Capítulo 31
La última habitación estaba construida en la parte más alta del castillo. Había banderas del equipo Plasma adornando cada lado de la habitación. Era un cuarto largo con una preciosa y extensa alfombra roja de terciopelo. En el fondo había un trono, y sobre él estaba N sentado. Llevaba su ropa de siempre, y su gorra negra con gris. Sin embargo, había una corona de oro en el piso a un lado del trono. El joven rey se levantó a la llegada de White.
-Bienvenida seas a mi castillo, White. Estaba esperándote. –comenzó N. White se quedó a un par de metros de él. "No te dejes llevar" Pensaba la joven en ese momento mientras miraba sus vacíos ojos verdes. "Él no es el N que tú conoces"-. Creo que has venido a detenerme, ¿no es así? Estoy a unos pasos de cumplir mi sueño, pero quería esperar para tener esta batalla contigo.
De repente, los labios de N formaron una sonrisa torcida que se asemejaba a la de Ghetsis. Alzó los brazos y un poderoso rugido resonó muy cerca del castillo. White abrió más los ojos; reconocía ese rugido.
En un abrir y cerrar de ojos, la pared que estaba detrás del trono se rompió, y con un fuerte estruendo y otro poderoso grito llegó Reshiram.
-¡Ven a mí, Legendario Reshiram! –gritó N-. ¡Préstame tu majestuoso poder!
El enorme pokémon blanco dejó salir otro intimidante rugido.
-Y bien, ¿qué opinas White? ¿Crees tener posibilidades de ganar? –preguntó el peliverde. White abrió su bolsa, pero no sacó nada.
-Es probable. ¿Sabes, N? Desde que te conocí sentí que estaba ligada a ti de cierta manera, pero nunca supe decir por qué. Ahora, estando aquí en esta situación, frente a ti, creo que lo sé. –dijo White. N frunció el ceño-. Creo saber por qué me siento unida a ti.
White dio unos pasos hacia adelante y alzó sus brazos ligeramente.
-Tú y yo, N, somos los héroes gemelos de la leyenda de Unova. –expresó White con firmeza-. Tú despertaste al dragón blanco Reshiram, y ahora yo despertaré al rey de los truenos, Zekrom.
La joven nunca había estado tan segura de algo como en ese momento lo estaba.
-¿Qué dices…? –murmuró N. White comenzó a percibir una poderosa energía muy cerca de ella.
-¿Qué no lo ves? No cualquiera puede despertar a los dragones. Solo los elegidos pueden hacerlo. –mencionó la ojiazul, y de repente, la piedra negra de White salió del bolso flotando y brillando. Empezó a brillar con mayor intensidad mientras comenzaba poco a poco a tomar la forma de una gigantesca criatura.
-Zekrom… -susurró N, asombrado con el resurgir del otro dragón. White también observaba al nuevo pokémon negro que se elevaba frente a ella, entre maravillada y nerviosa. Un rugido completamente diferente al de Reshiram pero igual de poderoso resonó en todo el castillo. Era el despertar del dragón negro.
Zekrom.
-¡Zekrom! –exclamó White. El enorme pokémon eléctrico miró a la chica de reojo-. Te… ¿te unirás a mí?
El pokémon seguía observando a la entrenadora. White sostuvo la mirada, no sin cierto temor. Entonces, el pokémon soltó un intimidante rugido y le tendió su pata a la chica para que se subiera sobre ella. La joven sonrió, aliviada, y se montó sobre la pata del pokémon. Después, Zekrom la dejó sobre su hombro y miró fijamente a su rival.
-Vaya, parece ser que después de todo sí eras la elegida. –dijo N mientras se subía sobre el lomo de Reshiram-. Qué mejor, la batalla será aún más épica. ¡White! Que gane el mejor y único héroe.
White asintió. Los dos pokémon legendarios soltaron un poderoso rugido al mismo tiempo, y acto seguido dieron inicio a la batalla.
El primer combate comenzó con el Vanilluxe de N y la Emboar de White. Sin duda alguna, Abbi ganó la contienda sin dificultad alguna gracias a la ventaja de los ataques de fuego. La siguiente opción de N fue Sigilyph, el cual logró vencer a Abbi después de que ésta consiguiera soportar un buen rato sus poderosos ataques psíquicos, así que White decidió mandar a Leavanny. La agilidad del pokémon de White y sus ataques tipo bicho bastaron para terminar a Sigilyph. Sin embargo, la siguiente opción de N, Archeops, no fue un rival fácil. Derrotó en un abrir y cerrar de ojos al Leavanny de la ojiazul con su extrema velocidad, y casi consigue acabar con su Chandelure también. Sin embargo, ambos pokémon se debilitaron al mismo tiempo, dejando a los entrenadores en empate. El siguiente pokémon de N, un Klinklang, fue el rival del Mienshao de White. Aunque ninguno tenía ventaja sobre el otro, no fue una batalla extensa, pues los ataques de ambos eran realmente fuertes y parecía que ningún pokémon se quería dar por vencido tan fácilmente, aguantando así mucho daño durante un buen tiempo. Finalmente venció Klinklang, obligando a la joven entrenadora a mandar a su Carracosta a la batalla, pokémon que derrotó al cansado Klinklang sin muchos problemas. La penúltima opción de N fue un pokémon que White no había visto anteriormente; Zoroark. Por lo mismo de ser un pokémon completamente nuevo para la ojiazul, fue difícil deducir el tipo de ataques que podría tener ese pokémon. Sin embargo, Carracosta peleó como nunca y venció al extraño pokémon de N, dejando finalmente a Reshiram como el último pokémon del peliverde. El pokémon dragón, a pesar de ser tipo fuego, consiguió la victoria sobre Carracosta por su extraordinaria fuerza de ataque, para dejar a White con su última opción. La joven le pidió a su pokémon Beheeyem que le diera su espacio a Zekrom, y éste accedió. Así, Zekrom se unió a la batalla. El combate final estaba entre Reshiram y Zekrom, los dos pokémon legendarios.
Tras una pelea llena de relámpagos y ruedas de fuego, aún con sus entrenadores sobre los dragones, se definió al ganador. Con un golpe mortal, Zekrom paralizó y venció a Reshiram tras una pelea pesada y muy intensa, además de reñida. Al ver caer rendido al dragón blanco, Zekrom lanzó un rugido con más intensidad que antes. N observó caer a su amigo sin emoción alguna en su mirada. Zekrom, agotado, bajó a su nueva entrenadora de su hombro y la dejó en el piso. El peliverde también bajó del lomo de Reshiram.
-Perdí. –susurró entonces N con la mirada perdida-. Tú eres la verdadera heroína, White.
La joven entrenadora observó los ojos rojos y paralizantes del dragón negro, y posteriormente se acercó a N con paso lento. Reshiram, cansado, se incorporó a un lado de su entrenador.
-No hay ganador o perdedor en esto, N. –murmuró White. N sonrió con tristeza.
-Sí lo hay, y tú eres la ganadora.
White negó con la cabeza.
-Estos dos pokémon fueron antes uno solo. Ese pokémon se separó para poder estar con ambos gemelos al mismo tiempo. Míralos, N. Uno es blanco y el otro es negro, pero son la misma criatura en diferentes cuerpos. –N miró a White-. También había dos héroes gemelos. Gemelos que se dejaron llevar por una disputa que los llevó al odio y después a una separación definitiva. ¿Tú quieres eso?
White miró sus manos y después volvió a mirar al peliverde para continuar su habla:
-Todo está relacionado. Nosotros somos los héroes ahora, pero ya no luchamos. Hemos dejado de pelear, y por ende, los dragones también. Reshiram y Zekrom, blanco y negro, hombres y mujeres, pokémon y humanos, tú y yo. Todas estas cosas son opuestas, pero a la vez están íntimamente relacionados; no podemos vivir separados, es por eso que no debes alejar a los pokémon de los humanos, o viceversa. Reshiram y Zekrom son uno mismo. Dejemos de luchar N, ya no hay razones para seguir así. Hagamos que los héroes peleados vuelvan a unirse después de tanto tiempo. Entonces ya no habrá nadie mejor o peor. Ya no habrá blanco o negro. Solo seremos nosotros. Esos son mis ideales, y esa es la única verdad.
N abrió más los ojos. De repente, a White le pareció ver un brillo en la mirada del chico.
-Ideales… Verdad... –susurró el joven mirando a White.
-Terminemos con esto, N. Unámonos. Así los dragones encontrarán por fin la paz y la tranquilidad de amar a un solo héroe, que a su vez son dos. –White sonrió y le tendió la mano a su amigo-. Vuelve a ti, N. No dejes que te controlen. Tú eres dueño de tu propia vida, y nadie más. Ya no hay necesidad de luchar.
El brillo en la mirada de N se hizo todavía más evidente. Parecía que el chico empezaba a estar consciente. Sus pupilas temblaban.
-White… -susurró N, y poco a poco acercó su mano a la de la ojiazul. En ese instante, la puerta de la habitación fue abierta estruendosamente.
-¡White! -exclamó una conocida voz masculina. White y N miraron al recién llegado.
Era Black.
Y corría hacia ellos.
-¡White! –gritó el chico nuevamente. Llegó con la joven y la abrazó fuertemente-. Me da tanto gusto verte. ¿Estás bien? ¿Lograste vencer al Rey?
-Sí, pero… -comenzó White nerviosamente.
-¡VUELVE AQUÍ! –gritó otra voz desde la puerta. Era Ghetsis, e iba hacia ellos. Black se puso enfrente de White, dispuesto a protegerla.
-¡Debí imaginarlo! Debí imaginar que tú, bueno para nada, no podrías ganar la batalla ni siquiera con Reshiram a tu lado. –gritaba Ghetsis; se refería a N-. Y encima has dejado que esta mocosa despertara al otro dragón. ¡Idiota, ya no me sirves para nada!
Ghetsis, perdido en su ira, se acercó a N a grandes pasos y alzó la mano para darle una bofetada al joven, que escuchaba las palabras del señor cabizbajo. En un abrir y cerrar de ojos, White se colocó delante de N y alzó los brazos para protegerlo.
-¡NO! –gritó White.
-¡White! –exclamó Black. Entonces Zekrom dejó escapar un potente rugido que paralizó a Ghetsis, impidiendo que efectuara su golpe. Black tomó a Ghetsis de las manos con fuerza para impedir que hiciera otro movimiento.
-Ni se te ocurra… ¡pegarle a White! –gritó Black mientras forcejeaba con el peliverde para detenerlo. Al instante, y como un androide recién encendido, alzó la cabeza N.
-No… -susurró N. White, un poco más tranquila, lo miró-. No dejaré… ¡NO DEJARÉ QUE LASTIMES A WHITE!
Y en un abrir y cerrar de ojos, N tomó a Ghetsis por las muñecas y lo retuvo sin mucha dificultad. Black lo soltó y se colocó a un lado de White.
-¿Qué pasa aquí? –reía Ghetsis-. ¿Mi propio familiar se me revela? Jamás había visto esta faceta en ti, N. Realmente has cambiado.
El hombre dibujó una malévola sonrisa en su rostro.
-Una lástima. –murmuró el señor, cerrando sus manos-. Porque ya no eres digno de llevar el apellido de Armonia.
N abrió los ojos como platos, y Ghetsis aprovechó para deshacerse de la presión física que el joven había ejercido sobre él. El hombre se miró las muñecas; estaban muy rojas y lastimadas.
-N… -susurró White.
-Tú… -murmuró Ghetsis entre dientes, y tomó a N por la camisa y lo alzó. El chico lo observaba sin objeción alguna, con el ceño fruncido-. ¡Me las pagarás!
Entonces, Ghetsis se detuvo al percibir algo, y contuvo una desagradable mueca de maldad.
-O quizá… sea más interesante que la persona más importante para ti lo pague, ¿no crees, White? –dijo el señor mirando a la chica. Black puso un brazo delante de White de manera protectora.
-¡NO! A quien buscas lastimar es a mí, ¡A ella no la metas en esto! –gritó N. Ghetsis lo soltó, dejándolo caer.
-¿Por qué no? Sería interesante. –rió el señor.
-¡WHITE, CORRE! –exclamó N.
-No. –dijo White con firmeza-. Ghetsis, te reto a una batalla pokémon.
-White, no... –susurró Black, ligeramente nervioso. El señor encarnó una ceja, sonriente.
-¿Una batalla? Me agrada la idea. El ganador obtiene su venganza.
-White entrecerró los ojos.
-Que así sea. –dijo la ojiazul sin cambiar su semblante. Ghetsis amplió su sonrisa y se giró para ver a N.
-He de decirte que todo este tiempo te he usado. Nunca me importó tu sueño. Solo te seguí para llegar más rápido a mi meta de dominar al mundo entero, pokémon y humanos. Y ahora lo cumpliré.
N estaba cabizbajo. No alzó la vista ante el comentario de su familiar, pero lo había escuchado.
-Tú… -susurró White. Debía calmarse, no podía perder la cordura y menos en ese momento.
-¡Empecemos, pues, la batalla!- gritó Ghetsis. White miró a Black y asintió con la cabeza, a lo que el joven respondió de igual manera. Entonces, el chico corrió hacia N y le ayudó a incorporarse. Posteriormente, Ghetsis y White dieron inicio a la batalla.
Los pokémon del peliverde, Cofagrigus, Bouffalant, Seismitoad, Bisharp, Eelektross y Hydreigon eran poderosos, sobretodo éste último, pero al final el equipo de White, a pesar de no estar totalmente descansado, venció sobre Ghetsis, tomando por sorpresa a éste último por la inesperada derrota.
-He ganado. –dijo entonces White.
Ghetsis comenzó a reírse estruendosamente.
-¿Y qué harás ahora, White? ¿Cómo obtendrás tu venganza?
Black hizo una mueca de desagrado.
-No es por nada, N, ¡pero ese hombre está loco! –dijo el chico. White se limitó a observar al señor.
-¡Alto! –gritó alguien en ese momento. Todos se voltearon para mirar a los recién llegados; eran Alder y Cheren.
-¡Cheren, Alder!- sonrió Black mientras se colocaba junto a White.
-No… -susurró Ghetsis.
-Te llevaremos a donde perteneces, Ghetsis. Hemos escuchado todo lo que le dijiste a ese chico de allá. Tú eres la mente malvada detrás de todo esto. –exclamó Alder-. Es hora de irnos. La cárcel te espera.
Alder y Cheren esposaron al señor, y éste maldijo por lo bajo.
-Mis metas… frustradas… -susurró Ghetsis.
-Llegamos a tiempo. ¿Están todos bien? –preguntó Cheren mientras se acercaba a sus amigos. Black y White asintieron-. Eso es bueno. Black, amigo, me da gusto volverte a ver.
Black se acomodó la gorra y sonrió.
-Lo mismo digo, Cheren. –mencionó el joven entrenador.
-Gracias White, Black. Sabía que podrían lograrlo. Sin ustedes no sabría qué hubiera pasado. –agradeció Alder.
-Agradézcanle a White, ella hizo la mayor parte. –sonrió Black. La ojiazul también sonrió.
-No es nada. –murmuró ella.
-Sí que lo es. Gracias White, enserio. El chico de allá, el entrenador de Reshiram… ha sufrido mucho. ¿Saben qué será de él? –preguntó Alder. Todos miraron a White.
-Hablaré con él. –dijo la chica. Alder asintió.
-Tómense su tiempo. Estaremos abajo. –dijo el pelirrojo. Acto seguido, él y Cheren observaron a los pokémon legendarios y dejaron escapar un silbido de admiración. Posteriormente, salieron de la habitación junto con Ghetsis. Éste miró unos segundos a N antes de partir, cabizbajo. Entonces Black miró a su amiga a los ojos.
-¿Estarás bien? Puedo quedarme contigo si quieres. –dijo él. Ella negó con la cabeza.
-Gracias Black, pero creo que será mejor que solo hablemos él y yo.
Black asintió.
-Comprendo. Te veré abajo entonces. –murmuró él, y posteriormente salió de la habitación también.
