Capítulo 30
White caminaba lentamente por el pasillo al salir del cuarto donde estaban Anthea y Concordia. La joven tenía la mirada baja e iba reflexionando sobre todo lo que esas mujeres le habían dicho. En ese momento, pasó junto a un cuarto que le llamó la atención. Tenía en la entrada había un letrero que decía "Armonía". White se detuvo frente a la puerta y la abrió lentamente. Le asombró lo que vio dentro: el papel tapiz con el que estaba decorado el cuarto era de pequeñas naves espaciales. Había una canasta de básquetbol, y debajo de ella yacía el balón. A un lado estaba una mini-pista para patinetas, "skateboarding", con una patineta encima. Había también un tren de juguete y un montón de cajas con otros cachivaches, peluches, y demás, la mayoría repletos de polvo. White miró las desgastadas paredes; todas tenían rasgaduras y arañazos causados por pokémon.
White tomó el empolvado balón de básquetbol y lo observó. Llevaba algo grabado. "Armonía", decía. ¿Qué sería eso?
La ojiazul dejó el balón de vuelta en el piso y miró a su alrededor una vez más. El cuarto le daba a White una sensación de profunda nostalgia y tristeza. Una habitación para un niño…
La joven, entonces, se puso de cuclillas frente al tren de juguete y lo cogió. No tenía polvo, así que probablemente habían jugado con él recientemente. La chica encontró otro grabado en el objeto, que también decía: "Propiedad de Armonía". White relajó el cuerpo y se dejó caer, alzando la vista hacia el techo; había un avión de juguete arriba de ella que colgaba en el centro de la habitación.
Armonía.
White bajó la mirada y las lágrimas comenzaron a brotar en silencio. Caían sobre el tren de juguete. ¿Por qué lloraba? Poco a poco lo comprendió. El encuentro de sentimientos por los sucesos de antes, el deseo de los soldados Plasma de no separarse ya de los pokémon, la historia relatada por Anthea y Concordia, Amor y Paz. Ese cuarto.
White lo comprendió entonces.
Era la habitación de N.
Aquella donde le encerraron toda su niñez.
White intentaba limpiarse las lágrimas con su brazo, pero no dejaban de brotar. N, el niño que tanto sufrió…
Aquél al que se le negó una vida común desde su nacimiento. Aquél que percibía los sentimientos de los pokémon mejor que nadie pero no los sentimientos humanos. El corazón de N se cohibió con tanto daño. Se cohibió tanto que el chico nunca se permitió amar a otros. Su corazón, frágil, temeroso, inocente, pero muy, muy noble.
White se cubrió el rostro con las manos. Ahora que N comenzaba a abrirse a alguien más, lo habían vuelto a esclavizar. Cuando su corazón comenzaba a salir de su infelicidad, lo volvieron a atemorizar. Ahora N era el títere de Ghetsis.
Ghetsis.
¿Quién era él? Sería acaso ¿el padre de N? White recordó unas palabras que su amigo le había dicho antes de partir: "Volveré a ver a mi padre" había dicho el peliverde.
White respiró hondo y se limpió las últimas lágrimas. Después de todo eso, después de conocer el pasado de su amigo, la joven estaba más decidida que antes de ir y sacar a N de su trance. Se incorporó lentamente, se sacudió la ropa y se acomodó su gorra. Estaba lista. Miró el cuarto de N una última vez antes de partir. Lo que ella había sentido era seguramente la tristeza que siempre habitó en ese cuarto. Mientras abría la puerta para alejarse de ahí, recordó algo. Después de todo lo que había vivido en ese castillo, White por fin comenzó a comprender una realidad que ella se negaba a aceptar.
Estaba enamorada. Y de sus dos mejores amigos.
Suspiró. No tenía tiempo para pensar en eso. Abrazó la bolsa que llevaba sus pokéball y la besó. Era el momento: "¡Vamos allá, amigos!" pensó la chica mientras corría por el penúltimo pasillo y se acercaba a las últimas escaleras.
Cuando llegó al último piso, White se percató de que ya no había habitaciones. Caminó lentamente hasta llegar al fondo, donde había una enorme puerta con el símbolo del equipo Plasma. De repente, tres sombras rodearon a White, dejándola inmóvil.
-¿Pero qué…? –susurró la chica. Ahogó un grito en cuanto reconoció a sus captores: Era el Trío Oscuro que iba con Ghetsis en la Ruta 10, los guardias vestidos totalmente de negro y con sus cabelleras cortas color blanco.
-No te haremos daño. –dijo uno de ellos.
-Síguenos. –susurró otro.
-Nuestro líder quiere verte. –mencionó el último. Llevaron a White hasta quedar a unos pasos de la gran puerta y le abrieron el paso. Acto seguido, los tres hombres desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos. Ghetsis apareció caminando hacia White desde el otro extremo del pasillo.
-Bienvenida al castillo del equipo Plasma, White. –exclamó Ghetsis. White se giró para verlo-. Hay mucho escándalo allá abajo, con todas esas personas peleando contra mis soldados.
-¿Cómo sabes mi nombre…? –murmuró White, frunciendo el ceño. Ghetsis sonrió burlescamente y habló:
-Sé por qué estás aquí, White. –El hombre hizo un desagradable énfasis en el nombre de la chica-. Sé tus intenciones.
-Así es. Porque yo se las dije. –peleó White. No tenía tiempo para eso, y menos para ese señor. Ghetsis enfocó su mirada y frunció el ceño. No se esperaba esa contestación.
-Sí, así es. Pero ahora sé con exactitud quién eres, y no fue necesario que alguien me lo hiciera saber. –Ghetsis alzó la voz-. La razón por la que no puedo tener todo el control sobre N está parada frente a mí. Tú eres la peste que ese bueno para nada repite todas las malditas noches. ¡TÚ ERES LA QUE MANTIENE A ESE TONTO CON LA ESPERANZA EN ALTO!
White abrió más los ojos.
-"White, oh White…" es lo único que sabe decir ese hombre cuando logra controlarse a sí mismo. Y ahora vienen a avisarme que una mocosa ha violado toda la seguridad del castillo, andando como en su casa… sabía que serías tú. Y ahora que vuelvo a verte, sé con seguridad que tú eres la famosa White, la única "amiga" de N. Si ese idiota no se ha rendido aún es porque tiene una razón para tener esperanza… ¡TÚ! ¡Y YO COMETÍ EL ERROR DE MANDARLO A LA MALDITA ESCUELA! Si no lo hubiera hecho, nunca hubiéramos tenido que pasar por todo esto. Y fue porque aquella vez me ganó la estúpida compasión…
Ghetsis tenía sus manos hechas puño. Se había dejado llevar por el enojo. White se limitó a escucharlo sin decir ni una sola palabra. Al final, el hombre respiró y volvió a sonreír de manera burlesca; se había tranquilizado.
-En fin. No permitiré que destruyas todo lo que he… es decir, todo lo que N ha planeado. Adelante, ve y abre esa puerta. Ya veremos quién termina ganando. –dijo Ghetsis, y acto seguido se dio la media vuelta y se fue de ahí. Una vez sola, White abrió la gigantesca puerta y se metió en la última habitación del castillo, aquella donde N esperaba.
