Capítulo 32
White se giró lentamente para ver a su amigo N. Estaba de pie frente a Reshiram con los ojos cerrados, abrazando el enorme hocico del pokémon. White caminó hacia él. El sonido de sus pisadas era el único murmullo en la habitación. Cuando N la sintió cerca, alzó la mirada hacia ella, asombrado.
-¿White…? –murmuró el chico, impresionado de ver a su amiga ahí.
-¿Cómo te sientes? –preguntó la ojiazul. N sacudió la cabeza con lentitud, poniéndose frente a White.
-No lo sé. –respondió él.
-Todo lo que Ghetsis te dijo… debió ser duro, ¿verdad?
N asintió.
-Yo nunca pude ver a ese hombre como a un familiar. Desde que tengo uso de razón lo he evitado, nunca lo… quise. –la última palabra la dijo con cierta timidez-. Pero aún así, no puedo evitar el hecho de que llegué a confiar totalmente en él para ayudar a los pokémon… Aún así, sé que saldré adelante.
-Eso es lo importante, saber salir adelante. –sonrió White.
-Pero, White… ¿por qué sigues aquí? Creí que me odiarías después de todo lo que te dije mientras estaba bajo el control de Ghetsis, o por lo que él te hizo… perdón.
-No, no tengo razones para odiarte, N. Quiero comprender que has pasado por mucho dolor y sufrimiento toda tu vida, y por eso quiero que ahora conozcas otros sentimientos… como la dicha.
-White…
-Entonces hay que unirnos. –dijo la joven, y le tendió la mano a N y sonrió. El peliverde miró a su amiga y comprendió lo que quería decir.
-Vale. Terminemos con esta lucha. –mencionó él, y acto seguido puso su mano sobre la de White. Ambos cerraron los ojos y sintieron sus energías fluir. Entonces, los cuerpos de Reshiram y Zekrom comenzaron a brillar y rugieron al unísono, un rugido que resonó en toda la región de Unova.
La pelea había terminado.
Los héroes volvían a ser amigos.
Cuando los dragones apaciguaron su rugido, los jóvenes abrieron los ojos.
-Zekrom y Reshiram… -murmuró entonces N-. Son… uno solo nuevamente. Sus almas se han vuelto a unir aunque estén separados físicamente.
White sonrió.
-Así es. Y también los héroes han dejado de pelear. –dijo la chica.
N alejó su mano de la de White y miró hacia arriba, ligeramente triste.
-No pude realizar mi sueño como rey del equipo Plasma. Fui usado, pero… pero encontraré otra manera de ayudar a los pokémon. –dijo el chico. La ojiazul asintió con la cabeza.
-Y yo ayudaré también. –dijo White. N miró a su amiga, con sus ojos iluminándose de repente.
-White… gracias.-susurró N-. No te lo dije, pero me sentí muy bien cuando te volví a ver, aún en mi trance. Y si ahora estoy aquí, así, es gracias a ti.
N miró a la chica tiernamente. White no pudo evitar sonrojarse ante la mirada del joven.
-N-no es nada… -dijo la ojiazul.
-Gracias por todo, White. –sonrió N tímidamente, y White se sonrojó todavía más; tenía mucho tiempo que no veía esa sonrisa.
-¿Sabes? Anthea y Concordia me contaron de tu pasado. –mencionó White-. Y me dijeron de tu abstinencia a amar. Pero ahora vivirás una vida normal, N. Podrás disfrutar todo lo que no pudiste anteriormente.
-No sé si sea digno de ello, White. El equipo Plasma hizo mucho daño a personas y a pokémon inocentes.
-El equipo Plasma ya no existe. Ahora solo eres tú, N, aquí y ahora, y no tu pasado.
N bajó la cabeza. White parpadeó.
-¿Por qué… por qué me siento de esta manera? ¿Qué es esto que siento…? –N se acercó más a White mientras formulaba estas frases-. No quiero… separarme de ti, White.
Entonces, N abrazó a White. La abrazó como si no quisiera dejarla ir nunca más. Fue un abrazo más fuerte de los que solía dar N tímidamente. El pulso de la joven se aceleró y sus mejillas se volvieron a teñir de rosa.
-White… -susurró N, y derramó una lágrima. White correspondió al abrazo del joven y lloró en silencio con él.
Por fin habían encontrado paz.
Momentos después se separaron. N retuvo la mano derecha de su amiga, estrechándola suavemente. White permitió el contacto.
-Vayamos con los demás, N, que nos esperan abajo. –dijo la chica, y N se puso ligeramente nervioso-. Tranquilo, son buenas personas que te aceptarán gustosamente.
Con esas palabras, el peliverde, en silencio, asintió con la cabeza. Posteriormente, los jóvenes se sonrieron mutuamente y, de la mano, se acercaron a los pokémon legendarios para montarse sobre ellos.
El lazo que los unía era tan fuerte como el de Reshiram y Zekrom.
A las afueras del castillo estaban Cheren, Bianca, la profesora Juniper y Black. Alder se había ido a llevar a Ghetsis con la policía pokémon. Juniper y Bianca charlaban mientras esperaban a White. Cheren se acercó a su amigo Black, que apreciaba el paisaje de la Liga Pokémon perdido en sus reflexiones. El joven de cabellos alborotados se había quitado su gorra.
-¿Todo bien? –preguntó Cheren, y se metió las manos a los bolsillos de su pantalón. El viento mecía el cabello de ambos suavemente.
Black asintió.
-¿Se lo dijiste? –mencionó Cheren segundos después, mirando a su amigo de reojo. Black sonrió con tristeza.
-Aún no. Y ya no estoy tan seguro de que deba decírselo. Creo que ella quiere a otra persona.
Cheren miró a Black con unos ojos llenos de incertidumbre. Black también había metido las manos en los bolsillos.
-Me di cuenta hace rato, allá arriba. La forma en que ella miraba a N era muy clara. Era una mirada de amor. –dijo el joven, y después observó a su amigo Cheren, todavía con su triste sonrisa-. No puedo hacer nada. Si de verdad la quieres, déjala ir, ¿no es eso lo que dicen?
Cheren dejó escapar un suspiro de decepción. El joven de ojos color café parpadeó, perplejo por la reacción de su amigo.
-Black… no sé como vea White a N, pero lo que sí sé es cómo ella te ve a ti. Tú no la has visto, pero los ojos se le iluminan cada vez que habla contigo, y su sonrisa se expande cuando te ve cerca. De verdad eres un idiota si piensas dejarla ir.
Black observó, anonadado, a su compañero. Que Cheren dijera esas cosas, que lo llamara de esa manera, era algo muy raro en él. Y cuando esas cosas inusuales sucedían era porque en realidad le importaban, y sabía que podía tener razón. Black no pudo reprimir soltar una pequeña risita y sonreír, ya más tranquilo.
-Supongo que tienes razón, Cheren. Gracias. He de cumplir mi promesa entonces. –dijo el joven, con ilusión. Cheren le dio un par de palmadas en la espalda, y con una sonrisa, exclamó:
-Eso era lo que quería escuchar de ti, Black.
-¡Miren, es White! –gritó Bianca de repente. Los presentes miraron hacia donde Bianca señalaba, descubriendo dos sombras gigantes posándose frente a ellos; eran Zekrom y Reshiram. Habían salido del castillo volando por el agujero que Reshiram creó cuando llegó, y en cuanto salieron del lugar, la construcción del equipo Plasma comenzó a desplomarse poco a poco. White bajó de Zekrom, y corrió a abrazar a su amiga inmediatamente.
-¡White! ¡Qué bueno que estás bien! –dijo Bianca mientras abrazaba fuertemente a su mejor amiga.
-¡Gracias por el apoyo, Bianca! ¿Estáis todos bien? –exclamó la ojiazul.
-Oh, con que ellos son los pokémon legendarios Reshiram y Zekrom, ¿huh? ¡Sí que son impresionantes! –sonrió Juniper mientras se acercaba a las chicas.
White la miró y sonrió.
-¡Profesora! –exclamó la chica mientras corría a abrazar a la mujer también.
-White, me da tanto gusto saber que estás bien. Hiciste un excelente trabajo, debes estar exhausta. –dijo Juniper con un maternal tono de voz.
-Estoy bien, profesora. Me da gusto verla aquí.
-Sí bueno, Black me llamó. ¡No podía perderme todo esto! –rio la profesora.
-Buen trabajo. –dijo Cheren entonces con una media sonrisa.
-¡Cheren! ¡Gracias por venir a ayudar! –dijo White mientras abrazaba a su amigo.
-¿Todo salió bien? –preguntó el chico, y White asintió mientras se separaba de él.
-Sí, todo salió bien. ¿Dónde están los líderes de gimnasio? –preguntó la ojiazul.
-Se fueron ya, pero me pidieron que te diera las gracias por todo tu esfuerzo y que lucharas siempre para seguir tus sueños, ¡y que nunca, nunca te rindieras! –explicó Bianca. White sonrió, conmovida.
-¡Tú debes de ser N! Baja, no seas tímido, ¡no mordemos! –exclamó la profesora Juniper de repente. N le dio unas suaves palmadas a Reshiram y el dragón lo dejó en el piso junto a la profesora y a Bianca. N miró a sus acompañantes tímidamente.
-Uhm, hola, es un placer… -murmuró el peliverde. Bianca asintió.
-¡Sí, yo te conozco! El amigo de White de la escuela, ¡ella me contó mucho sobre ti! –sonrió la rubia.
-¿Enserio…? –N se sonrojó levemente.
-Yo soy la profesora Juniper, un placer. Bianca me habló de ti. –se presentó la mujer, y posteriormente entablaron una conversación. Cheren se unió a ellos. White iba a unirse también, pero se detuvo en cuanto sintió la presencia de otra persona. Se giró y vio a Black, que miraba la liga pokémon tranquilamente. La chica corrió hacia él.
-¡Black! –exclamó White, sobresaltando a su amigo-. Creí que ya no estabas aquí.
-Oh, White, ¿salió todo bien con N? –preguntó el joven.
-Sí. Ya es libre de hacer lo que quiera con su vida.
-Me alegro. -Sonrió el chico. White bajó la mirada, nerviosa. No sabía qué decirle a su amigo; quería agradecerle por todo el apoyo que le había brindado en el castillo, pero una tremenda oleada de timidez la inundó de repente. Sin saber muy bien por qué, sus mejillas se empezaron a teñir ligeramente, y por inercia, bajó aún más la mirada, tratando de esconder su cara con la gorra. Black rio suavemente y le quitó la gorra a su amiga despreocupadamente mientras la tomaba de la mano, haciendo que ésta se pusiera aún más colorada.
-Vamos, que N y los demás esperan por nosotros. –dijo el joven, y con esas palabras se unieron a la charla de los demás, con los gigantescos dragones legendarios rodeándolos tranquilamente y con una hermosa puesta de sol de fondo.
-Qué interesante lo que nos cuentas, N. Si alguna vez necesitas ayuda, dímelo. Estaré encantada de ayudar, más si se trata de pokémon. Bueno chicos, he de irme. –decía la profesora Juniper entonces-. Estoy muy cómoda aquí, pero tengo otros asuntos que atender. ¡Nos vemos!
Y al terminar esas palabras, la mujer se fue del lugar con paso relajado. En el grupo quedaban N, Bianca, White, Black y Cheren.
-¡Todavía nos esperan muchas aventuras! –exclamó Black, sonriente-. Además, ¡Alder me debe la batalla que me dará el título de campeón Pokémon! ¡Vendré mañana mismo a retarle!
-A mí me espera mucho entrenamiento más a lado de mis pokémon. –dijo Cheren.
-¡Yo me iré entrenando para ser tan buena profesora como Juniper! –sonrió Bianca.
-Yo… bueno, también me hizo falta la batalla final contra Alder. –mencionó White, sonriente. Black la miró.
-Entonces tendremos que pelear tú y yo después para definir al campeón. –exclamó el chico, y White asintió alegremente.
-Pero N, apenas comenzábamos a conocernos, ¿y ya te quieres ir? Buu! ¿Tan mal te caemos? –suspiró de repente la rubia mirando al peliverde. N negó con la cabeza.
-No me caen mal en absoluto, al contrario. Jamás creí que me llevaría tan bien con otras personas, y lo agradezco bastante. Sin embargo, han pasado muchas cosas y aún hay muchos pensamientos dentro de mí que tengo que aceptar y reconocer, y me gustaría pasar un tiempo lejos del lugar que me vio nacer para reflexionar sobre todo esto… -explicó N, y al término de sus palabras, miró a White con ligera preocupación en sus ojos-. Pero los extrañaré mucho a todos. Habéis sido tan amables conmigo, yo, un desconocido que solo vino a traer caos al mundo… y que aún así decidieron ayudar. Enserio, gracias.
-Pero será temporalmente, ¿cierto? Regresarás. –mencionó Black, y N asintió.
-Sí, pero no sé cuándo. Sin embargo, os tendré siempre presentes en mi mente, y si tengo la oportunidad, os enviaré cartas para saludar.
-¿Te vas ahorita, cierto? –preguntó White de repente. Todos los presentes la observaron, y los ojos de N destellaron con un brillo de tristeza.
-Sí. –fue la respuesta del joven Rey. Y como movidos por un mismo pensamiento, Cheren, Bianca y Black dijeron en ese momento que se irían al edificio principal de la Liga Pokémon, y que esperarían a White ahí para regresar a casa juntos.
-Adiós, N. Que tengas un buen viaje. Y tened cuidado con Reshiram. –se despidió Cheren.
-¡Hasta luego N, fue un placer conocerte! ¡Te estaremos esperando con los brazos abiertos aquí, en Unova! –exclamó Black.
-¡Bye bye, N! ¡Diviértete mucho, te queremos! –gritó Bianca alegremente, y posteriormente, los tres amigos se alejaron de ahí, dejando a N y a White solos con sus pokémon legendarios.
Una vez que las pisadas de los chicos desaparecieron, White habló:
-¿A dónde irás?
-Creo que iré a la región de Hoenn. –respondió el chico. La ojiazul asintió.
-Está bien. Te extrañaré mucho, N. –susurró la joven. N observó a su amiga unos segundos en silencio. White bajó la mirada. Esa escena era una especie de Deja vú. White despidiéndose del peliverde con las mismas palabras, en un atardecer…
-Yo también, White, y mucho. Sin embargo, volveré. Y más porque tengo una razón tan importante que me obliga a regresar lo más pronto posible. –murmuró el joven. White le miró, asombrada. Y en cuanto sus ojos se encontraron, N dijo-: Tú.
White comenzó a sonrojarse. N la abrazó tiernamente.
-Así que… esto es amor… -susurró N mientras envolvía a su amiga entre sus brazos-. Qué sentimiento tan más cálido…
Momentos después, el peliverde la soltó y se quedó muy cerca de la chica, poniendo a White todavía más nerviosa; ella podía percibir su respiración y su aliento claramente.
-¿Podría…? –comenzó él, pero no supo qué decir. Sin embargo, White presentía lo que el chico deseaba, pero no dijo nada. Estaba muy nerviosa para hablar.
Sin embargo, N no se esperó a las palabras. El chico se quitó su gorra lentamente y posteriormente tomó la cara de la chica entre sus manos con delicadeza. White sabía lo que pensaba hacer, y a pesar de que su corazón latía muy rápido, lo dejó actuar. N cerró sus ojos y al instante besó los delgados labios de su amiga con infinita delicadeza. White hizo lo mismo, disfrutando de la sensación. Se besaron unos segundos, así, y después N se separó de su amiga.
-Perdón. No pude… detenerme… yo… -comenzó N, pero White lo detuvo posando el dedo índice sobre los labios del chico.
-Está bien. Es la forma de despedirnos. –sonrió White, aún ligeramente sonrojada. Los ojos de N se iluminaron, y con una sonrisa, asintió con la cabeza.
-Te quiero. –susurró el chico.
Momentos después, N se montó sobre Reshiram.
-He de irme, White. Pero ya te lo dije, volveré. –Se despidió N.
-Te esperaremos, N. Por favor, ten cuidado y cuídate mucho. Ya verás que obtendrás las respuestas a las dudas que tienes. –mencionó White, y le dedicó una radiante sonrisa. N asintió alegremente y al instante elevó el vuelo junto a Reshiram.
-¡Adiós, White! ¡Cuídate mucho! –gritó el peliverde desde el cielo. White alzó su brazo derecho y lo agitó a modo de despedida.
-¡Adiós, N! –gritó ella también.
White y Zekrom apreciaron la partida de N, serenos. El sol estaba por esconderse en esos instantes. La ojiazul se llevó una mano a los labios, recordando el beso con timidez y ternura. Sin embargo, tenía que regresar con sus amigos.
"Esperan por mí." Pensó la joven mientras se montaba sobre Zekrom, dispuesta a regresar a la entrada principal de la Liga Pokémon, y posteriormente, a su hogar, en Nuvema Town.
Los días siguientes tras los eventos en el castillo del equipo Plasma, los jóvenes amigos regresaron a su pueblo natal, Nuvema Town, a descansar tras la serie de sucesos que salvaron al mundo. Bianca se había dispuesto a ayudar a Juniper con su trabajo, pues la rubia deseaba ser profesora también, y qué mejor que empezar apoyando a la mejor investigadora de Unova.
Cheren entrenaba todos los días con sus pokémon, pues decía que algún día sería un líder de gimnasio, y que para eso tenía que entrenar arduamente.
Amanda, la ace trainer, había regresado a Nuvema town tras su entrenamiento, y había comenzado a dar clases a los niños del pueblo para aprender a pelear en una batalla pokémon.
Black seguía viajando por toda la región con su padre para completar la Pokédex, y había retado a Alder el día después de la pelea final contra el equipo Plasma, ganándole al pelirrojo y obteniendo el título de Campeón Pokémon de Unova que antes poseía el rey del equipo Plasma.
N se había ido a Hoenn, y se quedaría ahí por un tiempo indefinido.
White, en cambio, hacía un poco de todo: Entrenaba con sus pokémon, visitaba a sus amigos y a la profesora Fennel, viajaba por la región para completar la Pokédex o se quedaba en casa con su madre. Las cosas se habían tranquilizado. La chica ya no estaba tan interesada en el título de campeón pokémon, pero creía que sería divertido intentar luchar contra Black para ver quién era el verdadero campeón, así que en una ocasión organizaron una batalla en un cálido y brillante día de primavera (además de que el chico aún no le había dicho lo que le prometió que le diría).
Decidieron tener la batalla en la ruta preferida de ambos, aquella donde se reunían de vez en cuando al término de la escuela, con los árboles frondosos rodeándolos y las cómodas bancas esperando pacientemente al inicio de la pelea. White llevaba su ropa de siempre, solo sin su gorra blanca con rosa. Black iba igual, con su indiscutible vestuario que lo caracterizaba y su cabello café claro al aire, con los nítidos rayos del sol que penetraban a través de las copas de los árboles iluminándolo. White creía que Black se veía todavía más guapo con su alborotado cabello al descubierto. Sin embargo, tenía que enfocarse en lo importante, que era esa batalla.
-No seré más amable contigo solo porque eres mi amiga. ¡Una batalla es una batalla, sea con quien sea! ¡Pelea con todo tu ser, White! –exclamó Black, sonriente.
-Yo tampoco te daré oportunidad alguna, ¡ya veremos cuánto ha mejorado el campeón pokémon! ¡Enséñame lo que tienes, Black, porque después de esto tendrás que decirme lo que no me has dicho! –exclamó White. Ante estas últimas palabras, Black parpadeó, nervioso-. ¡Ni creas que se me ha olvidado!
-¡V-vamos allá! –gritó Black, y acto seguido, dieron inicio a la batalla.
Fue una pelea larga, cansada, reñida, pero muy, muy excitante. Ambos entrenadores eran muy fuertes, y ninguno de sus pokémon se daba por vencido. Era como si los peleadores estuvieran unidos de cierta manera para la batalla: En vez de luchar, parecía que sus pokémon danzaban juntos majestuosamente con cada ataque que realizaban; se unían en una misma melodía. Era un espectáculo realmente bello. Fue una batalla artística. Movimientos llenos de sentimiento y órdenes repletas de energía, eso fue lo que definió la batalla entre Black y White. Al final, no hubo ganador ni perdedor. Simplemente eran Black y White en empate. Ninguno podía ser mejor o peor que el otro, por alguna extraña razón.
-Qué pelea… ¡tan más extraordinaria! –exclamó Black, aún emocionado.
-Jamás había peleado con tanto… ¡entusiasmo! Sentí como si supiera los ataques que usarían tus pokémon, o las palabras que emplearías, o viceversa… -mencionó White, asombrada. La joven respiró hondo y regresó a Abbi a su pokéball. Black hizo lo mismo con su Emboar y se acercó a su amiga.
-¿Y bien, Black? ¿Me explicarás por fin lo que me tenías que explicar? –comenzó la ojiazul. Black la observó y suspiró, rendido.
-Supongo que no tengo elección. –dijo él con una tímida sonrisa mientras se llevaba una mano a su pelo y comenzaba a juguetear con él. White colocó las manos sobre la cintura.
-¿Tan difícil es? –preguntó ella, y Black se puso un poco colorado.
-Ah, bueno, sí… y más si estamos de pie justo aquí, en este lugar que tan importante es para nosotros dos. –sonrió él mientras miraba hacia todos lados, nervioso. Era poco común ver a Black tan nervioso, pensó White. Ella también comenzaba a sentirse así con solo verlo.
-Sí, este lugar vio crecer nuestra amistad. –murmuró la ojiazul, sonrojándose ligeramente. Black la observó a los ojos y tragó saliva.
-White. –comenzó el chico firmemente mientras se llevaba sus manos a los costados-. Lo que quería decirte desde hace mucho es… que… que estoy enamorado de ti.
White abrió más los ojos y sus mejillas se pusieron todavía más coloradas. Black continuó, también con las mejillas ligeramente encendidas.
- Me di cuenta de lo que sentía cuando me fui a Undella town con mi padre, y lo sospechaba cuando una chica se me declaró y la primera imagen que acudió a mi cabeza fue la tuya. Y… bueno, no quería decirte nada aún porque… uh… no soy muy bueno con estas cosas… y quería asegurarme de que realmente sentía esto…
White no podía creerlo. Los dos chicos que amaba… le habían declarado su amor.
-Black… He de confesarte que… en realidad… uhm… yo también estoy enamorada de ti… pero… -murmuró White momentos después, y se puso todavía más nerviosa. Estaba tan roja como un tomate-. Pero… también estoy enamorada de N, y… ¡es muy confuso!
Black la observó.
-Es muy confuso porque los amo a ambos, son las personas más importantes para mí, y quiero estar con los dos, pero… -continuó la ojiazul, pero estaba muy nerviosa para seguir hablando y se llevó las manos a la cara, cubriéndose.
Black se acercó aún más a White en silencio. Suavemente le quitó las manos de la cara a la chica y acarició sus mejillas con delicadeza. White se quedó perpleja ante esto.
-Lo sé. Lo sé White, no te preocupes. Pero… -comenzó Black, e inesperadamente, acercó su cara a la de White y unió sus labios con los de ella, besándola con ternura. White, roja a más no poder, cerró los ojos y se dejó llevar por su amigo, aferrándose al suéter del mismo. Momentos después, Black separó sus labios suavemente de la joven y la abrazó.
-…Pero no me daré por vencido. Lucharé por tu amor, White. Espero lo tengas presente. –sonrió Black mientras la liberaba, y le guiñó un ojo. La chica lo observó, aún soñada. Observó sus cálidos ojos color café que le transmitían tranquilidad, y perdida en la mirada de Black, recordó el beso que éste le había dado y sus últimas palabras.
"Lucharé por tu amor".
White volvió a ponerse colorada, y rápidamente, escondió la cara en el pecho de Black, haciendo reír suavemente a éste mientras él volvía retenerla entre sus brazos.
White había besado a los dos chicos que amaba.
Sin embargo, aún quedaba muchas cosas por hacer y mucho tiempo por delante como pare preocuparse por eso, así que la chica se dijo a sí misma que se limitaría a disfrutar de la compañía de sus amigos en vez de preocuparse por escoger a un chico, pues en ese momento no podía elegir entre sus dos mejores amigos, pensó la joven.
Los días en Nuvema town pasaban con tranquilidad. Las vidas de los jóvenes apenas comenzaban, y muchas aventuras más les esperaban.
El sol seguía brillando, y debajo de él, brillaba la armonía entre el blanco y el negro.
FIN.
Bueno, con esto termino el fanfic de Aventuras en Unova: Armonía entre Blanco y Negro. Muchas gracias a todos los lectores por seguir este fic hasta el final, y espero que les haya gustado n.n.
El final lo dejé un poco abierto porque tengo la intención de hacer un segundo fanfic de "Aventuras en Unova" que se desarrolle en los nuevos videojuegos de Pokémon Black 2 and White 2, pero falta mucho para eso, así que espero les guste la idea y esperen la secuela de este fic, con los nuevos protas (y claro, también los antiguos más grandecitos y definidos, muajajaj xD) y la nueva historia *0*.
En fin, eso es todo por el momento C: Nuevamente, gracias a todos por leer este fanfic~!
Telitah.
