Capítulo 29

Cuando White entró, se encontró con un cuarto completamente vacío de objetos materiales. Frente a ella estaban de pie dos hermosas mujeres de miradas tranquilas y serenas. La de la derecha tenía un hermoso cabello lacio color rosa que le caía como cascada a los lados de la cara y un vestido blanco con detalles del mismo color que su pelo, mientras que la otra tenía un largo cabello trenzado color amarillo y un vestido también blanco con diseños amarillos. White iba a salir de la habitación en ese instante, al verlas ahí, pero la suave voz de la mujer de la derecha la detuvo como cuando un imán llama a un metal.
-Bienvenida. No temas, no te haremos daño. Mi nombre es Anthea, y personifico al amor.
-Yo soy Concordia, y personifico la paz. –dijo la otra mujer, la del pelo trenzado.
-Yo… soy White. –murmuró la joven entrenadora, casi por inercia. Se giró lentamente para ver frente a frente a sus acompañantes. Algo le decía a la joven entrenadora que debía permanecer ahí unos momentos más.
-Sabemos por qué estás aquí, White. –susurró Concordia con un gentil timbre de voz.
-Tendrás una pelea con nuestro Rey N, ¿verdad? Será mejor que tomes un pequeño descanso antes con tus pokémon. –dijo Anthea, y acto seguido, como si le hubiera leído la mente, fue a conseguirle agua a la visitante. White tomó del líquido con suma satisfacción.
-Gracias. –agradeció la ojiazul al término, mientras recibía también medicina y comida para sus pokémon de parte de Concordia.
-No tienes nada que agradecer. Sabemos que lo que vas a hacer es más que nada por el bienestar de nuestro rey. –murmuró Concordia. White miró discretamente las muñecas de las dos mujeres; ambas tenían pulseras iguales a las de N, aquellas que White consideró extrañas e inusuales la primera vez que las vio. ¿Quiénes eran esas mujeres exactamente y qué relación tenían con el peliverde?
-Los seres humanos tienen batallas pokémon para mejorar e incrementar sus habilidades, pero nunca con la finalidad de herir a los pokémon. Esto es algo que mi señor N ha reconocido en el fondo de su corazón, pero está tan atrapado en el dolor de los pokémon que no quiere admitirlo. –explicó Anthea.
-Ghetsis encerró a N desde muy pequeño en una habitación donde su única compañía eran pokémon lastimados, tristes o heridos por seres humanos. Nunca tuvo tanto contacto humano como cualquier otra persona. Yo trataba de mantener su corazón en paz consigo mismo, pero no fue suficiente. Por el tiempo que el chico pasó encerrado, N desarrolló un sexto sentido que le permitía sentir lo mismo que los pokémon. Sensibilizado por las plegarias y el dolor de los pokémon con los que convivía, N decidió que los ayudaría a encontrar paz y felicidad. –continuó Concordia.
-Años después, Ghetsis envió a N a la escuela pokémon para que tuviera un poco de vida humana fuera del castillo. Sin embargo, se le dijo que cuando su curso llegara a su fin, tendría que regresar al castillo, y entonces se le coronaría como Rey del Equipo Plasma. Nosotras, que lo hemos cuidado desde su nacimiento, solo queríamos que él fuera feliz. –siguió Anthea.
-Y si su felicidad estaba en crear un mundo únicamente para los pokémon, sin humanos, entonces lo apoyaríamos sin dudar, así fuera necesario crear un ejército completo para lograrlo. –expresó Concordia.
-Y entonces el equipo Plasma comenzó a trabajar, tras el regreso del joven Rey y su gran sueño de ayudar a los pokémon maltratados. Nuestra intención como Equipo Plasma nunca fue lastimar a los humanos o a los mismos pokémon, solo cumplir el sueño del rey. –mencionó Anthea. Las dos mujeres se miraron entre sí, y después volvieron a mirar a White, continuando la historia Concordia:
-Sin embargo, notamos algo diferente en el Rey cuando regresó. Era su semblante, su persona. Regresaba feliz, por primera vez en su vida. Experimentaba la dicha humana, aquella que se le prohibió durante tantos años. Pero la había conocido por fin. Somos las personas que mejor conocemos a N, nosotras lo criamos, así que no tardamos mucho en saber la causa de su repentina felicidad. Sabíamos que la escuela le había ayudado a cambiar, a abrirse a otros seres humanos. Y entonces supimos exactamente por qué estaba así.
-Amor. –dijo Anthea. Las pupilas de White temblaron ligeramente ante esa palabra-. N había conocido el amor. Y por más que yo intenté ayudarlo a que consiguiera amar, a sentir afecto, nunca lo logré. Él se negaba a amar. Siempre se negaba a mostrar cariño por su padre, o a nosotras. Prefería estar solo en su cuarto con sus juguetes o con sus pokémon, pero nunca con personas. Y cuando regresó de la escuela pokémon, hace dos años, sonreía. Sonreía con aquel destello de felicidad y amor. Nuestro rey había experimentado el amor por primera vez en su vida, y no era gracias a nosotras. La persona que logró lo que ninguna de nosotras pudo, que fue llegar a su frágil e inocente corazón, eres tú. Tú, White, abriste el corazón de nuestro N. Y él, lentamente, accedió a ti.
Pasaron unos instantes de reflexivo silencio antes de que la charla se continuara:
-Él no lo dijo, pero sabemos perfectamente que está enamorado de ti. Es probable que no lo sepa aún. Lo siente, más no sabe lo que es. Es demasiado ingenuo… –susurró Concordia, cerrando los ojos lentamente. White reflexionaba, asombrada. Todo lo que N nunca le quiso decir… era todo aquello. Su difícil pasado. Su soledad. Su infelicidad. Y a pesar de que era la primera vez que veía a esas mujeres, que las escuchaba o sabía de ellas, White creía en sus palabras perfectamente.
-El corazón de N es puro e inocente. Él solo quiere lo mejor para los pokémon. Él es amable. –murmuró Concordia, y sonrió con tristeza-. Y no hay nada más hermoso y espantoso que la inocencia.
White bajó la mirada. Sentía que las lágrimas no tardarían en salir, pero se aguantó, creando así un nudo en su garganta.
-¿Por qué… me están diciendo todo esto? ¿Por qué…? –preguntó White sin alzar la vista.
-Eres la persona más importante para nuestro Rey. Nos sentíamos obligadas a hablarte de su historia y su pasado. –dijo Anthea serenamente.
-Sabíamos que acudirías a esta habitación tarde o temprano, así que esperamos por ti. Por favor, White, ayuda a nuestro N a salir de su confusión actual. Eres la única persona que puede ayudarlo en estos momentos. Él está poseído por Ghetsis. Por favor… si no sientes por él lo mismo que él siente por ti, no importa. Tan sólo ayúdalo a encontrar sus ideales, la verdad. –susurró Concordia.
-Ve, White. N espera por ti. Llegó el momento de que la pelea final tenga lugar. –murmuró Anthea. Lentamente, White alzó la mirada, y con suma seriedad, dijo:
-Gracias por todo, Anthea y Concordia. Ayudaré a N con lo que tenga en mis manos, lo prometo. Ahora, he de partir. –Y dicho esto, se dio la media vuelta y salió de la habitación. Las mujeres la miraron partir. Los labios de Anthea y Concordia formaron la palabra "gracias", pero no fue pronunciada. Segundos después de que la puerta se cerró, cada mujer derramó una sola lágrima.
Una lágrima por la verdad y la otra por los ideales.