cuevas que la llevaban a precipicios. La joven aprovechó para entrenar un poco más, y finalmente, su Tirtouga evolucionó en Carracosta tras una emocionante batalla contra un Ace trainer que la había retado.
Salir de la Calle Victoria le tomó a la chica cerca de tres horas. Agotada pero satisfecha, White encontró finalmente la verdadera salida. Estaba a punto de atravesar el otro lado de ese enorme laberinto cuando una persona le salió por delante de manera inesperada.
-¿Quién…? –comenzó White, pero calló en cuanto reconoció al invitado.
-Creí que nunca llegarías a la salida. –murmuró Ghetsis-. El rey N está retando la élite 4 para ganarse a la gente con mayor facilidad una vez que se haga el campeón pokémon. ¿Por qué no vienes y admiras el fabuloso surgimiento del poder del Equipo Plasma? No querrás perdértelo, ¿verdad?
Ghetsis soltó una carcajada que resonó en la cueva e hizo volar a unos cuantos Woobats.
-El equipo Plasma te espera. –sonrió el señor, y después desapareció tras las sombras y la oscuridad de la cueva. White frunció el ceño. Sin saber muy bien por qué, sacó su piedra negra de su bolso la observó. Seguía igual de brillante que siempre. La acarició un poco y posteriormente la volvió a guardar, para después salir de la cueva con más valentía que antes.
Por fin había llegado a la Liga pokémon. Entró al edificio. Había muy poca gente, un centro pokémon, una tienda pokémon y la puerta de entrada que llevaba al gran reto. La joven tragó saliva. Era ahora o nunca. N también estaría ahí. ¿Qué vendría después de la Liga pokémon? ¿Qué estaría planeando el Equipo Plasma?
La joven curó a sus pokémon en el Centro Pokémon y aprovechó para comprar unas cuantas medicinas en la tienda. Después, se dirigió al arco central. Se detuvo frente a la puerta que la llevaría a la Élite 4 y la observó. Había llegado el momento. Segundos después, se decidió a pasarla sin titubeo alguno, adentrándose en una nueva e inesperada aventura.
Frente a White había una enorme estatua con cuatro caminos alrededor. Ella era libre de elegir el orden de los caminos hacia los jefes de la Liga pokémon. Tras meditarlo unos instantes, la joven decidió tomar el primer camino de su izquierda, y se adentró en él. Era un cuarto oscuro y fantasmagórico, donde solo iluminaban unos relámpagos que parecían provenir de la parte más alta de la sala. White alzó la vista y admiró las enormes estanterías que se alzaban alrededor del cuarto, y rápidamente, una vela flotante se encendió de la nada y una fuerza paranormal la hizo flotar, llevándola a través de los libros y los relámpagos que la hacían estremecer. La fuerza paranormal dejó a la joven en la punta más alta de la sala, donde un escritorio de madera repleto de libros y cuadernos desordenados reposaba junto a una pequeña y tenue lamparita. White, mirando hacia todos los lados y forzando la vista a falta de suficiente iluminación, exclamó:
-¿Hay alguien aquí?
De repente, el escritorio se movió, y por debajo del mueble salió una mujer de cabello corto color morado, vestido violeta y mallas del mismo color. Usaba lentes redondos y llevaba con ella un cuadernillo rojo y una pluma. La chica se acomodó sus anteojos y sonrió:
-Oh, ¡Bienvenida! Estaba tan metida en mi novela que no te oí llegar, perdona. Vaya, hoy han llegado muchos retadores, qué curioso. En fin, mi nombre es Shauntal, y mi especialidad son los pokémon fantasma. ¿Cómo te llamas? –dijo la mujer.
-Uh, soy White… mucho gusto. –respondió la ojiazul, aún asombrada.
-Bien White, entonces empecemos esta batalla. ¡Espero que me sirva de inspiración para mi siguiente libro! –exclamó Shauntal, y posteriormente sacó a su primer pokémon, un Jellicent. Las chicas comenzaron la batalla.
Los pokémon de Shauntal eran rivales muy fuertes que siempre sorprendían a White con sus ataques psíquicos o fantasmales, pero después de una dura batalla, la decisión final quedó entre el Golurk de Shauntal y el Leavanny de White. Sin embargo, la velocidad y los ataques tipo planta de Leavanny triunfaron sobre los ataques tipo fantasma del Golurk. White había obtenido su primera victoria en la Élite four.
-¡Wow! Eres muy fuerte, ¡claro que me inspiraste! No te dejes engañar, que el reto apenas comienza. ¿Sabes? Hace unos momentos escribía sobre un chico de tristes ojos verdes que vino a retarme momentos antes. Tenía una mirada perdida, parecía que no era feliz. Me sentí mal por él sin saber por qué exactamente, pues incluso so voz apagada me hacía pensar que estaba poseído o algo así. –mencionó Shauntal. White bajó la mirada lentamente. Sabía que la mujer se refería a N-. En fin, White, sigue adelante en este reto. ¡Buena Suerte!
-¡Gracias Shauntal! Pero, ¿podría preguntarte algo antes de partir? –sonrió White tímidamente. Shauntal sonrió.
-¡Claro, adelante!
-Uhm, ¿cómo es que hay relámpagos en esta habitación si estamos en la Élite four y en el exterior hay un hermoso sol iluminándonos?
Shauntal parpadeó un par de veces y miró hacia atrás, observando la gran ventana que reflejaba el brillo de cada relámpago que resonaba en el salón detrás de ella. Después, volvió a mirar a White y le guiñó un ojo mientras decía:
-Llámalo escenografía para darle un toque tenebroso a la sala. Tú sabes, me especializo en los pokémon fantasmas, así que entras a un lugar oscuro donde solo hay relámpagos y estanterías, esperando el momento adecuado para iniciar la batalla y hacerle frente a lo que pueda venir después, sin importar qué tan oscuro esté el lugar. Digna descripción de novela, ¿a que sí?
White sonrió, nerviosa.
-C-claro… bueno, he de irme ya, Shauntal. Adiós, y gracias.
White se posó en el transportador que estaba a un lado del escritorio, y mientras se despedía con la mano, desapareció de la sala. La ojiazul reapareció en la sala principal de la estatua gigante y tomó el siguiente camino, el segundo a su izquierda, para su siguiente batalla.
